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17 mayo 2020 7 17 /05 /mayo /2020 23:00
Fuente Viñeta: https://havanatimesenespanol.org/

Fuente Viñeta: https://havanatimesenespanol.org/

La crisis ecológica evidencia que ha llegado el punto en que la contradicción entre los recursos existentes y la maquinaria de reproducción industrial parecen haber alcanzado un límite. El capitalismo –para mantener su ciclo vital– necesita destruir capital, vidas, bienes y recursos naturales mediante despojo de tierras y despoblamientos violentos de zonas y amplias regiones, expoliación de recursos y explotación a gran escala de fuerza de trabajo

Ignacio Eulogio Claudio

El decrecimiento debe ser una opción consciente, voluntaria y democrática, no obligada por la escasez o la austeridad; que surja del deseo de reordenar las prioridades: el bienestar, no el crecimiento; la calidad de vida, no el consumo

Serge Latouche

En la entrega anterior, tomando como referencia este artículo del Blog "Usted no se lo cree", habíamos comenzado a explicar los motivos por los cuales, aún con toda la evidencia científica sobre el cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles y el abismo civilizatorio, las personas no reaccionan como sería lógico esperar. Continuaremos con este asunto, pues hay aún algunos puntos que exponer. El propio lenguaje científico nos juega también alguna mala pasada, en el sentido de no estar muy familiarizados con él, y debido a ello, poder realizar malas interpretaciones. Cuando los científicos hablan de "teoría" o "hipótesis", es porque es algo que ha sido verificado en un determinado porcentaje de casos, no de forma caprichosa. Pero los negacionistas aprovechan el uso de este lenguaje para hacer propaganda en su contra. ¿Alguien esperaría a tener una opinión unánime de todos los médicos si dos de ellos le han dicho que posee un 80% de probabilidades de desarrollar un linfoma? Aplicándolo a nuestro caso, por ejemplo, si nos dicen que el punto de no retorno del sistema climático se encuentra en el umbral de los +2 ºC respecto al promedio preindustrial, que lo alcanzaremos antes de 20 años y que, a pesar de llevar a cabo las acciones de mitigación más drásticas imaginables, existe un 25% de probabilidades de que no podamos evitar el colapso...¿qué debemos decidir? ¿Esperar 10 años más a que nos digan que estas incertidumbres han disminuido? Según los negacionistas, deberíamos esperar a que no haya incertidumbre ninguna, es decir, hasta el infinito (el problema es que el colapso nos alcanzará en dicha espera pasiva). Un nuevo motivo de dificultad en la asunción del problema reside en que no tenemos soluciones aparentemente viables al alcance. Entonces, aplicamos el famoso dicho que reza: "Si algo no tiene solución...¿para qué nos vamos a preocupar?". Ello depende también del grado de cambio en nuestras vidas que supongan las soluciones planteadas. En este sentido, también tenemos el famoso dicho que dice así: "Veremos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo". Es decir, nos creemos que nuestro mundo está tan intrincadamente desarrollado en sus parámetros actuales que es imposible cambiarlo. Pero esta es otra impresión equivocada. 

 

En el último artículo decíamos que la visión antropocéntrica conlleva igualmente una visión del tiempo adaptada al ser humano, como si éste lo gobernara todo, y todo girara a su alrededor. En este sentido, el capitalismo lleva sobre la faz de la Tierra un par de siglos, dos siglos y medio como mucho, lo que implica que muchos miles de años antes no existía, es decir, las comunidades humanas poseían otros modos de organización social y económica. Luego por tanto, por muy imbuidos que estemos en el capitalismo, si nos demuestran que este sendero nos conduce al abismo, no debiéramos desesperar ni dar la causa por perdida, sino luchar con todas nuestras fuerzas por erradicar este demencial sistema, e irlo paulatimente sustituyendo por otros modos de organización de la producción y de la vida. La solución por tanto existe, aunque tenga un coste demasiado elevado (¿pero no tendría aún un coste más elevado el no hacer nada?). El problema aquí es luchar contra la enorme presión que los negacionistas establecen, que son los más interesados en que el sistema capitalista actual se mantenga (no hablamos aquí de los negacionistas por ignorancia, ya que la ignorancia puede ser derrotada simplemente poseyendo interés en ello). Las soluciones existen, aunque sea a coste muy elevado: por ejemplo, es técnicamente posible alimentar de electricidad a toda Europa con una combinación de energía fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica ubicada en el desierto del Sáhara. Es posible también hacer lo mismo en Asia ubicando estos sistemas en Arabia Saudí, en los Estados Unidos en el suroeste de este país, etc. El problema es la viabilidad económica, relacionada además con el tiempo disponible, y la viabilidad política. Aunque ciertamente hay otro problema más serio todavía, consistente en cómo disponer de la energía para fabricar y mantener la imponente cantidad de generadores eólicos y solares que serían necesarios para asegurar (sobre todo en invierno) unos niveles de energía neta similares a los actuales. Pero con voluntad política, se podría estudiar dicha posibilidad. Aunque lo cierto es que para emprender proyectos de estas dimensiones tendríamos que disfrutar de un mundo amigo geopolíticamente hablando, lo cual dista mucho de ocurrir. Como podemos apreciar diariamente en los programas informativos, las grandes potencias se pasan el día peleando unas con otras por los más vergonzantes motivos. 

 

Bien, otro alegato contra la implantación (creencia, asunción mayoritaria) de una filosofía y políticas del Buen Vivir ante el abismo civilizatorio que nos amenaza, lo constituye la gran cantidad de aspectos personales que nos tocarían de lleno a cada uno de nosotros, en nuestra intimidad, en nuestras formas de vida, en nuestros planteamientos personales, deseos, aspiraciones, comodidades, etc. Por ejemplo, cuando nos digan que no podemos emplear nuestro coche privado, que solo podemos comer carne una vez a la semana o que deberíamos convertirnos en veganos, cuando se disparen los impuestos a la electricidad, cuando el desempleo se masifique y cronifique, y el Estado no pueda recaudar tantos impuestos como para mantener los subsidios de supervivencia...¿lo aguantaremos, estoicamente, en aras a mantener el clima del futuro? Las previsiones más optimistas consideran que se producirán revueltas populares más o menos violentas, las más pesimistas auguran la implantación de una suerte de "ecofascismo" mundial que desembocará en disturbios, guerras de competencia por los recursos, sistemas violentos y dictatoriales, profundización de las desigualdades, etc. Y entonces, lo más probable sea que no queramos siquiera imaginarnos ese mundo. Pero esconder la cabeza como el avestruz tampoco nos resolverá el problema. Es preciso por ello creerlo, asumirlo y actuar, para poder "colapsar mejor", es decir, conseguir que dichas situaciones que hemos descrito nos afecten lo menos posible. No habrá más remedio que asumir dichas situaciones, y por ello algunos Gobiernos de determinados países están ya implantando determinadas medidas para "suavizar" el colapso a sus respectivas poblaciones, aunque como decimos, este asunto es global, y las posibles medidas de un solo país, incluso de un solo continente, se volverán insuficientes si no son asumidas también por el resto de la comunidad internacional. ¿Cómo promoveremos entonces la solidaridad en unas sociedades tocadas de muerte por el individualismo culturalmente inducido, por unas prácticas y modos de vida imperantes procedentes del capitalismo más descarnado? El asunto es francamente complicado. Pero precisamente por ello debemos actuar, y actuar deprisa y convencidos de lo que hacemos. Actuar intentando difundir dichas acciones, para que cada vez más gente a su vez las asuma y las difunda. No existe otra. 

 

Pero como venimos diciendo, dado que estas respuestas han sido contaminadas con grandes dosis de intoxicación, negacionismo, ocultación y desinformación, bulos y mentiras, lo más extendido es seguir suponiendo, bajo la bandera de la tecnoutopía irracional, que la tecnología y las energías renovables acabarán acudiendo en masa a nuestro socorro, lo cual nos tranquiliza y nos aleja los motivos para la alarma. Estos son los motivos por los que continuamos instalados en la irresponsabilidad. Nuestros modelos mentales y civilizatorios nos pesan demasiado, y simplemente, es mejor relajarnos y no hacer nada, no creernos a los pájaros de mal agüero que nos hablan de colapsos, y continuar nuestros parámetros sociales y económicos tal cual los hemos practicado hasta ahora. Es un mecanismo de defensa psicológica y de preservación de nuestros esquemas mentales, porque luchar contra ellos es una batalla muy dura. Pero como decimos, estos esquemas y modelos mentales nos han sido inducidos. Hoy los consideramos como verdades elementales, pero no lo son. Solo son parte del mundo que nosotros hemos construido, de 250 años para acá. De hecho funcionamos con ellos como si fueran axiomas que no necesitaran demostración, cuando lo fácil es precisamente demostrar que no son ciertos. Por ejemplo, creemos que para que la sociedad funcione es necesario el crecimiento económico, que este crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo de las sociedades y para mejorar las menos desarrolladas, y que el progreso, a pesar de algunas oscilaciones, se produce de forma continua, siempre a mejor. Es justo lo que nos han enseñado en la escuela, desde pequeños, y lo que hemos visto en nuestro mundo "real". Jamás nos pusimos a pensar, a cuestionar estos "dogmas" de nuestro mundo, porque nos parecían tan evidentes que cualquier cuestionamiento de los mismos era algo absurdo. Pero en esta serie de artículos estamos proporcionando otros puntos de vista para intentar demostrar que esto no es así. Ni las sociedades han ido siempre a mejor, ni el crecimiento económico de los países ricos revierte como una de sus consecuencias en la inmensa mayoría de las personas que viven en sociedades menos opulentas. Ni el "progreso" es el progreso, ni la "riqueza" es riqueza, ni el "bienestar" es tal, sino que son todas ellas construcciones mentales que el capitalismo nos ha imbuido. 

 

Otro modelo mental relacionado con los anteriores es creer que dicho crecimiento económico puede (y debe) continuar indefinidamente, que lo bueno es crecer, que lo malo es estancarse, y que se puede continuar así ad infinitum. Pero también estamos demostrando aquí que el crecimiento ilimitado es una falacia, es insostenible, nos conduce a la destrucción, y solo cabría hablar de sostenibilidad en caso de una redefinición de todos estos términos de los que la cultura capitalista se ha apropiado, algo que no parece estar en la mente de las mayorías sociales, ni de nuestros dirigentes políticos. Muchos intereses creados nos lo impiden. Pero los mecanismos biofísicos que rigen la dinámica de los ecosistemas son certezas matemáticas, y al igual que se hundió el Titanic por mucho que sus tripulantes y pasajeros no lo estuvieran asumiendo, lo mismo nos puede ocurrir a nosotros. Podemos seguir escuchando música para distraernos mientras el colapso nos lleva por delante, podemos seguir con nuestras distinciones sobre clases sociales, estamentos y status quo, pero el colapso vendrá de todos modos, pero podemos ir construyendo más botes salvavidas, podemos ir variando el rumbo de nuestra economía, podemos ir funcionando con otros esquemas mentales, podemos asumir otros valores y conceptos, podemos ir practicando otras formas de vivir, producir y consumir, y con todo ello, al final, es posible que nuestro choque con el gran iceberg civilizatorio no resulte tan caótico. De eso precisamente trata esta serie de artículos, de intentar poner los cimientos para una nueva filosofía y una nueva política, ambas enfocadas al Buen Vivir, es decir, al Vivir armoniosamente, con respeto, con frugalidad, con reparto, con tranquilidad, con lentitud, con sosiego, con cooperación, para poder alcanzar un puerto más seguro cuando el planeta en su conjunto alcance su punto álgido en el caos climático que ya estamos comenzando a experimentar. Ello nos implicará, ya lo venimos exponiendo, la remoción de muchos de los cimientos de nuestra cultura, de nuestros valores, de nuestras actitudes, pero será la única forma de sobrevivir al abismo sistémico que nosotros mismos hemos provocado. No es tarde para implementar todas estas políticas, para asumir todas las nuevas prácticas, valores y actitudes, nos cueste lo que nos cueste, porque de lo contrario, simplemente, dejaremos de existir como humanidad. El planeta continuará su recorrido, pero sin nosotros. ¿Quién necesita más a quién? Continuaremos en siguientes entregas.

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14 mayo 2020 4 14 /05 /mayo /2020 23:00

Una persona es anciana cuando se cree que lo sabe todo, o cuando ya no quiere aprender más

Laura Mintegi

28.- LA EDUCACIÓN ES SINÓNIMO DE ESCUELA. O si preferimos, los libros de texto no cuestionan la institución misma de la escuela, del colegio, del instituto. En general los libros de texto no hacen un análisis de la escuela y de su historia, de la relación de ésta con el poder, con las clases sociales y con el territorio. La escuela no es un contenido relevante en la escuela. Por lo común, el escaso discurso social sobre la educación se reduce a la reflexión sobre la escuela u otras instituciones académicas. Es la escuela quien educa a los menores. De este modo se ignoran o desprecian otras formas de transmisión de saberes, se eliminan otros espacios de aprendizaje como la familia, la comunidad, el trabajo o la naturaleza. No se tienen en cuenta las formas de educar de las culturas sostenibles. En los textos se presenta la educación escolar como un camino hacia el progreso, como un instrumento liberador, igualador, optimizador y aséptico. Educación es progreso, mientras que sostenibilidad es atraso. Pero curiosamente, los libros de texto omiten la distinción educación pública-privada y también la distinción educación confesional y aconfesional, ocultando que la organización y los conocimientos que se imparten están configurados desde grupos de poder. La educación está asociada a un espacio específico, las escuelas. Esta reclusión espacial impide conocer y valorar el territorio y aprender a sobrevivir y vivir bien en él, aprendizaje necesario para un comportamiento sostenible. Se encuentran casos –pocos- de algún libro que muestra una escuela tibiamente participativa y abierta, dentro del marco de la educación para la ciudadanía que las leyes educativas promueven. Como era de esperar no existen referencias a la educación para la contestación o para la transformación social. En el sistema escolar los esfuerzos y los logros educativos se conciben como un asunto individual, sin dar relevancia a los procesos de aprendizaje grupales o colectivos, como muestra el sistema de calificaciones o el mismo uso normalmente homogéneo e individual de los libros de texto. Para los alumnos y alumnas de cursos más avanzados, sería interesante discutir con ellos/as sobre los diferentes modelos de escuela que se han ido practicando durante los últimos siglos. La realidad que muestran los textos es fragmentaria. Cada disciplina (asignatura) enseña una supuesta parte de la realidad desvinculada del resto. Esta parcelación de los saberes no hace fácil reconocer las relaciones causa-efecto entre nuestras actuaciones y sus consecuencias. La ausencia de una mirada sistémica del mundo impide desarrollar una verdadera educación para la sostenibilidad. 

 

29.- LA NATURALEZA RESIDUAL Y PARCELADA. Como venimos contando, los libros de texto no presentan al alumnado una visión holística del mundo y de la naturaleza (visión de conjunto), sino que exponen visiones parciales, recortadas e independientes. La presencia de la naturaleza en los libros de texto de diferentes materias se concentra en las asignaturas de conocimiento del medio o ciencias naturales. La visión que aparece en ellos es "científica", mecanicista y supuestamente aséptica. Sin embargo en las referencias a la naturaleza que se cuelan de modos más indirectos observamos otros significados sutiles y no tan sutiles que se desvían de esa mirada aparentemente neutral y científica. Cómo se percibe la naturaleza es un aprendizaje central para la sostenibilidad. Conviene tener en cuenta que una parte importante de la población mundial (ya más de la mitad) no vive en contacto directo con espacios naturales ni observa de forma directa los ecosistemas, pues vive en medios urbanos profundamente artificiales. Por lo tanto no existen imágenes ni conciencia clara del alcance de su deterioro. Los libros de texto son un reflejo de esta visión, que sitúa a los seres humanos como una especie que, a diferencia de todas las demás, puede manipular e incluso vivir por encima de los procesos de la naturaleza. Sin embargo, los humanos somos una parte más de la naturaleza y por cierto, profundamente dependientes de ésta, por lo que si queremos mantener viva nuestra especie es imprescindible volver a pensar en los procesos naturales y hacerlos visibles. Todo ello se plasma en diferentes manifestaciones. Por ejemplo, la mayoría de los libros de texto ignoran los procesos de impacto en la naturaleza que la historia de la humanidad ha tenido: "…El proceso de industrialización… tuvo grandes repercusiones sociales y culturales", nos dice el libro de Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Ed. Oxford. Los estereotipos sobre la naturaleza que reflejan los libros de texto son variados y se corresponden a los que encontramos en la sociedad. El primero de ellos es el de la naturaleza como fuente de recursos y fábrica al servicio de los humanos. Las referencias no problematizadas a la sobreexplotación de tierras o subsuelos o a las producciones contaminantes son prueba de ello. Existen mínimas referencias a la biodiversidad y a su importancia intrínseca para la sostenibilidad, y cuando se cita siempre es en función de las necesidades humanas. 

 

Otro de los estereotipos concibe la naturaleza como aquello que no está civilizado, que no está culturizado. Naturaleza es un concepto contrario y jerárquicamente inferior a cultura. Y entonces, como inferior, podrá ser sometida. Por ejemplo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Editex afirma que “Un índice del grado de civilización alcanzado por un grupo humano nos lo da la comprensión que tiene de la naturaleza, del lugar que ocupa en ella y de su posibilidad de modificarla”. Se coloca la categoría naturaleza junto con la de instinto, o la de romanticismo y en oposición a realismo y progreso. Un tercer estereotipo es el de “naturaleza indómita”, fuerza amenazante y molesta a la que hay que vencer o someter. Las referencias más frecuentes a la naturaleza hablan de ella como fuente de sufrimiento y de catástrofes, aunque inevitables, dado que responde a unas leyes. También encontramos representaciones cercanas al estereotipo de la naturaleza como espacio verde o reducto idílico que ha de protegerse y aislarse del impacto humano. Esta interpretación reduce la naturaleza al territorio que comprende los espacios protegidos. Esta consideración excluye al resto de espacios, también naturales, pero profundamente deteriorados, ignorando el porcentaje que representan unos y otros sobre el territorio total. Por ejemplo, hablando sobre los parques nacionales: “Estos lugares están poco transformados por la acción humana y los gobiernos los preservan porque sus especies animales o vegetales, o bien sus formas del relieve, tienen un interés científico, educativo o recreativo” (Obsérvese que en esta cita, además, se centra el valor de los espacios protegidos en función de su utilidad para los seres humanos) p.124 Conocimiento del Medio 6º de Primaria Edelvives. Tampoco se pone de manifiesto el papel que la especie humana tiene como parte del sistema, ni el intercambio con el medio ambiente, como necesidad de los seres vivos. Asimismo, no se entra a considerar que el intercambio, en muchas ocasiones, se convierte en explotación por parte de los humanos.

 

Por otra parte, la vida como sistema pierde peso frente a los artefactos mecánicos. Los ciclos de materiales ocupan un papel poco preponderante o inexistente. Cuando aparecen lo hacen de manera fragmentada y como procesos aislados, de manera que no se pone de manifiesto que para la sostenibilidad es clave el seguimiento y la resolución del ciclo completo. La naturaleza se trata por un lado como un todo homogéneo y simplificado, sin atender a su enorme diversidad y por otro como una realidad fragmentaria, enlazada mecánicamente por algunos ciclos que la ciencia explica. En todo caso la naturaleza es “lo otro”, lo no humano, ya sea un recurso para la producción, un espacio verde y estético a veces e incontrolado e incómodo otras, o lo que existe –aún- al margen de la cultura. En los libros de texto el paradigma sistémico apenas existe para abordar la naturaleza y la vida. Aparece una escasa mención a la interrelación de los distintos aspectos de la vida como sistema, de modo que no se pone de manifiesto la complejidad de los sistemas vivos. Los problemas ambientales y la sostenibilidad sólo pueden ser abordados reconociendo la complejidad y la densa red de interdependencias y relaciones que constituyen la esencia del mundo vivo. Si no entendemos que la naturaleza es una inmensa red de la que formamos parte, un destino y probablemente una maestra, difícilmente escaparemos al desastre ecológico. Esto es precisamente lo que deberían enseñar los libros de texto y el profesorado a los estudiantes. 

 

30.- EL ECOLOGISMO. El deterioro medioambiental y la preocupación por su protección es un tema en cierta medida presente en los medios de comunicación y en la cultura cotidiana. En su versión políticamente correcta ha saltado a algunos libros de texto. Pero de forma mayoritaria se trata de una forma infantil y reduccionista. Por ejemplo, el libro de Matemáticas de 6º de Primaria Ed. SM plantea: “Begoña y Andrés observan las tareas de un grupo de voluntarios para liberar a la ballena que ha quedado atrapada en la playa” (¿?). “La acción contaminante del hombre ha ido creciendo de modo arrollador…” Cita la lluvia ácida, los incendios forestales, la desaparición de los bosques tropicales, la contaminación fluvial, la contaminación urbana, producción de basuras, residuos nucleares, el efecto invernadero, desertificación, agujero de la capa de ozono. “Todas estas circunstancias han supuesto el aumento de la sensibilidad ecológica”. “El problema afecta a todo el planeta”. Cita la distintas cumbres de Río de Janeiro y Nueva York. p.304 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Edelvives. Sin embargo las alusiones a este tipo de problemas suelen quedarse en meras citas aisladas, acríticas y desconectadas de sus causas profundas. No existe un análisis lo suficientemente profundo y responsable como para sembrar en la mente de nuestros estudiantes la importancia del destrozo ecosistémico que provocamos, y sus terribles consecuencias. “Los vertidos de petróleo son malos para el medioambiente porque matan a las aves y a los peces”. p.36 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan (No se comenta nada más en el libro del tema). “El clima mundial cambiará en los próximos 50 años”. p.27 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan. Sin más comentarios. La misma simplicidad con la que se abordan –en caso de hacerse- los problemas ecológicos, se usa para presentar soluciones, normalmente individuales, de escaso alcance o proyección política o económica y con nulo planteamiento sistémico. “El colegio de Ramón ha participado en la campaña de recogida de pilas usadas que organizó el Ayuntamiento. La campaña fue un éxito”. p.8 Matemáticas 6º de Primaria SM. “Ayudaría al medio ambiente si recicláramos”. p.34 Inglés 1º de Bachillerato MacMillan. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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12 mayo 2020 2 12 /05 /mayo /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (I)

Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron

Juan Goytisolo

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos, que como su nombre indica, tratará de exponer el falso relato que sobre el supuesto "Descubrimiento" del continente americano realizaron nuestros conquistadores españoles. Nos proponemos desmontar dicho relato dominante desde hace siglos en nuestro imaginario popular, para situarlo en sus justos términos. No es la primera vez que en nuestro Blog abordamos este asunto. Que yo recuerde, en al menos dos ocasiones anteriores lo hemos hecho: este artículo denunciaba el anacronismo y la manipulación en torno a la celebración del 12 de Octubre, mientras que este otro artículo se posicionaba a favor de que nuestro país pidiese perdón a América Latina, después de cierta polémica que hubo tras unas declaraciones del actual Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador. Además de en estas dos ocasiones concretas, hemos abordado el asunto de pasada en otros muchos artículos, pero esta vez lo abordaremos de forma integral, intentando exponer las falacias del relato dominante, y la veracidad de los hechos ocurridos. A través de diversas fuentes y diferentes autores, iremos dando cuerpo al verdadero relato, para intentar acabar de una vez por todas con esa imagen procedente del imperialismo rancio que aún habita en nuestras mentes, debido, evidentemente, a la educación que hemos sufrido en este asunto. Nuestro objetivo se verá cumplido cuando, esperemos que en un tiempo no muy lejano, nuestros escolares dejen de estudiar las "hazañas épicas" de nuestros conquistadores del Imperio "donde nunca se ponía el sol", y cuenten los hechos bajo el prisma de la justicia y de la realidad objetiva. Existe un chiste gráfico popularizado dentro de la Campaña Continental "500 Años de Resistencia Indígena y Popular" bastante ilustrativo, en el que un indígena risueño traducía a su pueblo las palabras de un Cristóbal Colón recién llegado a su territorio de la siguiente forma: "...dice que se llama Colón y que viene a descubrirnos". Como puede verse, pone de relieve toda la idiotez del relato dominante. Porque en efecto, si nos paramos a pensarlo, primero causa mucha risa, y luego mucha pena. Debemos preguntarnos, en primer lugar, qué fue lo que encontraron los "descubridores" españoles a su llegada a aquellas tierras.

 

Tomemos para ello las palabras de François Houtart, quien en su artículo "El concepto de Sumak Kawsay (Buen Vivir) y su correspondencia con el Bien Común de la Humanidad", nos cuenta lo siguiente: "En la época pre-colonial, eran pueblos autónomos los que vivían en el Continente, con sus cosmovisiones, sus saberes, sus representaciones, su racionalidad; todos en correspondencia con su situación material y su modo de relacionarse con la naturaleza. "Desde tiempos inmemoriales --dice el mismo David Choquehuanca--, acostumbramos a hablar con nuestras aguas y respetarlas, con nuestro sol y nuestra luna, con los vientos, los puntos cardinales y todos los animales y plantas de nuestras tierras que nos acompañan" (D. Choquehuanca, 2010). Los ritos, los cultos, correspondían a la necesidad de actuar simbólicamente en una realidad difícilmente controlable y eran muy racionales. Se inscribían dentro de un pensamiento que podemos llamar simbólico (que identifica el símbolo con la realidad). La función social de éste último consistía por una parte, en expresar el carácter holístico del mundo y así crear una fuerte convicción de la necesaria armonía entre la naturaleza y los seres humanos, y por otra parte, en manifestar la fuerza de las representaciones y los ritos de la acción humana en su entorno natural y social. Los pueblos eran diferentes entre sí, con expresiones también variadas, pero con la misma cosmovisión fundamental. La colonización destruyó las bases materiales de estas sociedades y luchó contra sus culturas y visiones del mundo, sobre todo con argumentos y símbolos religiosos. Se trató de un genocidio combinado con un etnocidio. Dice Rodolfo Pocop Coroxon, de la CONIC (Coordinadora Nacional Indígena y Campesina) de Guatemala, a propósito de los Mayas en la época pre-colonial: "Lo que los españoles encontraron aquí fue un profundo respeto y reconocimiento del espacio, del universo, y del ser humano; todos éramos un mismo elemento: la vida" (2008). Es finalmente el discurso colonial el que ha creado la categoría socio-cultural "indígena" (José Sánchez Parga, 2009) como expresión de una relación desigual entre un colonizador superior y unos colonizados despreciados. Durante siglos, las visiones del mundo de los pueblos conquistados se transmitieron en la clandestinidad, por la vía de la tradición oral. Las mismas relaciones sociales establecidas por el colonialismo entre indígenas, blancos y mestizos, se reprodujeron después de las independencias, la autonomía siendo exclusivamente definida en referencia al poder metropolitano, dejando en el poder a las clases descendientes de los colonos". 

 

Y continúa: "Con el tiempo se produjeron cambios lingüísticos. Según José Sánchez Parga, el 30% de la población indígena del Ecuador ya no habla la lengua nativa (2009), como fruto de migraciones internas y de la urbanización. Sin embargo, la ola de emancipación indígena que arrastró a muchos de los pueblos orginarios de América Latina a una nueva dinámica y que, en algunos países, se tradujo incluso en cambios constitucionales, llevó a los movimientos indígenas a retomar sus referencias tradicionales. Algunas de éstas habían atravesado el tiempo, como la "pachamama"; otras, recibieron nuevas funciones políticas como el "Sumak Kawsay" (Ecuador) o el "Suma Qamaña" (Bolivia). Esto comprueba la dinámica de la cultura indígena de que los pueblos no se dejan transformar en objeto de museo, y que, como escribe Eduardo Gudynas (2011), entran en un proceso de "descolonización del saber". Con mucha razón Rodolfo Pocop Coroxon proclama: "Los pueblos de Abya Yala (América) no somos mitos, ni tampoco leyendas, somos una civilización y somos naciones" (2008)". Por su parte, Atawallpa Oviedo, en su artículo "El Buen Vivir postmoderno y el Sumak Kawsay ancestral" (2011), texto incluido en su libro "Qué es el Sumak Kawsay. Más allá del socialismo y el capitalismo" (Sumak Ediciones, Quito, págs. 174-205), afirma lo siguiente, citando a Josef Estermann: "Cuando llegaron los invasores españoles a Amaruka, contaron a sus reyes sus versiones de lo que ellos creían haber visto de los pueblos ancestrales. Las versiones eran tan disímiles, en algunos casos, que se acusaban mutuamente de mentirosos o de fantasiosos. Así, por ejemplo, los curas Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas, cuando fueron invitados a dar clases en la Universidad de Salamanca, mutuamente se acusaban de fabuladores. Ginés de Sepúlveda en su célebre libro "Tratado sobre las justas causas de la guerra contra los indios", se dio el lujo de escribir toda una serie de justificaciones y razones para perseguirlos y matarlos, después de "haber descubierto a un indio salvaje, sin ley ni régimen político, errante por la selva y más próximo a las bestias y a los monos que a los hombres". Esto dio pie para que Bartolomé de las Casas le acusara de escribir "inmensas mentiras", en su obra "Brevísima relación de la destrucción de las Indias"

 

Y concluye: "Y ese ha sido el proceso repetitivo en estos 500 años y lo sigue siendo actualmente, aunque más sutilmente. En el fondo no ha habido ningún cambio entre los antiguos colonizadores y extirpadores de idolatrías y los modernos políticos y teóricos de hoy. Los antropólogos, historiadores, economistas de la "sociedad civilizada, moderna y desarrollada" siguen interpretando y contando la cultura de Amaruka desde sus antojos ideológicos y sus visiones egocéntricas. "Desde las palabras de Ginés de Sepúlveda hasta el día de hoy, el discurso principal no ha cambiado de fondo, sino solo gradualmente" (Josef Estermann, 1998). Nos cuenta Manuel Ruiz Robles en su primer artículo de la serie "España, un reino en descomposición" lo siguiente, que bien puede servir para contextualizar nuestro relato: "La historia de España está vinculada a un pasado de opresión sobre otros pueblos, jalonado de sangrientas batallas de liberación nacional que dieron lugar a nuevos Estados. Su forma de dominación ha sido seriamente documentada desde el siglo XVII. En 1620 se publicaba el volumen "Espejo de la cruel y horrible tiranía española perpetrada en los Países Bajos por el tirano, el duque de Alba, y otros comandantes del rey Felipe II". Dicho volumen contenía dos obras publicadas anteriormente, la primera es una versión abreviada de "Origen y evolución de los disturbios en los Países Bajos", de Johannes  Gysius y la otra, "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", del fraile dominico Fray Bartolomé de las Casas. Ambas obras relatan en detalle los crímenes y las atrocidades cometidos por España tanto en Europa como en el Nuevo Mundo". Sin embargo, estas referencias escritas, las que cuentan la verdad del "descubrimiento", han sido sistemáticamente ignoradas por los estamentos educativos durante los últimos siglos. El resultado ha sido un montón de generaciones de españoles y españolas educadas en un falso relato, un relato de grandeza y de heroísmo, cuando lo cierto es que se trata de un relato de muerte y destrucción. Y los libros de texto que se estudian en las escuelas son un primer escalón en dicha cadena del falso relato. Veamos un simple ejemplo: en su obra "Arqueología de lo jondo" (uno de los mejores ensayos que muestran la relación de nuestro arte flamenco con la cultura árabe-andalusí), su autor, Antonio Manuel, relata en primera persona una experiencia muy singular, que voy a rescatar a continuación.

 

Se sitúa al comienzo de la narración, y explica: "Hace unos años, mi hijo me pidió que le preguntase sobre un tema de historia del que se examinaba a la mañana siguiente. Estudiaba cuarto de primaria, y la lección versaba sobre la Edad Media en España. Tomé el libro en mis manos, asentimos con la cabeza en señal de estar preparados, y se puso a recitarlo con precisión milimétrica: "La Edad Media comienza con la caía del Imperio Romano y termina con el descubrimiento de América. Durante la Edad Media la sociedad se dividía en tres estamentos: la nobleza, compuesta por Reyes y caballeros; el clero, integrado por las órdenes y cargos de la Iglesia; y el pueblo llano, por campesinos y artesanos". El texto se ilustraba con un castillo, un monasterio y una plaza con una cruz rodeada de casas de piedra, más una representación de los personajes citados. Concluyó feliz y me preguntó: "¿Lo he hecho bien?". No contesté al pronto. Permanecí en silencio los segundos que separan la respuesta correcta de la oportuna. El dilema parecía sostenerse eternamente en la comisura de sus labios. Hasta que el pobre mudó la sonrisa por un gesto de preocupación y no tuve más escapatoria que contestarle compasivamente: "Tú sí, pero el libro no". No sé quién dijo eso del que busca la verdad merece el castigo de encontrarla. Mi hijo no la estaba buscando, pero yo no podía cometer el doble castigo de ocultársela. Le comenté que América no fue descubierta sino conquistada. Que ya existía antes de la colonización. Y aunque era muy pequeño, entendió lo perverso que puede llegar a ser el uso de las palabras para llamar a la verdad con otros nombres. Después lo senté en la ribera de la cama, como si estuviera a punto de zambullirse en unas aguas limpias que solo nosotros queríamos ver. Y le expliqué que esa Edad Media de la que habla un libro editado para niños y niñas en Andalucía, no fue nuestra Edad Media. Podría ser la de París o Londres, pero no la de Córdoba o Granada. Aquí, donde vivimos, además de nobles había emires, califas, cadíes...junto al clero mozárabe, coexistían rabinos judíos con ulemas musulmanes, todos andalusíes; que también eran pueblo los científicos, los médicos, los poetas, los arquitectos, los músicos...y que en todos los estamentos, siempre, debía nombrar a las mujeres de luz". El relato continúa, pero sirva este breve extracto como ejemplo de que lo queremos afirmar: es la educación, es el sustrato educativo, desde el más elemental nivel, quien nos ha conformado un relato falso, injusto y equivocado. Y ese relato llevamos cinco siglos reproduciéndolo. Ya basta, pues, de falsedades. Ese relato, evidentemente, es apoyado desde un sustrato superior, que es el sustrato político, verdadero responsable de emitirlo y de apoyarlo, con su educación, su conciencia y sus fiestas populares. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 mayo 2020 7 10 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Jorge Kostinger

Viñeta: Jorge Kostinger

El tiempo lineal es una creación de la modernidad occidental y capitalista. Todas las sociedades han construido el tiempo de forma cultural y en esa forma el tiempo tiende puentes con su pasado y con su futuro, de tal manera que es “circular”. Los eventos de ahora explicarán y contextualizarán al futuro, porque estos eventos de ahora fueron ya construidos, de cierta manera, en el pasado

Pablo Dávalos

El Sumak Kawsay contradice a la teoría económica y al paradigma cartesiano del hombre como “amo y señor de la naturaleza” (…). Existimos millones de seres humanos, alejados de las figuras del consumidor, de los mercados libres, competitivos y de la mercancía; seres humanos cuyas coordenadas de vida las establecemos desde la ética; seres humanos que pertenecemos a pueblos diversos con una memoria de relacionamiento atávica, ancestral, diferente a la razón liberal

Mónica Chuji (2011)

Bien, llegado este momento, quizá sea conveniente hacer un pequeño alto en el camino. Hasta ahora, hemos expuesto los síntomas fundamentales en que se manifiesta esa enfermedad llamada capitalismo, que a su vez ramifica en un montón de vertientes (desarrollo, progreso, bienestar, riqueza...) donde dicho sistema se concreta. Dichos síntomas fundamentales radican en el evidente caos climático que padecemos (y que se incrementará vertiginosamente), en el agotamiento de los combustibles fósiles y de los recursos naturales asociados a dicho modelo civilizatorio (picos del petróleo, del gas natural, del carbón, de determinados materiales...), y en una paulatina pero muy agresiva destrucción de los hábitats naturales, así como de la biodiversidad en ellos alojada (especies animales y vegetales, fundamentalmente). Con todo ello sobre la mesa, hemos advertido desde las primeras entregas de la serie sobre el colapso civilizatorio que se avecina, y a partir de ahí, venimos exponiendo (de forma espiral, es decir, tratando los temas de forma sucesiva en oleadas de profundidad creciente) la variada cantidad de corrientes de pensamiento que confluyen en lo que podemos denominar como el Buen Vivir (aportaciones originales indígenas, enriquecidas mediante aportaciones de corrientes occidentales tales como el ecosocialismo, el ecofeminismo, el decrecimiento, la ecología profunda, el desarrollo a escala humana...). Continuaremos en esta dinámica, porque aún tenemos muchas cosas que contar, pero el alto en el camino al que nos referíamos anteriormente viene a responder básicamente a la siguiente pregunta: ¿Por qué usted no se lo cree? Es decir, si estamos poniendo sobre la mesa las profundas motivaciones donde descansan todas las fallas estructurales del sistema, y además estamos exponiendo datos concluyentes que avalan nuestras tesis...¿Por qué este asunto no está en primera plana de todas las revistas, manuales, programas informativos, debates populares, etc.? Tomaremos como referencia, para intentar responder a esta pregunta, este artículo del sitio web "USTED NO SE LO CREE", dedicado a la divulgación científica y a la comunicación sobre el cambio climático y la escasez energética, desde una visión multidisciplinar. Se trata de un sitio web tremendamente interesante que recomiendo a todos mis lectores y lectoras. Nos centraremos a continuación en un artículo aquí alojado, cuyo autor es Ferran P. Vilar, titulado precisamente "Por qué usted, probablemente, no se lo cree". Pues bien, vayamos a la cuestión. 

 

A pesar de que la mayoría de las personas intuyen que la actual civilización no va por buen camino, no parece muy afectada ni preocupada por ello. ¿Cómo es posible esto? Frente a un conjunto de convicciones científicas alarmantes, la inmensa mayoría de las personas tiene problemas para creerlo de verdad, para interiorizarlo y actuar en consecuencia. La conclusión se nos ofrece nítida y clara como el cristal: simplemente, hemos sido engañados. Se nos ha ocultado información trascendental. La información negacionista u ocultista ha sido extendida a través de mecanismos muy sofisticados (pero también muy burdos), haciendo uso de las técnicas de persuasión de masas más eficientes. El nivel de desinformación al que estamos sometidos es realmente impresionante. Estas mismas técnicas fueron empleadas, durante más de 50 años, para generar dudas sobre la toxicidad del tabaco y su poder adictivo. Las grandes corporaciones tabacaleras tenían profundos y millonarios intereses en ello. Hoy día, cerca de un millón de documentos (que pueden ser rastreados en Internet) muestran el engaño masivo que la industria del tabaco ejerció sobre nosotros. Porque ellos, los que tenían los intereses en extender la desinformación y la ocultación, lo sabían. Con el cambio climático han hecho lo mismo, pero mejor y más masivamente aún. Nos podemos imaginar los intereses tan poderosos que existen para conseguir que el modelo de civilización actual (explotador y depredador para muchos, enriquecedor para unos pocos) se mantenga, y de ahí el interés por desacreditar a la ciencia, por ocultar sus conclusiones, y por extender bulos y mentiras. De hecho, estas actividades de negación, desinformación y contrainformación constituyen una industria en sí misma. Como titula el libro de David Michaels, "La duda es su producto". No es, por tanto, una cuestión de cultura ni de inteligencia, sino de una campaña mundial a la que muy pocos escapan. Por cada artículo o reportaje de un medio que cuente la verdad en toda su crudeza, existen miles que se encargan de negarla, suavizarla o esconderla. Son maestros en usar este arte para sus fines, no reparan en medios, y son muy eficaces. No hablamos únicamente de fake news y de información ocultada, sino de completos informes de think tanks muy poderosos, al servicio de los lobbies interesados, para emitir datos, informaciones y conclusiones que van en contra de la evidencia científica. El asunto, como se ve, es tremendamente serio y preocupante. En ello intervienen diferentes factores, que el autor del artículo de referencia agrupa en los siguientes: limitaciones de nuestros sentidos, dinámica no intuitiva del sistema climático, credibilidad de la propia ciencia, modelos mentales adquiridos, aspectos de orden religioso, componentes emocionales, aspectos psicológicos e información escasa e inadecuada. 

 

Para empezar, la casi totalidad de los famosos GEI (gases de efecto invernadero) son invisibles. El dióxido de carbono (CO2) no es visible, ni tiene olor. No es por tanto perceptible para nuestros sentidos, por lo menos en las cantidades y concentraciones atmosféricas actuales. El ozono no estratosférico, los compuestos nitrogenados que emiten los automóviles y la industria, así como otros compuestos residuales de la combustión del carbón en las centrales eléctricas, nos resultan invisibles. Quizá lo más impactante sean, en este sentido, las boinas de contaminación del aire que se forman en el cielo de grandes ciudades, pero que son combatidas con algunas medidas de emergencia por las autoridades, hasta que se vuelven a formar. Otro factor en contra de la evidencia de los fenómenos climáticos es la lentitud en el avance del fenómeno en sí. Pero vayamos por partes: nuestro exagerado antropocentrismo nos conduce a desarrollar muchos hábitos y conceptos erróneos, entre ellos el de considerar el tiempo bajo nuestro mundo humano. Pero el tiempo de la Naturaleza y de nuestro planeta no tienen nada que ver con el tiempo humano. Van a otro ritmo, necesitan otros intervalos, la inmensa mayoría de las veces mucho, muchísimo más extenso. ¿Crece un niño al mismo ritmo que crece un árbol? Lo que para nosotros es un tiempo extraordinariamente largo, como un siglo por ejemplo, para la Tierra no es más que un soplo. Y así, nuestros sentidos están adaptados para captar determinados estímulos según nuestros ciclos vitales, pero como decimos, los ciclos vitales del planeta van a otro ritmo muy distinto. Cuando el sistema climático de la Tierra es forzado por cualquier causa, al principio el fenómeno es lento, imperceptible (incluso para varias generaciones de humanos). Como cuando observamos un reloj, debe pasar cierto tiempo antes de que nos demos cuenta de que ha habido variación. En este sentido, el mundo que percibimos (el mundo físico) es solo una pequeña instantánea para la historia del planeta, aunque nosotros (por nuestro obsesivo antropocentrismo) nos creamos que el mundo ha sido así siempre. Ese es también el motivo de que (a no ser que los científicos climáticos nos lo cuenten) no "sepamos" (porque no lo hemos vivido) que la temperatura media de la Tierra ha aumentado entre 0,15 ºC y 0,2 ºC en cada una de las últimas cuatro décadas. 

 

Pero supongamos que usted se cree realmente que se está produciendo un cambio climático (como así es). Entonces es muy posible que piense que, precisamente por ser lento, por ir a este otro ritmo, no va a afectarle ni a usted ni a sus hijos ni muy probablemente a sus nietos, y que en cualquier caso, o bien estamos a tiempo de detener el proceso, o bien de adaptarnos progresivamente a las nuevas condiciones, porque además usted puede pensar (la mayoría lo hace) que el clima siempre ha sido cambiante de una forma u otra, y la humanidad se las ha ingeniado para adaptarse. Entonces se recurre al famoso mantra tecnoutópico del "Ya inventarán algo". Craso error. Estamos enseñados a percibir los fenómenos como si fueran todos proporcionales, de forma que usted puede creer que si en los últimos 150 años la temperatura ha aumentado en 0,8 ºC, pasarán alrededor de otros 150 años para que vuelva a subir en la misma proporción. Pero resulta que esto no es así. El comportamiento del sistema climático se rige por leyes exponenciales, no proporcionales. De hecho, la función exponencial es la que se presenta con mayor frecuencia en los fenómenos físicos observables. Cuando ese comportamiento exponencial es creciente (como es el caso del sistema climático), el caso más simple es el de la función parabólica. Se trata de un comportamiento acelerado, en el que, pasado un tiempo, la respuesta es prácticamente infinita. Pero esto tampoco nos lo cuentan, y ese es el motivo de que no nos creamos que nos va a afectar, ni a nosotros ni a nuestra descendencia. Otra característica en la dinámica de un sistema es el retardo experimentado entre las causas y los efectos que se desencadenan debido a las mismas. De hecho, los niveles de concentración de GEI que sufrimos hoy día no se deben a las emisiones de hoy, sino a las que se han venido lanzando durante las últimas décadas. No se ha podido determinar todavía con certidumbre cuánto es este retardo en el sistema climático, pero parece estar entre 30 y 100 años, dada la intensidad de la perturbación y su velocidad de crecimiento. Lo que importa es que este retardo del sistema provoca a su vez una percepción errónea entre causa y efecto. Y esto es así porque nosotros estamos preparados (una vez más los ritmos son diferentes) para considerar causa y efecto, si no simultáneos, por lo menos con un retardo mínimo. Nuestra civilización nos ha educado para responder a los peligros más próximos en el tiempo y en el espacio. Algo parecido ocurre también cuando vemos que dichos efectos se manifiestan en lugares muy lejanos (olas de calor, sequías, lluvias torrenciales, huracanes, aumento del nivel del mar...), y cuya influencia en la población es debida a su escaso desarrollo. Tendemos a pensar que eso no nos va a pasar a nosotros, y que si ocurre, tendremos mecanismos para contrarrestarlos. Nuevo error. 

 

La credibilidad de la ciencia y de los propios científicos es otro aspecto a considerar. Los científicos, y la ciencia en general, han perdido autoridad en el mundo actual. Las personas que usan las mejores herramientas que la humanidad ha desarrollado para encontrar y deducir verdades no son hoy, por desgracia, los más escuchados. Hay bastante gente que piensa que "la ciencia también se equivoca" y que "existen opiniones diferentes entre los científicos", lo cual contribuye a desacreditar a la propia actividad científica. Todo ello es carne de cañón para el negacionismo, es decir, la puesta en duda de los avances y conclusiones científicas. Pongamos a este respecto las cosas en su sitio: es cierto que en el terreno científico, y en particular en las ciencias naturales, frente a un nuevo análisis o descubrimiento la comunidad científica pasa por diversas fases. Básicamente se establecen hipótesis que hay que validar o desmentir. En contadas ocasiones aparece alguien con la idea feliz y contrastada que todo el mundo debe aceptar en la medida en que no es posible rebatirla matemática y lógicamente. Pero lo normal es que, hechos los análisis, haya debate sobre los métodos, la corrección de las mediciones, la aplicación de las reglas, etc., y tenga lugar una discusión sobre la medida o el ámbito en que las hipótesis planteadas son o no son válidas. Algunas se quedan por el camino, y suele pasarse a una segunda fase en la que quedan dos planteamientos contrapuestos. En ese punto, uno de los dos resulta finalmente válido. Es pues crucial no confundir este debate de desarrollo científico con que el resultado final de este proceso sea el producto de una opinión mayoritaria o incluso unánime. ¿Por qué, entonces, hay tanto descreído? Hoy día, por ejemplo, la clase política (en prácticamente todos los países del mundo) leen los informes científicos con la misma actitud con la que se enfrentan a una encuesta de opinión o a un proyecto de ley. Dos factores pueden estar interviniendo aquí: de un lado, el afán mercantilista del capitalismo ha influido, de un tiempo acá, para que el desarrollo de la ciencia se dirija a determinados objetivos en detrimento de otros (piénsese por ejemplo en la industria farmacéutica); de otro lado, conectamos con lo que decíamos al comienzo: los intereses creados para que se difundan las ideas contrarias a las verdades científicas tienen mucho poder, y pueden llegar a mayor número de personas. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 mayo 2020 4 07 /05 /mayo /2020 23:00

El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de un buen puñado de colegios más o menos elitistas parece, en principio, no solo una aberración pedagógica sino una clamorosa injusticia (…) El principio esencial del sueño igualitario es la educación. Su más equitativo y generoso instrumento es la educación pública, con la pedagogía de la justicia y la solidaridad. El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contrario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia y la desigualdad

Emilio Lledó

En el último artículo de la serie nos quedamos exponiendo el tratamiento que los libros de texto realizan del trabajo humano, y el evidente reduccionismo que practican desde el trabajo hasta el empleo. La visión capitalista del trabajo es lo imperante, ya que por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal se refiere al fenómeno de la "incorporación de las mujeres al trabajo", cuando evidentemente se refiere a la incorporación de las mismas al trabajo fuera de casa y remunerado. No obstante, en algunos libros encontramos críticas a las condiciones laborales de las mujeres, como en el libro de Francés de 1º de Bachillerato Ed. Anaya, que comenta (en francés) que "ellas acumulan las cargas de la actividad profesional y de la vida familiar. Son relegadas a un papel secundario en las grandes empresas y en la política". En el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives, sobre las condiciones laborales durante la revolución industrial se dice “…y las mujeres cobraban menos que los hombres”, y se adjunta un texto en el que una trabajadora se queja ante la Cámara de Representantes de Massachussets (1845) sobre sus condiciones laborales. O por ejemplo, el referido libro de la Editorial Akal comenta que "En los países avanzados el trabajo de la mujer fuera del hogar con frecuencia sirvió para duplicar su jornada”. En otro orden de cosas, se desprecian los modos de trabajo más cercanos a la naturaleza y a la subsistencia. Se valoran los trabajos industriales y tecnológicos. Así lo atestigua el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives: "Los países más desarrollados cuentan con mayores recursos para su industria: tecnología avanzada, capital para costearla y una mano de obra preparada. En cambio, los países subdesarrollados, cuentan con una tecnología menos avanzada, carecen de capital para invertir en industria y su mano de obra está menos preparada”. Sería interesante que los libros de texto, así como los docentes en el aula reflexionaran sobre los tipos de ocupaciones, oficios, trabajos, dedicaciones y habilidades a los que la evolución humana ha prestado atención, así como la memoria biocultural que todo ello ha dejado en los pueblos del mundo que aún la conservan. 

 

Los modos de esclavitud se presentan lejanos en el tiempo y en el espacio (explotación infantil). Aún así las alusiones son escasas. Así  lo explica el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Anaya: "En los países más pobres del mundo, gran parte de la población infantil se ve obligada a trabajar. Por una parte las familias, no pueden dar sustento a todos sus miembros. (...) A las empresas les beneficia la mano de obra infantil porque son capaces de realizar casi las mismas labores que un adulto por un salario mucho menor". Quizá quien mejor lo retrate sea el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives: “Obreros sin derechos sociales, que trabajan para las grandes multinacionales del Tercer Mundo, en pésimas condiciones: trabajo infantil, jornadas agotadoras… precarios… y los salarios descienden”. En los libros de texto, el paro aparece como responsabilidad individual. Se habla de yacimientos de empleo en un símil engañoso que lleva a pensar que el trabajo está ahí, escondido y se trata de tener habilidad para encontrarlo. Se habla de empleabilidad como una habilidad del sujeto, como la agilidad o la amabilidad. No se establece relación entre el paro y el mercado, la desregulación laboral, la deslocalización. En todo caso se puede responsabilizar a las mujeres con su pretensión de incorporarse al mundo del empleo. Se señala “la generación baby boom y el deseo de las mujeres de trabajar fuera del hogar” como uno de los motivos del aumento del paro. p.268 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Vicens Vives (el empleo parece capricho de las mujeres y propiedad de los hombres). No aparece una visión crítica de las actuales condiciones de empleo (salarios, horarios, derechos laborales...) El trabajo es una mercancía y en consecuencia costará más o menos en la medida en que la mano de obra sea abundante. En conclusión, los libros de texto que llegan a nuestros escolares legitiman el modelo laboral del neoliberalismo. Encontramos escasas referencias al movimiento sindical actual. Sí las hay al movimiento obrero del siglo XIX como resultado de la industrialización. El consumo se relaciona con el empleo. Indirectamente se sugiere que para que aumente el empleo habrá que consumir más. 

 

Por ejemplo: "Son los consumidores los que ofrecen trabajo" p.42 Economía 1º de Bachillerato Edebé. Los libros de texto ofrecen al alumnado una visión complaciente del mundo como un gran hipermercado en el que cada territorio se dedica a un trabajo determinado, sin ninguna reflexión sobre el impacto que este modo de organización económica tiene en los transportes y en las posibilidades de autosuficiencia local. No se analiza el problema de la deslocalización de las empresas. La relación del trabajo con el territorio será una de las condiciones de la sostenibilidad. Por ejemplo: “Las industrias dejan de mantener las grandes fábricas de antes y se convierten en promotoras de fabricación de muchos países… si bien se traduce en la pérdida de puestos de trabajo en los países industrializados”. p.305 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Edelvives (No se explica por qué y en qué condiciones desplazan estas empresas su producción a terceros países.). Los libros de texto deberían enseñar a nuestros escolares que la actividad de los seres humanos sobre la tierra, el trabajo humano, está siendo capaz de deteriorar nuestro hábitat hasta hacerlo inhabitable. Por eso es urgente revisar la concepción del trabajo como enfrentamiento y explotación de recursos naturales y de personas y recuperar o construir unos modos de supervivencia respetuosos con la tierra y con las necesidades humanas, en los que mujeres y hombres compartan las cargas y los beneficios de aquellas actividades que nos permiten vivir. Debemos reflexionar con los alumnos y alumnas sobre los tipos de trabajo no considerados por el capitalismo, sobre los trabajos productivos y reproductivos, sobre la incidencia del patriarcado en la división sexual del trabajo, sobre el futuro del trabajo en el contexto de la aparición y evolución de las nuevas tecnologías, y sobre la necesidad de no focalizar en el trabajo la propia subsistencia de los seres humanos, entre otros asuntos interesantes que los libros de texto ignoran, o presentan indebidamente. 

 

27.- EL ENFOQUE DE LA SALUD. La salud en su más amplio sentido, y todo lo que con ella se relaciona, es otro gran aspecto que pensamos que los libros de texto no presentan adecuadamente. En este sentido, los libros de texto esconden realidades esenciales de la vida como son la enfermedad, la discapacidad, la vejez o la muerte. Esta ocultación de los procesos de vida en todas sus manifestaciones, propia de nuestra cultura, ofrece una cara deformada de la realidad y abre paso a muchos comportamientos ecológica y socialmente insostenibles. De hecho, las menciones a la enfermedad, la discapacidad o a la vejez en textos o imágenes son mínimas en proporción a su presencia en nuestra realidad cotidiana. Se presenta así un mundo de gente casi siempre saludable, autónoma y en su mayoría joven, en el que los problemas de salud están lejos o se miran con optimismo infantil gracias a la pretendida omnipotencia de la medicina. Las referencias a la salud y a las enfermedades más frecuentes aparecen en relación con adelantos científicos. Igual que en otros temas, la ciencia y sus aplicaciones técnicas, en este caso la medicina, se presentan como instrumento que nos rescata de una “naturaleza hostil”. Por ejemplo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Anaya comenta: “En los últimos años del siglo XX, la investigación biológica ha logrado abrir el camino a la manipulación de la reproducción de los organismos y de las características genéticas de los descendientes, proporcionando importantes aplicaciones en la producción agrícola o ganadera y en el diagnóstico, tratamiento o curación de enfermedades”. La salud de los seres humanos (de algunos humanos) justifica prácticas científicas discutibles. La medicina y la salud son el argumento central para eliminar el “principio de precaución”, que recomienda no aplicar “avances” mientras haya alguna duda sobre su inocuidad. Esta precaución se trata en algún texto como “prejuicio”. Por otra parte, la salud aparece en los libros de texto como preocupación y tarea individual y fragmentaria, a veces principalmente estética, sin relación alguna con el bienestar colectivo, con la seguridad alimentaria o con la salud ambiental. Se ignora por tanto el concepto más holístico de la salud, es decir, la consideración en todas sus dimensiones, como un todo. 

 

Ni qué decir tiene que se oculta la relación entre la enfermedad y los efectos del actual modelo de desarrollo (contaminación de aire, agua, alimentos, ritmo de vida, precariedad, soledad...) Tampoco se habla de los gastos farmacéuticos y su distribución o de los efectos secundarios de la práctica de la medicina científica. Por ejemplo en p.51 Lengua de 6º de Primaria SM se mencionan los usos médicos de los rayos X, pero no los riesgos de la radioactividad ni de las centrales nucleares. No obstante, en algunos  pocos- casos se llega a relacionar la salud con nuestro modo de vida, aunque sin hacer referencia al modelo de desarrollo socioeconómico. Por ejemplo, se plantea que si en occidente hay más suicidios, depresiones y muertes por enfermedades relacionadas con la sobrealimentación, "¿Es posible que el estilo de vida oriental donde se da mucha importancia al cultivo de cualidades espirituales como la meditación, la concentración y la relajación sea más saludable...?" p.128 Educación Física 1º de Bachillerato Bruño. Por otra parte, además de ocultar los diferentes tipos de discapacidad, la vejez y la enfermedad, tampoco los libros de texto hacen visible el cuidado de las personas dependientes, exigencia básica de la sostenibilidad social, y que desarrollan principalmente las mujeres. Y al omitir o despreciar las culturas tradicionales, se desprecian u omiten sus modos de gestionar la salud, que han demostrado su validez y su adaptación durante siglos. Frente a ellos la medicina occidental científica aparece como la única medicina valiosa. Por ejemplo, se atribuye a los descubrimientos de Pasteur el "descubrir que la higiene y la asepsia eran la base para evitar la propagación de la enfermedad” p.156 Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Akal, como si en otras culturas u otros momentos históricos no existieran prácticas de higiene. Unos textos escolares interesados en la sostenibilidad social deberían visibilizar la vida en todo su recorrido, desde el nacimiento a la muerte, pasando por la enfermedad y la vejez, y visibilizar asimismo el trabajo humano que sustenta la vida y acompaña en la enfermedad, como condición imprescindible para el mantenimiento de nuestra especie. En ese sentido, también deberían procurar que el alumnado valorara más y mejor los trabajos de cuidados. Sería clave desenmascarar los efectos nocivos que nuestro modelo de desarrollo tiene en la salud humana y ambiental y a ser posible colaborar en la recuperación de conocimientos tradicionales de medicinas holísticas, que han mostrado ser más integrales, comunitarias y sostenibles. Cabría por último ensanchar el concepto de salud, tratada normalmente desde un punto de vista exclusivamente humano, individual y fragmentario, de modo que incluya la salud de todos los seres vivos, no sólo humanos, y la de los sistemas ecológicos y sociales, en definitiva la salud para la vida. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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5 mayo 2020 2 05 /05 /mayo /2020 23:00
Fuente Ilustración: Hispan TV

Fuente Ilustración: Hispan TV

El Estado de Israel ocupa territorios, incumple los acuerdos internacionales y masacra inocentes impunemente porque goza del beneplácito de las finanzas internacionales, del veto de los Estados Unidos en la ONU y del consentimiento en cadena de sus aliados. (…) Israel fuerza las normas más allá de toda razón porque el propósito de sus dirigentes no es la convivencia, sino la anexión de territorios, la sumisión del enemigo o su exterminio

Santiago Auserón

No existe ley que respete Israel, no existe determinación de la ONU, llamados de organizaciones de derechos humanos, voces de condena que limiten el actuar sediento de sangre de la entidad sionista. Un Israel que sigue robando tierras palestinas, que sigue masacrando a su población, demoliendo casas, destruyendo cultivos, impidiendo la expresión cultural, ahogando a Palestina día a día con el aval de un mundo que ciego, sordo y mudo, no planta cara a los crímenes

Pablo Jofré Leal

Estamos analizando, ya para finalizar esta serie de artículos, el falazmente llamado "Acuerdo del Siglo", donde a iniciativa de los Estados Unidos de Donald Trump, es evidente que sólo hay un beneficiado, y éste no es otro que Israel. De hecho y como ya hemos comentado, en dicha propuesta Israel no cede ninguno de los territorios palestinos que tiene bajo su control, y mantiene la ilegalidad de los asentamientos judíos dentro de Cisjordania. Una vez más, y ya van muchas, la voluntad de Palestina fue absolutamente ignorada, como ya ocurriera, entre otras ocasiones, en los antiguos acuerdos de Camp David (1978, con Jimmy Carter), y Oslo (1993 y 1995, con Bill Clinton), ambos ya referidos durante las primeras entregas de esta serie. Desde entonces, la situación no ha hecho más que empeorar progresivamente. Hoy día, como describe la escritora y publicista palestina Arwa Mahdawi: "La vida en Gaza, bajo un bloqueo que dura ya 12 años, resulta insoportable. El desempleo sobrepasa el 50%; se dispone de escasa electricidad, y menos del 4% del agua es potable. Es prácticamente imposible entrar o salir; el lugar es una cárcel al aire libre". Y como explica James Petras: "Bajo el liderato de su primer ministro Benjamín Netanyahu, Israel se ha apoderado y ha colonizado la mayor parte de Cisjordania y ocupado militarmente el resto de Palestina; ha encarcelado y torturado a miles de disidentes políticos; ha cercado y provocado el hambre de un millón de gazatíes; y ha impuesto condiciones etno-religiosas para conseguir la ciudadanía israelí, negando los derechos básicos a más del 20% de los residentes árabes del supuesto "Estado judío". De todo ello hemos dado cumplida cuenta en las anteriores entregas, analizando cada aspecto del apartheid al que el pueblo palestino está sometido en su propia tierra. El Acuerdo del Siglo no plantea ninguna solución, ni siquiera se refiere a un posible Estado palestino, sino que plantea únicamente una serie de guetos racistas, dispersos y comunicados por medio de túneles, que además están controlados por Israel. La soberanía palestina se lleva a su mínima expresión, ya que no se reconoce el derecho de los palestinos a poseer Fuerzas Armadas, ni relaciones exteriores, ni control sobre las fronteras...

 

Lamentablemente, el mundo le teme a los Estados Unidos, la comunidad internacional en este asunto es un cero a la izquierda, ya que se encuentra amedrentada, y mucho más con la actitud del Presidente más peligroso de toda la historia de USA. El acuerdo no es más que una expresión más del arrogante unilateralismo de la gran potencia estadounidense, para la cual no existen convenios, tratados ni acuerdos que respetar, sino únicamente una voluntad a imponer: la suya. Pero frente a todo ello, la dignidad palestina no es arrastrada ni pisoteada. Como muestra de ello, recojo a continuación las palabras del Embajador de Palestina en Argentina, Abdel Wahed, en entrevista realizada por Héctor Bernardo para la Revista Contexto: "Nosotros seguimos creyendo en la paz y la convivencia, pero nadie puede imponernos una capitulación. Un pueblo digno no puede capitular. No vamos a rendirnos. Estamos plenamente conscientes de que con su poderío militar nos pueden hacer desaparecer físicamente. Nos pueden matar, pero no pueden doblegar nuestra voluntad. Tal vez eso debería ser un ejemplo para la comunidad internacional: un pueblo pequeño, empobrecido, bajo ocupación militar es capaz de decirle "No" a quienes se creen amos y señores del mundo, al presidente Donald Trump y su socio incondicional, el primer ministro Benjamín Netanyahu". Se podrá decir más alto, pero no más claro. En efecto, un pequeño pueblo, histórico pero humilde, mantiene su resistencia al invasor, y lo hace con una desigualdad de medios y de apoyos infinita. Eso es lo que distingue a los grandes pueblos (y a los grandes líderes) de los dirigentes y pueblos mediocres. Desgraciadamente, la comunidad internacional está repleta de dirigentes mediocres, a lo que no les importa nada el sufrimiento del pueblo palestino. Porque estamos convencidos de que si la inmensa mayoría de esa comunidad internacional plantase cara a las actitudes de Israel y su amigo estadounidense, otro gallo cantara: el gallo de la justicia y del respeto a la legalidad internacional. Ese gallo aún no ha cantado, ni cantará mientras tengamos un patio como el actual. 

 

El Acuerdo del Siglo es la vergüenza del siglo. Las 80 páginas del documento son un compendio de mentiras y amenazas. Esas 80 páginas solo suponen discriminación, guerra, sangre, destrucción, dolor y barbarie. No podemos consentir que se materialicen. Representan una de las condiciones de dominio más escandalosas y miserables que el mundo haya contemplado. No podemos callar ante los matones y criminales del pueblo palestino. Es evidente que esta especie de panfleto de mal gusto está destinado al fracaso, y acabará, como los demás, en el basurero de la historia. Una infame historia de atropellos hacia Palestina. Pablo Jofré Leal, en este reciente artículo, ha concluido de forma tajante y magistral: "Estamos en presencia de un plan destinado a invisibilizar completamente al pueblo palestino, hundirlo en el marasmo, en hacer olvidar los sueños y anhelos de millones de seres humanos sometidos hace 72 años al más cruel de los dominios. Un plan impositivo, criminal en esencia, destinado a generar una estructura jurídica, política, militar y de complicidad con gobiernos corruptos de la región, destinado a sepultar toda aspiración de autodeterminación de Palestina. Esto es inaceptable, no es digno, justo ni aceptable callar frente a otro de los crímenes que se está cometiendo contra millones de hombres y mujeres de Palestina, sometidos a un régimen que ha superado todo límite aceptable y que merece, incuestionablemente, la denominación de régimen nacionalsionista israelí. No callemos, nuestra dignidad como seres humanos, nuestro deber solidario con nuestros hermanos de Palestina nos obliga a alzar la voz". Y eso es lo que hacemos, desde esta humilde tribuna. Como afirma Ramzy Baroud en este artículo de su propio Blog: "Habría que ser políticamente ingenuo y moralmente ciego para asumir que en algún momento de su pasado el gobierno israelí tuvo un ápice de interés en una paz justa que garantice al pueblo palestino un mínimo de dignidad, libertad y justicia". Desde el año 1967, se estima que el régimen sionista ha detenido aproximadamente a un millón de palestinos/as en medio del pavoroso silencio de la comunidad internacional, y siempre con el perverso apoyo de los Estados Unidos. 

 

Y no hablemos ya del expansionismo (que le lleva a usurpar más y más territorios) propio de regímenes totalitarios, mediante el cual la entidad sionista va minando la capacidad de resistencia del pueblo palestino. En fin, un perfecto resumen, muy propio para cerrar esta serie de artículos, lo hace la Declaración de la Cátedra Libre Edward Said de Estudios Palestinos (Filosofía y Letras, UBA), con motivo precisamente de la publicación de ese bochornoso "Acuerdo del Siglo". Dicha declaración dice textualmente: "Desde el 2 de noviembre de 1917 cuando mediante la llamada Declaración Balfour el Reino Unido prometiera a la Organización Sionista británica un hogar nacional en Palestina, Occidente, de la mano de esa potencia colonial primero y de los Estados Unidos después, ha venido avanzando en la conquista del territorio de la Palestina histórica, la expulsión de la mayoría de sus habitantes no judíos y el asentamiento de población extranjera para sustituir a la comunidad local (...) Concluida la llamada Segunda Guerra Mundial, Occidente, cómplice en su mayoría del genocidio de los europeos judíos a manos de los nazis, apoyó la conquista militar del 78% de Palestina por parte del movimiento sionista y la legitimó mediante el reconocimiento al Estado de Israel constituido en franca violación al art. 2 de la Carta de las Naciones Unidas que prohíbe la conquista de un territorio de otro pueblo. Simultáneamente consintió la limpieza étnica del 80% de la población musulmana y cristiana de Palestina (los palestinos judíos no fueron expulsados) y la no aplicación por parte del Estado de Israel de la Res. 194/48 de las Naciones Unidas que reconocía el derecho de los refugiados palestinos a retornar a su hogar, derecho que también reconoce el art. 13 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 1967 el Estado fundado por el movimiento sionista conquistó militarmente el resto de Palestina (22%) sometiendo a la población local a un régimen de control militar y apartheid en violación a todos los tratados internacionales de derechos humanos. Inmediatamente dio inicio a un proceso de implantación de población propia en los territorios conquistados en abierta violación al art. 49 de la Convención de Ginebra, proceso promovido por todos los gobiernos israelíes, cualquiera que fuera su color político". De hecho, y como afirma Jonathan Cook: "Israel nunca se podría haber establecido sin la expulsión de 750.000 palestinos de su patria y la destrucción de cientos de sus pueblos para impedir que retornaran. Esta es la razón por la que cada vez más historiadores se han arriesgado a convertirse en el blanco de la ira de los grupos de presión de Israel al calificar estos acontecimientos históricos de limpieza étnica, en otras palabras, de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad". 

 

El resto ya lo conocemos, lo hemos ido exponiendo durante toda esta serie de artículos: bloqueos comerciales, levantamiento de muros, asentamientos ilegales, detenciones arbitrarias, torturas, encarcelamientos injustificados, demolición de viviendas, expropiación de cultivos, racionamiento del agua potable y de la electricidad, y bombardeos periódicos al conjunto de la población civil, incluidas las más sensibles infraestructuras, entre otras barbaridades. Todo ello con el fin de expulsar y exterminar al resto del pueblo palestino que aún queda en su tierra, que aún resiste, que aún se tiene en pie cada día. El Acuerdo del Siglo es la gota que colma el vaso, porque en definitiva se trata de una propuesta de legalización encubierta de un régimen de colonización mediante el uso de la fuerza, implantación de población extranjera, limpieza étnica y apartheid con la creación de mini-organizaciones paraestatales sin soberanía de ningún tipo, con plena dependencia de Israel, todo lo cual confirma que se trata de una propuesta de estatuto colonial en pleno siglo XXI, en clara violación de todos los tratados, convenios y estatutos internacionales. Ya lo sentenció magníficamente Fidel Castro: "El odio del Estado de Israel hacia los palestinos es tal que éste no dudaría en enviar a 1,5 millones de hombres, mujeres y niños a los mismos hornos crematorios en los que fueron asesinados millones de judíos de todas las edades". Hoy día, Palestina se nos presenta como una obligación política, ética y moral que nos atañe a todos los pueblos y personas de buena voluntad. La resistencia del pueblo palestino se nos convierte en símbolo de lo mejor de la Humanidad. Bien, finalizamos aquí ya esta serie de 33 artículos, donde hemos intentado exponer, como mejor y más justamente hemos podido, el llamado conflicto palestino-israelí. Espero, como siempre digo a mis lectores y lectoras, que mediante la lectura de la misma hayan aprendido y se hayan emocionado, al menos como yo lo he hecho. Quiero dar las inmensas gracias, también como siempre, a cuantos autores y autoras me han servido de inspiración, de opinión, de fuentes de datos, de reflexiones y de análisis, y cuyos criterios he recogido en multitud de artículos de la serie. Espero que haya sido un tema de agrado y aprendizaje para todos los amigos y amigas de este Blog, y que contribuya, al menos un poco, a difundir la tremenda injusticia y crueldad que se comete desde hace décadas contra el pueblo palestino. Hasta Lenin, el gran revolucionario ruso, conocía sin dudas la idiosincrasia del sionismo, cuando afirmó: "La idea de la nación judía es por esencia y forma una idea reaccionaria y mentirosa llamada a servir los intereses del colonialismo". Es lo que humildemente hemos intentado explicar aquí. Gracias a todos/as, y hasta siempre. 

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3 mayo 2020 7 03 /05 /mayo /2020 23:00
Viñeta: Guido Kuehn

Viñeta: Guido Kuehn

La deforestación, la apertura de nuevas carreteras, la minería y la caza son actividades implicadas en el desencadenamiento de diferentes epidemias (…) Diversos virus y otros patógenos se encuentran en los animales salvajes. Cuando las actividades humanas entran en contacto con la fauna salvaje, un patógeno puede saltar e infectar animales domésticos, y de ahí saltar de nuevo a los humanos; o directamente de un animal salvaje a los humanos… Murciélagos, primates e incluso caracoles pueden tener enfermedades que, en un momento dado, cuando alteramos sus hábitats naturales, pueden saltar a los humanos

Alex Richter-Boix (Doctor en Biología y especialista en cambio climático)

Hoy nos encontramos en un momento singularísimo en la historia de los seres humanos. Lo que está colapsando es la humanidad en su conjunto. No quedan muchos alrededores que seguir explotando o a los que huir. Para “colapsar mejor” es importante comprender que esta guerra contra la vida tiene su origen en la dificultad, sobre todo de algunos seres humanos, de reconocerse como una especie inserta en una naturaleza de la que forma parte

Yayo Herrero (prólogo a “En la espiral de la energía”)

Estamos insistiendo de forma profunda en lo concerniente a la concesión de derechos a la Naturaleza, el contemplarla como un sujeto de derechos, desde la perspectiva de varios autores y sus respectivos trabajos. Un ambientalista y conservacionista pionero, ya citado en anteriores entregas, como fue Aldo Leopold, logró esa profunda identificación con la Naturaleza, y lo plasmó en su hoy ya clásico "Almanaque del desierto" ("A sand county almanac"), publicado póstumamente en 1949 (un año después del fallecimiento del autor), y dedicado a explorar las bellezas y dilemas de los que no pueden vivir sin estar rodeados de un entorno silvestre. En su muy conocido pasaje "pensando como una montaña", comienza con una fuerte vivencia: el eco del profundo bramido del lobo, que va por las laderas rocosas, rodando hacia abajo en la montaña, y desvaneciéndose en la lejana oscuridad de la noche: "Es el estallido de una tristeza salvaje desafiante y de la rebeldía por todas las adversidades del mundo. Cada cosa viviente (y tal vez también muchas de las muertas) pone atención a este llamado". El venado, el pino, el coyote, el cazador le ponen atención, y para cada uno tiene un significado, pero solo la montaña lo comprende. Una crítica rápida apuntaría a que las montañas no piensan. Pero Leopold enseguida advierte que sí "existe un significado más profundo, conocido únicamente por la propia montaña. Sólo la montaña ha vivido el tiempo suficiente como para escuchar objetivamente el aullido del lobo". En esa otra objetividad se encierra un cuestionamiento a la omnipresencia humana que obliga a reconocer los límites a nuestro conocimiento, y respetar aquello que no se conoce, y que tal vez nunca logremos llegar a conocer. En el mismo sentido, George Sessions (en comunicación personal) advierte de que la misión del ambientalismo se encuentra en un conocer lo que dicen las rocas, plantas y animales; por cierto que ellos no hablan, pero nosotros tenemos la capacidad de aprender a escucharlos. ¿Cuál es la sabiduría que podemos llegar a encontrar en nuestros paisajes? ¿Qué mensajes nos transmiten estos seres, que solo unas pocas personas logran comprender? Para ello, simplemente hay que observar. Observemos cualquier planta o cualquier animal; observemos un ave, un gato, un león, una serpiente, un perro...miremos su comportamiento, observemos sus reacciones, veamos cómo reacciona ante determinados estímulos, intentemos comprender cómo se expresa, qué es lo que nos comunica...Intentemos comprender su universo, podemos hacerlo, porque nosotros, los humanos, también provenimos de él, solamente que nos hemos ido alejando de su mundo desde hace mucho tiempo. 

 

Veamos un pasaje de la obra de referencia de Aldo Leopold, en cuanto a la perspectiva sobre una ética de la Tierra: "Me parece inconcebible que pueda existir una relación ética con la tierra sin amor, respeto y admiración por ella, y sin un alto aprecio de su valor. Por supuesto, por valor quiero decir algo más amplio que la simple utilidad económica; me refiero al valor en sentido filosófico. El obstáculo más grave que impide la evolución de la ética de la tierra es quizá el hecho de que nuestro sistema educacional y económico se ha alejado de la conciencia de la tierra, en lugar de acercarse a ella. El ser moderno está separado de la tierra por muchos intermediarios y por una infinidad de dispositivos físicos. No tiene una relación vital con ella; la ve únicamente como el espacio que está entre las ciudades, allí donde crecen las cosechas. Déjelo solo todo un día en la campiña, y si no se trata de un campo de golf o un paisaje "escénico", se aburrirá terriblemente. Si fuera posible obtener cosechas por hidroponia en lugar de la labranza, a él le sentaría muy bien. Los sustitutos sintéticos de la madera, el cuero, la lana y otros productos naturales de la tierra le gustan más que los materiales genuinos. En suma, la tierra es algo que él "ya ha dejado atrás". Otro obstáculo casi igualmente grave para la ética de la tierra es la actitud del granjero para quien ésta sigue siendo un adversario o un capataz que lo esclaviza. En teoría, la mecanización de la agricultura libera de sus cadenas al agricultor, pero es discutible que lo haya hecho en realidad. Uno de los requisitos para la comprensión ecológica de la tierra es el conocimiento de la ecología, pero esto no está incluido de ningún modo en la "educación", de hecho gran parte de la educación superior parece eludir deliberadamente los conceptos ecológicos. El conocimiento de la ecología no siempre se obtiene en los cursos que ostentan un título ecológico, pues es igualmente probable que lleve las etiquetas de geografía, botánica, agronomía, historia o economía. Esto no nos debe extrañar, pero cualquiera que sea la etiqueta, la educación ecológica es escasa. La causa de la ética de la tierra parecería perdida si no fuera por la minoría que se ha levantado en obvia oposición a esas tendencias "modernas". El "obstáculo clave" que es necesario suprimir para liberar el proceso evolutivo capaz de darnos una ética es simplemente éste: dejar de pensar en el uso apropiado de la tierra como un problema exclusivamente económico. Examinar cada cuestión en términos de lo que es correcto en los aspectos ético y estético, además de que sea económicamente productivo. Una cosa es correcta cuando tiende a preservar la integridad, estabilidad y belleza de la comunidad biótica. Es incorrecta cuando no tiende a esos fines". 

 

Y concluye Leopold: "Por supuesto, no hace falta decir que la factibilidad económica limita el alcance de lo que se puede o no se puede hacer por la tierra. Siempre ha sido así y siempre lo será. La falacia que los deterministas de la economía nos han atado al cuello de todos nosotros, y que ahora debemos desechar, es la creencia de que la economía determina todos los usos de la tierra. Eso simplemente no es verdad. Un cúmulo infinito de acciones y actitudes, que forman quizá la mayor parte de las relaciones con la tierra, no está determinado por los recursos económicos, sino por los gustos y predilecciones de los usuarios finales. La mayor parte de las relaciones con la tierra se basan en la dedicación de tiempo, previsión, habilidad y fe, más que en la inversión de dinero. Son como el usuario de la tierra las concibe (...) La evolución de la ética de la tierra es un proceso intelectual y también emocional. El camino de la conservación está empedrado de buenas intenciones que a la postre resultaron inútiles o incluso peligrosas, porque estaban desprovistas del conocimiento crítico acerca de la tierra o su uso económico. Considero una verdad de perogrullo decir que a medida que la frontera ética avanza del individuo a la comunidad, su contenido intelectual se enriquece. El mecanismo de operación es el mismo en cualquier ética: la aprobación social para las acciones correctas y la desaprobación social para las incorrectas". En esta misma línea se sitúa la corriente de la Ecología Profunda, a la que también hemos hecho referencia en anteriores entregas. La Ecología Profunda es una propuesta originada desde el pensamiento de Arne Naess. El adjetivo "profundo" se opone aquí a una visión previa superficial, ligera, basada precisamente en las visiones neutralistas de las ciencias, e incluso aquellas que sirven para sostener los actuales estilos de desarrollo. Es presentada como una plataforma de principios, fuertemente ligada a la práctica, y a la que puede arribarse desde diferentes posiciones filosóficas (de hecho, Naess llama a la suya propia "Ecosofía T"). Se la considera entonces profunda, y opuesta a una "ecología superficial", en tanto busca romper con la visión instrumental y antropocéntrica, a la vez que promueve prácticas para cambiar el estado de las cosas. Y así, los ecólogos profundos parten de reconocer que el florecimiento de la vida, tanto humana como no humana, posee un valor en sí mismo, que es independiente de la (posible) utilidad para el ser humano.

 

La diversidad de las formas de vida es también un valor en sí mismo, y su mantenimiento contribuye a realizar esos valores. Estos autores consideran que la interferencia de los seres humanos con la biodiversidad es elevada, incluyendo entre esos aspectos a la población, y que por lo tanto se debe reducir la población y se deben modificar las políticas de desarrollo. Dichas modificaciones deben estar orientadas a mejorar la calidad de vida antes que a incrementar el nivel de vida (medido típicamente en la renta per cápita). Se acepta que las personas pueden interferir con el ambiente, pero únicamente para satisfacer sus necesidades vitales. A partir del sí-mismo expandido, Arne Naess da varios pasos más promoviendo una nueva versión de la auto-realización, también en forma expandida. Es importante advertir que los postulados de la ecología profunda han suscitado un fuerte debate; pero lo mismo ocurre con la visión norteamericana de la ecología social, así como con la llamada "Ética de la Tierra". En general, el grueso de la población, ante la falta de una educación ecológica, está aún lejos de asumir estas posturas éticas, que califican de extravagantes. Se han indicado las limitaciones de la Ecología Profunda, tanto por lo que se considera un uso excesivo del concepto de Auto-realización, como su falta de apoyo en la ecología biológica. John Callicot (1998) advierte sobre el fuerte holismo de los ecólogos profundos, fundiendo a la personas en el resto de las comunidades de plantas y animales, cuando en realidad éstas son agrupamientos heterogéneos. Sin embargo, Naess postula su idea de la Auto-realización como parte de su propia "ecosofía T", aceptando que otros defiendan presupuestos diferentes. Callicot y otros también han cuestionado algunas posiciones extremas dentro del movimiento de los derechos de los animales cuyos miembros rechazan la carne basados en que no existen diferencias esenciales con implicaciones morales entre las personas y cualquier animal. A su juicio, esa posición olvida que en la dinámica natural de los ecosistemas ocurren fenómenos como la depredación, de donde advierte que comer carne no necesariamente implica la violación de un derecho de vida (Callicot, 1998). También critican posiciones como la de Paul Taylor (1986, 1998), donde todos los seres vivos tienen el mismo valor inherente, generando una igualdad extrema que podría desembocar en impedir, por ejemplo, la agricultura o la ganadería. Bienvenidas sean todas las críticas, que siempre que sean constructivas y aporten visiones inteligentes, van a contribuir a delimitar el marco de referencia de todas estas corrientes de pensamiento. 

 

Y si algo tienen en común todas las corrientes de pensamiento expuestas, todas ellas sin excepción (asunto que también comparten con los lineamientos del Buen Vivir), es que se oponen al desarrollo, entendido éste desde la visión occidental capitalista, la misma que se ha apropiado falazmente de términos como "riqueza", "bienestar", "progreso", etc. El Buen Vivir no es, por tanto, una forma de "desarrollo alternativo", sino una verdadera alternativa al desarrollo. Hay que romper con la dinámica suicida de producción-explotación-consumo, que nos está conduciendo al abismo civilizatorio. La Naturaleza, esa Madre Tierra o Pachamama, ya rebasó con creces su capacidad autoregenerativa, y desde el respeto al que nos conminan todas estas corrientes de pensamiento, hemos de cambiar nuestras mentalidades política, económica y social. Nuestro progreso, confort o felicidad no debe residir en poseer cosas, sino en contemplarlas y cuidarlas. El desarrollo (incluido esa falacia de "desarrollo sostenible", todo un oxímoron en sí mismo) es antropocéntrico, el Buen Vivir es biocéntrico (o ecocéntrico). Para el desarrollo, sólo los humanos son sujetos de derecho. Para el Buen Vivir, la Naturaleza en su conjunto, los ríos, los árboles, los animales, las piedras, los humedales, los pájaros, los arroyos, las montañas...todos somos sujetos de derecho. Para ello el Buen Vivir nos insta a la convivencia equilibrada y armónica, cooperante y solidaria en la comunidad biótica, en la biocomunidad cósmica. Mientras que el desarrollo aniquila todas las formas de vida, las desprecia y las explota, saquea pueblos y recursos, y elimina la biodiversidad, el Buen Vivir respeta todas las formas de vida, las comprende en sí mismas, las valora como tales, respeta sus derechos, y es la verdadera forma sostenible de vivir. La visión occidental capitalista (sobre todo su modelo agro-urbano-industrial) nos ha traído hasta aquí. Peligrosas soflamas y discursos al más puro estilo neoliberal nos han sido inculcados, somos hijos de esa cultura, una cultura que hay que superar. El abismo civilizatorio al que nos enfrentamos requiere de otras visiones, de otros valores y de otras actitudes, de poner patas arriba todos los fundamentos políticos, sociales y económicos que nos han conducido al colapso venidero. Solo si somos capaces de reaccionar a tiempo seremos capaces de "colapsar mejor". El Buen Vivir contribuirá a ello. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 abril 2020 4 30 /04 /abril /2020 23:00

Los seres humanos no hemos nacido solo para trabajar. Necesitamos la música, la literatura, el arte, la danza, para emocionarnos. Y todas las ciencias y humanidades para entender nuestro complejo mundo. También debemos aprender a convivir solidariamente con los demás y ecológicamente con nuestro medio y el resto de seres. Los seres humanos vivimos, disfrutamos de la belleza, compartimos, hacemos deporte, soñamos, componemos poesía y música, debatimos, incluso nos apasionamos, no solo somos trabajadores formados por grandes corporaciones para producir más beneficios para sus accionistas (...) Esta es la educación que deberíamos defender

Enrique Javier Díez y Agustín Moreno

Nos quedamos exponiendo en la última entrega algunos aspectos relativos a la problemática del turismo, y a la ausencia de un enfoque correcto de la misma por parte de los libros de texto de nuestros escolares. La valoración del viaje a gran velocidad refuerza el culto a la movilidad y a la tecnología. El viaje busca la rapidez y no el disfrute del camino, los territorios que se recorren no existen. Por otra parte el turismo es una justificación central para el desarrollo de la tecnología y las infraestructuras de transporte. El tratamiento del turismo refuerza el etnocentrismo, dada la imagen que se ofrece de otras culturas no occidentales, imagen que oscila entre el exotismo, la consideración de retraso y la compasión por la pobreza. No hemos encontrado casos en los que se muestre el turismo en el mundo no occidental como elemento de conocimiento y comprensión de culturas que puedan aportarnos algo más que la práctica de idiomas (por ejemplo soluciones sostenibles). Por ejemplo, el libro de Inglés de 1º de Bachillerato Ed. Oxford afirma que "Los viajes se hacen por negocios, placer o por aprender un idioma". Turismo y ecología tampoco se presentan en su estrecha relación. Sería clave presentar las alteraciones y destrozos que el turismo masificado ha supuesto en los destinos turísticos: destrucción de ecosistemas naturales, territorios arrasados por construcciones de baja ocupación, elevados consumos de energía y agua (recordemos la asociación de ciertos turismos con el uso masivo de agua en piscinas, jardines privados, campos de golf…), construcción de infraestructuras urbanísticas y de transporte, efecto de las masas crecientes de automóviles y de aviones desplazándose simultáneamente, además de la concentración de capital y las fuertes inversiones que exige la actual industria del turismo...Sería también interesante descubrir el efecto del turismo en los modos de vida y culturas minoritarias visitadas, que se contagian de las expectativas y modos del mundo occidental, alteran en ocasiones su producción y sus economías autosuficientes y cambian la valoración de sus modos autóctonos de hacer (adaptados al medio) y el concepto de buena vida. El turismo es el embajador y publicista del modelo de vida occidental. 

 

Sería igualmente interesante problematizar el fenómeno de la segunda residencia y su relación con la sobreurbanización, así como los turismos de élite y de aventura, que producen deterioros ambientales altos en proporción al número de usuarios (vuelos, infraestructuras en espacios vírgenes...). También sería útil asociar la tecnología del ocio con el deterioro: Motos de agua, estaciones de esquí, cañones de nieve artificial, motocross...Es importante saber que el negocio del turismo es una de las principales industrias. Es la primera actividad económica mundial en volumen de negocio. Representa el 10% del PIB mundial. Participa de lleno en el proceso de concentración de capital. El turismo es un consumo que se “inocula” como el resto de los consumos, a través del marketing. Podría ser un objetivo formativo buscar modelos de turismo sostenible (próximo, lento, respetuoso, no masificado... ) frente a los modelos de turismo de masas por un lado y de élites por otro. Así mismo, los precarios modelos laborales asociados al turismo también deberían ser discutidos, así como los peligrosos fenómenos de gentrificación que sufren las poblaciones, y los riesgos de la turistificación agresiva de ciertos territorios, o determinadas partes de los mismos. 

 

25.- EL BIENESTAR Y LA CALIDAD DE VIDA. Son aspectos ambos que deberían tratar de forma correcta los libros de texto, y procederse al debate dentro del aula, ya que corresponden precisamente al imaginario asumido por la cultura occidental capitalista, imbuida de ciertos valores y actitudes equivocadas e insostenibles. Rara vez parece reflexionarse en los libros de texto acerca de qué son en realidad el bienestar y la calidad de vida. Lo usual es que asuman sin cuestionamiento que el crecimiento de la producción y el consumo significan bienestar. Por ejemplo, en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Santillana el bienestar se equipara con consumos como la TV, el automóvil y los shopping centers, y el proceso de urbanización con una sociedad próspera. Y por su parte, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Algaida asume que "En cualquier país, la mejora en la calidad de vida y el nivel de bienestar depende en buena medida del crecimiento de la renta per cápita". Se llega a encadenar el bienestar con la liberalización del comercio, dada por buena sin la menor matización. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé afirma: "Mediante la reducción de trabas al comercio los recursos se reparten más eficientemente y el bienestar mundial se maximiza", y en Conocimiento del Medio 6º de Primaria de la misma editorial se dice que la internacionalización de la economía es una muestra de la mejora de la calidad de vida en la Edad Moderna. No se mencionan los costes ambientales o sociales que pueden derivarse de tratar de perseguir el "bienestar" mediante el crecimiento del PIB y del consumo. Hemos encontrado algunos libros de texto que contienen algunas referencias críticas, si bien son casos muy aislados. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives cuenta que "A mediados de los 60 surgió en las universidades europeas y norteamericanas un movimiento de crítica contra el modelo de aparente bienestar basado en el consumo… contra la sociedad materialista y conformista, conocida como el mayo francés, …los hippies… rechazo a las fórmulas de la sociedad consumista y apuntó a la idea de que bienestar material no era sinónimo de felicidad". 

 

Por su parte, el mismo libro de la Ed. Akal reseña: "Una vez más se daba por supuesto que crecimiento económico y bienestar humano eran la misma cosa". Y en el libro de Ciencia Tecnología y Sociedad de 1º de Bachillerato Ed. Algaida encontramos un texto que cuestiona que las máquinas hayan traído el bienestar a las sociedades. Lo que hay que plantear y debatir con los alumnos es el cuestionamiento de ciertos significados que la sociedad industrial capitalista (y el modelo agro-urbano-industrial) nos trae, tales como "desarrollo" o "progreso", para intentar situarlos en sus justos y sostenibles términos. Es evidente que dado el actual estado de insostenibilidad de los ecosistemas del planeta no se puede seguir planteando el bienestar en términos de crecimiento, acumulación de pertenencias, aumento del consumo energético y emisión de residuos o cementación de los espacios naturales para el incremento indefinido de la movilidad. No se puede cimentar el bienestar a costa de los ecosistemas que nos sostienen o de la explotación de las personas. El concepto occidental de bienestar, asociado a todos estos objetivos, se muestra no solo insostenible sino también humanamente insatisfactorio, creando tanto problemas políticos (ausencia de redistribución y reparto de la riqueza, desigualdades, pobreza...) como ecológicos (preservación de la Naturaleza, picos de recursos naturales, agotamiento de combustibles fósiles...). 

 

26.- EL REDUCCIONISMO DESDE EL TRABAJO AL EMPLEO. La concepción del trabajo humano es otro de los conceptos apropiados por la civilización industrial capitalista de forma equivocada, y por supuesto en función de sus intereses. Y los libros de texto, como en el resto de los temas que tratamos, se limitan a exponer dicha visión de forma acrítica, sin cuestionarla. El trabajo es uno de los elementos centrales que conforman nuestra vida. Los libros de texto hacen frecuentes referencias al trabajo entendido como empleo. No vemos sin embargo reflexiones esenciales sobre el sentido del trabajo, la discusión sobre su necesidad, el análisis del trabajo asalariado, las diferencias trabajo-empleo, o las condiciones del mercado laboral que se viven a nuestro alrededor y probablemente esperen al alumnado en el futuro. Se olvida que el trabajo es sólo un medio, cuyo fin es la satisfacción de necesidades. Frente al ciclo trabajo-ocio, regulado por la producción y el consumo, la sostenibilidad supone tiempos de trabajo que respeten los ciclos de la vida, tanto los ciclos de regeneración del medio natural como los ciclos vitales humanos (procreación, infancia, vejez) o los ciclos diarios de actividad y descanso. Esta visión no está presente en los textos. Se valora el ocio consumista como modo de descanso, aunque se va preparando el terreno a las nuevas exigencias de empleos en condiciones “flexibles”. El trabajo se presenta como una actividad que transforma y somete la naturaleza. No se ofrece un modelo de trabajo que parta del respeto al medio natural. En escasas ocasiones se distingue trabajo de empleo, lo que vuelve invisibles todos los trabajos que no están monetarizados e incorporados al mercado laboral, como son especialmente los trabajos reproductivos y de cuidado realizados en su mayor parte por las mujeres (crianza, preparación de alimentos, atención a la enfermedad...) También son invisibles los trabajos de las comunidades de subsistencia y los trabajos de la naturaleza para el mantenimiento de la vida. No reconocer el valor y hasta casi la existencia de los trabajos que mantienen la vida tiene consecuencias nefastas para la sostenibilidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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28 abril 2020 2 28 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Portada del Blog "Palestina en el corazón" (https://mariaenpalestina.wordpress.com/)

Viñeta: Portada del Blog "Palestina en el corazón" (https://mariaenpalestina.wordpress.com/)

Al defender sus derechos nacionales el pueblo palestino ha defendido los derechos de todos los revolucionarios del mundo y la sangre derramada por sus hijos es como la sangre de nuestros propios pueblos

Fidel Castro

Pensar en un «acuerdo del siglo» sin la salida de los cientos de miles de colonos, el fin de las leyes de ocupación, el retorno de los refugiados, la destrucción del muro, la libertad para los siete mil presos palestinos – entre ellos 350 niños – y la proclamación del Estado palestino, con todos sus derechos y su asiento en el seno de las Naciones Unidas, es simplemente ilusorio (…) No se trata de un «acuerdo del siglo» como dice el consorcio estadounidense-sionista, ni una «bofetada del siglo» como sostiene la Autoridad Nacional Palestina (ANP) es lisa y llanamente una imposición, un crimen, una violación del derecho internacional y sobre todo a los derechos humanos del pueblo palestino

Pablo Jofré Leal

Nos encontramos ya en la recta final de esta serie de artículos, dedicada al conflicto palestino-israelí. Hemos detallado en anteriores entregas un poco de la historia reciente del conflicto, nos hemos adentrado en el origen del mismo, y hemos repasado muchas de las manifestaciones que hoy día nos ofrece el conflicto. También hemos aportado, desde nuestra humilde tribuna, algunas soluciones al mismo. Hemos recalcado, sobre todo, la perversa naturaleza del sionismo, su colaboración con el imperialismo, y la vergonzosa conducta de la comunidad internacional al respecto. Vamos a ir finalizando en las próximas entregas, ya que únicamente nos resta focalizar nuestra exposición sobre la última propuesta de "solución" al conflicto, llamada vergonzosamente "Acuerdo del Siglo", y que a propuesta de la Administración estadounidense de Donald Trump, se ha publicado hace pocos meses. Dicha propuesta no es más que una forma de impedir la autodeterminación del pueblo palestino, dispersándolo y restándole fuerza, limitar su autonomía y sujetarlo al arbitrio de la criminal alianza entre el imperialismo y el sionismo. De entrada, la propuesta ha sido elaborada sin contar con el pueblo palestino y sus organizaciones representativas, es decir, ha sido una "solución" únicamente estudiada por Estados Unidos e Israel. Ello en sí mismo la invalida completamente. A grandes rasgos, es una propuesta que consolida la colonización, el apartheid y el crimen de lesa humanidad sobre los territorios ocupados, tanto de la Palestina histórica como de aquellos ocupados desde 1967. El plan de Trump y Netanyahu ignora por completo los deseos y aspiraciones del pueblo palestino. No se trata de un proyecto de paz, sino de un proyecto de coacción. Parece ser que el equipo preparador del plan ha estado coordinado por el yerno del Presidente estadounidense, el empresario inmobiliario Jared Kushner, sionista confeso. El documento supone la eliminación de cualquier resquicio para que Palestina pueda obtener su propio Estado. 

 

El "Acuerdo del Siglo" se convierte así más bien en la burla del siglo, ignorando los esfuerzos por avanzar en el logro de un Estado palestino propio, y sobre todo (no podía esperarse otra cosa), y tal como sostiene Pablo Jofré en este artículo que tomamos como referencia, muestra que la preocupación de Estados Unidos se limita a satisfacer los apetitos de sangre y tierra del sionismo. Una propuesta de este tipo no puede ser tolerada, ya que supone la más abyecta violación del derecho internacional. Los israelíes seguirán gozando de las prebendas y privilegios que les otorga la usurpación, el robo y la impunidad de ocupar una tierra que no les pertenece. El plan niega además tajantemente una de las reivindicaciones centrales del pueblo palestino, como es el derecho al retorno de los millones de refugiados palestinos expulsados desde 1948. Jofré Leal explica: "Ese es el fundamento del Acuerdo del Siglo, consolidar el dominio del sionismo, avalado por su padre putativo en tierras palestinas, expulsarlos de sus hogares, desunir los vínculos territoriales que atan al palestino a su tierra: sus olivos, cultivos, fuentes de agua. Sus sitios de culto, su historia tejida a lo largo de miles de años. Israel pretende así sionizar a Palestina, quitarle su carácter árabe, robarle su identidad, copiar descaradamente su vestuario, apropiarse de su gastronomía, su cultura basal. Israel pretende vaciar de contenido al pueblo palestino expulsándolos de sus hogares o demoliendo sus viviendas de forma brutal, impidiéndoles transitar por sus ciudades y pueblos. Prohibiéndoles visitar a sus familias en otras ciudades de la Palestina ocupada y menos aún osar entrar en la Palestina histórica. El pueblo palestino no puede andar libre por su patria ancestral, cultivar sus olivos o cosecharlos con tranquilidad cuando la oportunidad lo permite. No puede beber de sus fuentes de agua robadas impunemente para abastecer los asentamientos poblados por colonos extremistas". El mal llamado "Acuerdo del Siglo" fue presentado (después de muchas discusiones secretas) el mes de enero de 2020. Se suponía que debía ofrecer una solución imparcial y justa para uno de los mayores y más longevos conflictos mundiales, pero viniendo de los actores implicados...¿alguien de verdad podría creerse esto?

 

Sheena Anne Arackal explica el acuerdo en los siguientes términos (siguiendo su artículo traducido para el digital Rebelion desde el medio Mondoweiss): "Bajo el nuevo plan de paz presentado por el presidente Trump, a los palestinos se les otorgará una autonomía limitada dentro de una patria palestina que consiste en múltiples enclaves no contiguos diseminados por Cisjordania y Gaza. El Gobierno de Israel mantendrá el control de seguridad sobre los enclaves palestinos y continuará controlando sus fronteras, el espacio aéreo, los acuíferos, las aguas marítimas y el espectro electromagnético. Israel podrá anexarse el Valle del Jordán y las comunidades judías de Cisjordania. A los palestinos se les permitirá elegir a los líderes de su nueva patria, pero no tendrán derechos políticos en Israel, el Estado que realmente los gobierna". La autora incluye algunos mapas explicativos al respecto, y continúa: "Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump separa física y políticamente a los palestinos al colocarlos dentro de un Estado no contiguo (Áreas A y B y Gaza) y declararlos ciudadanos de esa patria. Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump otorga autonomía a la patria palestina sobre asuntos civiles como educación y atención médica, mientras áreas críticas como el comercio, la inmigración y la seguridad permanecerán bajo control israelí. Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump es un juego de artimañas político, un intento poco velado de afirmar que Israel, un Estado que gobierna aproximadamente el mismo número de judíos que de palestinos, es en realidad un Estado de mayoría judía. También (como el apartheid de Sudáfrica) la Administración de Trump afirma que los bantustanes son una solución temporal. Una vez que la población indígena esté lista para el autogobierno, algún día se les otorgará algo que se asemeje a un Estado". Absolutamente vergonzoso, ridículo, inadmisible. Este acuerdo del siglo se suponía que debía traer paz y dignidad a Medio Oriente, pero lo cierto es que hace exactamente lo contrario, resucitando el apartheid, un sistema político indecente y racista que debiera pertenecer ya a los basureros de la historia. De hecho, y como recoge este artículo del medio Contrainformación, la ONU ha instado a la comunidad internacional a condenar abiertamente esta propuesta, que permitiría a Israel la anexión del 30% de Cisjordania, algo que está estrictamente prohibido por el derecho internacional, comenzando por la propia Carta de las Naciones Unidas (1945).

 

El relator especial de la ONU encargado de los derechos humanos en territorio palestino, Michael Lynk declaró a finales de enero que "El reciente plan de paz para solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos presentado por el Presidente de Estados Unidos Donald Trump es una propuesta sesgada hacia una de las partes del conflicto", en un tono bastante suave y moderado. Lynk destacó que la propuesta de Trump no presenta una fórmula para una paz justa y verdadera, sino que respalda la creación de un Bantustán (término que procede de nombrar a las tribus bantúes africanas, y por ende a un territorio reservado para los habitantes no blancos de Sudáfrica y el suroeste de África como parte de la política de apartheid) del siglo XXI en el Medio Oriente. El relator añadió que el pequeño "Estado" palestino resultante sería "como un islote disperso de territorio no contiguo completamente rodeado por Israel, sin fronteras exteriores, sin control sobre su espacio aéreo, sin derecho a un ejército para defender su seguridad, sin base geográfica para una economía viable, sin libertad de movimiento y sin capacidad para quejarse ante foros judiciales internacionales contra Israel o los Estados Unidos". Más claro el agua. Un plan que consolidaría de forma permanente el eterno sometimiento de los palestinos a los designios sionistas e imperialistas. Lynk también deploró la propuesta de legalizar los 240 asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental al afirmar que "el derecho internacional prohíbe expresamente el traslado de la población civil de una potencia ocupante. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha condenado los asentamientos israelíes como una violación flagrante del derecho internacional, y el Estatuto de Roma de 1998 los ha considerado como supuestos crímenes de guerra". En este documento de referencia aparecen con detalle los mapas del Estado de Israel y de Palestina, tal como se han registrado en la propuesta del Acuerdo del Siglo. Esta absurda e irracional propuesta legitima de un plumazo más de 50 años de violaciones por parte de Israel de los derechos humanos de los palestinos. Es como una recompensa a Israel por sus aberrantes crímenes. 

 

Por su parte, Arabia Saudí, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Bahrein han acogido sin reservas la propuesta del "Acuerdo del Siglo". Y lo mismo hizo Qatar, si bien añadió que el Estado palestino debería negociarse a partir de las fronteras de 1967 y que los palestinos deberían conservar su derecho al retorno. La mayoría de Estados occidentales también han apoyado, con más o menos entusiasmo, el plan de Trump. Sin ir más lejos, el Reino Unido lo ha acogido con gran alborozo. Los palestinos, en su rechazo, están absolutamente solos, salvo la protesta con boca pequeña de la ONU que acabamos de reseñar. No les quedan aliados árabes. Siria e Irak están destrozados por sus guerras. Los palestinos han perdido el respaldo de las naciones árabes más pobladas y de la más rica. No tienen más apoyo que ellos mismos. Solo tienen la opción de seguir defendiendo su tierra con uñas y dientes. Tomando de nuevo las palabras de Pablo Jofré Leal: "Hoy, más que nunca, Palestina necesita la solidaridad, el apoyo efectivo y concreto de los pueblos del mundo. Hoy, cuando el binomio criminal compuesto por Washington y el sionismo pretende imponer un "Acuerdo del Siglo" que exuda sangre palestina. Hoy, que la Resistencia palestina muestra el camino de la dignidad como eje de la acción contra el régimen nacionalsionista, se requiere intensificar los esfuerzos de la sociedad civil por apoyar a Palestina". Como dijo Ernesto Gómez Abascal: "No hay mayor terrorismo que despojar a todo un pueblo de sus tierras y sus legítimos y elementales derechos a la existencia". En expresión de mi muy admirado Guadi Calvo, este acuerdo exige a Palestina "hacer de puta y poner la cama". Calvo también tilda al acuerdo como "una genuina pieza de hipocresía", ya que también obliga a Palestina a reconocer oficialmente a Israel como Estado judío. El acuerdo recoge también que la nación árabe no podrá unirse a organizaciones internacionales sin el consentimiento judío, y además deberá retirar todas las demandas contra Israel, Estados Unidos y ciudadanos de estos países que hayan presentado ante cualquier tribunal internacional, así como tampoco podrá recurrir a la Interpol contra causas que involucren a norteamericanos ni a israelíes. Como puede comprobarse, toda una joya documental. Finalizaremos esta serie en la próxima y última entrega.

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26 abril 2020 7 26 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Terry Anderson

Viñeta: Terry Anderson

Ojalá que la pandemia del coronavirus, como la peste en la Antigua Grecia, resulte un acontecimiento histórico que alcance a instaurar en la conciencia humana la inteligencia de la vida; que logre recodificar el silogismo aristotélico ´todos los hombres son mortales´, para recomponer la vida de Gaia, de la Pachamama. Para instaurar en el pensamiento a un nuevo silogismo: la vida es naturaleza/Soy un ser vivo/soy naturaleza

Enrique Leff

¿Y si la deudora es la Tierra? ¿Y si el préstamo lo hubiera estado haciendo la naturaleza? ¿No es esa una pelea donde, sea cual fuere el éxito de la lucha, estaríamos condenados a perder? «La Tierra es la herencia que dejan los hijos a los padres», dice la sabiduría aymara. Lo que implica que hay alguien que tiene derechos sin tener deberes. La deuda que tenemos con la Tierra nos la va a cobrar. Sin preguntarnos antes. No somos tan importantes para ella

Juan Carlos Monedero

Como habíamos adelantado en anteriores entregas, haremos a continuación una exposición más profunda sobre la consideración de otorgar derechos a la Madre Naturaleza, es decir, convertirla en sujeto de derechos, al más alto nivel, de forma consecuente a las teorías que venimos exponiendo. Tomaremos para ello como referencia el texto "Ecología, Economía y Ética del Desarrollo Sostenible", todo un clásico del gran experto Eduardo Gudynas, un referente mundial en el asunto que nos ocupa. La consideración de valores propios (intrínsecos) en la Naturaleza consiste en aceptar y asumir moralmente que las formas de vida que en ella se albergan revisten valores en sí mismas, valores independientes de las consideraciones que los humanos podamos hacer sobre ellas, derivando de dicho reconocimiento el hecho de aceptar que deben poseer derecho a desarrollar sus propios procesos vitales. Obviamente ha de darse una mediación humana en este hecho, en tanto somos las personas, los seres humanos, los que reconoceremos estos valores. Pero se reconoce que esa valoración está más allá de nuestra propia interpretación, y reside en los propios seres vivos. Por esa razón se denomina a estos valores como intrínsecos, ya que la esencia del valor es una propiedad inherente a los seres vivos. Todo ello, como veíamos en entregas anteriores, es el epicentro de la mirada biocéntrica que pretendemos aplicar, en contraposición a la mirada antropocéntrica que hemos practicado hasta ahora. Asumir por tanto que la Naturaleza es sujeto de valor implica por tanto abandonar la ética anclada en el antropocentrismo para migrar a esta nueva perspectiva, a este nuevo enfoque, a un prisma diferente que otorga valores a los seres vivos en su ambiente, de donde quedan incorporados los objetos inanimados en tanto son esenciales para mantener los procesos ecológicos. Esta valoración ha de alcanzar a todas las especies, incluidas las que nos parezcan feas o inútiles. Existen ejemplos de ese abordaje, como fue el caso de la detención por algún tiempo de la construcción de una represa de 120 millones de dólares en Tennessee (Estados Unidos) para salvaguardar a un pequeño pez endémico de esa zona. 

 

La perspectiva biocéntrica, y el reconocimiento de valores propios, tienen profundas implicaciones para las estrategias en desarrollo sostenible. Difícilmente es aplicable a las posturas débil o fuerte (en su sentido economicista), pero es congruente con la versión superfuerte que defiende el Patrimonio Natural por una diversidad de valores. La defensa de la Naturaleza puede incorporar las justificaciones de la utilidad para el ser humano, pero además debe atender los valores propios de las especies vivas y sus respectivos ambientes (ecosistemas), generando derechos y responsabilidades. Las posturas éticas tradicionales afirmaban que los seres vivos son apenas depositarios de derechos otorgados por el ser humano, de donde en realidad son una extensión de una propiedad personal; en esta visión el centro de la discusión seguía en el ser humano. En cambio, los defensores de los derechos propios (el Buen Vivir se sitúa en esta perspectiva) sostienen que los seres vivos poseen valores intrínsecos que son independientes de toda valoración humana. Se admite que es el ser humano quien reconoce esos derechos, pero el centro de la discusión es otro: está en el propio valor intrínseco de las plantas y de los animales. Un segundo paso transita por ampliar estos derechos a un conjunto mayor de especies, y en lugar de enfocarlos en animales como individuos, sostener que es toda una especie la que los posee (identificándonos con las tesis de Aldo Leopold y sus seguidores, ya mencionados en el artículo anterior). En uno de los marcos legales más conocidos, el Acta de Especies Amenazadas de los EE.UU. de 1973, los intereses ecológicos prevalecen sobre los individuales. Allí se sentencia que las acciones que se lleven a cabo y las decisiones que se tomen no deben poner en riesgo "la continua existencia de una especie amenazada" ni deben "resultar en la destrucción o modificación del hábitat". Retomaremos a continuación un fragmento del documento "La ética del respeto a la Naturaleza", publicado originalmente en 1981 por Paul W. Taylor, cuya corriente de pensamiento también fue comentada e introducida en el artículo anterior de esta serie: "Al llamar biocéntrica a la teoría que voy a exponer, pretendo contrastarla con todas las visiones antropocéntricas. De acuerdo con éstas últimas, las acciones humanas que afectan al entorno natural y a sus habitantes no humanos son correctas (o incorrectas) según alguno de dos criterios: tienen consecuencias favorables (o desfavorables) para el bienestar humano, o son consistentes (o inconsistentes) con el sistema de normas que protege y da cuerpo a los derechos humanos".

 

Y continúa: "Desde este punto de vista homocéntrico, todos los deberes en última instancia tienen como objeto a los humanos y sólo a los humanos. Podríamos tener responsabilidades en relación con los ecosistemas naturales y las comunidades bióticas de nuestro planeta, pero en cada caso estas responsabilidades se basan en el hecho contingente de que el trato que damos a esos ecosistemas y biocomunidades puede promover la realización de valores y/o derechos humanos. No tenemos ninguna obligación de fomentar o proteger el bien de las cosas vivientes no humanas, independientemente de este hecho contingente. Un sistema biocéntrico de ética ambiental se opone a los homocéntricos precisamente en ese punto. Desde la perspectiva de una teoría biocéntrica, tenemos prima facie obligaciones morales con las plantas y los animales silvestres como miembros de la comunidad biótica de la Tierra. Estamos moralmente obligados (si lo demás se mantiene igual) a proteger o fomentar su bien por ellos mismos. Nuestro deber de respetar la integridad de los ecosistemas naturales, de conservar las especies en peligro y de evitar la polución ambiental procede del hecho de que es el modo en que podemos contribuir a dar a las poblaciones de las especies silvestres la posibilidad de lograr y mantener una existencia sana en estado natural. Existen estas obligaciones con las cosas vivientes debido al reconocimiento de su valor inherente. Y son obligaciones completamente adicionales y ajenas a las que tenemos con nuestros congéneres. Aunque muchas de las acciones que cumplen con un conjunto de obligaciones también cumplirán con el otro, hay aquí involucrados dos fundamentos diferentes de tales obligaciones. Su bienestar, así como el bienestar humano, es algo que debe lograrse como un fin en sí mismo". Como sabemos, esta propuesta ha sido defendida sobre todo por el filósofo noruego Arne Naess, quien abandonó su Cátedra de Filosofía en la Universidad de Oslo para, a la manera de Henry David Thoureau (filósofo norteamericano, considerado el padre de la desobediencia civil), vivir en una cabaña en los bosques nórdicos. Esta concepción apunta a una extensión de la identidad personal al entorno, donde se incorporan aspectos cognitivos, morales y relacionales del sí-mismo que se extienden a los demás seres vivos y el ambiente. 

 

También es importante advertir que el concepto en cierta medida no es un invento reciente de los ambientalistas. Existen ejemplos similares en varias culturas indígenas (base originaria del Buen Vivir, que también hemos presentado en anteriores entregas), donde se construyen sus identidades bajo una estrecha relación con la Naturaleza. Para ellas, el "lugar", en su sentido etnológico, es a la vez parte de la identidad personal. Un ejemplo perteneciente a tierras latinoamericanas es el caso de los guaraníes, quienes al definirse a sí mismos (teko) lo hacen en referencia a un ambiente (teko-ha). El sí-mismo guaraní es un sí-mismo en la Naturaleza, integrado en ella, siendo uno con ella, aunque lamentablemente esa conceptualización fue destruida por la colonización cultural europea. En este caso, la construcción de la identidad personal se hace sabiéndose en relación con la Naturaleza. Ese vínculo se basa en reconocer que las personas no finalizan en el límite que les impone la piel, sino que ellas, nosotros, somos en realidad puentes o partes del entorno que nos rodea. Este pensamiento ecológico requiere, tal como sostuvo Paul Shepard unos 50 años atrás, de una nueva visión a través de los límites: "La epidermis de la piel es, ecológicamente, como la superficie de un lago o el suelo del bosque, no como un caparazón, pero sí como una delicada interpenetración. Ella revela el sí mismo ennoblecido y extendido, en vez de amenazado, como parte del paisaje y del ecosistema, porque la belleza y complejidad de la naturaleza son continuas con nosotros mismos" (Shepard, 1969). La idea del sí-mismo ecológico ha tenido una amplia acogida en algunos sectores del ambientalismo, mientras en otros ha contribuido a conformar una tendencia particular (la llamada Ecología Profunda, a la que ya hemos hecho referencia), y finalmente, ha despertado una viva polémica en el campo de la filosofía y de la ética ambiental. Bajo la perspectiva del sí-mismo ecológico, cada persona es parte de la Naturaleza, y ella es parte nuestra. Aún más, la propia realización como personas pasa a depender de la integridad y vitalidad del ambiente. Además de concebir a la Naturaleza como parte de nosotros mismos, el vínculo también actúa a la inversa, envuelve al entorno de parte de algunas de nuestras vivencias. Se siente a la Naturaleza enferma, se sufre por su dolor, se escucha su llamada, y se lloran sus muertes. 

 

Por supuesto, este concepto no debe confundirse con una nueva forma de misticismo, al menos por tres razones. La primera de ellas, porque no alude a una disolución de la identidad de la persona en un todo. La individualidad se mantiene, pero en una diversidad, donde se da una relación de colectividad. La segunda razón es que el concepto de misticismo ha sido usado en contextos vagos y confusos; y la tercera, es que se refiere a estados de normalidad en la persona, y en su vida cotidiana, y no se busca alcanzar este nuevo self (yo-mismo) por medio de sus alteraciones. Tampoco debe alentarse otra confusión: el sí-mismo ecológico no reniega del sí-mismo individual, ni de la dimensión social que existe en su construcción. Es más, se rechazan aquellas visiones que intentan un estrecho vínculo con plantas o animales, ignorando la solidaridad con otras personas. Ese no es un sí-mismo ecológico en tanto su dimensión social está ausente, sino que más bien expresa una patología contemporánea de retraerse de la sociedad por incapacidad de vincularse colectivamente. La construcción de un sí-mismo ecológico requiere de un fuerte proceso de identificación con la Naturaleza, entendido como un proceso espontáneo, no racional (pero no necesariamente irracional) por el cual el interés de otro ser desencadena una reacción como si nuestros propios intereses y vivencias estuviesen afectados. Esto tampoco implica una identificación total de la persona en un objeto; no se excluyen los conflictos. Por ello, no se quiere decir que no se deban aprovechar aquellos animales o plantas indispensables para nuestra supervivencia, sino que debe hacerse desde la compasión con ellos, y en la solidaridad y equidad con las demás personas. En palabras más simples, esta identificación con el entorno es contraria a las estrategias de desarrollo cuya meta es la acumulación y el crecimiento; allí se desarticula el uso de los recursos naturales de fines básicos como la calidad de vida de las personas, y se los incorpora a estrategias de acumulación y ganancia. Bajo esta visión, en cambio, se les respeta hasta tal punto que encontramos en ellos valores por sí mismos, y les otorgamos un estatus de sujeto de derecho, para que precisamente los contextos legales obliguen a las personas a respetarlos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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