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3 julio 2018 2 03 /07 /julio /2018 23:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Expoliáis nuestras tierras,
Nos forzáis a emigrar,
Nos disparáis en las fronteras,
Nos encerráis en CIEs,
Y cuando luchamos contra la muerte,
¡Nos llamáis violentos!

(Pancarta Popular)

El asunto de los migrantes, desgraciadamente tan de actualidad, está poniendo de manifiesto la necesidad de una redefinición de la migración forzosa con base en los derechos humanos. Esto último no puede perderse de vista. De hecho, es lo que suelen hacer los países que están actualmente sufriendo este fenómeno, es decir, cargarse de supuestos "argumentos", pero olvidando el norte fundamental, como son los derechos humanos. Las migraciones y desplazamientos forzosos no pueden ser desgajados de su contexto, fuera del mundo globalizado y desigual que sufrimos. Como afirma Guillermo Castillo en este artículo para el medio digital Rebelion.org: "En el mundo contemporáneo la profusa y desigual movilidad y flujo de bienes, dinero, personas e información ha sido una de las características de las dinámicas de los Estados neoliberales y de la globalización. No obstante, si bien la movilidad humana no es un proceso nuevo y ha estado relacionada con eventos claves de los últimos siglos (la invasión colonial europea a América, Asia y África, la revolución industrial, la creciente importancia de las metrópolis y la urbanización, la conformación y consolidación del capitalismo, la segunda guerra mundial, entre otros), la migración actualmente ha tomado proporciones inéditas". Añade el interesante dato de que, según el Banco Mundial, se llegó a la histórica cifra de 250 millones de migrantes en el mundo a finales de 2015. Todo esta explosión migratoria se explica (aunque muchos dirigentes políticos no quieran verlo) en buena medida por la vinculación entre la migración laboral internacional y, sobre todo, los propios procesos de expansión del neoliberalismo y sus repercusiones políticas y económicas a nivel regional y mundial. 

 

Y así, como causa de los efectos del capitalismo neoliberal, los migrantes en sus países de origen son los excluidos del desarrollo nacional, debido al deterioro productivo, la caída del empleo y la merma de los salarios en los países del desarrollo. El hambre y las ansias de expectativas vitales para ellos, ellas y sus familias se vuelve la prioridad humana fundamental. Pero al mismo tiempo, los migrantes juegan también un papel clave, en los países de destino, en la internacionalización de las cadenas productivas, al representar fuerzas de trabajo  baratas, flexibles y vulnerables, que trascienden las fronteras nacionales y se desplazan en dirección sur-norte hacia los países centrales, donde se concentran algunos de los mercados laborales transnacionales de mayor riqueza y expansión. Sin embargo, dentro de las amplias dinámicas de movilidad humana, continúa explicando Guillermo Castillo en su artículo de referencia, las migraciones que poseen un carácter más dramático y que se estructuran sobre mayores procesos de marginación y violencia, son aquéllas donde las personas, debido a circunstancias de diversa índole y que escapan a su voluntad y capacidad de acción, se ven forzadas a abandonar sus hogares, sus familias, sus vecinos, sus amigos, su entorno vital, sus costumbres, para poder conservar su vida y su integridad física. Actualmente, la migración forzada se vincula tanto a problemas ambientales diversos (desastres naturales, hambrunas, inundaciones, terremotos, tsunamis, sequías, huracanes, tifones, etc.), como a procesos de violencia de distinto tipo y escala (confrontaciones geopolíticas, intervencionismo y conflictos bélicos nacionales o internacionales, las mafias y el crimen organizado, etc.). Ejemplos de este último tipo de migración forzada como concreción de la exclusión nacional y global son los refugiados del conflicto sirio, los africanos en su odisea por el Mediterráneo, o los centroamericanos en su tránsito por México con destino a los Estados Unidos, quizá el país de política migratoria más salvaje y despiadada. 

 

Para entender un poco mejor el cruel fenómeno de las migraciones, vamos a exponer una pequeña parábola imaginaria, pero que bien puede ilustrarnos sobre las causas últimas de este fenómeno. Imaginemos que en nuestro planeta existieran únicamente dos países. Vamos a denominarlos el País A y el País B. En principio, vamos a imaginar que ambos países son igualmente ricos en recursos naturales, y son capaces de proveer a sus respectivas poblaciones la satisfacción de sus necesidades básicas (alimentos, viviendas, vestidos...). En un momento determinado, el País A instala un sistema económico capitalista, fundamentado como sabemos en la obtención máxima de beneficio. Mientras, el País B continúa funcionando en comunidades nativas o indígenas, organizadas en tribus, y sigue manteniendo un sistema económico respetuoso y sostenible con su medio ambiente. Llega un momento en el cual el País A se queda pequeño con sus propios recursos naturales, porque la expansión capitalista le pide conquistar "nuevos mercados". No es que el País A en realidad no pueda abastecer a su población, sino que su perverso sistema económico necesita más para poder subsistir. Y entonces el País A comienza un proceso escalonado de colonización del País B. El País A se va autoetiquetando como un país "desarrollado" (clara falacia para distinguirlo del País B), aunque su "desarrollo" consiste únicamente en fabricar medios y tecnologías para llegar más allá de sus fronteras, someter a la población del País B, y explotar sus recursos naturales. Poco a poco, el País A se va haciendo "rico" y poderoso, sus gentes disfrutan de buenos niveles de vida, y alberga altos índices de "prosperidad". En cambio, la población del País B cada vez va siendo más sometida, sus recursos más controlados, y su nivel de vida más precario. Cuando esta situación estalla, y las gentes del País B no pueden llevar a cabo ni el más mínimo proyecto de vida digno, a estas personas no les queda otro remedio que intentar abandonar su país e instalarse como puedan en el País A, el "rico", para al menos intentar mitigar el hambre, y obtener algunas expectativas vitales que su propio país no les ofrece. Simple, ¿no?

 

Alguien pudiera pensar que hemos hecho un ejercicio infantil y reduccionista de los motivos que explican el fenómeno de las migraciones, pero creemos que no es así. Dicha parábola, llevada a gran escala, considerando otros factores de complejidad y extendida durante siglos de colonización y dominación, es justo la descripción de nuestro perverso mundo. Un mundo salvaje y desigual, donde existen una serie de países que entendieron en un momento histórico que no tenían bastante con sus fronteras, y cuyos sueños de grandeza les llevaron a expandir Imperios en Oriente y Occidente. Unos países que durante siglos llevaron a cabo sobre las poblaciones y los recursos de dichos países invadidos, auténticos procesos de saqueo y expolio, con sus consiguientes guerras, conflictos armados, revoluciones, y sometimiento de su población a las lenguas y las culturas de los países invasores. Y así, siglos de dominación de los diversos Imperios condujeron a la explotación sin fin de las poblaciones y de los recursos naturales de los países invadidos, sometiéndolos y ultrajándolos a su antojo para engrandecer sus límites. Ahora sí que comprendemos exactamente el texto de la pancarta popular que hemos colocado como entradilla en esta entrega, porque describe a la perfección lo que lleva ocurriendo durante décadas, incluso durante siglos. De hecho, prácticamente todos los informes que sobre migraciones forzadas se redactan en el mundo coinciden en señalar a las guerras y al hambre como los dos motivos fundamentales de las migraciones humanas. Hambre y guerras, guerras y hambre. Provocan éxodos masivos de población, que vagan sin rumbo incluso durante años, para alcanzar alguna tierra donde puedan vivir en paz, y puedan satisfacer sus necesidades básicas y desarrollarse mínimamente como personas, para ellos/as y sus familias. Esta es la triste realidad. 

 

Pero las migraciones humanas, como señala Marcelo Colussi en este artículo para el medio digital Rebelion.org, cuyas reflexiones seguiremos a continuación, son un fenómeno tan viejo como la Humanidad misma. Nosotros lo hemos restringido en nuestra pequeña parábola anterior a la implantación del capitalismo, hecho a partir del cual las migraciones comienzan a ser un problema. Un problema creado por el propio sistema. Pero antes, desde siempre, el ser humano ya era migrante. De acuerdo a las hipótesis antropológicas más consistentes, se estima que los primeros seres humanos hicieron su aparición en un punto determinado del planeta (parece ser que el centro de África), y desde ahí comenzaron a migrar por toda la faz del globo. De hecho, el ser humano es el único ser viviente que ha migrado y se ha adaptado a todos los rincones del mundo, cosa que ningún otro ser vivo, animal o vegetal, ha podido hacer. Por tanto, las migraciones no constituyen una novedad en la historia. Siempre han existido, y generalmente han funcionado como un elemento dinamizador del desarrollo social. Las primeras migraciones forzosas se dieron seguramente como consecuencia de catástrofes naturales, y sólo recientemente este fenómeno ha adquirido una nueva dimensión masiva de proporciones nunca antes vistas, apareciendo motivado por razones de orden puramente social: guerras, discriminaciones, persecuciones, pero sobre todo, pobreza. Aquí es donde las migraciones se deben a la propia acción del hombre, es decir, a su política. Políticas que crean desigualdad, marginación, precariedad, falta de oportunidades...para los muchos, y a la vez, riqueza desmesurada para los pocos. Las gigantescas migraciones actuales son hijas de este fenómeno, obedecen a este injusto y depredador sistema capitalista, y mientras no seamos capaces de diseñar otro mundo, e incluso mientras lo proyectamos, las migraciones no cesarán. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 julio 2018 7 01 /07 /julio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (108)

El Consejo de Seguridad [de Naciones Unidas] no representa la realidad actual del mundo, su incapacidad legitima acciones contra la humanidad emprendidas por las potencias económicas y militares en contra de los pueblos que luchan por dignidad y soberanía y que les resultan fáciles y baratos para sus experimentos de muerte o de despojo

Manuel Umberto Restrepo Domínguez

La ONU necesita, por tanto, a tenor de todo lo que estamos contando, sumergirse en un profundo proceso de democratización real de la organización, mediante la incorporación a sus trabajos de actores internacionales distintos a los propios Estados miembros. Y ello porque un organismo que pretende ser sede de la comunidad internacional debe alojar también todo tipo de representantes de la sociedad civil, y no sólo los dirigentes políticos de los diversos países implicados en los acuerdos, convenios y negociaciones. Dichos otros terceros actores son absolutamente imprescindibles si se pretende crear un mundo más pacífico, próspero y democrático. La ONU necesita aportar soluciones multilaterales a los problemas de las siguientes cuatro esferas: desarrollo, paz y seguridad colectiva, derechos humanos e imperio de la ley y fortalecimiento de las Naciones Unidas. Pero hasta ahora, los propios intereses de las grandes potencias, unidos a la burocracia interna de este organismo, y a su débil funcionamiento interno, han propiciado que estos objetivos no sólo no se hayan conseguido, sino que nos hayamos separado de ellos aún más. La ONU debe mitigar el número de excluidos sociales en situación de extrema pobreza que padecen hambre, no tienen acceso al agua potable, a saneamiento, a la educación básica, a la salud o a una vivienda digna. Sólo con una mínima parte de las inversiones que se dedican a otros objetivos, los puntos anteriores podrían ser satisfechos. Ello redundaría en un mínimo colchón de bienestar para la población de los países menos desarrollados, lo que a su vez influiría en el número de población migrante que intenta escapar desesperada de sus países de origen, dando lugar a masivos flujos migratorios que aprovechan las mafias. 

 

Pero la refundación de la ONU no debe girar únicamente sobre sus aspectos organizativos, sino que debe involucrar también la garantía sobre la propia consecución de sus objetivos. En este sentido, esa ONU refundada que propugnamos debe avanzar resuelta y decididamente en la realización del derecho al desarrollo. En palabras de Carlos Villán: "El desarrollo es el fundamento indispensable de un sistema de seguridad colectiva en el que la prevención ocupe un lugar primordial, porque ayuda a luchar contra la pobreza, las enfermedades infecciosas y la degradación ambiental, que matan a millones de seres humanos y son una amenaza para la seguridad". Deben superarse las reticencias insolidarias de la mayoría de los Estados desarrollados a la hora de aceptar obligaciones en materia de Ayuda Internacional al Desarrollo. Igualmente, se debe incentivar la cooperación internacional mediante la transferencia de recursos a los países pobres del Sur, aumentando significativamente los montantes de estas ayudas, hasta alcanzar el tan deseado 0,7% del PIB de los países ricos. La deuda externa de los países ha de ser condonada, tras procesos de auditoría pública de la misma, destinándose los recursos así liberados a incrementar los servicios básicos que los Estados deben poner a disposición de la población (alimentación, agua potable, saneamiento, educación, productos farmacéuticos de primera necesidad, etc.). ¿Tiene todo ello algo que ver con la senda del Pacifismo? Si hay algún lector o lectora que no lo relacione todavía, le remito a los artículos anteriores de la serie, donde explicamos desde múltiples puntos de vista la relación de las guerras, los conflictos armados y el terrorismo internacional con la ausencia de todas estas garantías para la población mundial. 

 

Gran parte de los anteriores artículos de la serie se han dedicado a intentar explicar que efectivamente, muchas de las amenazas de nuestro mundo globalizado están interrelacionadas, y que el desarrollo, la paz, la seguridad, los derechos humanos y las garantías sobre unos mínimos accesos vitales a los recursos naturales se refuerzan mutuamente, y la suma de todos esos factores es la que determina la paz social de un determinado territorio, comunidad, país o nación. Y el Consejo de Seguridad, como máximo órgano dentro de la ONU que vela por la paz y la seguridad internacionales, debe sufrir, como hemos asegurado, una profunda transformación, sobre todo para que albergue una representatividad más amplia y sea más eficiente, democrático y transparente, de modo que aumente la legitimidad de sus decisiones. En este sentido, se deben igualmente revisar sus métodos de trabajo para que aumente la participación en el mismo de los Estados que no son miembros del Consejo, así como que éste mejore sus procesos de rendición de cuentas a los miembros, y se acreciente la transparencia de su labor. La ONU debe también proteger a las poblaciones del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad, ofreciendo las máximas garantías de no repetición a toda la comunidad internacional. La historia nos ha enseñado que la democracia sola no basta para proteger a las poblaciones de estos riesgos, sino que además, la comunidad internacional y sus medios de gobernanza mundiales deben velar por el estricto cumplimiento de los derechos humanos en todas partes del planeta. En  última instancia, la ONU debe consagrar el Derecho a la Paz como derecho humano fundamental, y asegurar su respeto a nivel internacional.

 

La refundación de la ONU debe tener como horizonte principal y objetivo fundamental la exigencia ética que debiera presidir todas las relaciones internacionales, que no es otra que la construcción entre todos y todas de una paz justa, duradera y sostenible. Una paz perdurable que, mediante un sistema de gobernanza mundial absolutamente democrático, garantice que todo el Sistema de las Naciones Unidas se pone en marcha ante cualquier intento de violar el derecho humano fundamental a la paz, en cualquier sitio del planeta. La construcción de dicha paz necesita de un nuevo Orden Económico Internacional que erradique (o al menos disminuya significativamente) las desigualdades, la exclusión social y la pobreza, porque todo ello genera una situación de violencia estructural que es el caldo de cultivo principal para todo tipo de conflictos, y es incompatible con la consecución de la paz tanto a nivel interno (de cada país) como externo (de la propia comunidad internacional). Hoy es más necesaria que nunca la existencia de una organización mundial que defienda los valores del multilateralismo, y que sea reconocida por los pueblos del mundo como su sede internacional. Pero si la ONU no es capaz de refundarse según los principios adecuados, y continúa estando presa de su propia burocracia y de los intereses cruzados de las grandes potencias, se irán desarrollando (ya lo están haciendo, de hecho) otros Foros Sociales Alternativos (el Foro Social Mundial es el mejor ejemplo de ellos), y la ONU involucionará hacia un papel absolutamente irrelevante. La ONU debe ser refundada sobre los mismos valores y principios que inspiraron la Carta de las Naciones Unidas: la paz, el desarrollo y los derechos humanos. Pero la organización mundial en el siglo XXI deberá ser pensada de otra manera.

 

Un mundo justo e igualitario, descansando sobre un planeta sostenible y humanitario, ha de ser la base donde se asiente la senda del Pacifismo. Ello puede conseguirse a nivel de cada país, de forma aislada, pero es una tarea enormemente complicada, si tenemos en cuenta el acoso internacional que le plantea el capitalismo globalizado. La ONU debe cumplir la tarea de protección y de autonomía de cada país en la defensa de su propio modelo económico y social, en vez de erigirse en marioneta de los intereses de las grandes potencias capitalistas. Vivimos en un mundo multipolar, de economías emergentes, de algunos gobiernos progresistas, que han dado a sus pueblos el justo protagonismo que les fue arrebatado por dictaduras disfrazadas de "democracia representativa", que son prácticamente todas las que surgen durante la segunda mitad del siglo XX y principios del actual siglo. Las Naciones Unidas deben adecuarse a este sistema y dejar atrás las anacrónicas y excluyentes estructuras creadas allá por 1945, tras la segunda gran guerra. La senda del Pacifismo, de la sostenibilidad medioambiental, de las propuestas económicas decrecentistas, y de la plena satisfacción de los derechos humanos, deben inspirar la labor de esta organización, desde los parámetros de su refundación. La ONU debe propiciar el respeto a la soberanía y al desarrollo independiente de todos los pueblos y naciones del mundo, sin hegemonías ni imperialismos de ningún tipo. La globalización neoliberal debe detenerse y replegarse, o el mundo lo acusará negativamente. Ya lo está haciendo. Y la ONU, como sede internacional de los pueblos del mundo, debe ser la última garante y refugio de la paz, el desarme, la seguridad y los derechos humanos. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 junio 2018 4 28 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Los Estados reinan y los mercados gobiernan

Adagio del neoliberalismo

El hecho es que los mercados gobiernan. Los mercados y el capital. Y la banca, como el sector más poderoso de ellos. Pero el hecho es que los mercados y el gran capital son los que realmente nos gobiernan. Y de ahí que gran parte de la verdad no se conozca, y que aquélla que se conoce sea una verdad absolutamente desequilibrada, desigual. Y siempre a favor de los empresarios. Pongamos otro ejemplo en esta línea. No sé si algunos/as de mis lectores/as conocerán que las empresas que lo soliciten (que cumplan determinados requisitos que después comentaremos) pueden verse "exentas" de la cotización a la Seguridad Social por contingencias comunes. La dinámica es muy simple, pero muy injusta de cara al sistema. Porque resulta que estas empresas mantienen lo que ellas llaman eufemísticamente un régimen de "colaboración" con la Seguridad Social, que les permite disponer de una especie de modalidad de "autoseguro", por medio de la cual el abono de las (posibles) prestaciones económicas al personal pasa a ser de su responsabilidad, en las situaciones derivadas de la incapacidad temporal de sus trabajadores (accidentes, enfermedades, etc.). Lo explicamos basándonos en este artículo de Sergio P. Páramo para el medio digital El Captor. Parece que no han entendido (lo perverso es que todo esto es legal) que la idea de la Seguridad Social es una idea para la justicia social, y de ahí que las empresas deban cotizar TODAS Y POR TODOS los conceptos, una idea que va encaminada precisamente a hacer más fuerte al sistema que protege laboralmente a todos los trabajadores y trabajadoras, y que además permite que los ingresos por cotización a este Organismo público puedan, sin ir más lejos, mantener y hacer viable y sostenible al Sistema Público de Pensiones. 

 

La normativa de la Seguridad Social no lo denomina "autoseguro", sino "colaboración de las empresas en la gestión del Régimen General de la Seguridad Social", barnizando la Administración con dicha terminología lo que en la práctica supone una posibilidad de contribución que libera a la empresa de su obligación legal (y justa) de cotizar por sus trabajadores/as, para velar por la sostenibilidad del sistema. Las empresas que pueden acogerse a esta "modalidad" son las que cumplan los siguientes requisitos: superar los 250 trabajadores/as, tener disponible un fondo destinado a la cobertura de las contingencias, y solicitar a la autoridad laboral competente su inclusión en el régimen. Es curioso que precisamente las empresas con mayor número de trabajadores/as (que por consiguiente pueden hacer una mayor contribución a las arcas públicas), sean las que dispongan de la posibilidad de renunciar a contribuir solidariamente con el sostenimiento de la asistencia sanitaria, o la cobertura de prestaciones sociales. La pregunta es: ¿cuántos millones de euros dejan de aportar anualmente al sistema las empresas que se acogen a esta modalidad? Pero hay más preguntas: ¿cómo es posible que la Administración contemple y conceda este tipo de concesiones, dado el catastrófico y deficitario estado que cada nuevo año caracteriza a los presupuestos de la Seguridad Social? Y una última: ¿No será en realidad que lo que se pretende es fomentar precisamente que las empresas puedan dejar de contribuir, para de este modo debilitar las arcas públicas de la Seguridad Social, para de este modo presentar un sistema insostenible que ha de ser modificado (siempre para favorecer al sector privado, por supuesto)? Reflexionen los lectores y lectoras sobre estas preguntas, a ver a qué conclusiones llegan.

 

El caso es que no nos extrañan todas estas estrategias empresariales, y todas estas argucias legales que lo único que pretenden es debilitar el sistema público y fortalecer el privado, es decir, extender y potenciar la arquitectura de la desigualdad. Una demostración fehaciente de ello la tenemos en que los beneficios empresariales a nivel global son cada vez más elevados, diríase demasiado elevados, tal como los cataloga Marc Vandepitte en este artículo para el medio Investig'Action, traducido para el medio digital Rebelion.org por Beatriz Morales Bastos. Seguiremos a continuación algunos de sus datos e informaciones. De entrada, un dato muy interesante: entre 1980 y 2013, los beneficios de las 28.000 corporaciones principales pasaron de representar el 7,6% a casi el 10% del PIB mundial. Hoy día de 5 a 10 empresas controlan más de la mitad del mercado mundial en sectores clave como la industria aeronáutica, la industria del automóvil, la informática, el equipamiento eléctrico, etc. Pero el sistema monopolístico también ha aumentado enormemente en otros sectores donde antes el panorama estaba más diluido. Por tanto, no somos nosotros (las clases populares) ni las Administraciones Públicas (con su gasto público social) las que viven "por encima de sus posibilidades", como intentaron inculcarnos, sino los ultrarricos y las empresas que dirigen. Generar los megabeneficios de las grandes corporaciones es algo que no es sostenible, ni social, ni económica, ni medioambientalmente. Pero el hecho es que ocurre. Hemos dejado que los gobernantes, asesorados por estos personajes, diseñen y proyecten un sistema que para conseguir tales cantidades de beneficios, tienen que basarse en una perversa arquitectura de la desigualdad. Es lo que estamos intentando demostrar a lo largo de esta serie. 

 

A los datos nos remitimos. Las empresas nunca han tenido tantos beneficios como hoy día. Durante el último cuarto de siglo la tasa de ganancia de las empresas en Estados Unidos pasó del 9% al 16%. En ese mismo período de tiempo se duplicó su parte de riqueza nacional. La tendencia es similar en Europa y Japón. En el año 2015 el conjunto de las empresas estadounidenses obtuvieron unos beneficios récord de más de 1.600.000 milones de dólares, mientras que sólo invirtieron 500.000 millones de dólares. Por consiguiente, sólo en Estados Unidos durante ese año hubo un excedente de capital de más de 1.000.000 millones de dólares. A escala mundial, se calcula que este excedente de capital es de 7.000.000 millones de dólares. Y las empresas no saben qué hacer con ellos. Para que nos hagamos una idea, esta cantidad equivale a los ingresos anuales totales de América del Sur y de África, o a 50 veces el importe total mundial de la Ayuda al Desarrollo. Este excedente de capital, junto con el dinero negro, y el procedente de los diversos fraudes, es el que se oculta en los famosos "paraísos fiscales", a los cuales le hemos dedicado ya su bloque temático correspondiente. ¿Qué podríamos hacer con estas cantidades si las usáramos decentemente? Pues ahí van algunas ideas: crear decenas de millones de puestos de trabajo, introducir la semana de 30 horas semanales sin reducir el salario, aumentar y perpetuar los subsidios a las personas desempleadas por encima del nivel de pobreza que poseen actualmente, implementar Planes Públicos de Trabajo Garantizado, etc. Marc Vandepitte intrapola dicho excedente de capital a nuestro país, y asegura que en España equivaldría a unos 260.000 millones de euros, lo que supone un importe cuatro veces mayor que el plan de austeridad que llevó a cabo el Gobierno del ex Presidente Mariano Rajoy durante el año 2012.

 

Marc Vandepitte afirma textualmente: "Por una parte cada vez se exprime más a las personas corrientes, mientras que en el otro extremo la oligarquía acumula unas fortunas a las que no da ningún uso, ¡es surrealista! ¿No hay dinero para las pensiones, la Seguridad Social, la enseñanza o la sanidad? La verdad es lo contrario, hay dinero a punta pala, pero se le quita a la población trabajadora y lo acapara la capa de los ultrarricos". Básicamente, estos megabeneficios empresariales se llegan a conseguir por tres motivos, a saber: en primer lugar, la presión fiscal injusta. Como ya hemos expuesto en otras entregas de esta serie, la tasa impositiva de las empresas se revisa sistemáticamente a la baja, a lo que hay que añadir unos regímenes fiscales preferenciales para las mayores corporaciones. En 1990 la tasa impositiva en Estados Unidos se elevaba al 35%, hoy es sólo del 20%. En Europa y Japón el descenso es aún más importante. Y en todas partes se alzan voces para bajar aún más estas tasas impositivas. Y junto a ello, tenemos la evasión y el fraude fiscal masivos, y que han saltado a la opinión pública a través de los famosos casos de los Offshore Leaks, Luxleaks, SwissLeaks, Papeles de Panamá, Papeles de la Castellana, Papeles del Paraíso, etc. El segundo motivo es la moderación salarial. En los últimos 15 años los ingresos medios de los hogares estadounidenses han bajado un 7%. En Europa, la parte de los salarios en el PNB pasaba en ese mismo período del 62% al 58%. Salarios y beneficios son vasos comunicantes, lo que implica que cuanto más bajos sean los primeros, más elevados serán los segundos, y viceversa. Más que moderación salarial, habría que practicar por tanto la moderación empresarial. Y el tercer motivo es la creación de los monopolios. Actualmente, 147 superempresas controlan el 40% de la economía mundial, y algo más de 700 controlan hasta el 80% de ella. Las empresas dominantes poseen una marca propia, controlan la investigación y el desarrollo en sus respectivos campos, e imponen a las demás sus precios (o acuerdan con ellas si se trata de oligopolios). Muchas ramas sectoriales y nichos de negocio evolucionan cada vez más hacia estos tipos de mercado, que aumentan más el grado de concentración de beneficios y de poder. Continuaremos en siguientes entregas.

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27 junio 2018 3 27 /06 /junio /2018 23:00
Fuente Viñeta: Revista Ctxt ("Contexto y Acción")

Fuente Viñeta: Revista Ctxt ("Contexto y Acción")

Una de las últimas frases que pronunció M. Rajoy desde la tribuna de oradores del Congreso, tras saber que la Moción de Censura había acabado con su indecente Gobierno, fue la siguiente: "Es un honor saber que dejo un país mejor que el que encontré". Frase que nos provocaría un ataque de risa, a no ser porque, por incierta y cínica, lo que nos provoca es un ataque de profunda indignación. Rajoy no se va dejando un país mejor que el que encontró, ni siquiera igual, sino que deja un país muchísimo peor, un país "hecho unos zorros" diríase coloquialmente. Es más, podríamos concluir sin temor a equivocarnos que ningún aspecto de nuestra sociedad, ninguna faceta de nuestra vida, ninguna institución del Estado, acaba mejor que antes de los 6 años de infructuoso, intolerante, antisocial, mezquino y detestable Gobierno del PP de Rajoy. Ni en economía, ni en pensiones, ni en política exterior, ni en derechos y libertades, ni en igualdad, ni en servicios públicos, ni en medio ambiente, ni en justicia, ni en cultura...no hay parcela alguna que pueda registrar un saldo positivo tras el paso del Caballo de Atila de Rajoy y sus perversas políticas. En justicia, hasta los colectivos de profesionales se han manifestado en contra de las reformas del Gobierno de Rajoy, que eliminó la justicia universal, que no ha dotado de mejores medios ni materiales ni humanos a la Administración de Justicia, y que ha acortado los plazos de instrucción de los procesos. Asímismo, mediante la famosa Ley Mordaza, ha eliminado el derecho a la tutela judicial efectiva, cuando se dan circunstancias de limitación de libertades públicas básicas.

 

Reformó el Código Penal y la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que junto con la ya referida Ley Mordaza, limitan grandemente nuestro anterior sistema de derechos y libertades. Asímismo, el Gobierno saliente de Rajoy se ha caracterizado por utilizar y poner a su servicio las más altas Instituciones del Estado, como el Tribunal Constitucional, judicializando una serie de procesos que debían haberse tratado únicamente por cauces políticos, tal como el conflicto nacional catalán. Como nos cuenta este reciente editorial del medio digital Contexto: "Deja Rajoy unos derechos fundamentales erosionados, expuestos a una percepción de la seguridad ciudadana, de la tranquilidad pública y de la respuesta a la delincuencia que sólo provocan más sufrimiento en términos colectivos, más cárcel y más temor en el ejercicio de conductas hasta hace poco consideradas derechos sin más, además de un rosario de agravios con sed de sentencia ejemplarizante". En efecto, sin ir más lejos, y sin actividad armada alguna de la banda terrorista ETA, las denuncias y condenas por enaltecimiento del terrorismo se han visto elevadas frente a anteriores períodos. A ello han contribuido también los medios de comunicación dominantes del sector privado, todos ellos adalides del neoliberalismo más salvaje, y por supuesto, la degradación a la que ha estado sometido el ente público Radio Televisión Española, que ha alcanzado con el Gobierno de Rajoy unos niveles de manipulación informativa nunca antes vista, así como una involución de su programación general que le ha alejado seriamente de su carácter y función como servicio público, y que la ha relegado a una herramienta de propaganda del Gobierno, y un instrumento al servicio de la alienación cultural.

 

El asunto catalán ha sido otro de los caballos de batalla del ex Presidente que afirmó "dejar un país mejor que el que encontró", pero sin embargo, lejos de reconocer la responsabilidad de su partido en el encono del asunto (pues los orígenes se remontan al recurso que interpuso el PP ante el TC sobre el famoso Estatut de 2006), ha sido absolutamente incapaz de establecer vías de diálogo y negociación con los sucesivos gobiernos de la Generalitat, dejando que el tema se enquistara en la sociedad catalana hasta alcanzar límites desorbitados, que tuvieron como cénit la jornada de violenta represión a la ciudadanía que participó en el referéndum del pasado 1 de Octubre. Rajoy no sólo ha sido un presidente antidemocrático, sino completamente inepto para abordar problemas políticos desde la política, traspasando dichos asuntos a la órbita de la justicia. Bien es verdad que para estas tareas ha tenido como compañeros de viaje al partido que ahora gobierna de nuevo, el PSOE de Pedro Sánchez y a esa nueva derecha de Ciudadanos, que aunque pretende aparecer como renovada y moderna, sigue siendo fiel a los postulados más ultraconservadores. Incluso la Corona desempeñó su detestable papel en este asunto. Pero de dicha institución ya sabemos que nada puede esperarse, salvo su disolución y la transformación de nuestro Estado en una República Federal. El culmen de dicho proceso ha sido la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que ha dejado como resultado un montón de políticos catalanes presos o en el exilio. Un balance absolutamente lamentable.

 

La mano de Rajoy también se ha dejado sentir en varias Leyes que han sido completamente ninguneadas e ignoradas por su Gobierno, tales como la Ley de Memoria Histórica (sobre la cual se jactaba incluso de haber dedicado "0 euros" a su financiación), la Ley de Violencia de Género, o la Ley de la Dependencia, que han sido igualmente despojadas de presupuesto, lo cual es sinónimo de hacerlas inviables, y por tanto, suponen otra forma de incumplirlas. Tampoco ha sabido o querido dejar solución para algunos temas urgentes de carácter estatal, tal como el sistema de financiación autonómica, que tras muchos años de demanda de las diversas autonomías (incluidas las gobernadas por su propio partido), no han visto satisfechas sus demandas de una mejor financiación. Más bien al contrario, el Ministerio del ex Ministro Montoro se ha dedicado a practicar la guerra interna contra las Administraciones autonómicas, controlando sus cuentas mediante mecanismos como el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica), y exigiéndoles unos niveles de déficit público que les obligaban a no poder financiar el conjunto de sus servicios públicos. Las mujeres han sido otro saldo negativo del ex Presidente, aunque él mantuvo que dejaba "un país mejor que el que encontró". Huelgas feministas, brecha salarial, feminización de la pobreza y de la precariedad, y sobre todo, incremento de los crímenes machistas han sido los principales saldos del Gobierno de M. Rajoy en asuntos de igualdad. La visión transversal de género ha sido una carencia fundamental en las políticas del PP de Rajoy. Su desinterés por las mismas también.

 

La Ley de la Dependencia ha sido también objeto de acoso y derribo. Rajoy presupuestó 1.400 millones de euros para esta partida, lo que supone un 6,7% menos que en 2011. En 2017 un total de 38.000 personas dependientes fallecieron en nuestro país sin haber recibido prestación alguna. Dos de cada tres dependientes son mujeres, y el 90% de las personas que se ocupan de los cuidados, también. El grave deterioro de la economía que ya sufríamos con los últimos años del Gobierno de Zapatero tampoco fue corregido con Rajoy, por mucho que éste presumiera del "crecimiento económico y el empleo", coletilla que usaba como un mantra incuestionable de sus políticas. Nada más lejos de la triste realidad. El crecimiento económico únicamente ha servido en estos últimos años para acrecentar el número de ricos en nuestro país, para afianzar los beneficios empresariales, y para consolidar una hegemonía de los poderes económicos, que salieron inmensa y mayoritariamente beneficiados con la Reforma Laboral de 2012, toda una contrarreforma que acabó con los (ya mermados) equilibrios anteriores. El "empleo creado" no ha sido tal, sino una transformación de nuestro mercado laboral anterior, una reconversión hacia un mercado mucho más inestable y precario, dependiente de los deseos, necesidades y objetivos de los patronos. Con Rajoy la precariedad se ha convertido en modelo de vida, en norma cotidiana, en registro vital. Incluso los trabajadores y trabajadoras veteranos/as pierden sus puestos de trabajo sin mayores problemas, para que sus empresas contraten después "recursos humanos" jóvenes y precarios. La devaluación salarial ha sido continua, la pérdida de poder adquisitivo en todos los sectores laborales una constante, y el desmontaje de la Seguridad Social (incluso aunque durante algunos períodos haya aumentado el número de cotizantes puntualmente) y del Sistema Público de Pensiones, sus consecuencias más directas. Para una radiografía más completa de los destrozos económicos de Rajoy, véase el artículo de Emilio de la Peña para el medio digital Ctxt.

 

En el "país mejor" que deja Rajoy, se despide más fácilmente, el Fondo de Reserva de la Seguridad Social ha sido vaciado, y los pensionistas están en pie de guerra debido a sus míseras pensiones. En el "país mejor" que deja Rajoy, sólo la mitad de los desempleados están cobrando prestaciones, y los jóvenes no tienen expectativa vital de futuro, ya que están abocados a depender de sus familias, de la precariedad, o del exilio laboral. En el "país mejor" que deja Rajoy, la cultura y la ciencia han sido atacadas y desmanteladas, y los artistas tampoco pueden vivir de su trabajo. En el "país mejor" que deja Rajoy, las pocas empresas públicas que quedaban han sido absolutamente privatizadas, los bancos rescatados, las personas desahuciadas de sus viviendas, los clientes estafados, los estudiantes expulsados de la Universidad, y los servicios públicos básicos (sanidad, educación, etc.) disminuidos en recursos y en personal. Un conjunto de Mareas ciudadanas han sido la constante en su expresión de protesta ante los ataques, recortes, privatizaciones y desmantelamientos que estaban sufriendo sus respectivos sectores. En el "país mejor" que deja Rajoy, las políticas destinadas a la mejora y conservación del medio ambiente y a contrarrestar los gravísimos efectos del cambio climático han brillado por su ausencia. Una gran parte de la legislación ambiental existente se derogó, se privatizaron recursos naturales (montes, ríos, playas, costas...), y en el plano energético, ha destacado el freno a la implantación y desarrollo masivo de las energías renovables, dando por el contrario impulso a las prospecciones petrolíferas, facilidades al fracking y mayores poderes al oligopolio eléctrico, lo cual se ha traducido en mayores ganancias para las empresas, incremento del coste de los suministros básicos, y aumento de la pobreza energética. 

 

Pero todavía hay más puntos negros en la España que deja Rajoy. Las cuotas de refugiados no se han cumplido, y ese "país mejor" se ha caracterizado por una agresión constante por todos los medios (tierra, mar y aire) a los migrantes que han intentado llegar a nuestra tierra, desplegando los más execrables mecanismos para impedirlo. La insensibilidad y la inhumanidad han llegado a límites insospechables. Las políticas de Defensa han sido absolutamente desastrosas, aumentando los presupuestos para armamento de forma obscena, multiplicando por tres los gastos dedicados a la celebración del Día de las Fuerzas Armadas, y plegándose a los requerimientos de la OTAN y de los Estados Unidos de Trump descaradamente. Y por si todo ello fuera poco, Rajoy se atreve a proclamar que deja "un país mejor que el que encontró", cuando la radiografía de la corrupción nos dibuja un paranoma absolutamente deprimente. La corrupción durante los años de Rajoy se ha convertido en realidad cotidiana, y de hecho, como sabemos, él mismo no ha tenido la dignidad suficiente como para dimitir como máximo responsable de su partido, cuando éste está salpicado hasta las cejas por cientos de casos que afectan a dirigentes de su formación. Jamás asumió sus propias responsabilidades, se limitó a mirar para otro lado, a desfigurar la vomitiva realidad, y a atacar a todos los demás para disculpar las indecentes prácticas de su formación política. Tuvo que ser desalojado del Gobierno por una Moción de Censura, cuando la situación era ya de plena salud democrática, de harto insostenible. Rajoy, como decíamos arriba, no ha dejado un país mejor que el que encontró. Pero él, desde su plaza de Registrador de la Propiedad en Santa Pola, seguirá pensando que sí. Ya sabemos por tanto la visión de un "país mejor" que tiene el Partido Popular.

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26 junio 2018 2 26 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: Paolo Lombardi

Viñeta: Paolo Lombardi

Gracias, mar querido, por darnos la bienvenida sin necesidad de visado ni pasaporte. Gracias también a vosotros, peces, que vais a compartirme sin preguntar por mi religión o mis creencias políticas...Gracias, canales de noticias, que informaréis de la noticia de nuestra muerte durante cinco minutos de cada hora a lo largo de dos días...Y gracias a vosotros por llorar nuestra muerte cuando escuchéis las noticias… Lamento haberme ahogado

Fragmento del Poema Sirio "Madre, no estés triste"

Comenzamos una nueva serie de artículos. Una nueva serie que nos traerá a la palestra la incómoda tarea de enfrentarnos a los flujos migrantes, a las personas desplazadas forzosas, a los refugiados, a los migrantes económicos, y a todas las personas que por unos motivos u otros deciden o se ven obligados a abandonar su país de origen y comenzar una aventura de migración con resultado indefinido. Desgraciadamente, es un asunto que está muy de actualidad, lo cual es un síntoma más de la radiografía de descomposición que refleja este planeta, y a la cual estamos contribuyendo en mayor escala los que nos llamamos "países ricos", o "desarrollados", o los que constituimos este "Occidente libre y avanzado", como nuestros ineptos gobernantes deciden llamarnos. Y lo hacemos porque, como hemos titulado la propia serie, necesitamos otra política de fronteras. Y ello porque la política de fronteras que hoy día desarrollan gran parte de los países del mundo es cruel, inhumana, ineficaz y destructiva. Los países ricos viven en su propio mundo, sin darse cuenta de que existen otros mundos en este mismo planeta, sólo a varios miles de kilómetros (a veces sólo a cientos) de nuestra casa, de nuestro barrio, de nuestra ciudad. Otros mundos violentos, otros mundos de necesidad, otros mundos de guerra, de privaciones, de devastación, de odio, de terror. Otros mundo de hambre. Otros mundos de enfermedades. Y no somos capaces de verlo, ni nos enseñan a verlo, en nuestros medios de comunicación occidentales, cuyos informativos nos cuentan las noticias relativas a esos mundos desde nuestro prisma occidental y "avanzado". Desde nuestro mundo "libre". 

 

En esta serie de artículos que hoy comenzamos hablaremos por tanto (o al menos, intentaremos hacerlo) de los asuntos relativos a las migraciones, de sus motivaciones, de sus realidades, de sus necesidades, de sus travesías, pero sobre todo, de lo que ocurre cuando dichas personas intentan llegar a nuestros mundos. Esos mundos que los ignoran y los maltratan. Esos mundos que no quieren saber nada de ellos. Hablaremos, entre otros muchos temas, sobre los muros y las fortalezas, sobre los motivos por los que se arriesga la vida, sobre los CIE, sobre las mafias, sobre las alambradas, sobre los mitos laborales, sobre los procedimientos de acogida, sobre las devoluciones "en caliente", sobre los tratados fronterizos y el control de fronteras, sobre las raíces invisibles de la inmigración, sobre las políticas de Ayuda al Desarrollo, sobre nuestras políticas de interculturalidad, sobre los ahogados en el Mediterráneo, sobre las solicitudes y el derecho de asilo, sobre la integración de migrantes y refugiados, sobre las políticas racistas, sobre el trabajo y la responsabilidad de los activistas y de las ONG, y sobre todas las medidas que desde la izquierda transformadora entendemos que se deben poner en práctica para caminar hacia otra política de fronteras, hacia otro imaginario colectivo, hacia otro paradigma mental en torno al fenómeno de las migraciones. Tenemos mucho de que hablar. Mucho que exponer. Mucho que razonar. Pero sobre todo, mucho que pensar, y aún más, mucho que querer y desear. Y que llevar, transportar, desde el ámbito del deseo, el corazón y la utopía, al mundo de la realidad tangible, posible, real y transformadora. Es tiempo de comenzar una gran transformación mental en torno a este fenómeno. Vamos a ello.

 

Hace menos de quince días, un barco (el famoso "Aquarius") llegaba al puerto de Valencia desde las costas italianas, tras varios días de travesía, con 629 inmigrantes a bordo (entre ellos más de 120 niños y niñas), porque las autoridades italianas (por boca de su nuevo Ministro de Interior, el impresentable Matteo Salvini) se habían negado a acoger a estas personas. Este gesto en sí mismo supone tal aberración humanitaria y tal atentado al derecho internacional sobre los derechos humanos, que Italia debería haber sido condenada por las más altas instancias internacionales. Rosa María Artal ha descrito magníficamente la situación de estas personas en un reciente artículo de su propio Blog, titulado "Al rescate de los refugiados y de la democracia". Retomo un fragmento del mismo: "Hemos de analizar qué ha podido llevar a una parte de la sociedad a permanecer impasible ante tanta inhumanidad, a callar, a menospreciar el dolor exacerbando su egoísmo. Entre los rescatados por Médicos Sin Fronteras y acogidos en el Aquarius, hay siete mujeres embarazadas y 123 menores que viajan solos. Los hombres han dormido a la intemperie, las mujeres y los niños a cubierto, cuentan los periodistas que viajan con ellos. Escasea la comida. Ayuda a entender ponerse en el lugar del otro, imaginarlo por un momento. Verse en una situación crítica, con peligro vital, y que salvo unos pocos nadie mueva un dedo. Y el mundo entero siga con sus charlas incluso sobre ti. Experimentar la sensación de sentirse tan abandonado. Temer el después. Niños y adultos vagando, usados, prostituidos. ¿No lo han pensado?". Pues no. Parece que no lo hemos pensado, o al menos lo suficiente. Al menos como sociedad, no lo hemos pensado. 

 

El caso del Aquarius ha sido (al menos al momento de escribir este artículo) la última gran desfachatez europea con respecto al asunto de los migrantes, un tema que viene coleando ya desde larga data, aunque se haya acentuado en estos años de crisis, y especialmente desde el estallido de la Guerra en Siria. Refugiados y migrantes económicos llegan casi a diario a nuestras costas, en general a las costas del Mar Mediterráneo (las Islas, y las costas griegas, francesas, italianas y españolas, fundamentalmente). Es un fenómeno que nos plantea nuestros propios dilemas como civilización, que nos coloca ante el espejo de nuestra propia conciencia, y que sólo ha hecho estallar lo que desde hace siglos se preveía que tendría que ocurrir. Era inevitable que ocurriera, por las malas prácticas que nuestro mundo "libre y civilizado" de Occidente lleva ejecutando durante mucho tiempo. El mundo no se divide entre población oriunda y población foránea, entre nativos e inmigrantes, el mundo es poblado por personas de todos los lugares, sean de donde sean y vengan de donde vengan. De hecho, el pasado histórico de casi todas las naciones registra fenómenos de proyectada repoblación, cuando diversos núcleos urbanos no alcanzaban la población deseada, o habían sido desiertos por cualquier motivo. Por tanto, el grado de población nativa de un lugar determinado siempre es un dato relativo. Desde ese punto de vista, hay que entender como normales los procesos de integración, de mixtura racial y de interculturalidad que desde siempre han rodeado a los núcleos de población de cualquier parte del mundo. Unos más reservados que otros, unos más abiertos que otros, unos más cosmopolitas que otros, unos más hospitalarios que otros, dependiendo de su situación geográfica, del carácter de sus gentes, de su climatología, y de mil factores más. 

 

¿Cuál es el problema, entonces? El problema comienza cuando lejos de ser un fenómeno puntual, se convierte en un fenómeno desbocado, y cuando lejos de obedecer a causas voluntarias, es provocado por causas inducidas. Inducidas por el hombre. Inducidas por los espurios intereses de Imperios, Estados, economías y gobernantes. Inducidas por países que necesitan extender sus fronteras a costa de los demás, y a los cuales no les preocupa el saqueo, el expolio y la explotación de terceros países. Inducidas por las ansias guerreras de grandes potencias imperiales que desean imponer las políticas ajenas, o el control sobre sus recursos naturales. Cuando todas estas causas se desencadenan, y las migraciones se convierten en millones de desplazamientos forzosos, entonces es cuando este fenómeno nos pone contra las cuerdas, y nos obliga a replantearnos toda nuestra política exterior. Porque se demuestra que nuestra política exterior incide, tarde o temprano, en nuestra política interior. Las oleadas de refugiados y migrantes no ocurren por casualidad, ocurren por desesperación, por miedo, por frustración, por hambre, por desempleo, por enfermedades, por terror, por devastación, por incertidumbre, por falta de expectativas vitales, por ansia de futuro. Ocurren por pura supervivencia. Ocurren por décadas de malas políticas hacia el exterior, políticas que exportan a miles de kilómetros nuestro egoísmo, nuestra perversidad, lo peor de la condición humana. Y al final, rebotan en nosotros mismos. Continuaremos en siguientes entregas.

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24 junio 2018 7 24 /06 /junio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (107)

Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y ésta es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz

María Montessori (Psicopedagoga Infantil)

La refundación de la Organización de las Naciones Unidas es un hecho inaplazable, si de verdad queremos disponer de un organismo mundial que sea sede de la comunidad internacional, y que vele y haga cumplir y respetar los objetivos marcados para el planeta. Basta ya de chantajes y vetos de determinados países, basta ya de apoyar determinados conflictos bajo la presión de algunas potencias, basta ya de resoluciones ignoradas o incumplidas. La refundación que proponemos ha de estar basada en determinados pilares, que ataquen diferentes enfoques organizativos, y que revolucionen la dinámica de actuación del propio organismo. Refundado sobre bases democráticas, y sobre mecanismos garantistas en cuanto al cumplimiento de objetivos, sólo así este organismo será capaz de desempeñar las funciones para las que fue creado y está destinado. Propuestas ha habido y hay muchísimas. Se han de adoptar las que de verdad contribuyan a subsanar todas las actuales deficiencias de su funcionamiento. Por ejemplo, aquéllas que tienen que ver con su presupuesto y financiación. Estados Unidos financia actualmente el 22% del presupuesto total de la ONU, gracias a lo cual se permite imponer ciertos chantajes a esta organización. Para impedir este tipo de chantajes, el Primer Ministro sueco, Olof Palme, sugirió que ningún país del mundo pagase más del 10% del presupuesto total. Los fondos de la ONU deben sufragarse de forma equitativa, garantizando en primer lugar que su cuantía es suficiente, y que su procedencia es lícita y equilibrada. 

 

Pero se pueden proponer muchas otras medidas. Por ejemplo, para impedir el incumplimiento de las resoluciones, se puede activar la Corte Internacional de Justicia, con el fin de someter a los países infractores. Y por supuesto, a nivel del seno de las decisiones democráticas, habría que retirar al Consejo de Seguridad el derecho de veto, y garantizar que las decisiones de la Asamblea General sean vinculantes. Se han de diseñar protocolos específicos de actuación para que se ejecuten en automático cuando se den dichas circunstancias, y que bajo ellos, todos los países sean sometidos a las mismas medidas, sean quiénes sean. Esta es la única forma de garantizar que las grandes potencias no dominen las decisiones de las demás, cooptando mediante su fuerza los foros de decisión. Bajo la refundación que proponemos, la ONU deberá ser el foro mundial garante del cumplimiento estricto de todos los derechos humanos en cualquier sitio del planeta, así como del cumplimiento de los grandes objetivos mundiales acordados en su seno. Para ello, deberán diseñarse igualmente protocolos de verificación de los diferentes acuerdos y tratados vinculantes, de carácter internacional, para que ningún país pueda ignorarlos, y cualquier persona u organización pueda exigirlos. El fracaso de la acción de gobernanza de la ONU ha quedado patente durante muchos años, y esa ha sido la principal causa para que se hayan desatado determinados conflictos internacionales que de otro modo pudieran haberse mitigado mediante medidas diplomáticas. De igual forma, la inacción de la ONU a la hora de proteger a determinados países o comunidades frente a la presión de otros/as, ha llevado también a que estallen conflictos sangrientos que podrían haberse evitado, y haberse encaminado por cauces de paz. 

 

La ONU no puede hacer por más tiempo dejación de sus funciones y responsabilidades. Hace ya mucho tiempo que se ha tornado en un organismo ineficaz para imponer sus criterios al mundo, que deben ser, por otra parte, los de todo el mundo, es decir, que deben decidirse por cauces democráticos. Si de verdad queremos asegurar la paz, la seguridad y los derechos humanos en todo el planeta, la refundación de la ONU es un hito absolutamente necesario. Ya el gran sabio Albert Einstein observó una ONU insuficiente, y pidió una "autoridad política común para todos los países" que acabase con las guerras. Lejos de lograrse ese objetivo, la ONU camina cada día hacia su irrelevancia mundial, sobre todo en relación a otros foros más activos e influyentes. La globalización neoliberal y el imperialismo son actualmente más potentes que las decisiones de la ONU, pero atentan gravemente contra la gobernanza mundial, y contra un orden democrático internacional. La ONU debe evolucionar hacia un foro democrático mundial representativo, eficaz y coherente, garantizando una gobernanza mundial más equitativa y menos imperialista. Un foro que se replantee en serio los gravísimos problemas de la pobreza, la desigualdad, el hambre, o el cambio climático. Un foro que desarrolle normativas internacionales en materia de derechos humanos, de la naturaleza y del propio planeta. Un foro que tenga al pacifismo como su senda natural, que no admita chantajes, presiones ni atajos, y que coordine las iniciativas diplomáticas mundiales. Una ONU dedicada a resolver los grandes problemas que acechan al mundo: los peligros de la globalización, el fin del trabajo a causa de la robotización, el incremento demográfico y las crisis alimentarias, las hambrunas y epidemias, el calentamiento global y la crisis ecológica, el agotamiento de las energías fósiles, los desplazamientos masivos de población migrante, las oleadas de refugiados, el terrorismo global, las nuevas guerras y amenazas nucleares, etc. 

 

Por otra parte, pero en relación con todo lo anterior, la refundación de la ONU debe girar en torno a las posibilidades de relación y cooperación entre los diversos países y continentes, el control de los mercados, y las garantías de suministros y derechos humanos fundamentales en todas partes del mundo. Pero la ONU debe velar por todo ello desde el paradigma de la sostenibilidad aplicada a todos su posibles enfoques: humana, social y medioambiental. El derecho internacional humanitario y la solidaridad entre naciones debe vigilarse estrictamente por la ONU, y no delegar en algunas potencias implicadas el despliegue de dichas actividades. Carlos Villán, en su magnífico estudio "ONU: ¿Reforma o Refundación?", documento que (aunque data de 2007) tomaremos como referencia en adelante, dice textualmente: "El empobrecimiento del Tercer y Cuarto Mundo como consecuencia de la mundialización económica y financiera de corte neoliberal e inspirada por el "Consenso de Washington". Nos alejamos inexorablemente de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que habían sido solemnemente proclamados por las Cumbres de Jefes de Estado reunidas en Nueva York en 2000 y en 2005. Por tanto, persisten las violaciones sistemáticas de los derechos económicos, sociales y culturales de la mitad de la población mundial, porque malvive en condiciones indignas, al no disponer de medios suficientes para satisfacer sus necesidades básicas en materia de alimentación, agua potable, saneamiento, vivienda, salud y educación". Y como tantas veces hemos remarcado en entregas anteriores de esta misma serie, éstas y no otras son las verdaderas amenazas que hacen saltar los conflictos, los atentados y las guerras. Éstas, y los anhelos imperialistas de muchas naciones del mundo, encabezadas por los Estados Unidos. Ansias geoestratégicas, geopolíticas y militares, que la ONU no debería permitir en su seno. 

 

Tenemos muy claro que si la ONU no es capaz de asegurar el derecho al desarrollo de las naciones y los pueblos, el derecho a un medio ambiente sano y seguro, el derecho al patrimonio común de la humanidad, el derecho a la asistencia humanitaria y el derecho a la paz, este organismo es una pura fachada de intereses que no sirva para nada. Para ello la ONU debe refundarse sobre los valores de la democracia global, el multiculturalismo y el multilateralismo. La Carta de las Naciones Unidas, redactada en 1945 por una cincuentena de Estados, que dieron el visto bueno a la creación de un órgano ejecutivo (el Consejo de Seguridad) controlado por un directorio de cinco potencias (las que habían ganado la Segunda Guerra Mundial), ya no responde a las exigencias de la actual comunidad internacional, compuesta por 192 Estados miembros. Para la inmensa mayoría de los Estados del llamado "Tercer Mundo", en ese Consejo de Seguridad "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Hay que cambiar también la capacidad de acción de la Secretaría General, que hoy día sigue permanentemente limitada por la tutela que sobre ella ejercen las principales potencias. La trayectoria de la ONU es, cuando menos, mejorable, a través de sus 72 años de funcionamiento opaco e incorrecto, en cuyo marco ha crecido una burocracia desproporcionada que únicamente aspira a su propia supervivencia. Esta situación ha sido permanentemente alimentada por los Estados más poderosos, porque podían tener a una ONU casi a su servicio. Y como decíamos al comienzo, la independencia de esta organización ha sido también socavada a través del control de su presupuesto, unas veces congelando los Estados Unidos su decisiva contribución, y otras alimentando los Estados más ricos un presupuesto extraordinario, a condición de poder controlar su destino final. La ONU no puede continuar por más tiempo siendo un instrumento al servicio de los intereses y componendas de las grandes potencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 junio 2018 4 21 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El capitalismo es un sistema en el que, por ejemplo, la sobreproducción de riqueza (algo que siempre fue para el hombre un motivo de fiesta) supone una falta de mercado y una amenaza de crisis. Un sistema en el que el progreso tecnológico no acorta la jornada laboral, sino que la alarga y precariza. Un sistema en el que la posibilidad humana de descansar se transforma en el desastre del paro. En el que la guerra, la peor de las calamidades para el ser humano, es el mejor estimulante económico. En el que la producción de armamento supone la más pesada carga para los hombres y el mejor negocio para la economía. En el que a la dilapidación sistemática de recursos y riqueza se le llama consumo y estimulación de la demanda, y a la destrucción del planeta, crecimiento. Bajo condiciones capitalistas, todo aquello que para los seres humanos es un problema, resulta que para la economía es una solución. Y lo que para ellos es una solución, para la economía es un problema

Carlos Fernández Liria y Luis Alegre

Y las empresas son las mejores portadoras de esos dogmas, de esas máximas, de esos valores. La desigualdad es proyectada desde el propio sistema, porque es un sistema desigual en esencia, es decir, la propia esencia del capitalismo favorece y legitima la desigualdad. Durante las últimas entregas hemos analizado el fenómeno de la gran corporación en todas sus dimensiones, concluyendo la imperiosa necesidad de abolir tales gigantes económicos y adalides del capitalismo transnacional. Hemos empezado a comentar también algunos de los mecanismos que estas corporaciones utilizan para poner el sistema a su servicio consagrando la desigualdad, como por ejemplo, las deslocalizaciones o las subcontratas. Pues bien, otro mecanismo que el sistema pone a disposición de las empresas son los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo). Como su nombre indica, un ERE es básicamente un informe interno que recomienda, a tenor de una serie de circunstancias (beneficios, reestructuración, cambios en la producción, etc.) la eliminación de una serie de puestos de trabajo dentro de una empresa. Esto no implicaría mayor problema (sólo la penuria para los trabajadores y trabajadoras que vuelven al desempleo) si de verdad las empresas fueran honradas y propusieran los ERE con un mínimo de honestidad, y teniendo en cuenta que son personas las que están detrás de esas cifras. Pero el caso es que esto no es así, sino que los ERE son usados, en muchas ocasiones, como escudos para disfrazar detrás de ellos las intenciones y deseos reales de las empresas, que normalmente tienen que ver únicamente con dos aspectos: maximizar el beneficio o precarizar el trabajo (en realidad la segunda nos retrotrae a la primera).

 

Fijémonos por ejemplo en este artículo de Jairo Vargas para el medio Publico, donde nos cuenta que la multinacional sueca de las telecomunicaciones Ericsson despidió a 330 personas en España durante 2016. Fue el sexto ERE desde el año 2002, pero lo curioso es que el número total de empleados/as de esta compañía no cambia pese a los despidos. ¿Cuál es el secreto, si las matemáticas no fallan? Pues los sindicatos denuncian que la empresa contrata a nuevo personal más joven y barato, y echa a trabajadores/as veteranos/as, con un buen salario y derechos consolidados. Vamos a explicar esto con más calma. Ericsson tiene alrededor de 3.000 empleados/as. Y los continúa teniendo tras los repetidos ERE. Argumenta para los mismos las razones de siempre: causas económicas, organizativas, técnicas y productivas. ¿Pero son ciertas? Advirtamos que desde la última Contrarreforma Laboral del PP, en 2012, ajustarse a una o varias de estas causas es más fácil y el despido procedente, más barato. Por otra parte, Ericsson España nunca ha tenido pérdidas, aunque sí reducciones de beneficio. Así que durante los últimos 15 años, Ericsson ha podido despedir alrededor de 2.200 trabajadores/as. Pero son prácticamente los mismos que ha contratado. Y nosotros nos preguntamos, al igual que Jairo Vargas: ¿Qué sentido tiene despedir al mismo número de personas que luego vas a volver a contratar? ¿Es que acaso hay necesidad de nuevos perfiles laborales? ¿Es que las personas que se despiden no dan la talla como trabajadores/as? Ya sabemos que el sector de las telecomunicaciones (en general el sector de las TIC) es muy cambiante y dinámico, evoluciona con mucha rapidez, requiere mucha actualización por parte de sus trabajadores/as, pero eso no justifica de ningún modo la presentación de un ERE tras otro. La inmensa mayoría del personal es gente con mucha formación que pueden actualizarse o recolocarse con un mínimo de actualización, a través de pequeños cursos de formación o de forma autónoma. Pero...

 

¿Cuál es entonces el pero? Pues que para la compañía, evidentemente, es más barato despedir y volver a contratar a gente más joven y con menos experiencia, dispuesta a trabajar por un salario inferior, y en condiciones de trabajo más deplorables. Se trata de una fría y calculada estrategia de rejuvenecimiento de su plantilla a costa de abundar cada vez más en la precarización del empleo. ¿Legal? Sí. ¿Decente? No. ¿Desigualdad? Toda. La empresa utiliza un mecanismo legalmente previsto, el ERE, pero no para lo que legalmente está contemplado. Porque la ley es tan laxa y favorable a la empresa, que ésta puede sin mayores problemas sustituir a trabajadores/as de más edad por jóvenes más baratos, y con menor "conciencia obrera". En palabras de Jairo Vargas: "Se trata de una fábrica de precariedad patrocinada y amparada por la legislación laboral española". Y toda norma que favorece de forma descarada y desequilibrada a un sector en detrimento de otro está fomentando la desigualdad. Básicamente, a Ericsson (y a todas las empresas que utilizan esta estrategia, con absoluto desprecio a su personal veterano) le "sale a cuenta" pagar la rescisión de contrato de un trabajador o trabajadora con un sueldo consolidado más la nueva contratación de uno/a nuevo/a más joven con salario muy inferior. Se dan incluso casos de trabajadores/as despedidos/as y luego repescados/as en subsiguientes contrataciones, pero a mitad de sueldo. El objetivo de todos estos ERE no es reducir plantilla, no es solucionar problemas, es simplemente utilizar las formas torticeras del despido que la ley prevee, para recurrir a la contratación precaria algún tiempo más tarde. Conclusión final: los ERE se ponen al servicio del incremento de beneficios empresariales. Toda una aberración laboral y una forma de terrorismo empresarial. 

 

Todo ese ambiente de miedo, presiones y crispación genera en los/as trabajadores/as sentimientos de apatía, desmotivación, estres, depresión, preocupación, ansiedad, inseguridad, infelicidad, y por supuesto, una más baja productividad. Pero todo ello a los empresarios les da igual. Lo único que quieren es maximizar los beneficios a toda costa. Y si para ello han de generar un ambiente enrarecido, de presión, de frialdad y de miedo, que incluso cueste bajas laborales y tratamientos médicos para algunos empleados/as, no les importa. Proyectan la arquitectura de la desigualdad a los centros de trabajo. La ley se los permite. No es lícito, no es moral, no es decente, pero es legal. Todo lo demás no les preocupa. Otras empresas, típicamente la banca, tienen la desfachatez de despedir personal u organizar un ERE con flagrantes beneficios. Es el caso por ejemplo de Ibercaja, que según este artículo del medio AraInfo, anunció el pasado año un ERE para 600 personas tras cerrar el año con un 70% más de beneficio. Y el de 2017 fue el cuarto ERE desde 2013, es decir, que han ido a un ritmo de uno por año. La cifra acumulada de personal despedido ascendía el pasado año a 830 trabajadores/as. Y así podríamos continuar con miles de ejemplos más, de compañías que simplemente prescinden de su personal, aduciendo razones encubiertas (porque la legislación se lo permite, que es la que en el fondo legitima las desigualdades), para en la práctica proyectar todo un plan de desestructuración de sus puestos de trabajo dignos, estables y con derechos, para proceder a una escalada de contrataciones indignas, temporales, con bajos salarios, con gran inestabilidad, y con pocos derechos. El poder de estos desalmados empresarios se impone, y los políticos que abrazan sus dogmas y sus tesis diseñan sistemas legales y normativos que les permiten llevar a la práctica tales atrocidades laborales. 

 

Bien, otra faceta donde la desigualdad campa a sus anchas por mediación de (o a través de) las grandes empresas se refiere a la cruel vulneración de los derechos fundamentales. Pongamos por ejemplo el derecho a la salud, y en relación con él, las perversas prácticas de las empresas farmacéuticas. Tomo como referencia a continuación este artículo de Sally Burch para el medio Alainet, donde explica dicha problemática. Al igual que las empresas de otros sectores, las farmacéuticas tienen como finalidad la extrema ganancia, y como trabajan en una industria donde los "clientes" finales son personas de alta vulnerabilidad (enfermos/as crónicos o con enfermedades raras o poco estudiadas), ello les concede un margen mucho mayor que en otras industrias para fijar precios exagerados. Correspondería entonces a los Estados el establecer los parámetros y límites de operación para estas empresas en aras del interés público y para preservar el derecho humano fundamental a la salud, pero desgraciadamente, como los gobernantes también se alinean con los dogmas neoliberales, esto no es así. Las grandes potencias y los países desarrollados pueden negociar con ellas para la adquisición masiva de determinados medicamentos novedosos, pero los pequeños países en desarrollo poseen poca capacidad de negociación frente a estas desalmadas empresas. Las políticas comerciales y las leyes sobre propiedad intelectual se imponen a la salvaguarda de los derechos humanos, en este caso a la salud de las personas. Algunos gobiernos, ante la imposibilidad de hacer entrar en razón a las empresas, están apostando por mecanismos como la subasta pública de medicamentos (donde son los vendedores los que pujan y gana la oferta de menor precio), la compra agregada, etc. Diversos estudios acreditan que un mismo fabricante vende el mismo medicamento en diferentes países con variaciones de precios que pueden llegar al 300%, incluso al 600%. Los medicamentos no pueden verse como un negocio, sino como un derecho, y deben ser los Estados los que regulen las posibilidades de estas empresas, y equilibren las condiciones para que los medicamentos puedan llegar a todas las personas que los necesiten. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 junio 2018 2 19 /06 /junio /2018 23:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

El Proceso Constituyente no es una reforma constitucional, unas elecciones, una impugnación social del régimen, no es patrimonio de la izquierda, ni la derecha… el Proceso Constituyente es la pugna política de las diferentes fuerzas sociales existentes en una sociedad en un momento determinado que se enfrentan por la definición del marco político que ordenará nuestras vidas desde el punto de vista de horizonte de época. Esto es, no se disputa un programa de gobierno de una duración determinada, ni se opta por una fuerza política u otra: se rearticulan absolutamente todos los pactos de convivencia y de redistribución de la riqueza. Se disputa, como decía, la misma definición de democracia

Sara Porras

En la última entrega de la serie nos quedamos exponiendo algunas de las numerosas razones por las que pretendemos abolir la Monarquía en nuestro país. Y básicamente, hemos aducido razones democráticas. La República (no cualquier República, sino la que pretendemos modelar mediante el Proceso Constituyente) es la base de la defensa de la justicia, de la igualdad y de los derechos humanos. Es decir, la República que pretendemos instaurar es consustancial con la democracia. Se nos podrá argumentar que existen monarquías por el mundo funcionando en sistemas democráticos muy maduros (el Reino Unido, por ejemplo), o que por el contrario, existen Repúblicas por el mundo que no son precisamente modelos avanzados de democracia (Estados Unidos, por ejemplo). Y es cierto, pero dichos argumentos no nos quitan la razón. Sólo exponen otras realidades que existen en el mundo. Nosotros estamos convencidos de que la Monarquía en abstracto es antidemocrática por naturaleza, pero además, en nuestro caso español, resulta que nuestra Monarquía es ilegítima, pues descansa sobre la decisión de un dictador, y jamás ha sido consultada ni refrendada por el pueblo. A la aberración democrática que supone por tanto que un Rey soberano "inviolable" nos represente al más alto nivel, se le une la circunstancia histórica y política de que dicha Monarquía no ha sido elegida por el pueblo. 

 

Toda nuestra Constitución de 1978 es una clara contradicción en sí misma, pues no podemos constituirnos en Estado Social y Democrático de Derecho, ni ser todos iguales ante la ley, como proclaman algunos de nuestros primeros artículos constitucionales, con la presencia de un monarca. La Monarquía es contradictoria con todo ello, pues proclama que un sólo individuo, hombre o mujer, según la posición que ostente en la línea sucesoria, está destinado a representar al país y al pueblo español. Por razón de sangre. Sin más. Y además es contradictorio, como muy bien señala Paco Aguilar en este artículo, con la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, que proclama en su primer artículo que "Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos", y en su segundo artículo descarta cualquier privilegio o distinción en base a cualquier otra circunstancia. En base a todo ello, la conclusión está clara: cualquier sistema monárquico va en contra de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Las monarquías, por muy enraizadas que estén, y aunque funcionen en contextos políticos aparentemente democráticos, representan vestigios del pasado que hay que superar. Sostener la causa de la monarquía es aceptar que existen personas que ya nacen superiores a otras, por motivos de sangre, de dinastía, de herencia. Lo cual es antidemocrático, antinatural, dañino, trágico y repugnante. La Corona es una herencia cara, injusta, perjudicial, anacrónica, obsoleta y caduca. Y como hemos razonado, contraria a todas las declaraciones de derechos humanos que la humanidad ha proclamado hasta ahora. No debemos soportarla por más tiempo. La Corona como institución debe desaparecer. Todo ello debe ser erradicado. El Proceso Constituyente debe devolvernos la dignidad y plenitud democrática que proclamaba la Constitución Republicana de 1931, donde no había fisuras ni contradicciones. 

 

Estamos en la última entrega de esta serie de artículos. Finalizamos aquí por tanto toda nuestra exposición sobre la necesidad del Proceso Constituyente en nuestro país. No hemos entrado a fondo, naturalmente, en la dinámica concreta de dicho proceso. Evidentemente, eso tendrá que dictarse desde las fuerzas políticas y sociales que vayan a respaldarlo y organizarlo, con las mayorías suficientes. Aquí nos hemos centrado en exponer todas las motivaciones y argumentos para considerar absolutamente necesario organizarlo, por motivos de salud democrática. Ha llegado el momento. No debiéramos continuar con esa asignatura pendiente. Las generaciones venideras nos lo agradecerán. El Régimen del 78 está podrido hasta las entrañas, y nuestra sociedad debe regenerar su sistema político y sus normas de convivencia. El Proceso Constituyente es la herramienta para alcanzar dicho objetivo. El régimen se desangra, y con él nuestras instituciones. El reciente ejemplo catalán nos ha ilustrado profundamente la capacidad reaccionaria de un régimen heredero del franquismo como el nuestro. Un régimen que declara "ilegales" los referéndums que nuestros gobernantes no quieren pactar, mientras considera normal y democrático que un Rey no votado por nadie sea quien tenga que proponer al Presidente del Gobierno. Unas leyes que sirven para amedrentar al pueblo cuando protesta, pero que no sirven para garantizarles un techo, un trabajo o una renta básica. 

 

Un régimen que permite que criminales de la dictadura campen por sus anchas, mientras se niega a financiar públicamente las exhumaciones de las víctimas franquistas. En palabras de Iñigo Errejón: "El Régimen revela así, con crudeza, en cada caso particular, que su naturaleza es ser tan feroz con los de abajo como servil con los de arriba: pone candados en los contenedores para evitar que los pobres recojan comida de la basura, desahucia familias, castiga a los manifestantes, mientras perdona las deudas a los especuladores, rescata bancos y premia a los más odiados representantes de la casta política endogámica". Un régimen donde mandan quiénes no se presentan a las elecciones, y no mandan los que se presentan. Finalizamos aquí. Esta serie además concluye la Tríada de series de artículos complementarios que en su momento habíamos dividido para tratar toda la problemática del Régimen del 78 de forma ordenada: primero propusimos a los/as lectores/as la serie "¿Qué República queremos?", donde contamos los principales mimbres con los que había que forjar la Tercera República Española. Después nos centramos en los rescoldos franquistas que nos quedan, a través de la serie "Hacia la superación del franquismo", y por fin, hemos acabado con la exposición de la necesidad "Por un Proceso Constituyente". Todas estas series de artículos pueden ser leídas de forma independiente, pero como decimos, están interrelacionadas entre sí, porque cada una de ellas relata y propone aspectos muy conectados de nuestro pasado reciente, de nuestro presente y de nuestro futuro político como sociedad. Entendemos que sólo con la lectura completa de las tres series de artículos los/as lectores/as tendrán una composición de lugar cabal que refleja perfectamente de dónde venimos, qué modelo de sociedad queremos, y cómo queremos llegar hasta allí. Ojalá lo consigamos algún día. Muchas gracias a todos.

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18 junio 2018 1 18 /06 /junio /2018 23:00
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El 1 de diciembre de 2008 el presidente saliente de EE.UU., George W. Bush, reconoció que el mayor error de sus ocho años en la Casa Blanca fue hacer caso a los informes de inteligencia que decían que había armas de destrucción masiva en Irak. El 25 de octubre de 2015 el exprimer ministro británico Tony Blair pidió disculpas por su papel en la guerra de Irak y en una entrevista en la CNN, admitió que el caos generado por aquella guerra ha contribuido a la aparición y crecimiento del grupo yihadista Estado Islámico (ISIS). El 5 de junio de 2018, José María Aznar se ofrece a refundar el centro derecha de España, por si no sabemos vivir sin él. Venga, señor Aznar, a lo mejor lo que debe refundar es su conciencia y su ego. Lo mínimo es que no vuelva a aparecer en nuestras vidas nunca más. ¡Váyase, señor Aznar! Y no vuelva nunca

Aitana Castaño

La desfachatez del señor José María Aznar (ex Presidente del Gobierno, 1996-2004) es gigantesca y descomunal. El pasado 5 de junio reapareció en Madrid para la presentación de un libro, acompañado entre otros por el Director de FAES, la fundación que él dirige desde hace años, ligada al PP y sus compinches ideológicos, aquéllos que difunden mantras como que "lo gratis no funciona", "el problema es el sector público", y otras falacias por el estilo. Pues bien, durante aquél acto lanzó encendidas proclamas como que "En Cataluña hay un gobierno golpista y el movimiento independentista no ha sido desarticulado", que refleja su enorme desprecio por la democracia. Insinuó (como casi todo el PP) que el actual Gobierno del PSOE es ilegítimo, cuando ha surgido de la utilización prevista constitucionalmente. Y lo dicen ellos, que se dicen a sí mismos, junto con C's, "constitucionalistas". ¿Cabe mayor hipocresía? Aseguró también que "La corrupción es un cáncer que no podemos tolerar. Os digo que cada uno debe de responder por sus actos". Curiosa frase venida de un ex Presidente que tiene a la inmensa mayoría de su gabinete condenado o implicado en casos de corrupción que se han destapado durante todos estos últimos años. El propio Aznar presidio durante 15 años un partido que se financió irregularmente y que poseía una contabilidad opaca, según ha quedado acreditado judicialmente. Y aún tuvo la desvergüenza de asegurar en público: "Yo respondo de los míos desde el primero hasta el último, mirándoos de frente os lo digo". Absolutamente bochornoso.

 

Porque entre esos "suyos" tenemos una lista bastante larga, que es incluso probable que vaya creciendo aún más. Como nos recuerda Ignacio Escolar en este artículo para su propio medio, entre los suyos destaca su vicepresidente Rodrigo Rato (aquél del "milagro económico"), condenado por el caso de las Tarjetas Black, e implicado en el de la salida a bolsa de Bankia. O su gerente Luis Bárcenas, condenado por el caso Gürtel. O su Ministro de Trabajo Eduardo Zaplana, detenido recientemente por blanqueo de capitales y otros ilícitos fiscales. O su Ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, también condenado por múltiples casos de corrupción. Todos ellos fueron alabados y puestos como referencia y buenos ejemplos de gobernantes, tanto por Aznar como por Rajoy. Pero lo cierto es que el legado de Aznar se resume en que 12 de sus 14 ministros/as están imputados/as, implicados/as o cobraron sobresueldos. Como aseguraba Gabriel Rufián: "De la boda de la hija de Aznar sólo se salvan los camareros". Lo resume muy bien este artículo del medio El Plural. No obstante todo lo cual, la "contribución" a mayor escala y eco internacional de su Gobierno fue la participación de nuestro país en la Guerra de Irak, de la que dimos cuenta a fondo en este otro artículo. Una incursión que aún nos pasa factura, y por la que el señor Aznar todavía no se ha disculpado (como sí lo han hecho sus homólogos Bush y Blair). Pero el ego de este personaje sólo es comparable a su incompetencia. Y aún con todas esas credenciales, el señor Aznar aseguró que "Soy de los que cree que la mentira hay que tomársela en serio. Porque la mentira se ha profesionalizado. Y porque hay que evitar que salga gratis". Creemos que no cabe mayor cinismo. Como él mismo asegura, todo un profesional de la mentira y del cinismo. Eso es exactamente el señor Aznar. 

 

Pero lo más destacable de dicha rueda de prensa fue que, a pesar de todo lo que hemos comentado, el señor Aznar se ofreció voluntariamente a "reconstruir el centro derecha español", que según él, está dividido y enfrentado. Y este singular "ofrecimiento" lo realizó destacando lo siguiente: "No tengo ningún compromiso partidario ni me considero militante de nada ni me siento representado por nadie". Aunque eso fuera así (que no lo es, ya que no nos consta que se haya dado de baja en el PP), señor Aznar, no nos tome por imbéciles. No hace falta que usted milite en ninguna formación política, porque ya conocemos perfectamente su ideario. Lo puso usted en práctica durante sus ocho años de mandato, y reúne lo más perverso del ala conservadora y neoliberal de su partido, y de los que están a la derecha de su partido. El ya ex Presidente Rajoy le contestó al día siguiente en una entrevista radiofónica que el centro derecha español es el PP, y que no hace falta reconstruir nada. Rajoy tampoco tiene razón, porque el centro no existe, y la derecha no está representada únicamente por el PP, sino también por Ciudadanos, Vox y el ala más derecha del PSOE, así como el PdCat en Cataluña, y las pequeñas formaciones políticas territoriales que son satélites ideológicos de todos ellos (PNV, UPN, CC...). Desgraciadamente, la derecha española es muy amplia, y no necesita ser "regenerada", ya que es así por naturaleza: autoritaria, antidemocrática, antisocial, cínica y corrupta. 

 

Pero volvamos a Aznar. Durante los últimos años, ¿cuál ha sido la trayectoria de este personaje? Después de abandonar el Gobierno, el señor Aznar se dedicó a las puertas giratorias (pertenecer y cobrar del Consejo de Administración de alguna gran empresa privatizada) y a la impartición de charlas y conferencias por todo el mundo, destilando su ignorancia y su prepotencia. Hoy día repudia al partido donde lo fue todo (aunque no repudia su ideario), y al que dejó como sucesor a dedo a M. Rajoy, que ya sabemos cómo ha acabado, dejando al partido "echo unos zorros", salpicado de corrupción hasta las cejas, y profundizando la línea antisocial de recortes y privatizaciones al Estado del Bienestar. Prácticamente todos los colectivos ciudadanos se han manifestado durante estos años contra las políticas del PP, incluidos los/as pensionistas, su último refugio de votantes. Y así, sanitarios/as, educadores/as, científicos/as, estudiantes, parados/as, asociaciones juveniles, asociaciones sindicales, colectivos obreros, plataformas ciudadanas, plataformas contra los desahucios, plataformas de afectados por la banca, asociaciones feministas, mareas, marchas por la dignidad, y un largo etcétera han protagonizado protestas y movilizaciones masivas contra esta insensible derecha que quiere acabar con todo. Y esta es la derecha que el señor Aznar pretende "reconstruir". Este señor está absolutamente inhabilitado para "reconstruir" nada, y lo único sensato que puede hacer es callarse e irse a su casa definitivamente. Lo único que esperamos de él son sus disculpas por habernos metido (con todo lo que ha acarreado después) en la Guerra de Irak. Es demasiado daño el que ha hecho ya a este país y a su gente. El problema es que esta gente de la derecha no posee ni la más mínima vergüenza. ¡Nunca Más, señor Aznar!

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17 junio 2018 7 17 /06 /junio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (106)

La historia del G7 refleja la evolución misma de las relaciones internacionales. Durante la guerra fría era un club de jefes de Estado y de gobierno que se reunían discretamente para aprender a trabajar juntos. Después del derrumbe de la Unión Soviética, se convirtió en una cumbre de los mandamases del mundo, que pretendían regentarlo pasando por encima de la ONU

Thierry Meyssan

Bien, llegados a este punto en torno a nuestras críticas hacia la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la necesidad de su refundación, vamos a enumerar (otras muchas se nos quedarán en el tintero), siguiendo de nuevo el magnífico artículo de Nazanín Armanian para el medio Publico, las principales deficiencias de este gran foro mundial:

 

1.- La ONU no es la Casa de los Pueblos del mundo, más bien es el lugar de encuentro de los mandatarios, que en su mayoría, representan a las familias, élites corruptas, explotadoras (incluso asesinas) de cada nación. Ni siquiera éstos toman democráticamente sus decisiones, sino que la dinámica de funcionamiento impone el privilegio de unas cuantas potencias sobre todas las demás.

 

2.- La ONU ordenó en 1947 la división de la Palestina histórica, permitiendo la limpieza étnica de su pueblo por Israel, que continúa hoy día. La ONU no es capaz de hacer valer sus Resoluciones, ni en este asunto ni en muchos otros, algunos de ellos de vital importancia para la paz mundial. El genocidio israelí sobre Palestina continúa ocurriendo.

 

3.- La ONU ha colaborado con la CIA en la eliminación de las personalidades y fuerzas progresistas (sobre todo en África), que planteaban sistemas revolucionarios alternativos a los modelos capitalistas occidentales. Tampoco ha sido capaz de proteger a los países que sufrían grandes injusticias sociales, ni es capaz de imponer una hoja de ruta creíble en torno a los grandes objetivos mundiales. 

 

4.- La ONU autorizó la primera Guerra contra Irak en 1990, que sepultó a decenas de miles de personas bajo toneladas de bombas. Y bajo el pretexto humanitario, continúa permitiendo la invasión de determinados territorios para imponer una paz por la fuerza, al auspicio de las grandes potencias implicadas en dichos conflictos.

 

5.- La ONU formó parte del cuarteto (junto con la Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) que en 2007 encargó al criminal de guerra Tony Blair como Enviado Especial para establecer la paz en Oriente Próximo. Lo único que hizo este personaje fue llenar sus bolsillos con millones de euros traficando con su influencia en la firma de contratos comerciales. 

 

6.- La ONU permite que el Organismo Internacional de la Energía Atómica ni se atreva a pedirle a Israel la inspección de sus centrales nucleares, y mucho menos amonestarle por la posesión de sus bombas nucleares ilegales, mientras continúa presionando a Irán por sus inexistentes armas de destrucción masiva. ¿Doble rasero? ¿Seguidismo imperialista? Saquen los/as lectores/as sus conclusiones.

 

7.- La ONU permite que continúen sangrientas guerras como las de Siria y Yemen (por citar sólo las actuales), guerras de dominación injustas que sólo conducen a la barbarie, a la devastación y al odio, simplemente por los deseos imperialistas de controlar las facciones árabes enfrentadas, así como los recursos naturales de dichos países. En el fondo, la ONU favorece el modelo imperialista que trata de imponer los intereses occidentales en todo el mundo árabe, y evitar cualquier conato de revolución social favorable a los pueblos. 

 

8.- La ONU no ha conseguido que se pueda aplicar de facto el Tratado de No Proliferación Nuclear, y continúa permitiendo (como ya hemos explicado en el bloque temático anterior) que los tratados de prohibición de armas nucleares afecten únicamente a las potencias no poseedoras de arsenal nuclear, es decir, no actúa sobre el necesario desarme nuclear de las grandes potencias.

 

9.-. La ONU designó en 2015 a Arabia Saudí para presidir en su seno el Consejo de Derechos Humanos, en un alarde de absurda estupidez y desprecio a los mismos, toda vez que dicho país es paladín en el incumplimiento de los derechos humanos más básicos y elementales. Además, ello se produjo mientras los jeques saudíes bombardeaban al pueblo yemení provocando la mayor crisis humanitaria del mundo, expresamente silenciada. 

 

10.- La ONU nunca ha enviado fuerzas de paz para evitar una agresión imperialista, y sus famosos "Cascos Azules" han cometido atrocidades, sobre todo contra los niños y niñas de los países en "reconstrucción". 

 

11.- La ONU, en vez de ser un árbitro neutral para mediar en los conflictos, ha servido más bien de cobertura legal para permitir las agresiones militares, arrastrando también a decenas de países a su falsa "lucha contra el terrorismo". Y así, bajo la bandera del "Choque de Civilizaciones", Estados Unidos ha intentado anular a la ONU, potenciar su rol de gendarme mundial, y desviar la atención de los principales problemas de la humanidad, expresados en los famosos Objetivos de Desarrollo Sostenible.

 

12.- La ONU no ha servido para hacer desaparecer a los grandes bloques militares que amenazan al mundo, porque aún cuando el antiguo Pacto de Varsovia desapareció con la antigua URSS, la OTAN no sólo se ha mantenido sino que se ha reforzado y potenciado, en aras a constituir el brazo armado del imperialismo estadounidense. De hecho, su extensión a los países del Este constituye una clara amenaza a la Federación Rusa. 

 

13.- La ONU ha permitido que las reuniones de los Gxx usurpen las funciones asignadas a ella como organismo mundial y sede de la comunidad internacional, ya que actualmente estos grupos de las grandes potencias mundiales poseen mucha más fuerza en sus decisiones que las propias resoluciones de la ONU. Estos otros foros alternativos socavan la gobernanza democrática mundial, que la ONU debería tener como bandera y esencia de su función.

 

14.- La ONU puede ser definida en su forma más amable como inútil, pero...¿podría volver a cumplir su función original? Pensamos que para ello es absolutamente necesaria una refundación de dicho organismo, bajo el manto principal de la democracia. La pregunta es: ¿será posible dicha refundación? ¿La veremos algún día? Continuaremos en siguientes entregas.

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