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24 octubre 2017 2 24 /10 /octubre /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (46)

Sólo hay algo que de más asco que el franquismo y la Transición y es la gente que se sigue creyendo sus mitos

Gonzalo Herrera

Venimos contando durante estas últimas entregas las posiciones, comentarios y actitudes franquistas de algunos miembros de las cúpulas militares, o representantes de nuestros Ejércitos, para llamar la atención sobre la necesidad de remozar nuestras Fuerzas Armadas, y conseguir inculcar la debida democratización en su seno, a través de todas las reformas necesarias y oportunas. Este artículo del ex Teniente Luis Gonzalo Segura nos ilustra sobre algunos detalles al respecto. Gonzalo Segura afirma (desde su profundo conocimiento de la materia) que durante los últimos tiempos han sido numerosas las manifestaciones ultraconservadoras de algunos altos mandos militares. Y algunos otros detalles también llaman la atención: por ejemplo, la página web del propio Ejército de Tierra tiene bloqueado el acceso al diputado Alberto Garzón (Coordinador Federal de Izquierda Unida, y miembro de Unidos Podemos) en otro bochornoso e inconcebible episodio en cualquier otro país de nuestro entorno. No sabemos si a día de hoy se habrá restablecido esta situación. Son ejemplos de la predominancia de un imaginario, un pensamiento y unas actitudes franquistas que se exhiben con tanto vigor como hace 80 años. Episodios que demuestran una realidad que muchos se niegan a ver, de forma ingenua, interesada o intencionada, y es que las estructuras franquistas gozan de una espléndida salud tanto en nuestra sociedad en general, como en nuestras Fuerzas Armadas en particular. Existen muchos mitos aún por desterrar, procedentes de la dictadura nacionalcatólica franquista, y de esa estúpida exaltación de la "patria" y de la "nación española". De hecho, en nuestra historia reciente la inmensa mayoría de los militares aparecían dispuestos a "derramar hasta la última gota de su sangre por Dios y por España".

 

Todo este fanatismo debe desaparecer. Y también, si queremos migrar hacia un Estado laico, deben ir desapareciendo las estampas de ligazón nacionalcatólicas con las prácticas militares. Estampas típicas como el Ministro o Ministra de Defensa de turno junto a altos cargos de la Armada vestidos de gala, rindiendo honores a su patrona, la Virgen del Carmen, nos parecen absolutamente anacrónicas. En este artículo para el medio Rebelion, Juan Antonio Aguilera Mochón nos recuerda que lo mismo ocurre con otros estamentos militares, que veneran como patronos a San Juan Bosco, San Hermenegildo, Nuestra Señora del Buen Consejo, San Juan Nepomuceno, San Fernando, Nuestra Señora de los Ángeles, San Juan Bautista, el Cristo de la Buena Muerte, Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, San Cristóbal, Santiago Apóstol, Nuestra Señora del Rosario, Nuestra Señora del Pilar, Santa Teresa, Santa Cecilia, Santa Bárbara, la Inmaculada Concepción o Nuestra Señora de Loreto, entre otros/as. Algunas Vírgenes portan incluso fajines militares, o han sido nombradas Capitanas Generalas. Los orígenes de todos estos dislates se encuentran, en palabras de Aguilera Mochón, en "un Estado teocrático cuya Iglesia fue cómplice (martirizador) de los cientos de miles de asesinatos ejecutados por ese bando en la guerra y en la posguerra, y que lejos de mostrar arrepentimiento, sigue exhibiendo, beatificaciones mediante, su simpatía por los santos bandidos que lideraron la facinerosa Cruzada". Necesitamos eliminar toda esta parafernalia religiosa de nuestras Fuerzas Armadas, necesitamos unos Ejércitos estrictamente laicos, necesitamos una absoluta separación entre la Iglesia y el Estado, y las Fuerzas Armadas se deben exclusivamente al pueblo, y no a ciertas creencias religiosas amparadas y provenientes de un nacionalcatolicismo a ultranza que demuestran el apego a unas tradiciones que caracterizaban a unas FAS represoras y criminales, como eran las franquistas. 

 

Y aún tenemos más ejemplos que muestran el carácter de nuestras FAS. En este artículo de Carlos del Castillo para el medio Publico se cuenta que la Asociación de Militares Españoles (AME), que representa a los militares retirados en el Consejo de Personal, edita una revista en la que la apología del franquismo, el machismo y los ataques a la Ley de Memoria Histórica son frecuentes. En efecto, la AME es conocida en los ambientes castrenses por su franquismo. Formada en su mayoría por altos mandos retirados y sus familiares, la AME no esconde su enaltecimiento del Golpe de Estado de 1936 o su defensa a ultranza de los conceptos de "patria" y "valores" impuestos por la dictadura. De hecho, de entre los miembros de esta asociación han salido muchos de los llamamientos a ocupar militarmente Cataluña debido al proceso soberanista. Esta asociación integra desde 2016 el Consejo de Personal de las Fuerzas Armadas (Coperfas). Este órgano oficial del Ministerio de Defensa reúne a las asociaciones de militares (la figura más cercana al sindicato disponible para ellos, pero con numerosos derechos recortados, según nos explica Carlos del Castillo) con los Generales encargados de la Dirección de Personal. En concreto, la AME forma parte del Coperfas en representación de los militares ya retirados. No obstante, también hay que señalar que el resto de asociaciones militares (sobre todo las que representan a los soldados en activo) están enfrentadas con la AME. Y como hemos dicho más arriba, la AME edita la revista mensual de 50 páginas titulada "Militares", donde expone y vuelca toda su ideología ultra. En numerosos artículos, por ejemplo, se ataca la revisión democrática del franquismo. Según el ex Teniente Luis Gonzalo Segura, la AME posee más de 3.000 asociados, y añade que teniendo en cuenta que en activo hay 19.000 oficiales, se puede ver que estos pensamientos no son ni mucho menos minoritarios en la cúpula militar. 

 

Los vestigios del franquismo sociológico son, por tanto, muy numerosos, y se encuentran en gran parte de los sectores de la sociedad actual. Ya hemos citado unos cuantos ejemplos durante estos últimos artículos de la serie, pero aún podríamos aportar muchos más. La superación del franquismo supone alcanzar un estadío donde todos los sectores (las Fuerzas Armadas incluidas) entiendan de forma natural los límites del enaltecimiento del fascismo, en cualquiera de sus formas, y lo entiendan como una absoluta aberración política y social. Si hoy día aún existen personas en nuestra sociedad que piensen como pensaban los generales golpistas, es que no hemos avanzado nada en más de 80 años. Y es que, como recoge Olivia Carballar en este artículo para el medio La Marea, hay un sector (lo explica el antropólogo Ángel del Río) que no tiene ningún problema en identificarse con el franquismo: "Queda perfectamente representado por Jaime Mayor Oreja, cuando se negaba a condenarlo diciendo que, incluso, supuso un período de extraordinaria placidez". Y cita más ejemplos: "Cuando el Gobierno de Zapatero decide retirar la estatua de Franco de Nuevos Ministerios en Madrid, en 2005, se hace a escondidas, de madrugada, tapado, como si no se quisiera molestar a una parte de la sociedad franquista, obviando que su presencia durante tantas décadas había molestado a otra demócrata". Según el genial escritor Gabriel García Márquez: "El franquismo tuvo una amplia base sociológica de apoyo, y fueron muchos, muchos, los que vivieron mejor con Franco. Una masa de funcionarios, militares, patronos, etc., estómagos agradecidos que hubieran seguido toda su vida bajo ese paraguas y sin preocuparse lo más mínimo por las libertades políticas". Todo ello ha contribuido, durante generaciones, a la apatía, al miedo, al silencio, al adocenamiento y a la despolitización. Y así, en pleno siglo XXI, a finales de 2017, nos encontramos con este perfil social absolutamente rancio y anacrónico. 

 

Ello explica también otras muchas cosas, como que el PP continúe siendo, a pesar de todos los pesares, la primera fuerza política en nuestro país, así como que el bipartidismo continúe aún con la sartén por el mango. Todos los factores se alían con esta situación: el pensamiento dominante, el imaginario colectivo, el sistema educativo, los privilegios de la Iglesia Católica, una sociedad adocenada, una ley electoral favorecedora del bipartidismo, unos medios de comunicación aliados con el gran capital, y un largo etcétera. Mientras no consigamos doblegar todos estos factores, la superación plena del franquismo no será posible. Todo ello explica que los familiares de las víctimas hayan tenido que acudir a la justicia argentina para denunciar los crímenes del franquismo, en vez de poder hacerlo y que se investigue en su propio país. Y por supuesto, en la cúpula de todo ello, los grandes poderes económicos, el poderío de las empresas del IBEX-35, de los grandes bancos, de los grandes empresarios. Empresas que durante la dictadura usaron mano de obra esclava forman parte hoy del IBEX-35. Las dirigen los herederos de aquéllos que las dirigían entonces. Ya entonces, la dictadura franquista se fundamentaba en un sistema clientelar y corrupto, sistema que se vuelve a reproducir bajo esta etapa "democrática" desde la Transición hasta nuestros días, cada vez con mayor impunidad, con mayores niveles de corrupción, con mayores cotas de complicidad y connivencia de los poderes públicos. Todo ello explica, por ejemplo, que cuando Manuela Carmena, Alcadesa de Madrid, intenta retirar la placa dedicada al General Millán-Astray, se le echen encima el PP y los legionarios que el General fundara en su día. Vivir para ver. El franquismo sociológico es aún fuerte y poderoso. Es difícil enfrentarse a él. Pero debemos hacerlo si pretendemos alcanzar algún día una sociedad plenamente democrática, y que se libere de sus lastres del pasado. Ese será el verdadero acto de pasar página. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 octubre 2017 1 23 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

En ese entonces y tras finiquitar la guerra contra los musulmanes España iniciaba la aventura Imperial que la llevaría a expandirse por los cinco continentes. Las ansias de conquista material y espiritual marcarán los siguientes siglos plagados de gestas épicas y epopeyas en el nombre de Dios y su majestad el Rey. Era necesario engrandecer la gloria de España para hacer frente a sus directos competidores Inglaterra, Francia y Portugal que pretendían hacerle sombra. Una desquiciada carrera por conquistar tierras, naciones, riquezas, súbditos, siervos y esclavos. Como bien queda descrito en el Tratado de Tordesillas donde España y Portugal -representados por Isabel y Fernando y el rey Juan II- se repartieron las zonas de navegación y conquista del Océano Atlántico y el Nuevo Mundo. Se despojó sin ningún remordimiento de sus tierras a los nativos que fueron considerados por derecho real como menores de edad y, por lo tanto, sujetos a la tutela de los españoles en las mitas, resguardos o encomiendas

Carlos de Urabá

En relación al asunto de la posible autodeterminación de Cataluña, miles de veces nos han referido nuestros gobernantes del PP y sus fieles aliados (PSOE y Ciudadanos) la supuesta soberanía "del pueblo español", no sólo para reafirmar que un referéndum sólo tendría sentido si se refiere a dicho pueblo como sujeto político, sino para negar de paso la soberanía del pueblo catalán, al menos para el caso que nos ocupa. Y ya sabemos que existe base legal suficiente como  para invocar únicamente al pueblo español, que es el único que reconoce la Constitución de 1978 como tal. Pero la pregunta es: ¿desde cuándo existe ese ente que es el pueblo español? ¿Qué había antes de ese pueblo español? ¿Qué pueblos habitaban la Península Ibérica? Pues vayamos por partes. El pueblo, o si se prefiere, la nación española, no existe antes del reinado de los Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en pleno siglo XV. Cualquier historiador mínimamente serio considerará que cinco siglos son un período bastante corto, sobre todo si lo comparamos con la existencia de los pueblos anteriores que habitaban la Península desde muchos siglos antes, y que los Reyes Católicos se encargaron de avasallar y de unir por la fuerza, fuerza que extenderían después allende los mares, constituyendo el germen de lo que llegaría a ser posteriormente el gran Imperio Español. Antes de la llegada al poder de Isabel y Fernando, los pueblos o reinos precedentes eran Al-Ándalus en el sur (que comprendía una región más extensa que la actual Andalucía, y estaba en poder de los árabes, a los que arrebataron sus dominios y echaron de la Península), Castilla en el centro y noroeste, y Aragón en el centro y noreste, con Cataluña insertada dentro del mismo. Portugal ya constituía un reino separado e independiente. 

 

Antes del siglo XV no existía el pueblo español, pero sí existían todos estos pueblos. ¿De dónde viene pues el pueblo español? Pues es fruto de una histórica integración forzada de los reinos castellano-leoneses, con la reconquista del reino nazarí de Granada, y la anexión de todas las demás provincias colindantes, incluida Cataluña. De entrada, la unión de los Reyes Católicos ya fue una unión interesada, pero esto era algo absolutamente normal en la época, ya que las familias reales estaban interesadas en que los matrimonios de sus vástagos pudieran continuar y extender sus dinastías, privilegios y posesiones. ¿Fueron por tanto Isabel y Fernando, los Reyes Católicos, los fundadores de esa "nación española"? A los hechos históricos nos remitimos. Tal como nos recuerda Carlos de Urabá en este artículo, las tropas cristianas tomaron Granada el 2 de enero de 1492, culminando de este modo la denominada "Reconquista". Se inicia entonces uno de los períodos más oscuros que haya vivido la Humanidad. Porque no sólo se expulsó a los árabes, moriscos y demás variantes incluidos, sino a los judíos, y por último a los gitanos, en varias oleadas de expulsiones, impulsadas por indecentes y crueles leyes que llegaron hasta el reinado de Carlos III, el primer rey que promulgó decretos un poco más tolerantes y humanitarios. Y a las aberraciones practicadas dentro de los límites de aquélla España, con la Inquisición incluida, habría que sumar todas las tropelías y barbaridades ligadas al descubrimiento del "Nuevo Mundo", a los territorios que posteriormente se conocerían como "las Indias". Varias oleadas históricas de "conquistadores" se sucedieron para colonizar aquéllas tierras, conquistas que en realidad fueron "actos de piratería muy bien planificados" (en palabras de Carlos de Urabá). 

 

Y ahí tenemos ya al Imperio Español totalmente extendido (se hablaba en plural de "las Españas", para referirse a la extensión y variedad de sus territorios conquistados), un Imperio basado en ese Dios omnipresente y omnipotente que otorgaba el dominio exclusivo y perpetuo de los territorios donde los conquistadores clavaban el pendón castellano. Y mientras todo eso ocurría...¿Dónde quedaban los anteriores pueblos? Su soberanía e identidad fueron progresivamente anuladas, y aunque a partir del siglo XVIII se volverían a retomar tímidamente, la única soberanía "oficial" era la correspondiente a ese "pueblo español" forjado a sangre y fuego, bajo la dirección de la Corona, y con la inestimable ayuda de la Iglesia Católica. Y así, se va gestando desde la época de los Reyes Católicos no sólo un Imperio geográfico, sino también un Imperio ideológico, que tuvo su más fiel continuación (en lo ideológico, que no en lo geográfico, pues España había perdido ya sus últimas posesiones a finales del siglo XIX), durante la dictadura franquista. Se forjó una especie de identidad o supremacía española, con la ayuda de una narrativa religiosa, apoyada en los documentos de los mejores exponentes de las letras, las artes, la pintura, la escultura o la música. Pero los pueblos no pueden morir. Pueden ser expoliados, avasallados, masacrados, invadidos, saqueados, incluso exterminados, pero la semilla de la historia siempre vuelve. Y aunque las sucesivas generaciones de Austrias y Borbones continuaban reclamando la grandeza del pueblo español, en realidad el pueblo español era una creación ad hoc, reciente históricamente, forjada sobre la base de la unión forzada de los pueblos preexistentes en la Península, de la fusión de sus reinos, de la preeminencia de sus intereses políticos y dinásticos. 

 

Llegó un momento en que, dada su extensión y poderío, el Imperio Español se creía el centro del universo, el ombligo del mundo, y la arrogancia de sus conquistadores hacía mella en todos los territorios sometidos. La lengua española y la religión católica se impusieron a la fuerza como vehículos integradores de las poblaciones de todos los territorios conquistados. Todos esos elementos fueron identificándose con el pueblo español, ese que había llegado en último lugar, ese que había arrasado a los demás pueblos precedentes en la Península, y que había impuesto su imaginario colectivo por la fuerza no sólo para mantener "la unidad de España" (expresión curiosamente muy de moda en la actualidad), sino para extenderla también a todos los territorios conquistados. Y como decíamos más arriba, con la dictadura franquista se volvió a ensalzar salvaje y grotescamente la falaz figura del "pueblo español", en un alarde de rancio nacionalismo españolista que llega hasta nuestros días, bajo el marco legal de nuestra Carta Magna de 1978. Durante el franquismo, al igual que durante las épocas imperiales anteriores, cualquier intento de disidencia, cualquier atisbo de entender la nación española, la patria o la soberanía de forma distinta a como la imponía el régimen era causa de represión, persecución, exilio o muerte. Una visión excluyente y uniformizada que llega hasta nuestros días, con esa interpretación fundamentalista de la Constitución, que únicamente otorga la soberanía al conjunto del "pueblo español". Pero como estamos viendo, el marco legal no puede deslegitimar las realidades históricas, las diferentes soberanías, los diversos pueblos que existían en la Península antes de que los Católicos Isabel y Fernando impusieran su visión imperial de la nación española. 

 

Las últimas corrientes políticas y filosóficas van incluso más allá, y declaran solemnemente que los pueblos no existen, y que lo único que existe es el conjunto de individuos que forman nuestra sociedad, y el Estado de Derecho que los administra. Se trata de un intento de deslegitimar a los pueblos como verdaderos sujetos de derecho, y de dar carpetazo a la historia, para dejar de reconocer los derechos históricos de los mismos. Los ignorantes defensores de esta opinión únicamente asocian pueblos a territorios, es decir, a geografía, olvidándose de la historia, de la sociología y de la dimensión humana de las mismas. Porque lo cierto es que la propia Historia no puede ser contada sin referirse a los pueblos, y a todas las características que definen el contexto cultural donde se insertan. No podemos confundir el sujeto político activo (esto es, donde descansa la capacidad política y ejecutiva de elección y participación, que es el propio individuo) con el sujeto político soberano (es decir, la parte de una sociedad que se considera y se erige en soberana para decidir su destino, que es el pueblo). Nos parece un tremendo error el pretender reducir toda la complejidad histórica, social, política y cultural de las actuales sociedades recurriendo sólo a los individuos que las forman. Los que así razonan reducen el problema a un planteamiento simplista y profundamente equivocado, a nuestro entender, producto de una cierta ideología subyacente interesada en dicha simplificación, o en la anulación del reconocimiento de la soberanía popular aplicada a determinados pueblos. Suelen ser los mismos que argumentan también planteamientos ridiculizantes de la soberanía. Planteamientos, no obstante, que no pueden ocultar el hecho de que no sólo los pueblos existen, existían con anterioridad, y seguramente seguirán existiendo, sino que además forman la unidad humana y el colectivo antropológico y social por excelencia. 

 

Los pueblos son los que se adscriben a determinadas culturas y civilizaciones, conjunto de rasgos que los definen. Los pueblos hacen referencia al conjunto de personas, de individuos, que forman durante ciertos períodos de la Historia, debido a la confluencia de una serie de factores, una peculiar evolución diferenciada de la Humanidad. Y desde ese punto de vista, por supuesto que el pueblo español tiene entidad propia, ya que compartimos ya varios siglos de esa historia, una historia común desde que fuera impuesta por los Reyes Católicos. Pero es una historia muy reciente, y debido a los factores históricos que desencadenaron su agresiva creación, pensamos que no es una historia tan legítima como los pueblos que ya habitaban la Bética, Castilla, Aragón o Cataluña antes de la llegada al trono de Isabel y Fernando. Los pueblos ibéricos llevaban ya muchos siglos habitando la Península cuando estos monarcas impusieron su fusión a la fuerza. Pero como decíamos más arriba, el hecho diferencial se mantiene. Las peculiaridades estilísticas, folklóricas (entendiendo el Folklore en la dimensión integral que le dió Antonio Machado y Álvarez, "Demófilo") y antropológicas son las que determinan y diferencian a los pueblos, y no se anulan por muchos Reyes que lo deseen. En los pueblos radica y descansa el hecho único, diferencial, que se puede manifestar de distintas formas, en el arte, en el sentimiento, en los patrones éticos y estéticos, morales y religiosos, en la interpretación propia de determinados acontecimientos, en resumidas cuentas, en una filosofía propia del ser y del estar, del sentir, del vivir, en última instancia, del existir. Los pueblos históricos (Andalucía sobre todo como el más antiguo de los pueblos ibéricos, pero también Euskadi, Cataluña, Galicia...) ya existían cuando aún no existía el "pueblo español", ese que ahora se coloca por delante y por encima de todos a la hora de hablar de soberanía. Por eso necesitamos volver a recuperar la visión plurinacional de esta España, construir mediante un Proceso Constituyente un Estado Federal con pleno respeto a la soberanía de todos sus pueblos, en definitiva, volver a recuperar el panorama que existía cuando fue constituido el pueblo español por la fuerza de las armas y de la religión. 

 

Porque es la política la que debe agrupar a dichos pueblos, si ellos lo desean, en otro tipo de organizaciones, llámense países, naciones, nacionalidades, Estados, y éstos a su vez se administran bajo determinadas formas de gobierno. Pero los pueblos continúan representando, más allá de todo ello, la propia esencia de la evolución humana, el mínimo común múltiplo de la expresión colectiva de los individuos que los forman. Y ello porque los pueblos forman y delimitan, mejor que ningún otro concepto político o sociológico, una colectividad común de personas que comparten una historia, una cultura, una idiosincrasia y un destino comunes, que lo hacen distinto a los demás pueblos. Desde finales del siglo XV tenemos a un pueblo español forjado a golpe de espada y de cruz que comenzó a ser pueblo no por estas circunstancias, sino por la voluntad de los monarcas de entonces, empeñados en crear un imperio. Pero este pueblo español jamás debería poseer ningún tipo de supremacía sobre los pueblos que ya preexistían en la Península. Porque los pueblos no ocurren por casualidad, no son accidentes históricos ni geográficos, sino que existen porque confluyen históricamente en su configuración un conjunto de elementos y características espacio-temporales que lo determinan, tales como el paisaje, la climatología, las costumbres, los modos de vida, los medios de producción, el folklore, la gastronomía, y todo el patrimonio cultural y artístico que le son propios. Los pueblos constituyen la auténtica materia prima de la Historia, y explican su devenir cronológico. Atendiendo a todo ello, tenemos muy claro que los pueblos han de constituir, por sí mismos, sujetos de derecho propios, y reconocérseles, en primer lugar, el derecho a regir su propio destino con libertad, es decir, a su autodeterminación. Es evidente que ello descansa legalmente desde la Constitución del 78 en el pueblo español, pero consideramos absolutamente legítimo, por todo lo que hemos explicado, que dicho derecho sea poseído por todos los pueblos históricos que ya habitaban este solar patrio que llamamos España desde muchos siglos antes de que ese solar existiera como tal. 

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22 octubre 2017 7 22 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Jamás en la historia otro imperio había abusado de manera tan pertinaz del uso de la palabra democracia para inyectar valores aparentes a su autoestima nacional y para proyectarse desdeñosamente sobre las demás naciones, como el gobierno estadounidense actual

Manuel E. Yepe

Llegados a este punto, podríamos preguntarnos...¿Es malo el imperialismo estadounidense para el mundo?  De entrada, podríamos afirmar rotundamente que sí, basándonos en la simple idea de que todos los imperialismos que en la Historia de la Humanidad se han dado han traído más inconvenientes, desgracias y devastación que ventajas y progreso. Pero en el caso concreto que nos ocupa, y a la luz de los valores que pretendemos difundir, la pregunta podría ser: ¿Es ejemplo la superpotencia del norte de Derechos Humanos y de Pacifismo? ¿Representa un buen ejemplo a seguir? Intentemos responder a la pregunta de la forma más objetiva posible. Veamos por ejemplo a continuación sólo algunos tratados o convenios internacionales que Estados Unidos no ha reconocido hasta el momento: 

 

1.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio sobre los Derechos del Niño, Contra la Prostitución y Pornografía Infantil

 

2.- Estados Unidos no ha firmado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer (CDAW)

 

3.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución

 

4.- Estados Unidos no firmó el Protocolo de Kyoto de la Convención de la ONU sobre Cambio Climático (y se acaba de retirar del Acuerdo de París sobre el mismo propósito)

 

5.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio contra Crímenes de Guerra y Crímenes de Lesa Humanidad (de hecho, ha apoyado a lo largo de la historia a sangrientas dictaduras causantes de cientos de miles de muertos y desaparecidos)

 

6.- Estados Unidos no ha firmado el Tratado de la ONU sobre la Prohibición de Ensayos Nucleares (mientras amenaza constantemente a Corea del Norte por sus ensayos)

 

7.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio Internacional contra el Reclutamiento, la Financiación y el Entrenamiento de Mercenarios (de hecho, los utiliza en diversos procesos de acoso a diferentes países, como Venezuela)

 

8.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio Internacional para la Represión de los Atentados Terroristas cometidos con Bombas (y de ahí que ataque con total impunidad cuando le viene en gana, como hizo recientemente en Siria o Afganistán)

 

9.- Estados Unidos tampoco ha firmado el Convenio Internacional para la Represión de la Financiación del Terrorismo (a pesar de que se autoconstituye en supuesto líder mundial para la "guerra contra el mal" y demás lindezas)

 

10.- Estados Unidos no ha firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado a Abolir la Pena de Muerte (de hecho, la pena capital se continúa aplicando en diversos Estados norteamericanos)

 

11.- Estados Unidos no ha firmado el Convenio Relativo a la Libertad Sindical, Negociación Colectiva y sobre la Edad Mínima para el Empleo (a pesar de erigirse igualmente en líder mundial por los derechos humanos, y acusar a otros países, como Cuba, de no respetarlos, cuando más bien USA debería aprender de ellos)

 

12.- Por último (aunque seguro que se nos quedará algún convenio o tratado en el tintero), Estados Unidos no se ha sumado a la Corte Penal Internacional (CPI) de Justicia y al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional

 

Con todo este currículum, es evidente que lo que los Estados Unidos deben hacer es sumarse a todos estos tratados y convenios internacionales, amparados por la ONU y reconocidos por la inmensa mayoría de países, antes de arrogarse con el falso liderazgo de defender los derechos humanos o el pacifismo. USA es un imperio por y para la guerra, que no tiene amigos (sólo serviles aliados que se alinean con el más fuerte por pura conveniencia), y que proclama su vil imperialismo mundial basándose únicamente en el poderío de su propia Unión de Estados, en su tamaño y en su potencial económico y armamentístico. USA delimita un imperio por la fuerza, como ha ocurrido con todos los demás imperios en la historia. La realidad es que los Estados Unidos no son ejemplo de nada en el mundo, no pueden constituir ningún referente en ningún aspecto, ni pueden ser tomados como ejemplo para ningún asunto. Tomemos el aspecto que tomemos, siempre existe un país que es mejor referente que USA. Pero sin embargo, se lleva extendiendo la falacia de que EE.UU. constituye una nación avanzada, y una de las democracias más estables y consagradas del mundo. No es cierto. Básicamente, el Gobierno USA es casi una teocracia (aunque no existan líderes religiosos en política, pero no les hacen falta ya que sus líderes políticos suelen ser fanáticos religiosos), con multitud de aspectos donde destaca su baja calidad democrática y el poco respeto a los derechos humanos que practican. 

 

Bien, pero aquí estamos hablando sobre pacifismo, así que no nos desviemos del tema. Y sin desviarnos del mismo, vamos a examinar algunas cifras y estadísticas internas del país que realiza un cultivo interno a las armas de fuego más extendido a nivel mundial. Recientemente, los periodistas Tom McCarthy, Lois Beckett y Jessica Glenza, del diario The Guardian, han publicado este artículo (reproducido también en eldiario.es), relativos a la Encuesta Nacional de Armas. Los datos son tremendamente ilustrativos, y hablan por sí mismos. Daremos algunos cuantos para la evalución de los lectores y lectoras: en Estados Unidos existen 88 armas por cada 100 personas, y un riesgo 11 veces mayor de morir por un disparo que en cualquier otro país desarrollado. La estadística también nos dice que la proporción de civiles armados respecto del total mundial es abrumadora. Con menos del 5% de la población mundial, Estados Unidos es el hogar de alrededor del 35-50% de civiles propietarios de armas de todo el mundo. El número de estadounidenses que mueren por disparos de armas de fuego cada año supera los 30.000 (alrededor de 2/3 de esta cifra son suicidios). Por su parte, más de 100.000 personas resultan heridas por armas de fuego cada año en USA, y mientras en el resto del mundo el 50% de las armas están en posesión del 3% de la población, en Estados Unidos el 50% de las armas de fuego registradas están en poder del 97% de la población. Podríamos insistir, pero creo que con esta muestra deberían darnos suficientes escalofríos. Y la siguiente pregunta es clara y evidente: ¿puede un país con estos ratios ser pacifista? Saquen los propios lectores y lectoras sus conclusiones. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 octubre 2017 4 19 /10 /octubre /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (60)

El hambre generalizada en el llamado Tercer Mundo no es el producto de la “selección natural”, sino un problema muy concreto de origen humano. Lo que condena a millones de personas a una vida de miseria y a morir de hambre no es la “supervivencia de los más fuertes”, sino el hambre de beneficios de un puñado de grandes bancos y monopolios

Alan Woods y Ted Grant (“Razón y Revolución”)

Estamos examinando el caso de la banca privada en general, como ejemplo paradigmático del gran agente económico que fomenta la desigualdad, y en nuestra entrega anterior, habíamos hecho ya algunas referencias a la entidad BBVA, como un claro ejemplo concreto de estas entidades. En este artículo de Enric Llopis para el medio Rebelion se da más información sobre la unión sindical que está intentando reunir fuerzas para luchar contra los despidos y el acoso laboral practicados por el banco hacia sus trabajadores/as. Concretamente, en marzo pasado un total de 9 centrales sindicales (CC.OO., UGT, CGT, ACB, CIC, ELA, LAB, SCAT y SEC) convocaron concentraciones ante las 7 delegaciones territoriales de la entidad financiera, para protestar por la ola injustificada de despidos. Los sindicatos denunciaban además estrategias de presión y amedrentamiento, mientras se allana el camino a la banca digital. Mientras, sus altos directivos van engordando sus ya escandalosos sueldos. Bajo eufemismos técnicos tales como "prioridad estratégica en el control de costes", justificados en la adquisición de terceras entidades, y en la supuesta necesidad de clausurar oficinas y reducir personal, el caso es que en la práctica el goteo de trabajadores/as que pierden su empleo no cesa. La presión sobre los empleados y empleadas, así como las horas extraordinarias no remuneradas se han convertido en una constante en el ambiente laboral del BBVA. Si a ello le unimos las denuncias de la campaña "Banca Armada", por la cual supimos la relación del BBVA con empresas del entramado militar (como el Grupo Airbus o Finmecanica), además de los 2.700 millones de euros invertidos por el banco durante el año 2016 en el sector, tenemos ciertamente un cóctel explosivo. 

 

¿Son éstas las únicas tropelías que lleva a cabo impunemente el sector bancario? Desgraciadamente, no. En este artículo del medio Publico se revela que BBVA, Santander y otros 18 bancos europeos ganaron 25.000 millones de euros en paraísos fiscales. Y es que según un estudio de Oxfam Intermón y la Fair Finance Guide International, los paraísos fiscales representan el 26% de los beneficios obtenidos por los 20 principales bancos europeos. No es momento (lo haremos en su bloque temático correspondiente, dada su importancia y extensión) de hablar a fondo sobre los paraísos fiscales, pero aquí lo haremos únicamente en lo tocante a esta información. El informe citado explica que algunos bancos utilizan los paraísos fiscales para evitar el pago de los impuestos que les corresponden, para facilitar a sus clientes la elusión fiscal, o para sortear ciertas regulaciones o requisitos legales. Y por supuesto, para obtener beneficios: en 2015, las 20 principales entidades bancarias europeas obtuvieron un beneficio de 4.900 millones de euros en el pequeño paraíso fiscal de Luxemburgo, más de lo que obtuvieron en Reino Unido, Suecia y Alemania juntas. El informe también indica que un/a empleado/a de banca en un paraíso fiscal genera un beneficio medio de 170.000 euros anuales, cuatro veces más que su homólogo/a en cualquier otro destino. Por ejemplo, el banco francés BNP Paribas obtuvo un beneficio de 134 millones de euros libres de impuestos en las Islas Caimán, donde carecen de personal. ¿Interesante, no? Si lo extrapolamos a todas las entidades del IBEX-35, resulta que existen 890 filiales de las citadas empresas alojadas en paraísos fiscales...Más interesante, aún, ¿no? ¿Y qué tiene todo esto que ver con la desigualdad (puede que se haya preguntado algún/a lector/a despistado/a? Pues está claro: las empresas (en este caso bancos) que eluden el pago de impuestos en su respectivo país roban fondos que dicho país necesita precisamente para combatir la pobreza y la desigualdad. 

 

Por ejemplo, según estimaciones de Oxfam Intermón, cada año, la elusión y evasión fiscal por parte de las grandes multinacionales priva a los países pobres de más de 90.000 millones de dólares en ingresos fiscales, dinero suficiente como para poder financiar servicios educativos para los 124 millones de niños y niñas sin escolarizar, o atención sanitaria que podría evitar la muerte de al menos 6 millones de ellos. Hace pocas fechas, gracias a un artículo aparecido en el medio Kaos en la Red, nos pudimos enterar de que los beneficios totales de la banca durante el primer semestre del presente año ascendieron a más de 8.000 millones de euros, lo cual supone un 21% más en comparación con el mismo período del año anterior. Todo un verdadero atraco y expolio a la ciudadanía (por muy legal que sea), mientras continúan los recortes en los presupuestos para los servicios públicos fundamentales. Parece ser que la principal fuente de beneficios para dicha desorbitada cifra han sido las comisiones bancarias, que se han incrementado un 12%. Pero lo que es cierto en cualquier caso es que la banca privada no ha cesado de aumentar sus beneficios gracias a todo tipo de rescates y ayudas (que ahora sabemos que no se devolverán al conjunto de las arcas públicas), ventajas fiscales y financiación prácticamente regalada por parte del Banco Central Europeo (BCE), que funciona como su auténtico lobby. Los tratados de la Unión así lo establecen, ya que como sabemos, el BCE tiene prohibida la financiación directamente a los Estados miembros de la UE, pero no a su gran banca privada, a la cual financia cada vez a intereses más bajos, hoy día prácticamente inexistentes. ¿Se puede vivir mejor? ¿Puede un negocio ser más privilegiado? ¿Puede un agente económico tan bien tratado institucionalmente contribuir más a las malas prácticas y a la generación de sociedades despiadadamente desiguales? Pues eso es exactamente la banca. 

 

Según el sindicato Comisiones Obreras, los ejecutivos bancarios ganaron 132 veces más que los salarios más bajos en sus respectivas entidades, durante el año 2015. Hace 3 años, los salarios máximos eran 76 veces superiores a los más inferiores. La pregunta es...Si  no detenemos este desaguisado...¿Cuál será la diferencia dentro de 5 años más? ¿Y dentro de 10 años? ¿Cuál será el límite de esta vergonzosa escalada? Y por supuesto, nada garantiza que los bancos no vuelvan a las andadas con sus productos tóxicos y comportamientos mafiosos con su clientela, tales como los desahucios de familias sin alternativa habitacional, las participaciones preferentes (camufladas bajo otro nombre y apariencia), las obligaciones subordinadas, las cláusulas suelo hipotecarias, los usureros intereses hasta por entrar por la puerta de una sucursal, etc. Todo lo cual no nos exime (de hecho muchos economistas y expertos ya lo vienen advirtiendo) de volver a caer en una terrible crisis financiera que provoque una nueva crisis mundial...¿para volver a hacerse más ricos a costa de los pobres? ¿Para continuar provocando desigualdad? ¿Para continuar evadiendo impuestos suyos y de sus clientes? ¿Para continuar invirtiendo en aberrantes negocios que destruyen a la humanidad? ¿Hasta cuándo vamos a continuar permitiendo a la banca privada que destruya nuestras sociedades? ¿Hasta cuándo vamos a consentir que estos grandes actores económicos agranden su poder y su impunidad? De hecho, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ya lleva advirtiendo durante los últimos meses sobre los tremendos riesgos de los nuevos productos bancarios (bonos convertibles, determinados fondos de inversión, diferentes tipos de deuda, productos estructurados, etc.). Pareciera que los banqueros no han entendido nada, y después de todo lo que ha caído, continúan con sus viejas prácticas, de avasallar y dominar al conjunto de la ciudadanía, bajo la clara connivencia y apoyo de los indecentes gobernantes a su servicio. 

 

Y es que el poder de la gran banca privada es increíble. Dominan al poder legislativo, al Gobierno y a los principales medios de comunicación. Los grandes bancos y sus directivos y asesores están colocados simultáneamente en los Consejos de Administración del resto de grandes empresas del país, con lo cual poseen un nivel de información y de influencia ciertamente asombroso. Y todo ello lo siguen proyectando hacia la arquitectura social de la desigualdad. Pero no nos engañemos: todo ello ocurre porque la propia sociedad se lo permite. Es nuestra responsabilidad, la del conjunto de la ciudadanía y los poderes públicos, el tomar una serie de progresivas decisiones y medidas que vayan contrarrestando el enorme poder de la banca, hasta que la situación cambie y se de la vuelta por completo, y sea el conjunto de la ciudadanía la que controle a la banca. Ello puede conseguirse, como vía fundamental, estableciendo el carácter público de las entidades rescatadas, y volcando todo el apoyo y el control democrático sobre dichas entidades, de tal manera que se difundan las ventajas de una banca pública, así como de una banca ética y socialmente responsable. Una banca sostenible, una banca humana, una banca ética, una banca que cuide de los ahorros y los depósitos de la población de una forma transparente, controlada y democrática. Esta es la solución. Ese es el objetivo. El perverso historial de la banca privada en nuestro país avala y justifica necesariamente una profunda transformación y reconversión del sector hacia un modelo justo y sostenible de banca pública, que cambie los parámetros de funcionamiento, que altere la prioridad de los objetivos, y que naturalice, devuelva la humanidad al negocio (aunque pensamos que nunca la tuvo), y que contribuya decididamente al progreso de la sociedad a la que sirve. Mientras continuemos apoyando a formaciones políticas que miren para otro lado en relación a la banca, contribuyendo a aumentar su poderío e impunidad, nuestra sociedad continuará enferma. La banca es nuestro principal cáncer. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 octubre 2017 3 18 /10 /octubre /2017 23:00
Contra los Tratados de Libre Comercio (52)

El gran capital depreda el trabajo total de los pueblos de la tierra, atrapados en la lógica infernal de los procesos de acumulación trasnacional, que produce y reproduce el instaurado gobierno mundial de facto estructurado por el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y la propia ONU, dictadura que ha establecido una jerarquía de Estados y que dicta las políticas mundiales, en particular económicas, comerciales y educativas de una gran cantidad de gobiernos liberales o socialdemócratas satélites

Camilo Valqui

El tratado vinculante para las grandes empresas transnacionales que estamos proponiendo desde esta humilde tribuna tendría evidentemente que superar el escollo de las Naciones Unidas, hito prácticamente insuperable de momento, ya que se necesita para ello un gran consenso internacional, que normalmente no se alcanza debido a las innumerables reticencias que plantean los Gobiernos de los Estados donde se encuentran las sedes de las empresas multinacionales más importantes, y como sabemos, el gran capital posee mucha fuerza bajo este escenario de globalización salvaje y desregulada. Básicamente, ese hipotético tratado debería recoger una legislación ejecutable por parte de las empresas (es decir, de obligado cumplimiento) para la prevención de violaciones de los derechos humanos (extensible a los derechos del resto de animales y de la propia naturaleza), con objeto de acabar con la impunidad de las empresas infractoras, obligándolas a reparar los impactos que hubiesen causado. Difícilmente podrá llegarse a este escenario, cuando actualmente hasta los asesinatos que se llevan a cabo contra activistas ambientales por todo el mundo quedan impunes, y se conoce que las empresas que están detrás de los grandes proyectos a los que los activistas se enfrentan son las responsables de sus muertes. El chip, por tanto, debe ser cambiado: necesitamos un contexto que albergue derechos para las personas, y reglas para las empresas. Hoy día ciertamente ocurre lo contrario: a las personas se las margina, se las precariza y se las excluye socialmente, se le anulan sus derechos, mientras que las empresas, amparadas en ese invento de la "seguridad jurídica", cada vez están más protegidas por este perverso sistema. 

 

No nos engañemos: hoy día, los escenarios de violación de los derechos humanos cometidas por las empresas más grandes del mundo son un fenómeno generalizado. Agresivos proyectos extractivistas ponen en peligro la viabilidad y sostenibilidad de comunidades indígenas en varios países, pues provocan pérdida de biodiversidad, contaminación de acuíferos, mares y ríos, destruyen sus viviendas, o talan sus bosques. Y así, las actividades de estas empresas generan diariamente crímenes ambientales y atentan contra la integridad de las comunidades locales que defienden su derecho a la vida y al medio ambiente. Las comunidades sufren diariamente la persecución, el acoso y el terror, e incluso se llega a asesinar impunemente a determinados dirigentes campesinos, indígenas, o activistas ambientalistas o de derechos humanos. Los secuestros, asesinatos, encarcelamientos, agresiones a mujeres y amenazas constituyen el peligroso día a día de estas comunidades, que sólo buscan poder ejercer en paz sus derechos fundamentales a la vida y a un medio ambiente digno. Por tanto, tal como nos sugiere la ONG Amigos de la Tierra en este documento, se necesita imperiosamente un instrumento jurídicamente vinculante para controlar las actividades de estas empresas transnacionales. Dicho tratado vinculante ha de surgir del apoyo de los movimientos sociales, de las ONG's, de los sindicatos, pero sobre todo de los Gobiernos concienciados en que hay que poner freno a las actividades execrables del gran capital. Difícil escenario hoy día, pues como ya hemos indicado en entregas anteriores, muchas multinacionales poseen más riqueza y poder que los propios Estados, los mismos que deberían reglamentar su actividad. Se ha dejado crecer durante décadas a estos monstruosos agentes económicos, y cuando hemos querido darnos cuenta, resulta que ya son demasiado poderosos. 

 

Debido a ello y durante décadas (apoyadas por esos Organismos internacionales a los que también nos hemos referido en anteriores entregas, como la OMC), las grandes empresas han logrado impedir la aprobación de normas vinculantes que fueran en contra de sus intereses a través de un fuerte lobby y la complicidad o cuando menos connivencia de los Gobiernos de corte neoliberal imperantes en el mundo. Salvo honrosas excepciones, el enorme poderío empresarial ha campado a sus anchas haciendo y deshaciendo a su antojo, sin más control que el que las propias empresas se dotaban a sí mismas. Los Estados y sus gobernantes se han convertido en vergonzosos vasallos de las mismas, en su gabinete de representación. Como consecuencia de todo ello, hoy nos enfrentamos a estos TLC de última generación, cuyo alcance ya hemos explicado largo y tendido, y las empresas siguen sin responsabilizarse por sus crímenes, y las comunidades y el medio ambiente siguen pagando el precio. Esta escalada resulta ya absolutamente inaceptable, pues pone en peligro de forma irreversible la salvaguarda de los derechos humanos fundamentales, y la sostenibilidad ambiental a nivel global. Bien, la pregunta es...¿Tenemos actualmente alguna herramienta que concuerde con estas características? ¿Poseemos alguna referencia de lo que puede ser un tratado que consagre la arquitectura de los derechos humanos frente a la arquitectura de la impunidad de las empresas? Pues sí, afortundamente. Y a su exposición nos vamos a dedicar en esta recta final de la presente serie de artículos, para que lectores y lectoras posean un marco de referencia de aquéllo que puede y debe ser planteado, y de cómo puede acabarse con las malas prácticas y la impunidad de las grandes empresas transnacionales. 

 

Se trata del "Tratado Internacional de los Pueblos para el Control de las Empresas Transnacionales", una propuesta abanderada por la Red Global de Movimientos Sociales "Desmantelando el Poder Corporativo". Este no es por tanto un tratado al uso, no es un TLC, no es un tratado comercial en su estricto sentido, sino que se nos presenta como un instrumento precisamente diseñado para poder contrarrestar los nocivos efectos que los TLC nos están trayendo en su última generación. Representa por tanto una nueva configuración jurídico-política de cómo enfrentar la impunidad con la que actúan las grandes empresas en la actualidad. Es un anti-TLC, un anti-tratado, es decir, define el marco de actuación y las garantías debidas que se pueden y deben exigir al funcionamiento, actividades y expansión empresariales, para que dejemos de ser (personas, animales, naturaleza, medio ambiente, planeta en última instancia) meros instrumentos de explotación al servicio del capital representado por ellas. Hay que recuperar los derechos y la democracia como valores fuertes del marco jurídico global. Este Tratado de los Pueblos está diseñado fuera de la lógica jurídica clásica del Derecho Internacional, pues pretende recoger la experiencia acumulada de las diferentes luchas contra las empresas transnacionales, así como contra los Estados y las entidades financieras cómplices con ellas. Se trata de que estas propuestas de los movimientos sociales puedan proponer normas al Derecho Internacional desde su base. Porque como se indica en el propio documento: "El lenguaje de los conocimientos especializados de los abogados oculta el carácter político de su intervención y de la representación de los intereses hegemónicos y tiende a suplantar o tergiversar la participación de las organizaciones sociales, movimientos y comunidades". Oponerse a la impunidad de las empresas supone y exige una confrontación y una lógica muy diferente, para no caer en las trampas de "lo técnico". Hemos de anteponer siempre lo político. 

 

Seguimos retomando de su misma fuente: "La dificultad de establecer obligaciones precisas y de armonizar en un Tratado las diferentes normas implicadas es evidente: el Derecho Laboral, los derechos humanos, el Derecho Humanitario, el Derecho referido al Medio Ambiente, los derechos de los consumidores, los derechos corporativos, el reconocimiento de la obligación de las empresas transnacionales de respetar las normas internacionales en materia de derechos humanos y de su responsabilidad civil y penal en el caso de incurrir en violaciones a los mismos, la responsabilidad civil y penal de sus dirigentes, la primacía de los derechos humanos y del interés público sobre el interés económico, la obligación de las empresas transnacionales de pagar a sus proveedores y subcontratistas precios razonables por sus productos y servicios, la aprobación de una Corte Internacional y la regulación de la extraterritorialidad...son temas muy diversos y responden a lógicas jurídicas diferentes". Este tratado ofrece un marco de juego para intentar regular el enorme poder transnacional, lo cual ya de por sí es un arduo propósito. Lo primero que hace el Tratado es incrementar el número de actores intervinientes como sujetos de derecho, es decir, las organizaciones, movimientos sociales y comunidades afectadas por las actividades de las ETN, serán igualmente actores y sujetos de pleno derecho de los procesos vinculados al desarrollo del Tratado de los Pueblos. El objetivo final será su aprobación futura (o de un documento similar en su objetivo y alcance) en el marco de la Asamblea General de la ONU, para adoptarlo a partir de ahí como una regla común para todos los Estados e Instituciones en relación a las ETN, consagrando de esta forma que los derechos, responsabilidades y propuestas reconocidas en el Tratado sean transformados a su vez en nuevas leyes, mecanismos e instituciones a nivel nacional, regional e internacional, y sean promovidos para su implementación entre todos los pueblos y Estados del mundo. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 octubre 2017 2 17 /10 /octubre /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (45)

Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido ciudadano (…) Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular

Juan Gelman

La recuperación de la Memoria Histórica en nuestro país aún necesita mucho camino por recorrer, porque ha de estar impulsada por la propia iniciativa ciudadana, y apoyada por los poderes públicos (que a su vez son votados por la iniciativa ciudadana), y para eso hemos de ir erradicando los vestigios de ese franquismo sociológico que aún padecemos en gran medida. Y esa recuperación de la Memoria Histórica no es sólo bajo una dimensión sentimental, sino que recoge una serie de medidas de salud e higiene democrática, tan simples como, por ejemplo, retirar toda la serie de nombres de calles, plazas, avenidas, monumentos, placas, distinciones o reconocimientos a personajes del Golpe de Estado, de la Guerra Civil o de la dictadura. Según nos relata Pablo Mesejo en este artículo para el medio Rebelion, en el año 2010 y sólo en su ciudad de A Coruña existían una Avenida del General Sanjurjo (un militar golpista), una Avenida de los Caídos (dedicada a los "caídos por la cruzada en defensa de la civilización cristiana y occidental amenazada por la barbarie comunista"), una Calle de Juan Canalejo (Jefe Provincial de Falange y organizador de las milicias armadas de la ciudad), una plaza dedicada al General Mola (golpista al mando del Ejército del Norte durante la Guerra Civil y corresponsable del bombardeo de Gernika), una Avenida Primo de Rivera (Miguel Primo de Rivera fue dictador entre 1923 y 1930, mientras que su hijo José Antonio fue el fundador de Falange Española), y una Calle División Azul (división de infantería enviada por Franco a combatir en el frente ruso junto a los nazis), entre otras. Todo ello sólo en A Coruña. Multipliquen mis lectores/as por todo el callejero del resto de ciudades y pueblos de España, y obtendrán un resultado absolutamente aberrante. Pero ante ese insoportable escenario, muchos/as se limitan a decir que "eso es la historia". Punto.

 

Sólo en la capital de España, Madrid, en 2010, existían más de 150 vías, monumentos y plazas con nombres que homenajeaban al franquismo. ¿Existe algún recuerdo a la resistencia antifranquista? No. ¿Existe algún museo sobre los caídos en defensa de la República? No. ¿Existen vías, calles, plazas o monumentos dedicados a los militares que también dieron su vida por defender la legalidad republicana? No. Por tanto, no parece que la cosa esté siquiera mínimamente nivelada. Los vencedores de aquélla cruenta guerra no sólo barrieron físicamente a los vencidos, sino que hicieron que quedara para la posteridad sólo el recuerdo de ellos. No sólo practicaron un exterminio ideológico, sino un exterminio emocional, borrando del recuerdo popular, del imaginario colectivo, los nombres de las personas que se mantuvieron fieles al legítimo gobierno republicano. Pero aún no se quedan ahí los dislates. Como nos recuerda en el referido artículo Pablo Mesejo, de los 50 últimos Ministros de Franco, ninguno fue degradado por la democracia. Más bien al contrario, ya que la mitad fueron a parar a los Consejos de Administración de las grandes empresas, y la otra mitad permaneció en la política. Más en concreto, de los 16 diputados que Alianza Popular obtuvo en las elecciones de 1977, 13 habían sido Ministros con Franco. Motivos, ya lo hemos señalado en varias entregas anteriores, de que aún conservemos, como sociedad, tics, pensamientos y actitudes franquistas en gran parte de la población. Y por su parte, el historiador Francisco Espinosa Maestre comentaba recientemente en una entrevista: "En otros países el fascismo fue derrotado, mientras que en España se perpetuó durante cuatro décadas, y aunque nunca abandonó del todo el recurso a la violencia que lo caracterizó desde el principio, se fue adaptando a los tiempos según le convenía. El gran reto fue permitir el sistema democrático sin que ello acarreara cambios en profundidad en los grandes poderes del Estado. Me refiero a los poderes económico, eclesiástico, militar y judicial. Todo se orientó, mediante una ley electoral ad hoc, a conseguir un sistema bipartidista que no pusiera en juego ninguna cuestión clave". 

 

Y otro gran puntal donde descansa la conciencia franquista es en las propias Fuerzas Armadas. Siguiendo a Floren Dimas (Oficial del Ejército del Aire, miembro del Colectivo ANEMOI) en este artículo, resulta que comparándolo por ejemplo con el Ejército alemán, el Ejército español tiene aún pendiente su transición democrática, como continuadores de una institución estatal de lo que fueron las Fuerzas Armadas, que parcialmente (muchos otros militares continuaron fieles a la República, incluso dieron su vida por ella) se sublevaron en 1936 contra la II República y provocaron una guerra infame, prefacio para una posterior dictadura que duraría 40 años, sumiendo al país en un profundo aislamiento, involución y subdesarrollo social, económico, político y cultural. Nuestras Fuerzas Armadas tienen, por tanto, una alta cuota de responsabilidad, ya que al contrario que en estos otros países (en Alemania y en muchos otros países dominados por regímenes totalitarios), tienen pendiente saldar una inmensa cuenta con sus víctimas y con la memoria democrática de la nación. Y hoy día, a más de 40 años de la desaparición física del dictador, las FAS aún necesitan una profunda renovación democrática en su seno (remito a mis lectores/as a los artículos del segundo bloque temático de la serie "Por la senda del Pacifismo", donde hemos expuesto a fondo las características que deberían regir a unas FAS democráticas y pacifistas). Basta revisar los textos de historia que se estudian en las Academias Militares españolas, para darse cuenta del tratamiento que dan al análisis de la Guerra Civil, haciendo una breve alusión a sus elementos tácticos, pero sin entrar para nada en las verdaderas motivaciones de la misma, ni en las ideologías ni valores enfrentados, es decir, convirtiendo sólo aquél conflicto en un campo de maniobras de dos Ejércitos, de dos bandos, de los que no se debate por qué luchaban, y muchos menos aún, se alude al perfil criminal de sus principales protagonistas, especialmente al del propio dictador Francisco Franco. 

 

Y hoy, cuatro décadas después de la muerte del dictador, y ocho décadas después del inicio de la contienda civil, las Fuerzas Armadas españolas siguen instaladas en su planteamiento de ser continuadoras institucionales de aquél régimen criminal, al no romper pública y solemnemente su vinculación histórica con las FAS de la época franquista, ni honrar pública y solemnemente a los miembros del Ejército Popular Republicano (EPR), del que formaron parte las milicias populares, ni de los guerrilleros antifranquistas en España o Francia, o los que combatieron en las filas de los Aliados, instando a su reconocimiento jurídico como excombatientes, tal como ya ha sucedido en situaciones similares en los países europeos con pasado fascista, en relación con los que combatieron al totalitarismo. Asímismo, las FAS españolas de hoy día deberían tener la valentía de pedir públicamente perdón por las implicaciones de sus compañeros de aquél tiempo en la operación de terror, desarrollada por el franquismo a través de los Consejos de Guerra contra republicanos. Habrá quien piense que los miembros de las FAS actuales ya no tienen nada que ver con los que históricamente protagonizaron el alzamiento militar, pero tampoco Obama había nacido cuando Estados Unidos descargó las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y muchos pensamos que cuando visitó Japón durante su mandato, debería haber pedido perdón a los japoneses en nombre de su país. Hay que acabar por tanto, usando las palabras de Floren Dimas, con el "universo de impunidades que afecta moral y jurídicamente a toda la estructura física, emocional y filosófica de nuestras Fuerzas Armadas". Sólo así, añadimos nosotros, será posible la garantía de no repetición de aquél horror que supuso el Golpe de Estado, la Guerra Civil y la posterior dictadura que nos tuvo cuarenta años atravesando la larga noche franquista. 

 

Puede que algunos lectores/as piensen que el Ejército de hoy día ya está muy renovado, y completamente alejado del que protagonizara aquél episodio negro de nuestra historia. Se equivoca radicalmente. Como ejemplo, en este artículo de Marcos Paradinas para el medio El Plural se da cuenta de la promoción de un libro sobre la "cruzada" franquista que nuestro Ejército de Tierra realiza en su revista oficial, libro patrocinado por la Fundación Francisco Franco. Ocurría en diciembre de 2016. Se trataba de "La Reconquista de España", una obra de 34 tomos, cuyo anuncio fue retirado de la página de la revista del Ejército en cuanto fue denunciado el hecho en las redes sociales. La obra puede adquirirse también desde la tienda online de la Fundación Franco. Entiéndase bien: con ello no queremos decir que nuestro actual Ejército esté repleto de franquistas, sino que aún conserva una cierta dosis, al igual que el resto de la sociedad, de ese franquismo sociológico, y que debe ser erradicado si queremos disfrutar de unas Fuerzas Armadas realmente democráticas y a la altura del siglo XXI. Podemos poner más ejemplos que ilustran esta línea indeseable del Ejército, que entendemos se debe corregir: por ejemplo, este artículo del medio Publico de marzo de 2016 se hace eco de la denuncia que hizo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica sobre una conferencia impartida por el historiador Stanley G. Paine, organizada por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN, organismo dependiente del Ministerio de Defensa), donde supuestamente se hacía un elogio del Golpe de Estado de Franco, presentando a éste como "un militar prudente y profesional". El conferenciante se refirió a la Ley de Memoria Histórica como "un invento que no existe" y que definió como "un movimiento político arqueológico y semisoviético". En fin, como podemos ver, los ejemplos son múltiples y se dan cada cierto tiempo y en diversas instancias, pero todos ellos están atravesados por el mismo hilo conductor: seguir justificando, a estas alturas, el franquismo en nuestro país. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 octubre 2017 1 16 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: https://www.lavozdegalicia.es/

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Estamos convencidos de que la autodeterminación de Cataluña es hoy en día la mejor aportación que las clases populares catalanas pueden hacer por el cambio en España, obligando a abrir el candado de la Constitución del 78, rompiendo la organización territorial del Estado y abriendo una rendija que puede ser aprovechada por la izquierda de los pueblos oprimidos

Fragmento del Manifiesto de la Crida Comunista Catalana

Ya sabemos que bajo el capitalismo globalizado, cuando se quiere forzar a determinado pueblo, país, Estado o comunidad a que acepte determinadas condiciones, el mejor chantaje es el económico. Sólo hay que fijarse en la gran cantidad de sanciones económicas que el salvaje Gobierno de Washington impone a determinados países que se enfrentan a sus deseos. Y eso es exactamente lo que lleva ocurriendo en Cataluña desde los días siguientes al referéndum del pasado 1 de octubre. Un acoso económico en toda regla, protagonizado fundamentalmente por las empresas catalanas, o que tenían allí su domicilio social, que se están marchando en bandada "ante el temor de una posible independencia". Bajo el mantra de que "el dinero tiene miedo", todas estas empresas están chantajeando al pueblo catalán, amenazando con retirar sus sedes (muchas lo han hecho ya), para seguir disfrutando en el resto de España de la necesaria "seguridad jurídica" para poder funcionar. Pero no sólo las empresas, ya que este acoso económico está siendo también protagonizado por otros muchos actores, tales como el Gobierno español, las agencias de calificación de riesgos, el FMI, los operadores turísticos, etc. Incluso la propia ciudadanía. Pero vayamos por partes. Ya pasan de la treintena el número de empresas instaladas en suelo catalán que han decidido trasladar su sede social a otros puntos de España (sobre todo Madrid, pero también la Comunidad Valenciana, o la Comunidad Balear, entre otras). De momento, sus centros de producción, oficinas o fábricas continuarán en Cataluña, por lo cual seguirán pagando allí los impuestos relativos a las actividades económicas, o el IBI (sobre bienes inmuebles). Pero el resto de impuestos, como el Impuesto de Sociedades, será ingresado en la Comunidad donde resida su nueva sede social. 

 

Han declarado que los traslados no afectarán a los intereses de sus accionistas, clientes o empleados/as, pero evidentemente, la inestabilidad, tensión y miedo generados se extienden cada día. También han asegurado que los puestos de trabajo no se verán afectados, pero...¿es que acaso poseen alguna credibilidad estos agentes económicos? ¿Es que acaso no son ellos en sentido general los responsables a gran escala de la ola privatizadora y neoliberal que nos imponen? Algunas se han ido ante la incertidumbre generada tras el referéndum, otras se lo han pensado durante algunos días (pero al final han terminado saliendo de Cataluña), y un tercer grupo han declarado que sólo se irían del territorio catalán si se proclamara formalmente una DUI (Declaración Unilateral de Independencia, que al momento de escribir este artículo, parece ser que ha sido declarada y a continuación suspendida, por lo cual no sabemos cómo reaccionarán finalmente estas empresas). Como su única obsesión es trasladar "tranquilidad a los mercados", no les duelen prendas en instalarse en cualquier otra ciudad (incluso les daría igual irse fuera de España) con tal de aliviar el escenario de incertidumbre. Y bajo el mantra de continuar bajo el amparo del euro y la pertenencia a la Unión Europea, no les importa acabar con el PIB catalán, ni desligarse de su tierra de origen o nacimiento. La pionera fue la empresa Natur House, del campo de la nutrición y dietética, y a día de hoy, la lista, como decimos, es larga: del grupo financiero, tenemos a dos gigantes como son Banco Sabadell y CaixaBank, del grupo energético a Gas Natural Fenosa, y otras muchas pertenecientes a diversos grupos, tales como Aguas de Barcelona (Agbar), Oryzon (biotecnología), Dogi (textil), Eurona (tecnología), Mediolanum (banca de inversión), Proclinic (material odontológico), Torras Papel (material de oficina), Grupo Planeta (el mayor grupo editorial de España), Freixenet (sector del cava), Codorniu (sector del cava), Catalana Occidente (grupo asegurador), Grifols (sector farmacéutico), Abertis (sector de infraestructuras), Cellnex (telecomunicaciones), o Colonial (sector inmobiliario), entre otras muchas.

 

Todos estos episodios constituyen una prueba más de que el mundo económico es el que realmente nos gobierna, es el poder más fáctico de todos (bajo la agresiva globalización capitalista que sufrimos), y que por supuesto, "no entiende de chiquitas".  Estas grandes empresas, cotizantes del IBEX-35, la mayoría de ellas multinacionales, a pesar de que muchas de ellas declaraban en sus spots publicitarios su adhesión y pertenencia (incluso histórica, como en el caso de las empresas de cava catalán) a Cataluña, a la hora de la verdad han demostrado que su tierra les importa un pimiento en adobo. Han demostrado que sus únicos intereses son sus beneficios, y el hecho de estar presentes en una u otra comunidad, en adscribirse a un determinado pueblo, es para ellas algo absolutamente irrelevante. No les ha importado nada el hecho de ser empresas centenarias, muchas de ellas con un fuerte arraigo en Cataluña. Su única bandera es el dinero, su única razón de ser los beneficios económicos que puedan alcanzar, su única aspiración el generar cada vez más ganancias para sus dueños, directivos y accionistas. Por su parte, el Gobierno español les allana el camino, pues no tardaron ni 48 horas desde la primera deslocalización de un gran banco catalán en aprobar un Decreto-Ley para facilitar el traslado de la sede social de una empresa, eliminando el requisito de que dicho traslado tuviera que ser aprobado en Junta General de Accionistas, bastando sólo una aprobación del Consejo de Administración. Una prueba más de que nuestros gobernantes son los fieles perritos falderos de estos grandes agentes económicos, y que están completamente a su servicio. En estos momentos desconocemos cuáles de dichas empresas retornarán sus sedes a Cataluña si el escenario de fuerte tensión social decrece, y la inestabilidad se va reduciendo, pues algunas de ellas han declarado que dicho traslado era temporal. 

 

¿Finaliza aquí el acoso económico a Cataluña? Pues sólo habiendo celebrado un intento de referéndum de autodeterminación (decimos "intento" porque el Gobierno había requisado e interceptado cualquier material logístico u organizativo para el mismo), el acoso es aún mayor. Según datos del sector bancario, más de 400 millones de euros salieron de Cataluña durante los 5 días anteriores y posteriores que rodearon la fecha de celebración del referéndum. Por su parte, algunas empresas extranjeras han dejado de realizar algunas inversiones previstas, y el Fondo Monetario Internacional, siempre al quite, ya ha llamado la atención sobre la grave situación económica que se está generando, y el posible peligro de cara a las inversiones, el empleo y las deudas en Cataluña. Las principales Agencias de Calificación de Riesgos, como Standard & Poors, Fitch y Moodys han realizado advertencias y declaraciones en la misma línea, incluso rebajando la valoración del bono catalán. Asímismo, un indeterminado número de posibles clientes se han desplazado desde Cataluña, desde ciudades y pueblos cercanos, a sus ciudades y pueblos vecinos de la Comunidad Autónoma de Aragón, para crear cuentas bancarias en otras entidades, y realizar allí sus depósitos, ante la espantada general y el acoso económico experimentado en pocos días. Sobre todo, algunos pueblos cercanos de la vecina Huesca han registrado un aumento del número de sus cuentas bancarias, por un flujo de clientes durante los últimos días. Hasta tal punto está llegando este acoso económico, que algunos dirigentes de la CUP reconocían en público que una vez declarada la independencia, no habría más remedio que instalar durante algún tiempo una especie de "corralito" económico y financiero, para controlar la cantidad de divisas que puedan gestionar las entidades catalanas, y no tener problemas de liquidez. La situación, por tanto, es ciertamente preocupante. 

 

En el origen están las irresponsables declaraciones de los dirigentes de las grandes organizaciones empresariales (CEOE), que hace ya mucho tiempo que vienen caldeando el ambiente, creando este clima de miedo e incertidumbre, para que los políticos catalanes (representantes de una ciudadanía que los vota y que está de acuerdo en sus planteamientos, como se demostró en el referéndum) desistieran de sus planes soberanistas. En otros artículos ya hemos afirmado que la gran burguesía catalana siempre ha sido enemiga del proceso soberanista, y así lo han manifestado en numerosas ocasiones los dirigentes de sus organizaciones, como el Círculo de Economía, o Foment del Treball. Como siempre, la gran clase empresarial haciendo gala de su nula sensibilidad social, de su desprecio a la democracia, y de la imposición por la fuerza de sus criterios, tal como han realizado con el Gobierno español aplaudiendo la brutal reforma laboral que ha precarizado profundamente el mundo del trabajo en nuestro país. Ellos son los responsables de todo este chantaje y acoso económico, como medida de fuerza para que se aborten los procesos impulsados por la soberanía popular. Desde esta humilde tribuna volvemos a hacer un llamamiento a desoír las amenazas de estos grandes agentes económicos, a enfrentarse a sus designios y a sus imposiciones, y a continuar por la senda de la desobediencia civil y de la movilización popular. Sólo el pueblo catalán tendrá la fuerza suficiente como para imponerse a la voluntad manipuladora y antidemocrática de los poderes económicos y financieros, así como de la tiranía de las empresas, responsables de la crisis, de las injustas medidas que se han tomado para atajarla, y de la tremenda desigualdad, precariedad y exclusión social que han generado en Cataluña y en el resto de España. Hoy, más que nunca, los verdaderos responsables se muestran ante nuestros ojos. Seamos más fuertes que ellos. 

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15 octubre 2017 7 15 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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El imperialismo no es una política de un grupo de políticos, sino que es un sistema económico que significa la dominación mundial del capital financiero. La incapacidad actual de este sistema de generar beneficios por medios relativamente pacíficos significa que esté quien esté al mando del imperialismo estadounidense soporta enormes presiones que le encaminan a la guerra

John Catalinotto

BLOQUE III. SOBRE LA OTAN Y EL ANTIIMPERIALISMO

 

Comenzamos en esta entrega, tal como habíamos avanzado, nuestra exposición sobre ese gran monstruo que es el imperialismo, así como su brazo armado, la OTAN, y sus enormes responsabilidades en el estado actual de los conflictos mundiales. La senda del Pacifismo, lo proclamamos desde ahora mismo, es intrínsecamente antiimperialista, es decir, contraria a todo tipo de imperialismo. Pero vayamos por partes. El gran pensador argentino Atilio Borón define el imperialismo en los siguientes términos: "Es un sistema mundial que, desafortunadamente, cubre todo el planeta. Y ese sistema tiene un centro, una potencia integradora única e irreemplazable: Estados Unidos. Tiene el mayor arsenal de armas de destrucción masiva; controla desde Wall Street la hipertrofiada circulación financiera internacional; decreta la extraterritorialidad de las leyes que sanciona su Congreso e impone sanciones a terceros países que incumplen las leyes estadounidenses; controla a su antojo los flujos de comunicaciones que se procesan a través de Internet y la telefonía a escala mundial; dispone de un fenomenal aparato de propaganda --sin rivales en el mundo-- con epicentro en Hollywood; casi la mitad del presupuesto militar mundial y según sus propios expertos, cuenta con algo más de un millar de bases militares instaladas en los cinco continentes". No obstante, que quede bien claro, nuestra causa es contra el imperialismo, y no contra el pueblo norteamericano. No podemos por tanto caer en un "antiamericanismo" simplón, porque sería tan injusto como equivocado. Nuestro amado líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, insistía siempre en que nuestro problema no es con el pueblo estadounidense, tan oprimido, explotado y embrutecido como los demás (si bien con métodos más sutiles y amparados por una fenomenal maquinaria propagandística) sino con la clase dominante de Estados Unidos y su "plan de dominación mundial", tantas veces denunciado por Noam Chomsky.

 

El imperialismo norteamericano, el que sufrimos en la actualidad, no está muy lejano en sus modos y en sus formas de los que la humanidad sufrió en épocas pasadas. Podemos remontarnos al Imperio Romano, o al gran Imperio Español, bajo cuyos dominios "nunca se ponía el sol", que sometió a aquél continente americano, imponiendo a sangre y fuego, bajo la cruz y la espada, la religión, la lengua y las costumbres a aquéllos pueblos indígenas que encontró allí. Por su parte, en Europa, también podemos destacar a Reino Unido o a Francia como grandes potencias imperiales, cuyos dominios llegan hasta mediados del siglo XX. Porque el imperialismo es actitud y ejecución. El imperialismo es la existencia de un país o una coalición de los mismos (USA cuenta para ello con sus serviles "aliados" occidentales) que se creen con el derecho y la impunidad de gobernar a su antojo el resto de los países y continentes del globo, y de imponer por todos los medios a su alcance su visión excluyente y planetaria de modelos políticos y económicos que definan el gran sistema-mundo en que vivimos. Y continúa Atilio Borón con su explicación: "El imperialismo es un sistema que lo podemos representar con tres círculos concéntricos. En su núcleo fundamental hay un país, Estados Unidos, que es quien ejerce la función dirigente y dominante. Luego hay un segundo anillo formado por los Estados vasallos del capitalismo desarrollado, con quienes Washington mantiene relaciones que en algunos temas puntuales pueden dar origen a tensiones y contradicciones, pero que ante una amenaza sistémica se agrupan rápidamente en torno a los dictados de la Casa Blanca y se convierten en dóciles peones de las más siniestras decisiones que pudieran emanar de Washington (...) El tercer círculo del sistema imperial está constituido por las naciones de la periferia o semi-periferia capitalista, es decir, ese vasto y tumultuoso "Tercer Mundo" formado por las naciones de Asia, África y América Latina y el Caribe, que es preciso (...) mantener bajo control". 

 

Bien, pues la pieza clave de todo este entramado imperialista, su brazo armado y ejecutor, su joya de la corona, es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, NATO, por sus siglas en inglés). Históricamente surge en 1949 como un bloque militar enfrentado durante la Guerra Fría al Pacto de Varsovia, para delimitar perfectamente el bloque oriental (soviético y aliados) y el bloque occidental (USA y aliados), pero dejó de tener sentido con la caía del Muro de Berlín (1989), pues ya no existían dos grandes bloques militares que conciliaran los intereses bélicos, estratégicos y geopolíticos del mundo. No obstante, lejos de desaparecer, la OTAN durante los últimos años ha incrementado su presupuesto, y ha crecido a costa de incorporar algunos ex países de la órbita soviética, como los países bálticos, a su lista de miembros, para así hostigar y cercar al gran gigante ruso, su gran enemigo histórico, y concentrar también su hegemonía en todo el continente euroasiático. ¿Y qué papel desempeña nuestro Viejo Continente en esta ofensiva imperial? Pues la triste realidad es que Europa ha sido siempre fiel seguidora y alumna aventajada del imperialismo norteamericano. En realidad, si nos remontamos a sus orígenes, nos daremos cuenta de que la construcción europea ha sido siempre un proyecto "Made in USA". Porque Estados Unidos siempre ha tenido como finalidad esencial someter a Europa occidental, "formidable reserva de personas y mercados" (en opinión de Bruno Guigue recogida en este artículo), a la hegemonía estadounidense. Los gobernantes europeos han tomado siempre a Estados Unidos como modelo, como si ambos continentes tuvieran historias comparables. Pero el modelo estadounidense no es exportable a Europa. Su conformación obedece a motivos históricos muy diferentes, y si existe la nación estadounidense, es porque desde su origen es una proyección de Europa hacia su propio occidente que se desplegó desde un núcleo inicial hacia una periferia que fue tierra conquistada. 

 

En palabras de Bruno Guigue: "Tierra sin más historia que la futura, América ofreció la virginidad de sus fértiles llanuras a la ardua labor de los pioneros. Es mucho más fácil para una comunidad humana forjar su unidad en una geografía sin historia que en una geografía llena, en un espacio virgen que en un lugar ya saturado de sentidos. Mediante la cínica destrucción de las sociedades indias, la nación estadounidense aprovechó la oportunidad". Por tanto, la posible comparación histórica entre Estados Unidos y Europa no tiene ningún sentido. El terreno de la construcción europea está lleno de historia, mientras que el de la nación estadounidense surgió del exterminio de las culturas anteriores. La memoria europea está llena, mientras que la de Estados Unidos busca desesperadamente llenarse, según Guigue. Ambos modelos, por tanto, no tienen nada en común. Y en palabras de Guadi Calvo tomadas de este artículo para el medio Rebelion: "La Europa "libre" aliada de los Estados Unidos hasta la humillación, siguió las órdenes económicas, políticas y militares de Washington siempre y sin demasiados sobresaltos. Incluso pudiendo manejar la crisis provocada por la caída del bloque soviético y todas sus consecuencias, como la absorción de muchos países que habían sido aliados de Moscú y miembros del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua (Pacto de Varsovia), la versión socialista de la OTAN, firmado en la capital polaca en 1955". Europa permitió la desintegración de la antigua Yugoslavia, lo que costó un alto precio en cientos de miles de muertos, y permitió sin rechistar las masacres de los años '90 en Somalia, Timor Oriental, Irak o Afganistán, por citar algunas. Europa lleva décadas convirtiéndose en cómplice de cada una de las matanzas instigadas por Washington contra innumerables pueblos que no se han sometido a sus designios, o bien cuyos recursos naturales había que saquear para mayor gloria del imperio. 

 

La última gran barbarie europea con la complicidad estadounidense han sido las denominadas "Primaveras Árabes", desplegadas desde 2011, provocando igualmente un incontable número de víctimas y desplazados forzosos, que llega hasta nuestros días. Los casos más sangrantes han sido Libia y Siria, cuya guerra aún continúa. Y por su parte, en Ucrania, también nuestra Unión Europea fue fiel aliado de los planes estadounidenses para desligar al ex país soviético de la órbita de influencia de Moscú, y acercarlo a la órbita europea por la fuerza, armando a toda una serie de bandas neonazis e instigando la proclamación de un gobierno proeuropeo títere de los intereses norteamericanos. Hoy día los países europeos, incluido España, siguen aferrados a la persistencia de seguir a pies juntillas las políticas estadounidenses, políticas de agresión imperialista que sólo conducen a la destrucción y a la barbarie. Jamás tuvo la Unión Europea desde que existe como tal una política común de seguridad y de defensa independiente del gigante norteamericano, lo cual le hace cómplice de su barbarie, y explica muchos fenómenos que nos afectan, como la ola de terrorismo en muchas ciudades europeas. Por su parte, las crisis de refugiados que se están viviendo en suelo europeo también son causadas por las propias políticas belicistas de Estados Unidos y sus socios de la OTAN. Como concluye Guadi Calvo: "Europa está siendo víctima de sus propias aberraciones históricas y sus dirigentes de las trágicas consecuencias que su desguace puedan producir". El imperialismo del gran gigante del norte es el último responsable de todas estas matanzas, de todos estos conflictos, de todas estas consecuencias. Sus guerras por todo el planeta son las responsables de generar oleadas de devastación, de odio y de barbarie que luego repercuten, más pronto que tarde, en subsiguientes conflictos, derivados la mayoría de ellos de Estados fallidos posteriores a la devastación. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 octubre 2017 4 12 /10 /octubre /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (59)

El mundo, la política, las democracias y las finanzas están dominados por una hidra mundial compuesta por 28 grandes bancos internacionales cuyas políticas fijan el curso no sólo de las finanzas sino, también, de las democracias parlamentarias

François Morin

En la recta final de este segundo bloque temático de la serie, donde hemos expuesto la estructura básica de la desigualdad, y hemos repasado todos los pilares donde se asienta (algunos de ellos los desarrollaremos más a fondo en su propio bloque temático), vamos a ocuparnos (no podíamos dejarlo en el tintero) del caso emblemático de la banca privada. Lo aplicaremos fundamentalmente a nuestro país, pero podemos extrapolarlo a cualquier lugar del mundo, pues la esencia de la banca es la misma en todos sitios. Para comenzar con algunos datos, los tomamos de este artículo de Enric Llopis para el medio Rebelion, donde titula que la banca española ganó más de 6.600 millones de euros en el primer semestre de 2016 mientras avanza en los recortes de plantilla. Un centenar de banqueros españoles ganan una media de 2,3 millones de euros anuales, en un país donde la precariedad laboral está a la orden del día, y la figura del trabajador pobre es cada vez más frecuente. Pero los hay que cobran más. En 2015, los ingresos de la Presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, fueron de 7,4 millones de euros, a los que se agregó una aportación al plan de pensiones por valor de 2,3 millones de euros, de manera que la cifra total (9,7 millones) supuso un aumento del 10% respecto a lo percibido en 2014. Y hay más cifras interesantes: por ejemplo, entre sueldo y acciones, los miembros del Consejo de Administración del Santander se repartieron en 2015 un total de 29,7 millones de euros, un 11% más que el año anterior. Concretamente, y según un informe de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) hecho público en marzo de 2016, el Estado Español es el quinto país en el ratio de banqueros europeos con sueldos millonarios, tras Reino Unido, Alemania, Francia e Italia. Una situación obscena que se extrapola, como dijimos más arriba, a la banca europea, y en general a la banca privada mundial. 

 

Pero contemplemos también la otra cara de la moneda. Algunos autores han estimado en 4.400 los despidos anunciados en el sector durante 2016. Las sucursales cerradas de los grandes bancos se cuentan por centenares, a lo que se agregan las reducciones de plantilla, que se cuentan por miles de empleados en cada entidad bancaria de cierto peso. Con la excusa de la informatización de los procesos, actividades y tareas que los clientes pueden solicitar a las entidades, dejan cada vez menos personal atendiendo físicamente a los clientes. El Banco de España informó que en el inicio de la crisis (2008), el número de trabajadores en la banca española ascendía a casi 280.000, año a partir del cual comienza una curva descendente que llega en 2015 a alcanzar la cifra de algo más de 200.000 empleados/as. Por tanto, más de 75.000 personas dejaron de trabajar para la banca durante dicho período. Y mientras la cifra de sucursales era en 2008 superior a las 46.000 por toda España, el número se fue reduciendo hasta las algo más de 30.000 en 2015. Ramón G. Cepas advierte de que sólo en 2013 se clausuraron casi 4.500 oficinas bancarias, sobre todo por el fuerte ajuste que impuso Bruselas a Bankia tras el multimillonario rescate. ¿No vemos aquí todavía más claramente la arquitectura de la desigualdad? Menos riqueza repartida (menos sucursales, menos empleados), más riqueza concentrada (sueldos y complementos de los altos directivos). Y de nuevo, lo uno no puede darse sin lo otro. Volvemos al mensaje principal, en el que venimos insistiendo desde el primer artículo de la serie. Para que exista más riqueza concentrada en pocas manos, ha de ser reducida la riqueza compartida por muchos. Es la perversa ecuación que nos instala la arquitectura de la desigualdad. 

 

Pero siendo bien pensados, podríamos imaginar que los bancos se gastaran este dinero en obras para el bien común...Más que bien pensados, seríamos unos ingenuos integrales, porque la banca representa a nivel mundial el más execrable negocio que existe. Lo normal es que la banca no sólo abuse de sus clientes mediante infinidad de malas prácticas, sino que además está involucrada en actividades absolutamente indecentes. Veamos un botón como muestra: en este artículo del sitio web de Antimilitaristas, se denuncian las malas prácticas del BBVA: según esta organización, esta entidad bancaria posee el triste privilegio de ser el banco español que lidera las inversiones en la industria armamentística, destinando más de 3.000 millones de euros a financiar a empresas que producen diferentes tipos de armas que luego son exportadas por nuestros indecentes gobiernos, y utilizadas en diferentes guerras y conflictos armados por todo el mundo, provocando la muerte y el desplazamiento forzoso de millones de personas por diversos países. Por otra parte, este banco continúa financiando macroproyectos de un gran impacto social y medioambiental por todo el planeta, entre los que podemos destacar el oleoducto Dakota Access (reactivado por Donald Trump recientemente), o el Gaseoducto del sur de Perú (en Camisea). Además, ha aumentado su participación en la financiación del embalse de Illisu (Kurdistán) a un 25%. Asímismo, y a pesar de haber anunciado públicamente su paralización, esta entidad financiera continúa ejecutando cada año centenares de desahucios que afectan a los sectores de población más dañados por la crisis económica. Según datos que aparecen en el artículo de referencia, desde marzo de 2016 hasta febrero de 2017 la movilización popular ha conseguido suspender 114 ejecuciones hipotecarias, y paralizar otras 13, de las muchas que ordenó el BBVA. 

 

Además de todo lo anterior, hay que señalar también el papel del BBVA favoreciendo el fraude fiscal de las grandes fortunas, ejerciendo de intermediario para la creación de sociedades offshore en diversos paraísos fiscales (como dejaron acreditado los llamados "Papeles de Panamá"), a la vez que aplica condiciones abusivas en los préstamos hipotecarios y en otros productos bancarios (tal y como han demostrado las variadas sentencias judiciales que obligan a devolver el importe de las denominadas "cláusulas suelo"). Durante toda esta última década de crisis, el BBVA sigue anunciando beneficios (un 31,5% en 2016, esto es, 3.475 millones de euros), y su directiva embolsándose sueldos estratosféricos. Por ejemplo, su Presidente, Francisco González, ganó 13.424 euros cada día del año 2016, mucho más de lo que cobran muchos/as ciudadanos/as durante un año. Asímismo, el BBVA expresa un gran nivel de hipocresía cuando impulsa fundaciones, premios, cátedras, cursos, jornadas, etc., para proyectar una imagen diferente a la que en realidad responde. Por su parte, en esta entrevista de Enric Llopis a Toni Tortosa, Delegado Sindical de CGT-País Valenciano del BBVA para el medio Rebelion, éste afirma que dicha entidad ha impuesto el acoso diario y el miedo al despido. Se practica todo un goteo de despidos, mientras sus directivos perciben sueldos indecentes. Se difunde masivamente, según Tortosa, el argumento de que la empresa no está obteniendo los resultados que espera, para extender sobre sus empleados/as (más de 27.000 en toda España) el miedo generalizado de no continuar en su puesto de trabajo si no se cumplen los objetivos. Por ejemplo, se presiona a los/as trabajadores/as para que comercialicen productos de muy difícil venta en la situación actual de crisis y desconfianza. En el BBVA se ha impuesto la costumbre de publicar ratios (escalas internas) ordenados del primer al último empleado por tipo de producto, con la idea de infundir miedo a aquéllas personas situadas en los últimos lugares. 

 

El clásico Departamento de Personal ya no se llama siquiera de "Recursos Humanos" (como normalmente ocurre en la mayoría de las empresas, aunque esta denominacióin ya sea insultante), sino de "Talento y Cultura", para inculcar que se trataba de ayudar a la motivación y recuperación del talento. Bajo la falaz idea de identificar a las personas que no aportaban lo suficiente a la empresa para ayudarles a salir de esa situación, a mejorar, a que vendieran más y estuvieran más a gusto en el banco, lo que en realidad ocurre es que se utiliza en sentido contrario, es decir, como una advertencia de que si no vende, o no acepta los traslados que se le ofrecen, o no asiste a las reuniones fuera del horario laboral, se le puede incluir en una amenazante lista negra, que implica que su puesto de trabajo corre peligro. Todo un ambiente de terrorismo empresarial interno. El BBVA, por otra parte, también "compró simbólicamente" algunas entidades quebradas. Por ejemplo, en marzo de 2012 adquirió la UNNIM (cuyo origen eran Caixa Manlleu, Caixa Sabadell y Caixa Terrasa), por el precio de un euro, y a continuación se aplicó un ERE para 619 personas. O más recientemente, en abril de 2015, BBVA adquirió Catalunya Banc, donde también se aplicó un ERE. A finales de 2016 la entidad financiera anunció el cierre de 132 oficinas en febrero, sin contar con los sindicatos. Otra mala práctica de estos gigantes empresariales es externalizar cierto tipo de actividades a terceras empresas también controladas por ellos. Siempre con salarios más bajos, por supuesto. Así, el BBVA ha constituido OP Plus, una empresa a la que se han ido trasladando una serie de servicios administrativos que antes se realizaban en las oficinas, tales como formalización de pólizas, cotejo de documentos, etc. Dejo a los comentarios de mis lectores/as la rápida radiografía que hemos establecido, y continuaremos en siguientes entregas.

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11 octubre 2017 3 11 /10 /octubre /2017 23:00

Vídeo: Rechazo a la OMC en Buenos Aires (Argentina)

Está claro que los actuales TLC constituyen herramientas para negar toda sociedad, instrumentos no  para crear empleo, estimular las inversiones o apoyar los servicios públicos (no digamos ya para combatir la pobreza o la desigualdad), sino para garantizar los beneficios de las grandes corporaciones. Lo hemos demostrado desde múltiples puntos de vista, incluso exponiendo la dinámica de la propia OMC, y estamos adentrándonos, en esta recta final de la serie de artículos, en la arquitectura de las posibles alternativas. Los TLC promueven sistemas de justicia privada a favor de las multinacionales, pisotean los derechos humanos, ignoran el cambio climático, se aprovechan de la naturaleza y de los animales, explotan los recursos naturales, socavan la democracia, y representan una suerte de constituciones supranacionales, por encima de los Estados. Instalan nuevas normativas que crean precedentes en el derecho internacional, sitúan el beneficio como la norma suprema, golpean en el corazón de la democracia, ignoran la voluntad de los pueblos, y diseñan execrables mecanismos para destrozar todas las bases de la convivencia en aras de la multiplicación de sus ganancias. Es la explicación para entender porqué se negocian en secreto de cara a la ciudadanía, pero con un protagonismo absoluto de los lobbies empresariales. El conjunto de la ciudadanía y sus representantes de la sociedad civil quedan completamente ignorados. Suponen un ejemplo de actuación manipuladora al margen de los mecanismos de participación democrática. Y por si todo ello fuera poco, la guinda del pastel: instalan mecanismos y cláusulas irreversibles. Como hemos afirmado en entregas anteriores, necesitamos un mandato comercial alternativo. 

 

Necesitamos un combate a los TLC desde la perspectiva anticapitalista, ya que detrás de la bandera del "libre comercio" se sitúa el programa de máximos de las clases dominantes que nos explotan y acaban con nuestros derechos humanos, y con todas las garantías hacia sistemas de igualdad, bienestar y justicia social. Las alternativas han de situarse fuera del campo neoliberal, ya que desde él existe una amplia animadversión hacia prácticamente toda normativa o toda intervención estatal, ya que son consideradas como "barreras" al libre comercio. Por eso las posibles alternativas han de situarse tomando el foco en otros valores, en otros objetivos. Y hay que tener en cuenta los objetivos geopolíticos que se encuentran detrás de los actuales TLC, que han sido comparados a una especie de "OTAN económica". Y ya sabemos quién toma el mando y las decisiones en la OTAN militar. Una alternativa seria a los TLC debe estar enfocada, pues, hacia otros objetivos geopolíticos y económicos distintos, dando preferencia a otras integraciones regionales. El control de los recursos naturales también se sitúa en el punto de mira de los TLC, y por ello están permitidas todas las actividades y prácticas extractivas extremadamente agresivas hacia el entorno natural, tales como el fracking. Las alternativas han de ser cuidadosas y respetuosas hacia el medio ambiente, por lo cual todas estas prácticas extractivas han de ser descartadas. Los TLC actuales persiguen instalar un modelo social donde todos los sectores de la vida estén regulados por la actividad privada con afán de lucro. Todo lo que se aleje o no permita tal objetivo es considerado una "barrera", una limitación, un obstáculo o un peligro para el libre comercio. Pero ya estamos viendo que en realidad son una excusa para poder implementar su salvaje modelo neoliberal. 

 

Pero a las grandes empresas transnacionales no les basta con la escandalosa y creciente desigualdad, la contaminación medioambiental, la rebaja en derechos laborales, la privatización de sectores fundamentales de los servicios públicos, el aumento de la corrupción o el deterioro evidente de la democracia. Aún no les basta. Quieren abundar en todo este aberrante camino, y han visto en los TLC las herramientas definitivas para instalar globalmente su inmenso poderío, y además certificar la imposibilidad de revertir esta terrible situación. Por ello son imperiosamente necesarias las alternativas. En este sentido, la coordinación de los diferentes pueblos del mundo, mediante los miles de colectivos del tejido social organizado, ha de ser significativa. Hay que identificar al enemigo global, que se encuentra en un orden socio-económico injusto y aberrante, que trae como consecuencia una insostenible desigualdad. Frente al fin último de los TLC que supone llegar a la absoluta desregulación (laboral, alimentaria, sanitaria, medioambiental, etc.), las alternativas han de regular y poner límites a los mercados, incidiendo en una mayor intervención pública para controlar los desmanes de estos grandes agentes económicos, y garantizar los derechos humanos, de la naturaleza y del resto de especies animales. Frente a la ubicación de los TLC actuales como estrategias de integración supranacional, gobernadas por los grandes organismos internacionales, las alternativas han de estar dirigidas a la integración de los pueblos mediante acuerdos de los propios colectivos que forman la sociedad civil (sindicatos, asociaciones de consumidores, defensores del medio ambiente, activistas, agrupaciones vecinales, asociaciones profesionales y sectoriales, etc.). Y frente a la imposición de los grandes agentes económicos, las alternativas han de estar guiadas por la práctica democrática profunda, garantizando que son los propios pueblos los que dan luz verde, después de los amplios y pertinentes debates, a la implantación de cualquier acuerdo comercial. 

 

Las alternativas a los TLC no tienen por qué implementar mecanismos proteccionistas, aunque sabemos que estarían justificados bajo ciertas circunstancias. Pero no es ese el objetivo. El objetivo, en primer lugar, como nos cuenta Santiago González Vallejo en este artículo para el medio Rebelion, es conseguir, poder alcanzar, un tratado vinculante para las multinacionales. La situación de partida es bien conocida. Estamos en un mundo globalizado (mejor diríamos bajo una desregulada globalización) donde abundan los tratados comerciales, de inversiones, bilaterales y multilaterales, que obligan a los Estados a abrir sus fronteras, a salvaguardar la competencia, a competir por la localización productiva de las empresas, etc. La competitividad desmedida nos lleva a aceptar las grandes aberraciones del capitalismo, tales como la deslocalización, las crisis económicas, la devaluación salarial, la financiarización de la economía, el enorme poderío de los grandes agentes económicos, etc. Y al mismo tiempo, también periódicamente (aunque cada vez con mayor frecuencia) conocemos que en tal o cual país ocurre un vertido contaminante, una persecución sindical, una corrupción galopante, un acoso a los activistas medioambientales (incluso llegando a asesinarlos), etc. ¿Nuestras sociedades, que se dicen "democráticas", pueden permitir todo esto? Es evidente que no. Todos esos gravísimos hechos tienen como protagonistas a las grandes empresas (algunas no tan grandes) transnacionales, porque su poder se acrecienta, y los TLC contribuyen gravemente a ello. Hemos de darnos cuenta, por tanto, que la democracia tiene que prevalecer sobre los intereses empresariales, y hemos de entender y asumir que todos los elementos de las cadenas de valor (desde la obtención de las materias primas, su elaboración, transformación, ensamblaje y montaje hasta el producto final, y su distribución y venta hasta los consumidores de un mercado final) tienen que ser reguladas para favorecer el trabajo decente, la libertad sindical, el respeto a las normas medioambientales, y el justo reparto y redistribución de la riqueza generada, para disminuir la pobreza y la desigualdad. 

 

Sin embargo, sabemos que todo ello es ignorado en el proceso comercial vigente hoy día. Existe un descuido interesado sobre cómo se obtienen los productos, qué impacto posee su masiva extracción, qué desequilibrios naturales genera, qué consecuencias desata para el medio ambiente, cómo se acuerda el precio final del producto, qué intermediarios actúan en dicha cadena, cómo se diseñan los costes de obtención del mismo, tanto directos como derivados o dependientes del contexto social (leyes laborales, protección social, respeto a los derechos de los trabajadores, nivel de formación de los mismos, protección de riesgos laborales, uso de la tecnología, etc.). Sólo tenemos un camino para revertir todo este desaguisado: conseguir un conjunto de normas respetadas por las empresas. Si se consigue la puesta en marcha y la entrada en vigor (objetivo harto complicado pues muchas empresas poseen beneficios más altos que el PIB de algunos Estados) de un tratado internacional vinculante que ligue el respeto a los derechos humanos y los intereses empresariales se habrá dado un paso de gigante. Podrá ser una semilla de esperanza para poder revertir en el futuro todas las indecentes prácticas que las grandes empresas llevan a cabo por todo el mundo. Lógicamente, deberá contar con todas las características de control, investigación y denuncia de las malas prácticas y reparación e indemnización efectivas a las posibles víctimas. Igualmente, el mecanismo que establezca que ha existido una violación de los derechos humanos tiene que poseer capacidad extraterritorial (o supranacional, si queremos) para poder juzgar esas conductas, independientemente del lugar donde hayan ocurrido los hechos denunciados, o de donde se encuentre la sede social de la empresa en cuestión. Hasta ahora, sin embargo, todos los intentos que se han organizado a nivel oficial (en el seno de la ONU) han sido en vano, ya que poseen un carácter voluntario, no vinculante, por lo cual las empresas no están realmente obligadas (ni preocupadas) a cumplirlos. Se mueven únicamente en la órbita suave de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Continuaremos en siguientes entregas.

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