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9 septiembre 2018 7 09 /09 /septiembre /2018 23:00
Viñeta: as

Viñeta: as

Hoy es un hecho científicamente reconocido que los cambios climáticos, cuya expresión mayor es el calentamiento global, son de naturaleza antropogénica, con un grado de seguridad del 95%. Es decir, tienen su génesis en un tipo de comportamiento humano violento con la naturaleza

Leonardo Boff

Los informes de las diferentes ONG's y organizaciones científicas que estudian el asunto, afirman que desde 1971, esa demanda de la humanidad a la capacidad regenerativa del planeta (la "huella ecológica") no ha dejado de incrementarse. De mantenerse este ritmo, para el año 2020, la proporción entre demanda humana y capacidad regeneradora de la naturaleza podría ser un 75% superior. Este aumento trae consigo una mayor necesidad de suelo cultivable, lo que redunda a su vez en la deforestación de hábitats de gran valor ecológico, imprescindibles para mantener el equilibrio de los ecosistemas naturales. Por ejemplo, en el informe "Planeta Vivo" de WWF, ya citado en el artículo anterior, se cita que desde finales de los años 50 del siglo pasado hasta hoy, aproximadamente la mitad de la sabana natural del Cerrado brasileño se ha ido convirtiendo en terreno agrícola. Por otra parte, la acción depredadora del ser humano afecta también a la biodiversidad. El Índice Planeta Vivo (IPV) global resalta que en cuatro décadas, entre 1970 y 2012, la población de vertebrados se redujo en un 58%. En cuanto a las poblaciones analizadas en los sistemas de agua dulce (lagos, ríos y humedales), la disminución alcanzó el 81% durante el período citado. Otro factor señalado en el documento de referencia es el relativo a la merma de los humedales, principalmente por la necesidad de terrenos para la agricultura. El índice WET, que mide las transformaciones del área de los humedales naturales, revela un descenso del 30% durante las últimas cuatro décadas. Además, algunos especialistas apuntan que en las últimas tres centurias podría haber desaparecido hasta el 87% de la superficie de las zonas húmedas. Los datos, como puede comprobarse, son realmente preocupantes. 

 

Por su parte, el déficit hídrico es otro asunto peliagudo. En 2014 cerca de 50 países sufrieron "estrés" hídrico (principalmente en África, donde lo padecen el 41% de los países) o escasez de agua (que la sufren el 25% de los países asiáticos), en comparación con la treintena de 1992. Cerca de la mitad del volumen global de los ríos fue alterado por la regulación artificial de los caudales o la fragmentación. La amenaza se cierne también sobre la actividad pesquera. De hecho, entre los años 1974 y 2013 el porcentaje de peces que se situaba en cotas sostenibles (es decir, a un ritmo y volumen de pesca que no suponía peligro para su extinción ni amenazas para otras especies) pasó del 90% al 68,6%. Hoy día, como sabemos, las cotas a los caladeros de algunas especies son fuente de problemas entre varios países cercanos o fronterizos, debido a las regulaciones impuestas por diversos organismos. Todos estos desequilibrios, todas estas deficiencias y estas derivas y tendencias forman, junto a otros muchos indicadores, las causas (en unas ocasiones) y las consecuencias (en otras) para lo que venimos denominando el "Cambio Climático", que iremos exponiendo en diferentes puntos de esta serie de artículos, a tenor de lo que vayamos contando. De momento, vamos a basarnos en este estupendo artículo de Robert Hunziker para el medio Counterpunch, traducido para el digital Rebelion.org por Paco Muñoz de Bustillo. En él se ofrece un rápido repaso a una serie de indicadores y su evolución durante los últimos 10 años, para que pueda comprobarse la perversa evolución que van sufriendo, debido a la actividad humana. El primer indicador que se analiza es el dióxido de carbono, el famoso CO2. Como sabemos, las emisiones y la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera son el factor principalmente responsable no sólo del deterioro del medio ambiente, sino de las terribles consecuencias que ello acarrea.

 

Pues bien, la concentración de CO2 en la atmósfera se mantuvo en menos de 300 partes por millón (ppm) durante 40.000 años. Pero en el breve período geológico de 200 años ha aumentado a 387 ppm. Por sí solo, este dato ya es extremadamente importante y exige atención, más allá de la mera cifra, porque cada incremento molecular de 1 ppm de CO2 tiene un impacto cada vez mayor sobre el calentamiento global. Robert Hunziker nos ilustra con el siguiente símil: "...el efecto es similar al que tendría añadir una y otra capa de mantas de lana a alguien que está a punto de dormirse. Si se añaden suficientes mantas, incluso un gigantesco planeta azul de cara redonda puede llegar al borde del colapso". Y resulta que a fecha de 2 de mayo pasado, el Instituto Oceanográfico Scripps, situado en el Observatorio de Mauna Loa en Hawai registró una concentración de CO2 atmosférico de 408,9 ppm, un aumento progresivo que va añadiendo mantas de lana sobre una Madre Tierra cada vez más pálida. Lo que se deriva de ello es un planeta cada vez más caliente, que dispara un sinfín de indicadores y provoca multitud de desequilibrios en otras esferas y dimensiones de los ecosistemas que mantienen la Tierra. Tenemos, por ejemplo, el derretimiento de los bloques de hielo en el Ártico. Este hielo de múltiples capas constituye, o mejor dicho constituía, la infraestructura del Polo Norte. Pues bien, el 17 de agosto de 2017 el laboratorio de investigación naval de Estados Unidos realizó mediciones del hielo ártico durante 30 días. Los resultados mostraron que "El hielo marino acumulado a lo largo de los años prácticamente ha desaparecido". Es decir, que el Polo Norte ha perdido su infraestructura. Ha desaparecido. El hielo sigue formándose durante el invierno, cuando las noches duran allí 24 horas. Pero se trata de un hielo fino y casi insignificante, lo que puede provocar un cambio climático incalculable de terribles consecuencias en todo el hemisferio norte. 

 

Otro caso paradigmático es Groenlandia, la mayor isla del planeta, donde la enorme capa de hielo lleva disminuyendo sin pausa desde la década los años 80 del pasado siglo, y además lo está haciendo a gran velocidad. Hasta el año 2008, había acumulado pérdidas de hielo de entre 3.700 y 4.900 millones de metros cúbicos, un volumen que cubriría la superficie total de Estados Unidos con 60 centímetros de hielo. El deshielo de los glaciares se está acelerando a causa del calentamiento global, así como por los microbios y las algas, el hollín y el polvo que flotan desde latitudes más cálidas y oscurecen el hielo al acumularse sobre el inmaculado y brillante manto níveo, absorbiendo la radiación solar, en vez de reflejarla. Los expertos han calculado que en caso de derretirse completamente la superficie helada de Groenlandia, ello supondría un aumento del nivel del mar de casi 7 metros. La Antártida es otro ejemplo de deshielo acelerado, que pone en grave riesgo la estabilidad del ecosistema glacial, y amenaza con aumentar peligrosamente el nivel del mar. En el caso de la Antártida se está evolucionando peor incluso que las previsiones más pesimistas. En 1979, los glaciales Pine Island y Thwaites, que apenas habían experimentado cambios durante décadas empezaron a cambiar a toda velocidad: si en 1995 perdían 86.000 millones de metros cúbicos al año, en 2006 ya perdían 270.000, un incremento asombroso. Estos glaciares llevaban millones de años en el mismo lugar, pero en 2008 se estaban fundiendo y reduciendo su superficie a una velocidad asombrosa. Si se desprenden totalmente, el nivel del mar aumentaría 2 metros. Por su parte, en 2002, la barrera de hielo Larsen B (una de las 3 en las que se divide el hielo antártico) se desintegró casi en su totalidad y cayó al mar en sólo tres días. Tenía 12.000 años de antigüedad, un espesor de 215 metros y una superficie de 259 kilómetros cuadrados. 

 

Y el 12 de julio del pasado año (2017), la barrera glacial antártica Larsen C se rompió y liberó un iceberg de un billón de toneladas que transformó radicalmente el paisaje de la Península Antártica. Las previsiones sobre futuros desprendimientos no son nada halagüeñas. La selva amazónica es otro punto de referencia interesante para observar la terrible evolución derivada del caos climático. La repetición de las sequías en dicha región (en 2005, 2015 y 2016) está afectando el crecimiento global de la selva. De hecho, apenas 3 ó 5 años de sequía severa acabarían con casi todos los árboles. Para hacernos una idea, diremos que la selva amazónica almacena 77.000 millones de toneladas de CO2, equivalentes a 20 años del CO2 emitido por la actividad humana. Pero cuando los árboles mueren, o cuando se quema el bosque, este CO2 regresa a la atmósfera. Citando a los expertos del National Geographic: "En el tiempo que emplea en leer este artículo, un área de la selva brasileña superior a 200 campos de fútbol habrá quedado destruida. Las fuerzas del mercado de la globalización están invadiendo la Amazonía". Estas enormes selvas, con toda su biodiversidad, son los auténticos pulmones del planeta. Otro factor que influye en el calentamiento es el llamado permafrost, que es la capa de suelo permanentemente helada de las regiones muy frías o periglaciares. Antiguamente almacenaba toneladas de gas metano en la región de Siberia, pero en la actualidad está liberando a la atmósfera el equivalente a 50 millones de toneladas métricas al año, con un efecto equivalente al 1.000 millones de toneladas de CO2. Tristemente, la liberación de metano se está acelerando desde que la temperatura media en dichas regiones oscila en los 0º C. En realidad, toda la región de Siberia está al borde del colapso, con el agravante de que si el permafrost se fundiera por completo, la temperatura media del planeta se dispararía, con toda la cadena de consecuencias que ello acarrea. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 septiembre 2018 4 06 /09 /septiembre /2018 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (106)

Los poderes económicos han decretado la inevitabilidad de la sociedad caníbal, la guerra de todos contra todos y el sálvese quien pueda. De lleno en la crisis, la estructura social se descompone mientras las texturas solidarias que integraban a los individuos se deshilachan hasta el naufragio. La igualdad económica y social parece un viejo anhelo. Es el imperio de la competitividad, la supervivencia del más fuerte y la cultura del emprendedor. La lógica productivista neoliberal, durante las 24 horas del día

Albert Noguera

La sociedad del ídolo trabajo se ha impuesto así de forma aplastante. Después de siglos de adiestramiento, la moderna ciudadanía está cultivada para adorar el trabajo y ya no se puede imaginar, sin más, una vida más allá del mismo. El trabajo es refugio para personas inadaptadas, para personas en crisis, o para personas que carecen de otras capacidades. En tanto que principio básico de la sociedad imperial, el trabajo domina no sólo la esfera de la economía (tanto a nivel micro como macroeconómico) en sentido estricto, sino que también impregna toda la existencia social hasta los poros de la cotidianidad y las más íntimas esferas de la vida privada. El concepto de "tiempo libre" se va igualmente resignificando, de tal forma que abandona su carácter de dedicación al ocio, las aficiones y la contemplación, y va sobrevolando un concepto restringido, y aplicado únicamente a los períodos de descanso vacacional. Dichos períodos, a su vez, van siendo cada vez más controlados por las empresas, más breves y dosificados, para que no tengamos mucho "tiempo libre" para poder dedicarlo a actividades ciertamente "peligrosas" para el sistema, como por ejemplo, pensar. Y por supuesto, como indicábamos en las entregas anteriores donde exponíamos la gestión neoliberal de la pobreza, la estigmatización de los desempleados es cada vez mayor, legitimando una especie de "destino natural" de las personas, donde cada uno/a es responsable de su éxito, de su actividad y de su trabajo. Hasta tal punto llega la obsesión por la creación de "empleo", que los gobernantes neoliberales más fanáticos llegan a afirmar que ahí es donde se concentra toda la política social de un país. Hay que romper el monopolio de interpretación del mundo que impone el campo del trabajo, si queremos también incidir en la reducción de las desigualdades. 

 

Pero es nuestra obligación, de los que promovemos el pensamiento alternativo, el bosquejar en líneas generales qué metas, hitos u objetivos se pueden y deben plantear de cara a un mundo más allá del trabajo. No se trata de menospreciarlo, ni de abolirlo (a mi juicio), pero sí de ampliar horizontes, y de no concentrar nuestra atención sólo en el mundo del trabajo, sobre todo en la concepción dominante del mismo, es decir, en su enfoque capitalista y neoliberal. En este sentido, si la imposición histórica del trabajo supuso la expropiación de la gente sobre las condiciones de su propia vida, entonces la negación de los actuales límites y encorsetamientos de la sociedad del trabajo sólo puede consistir en que la gente se vuelva a apropiar de sus relaciones sociales a un nivel histórico más alto. Se trata de que la ciudadanía vuelva a conquistar los espacios públicos, hoy día prácticamente privatizados, limitados o controlados. Se trata de que demos un sentido a nuestras vidas más allá de los límites que nos marca el trabajo, y sobre todo, se trata de que entendamos por "trabajo" otras muchas acepciones a las que nos han marcado políticamente. Lo ideal sería la constitución por todo el mundo de federaciones de individuos asociados libremente que le arrebataran los medios de producción y de existencia a la máquina del trabajo y la explotación, y los tomen en sus propias manos. Sólo en esa lucha contra la monopolización de todos los recursos sociales y potenciales de riqueza por los poderes alienantes del mercado y del Estado, será posible conquistar los espacios sociales de la emancipación. Hay que poner para ello en tela de juicio el concepto y el valor de la propiedad privada, hay que volver a recuperar la función social de la propiedad, hay que comunalizar gran cantidad de bienes y servicios, y hay que poder emancipar a las personas económicamente del yugo del trabajo. 

 

La conclusión que podemos ofrecer, a tenor de todo lo expuesto sobre la crisis del ídolo trabajo, es que el fin absoluto de dicho ídolo y del "empleo" ya no determina la vida, pues está sujeto a los fines, objetivos y propósitos capitalistas. El trabajo humano debe estar al servicio del ser humano, de la naturaleza y del resto de seres vivos, al servicio del equilibrio natural y al servicio de la satisfacción de nuestras necesidades vitales, tanto biofísicas como psicológicas y psicosociales. El trabajo humano debe estar al servicio y en función de la organización del uso sensato de posibilidades comunes, al servicio a su vez de una actuación social planificada, justa, equitativa y consciente. Toda la riqueza producida por el mundo laboral debe ser aprehendida directamente según las necesidades, y al servicio de éstas. Toda esta crítica al trabajo, ya lo dijimos al principio, a nuestro juicio, es una declaración de guerra al orden y al pensamiento dominante y a los peligrosos valores del neoliberalismo, así como a toda la filosofía desreguladora de los mercados que nos vienen imponiendo, y que iremos analizando también en posteriores entregas. Hay que ir sustituyendo la cultura de la propiedad privada y la obligación competitiva de trabajar para ganar dinero, por una cultura de los bienes comunes y una producción orientada a las necesidades de las comunidades, así como del cultivo del ocio. Para ello ese ídolo trabajo debe dejar de venerarse. Los defensores del trabajo bajo el modelo capitalista argumentarán que entonces se instalaría una pereza generalizada. En el fondo no creen en el ser humano. ¿Entienden como "normal" y "natural" un sistema que se basa en la pura imposición? Les asusta la pereza y el ocio como "pecado mortal" contrarios al espíritu del trabajo. Argumentan la ley del esfuerzo como sanadora y como motor que hace evolucionar al ser humano y a la sociedad, pero lo único que sanea son las cuentas de resultas de las grandes empresas, y hace ricos a sus dueños, accionistas y directivos. 

 

La pereza y el ocio no deben asustarnos. Son características propias del ser humano, comportamientos racionales y deseados, incluso inspiradores de grandes obras que han perdurado en el tiempo a través de diversas civilizaciones. Una de las metas fundamentales de la pereza es volver a recrear esa cultura del ocio que un día conocieron todas las culturas y civilizaciones humanas, y que fue destruida para instalar una forma de producir irracional, sin descanso y ajena a todo sentido. Pero como ya habíamos avanzado, de ninguna manera cesará toda actividad cuando desaparezcan las imposiciones del ídolo trabajo capitalista. Simplemente se restará poder a las organizaciones empresariales, ya que serán las propias personas las que, retomando el control, el rumbo y dirección de sus vidas, determinarán también el transcurso respecto a las formas organizativas de su vida laboral, en vez de verse determinadas por el dictado de la explotación de la economía de empresa. Las personas volverán a ser dueñas de su vida. Podrán planificar su maternidad/paternidad, sus viajes, sus proyectos, sus sueños y anhelos, sus descansos, sus investigaciones, sus aficiones, sus hobbies y sus deseos de forma mucho más libre. No será el modelo económico capitalista, orientado a la rentabilidad empresarial, quien domine y marque el ritmo y posibilidades de nuestras vidas. En palabras de los creadores del Manifiesto citado: "Lo que hay que hacer es redescubrir la lentitud". Y valorarla. No desaparecerán, evidentemente, las actividades domésticas ni del cuidado de las personas que esta sociedad del trabajo ha hecho invisibles, ha separado y ha definido como "femeninas". Pero estas actividades imprescindibles podrán aparecer a la luz de una organización social más justa y consciente, más allá de las prescripciones de género. Perderán su carácter precario en tanto que no supondrán la subordinación de unas personas a otras y serán realizadas, según las circunstancias y las necesidades, por igual tanto por hombres como por mujeres. 

 

Siempre habrá muchas más cosas que se podrán hacer (a nivel particular) y organizar (a nivel social y comunitario) por decisión libre, ya que la propia actividad humana es una necesidad, al igual que el ocio. Quiénes sólo reconocen la actividad y el trabajo bajo el sistema capitalista es que no conocen la naturaleza humana. Ni siquiera el trabajo ha sido capaz de acabar del todo con esa necesidad humana de actividad, de proyecto, sino que la ha dificultado, y sobre todo la ha instrumentalizado para sí y la ha succionado hasta su agotamiento. La meta de una sociedad libre y equilibrada es que ocio, tareas necesarias y actividades elegidas libremente guarden una proporción razonable entre sí, que se rija por las necesidades y las circunstancias vitales. Hoy día, en cambio, el trabajo absorbe por completo todas las demás facetas, que se adaptan y se recomponen en función del trabajo. Una vez sustraídas a las imposiciones capitalistas del trabajo, las modernas fuerzas de producción podrán incrementar enormemente el tiempo libre disponible para las personas. ¿Para qué pasar tanto tiempo en fábricas y oficinas, cuando autómatas de todas clases pueden realizar buena parte de esas actividades por nosotros? Analizaremos en próximas entregas, no obstante, la visión real del "aporte" de la tecnología al trabajo humano, para desmentir también alguna que otra falacia, y situarlo en su justo término. Una sociedad así, liberada del dogal y de la presión del trabajo, será mucho más fructífera pues redundará en mayores cotas de libertad personal y social para el conjunto de los individuos. Unos individuos que se sentirán más realizados, más libres y más igualitarios. La dictadura empresarial (y con ella el trabajo precario) irán desapareciendo, para desgracia de las corporaciones, pero en beneficio de la humanidad, ayudando a revertir la arquitectura de la desigualdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 septiembre 2018 2 04 /09 /septiembre /2018 23:00
Viñeta: Abdelghani Dahdouh

Viñeta: Abdelghani Dahdouh

Siendo un país limítrofe con África, de la que apenas la separan los doce kilómetros del Estrecho, a España le ha correspondido el ingrato papel de cerrar las puertas a toda la inmigración que desde África pretende alcanzar el territorio europeo. Como buen perro guardián, España obedece a sus amos europeos endureciendo sus condiciones de acceso, levantando alambradas y patrullando sigilosamente toda la zona marítima que abarca el estrecho

Tomás F. Ruiz

El caos provocado en los países africanos mediante guerras, conflictos y Golpes de Estado, no cesa de retroalimentar el éxodo masivo de migrantes. A ello se une el profundo y brutal saqueo de recursos naturales, donde abunda también el trabajo esclavo y el indecente y terrible trabajo infantil del que se valen muchas compañías, sobre todo tecnológicas. La sistemática destrucción de la agricultura y de la ganadería es la que ha multiplicado el hundimiento de productos autóctonos y tradicionales como el café, el cacao, el arroz, etc., lo que ha contribuido a extender por todas partes el paro y el desempleo, imponiendo ridículos salarios de hambre, y acabando con todo atisbo de derechos sociales. La desolación que experimenta la población africana es devastadora, unido a la propia urgencia vital en los casos donde sus viviendas han sido destruidas, y sus familias aniquiladas, o abandonadas en la más absoluta ruina. Ante todo este siniestro panorama, las grandes corporaciones transnacionales han encontrado sus enormes nichos de mercado en la explotación y el saqueo de los recursos de los países africanos, y su colocación ventajosa en los mercados internacionales, llegando en muchos casos a claros oligopolios. En este artículo del Blog "Espacio Independiente" se explica con claridad: "Introduciendo productos alimenticios a bajo precio en el mercado africano, las multinacionales han logrado hundir la producción y comercialización local, para multiplicar los precios y la consiguiente dependencia exterior. El control y manipulación de las semillas, los abonos y el equipamiento necesario han realizado el resto. Las hambrunas no son sólo consecuencia de las sequías, sino de los planes de los bancos internacionales y de las empresas multinacionales. Los productores occidentales de alimentos están subsidiados por sus respectivos Estados, por lo que sus precios no son los reales".

 

Y continúa: "La UE, a través de la Política Agraria Común, subvenciona en un 40% a los productores agrícolas y los EE.UU. en un 30%, para que sus excedentes se hagan con el control del mercado internacional a bajo precio. Esto ha llevado a que sea un pequeño grupo de multinacionales como Monsanto, Cargill, ConAgra, Dupont, Pioneer, Bunge..., las que controlen la agricultura mundial y su comercio. A lo que se une el monopolio de las semillas genéticamente modificadas que los campesinos se ven obligados a comprar año tras año, y con ellas otros productos". Este panorama contribuye a debilitar los mercados locales africanos, y a despojar a sus agricultores y ganaderos de sus cultivos, bienes y productos. Por otra parte, tierras de cultivo tradicionales, de grandes extensiones, están siendo dedicadas a la producción de agrocombustibles, para la fabricación de etanol (alcohol para ser utilizado como carburante a partir de la patata, la remolacha, el maíz o el trigo). Para ello, las grandes corporaciones están haciéndose con buena parte de las extensiones de cultivo que son expropiadas a los pequeños campesinos o comunidades locales, que en el caso de África alcanzan cifras de más de 60 millones de hectáreas. El proceso se resume así de forma breve: de constituir grandes exportadores de alimentos, los países africanos han pasado a importar de todo para poder mal comer y mal vivir, cuando su población depende en su inmensa mayoría de la agricultura y de la ganadería. La propia ONU ya constató hace tiempo esta situación, señalando que es la especulación de productos de alimentación básicos la responsable de esta gravísima crisis alimentaria (con pérdida de soberanía incluida), y que el Banco Mundial y el FMI (guardianes de la política neoliberal globalizada) son los responsables de las políticas de liberalización impuestas, que a su vez han inducido a los países africanos a desarrollar cultivos para la exportación, y a importar alimentos de consumo diario, como los lácteos y los cereales. 

 

Todo un proceso vil y deleznable, como puede comprobarse. Existen unos grandes ganadores: las grandes corporaciones multinacionales, que concentran el poder y la propiedad sobre los cultivos y las semillas. Y existen unos grandes perdedores: las poblaciones de estos países africanos, que a pesar de su riqueza natural son expoliados continuamente, y se ven obligados a importar para poder comer diariamente lo que sus cultivos ya producen. El artículo de referencia añade: "La especulación se ha impuesto a través de las multinacionales. En la Bolsa de Chicago se han vendido desde hace años las cosechas del próximo decenio, provocando subidas de precios artificiales. Como sucedió con los precios inmobiliarios, los precios de productos agrícolas forman paquetes multimillonarios de contratos de "derivados", como viene sucediendo con el trigo, el arroz y el maíz". Absolutamente despreciable e intolerable. La aberración no se da sólo en la propia especulación con productos de primera necesidad, que también, sino con la terrible circunstancia añadida de empobrecer con ello países enteros cuyo medio de vida ha sido saqueado. Y como se empobrece a la población, al despojarla de sus medios de vida y de producción, resulta que en medio de una capacidad agrícola intensiva y creciente, dirigida por las grandes empresas y bancos, se extiende la hambruna de millones de personas que carecen de ingresos para poder acceder a la compra de productos alimenticios básicos, multiplicándose el número de desnutridos y hambrientos. Hace ya décadas que contemplamos en los programas informativos los cuerpos escuálidos y los semblantes de desesperación de algunas tribus africanas, ante la impotencia de no poder comer, ni trabajar, ni adquirir los productos básicos por ninguna otra vía. Y ello puede provocar, por ejemplo, que una muchacha de Senegal, hastiada de la situación y completamente desesperada, se embarque en una patera que la llevará supuestamente a un nuevo mundo más próspero, aunque dicha prosperidad, en caso de que consiga llegar aquí, tenga que trabajarla a costa de vender figuritas que su anciana madre le prepara en su tierra. Es así de triste. 

 

Pero aún tenemos problemas añadidos a todo lo ya descrito. Porque cuando este fenómeno de huida se vuelve masivo, el despreciable alma de muchas personas comienza a dedicarse a intentar sacar provecho de la desgracia de los demás, y así se van forjando terribles mafias que despiadadamente se colocan como intermediarias en estas labores de huida, manejando a su antojo la vida de estas personas, para continuar explotándolas, antes, durante y después del viaje a la nueva tierra prometida. Alguien podría continuar pensando que por qué no se quedan en sus países a trabajar por un futuro mejor, participando del trabajo de estas grandes empresas colonizadoras. Por ejemplo, las reservas de petróleo y de minerales, como hemos indicado, son codiciadas por las grandes potencias, de tal forma que África ya proporciona más petróleo a los Estados Unidos que Arabia Saudí. Y en muchos países las explotaciones mineras llevan aparejados ejércitos y aeropuertos privados que recolonizan países enteros y extienden sus tentáculos casi a toda la población joven y en edad de trabajar, pero imponiéndoles condiciones de esclavitud. Muchos se quedan a trabajar así, pero a otros muchos les ciega con razón la rabia y la impotencia de saberse esclavizados por extranjeros en sus propios países, lo que desata el deseo de huida para buscar mejores alternativas. ¿No nos pasaría a muchos/as de nosotros/as también? Sólo hay que aderezar nuestros razonamientos con un poco de empatía, con un poco de sensibilidad y con un poco de alma. Dejar a un lado en nuestra mente la comodidad de nuestra vida "occidental" e intentar ponerse en el lugar de otros. Duro ejercicio, sobre todo cuando jamás hemos vivido esas terribles experiencias. Para imponer todo ese régimen de saqueo y explotación muchas veces las potencias imperialistas toman posiciones estratégicas sobre los conflictos armados, instigándolos y controlándolos (apoyando a ciertos líderes o gobernantes a su servicio, y difundiendo calumniosas campañas de intoxicación informativa), que en el fondo son su instrumento fundamental para apropiarse de las materias primas y de los recursos naturales de la región en cuestión (el oro, los diamantes, el coltán, etc.).

 

Y así, las guerras de rapiña, las guerras tribales internas, los choques de poder, las subdivisiones de países, las guerras de destrucción con millones de víctimas, en fin, se multiplican por grandes extensiones y se tornan endémicas en numerosos países, provocando muchos millones de personas desplazadas. Estas personas son el caldo de cultivo para las masivas migraciones que intentan abandonar su patético e injusto mundo, cruel y destructivo, en busca de una vida mejor. Como nos recuerdan en el artículo de referencia, esta recolonización política y económica de África se ha planificado desde el capital financiero internacional, en el ámbito de una extrema competencia entre los capitales franceses (que mantienen el control del franco CEFA sobre numerosos países) y los capitales norteamericanos y de sus aliados económicos en un contexto de crisis internacional y de guerra económica y comercial. Pero los pobres africanos no tienen culpa. Ellos vivían, con sus lógicas limitaciones, en un mundo más o menos armónico, que les proporcionaba lo suficiente para poder vivir con dignidad. No eran las potencias más avanzadas del mundo en arte, en ciencias o en tecnologías, mucho menos en industria, pero tenían lo suficiente para poder vivir de forma austera, pero saludable y justa. Lo que el resto de países que se llaman "desarrollados" deberían haber hecho es fomentar la inversión en cultura y educación en el continente africano, dotar de mejores medios a las comunidades indígenas, acabar con el hambre y el analfabetismo en los países más deprimidos...en una palabra, erradicar (o minimizar, al menos) las terribles desigualdades económicas y sociales de estos países. Pero en vez de ello, se han utilizado sus riquezas naturales esquilmándolas y poniéndolas salvajemente al servicio de los grandes capitales internacionales, valiéndose para dicho objetivo de las más aberrantes estrategias, desde saquear poblados hasta fomentar guerras y enfrentamientos tribales, pasando por la destrucción y la devastación más pura y dura de sus territorios. Ahora estamos pagando el precio de todo ello. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 septiembre 2018 1 03 /09 /septiembre /2018 23:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Lo ocurrido sobrepasa y desborda la capacidad de síntesis de cualquier historiador y de cualquier mente humana. Franco planeó una matanza a sangre fría, al estilo de la Solución Final nazi contra la comunidad judía, y programó su ocultación con total impunidad. Nunca se conocerán las cifras exactas porque el franquismo empleó todos los métodos posibles para borrar la huella de sus crímenes mediante la desaparición física, documental, histórica, la aniquilación de la memoria de lo ocurrido. Solo se inscribió un tercio de la matanza, el resto quedó desaparecido. El régimen franquista llegó a prohibir el luto a los familiares que estaban obligados a esconder su tragedia para poder sobrevivir

Tulio Riomesta

Sobrevive el régimen franquista en el miedo y la represión que evoluciona hacia un régimen de dictadura financiera sustentada en la pura represión económica, física y mediática junto al ensanchamiento del mercado internacional con todas sus crisis de sobreproducción en el paraíso de los bancos. Sobrevive el franquismo en sus leyes y en sus argucias moralistas, ideológicas y culturales contra la clase trabajadora. Los huesos de Franco no reposan ni reposan los negocios de sus cómplices. Los restos de Franco son demasiada gente y demasiado dinero, terrenos, mansiones, negocios e industrias. La misma iglesia que bendijo fusilamientos y cuerpos en fosas. Hay que abrir el sepulcro para cerrar las heridas causadas por un verdugo sepultado al lado de sus víctimas. Así que, junto a sus restos hay que exhumar los restos de la monarquía heredada de Franco, los jueces, los militares, las calles y los monumentos franquistas

Fernando Buen Abad Domínguez

Mucho se está hablando y especulando últimamente sobre la exhumación de los restos del dictador Francisco Franco de su tumba en el Valle de los Caídos, a raíz de la decisión del Gobierno de proceder a tal fin. La familia Franco ha amenazado con demandar al Gobierno, la Fundación Nacional que lleva el nombre del dictador se ha apuntado a dicha estrategia, y la pléyade de franquistas de todo pelaje campa a sus anchas por periódicos, televisiones, tertulias, artículos y entrevistas. Estamos teniendo que asistir a un indecente y macabro revisionismo histórico de aquél negro período, así como a la puesta de perfil de los partidos de la derecha que aún añoran los tiempos del dictador. Las visitas al Valle de los Caídos (monumento perteneciente a Patrimonio Nacional) se han visto incrementadas durante las últimas semanas, y también ha saltado a la palestra el debate sobre el futuro uso que debe dársele al mausoleo faraónico que ensalza la "Cruzada Nacional", como fue llamada por José Antonio Primo de Rivera, y después por los militares golpistas y por la Iglesia Católica de aquél tiempo. Bien, pero centrando el asunto que nos ocupa, aclaremos e insistamos en que, de momento, la única decisión que este Gobierno ha tomado ha sido la de la exhumación de los restos del dictador, para que sea la familia la que le busque otro lugar íntimo y privado, o bien sea el propio Gobierno el que decida el nuevo sitio "digno y respetuoso" (en palabras de la Ministra Carmen Calvo) que merece. ¿Vamos a ser nosotros, la izquierda republicana y transformadora, los que critiquemos tal decisión? En absoluto. Lo que criticamos es precisamente, como acabamos de recordar, que sea esa la única decisión del Gobierno de turno en relación al vergonzoso asunto de la superación del franquismo en nuestro país. 

 

Recordemos, puestos a ello, que tuvimos que esperar hasta el año 2007 para que el Gobierno del ex Presidente Zapatero (PSOE) pusiera en marcha la actual Ley de Memoria Histórica, que aún dejaba pendientes muchos asuntos, configurando un contexto legal insuficiente y claramente injusto. Y estamos en 2018, es decir, han pasado 11 años desde la proclamación de aquélla Ley, sin que hayamos asistido a significativos avances en relación a la superación del franquismo. Los Gobiernos del PP se han jactado indecentemente de no haber dedicado ni un euro para la financiación pública de dicha Ley, así que al ritmo que vamos, si lo extrapolamos al resto de asuntos pendientes, calculamos que aún podremos tardar tranquilamente otros 50 años en despojarnos de todos los restos del franquismo. ¿Puede tolerarse esto en una sociedad que se autodenomina "democrática"? Porque la exhumación y salida de los restos del dictador del Valle de los Caídos no es más que uno de los flecos pendientes, pero tenemos muchos más: la exhumación de los restos del Fundador de la Falange (José Antonio Primo de Rivera), la reconversión (o destrucción) del propio lugar faraónico que exalta el Golpe de Estado, la Guerra Civil y la dictadura, la (posible) salida de los cuerpos de republicanos allí enterrados (aquéllos cuyas familias así lo decidan), la exhumación de los restos de republicanos asesinados y enterrados en cunetas y fosas comunes, la exigencia de responsabilidades a todos los gerifaltes del franquismo aún vivos (ex Ministros, ex Policías, etc.) por las atrocidades cometidas, la derogación de la Ley de Amnistía de 1977, la reconversión de estructuras de poder procedentes del franquismo, de vestigios legales de aquélla época, la declaración de nulidad de pleno derecho para todas las sentencias procedentes de tribunales franquistas, la retirada de todo tipo de simbología que exalte a los golpistas o a la dictadura (monumentos, nombres de plazas o calles, etc)...Resumiendo: aplicar Verdad, Justicia y Reparación.

 

Y hemos dejado para el final un peliagudo asunto, quizás el asunto definitivo para superar de una vez por todas el franquismo en nuestro país, que son lo que pudiéramos denominar las "Garantías de No Repetición", es decir, el conjunto de decisiones y medidas encaminadas a garantizar que episodios tan terribles de la historia no se vuelvan a repetir jamás. Porque el hecho es que mientras continuemos soportando el "franquismo sociológico" presente en nuestro país en diferentes ámbitos y características, no alcanzaremos dicha situación. Estas garantías de no repetición debieran aplicarse, a nuestro juicio, en cinco ámbitos diferentes, de forma paralela, a saber: 

 

1.- Las Fuerzas Armadas. En nuestras FAS habita un grupúsculo fascista, prueba de lo cual ha sido el reciente Manifiesto que algunos cientos de militares de alto rango han firmado ensalzando la figura del dictador. Obscenamente, se referían a él "en el ámbito militar, no en el político", como si habláramos de un padre maltratador "en su faceta de padre, no de maltratador". El Teniente (expulsado del Ejército) Luis Gonzalo Segura, uno de los mayores críticos contra nuestras Fuerzas Armadas, ha denunciado la presencia de fascistas en el seno de nuestras FAS (así como multitud de casos de corrupción y otros desmanes, en sus diferentes libros publicados). Este valiente ex militar nos ha dejado dicho: "Cada cierto tiempo las Fuerzas Armadas tienen que recordarnos quiénes son y de dónde vienen. Nos recuerdan que ganaron la guerra, nos recuerdan que los Reyes se criaron en las rodillas del dictador, nos recuerdan que sostuvieron al Rey y conspiraron con él, y nos recuerdan que casi nada ha cambiado". En efecto, es imprescindible democratizar profundamente nuestras FAS, no sólo en lo formal (procedimientos, obediencia, libertad de expresión, justicia militar, etc.) sino en lo ideológico, removiendo los cimientos y las bases sobre las que se asientan las funciones de los Ejércitos en nuestra sociedad, haciendo primar el respeto absoluto a la soberanía popular. Hemos desarrollado todo esto más ampliamente en nuestra serie de artículos "Por la senda del Pacifismo".

 

2.- Delito de enaltecimiento. Nos referimos en este ámbito a la promulgación (o ampliación/modificación, en su caso) de leyes y normativas que recojan expresamente como delito muy grave la exaltación de cualquier tipo o forma de fascismo político, incluido el franquismo. Todavía en la actualidad, la ausencia de un marco legal de amplia referencia posibilita que anide y se mantenga una base de franquismo sociológico que legitima la dictadura militar, y difunde las proclamas franquistas y su modelo de sociedad. La superación del franquismo requiere una condena moral sin fisuras por parte de toda la sociedad, y para ello no pueden existir resquicios legales que puedan albergar nuevas semillas franquistas. Evidentemente, en virtud de la existencia de este delito de enaltecimiento del franquismo, quedarían inmediatamente ilegalizadas todo tipo de organizaciones y fundaciones de carácter franquista, como la Fundación Nacional Francisco Franco, que aún hoy día exalta la "vida y obra" del dictador más sanguinario del siglo XX, así como su terrorífico legado.

 

3.- Ámbito Educativo. La Educación Pública, además de ser laica, gratuita y universal, ha de poseer la calidad suficiente como para contar la historia sin paños calientes. A los escolares de las últimas generaciones se les ha ocultado/ignorado/deformado la realidad perversa del franquismo, que trajo a nuestro país casi cuatro décadas de involución en todos los órdenes. El franquismo debe estudiarse en la escuela pública escrupulosamente, porque ésta también es una vía para que esos escolares, cuando sean adultos, sean capaces de condenar sin fisuras toda forma de fascismo. Nuestros escolares deben conocer la realidad del franquismo en todas sus dimensiones: el Golpe de Estado contra la legitimidad republicana, la Guerra Civil con apoyo del fascismo europeo para los golpistas, la represión sin límites, las torturas, las desapariciones forzadas, los exilios, el exterminio ideológico, el trabajo esclavo, el robo de bebés, la ocultación de la memoria democrática, etc. Así mismo debe desmitificarse el período conocido como la Transición, difundida por la derecha como "modélica", cuando en realidad fue un pacto (con vigilancia y tutela norteamericana y ruido de sables) mediante el cual se nos imponía o Monarquía Parlamentaria o vuelta a la dictadura. Las elecciones de 1977 se nos vendieron como las primeras "libres" desde la Guerra Civil, pero no fue así, ya que los partidos republicanos quedaron ilegalizados. La Transición, por tanto, dio continuidad, de forma encubierta, al franquismo. En primer lugar, porque no hubo una ruptura democrática con el régimen anterior, y en segundo lugar, porque los poderes fácticos que gobernaron durante la dictadura continuaron (y aún continúan) en el poder. 

 

4.- La Iglesia Católica. La secta más poderosa, antigua y ultraconservadora, la Iglesia Católica, fue uno de los pilares del régimen franquista. De hecho, la Iglesia Católica proporcionó y dio soporte y cobertura al núcleo de la ideología legitimadora del golpe militar y de la posterior dictadura que secuestró la soberanía popular por la fuerza de las armas. Aún hoy, muchos jerarcas de la Iglesia continúan defendiendo los postulados que sostenían en aquélla época, tales como la discriminación de la mujer (atacando los avances feministas), o la guerra contra la homosexualidad. La Iglesia Católica bendijo la "Cruzada" franquista, llevó bajo palio al dictador y le concedió su caudillaje "por la Gracia de Dios". A cambio, Franco consagró y empoderó a la Iglesia en aquélla podrida y temerosa sociedad. Es lógico por tanto que la superación del franquismo tenga que venir asociada al fortalecimiento real de un Estado Laico, denunciando los Acuerdos con la Santa Sede, prohibiendo toda simbología religiosa en los actos y edificios públicos, eliminando todos los privilegios que la Iglesia ostenta en nuestro país (fiscalidad, patrimonio, subvenciones...), y sobre todo, arrebatándole el control que la Iglesia posee en el ámbito educativo, expresado en los centros concertados de ideología religiosa, e incluso en los centros públicos a través de la asignatura de religión. 

 

5.- Abolición de la Monarquía y restauración republicana. Por último, pero no menos importante, no superaremos el franquismo mientras mantengamos como Jefe de Estado a un Rey a quien nadie ha votado, y cuya legitimidad procede del franquismo, a través de la figura de Juan Carlos I. La actual Monarquía fue restaurada por el dictador, sin consulta popular que la refrendara. Pedro A. García Bilbao lo ha expresado en los siguientes términos: "No debe olvidarse que la Ley Fundamental, también llamada Constitución Española de 1978, desarrolla un modelo nacido para blindar la monarquía y la relación de fuerzas del final de la dictadura, cuando forma de Estado, unidad de la patria, papel del ejército, relaciones con la Iglesia y legalidad franquista quedaron fuera del debate constitucional y aceptadas sin más". La Monarquía es la pieza base de la pirámide, aquélla que engarza todas las demás, el pegamento que hace que encajen todos los demás elementos del régimen del 78. No sin razón nos dejó dicho el dictador que todo quedaba "atado y bien atado". Es imprescindible poner en cuestión esta figura anacrónica y antidemocrática de la Monarquía, y abrir un Proceso Constituyente que nos conduzca a una nueva Constitución, la Carta Magna que nos defina y consagre como una República Federal, Laica, Solidaria, Participativa y Democrática. Esa nueva Constitución de la Tercera República tiene mucho que beber de la Constitución de 1931, una de las más avanzadas de su época, que conquistaba grandes espacios de poder para las mujeres y la clase trabajadora, que declaraba nuestro país como pacifista, y que supuso grandes avances en igualdad, soberanía y justicia social. 

 

En fin, entendemos que atacando a los cinco ámbitos antes referidos, podremos definitivamente enterrar el franquismo en nuestro país, superando aquélla terrible etapa de nuestra reciente historia, cerrando definitivamente las heridas, enterrando todos nuestros fantasmas, conociendo la verdad de lo que ocurrió, haciendo justicia con los responsables y con las víctimas, y creando todo el entorno sociológico y normativo donde simplemente no quepa exaltación alguna al fascismo "a la española", es decir, al franquismo. Para ello es imprescindible formar a nuestras nuevas generaciones y a las venideras en los horrores que todo aquéllo supuso, y extinguir las posibles amenazas internas que aún pudiéramos soportar. Como estamos pudiendo comprobar, son muchas las decisiones que hay que tomar todavía en relación a la superación del franquismo en nuestro país, pero el Gobierno, de momento, sólo toma una. Se lo toma con tranquilidad, y aún hemos de soportar que los partidos políticos de la derecha afirmen que "no es urgente". No sólo es urgente, sino que llevamos más de 40 años de retraso. Pero la exhumación del dictador sólo es una medida de entre las muchas que hemos de tomar. No disfrutaremos de una democracia completa hasta no superar totalmente el franquismo, hasta no acabar con todos sus vestigios, hasta no apagar su alargada sombra, y ello requiere aún mucho trabajo social y político. Como dejara dicho Milan Kundera: "La lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido". 

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2 septiembre 2018 7 02 /09 /septiembre /2018 23:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

Humo, basura y cemento, y el hombre vacío de pensamiento

Diego Carrasco

Hoy día, por tanto, a la luz de tantos desequilibrios ecosistémicos creados por la acción del ser humano, se acrecienta el riesgo de que se produzca una avalancha irreversible de cambios, a varios niveles, todos interrelacionados entre sí y todos ellos producto de la actividad humana, que conduzcan a un futuro radicalmente diferente del pasado conocido por la humanidad, provocando una serie de condiciones a nivel planetario de todo punto hostiles e irreversibles para la supervivencia de la especie humana. Lo recalcaremos una y otra vez en toda esta serie de artículos: no sólo tenemos el problema antes mencionado, sino también el problema de la gran ignorancia que la especie humana posee sobre estos datos, y sobre todo, el problema del negacionismo, es decir, de no querer ver ni asumir toda esta realidad, para poder actuar en consecuencia. La capacidad e influencia del ser humano y su responsabilidad en la transformación/destrucción de la naturaleza fue denunciada desde hace bastante tiempo por muchos autores, pero las últimas décadas han sentado un precedente absolutamente peligroso. En el año 2000, Paul Krutzen, especialista en química atmosférica y ganador del Premio Nobel de Química de 1995, fomentó y difundió el concepto del Antropoceno para referirse al período actual, en el que múltiples procesos fundamentales del entorno natural se ven dominados y transformados por la actividad humana. El capitalismo globalizado interviene decisivamente en toda esta transformación, a través de su acción destructiva del medio ambiente, mediante tareas extractivistas, contaminación, debilitación de las capas atmosféricas de protección para el ser humano, y erradicación de ecosistemas completos. Todo ello va desencadenando una serie de reacciones en cadena que ponen en serio peligro la armonía y equilibrio del conjunto de sistemas naturales que necesitamos para desarrollar y mantener la vida sobre la Tierra. 

 

Las bases y soportes morales y religiosos también han concedido una peligrosa cancha en este sentido, en su idea antropocéntrica del universo, concediendo al Hombre un dominio sobre la naturaleza que es absolutamente irreal. Julio César Centeno lo expresa así en su artículo de referencia: "La creencia de que los humanos somos distintos y superiores a otras formas de vida, o que ocupamos un lugar privilegiado en el cosmos, carece de base científica. Como miembros del colectivo de seres vivos, tenemos el deber de utilizar nuestra capacidad de previsión y empatía para comprender y proteger nuestro hogar planetario, así como para favorecer todas las otras formas de vida". El planeta, nuestra casa común, ha de ser tratada con respeto. Urge un cambio de relación del ser humano con nuestra Madre Tierra. No somos los propietarios del planeta, ni tenemos permiso de ningún otro ser para esquilmarlo y destruirlo. En lugar de utilizarlo para obtener beneficios económicos, los recursos naturales han de ser cuidadosamente protegidos, usados y respetados. Los sistemas económicos no pueden pasar por alto la finitud de nuestros ecosistemas, ni abusar indefinidamente de nuestros recursos. Simplemente, no es posible. Cuanto antes entendamos esto, y nos sumemos a la causa del Buen Vivir sin fisuras, más rápidamente podremos diseñar y formular nuevos modos de vida acordes con dicho modelo, y respetuosos con el medio ambiente. Es necesario reconocer la falsedad de la hipótesis según la cual nuestro planeta es un elemento infinito a nuestro servicio, del que ha de disponerse en provecho del ser humano. Es mentira. Es una falacia desde todos los puntos de vista posibles. No es real ni sostenible. Nos conduce al precipicio, si no estamos ya en él. El colapso de esta civilización industrial basada en los combustibles fósiles y en la explotación de la naturaleza es inminente. 

 

Nuestro comportamiento productivo, nuestros modelos de producción y de consumo hace mucho tiempo que no están en sintonía con los ciclos y ritmos de la naturaleza. Hemos dislocado totalmente el equilibrio primigenio que se encontraba en los diversos ecosistemas (y que proporcionaba la vida a los seres vivos que los habitamos), y hemos resquebrajado la solución de continuidad clara para dichos equilibrios. Ciega y patéticamente, el ser humano no se adapta a la naturaleza, sino que obliga a ésta a adaptarse a él y a sus intereses. El mayor de dichos intereses, dominante desde hace varios siglos, se concentra en la progresiva acumulación de riqueza y de beneficios económicos para la vida humana (de unos pocos, frente a la pobreza de muchos) a partir de la explotación sistemática de los bienes naturales y comunes, y de muchos pueblos, especialmente los indígenas, precisamente aquéllos que más respetuosos han demostrado ser con la naturaleza. Por tanto, muy de acuerdo con Leonardo Boff en su exposición en este artículo para el medio digital Ecoportal.net (salvo en los asuntos religiosos, donde discrepamos), necesitamos urgentemente una ética regeneradora de la Madre Tierra, que le devuelva la vitalidad vulnerada a fin de que pueda continuar albergando las especies de seres vivos, animales y plantas, que la habitamos. Ha de ser, añade, "una ética del cuidado, del respeto a sus ritmos y de responsabilidad colectiva". En efecto, se trata de incorporar una especie de ética "natural" en nuestras relaciones humanas y económicas, en nuestros modos de vida, amparados en los conocimientos científicos y sociales demostrativos de que el rumbo actual es completamente insostenible. Frente a ello, debe imponerse el sentido común: o variamos en dirección diametralmente opuesta dicho rumbo, o nos vamos a pique como el famoso Titanic. Si continuamos ignorando la peligrosa deriva que hemos marcado, más temprano que tarde veremos destruirse nuestra civilización en todas sus dimensiones. 

 

Pero al mismo tiempo que afirmamos esto rotundamente, también hemos de ir desmontando otras falacias que se vierten en determinados medios, o que el pensamiento dominante difunde de forma equivocada. Por ejemplo, la relativa a la supuesta superpoblación de nuestro planeta. En este artículo del medio Ecoportal se afirma textualmente: "La verdad es que si los más de 7.000 millones de personas que habitamos la Tierra estamos juntos y congregados en la misma ubicación, llenaríamos sólo el Estado de Los Ángeles de Estados Unidos. O si a todas las personas en el mundo se les diera una pequeña casa con patio y estuvieran también reunidas en la misma ubicación, se podrían llenar sólo los Estados de Texas, California y Nuevo México, y habría espacio de sobra". Siguiente falacia: ¿Tenemos suficiente comida para todos? Respuesta: Sí, de sobra. En el artículo de referencia se demuestra este hecho irrefutable de forma matemática. De hecho, sólo las tierras de cultivo de los Estados Unidos bastarían para alimentar a toda la población mundial durante un año. Pero no termina ahí la falacia, ya que en realidad, el hecho cierto es que la población mundial no está aumentando, sino disminuyendo. Y ello porque las tasas de fecundad mundiales están disminuyendo, la anticoncepción está subiendo en su demanda, y algunos Gobiernos están limitando el número de niños/as nacidos/as. Lo que debemos preguntarnos son los oscuros intereses que difunden los mantras de la superpoblación, quizá en aras a imponer subrepticiamente un nuevo orden mundial, así como a legitimar ciertas guerras y conflictos. Bien, pero dicho todo esto, lo que sí es importantísimo subrayar es la dimensión de los recursos naturales que la actual población planetaria consume, algo muy distinto al número de personas que poblamos el planeta, o si podemos o no alimentarnos todos. 

 

Pues vamos a la respuesta a dicha cuestión. En este artículo para el medio digital Rebelion.org, el periodista Enric Llopis nos resume interesantísimos datos aportados en el informe "Planeta Vivo" de la organización ecologista y animalista WWF, donde por ejemplo ya se advierte (año 2017) que en el mes de Agosto ya se habían consumido el equivalente a los recursos que anualmente nos provee la naturaleza. Nos basamos en él en lo que sigue. El día concreto del año donde este nivel de consumo se alcanza es llamado "Día de la Sobrecapacidad de la Tierra", y avanza poco a poco, pero año a año en el calendario. Desde el año 1997 hasta la actualidad se ha adelantado en dos meses. El principal factor que se estudia en sus diversas vertientes es la llamada "Huella Ecológica", un indicador que permite medir las demandas de toda la humanidad a la naturaleza, en relación con la capacidad biológicamente productiva de ésta (es decir, lo que realmente nos puede dar, tanto para suministrar recursos, como para absorber residuos). Pues bien, esta organización estima que son las emisiones de carbono el principal componente de la "huella ecológica" humana en el planeta, que también ha registrado un significativo aumento en las últimas décadas, pasando del 43% en 1961 al 60% en 2012. Evidentemente, la causa principal de este predominio es el consumo de combustibles fósiles (carbón, petróleo, y gas natural). Multitud de cifras avalan este hecho: por ejemplo, en 2014 se superó la cifra de 1.200 millones de automóviles circulando en todo el planeta. Otro peligro importante es el creciente ritmo de deforestación. Durante el período 2000-2010 se registró una pérdida neta de 7 millones de hectáreas anuales de bosque en los países tropicales. La especulación y la construcción de grandes infraestructuras se presentan como las dos causas principales para explicar este hecho. Pero los bosques son el auténtico respiradero de la naturaleza, sin los cuales tampoco podemos subsistir, así como el hábitat natural de multitud de especies de plantas y animales. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 agosto 2018 4 30 /08 /agosto /2018 23:00
Viñeta: Antonio Fraguas "Forges" (In Memoriam)

Viñeta: Antonio Fraguas "Forges" (In Memoriam)

Ser pobre hoy tiene un alto precio personal que se paga muy caro en el mercado del estigma asignado. Ser precario o precaria, trabajadora pobre o excluido del circuito del consumo y la normalización social no es solo una situación vivida y padecida, es también una realidad interpretada y etiquetada por el poder, que se encarga de diseñar dispositivos ideológicos y argumentales para hacer digerible y amable el discurso en torno a la pobreza y la exclusión

Paco Roda

El debate sobre el Trabajo, en un sentido amplio, profundo y extenso, es un asunto que no debemos dejar pasar por alto. Ya en el artículo anterior hemos presentado el debate sobre el trabajo "formal" y el "informal", para intentar llamar la atención sobre los equivocados preceptos que dominan la concepción mercantilista del mismo. Pero como decimos, la discusión sobre el Trabajo humano dentro de las sociedades capitalistas alcanza tintes filosóficos muy profundos, que es necesario sacar a relucir, en la medida de nuestras posibilidades. Esto nos ayudará en la tarea de denunciar la arquitectura de la desigualdad en el mundo laboral, que es la esencia de esta serie de artículos. Pues bien, la concepción de la "necesidad" (o si se quiere, obviedad) del trabajo viene de antiguo. Ya en los "Fundamentos del derecho natural según los principios de la doctrina de la ciencia" (1797), se afirma que "Todos deben poder vivir de su trabajo". Esta afirmación, que podría aparecer como inocente en sí misma, esconde sin embargo que el hecho de "poder vivir" está, por tanto, condicionado por el trabajo, y podríamos incluso llegar a la extrema conclusión de que no existirá tal derecho si no se cumple esta condición. Nosotros somos más bien de la opinión de que "Todos deben poder vivir". Punto. Sin más. Es decir, todo el mundo, desde que nace hasta que muere, debe poder tener la existencia material garantizada. De hecho, es lo que pensamos que nos concede la dignidad humana. No es el propio trabajo quien nos da esta dignidad, sino el hecho de tener la existencia material garantizada. Pero incluso si nos trasladamos al momento actual de la civilización industrial (desarrollaremos esto más profundamente en nuestra otra serie de artículos "Filosofía y Política del Buen Vivir"), hemos de concluir, sin paños calientes, que el modelo de sociedad dominada por el trabajo no está pasando por una crisis temporal, sino que está llegando a sus límites absolutos. 

 

Se afirma, entre otros muchos documentos y estudios, en la organización alemana Krisis, cuyo "Manifiesto contra el trabajo" recomendamos a todos nuestros lectores y lectoras. Nosotros seguiremos desde aquí algunos puntos de vista expresados en el mismo. En nuestra sociedad, a quien no puede vender su mano de obra se le considera "excedente", y se le condena al vertedero social. Y por tanto, quien no trabaja, es decir, no vive de su trabajo, no come. Así de sencillo. Así de cruel. La falacia de la "creación de empleo" se establece como un mantra indiscutible, aunque eso signifique, por ejemplo, que un titulado o titulada superior trabajen durante dos meses como camarero/a. O por ejemplo, en pro de ese "empleo" se toleran aberrantes construcciones, como las de un ATC (vertedero de residuos nucleares) en una determinada población, la de un gigantesco hotel en la propia orilla del mar, o la de unos cuantos buques de guerra para que Arabia Saudí los utilice para seguir masacrando a la indefensa población de Yemen, en un genocidio silenciado por los medios. El "trabajo" parece ser que lo justifica todo. Y se ha convertido casi en un acto de fe comúnmente exigido la idea de que es mejor tener "cualquier" trabajo (por aberrante que éste sea) antes que ninguno. Desde el bíblico "Ganarás el pan con el sudor de tu frente", se predica desde hace siglos que hay que rendir culto al ídolo trabajo, aunque sólo sea porque las necesidades, según los que así piensan, no se pueden satisfacer por sí mismas sin el esforzado quehacer humano. ¿Cómo explican entonces que tres cuartas partes de la humanidad se hunda en la necesidad y la miseria sólo porque el sistema de la sociedad del trabajo ya no necesita su trabajo? Es el sistema capitalista (y no la ontología humana) quien ha colocado al Dios Trabajo en la cima de la pirámide, y a él se debe con particular devoción.

 

En el Manifiesto que más arriba hemos citado se dice textualmente: "El trabajo no significa de ninguna manera que las personas transformen la naturaleza o se relacionen entre sí por su actividad. Mientras haya gente, se construirán casas, se producirán alimentos, vestidos y otras muchas cosas, se criará a los niños, se escribirán libros, se discutirá, se cultivarán huertos, se compondrá música y muchas otras cosas más por el estilo. Esto es algo banal y obvio. Lo que no es obvio es que la actividad humana por excelencia, el puro "empleo de fuerza de trabajo", sin importar su contenido, de forma totalmente independiente de las necesidades y de la voluntad de los implicados, sea elevado a un principio abstracto que domina las relaciones sociales". Y es que desde la perspectiva del trabajo, el contenido cualitativo de la producción cuenta tan poco como desde la perspectiva del capital. Lo que interesa es únicamente la posibilidad de vender la fuerza de trabajo en las mejores condiciones posibles, sin preocuparse del fin último de la producción, ni de su (posible) insostenibilidad, propósito o naturaleza. No se persigue la determinación común del sentido y fin del propio quehacer humano (o tecnológico, pues ya muchos trabajos también pueden ser realizados por máquinas). Y así, hoy día, de lo único que se trata es de que haya puestos de trabajo, de incrementar los índices de ocupación, es decir, aluden al propio trabajo como un fin en sí mismo. Qué, para qué y con qué consecuencia se produce lo que se produce importan bien poco. Incluso algunas actividades claramente ilícitas han pasado a reconocerse como parte del PIB nacional, legitimando de algún modo su existencia, en aras de un mayor "crecimiento económico" y una mayor "riqueza nacional". Se ha perdido absolutamente el sentido ético-moral del trabajo. Todo vale con tal de crear unos pocos "puestos de trabajo". 

 

El trabajo humano ha entrado, por tanto, en una dimensión peligrosa. Y hoy día, tanto los obreros como los directivos de las empresas sólo son zombis dedicados a su actividad, siervos incondicionales del ídolo trabajo, meras piezas funcionales consagradas al fin absoluto irracional de la sociedad capitalista globalizada. Pero el trabajo, en sí mismo, no supone ninguna "liberación" humana. Y hoy día, al igual que en el pasado, no supone ningún signo de actividad humana autónoma, sino que se remite a un triste destino social. Es la actividad de los que han perdido su libertad. La expansión del trabajo a todos los miembros de la sociedad no es, en consecuencia, más que la generalización de la dependencia servil. Y la adoración y el culto moderno al trabajo, no es más que la elevación casi religiosa de esta situación, promovida por las élites del capital. Ya en 1881 Friedrich Nietzsche escribió su obra "Los aduladores del trabajo", un perfecto retrato de la alienación social que el trabajo humano supone. En el Manifiesto de la organización Krisis se afirma: "La historia de la Modernidad es la historia de la imposición del trabajo, que ha dejado tras de sí una inmensa huella de destrucción y horror en todo el planeta; puesto que no siempre ha estado tan interiorizada como en el presente la exigencia de empeñar la mayor parte de la energía vital en un fin absoluto ajeno. Han hecho falta varios siglos de violencia pura en grandes cantidades para que la gente, literalmente bajo tortura, acepte ponerse al servicio incondicional del ídolo trabajo". Y así, desde los jornaleros andaluces esclavizados por los terratenientes en el siglo XIX, pasando por los trabajadores forzosos republicanos que reconstruyeron la España de la posguerra en pleno siglo XX, hasta llegar a las indecentes fábricas que trabajan actualmente para el sector textil mundial esclavizando a sus obreros, o los trabajadores y trabajadoras de criminales empresas transnacionales que cometen crímenes ecológicos contra la humanidad, o a los cientos de miles de falsos autónomos explotados por sus empresas matrices, podemos dibujar el siniestro rastro del trabajo humano. 

 

Y durante las épocas coloniales imperialistas europeas, la situación llegó a universalizarse. La esclavitud literal en las plantaciones y explotaciones de materias primas coloniales, que superó en sus dimensiones incluso a la esclavitud de la Antigüedad, disfrazada de "misión civilizadora", fue uno de los crímenes fundacionales del sistema de producción de mercancías. Y durante el siglo XX, el trabajo se encuadra en las conductas del "orden social". Buena prueba de ello es que, durante el franquismo, existía una tal Ley de Vagos y Maleantes, un cajón de sastre que se aplicaba desde indigentes hasta homosexuales. Se asociaba a la persona "de bien" con un trabajo, y al que no lo conseguía con un vago, un excedente social, una escoria, un indeseable. Hasta tal punto la gente ociosa fue mal vista que Henry Ford llegó a afirmar: "El principio moral fundamental es del derecho de los hombres al trabajo (...) Según mi parecer, no hay nada más abominable que una vida ociosa. Ninguno de nosotros tiene derecho a algo semejante. En la civilización no hay sitio para gente ociosa". Y esa visión se mantiene todavía en cierta forma en nuestra sociedad. Las personas desempleadas son ciertamente estigmatizadas, y la gestión neoliberal de la pobreza, que ya hemos comentado en las últimas entregas, se enfoca precisamente hacia esta estigmatización. En cambio, los apasionados del trabajo son bien vistos, estimados y tomados como referentes. De hecho, para el capitalismo la capacidad de ocio de las personas (enfrentada a su capacidad de negocio, es decir, de "no-ocio") siempre ha estado mal vista, y ha sido combatida con ferocidad. Desde las fábricas fordistas del siglo XX, una obsesión de los empresarios ha sido controlar exactamente el tiempo que los trabajadores dedicaban a sus tareas, y el tiempo libre que poseían, y a qué lo dedicaban. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 agosto 2018 2 28 /08 /agosto /2018 23:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Hemos visto pasar en este último tiempo no solo numerosas víctimas mortales sino rostros atravesados de espanto de niños y adultos. De dolor, de impotencia. Los hemos visto caminando en el barro, durmiendo en el suelo, con lluvia y nieve, tras barrotes con los que premiaron su llegada a la Europa prometida, bajo las miradas de botas militares. Y nuestra vida ha seguido su curso, ignorándolo. La UE pagó nada menos que al presidente turco Erdogan para desembarazarse de ellos. Países miembros de la Unión cerraron sus fronteras

Rosa María Artal

Ya lo hemos afirmado en anteriores entregas, y aún le dedicaremos una exposición más profunda más adelante, pero la idea está clara: la inmigración es una historia de dominación. En este caso, una historia de dominación política de nuestro continente europeo (junto con Estados Unidos) hacia el continente negro. Lo ha explicado perfectamente Omar Boudaaoui (miembro de SOS Racismo Vizcaya) en este artículo para el medio Naiz. Retomo sus palabras: "Pero, ¿qué nos ocultan? ¿Y por qué? Sencillamente, no quieren que sepamos las causas fundamentales de este éxodo humano que tienen que ver directamente con la relación de dominación del Norte sobre el Sur, la división mundial del trabajo. Se trata del control que ejerce Europa sobre el destino de África, desde siempre, sobre qué tipo de economía debe desarrollar y qué modelo social debe aplicar. Y por supuesto, para tenerlo todo bien atado, Europa controla el poder político en África. Lo ha hecho directamente en la época de la colonización armada y lo sigue haciendo ahora manipulando a los gobiernos africanos impuestos contra la voluntad de sus pueblos, después de acabar, mediante intervenciones militares y Golpes de Estado en los años 60, 70, 80 y 90 con las aspiraciones de los gobiernos progresistas surgidos de la lucha de la liberación nacional que los países africanos que pretendían alcanzar la independencia política, económica y cultural". Algo así como un patio trasero ha sido África para Europa, al igual que lo ha sido (y lo continúa siendo) América Latina para los Estados Unidos. Un vasallaje, un colonialismo y una injerencia intolerables han dado al traste con cada intento de cada país por evolucionar hacia un sistema político más justo y avanzado para su población. Pero claro, eso chocaba con los intereses de los grandes gendarmes de Occidente.

 

Omar Boudaaoui nos recuerda que de los 22 presidentes africanos asesinados entre 1963 (es decir, hace 55 años) y 2011, la mayoría de ellos lo han sido con la implicación directa de los servicios secretos de Francia, Bélgica, Estados Unidos o Israel. En el epicentro de toda esta devastación, de toda esta salvaje colonización y de toda esta intolerable injerencia, se encuentran las inmensas riquezas que posee el continente negro. Y es que a Europa le ha interesado desde siempre extraer y explotar salvajemente los recursos naturales y humanos de los países africanos, convirtiéndolos en meros mercados libres de aranceles y dejando fuera de protección a la economía local africana. Una economía local que ha sufrido y sigue sufriendo una guerra económica silenciosa que le impide cualquier desarrollo sostenible y que atienda a las necesidades de su población. Esta es la situación que ha condenado a millones de africanos, de decenas de países, a abandonar su tierra. Mientras los terrenos africanos se cultivan para abastecer a las mesas europeas y sus minerales se "compran" a precio de saldo para la industria de Occidente y de China, los falsos tratados de "libre comercio", hechos a medida de los intereses de las grandes empresas transnacionales, condenan a la economía africana a la dependencia absoluta de los llamados "mercados internacionales" para poder cubrir la demanda de alimentos básicos. A todo ello podemos añadir también el agravante de la degradación del medio ambiente por el exagerado consumo de agua que requiere la extracción y el cultivo de esos productos, que han condenado a la profunda sequía a muchos territorios, provocando igualmente éxodos de población. La ecuación por tanto es bien simple: se genera pobreza, saqueo y miseria en África, y cuando estas personas desesperadas intentan llegar a nuestros territorios, se les impide y se les criminaliza. Aberrante política la de nuestro Viejo Continente.

 

Incluso la propia llegada a nuestras fronteras ya no es garantista. Tal como explica Lucía Nistal en este artículo para el medio Izquierda Diario: "...medidas como un permiso de estancia especial de apenas 45 días para los rescatados en el mar antes de ser identificados y tramitados, si bien ya era insuficiente y muy limitado, ha sido fulminado. A partir de ahora, los recién llegados no podrán acceder a un tiempo mínimo para recuperarse de la peligrosa travesía, pasarán directamente a dependencias policiales, donde serán retenidos 72 horas para su identificación, tras lo cual, si su petición de asilo no es admitida a trámite, la Policía Nacional abrirá expedientes de expulsión correspondientes para dar paso a los trámites para la deportación". Nuestra política de fronteras se endurece. La España fortaleza se amplía. Incluso defiende en Estrasburgo las devoluciones en caliente por las que el Estado ya fue condenado bajo el anterior Gobierno del PP. Se legitima y perpetúa, en opinión de Lucía Nistal que compartimos, una práctica violenta y represiva para impedir siquiera la entrada al país y la posibilidad de pedir asilo a los inmigrantes. La perversa política europea podría resumirse tal como hace genialmente Cecilia Zamudio en este artículo de su Blog "Pensamiento crítico": "Las metrópolis del capitalismo quieren las riquezas, pero a las personas no". Porque es exactamente ese saqueo capitalista el que dispara el éxodo masivo, debido a la generación de las situaciones de pobreza, miseria y exclusión social que provocan. Zamudio aporta datos muy significativos al respecto. Por ejemplo, según la OIM (Organización Internacional para las Migraciones), más de 3.000 seres humanos pierden la vida cada año durante la travesía migratoria del Mediterráneo. Este artículo del medio digital Publico nos muestra que el Portavoz de dicha organización, Joel Millman, ha recordado en la ONU que desde la tragedia de Lampedusa en octubre de 2013, donde murieron más de 360 personas, el número de fallecidos ya sobrepasa los 15.000, lo que supone más del 50% de todos los refugiados muertos en el mundo durante los últimos cuatro años. Cada día mueren 10 personas de media intentando cruzar el Mediterráneo. Simplemente insoportable. 

 

Cecilia Zamudio ha explicado este fenómeno en los siguientes términos: "Cabe tener muy presente que la situación de saqueo capitalista y empobrecimiento medular que padecen decenas de países de África, Asia y América Latina, es mantenida mediante el exterminio sistemático de toda reivindicación social y política, mediante la eliminación física de las mujeres y hombres revolucionarios que han emprendido la lucha por la emancipación de los pueblos (no es ninguna fatalidad): el imperialismo estadounidense y europeo implementa guerras y sistemática injerencia contra los pueblos cuyos recursos son codiciados (Golpes de Estado, exterminio político, guerra contrainsurgente, implementación de paramilitarismo, etc.); de esta manera instaura y perpetúa regímenes favorables al saqueo que perpetran sus multinacionales". Y concluye: "Es un genocidio que produce el capitalismo, un sistema que empobrece y excluye a millones de personas de una vida digna, para que un puñado de capitalistas aumenten sus fortunas. Los mismos rapaces que saquean y empobrecen, paralelamente imponen políticas migratorias contra los desposeídos, les ponen el trayecto cada vez más difícil y peligroso: obligándolos, para intentar evitar todo el aberrante dispositivo fronterizo, a travesías de mares y desiertos en condiciones de espanto. El saqueo capitalista y las criminales políticas migratorias de las metrópolis capitalistas causan un genocidio descomunal". La barbarie capitalista es, en última instancia, no sólo la causa última y definitiva del hecho migratorio, sino la razón de ser del mismo sistema que lo genera. Al capitalismo no le interesan las personas ni en sus países de origen ni en sus (posibles) países de destino, sólo le interesan los capitales. De ahí que el capitalismo globalizado blinde al gran capital, le dote de absoluta libertad y poder de movimiento, mientras criminaliza, excluye y empobrece a las mayorías sociales en todas partes del mundo. 

 

El caso del continente negro es paradigmático. África lleva siendo patio trasero europeo durante décadas. Y todo intento de emancipación de algún país (rico en recursos naturales, por supuesto) del yugo europeo (a través de líderes populares revolucionarios que intentaron dicha odisea) fue reprimido violentamente. Además, los países africanos están sometidos a una deuda externa impagable, como forma económica de sometimiento y dependencia del capital internacional. Las famosas instituciones mundiales como el FMI se han encargado bien de todo ello. Y así, se ha llegado a una situación de casi total dependencia económica del exterior, comenzando por la propia agricultura. Como nos cuentan desde el Blog "Espacio Independiente" en este artículo, con la descolonización, la mayoría de países africanos gozaban de suficiencia en la producción agrícola y ganadera, y exportaban buena parte de dichos alimentos. Esa situación se ha invertido en la actualidad, y estos países se han convertido en países dependientes que importan hasta el 30% de los alimentos que consumen, acabando de hecho con todo atisbo de soberanía alimentaria. Pero los llamados "Programas de Ajuste Estructural" impuestos por estos bárbaros organismos internacionales han tenido que estar soportados por los respectivos Gobiernos africanos, y para ello los países europeos se han buscado auténticos títeres, dictadores de turno que estaban dispuestos a obedecer al gran capital, sacrificando las riquezas naturales de sus territorios, a cambio de obtener para ellos y sus familias auténticas fortunas. Mientras, el pueblo era oprimido y empobrecido, y si se levantaban revueltas populares, eran violentamente reprimidas por los serviles gobiernos de turno, que incluso pedían ayuda a sus mentores europeos para que los ayudaran a extinguir esa "primavera africana". Continuaremos en siguientes entregas.

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26 agosto 2018 7 26 /08 /agosto /2018 23:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

La expresión Buen Vivir o Vivir Bien, propia de los pueblos originarios de Bolivia, Ecuador, Perú... significa, en primer término, “Vivir bien entre nosotros”. Propugna una convivencia comunitaria con interculturalidad y sin asimetrías de poder. Como afirmó Evo Morales: “No se puede Vivir Bien si los demás viven mal”. Y esta expresión condensa lo central del planteamiento solidario: Se trata de vivir como parte de la comunidad, con protección de ella y protegiéndola, en armonía con la naturaleza. “Vivir en equilibrio con lo que nos rodea” y también “bien contigo y conmigo”; es diferente del ‘bienestar’ individualista promovido por el mercado, erigido de espaldas o en contra de “los demás”, y separado de la naturaleza a la que considera su “objeto”

Isabel Rauber

El Buen Vivir pone en cuestión y en permanente debate nuestra concepción clásica del "desarrollo", situada bajo la óptica capitalista, y que tanto daño ha propiciado al medio ambiente. El Buen Vivir transforma el desarrollo y amplía su debate hacia un debate político, social, cultural y ético, y no sólo económico, y por ello mantiene relación con las desigualdades, con la pobreza y la riqueza, con la propiedad de los recursos energéticos, con el acceso a los servicios, con el catálogo de derechos...En última instancia, con la propia democracia. El Buen Vivir revoluciona los viejos paradigmas relativos a la civilización, a la prosperidad, al desarrollo, al bienestar, al progreso social, etc., basados en el consumismo desaforado, en el derroche y uso abusivo de los recursos naturales, y en la permanente explotación de la naturaleza y de los seres vivos para mayor dominio del ser humano. El Buen Vivir los denuncia, desmonta sus contradicciones y sus falacias, revela su irracionalidad y demuestra su insostenibilidad. El Buen Vivir coloca la naturaleza en el centro de la vida, alejándola de su visión como "objeto" al servicio del hombre, un objeto que la humanidad puede y debe conquistar, dominar y explotar en aras de su "bienestar", tal como explica Isabel Rauber en su ya referida Ponencia, en la que nos estamos basando para estas primeras reflexiones. El capitalismo transformó la naturaleza en un objeto sujeto a los mismos procesos de mercantilización que el resto de bienes y servicios, y la explota continuamente. El deterioro de nuestro medio ambiente es causado por el ser humano, debido a este incesante ataque a nuestros recursos naturales, a este proceso de saqueo del resto de seres vivos que habitamos en el planeta. Y así, la naturaleza fue poco a poco sometida a apropiación privada, vendida, comprada, expropiada, sometida, saqueada, vaciada, bombardeada, expoliada, enajenada, etc. 

 

Y con ello, atacábamos a nuestro propio entorno natural, como si fuéramos capaces de sobrevivir sin él. Como si el ser humano no formara parte de él, como si no lo necesitáramos para nuestras funciones y equilibrios vitales. El capitalismo siempre ha visto a la naturaleza como un pozo sin fondo, como un depósito ilimitado, con capacidad de regeneración continua...hasta que la naturaleza comenzó a dar claras muestras de lo contrario: el creciente agujero de la capa de ozono, los tsunamis y terremotos, el agotamiento de los recursos energéticos, la contaminación del aire y del agua, la subida del nivel de los océanos, el deshielo de grandes zonas de los polos, las lluvias torrenciales, la desertización de grandes zonas de tierra, la muerte de animales, la invasión de basura de los mares, los éxodos masivos de población, las sequías e inundaciones, y un largo etcétera comenzaron a vislumbrar importantes señales de alarma, que el ser humano continuó ignorando. Los equilibrios naturales de los ecosistemas se comenzaron a quebrar, lo cual es crítico para mantener el patrimonio de biodiversidad para las futuras generaciones. En esta dimensión ecológica de la realidad, que el capitalismo nunca apreció, los seres humanos somos parte intrínseca e indivisible de la naturaleza. Necesitamos los entornos y ecosistemas naturales exactamente igual que los necesita un rinoceronte o un oso polar. Isabel Rauber concluye en los siguientes términos: "En tal sentido, resulta claro que las cuestiones ecológicas o referidas a la naturaleza no pueden ser analizadas de modo aislado, como tampoco lo relativo a la pobreza, desarrollo, democracia...Es indispensable el enfoque integral sistémico (economía, política, cultura, modo de vida...) de la vida en las realidades sociales en cada momento". 

 

El error humano, el tremendo y catastrófico error, ha sido considerar que la naturaleza era como una especie de agente externo del cual se podía abusar sin que nada ocurriera. De hecho, hasta mediados del siglo XX el ser humano no comienza a poseer una conciencia ecológica, a darle importancia a la dimensión ecológica de la vida humana. Algo que hoy día denuncia hasta el mismísimo Papa Francisco, el único Papa "ecológico" que hemos tenido hasta el momento, preocupado (incluso en su Encíclica "Laudato sí", que comentaremos también en su momento) por la vorágine de destrucción del planeta que el hombre lleva a cabo basándose en la desastrosa filosofía capitalista. Necesitamos construir otra relación Estado-sociedad-ciudadanía-naturaleza, basada en otra hegemonía cultural, centrada en los pueblos en defensa de la vida. Necesitamos construir otro modelo de sociedad centrada en un nuevo Estado para el Buen Vivir y Convivir, que nos vuelva a colocar en solidaridad con nuestros semejantes, y en armonía con el resto de elementos naturales y de seres vivos que pueblan el planeta. Es preciso construir una alternativa civilizatoria superadora de la civilización industrial capitalista, aquélla que desprecia al propio ser humano (sus derechos y necesidades fundamentales), al resto de animales y seres vivos, y a la naturaleza con sus equilibrios ecosistémicos. Y es que la defensa integral de la vida sólo puede llevarse a cabo desde un nuevo paradigma, que se resume en la indivisible interrelación naturaleza-sociedad. El conflicto capital-planeta ha de ser superado en favor de éste último, pues de lo contrario, nuestra supervivencia es insostenible. Tenemos que echar abajo la hegemonía y la cosmovisión del capital, centrada en la indiscutible fuerza del mercado como bien supremo y equilibrador de las relaciones humanas. 

 

Hoy día, la mercantilización no conoce límites ni barreras. La globalización capitalista ha invadido todos los órdenes, facetas y ámbitos de la vida humana. Durante los últimos siglos el mercado ha ido perfeccionando las condiciones para la cosificación humana y sus posibilidades de mercantilización. Y así, en la era de la globalización del mercado capitalista todo es factible de ser vendido y de ser comprado. La transformación del sujeto en objeto que vive por y para el mercado es parte fundamental del proceso de hegemonía global del capital. De ahí la dimensión destructiva y deshumanizadora que hemos alcanzado en el siglo XXI. Son precisamente estas bases materiales, ideológicas y culturales las que hay que derribar para buscar caminos hacia su superación en favor de la vida. La superación de esta civilización del capital implica cambiar de raíz su modo de producción y reproducción de la vida social y de interrelación con la naturaleza. El capital nos ha demostrado que su expansión es insostenible. Darnos cuenta y reconocer este hecho insoslayable es un hito fundamental. Y esto conlleva un proceso histórico-cultural de creación-aprendizaje de la humanidad, orientada hacia un nuevo horizonte civilizatorio, anclado en los principios del Buen Vivir y Convivir entre nosotros y con la naturaleza. En expresión de la Filosofía Zen: "Ser uno con la naturaleza", que implica protegerla y respetarla, hacer un uso racional y sostenible de ella, y abandonar todos los modos de producción y consumo que no cumplan con dichos paradigmas. Necesitamos volver a recuperar nuestro anclaje natural con la naturaleza, y recuperar también modos de producir, repartir, compartir, consumir y desechar acordes con dicho modelo. 

 

Julio César Centeno ha explicado el fundamento de este modelo en los siguientes términos: "Vivir en armonía con la naturaleza implica una relación equitativa y equilibrada con la Madre Tierra, la fuente y el sustento de la humanidad misma. Esta relación debe fundamentarse en un profundo respeto por la naturaleza y en el reconocimiento de nuestra responsabilidad por restablecer la salud e integridad de los sistemas naturales que hemos deteriorado. Esta transformación de la relación entre la humanidad y la Madre Tierra no es más que una reafirmación de que la existencia humana es parte inextricable de la Naturaleza". Esto es exactamente lo que debemos comprender y valorar, porque es la pieza esencial que nos debe conducir a un cambio en nuestros hábitos, formas, costumbres y modos de vida. Centeno insiste en un aspecto importante, como es nuestra huella y capacidad de transformación del paisaje natural como ningún otro animal de ninguna especie. Nos indica que aunque las primeras especies del género Homo datan de hace más de 2 millones de años, la historia de nuestra especie tuvo lugar en el período geológico conocido como el Holoceno, un período relativamente breve en la historia del planeta que abarca los últimos 11.000 años. Desde el desarrollo de la agricultura a inicios del Holoceno, la humanidad ha influido masivamente en todos los aspectos del entorno natural. Y así, casi todos los ecosistemas del planeta portan las cicatrices de nuestra presencia. Pero las últimas décadas han sido especialmente devastadoras, y han sentado un antes y un después: la alteración del equilibrio atmosférico, la destrucción de aproximadamente la mitad de los bosques originales del planeta, la erosión de los suelos, la desertificación, la contaminación con sustancias tóxicas del agua, el aire y los alimentos; la destrucción de ríos y quebradas, la acidificación de los océanos, la erradicación masiva de especies de plantas y animales, o la peligrosa reducción de las formaciones de hielo tanto en el Ártico como en la Antártida. Todo ello está provocando el calentamiento global y el irreversible cambio climático que estamos comenzando a sufrir. La naturaleza grita, se queja, muestra su dolor. Pero nosotros seguimos empeñados en mirar hacia otro lado. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 agosto 2018 4 23 /08 /agosto /2018 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (104)

El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita

Joseph Stiglitz

Con las medidas que estamos comentando en relación al mercado laboral, diríase que el Estado hace tiempo que dejó de enfrentarse a la pobreza, para enfrentarse a los pobres. Una gestión neoliberal de la pobreza es manifiestamente injusta, pues se basa en la criminalización de los que menos tienen. La desigualdad sociológica creada por el capitalismo glorifica a los "ganadores" y pisotea a los "perdedores", y el mundo laboral, con todas sus dimensiones, es un perfecto espejo de ello. El Estado del Bienestar se va transformando poco a poco en un Estado de la Caridad, donde los servicios públicos van dejando de ser universales para pasar a ser residuales, mientras crecen los servicios y los bienes privados. Actualmente en España malviven 10,2 millones de personas con una renta por debajo del umbral de la pobreza. Más del 60% de la población tiene dificultades para llegar a fin de mes, y solo el 54% de las personas que se inscriben en las estadísticas del paro reciben algún tipo de ingreso por desempleo. Y mientras los beneficios empresariales se han disparado superando el 200% desde 2012, el coste salarial apenas ha aumentado un 0,6%. Todo ello ha ido forjando la nueva figura del "Trabajador/a pobre", es decir, aquélla persona que aún disponiendo de un empleo, no puede satisfacer sus necesidades fundamentales, ni desarrollar un proyecto de vida digno. Y el discurso neoliberal ha creado un tipo de individuo que se autoinculpa de su situación personal y social. Nuestro sistema político se ha convertido por tanto también en una herramienta de dominación cultural y social, en un instrumento al servicio del poder, en un imaginario legitimador de las desigualdades. Un imaginario colectivo que tiende a despolitizar todas estas desigualdades en su origen, análisis y significado. 

 

Ya no interesan las causas que han generado esos estados de pobreza, exclusión o precariedad, sino ser partícipes de un sistema que nos obliga a ser cómplices con dichos estados. Es como si las personas hubiesen elegido su propia miseria. Paco Roda lo ha expresado muy bien en este artículo para el medio Contextos: "Nada se opina sobre las condiciones y relaciones laborales, sociales, familiares, patriarcales, sexistas o de dominación. Nada sobre la inseguridad, las infraviviendas, los salarios parciales, los talleres ilegales, y las múltiples formas de explotación invisible. Nada. Como si sólo nos interesara asistencializar a quienes van a la deriva, a quienes no asimilan su naufragio voluntario". La gestión neoliberal de la pobreza, legitimadora de la profunda desigualdad, recorre de forma transversal casi todos los instrumentos del sistema de protección social, sobre todo los relativos a los de Empleo y Servicios Sociales. Los pobres no sólo han de cumplir los requisitos exigidos, demostrando así que son pobres, sino que además están sujetos a un control administrativo ciertamente notable: han de comunicar a dichos servicios dónde viven, por cuánto tiempo, con quién, dónde están empadronados, si viajan o no, si salen del país o no, si se casan o se divorcian, cuántos miembros tiene su "unidad familiar" (un concepto muy gracioso), si les toca la lotería, o si heredan de un primo que tenían en Logroño. Curioso sistema éste que controla hasta ese nivel a los pobres, mientras permite que los más ricos y poderosos estafen miles de millones de euros a las arcas públicas sin inmutarse. Como mucho, saldrán en la portada de los programas informativos, para que los pobres conozcan quiénes son los que estafan más al fisco. 

 

Bien, llegados a este punto, inmersos en la concepción del trabajo humano dentro de las relaciones laborales capitalistas, sería bueno adentrarnos en la discusión sobre el trabajo en sí mismo. Porque hasta el propio concepto de trabajo ha sido apropiado por el capitalismo y tamizado por su concepción mercantilista. La visión del trabajo ha sido contaminada por una serie de factores que lo han atravesado por una serie de dardos o flechas para que sea considerado como tal: trabajo "formal", legal, masculino, remunerado, rentable económicamente, sujeto al control de las empresas. Si una actividad laboral se adecúa a dicho paradigma, cumple todas esas características, entonces será considerado "trabajo". En caso contrario, se extenderán algunas dudas sobre él. Digamos entonces que existe un trabajo "formal" (el que es considerado trabajo como tal, con todas las garantías), y un trabajo "informal", aquél que no cumple las características anteriores, y que se aleja del perfil del mismo asumido por el imaginario capitalista. Podemos poner muchos ejemplos de aquéllos perfiles laborales que se alejarían de lo que hemos establecido como "trabajo formal": el trabajo de cuidados (mayoritariamente feminizado), el trabajo desde casa, el trabajo no remunerado (colaboraciones, activismo, voluntariado...), todo trabajo necesario para la comunidad que no sea rentable, etc. Todas esas actividades, al escaparse de los perfiles y características que determinan el trabajo formal en las relaciones laborales capitalistas, simplemente no se considerarán como tales. Y ello porque el trabajo informal se escapa al control capitalista, o simplemente no encaja en sus categorías. Es considerado por tanto como un trabajo anómalo, indeseable, o periférico a la economía global "formal".

 

Pero no queremos causar malentendidos: con nuestra defensa del trabajo "informal" no queremos defender la economía sumergida, la desregulación laboral o la explotación de los trabajadores, sino todo lo contrario. Lo que pretendemos es abrir dichas actividades laborales hacia la "formalidad", y que dichas actividades también sean considerados trabajos con todo el respaldo legal y formal que los demás. En su momento, relacionaremos todo ello con la medida de la implantación de una Renta Básica Universal (RBU). De hecho, la "formalización" del trabajo informal es uno de los puntos clave del "Programa de Trabajo Decente" de la OIT. En sentido general, y siguiendo al antropólogo Keith Hart, podríamos definir a la economía informal como la antítesis del nacional-capitalismo que domina el comercio mundial. Hart también plantea que se ha convertido en una característica universal de la economía moderna, precisamente a raíz del deterioro de las condiciones laborales en los países ricos y desarrollados, que comenzó en la década de los años 80 del pasado siglo. La expansión del trabajo informal se debe por tanto al incremento de las desigualdades sociales creadas por la propia difusión y globalización del capitalismo, que impone sus formas y sus modos de entender las relaciones laborales (al igual que impone las posibilidades de expansión de las corporaciones y su fortaleza jurídica). Hoy día, por tanto, sólo aquéllas actividades que quedan dentro del halo de legitimidad que ampara los valores del nacional-capitalismo son consideradas "Trabajo", y el resto se desestiman, se infravaloran, se marginan, se denigran o simplemente se ignoran. El escenario es complejo, y ciertamente, la cuestión de cómo se organiza y se reconoce el trabajo informal será uno de los grandes retos de este siglo. 

 

Abundando en todo esto, hay que distinguir también entre el trabajo productivo y el reproductivo. El primero es el que produce materiales y herramientas, bienes o servicios, es retribuido con un salario y es el que históricamente han realizado los hombres. Por su parte, el trabajo reproductivo es el asignado a las mujeres y es el encargado de mantener la vida: engendrar, parir, alimentar, educar, cuidar...pero estos trabajos típicamente no son retribuidos con ningún salario. La desigualdad por tanto es evidente. Las mujeres siempre se han encargado del trabajo reproductivo, pero como señala la escritora Silvia Federici, ya no hacen sólo este trabajo, sino que muchas trabajan además fuera de casa sin que se haya producido un cambio social que lo refleje, por lo que no existe conciliación entre trabajo productivo y trabajo reproductivo. El trabajo de cuidados está muy feminizado, además de tener que soportar grandes dosis de precariedad. El reconocimiento del trabajo reproductivo es otro de los grandes retos laborales que se nos presentan para revertir la tremenda desigualdad que existe. En general, como estamos viendo en estas primeras observaciones, el debate sobre el trabajo formal e informal es complejo y extenso, pero de entrada, el reto principal es intentar despojarnos de los prejuicios y de los valores impuestos por la globalización capitalista, que ha moldeado este concepto de Trabajo para que sirva exclusivamente a sus intereses. En este sentido, ha devaluado cualquier actividad humana que no se adecúe a sus moldes, y ha reformulado las capacidades humanas con objeto de evaluarlas en función a su contribución a los valores y principios capitalistas, que son precisamente los que provocan la desigualdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 agosto 2018 2 21 /08 /agosto /2018 23:00
Hacia otra Política de Fronteras (IX)

Los inmigrantes, los refugiados, por perder han perdido hasta la identidad. En un mundo donde sufrimos de agorafobia al abandonar nuestro preciado individualismo, pero a la vez nos angustiamos por fingirnos diferentes, superiores al vecino, las personas que cruzan el mar no son nada más que una etiqueta ambigua y difusa. Detrás de la tiritona y la manta, detrás de los ojos suplicantes y temerosos, detrás de las manos que se estiran por asir un salvavidas, hay personas tan complejas como usted y yo

Daniel Bernabé

Otro mantra que se repite hasta la saciedad, seguramente para descargar malas conciencias, es aquél que desvía "a Europa" las responsabilidades en las cuestiones migratorias. Como si esa "Europa" no la formáramos todos los países del Viejo Continente, uno por uno. Pero la idea de escape redunda en el mensaje de que no es tal o cual país europeo, sino las propias institución de la Unión (El Consejo, la Comisión y el Parlamento) los que tienen que definir los rasgos de nuestra política migratoria. Evidentemente, es una cesión de responsabilidades a un nivel superior, pero que no exime a cada país (y estamos hablando de legislación internacional y de asuntos humanitarios) de que se comporte de acuerdo a los parámetros del derecho internacional de los derechos humanos. Y en cualquier caso...¿Es que las instituciones europeas están por la labor? ¿Se han inmutado ante las continuas tragedias humanitarias que sufren los migrantes? La actitud "europea" ha sido muy bien definida por Arturo Borra en este artículo para el medio digital Rebelion.org: "Mientras [Europa] se proclama como defensor incondicional de los derechos humanos, no cesa de vulnerarlos de forma reiterada, transfiriendo el control a terceros países, restringiendo el ejercicio del derecho de asilo, y delegando lo que es su responsabilidad: favorecer el acceso legal y seguro de cientos de miles de personas en peligro y poner fin a una política catastrófica que permite la muerte en masa sin inmutarse en lo más mínimo". Por tanto, y a la luz de este indecente comportamiento, ¿qué se puede pensar de un país o Estado miembro que delega en "Europa" la solución al asunto migratorio? Pues que evidentemente está de acuerdo con dicho tratamiento.

 

Y todo ello, a su vez, casa muy bien con el proyecto histórico-político de hegemonía imperialista europea, donde a la vez que se erige como una fortaleza inexpugnable ante los flujos migratorios que estima indeseables, no deja de organizar y apoyar gigantescas maquinarias de guerra, como fase de expansión del sistema capitalista y colonial que produce precisamente dichos flujos de migrantes a nuestro continente. La actitud por tanto es cínica y perversa, por mucho que se disfrace de "tolerante". Porque frente a esa imagen de tolerancia que se pretende falazmente difundir, nos encontramos con la realidad cotidiana del racismo y la xenofobia imperantes en el imaginario colectivo, apoyados además por los discursos populistas de extrema derecha de algunas formaciones políticas. Arturo Borra ha descrito magníficamente esta falsa actitud social: "La "tolerancia" proclamada ante el otro, salvando algunos colectivos antirracistas y específicas plataformas ciudadanas, no ha supuesto en lo más mínimo la consolidación de luchas específicas para exigir el fin de la exclusión institucional de las personas migrantes y racializadas en las administraciones y las universidades públicas, de la discriminación que padecen en los mercados de trabajo, de la reclusión vejatoria a la que son sometidas en los CIE, del tratamiento estereotipado que reciben en los medios masivos de comunicación, de su escasa visibilidad cultural, de su participación política marginal, de las deportaciones en masa de las que son objeto, de la desigualdad jurídica blindada a partir de la Ley de Extranjería vigente, o en general, de las distintas formas de racismo y xenofobia institucionalizados que sufren". Esta es, desgraciadamente, la realidad actual de nuestros migrantes. 

 

Y así, la existencia de los CIE, la exclusión sanitaria, la Ley de Extranjería, las devoluciones en caliente, la marginación laboral, las deportaciones masivas, etc., configuran sin duda un perfil ciertamente intolerante en nuestra sociedad, donde aún tenemos que superar muchas barreras emocionales e intelectuales para llegar a asumir sin fisuras la integración de extranjeros en nuestro seno. Por su parte, los países de nuestro entorno europeo están igual o peor que nosotros, y no digamos ya si ponemos el foco en Estados Unidos, el país más brutalmente racista e intolerante del orbe. El racismo sociológico es pues una vertiente que legitima las políticas que se toman por los Gobiernos, e igualmente podría y debería ser atajado de forma expresa, por ejemplo mediante un Plan Nacional de lucha contra el racismo, la xenofobia y otras formas de discriminación, así como la implantación de políticas transversales de interculturalidad tanto en las instituciones públicas como en las privadas, o la transformación del sistema judicial para que las agresiones racistas dejen de ser juzgadas en su mayoría como delitos comunes. Por tanto, la conclusión se nos ofrece bien clara: en nuestro país continúa existiendo racismo sociológico, político e institucional, salvo, claro está, para aquéllos "inmigrantes" que en vez de llegarnos en patera o saltando una valla, nos lleguen en limusina. Para éstos otros, los inmigrantes ricos y poderosos, se abren automáticamente las cuentas bancarias, las oportunidades de negocio, y las posibilidades de nacionalización e integración, no así para los pobres obligados a marchar de sus países de origen ante la guerra, la persecución o la ausencia de expectativas vitales. 

 

La Unión Europea está fallando en su proyecto inclusivo y democrático. Simplemente, no existe. Más bien existe lo contrario. Con absoluto descaro se ignoran las demandas de asilo y refugio (recogidas en multitud de Tratados y Convenios que todos los países europeos han suscrito). Y así, estas decenas de miles de seres humanos en riesgo pasan a ser números de una tenebrosa estadística, y su única salida es deambular buscándose la vida en la economía sumergida. En el mejor de los casos, pasarán a alimentar la fuerza laboral de mano de obra barata (incluso esclava), para determinadas tareas o labores que los nacionales ya no desean realizar. Los patronos buscan entonces inmigrantes dispuestos a llevar a cabo estos trabajos, y además de engrosar las filas de precarios, se ven sometidos en multitud de ocasiones a abusos, engaños y estafas. Por su parte, las mujeres lo pasan aún peor. Ya conocemos los casos de sobreexplotación laboral, que se presentan sobre todo en el sector agrícola o en el doméstico. En el fondo, late la percepción social de que estas personas son simplemente un "excedente humano" que hay que gestionar de la forma menos lesiva posible, en todos los órdenes. Los inmigrantes son conceptualizados como amenazas múltiples: potencial amenaza laboral, potencial enemigo terrorista, o potencial riesgo de pérdida de nuestra identidad cultural. Son las consecuencias de ese calvo de cultivo social que legitima todas las expresiones y concepciones racistas que se vierten por doquier en multitud de encuestas y estudios de opinión pública. Se entra de esta forma en un peligroso juego donde una parte sustancial de la población autóctona puede llegar a realizar aventurados e injustos juicios de valor sobre el papel real de los extranjeros, comenzando por aquélla más afectada por el deterioro de sus condiciones de vida.

 

Toda esta casuística ha sido muy bien resumida por Arturo Borra en otros de sus magníficos artículos: "El capitalismo, en esta fase, produce un "sobrante" estructural de seres humanos que ni siquiera cuentan como "ejército de reserva" y que son condenados a la marginación social e institucional, a la vigilancia y al confinamiento e incluso a la muerte por abandono". La plasmación de ello la sufrimos cada día en los programas informativos: nuestro viejo Mare Nostrum se va poco a poco convirtiendo en el Mare Mortum, constituyendo una especie de fosa común en la frontera sur de la Unión Europea, ante la absoluta incompetencia e ineptitud de nuestros líderes políticos, que prefieren mirar para otro lado, pagar más dinero a terceros países para que sean ellos los que controlen las migraciones, reforzar los mecanismos de repudio en las fronteras, o construir campos de concentración en las afueras de nuestros territorios. Y de la política exterior europea, ni un ápice de cambio. No se vislumbra siquiera un giro o cambio de actitud. Mientras, cientos de miles de personas continúan esperando respuestas firmes y necesarias, respuestas humanitarias y seguras, porque su mundo se viene abajo. Necesitan una respuesta clara y esperanzadora a la terrible situación vital que están sufriendo. Los acuerdos de la última cumbre europea han sido vergonzosos (creando esta respuesta de diversas ONG's), reinterpretando el derecho de asilo y modificando normas para maquillar las continuas violaciones al derecho internacional en asuntos de acogida. Europa sigue sin asumir ninguna autocrítica, ni una reflexión acerca de su responsabilidad en la generación de los conflictos que están causando tantos éxodos masivos, ni un reconocimiento del expolio a dichos pueblos que los países de nuestro continente han protagonizado. Ni una revisión a su política armamentística. La deshumanización de Europa continúa a pasos de gigante. Continuaremos en siguientes entregas.

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