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30 mayo 2017 2 30 /05 /mayo /2017 23:00
Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

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Solo habría que hacer un poco de memoria para saber cuál ha sido la contribución de la Iglesia Católica en la reciente historia de España: el fomento de la ignorancia y la censura y de la servidumbre de los ciudadanos hacia las dictaduras fascistas, el cultivar la mansedumbre, el imponer la represión sexual de la población, apoyar el machismo y mantener a la mujer ungida al patriarcado más feroz

Antonio Gómez Movellán

En el artículo anterior de esta serie nos adentramos en las barbaridades y salvajadas que los niños y adolescentes vivieron en los internados franquistas de la época, apoyándonos en un estupendo documental de Montse Armengou y Ricard Belis, reseñados en este artículo que estamos tomando como referencia. Hemos de indicar también que los autores del citado documental también contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos, para corroborar los testimonios y contrastar la información.  Y algunos de los terribles testimonios se han incorporado también a la querella argentina contra el franquismo, ante la pasividad e indiferencia de las autoridades españolas. Y al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en nuestro país, el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Pero como sabemos, con estas cosas ("son cosas que no importan a la gente", Mariano Rajoy dixit) aquí en España no pasa nada. La Ley de Memoria Histórica de 2007, aprobada bajo el Gobierno del PSOE de Zapatero, es un marco legal insuficiente, una ley estrecha de miras, y que no ocurre nada si se incumple. De hecho, se incumple casi diariamente, continuamente, se está incumpliendo mientras nuestros lectores y lectoras están leyendo este artículo. Incluso el indecente Gobierno del PP se ha jactado públicamente de dedicar "0 euros" del presupuesto público para ella. Son los mismos gobernantes que se llena la boca con "el cumplimiento de la ley", pero únicamente para los asuntos que a ellos les interesan políticamente. 

 

La Ley de Memoria Histórica, evidentemente, tampoco interesa a la Iglesia Católica. Ella consagró un modelo histórico de relación entre la política y la religión durante el franquismo, y se niega a que dicho modelo sea abolido. Poder y adoctrinamiento religioso formaron un peligroso tándem durante los cuarenta años de dictadura, y se resisten a derogarlo. Durante muchas épocas históricas, la Iglesia ha intentado que los poderes públicos deriven hacia ese totalitarismo de la fe cristiana, y cuando lo han conseguido, la cruz se ha convertido también en la espada. Incluso muchos teólogos han legitimado lo que pudiéramos denominar la fundamentación teológica del poder totalitario de la Iglesia. El franquismo fue un ejemplo de ello. El nacionalcatolicismo era la forma de pensar oficial, la manera de entender la vida, la actitud ante los roles sociales de hombres y mujeres, y ante la patria. El conjunto de valores morales católicos se impuso a sangre y fuego. Y llegan hasta nuestros días, donde algunos personajes de la jerarquía eclesiástica aún destilan ese odio en sus palabras hacia las mujeres, hacia los homosexuales, hacia la izquierda política y social. Y aunque nuestra Constitución de 1978 declare la aconfesionalidad del Estado, a efectos prácticos nuestro país sigue siendo un Estado católico. Aquélla Iglesia franquista del nacionalcatolicismo proyecta su alargada sombra hasta nuestros días. La insoportable y nefasta hipoteca de la Iglesia continúa aplastando la libertad de pensamiento que todo Estado laico requiere. En ese sentido, pues, hemos avanzado poco. La completa superación del franquismo también requiere la plena separación entre el ámbito eclesiástico y el ámbito del Estado, es decir, entre el ámbito público y el ámbito privado. 

 

En nuestros días, la Iglesia Católica continúa con su pretensión de someter al poder civil, enfrentándose públicamente a cuantas leyes, decretos y proyectos puedan perjudicar sus privilegios, o bien puedan alterar o hacer evolucionar el pensamiento religioso dominante. La Iglesia continúa intentando arrogarse el poder espiritual en nuestra sociedad, sin aceptar que sus tiempos de gloria han pasado, y que las sociedades libres y avanzadas separan (siempre desde el respeto institucional) su ámbito público del ámbito de las creencias privadas de los fieles de una determinada confesión religiosa. El laicismo es un principio indisociable de la democracia, lo cual constituye otro argumento más que abona la tesis que siempre hemos defendido: en realidad, desde la Transición hasta aquí, no hemos gozado de una democracia completa y real, solo de un amago de la misma, de una apariencia o disfraz de democracia, de una democracia limitada y recortada. Y hoy día, desde el marco legal de nuestra Carga Magna, hemos suplantado ese laicismo genuino por una laicidad del proselitismo católico. La Iglesia sigue percibiendo ingentes fondos públicos del conjunto de la sociedad, sigue impartiendo religión en las aulas públicas, y su simbología y filosofía política continúan presentes en todos los aspectos de nuestra vida social. Bajo la apariencia de un falso pluralismo religioso (pues la confesión católica es la única reconocida y apoyada por el Estado), los Gobiernos del bipartidismo imperantes hasta hoy día han instaurado un sistema que destruye la propia esencia del laicismo, y consagran la no-separación entre Iglesia y Estado. 

 

Una superación completa del franquismo conlleva por tanto dejar atrás el enorme poderío de la confesión católica en nuestro país, y una nueva conciencia colectiva sobre la necesidad (insistimos, desde el más absoluto respeto a todas las religiones) de separar los ámbitos público y privado. Hay que desarrollar en la sociedad una autonomía moral sobre todas las confesiones religiosas, así como una ética laica de la vida, que conlleve una nueva óptica de pensamiento donde los dogmas católicos dejen de absorber los planteamientos que se puedan hacer sobre todos los problemas de la vida social. Pero como venimos exponiendo durante toda esta serie de artículos, la superación real del franquismo implica muchas más vertientes, actitudes, decisiones y manifestaciones. Aquí van algunas de ellas, recogidas en la reciente PNL (Proposición No de Ley) mediante la cual el Congreso ha instado al Gobierno: volver a dotar las partidas presupuestarias dedicadas a la memoria histórica. Tomar un papel activo en la localización de fosas comunes e identificación de los cadáveres. Crear bancos de ADN, puesto que muchos de los familiares de las personas desaparecidas durante la Guerra Civil tienen ya una edad muy avanzada. Reabrir la Oficina de Ayuda a Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura, que, hasta que la cerraron por la falta de voluntad para dedicarle presupuesto, era el órgano que coordinaba todos estos asuntos. Impulsar la retirada de todos los símbolos que exaltan la sublevación militar, la guerra o la dictadura (placas, monumentos, esculturas, callejeros, etc.). Ampliar el reconocimiento de la nacionalidad española a personas que la perdieron a causa del conflicto. Elaborar un censo completo de obras realizadas usando mano de obra esclava y trabajos forzados de presos políticos, y colocar placas que homenajeen a éstos. Cortar todo tipo de subvenciones dedicadas a las organizaciones que ensalcen la figura del dictador, y valorar la declaración de nulidad de las condenas dictadas por los tribunales penales franquistas contra quienes defendieron la legalidad republicana.

 

Por supuesto, la voluntad de los actuales gobernantes para llevar a cabo todas estas tareas es nula. Se siguen amparando en lógicas absurdas: "No queremos remover el pasado", "No debemos reabrir heridas", "Dejemos a los muertos en paz", "Con la crisis que estamos viviendo esto no es prioritario". Y al igual que un nuevo Proceso Constituyente, sí es prioritario. La base social que aún apoya o es equidistante con respecto al franquismo es la misma que continúa apoyando la Monarquía, y ambas facetas responden a un mismo problema, un problema que se sitúa en la base de la pirámide de todos los males que nos afectan. No se puede continuar ignorando esto, dedicándonos a resolver ciertos conflictos, pero olvidándonos de lo más importante, es decir, de los aspectos sociales que aún legitiman el autoritarismo y la explotación capitalista (así como la explotación espiritual de las mentes) que el franquismo supuso durante cuarenta años, y la propina "democrática" que llevamos sufriendo durante otros cuarenta más. Llevamos por tanto cuarenta años de retraso. En realidad, llevamos 80 años de retraso para volver a instaurar la legalidad y legitimidad republicanas, esa misma que destruyeron los militares golpistas, con ayuda de la Iglesia Católica, los grandes banqueros, empresarios y terratenientes de la época, y el apoyo de los fascismos europeos. No podemos esperar más tiempo. No debemos esperar más tiempo. La completa, absoluta y real superación del franquismo es un asunto prioritario para aspirar a una sociedad democrática que pueda presumir de ello. Es una cuestión de salud democrática, de saneamiento social, de liberación moral, espiritual y material. Continuaremos en siguientes entregas.

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29 mayo 2017 1 29 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

La derecha venezolana es una cobra de dos cabezas que serpentea al ritmo de la flauta de Estados Unidos

Laila y Basem Tajeldine

Nuestro país se ha convertido, desgraciadamente, en el estercolero de la derecha venezolana (en expresión de Marcos Roitman), dando argumentos al Presidente Nicolás Maduro en sus frecuentes ataques a nuestro indecente Gobierno. El PP y Ciudadanos, y un amplio sector del PSOE, se han empeñado en promover en nuestro territorio las bondades de la "oposición" venezolana, y en presentarla como víctima de la "dictadura chavista" de la Revolución Bolivariana. Es un proceso que no es nuevo, ya se viene dando de forma activa desde la colaboración de Aznar en el intento fallido de golpe de 2002, durante la etapa de Hugo Chávez. Los medios de comunicación dominantes nos presentan cada día la cara oscura y caótica de las calles venezolanas, mostrándonos un paisaje de cuasi guerra civil. No entran a detallar las verdaderas causas de dichas movilizaciones, ni a explicar los verdaderos motivos del desabastecimiento de productos básicos. Esconden la extrema violencia de los "opositores" al chavismo, y nos presentan, como siempre, una visión sesgada e interesada de la realidad venezolana. Su alianza con la extrema derecha norteamericana es evidente, así como con el resto de países donde el sistema neoliberal campa a sus anchas. Es ese mismo sistema el que quiere volver a sus fueros, derrotando todas las conquistas populares del chavismo, que lógicamente disminuyen los privilegios de los más ricos y poderosos. 

 

Pero incluso todo ello ha llegado a expresarse en nuestras ciudades, en forma de una nueva escalada en las estrategias desestabilizadoras, donde también cortan el tráfico, agitan pancartas, persiguen a los diplomáticos, boicotean manifestaciones de los que defienden el gobierno venezolano, abortan actos públicos, amenazan de muerte a los que no se alinean con sus tesis, y promueven la violencia para derrocar al régimen chavista. Nuestro gobierno y muchos líderes políticos de la derecha, así como los ex Presidentes Aznar y González, han celebrado numerosos actos de acogida y expresión de ciertos personajes de la derecha venezolana, tales como el padre del golpista Leopoldo López, su mujer Lilian Tintori, o María Corina Machado, así como algunos líderes de la MUD. Como ejemplo de todo ello, el pasado jueves 11 de mayo se perpetró un ataque a la sede de la Embajada de Venezuela en nuestro país, donde se celebraba un acto informativo del Comité de Víctimas de la Guarimba y el Golpe Continuado. Dicho local como es lógico goza de inviolabilidad diplomática, pero sin embargo, las fuerzas de seguridad del Estado permanecieron pasivas ante el ataque de los violentos manifestantes (de hecho, se confirmó que la Delegación del Gobierno había dado órdenes de no intervenir). A raíz de todo ello, más de 100 organizaciones sociales han denunciado en un Manifiesto que la oposición venezolana está exportando su violencia callejera al Estado Español, al sentirse perfectamente acogida por nuestras autoridades (con algunas excepciones, claro está, como por ejemplo la Alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ejemplo de tolerancia en la inmensa mayoría de asuntos). 

 

A todo este clima de acoso al legítimo Gobierno de Maduro se unen por supuesto los medios de comunicación dominantes, propiedad de los grandes grupos económicos y financieros, que no sólo hacen continuo eco de la tensión vivida en las calles de Venezuela, sino que además insisten en su manipuladora campaña de presentar al gobierno bolivariano como corrupto y autoritario, mientras difunden el papel de una oposición que únicamente desea para su país libertad y democracia. Nada más lejos de la realidad. Lo que se está viviendo en Venezuela es lo más álgido de un proceso de desestabilización conspirado a nivel internacional por las derechas de los países latinoamericanos (auspiciados por la OEA, de la cual Venezuela ha salido recientemente), y bajo el paraguas de la derecha imperialista norteamericana. Y nuestro país, por supuesto, bajo el Gobierno del PP y de sus aliados de la triple alianza, participa de forma entusiasta en la desestabilización del régimen, bajo indecentes proclamas que dicen interesarse "por un país amigo como Venezuela". La derecha no tiene amigos en ningún sitio, sólo obedece a intereses. Y cuando dichos intereses se ponen en juego, son capaces de desatar la violencia más extrema para revertir los procesos democráticos y populares que los amenacen. Como se indica en el manifiesto de referencia, estamos ante una actuación absolutamente coordinada con las campañas de injerencia del PP contra la República Bolivariana de Venezuela, junto con otros partidos políticos del arco parlamentario neoliberal, y la constante manipulación de los medios de comunicación. 

 

Resulta muy significativo comprobar hasta qué punto Nicolás Maduro tenía razón cuando indicaba al eje "Madrid-Caracas-Miami-Washington" como el responsable de la desestabilización que sufre Venezuela, no como consecuencia de un Gobierno represor y antidemocrático, como la derecha mediática nos cuenta, sino  como consecuencia de la constante ofensiva de las derechas políticas española, latinoamericana y estadounidense. Hoy más que nunca hemos de pedir solidaridad con la Revolución Bolivariana, y denunciar tanta falacia y tanta hipocresía, porque el interés de la derecha española por la cuestión venezolana no tiene nada que ver con la defensa de los Derechos Humanos, de la democracia y de la libertad, sino con la clara injerencia política y el intervencionismo, y con la intoxicación mediática permanente, bajo un proceso de apoyo a los sectores más violentos para el derrocamiento del Gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Y es que bajo una sarta de mentiras amplificadas con la inestimable colaboración de la prensa dominante, se vierten un conjunto de acusaciones sin fundamento, y se teje toda una construcción absolutamente falseada de la realidad. Se nos presenta a los manifestantes como inocentes disidentes políticos, injustamente encarcelados por un gobierno represor. Pero esto no es cierto. Lo que se esconde detrás de la "oposición" venezolana es toda una organización dedicada a alterar por la fuerza el orden constitucional vigente en su país, y a derrocar mediante la violencia a un gobierno elegido democráticamente. Para ello cuentan con la colaboración de mercenarios sufragados por Estados Unidos, y con el patrocinio de otros ex Presidentes latinoamericanos, que son los mismos que aparecen de vez en cuando firmando colectivamente documentos que hacen llamamientos al respeto a los derechos humanos en Venezuela. Toda una auténtica farsa puesta al servicio de las fuerzas de la ultraderecha más retrógrada. 

 

¿Por qué todo esto en Venezuela? ¿Por qué este clima de terror callejero, de violencia continua y extrema? ¿Por qué el desabastecimiento de comercios, de alimentos y productos básicos? ¿Por qué tanto eco mediático, cuando otros puntos del planeta resultan más calientes para la destrucción de los derechos humanos? Está bien claro, pero ofrece varias vertientes: Venezuela está en el punto de mira porque desde la llegada al poder de Hugo Chávez representa un mensaje que postula democracia frente a dictadura de los mercados, que postula fraternidad contra racismo, que postula cooperación y solidaridad contra discriminación, que postula servicios públicos frente a privatización, que postula patriotismo frente a entreguismo, que postula paz frente a violencia golpista y terrorista, y que postula educación, salud y asistencia social para todos, y de forma gratuita, frente a recortes y "planes de ajuste estructurales". Y a su vez, Venezuela es un país rico en petróleo y recursos naturales, esencial para controlar la geopolítica de la región, pero que se niega a servir a los intereses de las grandes corporaciones y empresas transnacionales, representantes del gran capital, cuyos siervos son estos indignos políticos de tres al cuarto que dicen "luchar por los derechos humanos". Por último, Venezuela, sobre todo durante los mandatos de Chávez, ha conseguido sembrar esa semilla, la semilla del Socialismo del siglo XXI, por muchos sitios de América Latina, desmontando las organizaciones que servían a los intereses imperialistas norteamericanos, y avanzando en la auténtica integración regional de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Todo eso es lo que pretende ser destruido. No lo permitamos. ¡Hasta la Victoria Siempre!

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28 mayo 2017 7 28 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El verdadero peligro para el mundo no es Corea del Norte, como no lo es Siria, ni lo fue Libia. Como tampoco lo es Rusia, Venezuela o Irán, por más que Washington repita este discurso absurdo, irracional y con el claro propósito de generar un estado favorable a sus intenciones imperiales. El verdadero peligro para el mundo es la política exterior estadounidense y sus afanes hegemónicos. Su política hostil contra ciertas naciones, su apoyo a regímenes cuyas ideologías son las que desestabilizan al mundo: el wahabismo y el sionismo principalmente, sin que ello pueda ser detenido debido a la impotencia y la complicidad de organismos como la ONU, la OTAN, la Unión Europea, que suelen efectivamente bailar al compas de las notas musicales emitidas desde Washington

Pablo Jofré Leal

Estamos intentando explicar la compleja situación y reacción de Corea del Norte, ante el continuo hostigamiento de Estados Unidos, por supuesto desde un prisma pacifista, es decir, situando por delante nuestra crítica a la escalada armamentista norcoreana, pero intentando ser justos en nuestros planteamientos. Y siguiendo los razonamientos de Pablo Jofré expresados en este artículo, Corea del Norte sostiene que frente a la política de agresión estadounidense, está preparada para una guerra total, que evite ceder a las presiones extranjeras, y sobre todo caer en el error de la Libia de Gadaffi, que abandonó su programa nuclear años antes de caer bajo el poder de los mismos que exigieron el desmantelamiento de un programa que podría haberle dado la protección que Corea del Norte exige. Es decir, la pregunta de base podría ser: ¿Con qué autoridad decide Estados Unidos (y sus aliados) quién puede y quién no puede llevar a cabo un programa nuclear? ¿Quiénes son ellos para erigirse como valedores morales del resto de los países, cuando precisamente representan lo peor del belicismo mundial? Es evidente que desde un punto de vista pacifista NINGÚN PAÍS debería desarrollar un programa nuclear con objetivos armamentísticos, pero lo que no es de recibo es que ni Estados Unidos ni ningún otro país se arrogue la potestad de prohibir o permitir dicha escalada a terceros países. Porque precisamente USA es el mayor exponente de la escalada armamentista, y ningún otro país en ningún foro internacional ha prohibido a los estadounidenses llevarla a cabo. 

 

Por tanto, y en primer lugar, la propia comunidad internacional debería reaccionar democráticamente en contra de este supuesto liderazgo estadounidense en cuestión de armamento para el resto de países. El control del armamento mundial debería ser una cuestión decidida democráticamente por los foros universales, y no estar al capricho de unas pocas potencias (que, en realidad, se reducen a una: Estados Unidos). Bien, pero no todo es responsabilidad del gigante norteamericano, aunque es el principal actor. Rusia y China, por su parte, han hecho un llamamiento para reducir la tensión y el clima bélico, y encontrar una salida negociada, pero también han puesto en alerta sus fuerzas armadas. Y al otro lado, Japón y Corea del Sur actúan como aliados de Washington en la zona. Y  una vez repartidos los papeles, cada actor juega el suyo. China ha declarado que no tiene ninguna manera de influir en las decisiones de su vecino respecto a su programa nuclear, y ha instado a Estados Unidos para que tome el camino del alivio de las tensiones en lugar de presionar a Pyongyang mediante acciones intimidatorias que tienden a encender las pasiones y a exaltar los ánimos, en lugar de buscar alternativas de diálogo, en las cuales China se declara dispuesta a participar. Pero ya sabemos que Washington no entiende otro lenguaje que no sea el de la fuerza. Pero China, a pesar de esta postura, no ha escatimado críticas contra el gobierno de Corea del Norte, a partir de lo que ha denominado la tozudez del gobierno norcoreano en las pruebas de sus misiles balísticos estratégicos y que significó, por ejemplo, que durante febrero de 2017 Beijing suspendiera la importación de carbón norcoreano. 

 

Sin duda este es el camino, y no el de la permanente hostilidad que Washington despieliega hacia Corea del Norte, mientras asedia sus contornos con maniobras militares. Las presiones que la comunidad internacional debe ejercer contra cualquier país que intente desarrollar una carrera armamentista (aún basada en pretextos tecnológicos) deben ser de tipo económico y diplomático, aceptadas por consenso, y ejecutadas mediante sistemas que permitan controlar su validez y sus resultados. La senda pacifista, como tantas veces hemos argumentado, siempre ha de huir de soluciones violentas, agresivas o belicistas. Echar más leña a un fuego nunca es una salida. Y menos aún cuando dichas decisiones y medidas se adoptan de modo unilateral, sin el concurso de la comunidad internacional. Recientemente, el medio Rebelion.org, entrevistaba a través de su periodista Enric Llopis al Embajador de Corea del Norte en España, Kim Hyok-Chol, quien declaraba abiertamente: "Nos vemos obligados a poseer armas nucleares como medio de independencia y justicia frente al asedio exterior", denunciando la agresión imperialista por parte de Estados Unidos. Ya lo hemos dicho y lo volvemos a reiterar: no estamos de acuerdo con la posición norcoreana, pero su postura es perfectamente comprensible, a tenor de su papel como pequeño país que pretende no ser (como el resto) una marioneta más en manos de Washington. Y aquí como en tantos otros asuntos, la tremenda hipocresía de los aliados de la potencia norteamericana se deja ver muy fácilmente. Callan continuamente ante las continuas agresiones de Washington en cualquier país, pero se rasgan las vestiduras si el régimen norcoreano realiza pruebas y ensayos de misiles balísticos. 

 

En este sentido, las palabras del Embajador norcoreano en nuestro país eran muy reveladoras: "Con Estados Unidos no es cuestión de comunicarse, sólo cabe la acción; sólo es posible que se dobleguen si contamos con la fuerza suficiente". Lo cual delata, en el fondo, que los foros de la comunidad internacional son absolutamente incompetentes para cumplir su obligación de democratizar el poder y la gobernanza mundiales. Porque si fuera Naciones Unidas quienes leyeran la cartilla a Washington con la fuerza del resto de países, todos a una, controlando y haciendo ejecutar y vigilar sus resoluciones, nada de esto pasaría. Es un fracaso de la comunidad internacional, con un grado mayor de complicidad de todos los aliados occidentales de Washington, que le ríen constantemente las gracias, y se han convertido en sucios vasallos de su política imperialista. Corea del Norte, por tanto, basa sus acciones en un "justo derecho a la autodefensa", y lo apostilla el Embajador en nuestro país argumentando que "Corea es una nación con más de 5.000 años de historia que jamás ha arrojado una piedra a otros países", contraponiendo frente a esta realidad "el terrorismo imperialista norteamericano de agresión". Y por supuesto, los medios de comunicación dominantes continúan con su propaganda proyanki, justificando siempre las acciones norteamericanas, y tratando a los gobernantes y al pueblo norcoreano como psicópatas que desean una guerra. Pero veamos los datos para comprender cómo la situación es absolutamente desproporcionada.

 

En febrero de este año el medio BBC Mundo daba cuenta de la exhortación de Donald Trump a "fortalecer" y "expandir" el arsenal nuclear de Estados Unidos. ¿Algún país puso el grito en el cielo por ello? ¿Se escandalizó algún foro internacional? ¿Hubo algún llamamiento en contra de la decisión de Trump? Ya sabemos la respuesta. Añadamos que dicho arsenal multiplica por 31 el de Reino Unido, por 26 el de China o por 22 el de Francia, según la ONG "Asociación de Control de Armas" (con sede en Washington), que cita datos del propio Departamento de Defensa estadounidense. La citada fuente señala que Estados Unidos y Rusia poseen el 90% del arsenal nuclear mundial. Mientras el gigante norteamericano cuenta con 6.800 ojivas nucleares, Corea del Norte dispondría de una decena. ¿Es esta a ojos de cualquier observador justo e imparcial una situación deseable? ¿Tiene sentido que precisamente el mayor poseedor de ese tipo de armamento recrimine a terceros países su posesión? ¿Hace caso Washington de los constantes llamamientos al desarme nuclear mundial? ¿Tiene autoridad moral para instigar a otros países si libremente deciden desarrollar procesos de este tipo? Insistimos una vez más para que no haya duda ni malinterpretaciones de nuestra posición, ni del sentido de una senda pacifista: el desarrollo de armas nucleares ha de ser progresivamente reducido en la totalidad de los países. Punto. Pero esto no puede ser liderado a golpe de amenaza precisamente por la potencia que más armas de este tipo posee en todo el planeta, que además resulta ser la causante de la inmensa mayoría de conflictos armados desde hace siglos, sino que tiene que ser liderado por la propia comunidad internacional, en un proceso guiado, vigilado y controlado democráticamente, y donde todos los países se encuentren bajo esta obligación. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 mayo 2017 4 25 /05 /mayo /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (39)

Así como cualquier revolución se come a sus hijos, el fundamentalismo de mercado sin control puede devorar el capital social necesario para el dinamismo a largo plazo del propio capitalismo. Todas las ideologías tienden al extremo. El capitalismo pierde su sentido de la moderación cuando la confianza en el poder del mercado entra en el terreno de la fe. El fundamentalismo de mercado (reflejado en una regulación mínima, en la convicción de que no es posible identificar las burbujas y de que los mercados son siempre claros) ha contribuido directamente a la crisis financiera y al consiguiente deterioro del capital social

Mark Carney (Gobernador del Banco de Inglaterra)

Como estamos exponiendo, esta arquitectura social de la desigualdad está fundamentada en el exagerado predominio de una élite poderosa, que configura las ideas predominantes y el debate público en su favor. De hecho, durante mucho tiempo, las élites de todo el mundo han utilizado su dinero, poder e influencias para dar forma a los dogmas y percepciones imperantes en la sociedad, y han ejercido este poder para oponerse a medidas que hubieran reducido drásticamente las desigualdades. Las élites políticas, sociales y económicas han utilizado esta influencia para promover ideas y normas que respaldan los intereses de los privilegiados, es decir, de ellos/as mismos/as. Bajo un aparente disfraz democrático, han puesto a su servicio las leyes, los cuerpos y fuerzas de seguridad y todo el aparato del Estado, para garantizar que se blindaban sus privilegios e intereses. Por todo ello es tan complicado abatir todo este complejo edificio social consagrado a perpetuar la desigualdad. Este es el motivo principal de que en gran parte del mundo exista una percepción bastante equivocada de la magnitud y el alcance de la desigualdad y de sus causas. Asímismo, las élites también utilizan su poder para frenar activamente la difusión de ideas contrarias a sus intereses, y en los casos más graves (obsérvese lo que está ocurriendo en Venezuela), las élites de todo el mundo organizan activamente la resistencia hacia los regímenes políticos que se orientan hacia sistemas económicos más igualitarios. 

 

Este comportamiento por parte de las élites debilita y socava la propia democracia, al negar a las personas y colectivos que no forman parte de esos grupos la capacidad de hacer oír sus opiniones y planteamientos en un plano de respeto e igualdad, lo cual mina la capacidad de la inmensa mayoría de la población para ejercer sus derechos, además de impedir a los colectivos más pobres y vulnerables salir de la exclusión social y de la pobreza. De hecho, desde el año 2011, esta separación entre las élites y el resto de la ciudadanía ha desatado protestas masivas en todo el mundo, desde Estados Unidos hasta Oriente Próximo, tanto en economías emergentes (como Rusia, Brasil, Turquía o Tailandia), como en Europa (incluso en Suecia). La mayoría de los cientos de miles de hombres y mujeres que tomaron las calles y las plazas en las grandes ciudades de estos países, eran ciudadanos/as de clase media que veían cómo sus Gobiernos no estaban dando respuestas a sus peticiones, ni defendiendo sus intereses, ni representándolos en los Parlamentos. Y así, movimientos como el 15-M en España, Nuit Debout en Francia, u Occupy en Estados Unidos, así como las llamadas "Primaveras Árabes" en los países de Oriente Próximo, han sacado a la luz el descontento popular y la denuncia de las mayorías sociales ante este secuestro democrático por parte de unos pocos, en detrimento de los muchos. ¿Y cuál ha sido la respuesta de las élites ante esta denuncia? Pues lamentablemente, en muchos lugares, los Gobiernos han respondido limitando de forma legal (e incluso extralegal) el derecho de la ciudadanía a exigir responsabilidades a esos Gobiernos y a las Instituciones, en lugar de priorizar sus derechos en la elaboración de políticas, y frenar la influencia de las élites más poderosas. 

 

O bien se han aprobado leyes restrictivas de derechos fundamentales y libertades públicas (incluso declarando estados de excepción democrática), o bien simplemente se han lanzado campañas coordinadas de acoso a las organizaciones de la sociedad civil, en un intento de frenar a los ciudadanos que tratan de expresar libre pero contundentemente su indignación ante el secuestro del poder político y económico por parte de una minoría. Hay que continuar en esta línea de la movilización y de la protesta popular, de la lucha en la calle y en las instituciones, pues es el único camino para cambiar la mentalidad social, destapando toda esta arquitectura de la desigualdad, y proponiendo medidas y sistemas alternativos más igualitarios. Las élites que nos gobiernan nunca van a renunciar a su poder voluntariamente, ha de ser el conjunto de la sociedad civil quien se enfrente a ellas, desarmando su influencia mediante procesos democráticos apoyados por la mayoría. Es posible y necesario adoptar medidas para revertir las tendencias que agrandan la enorme brecha que actualmente separa a ricos y pobres, a los poderosos de aquéllos que no tienen ningún poder. El mundo necesita medidas coordinadas para construir un sistema político y económico más justo, que ponga a la mayoría por encima de una minoría. Las normas, medidas y sistemas que han dado lugar a esta desigualdad extrema que padecemos en la actualidad tienen que cambiar, y deben adoptarse decisiones para equilibrar la situación, introduciendo políticas que redistribuyan la riqueza y el poder, que fomenten la justicia social, y que prioricen el reparto y la igualdad. 

 

El camino hacia un mundo más equitativo es, pues, imperiosamente necesario y urgente. Las obscenas desigualdades actuales no pueden continuar. Son nefastas desde todos los puntos de vista, que ya hemos expuesto en entregas anteriores de esta serie. Desde 1990, tanto en países de renta baja, como en los de renta media y alta, los ingresos derivados del trabajo constituyen un porcentaje cada vez menor del PIB, y un porcentaje cada vez mayor del mismo proviene de las rentas del capital, lo cual constituye una peligrosa tendencia que aumenta la desigualdad material entre ricos y pobres. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las políticas que redistribuyen los ingresos en favor del trabajo, como el aumento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), mejorarían significativamente la demanda agregada y el crecimiento, además de reducir la pobreza y la desigualdad. Sin embargo, las últimas décadas se han caracterizado por un contexto de debilitamiento de la legislación laboral, que unido a las campañas de desprestigio de los sindicatos y a la capacidad de las industrias para trasladarse allí donde los salarios son más bajos y los trabajadores poco activos en la defensa de sus derechos, ha provocado que muchas empresas hayan optado libremente por ofrecer a sus trabajadores salarios de miseria y condiciones laborales precarias e indignas. Según la Confederación Sindical Internacional (CSI), más del 50% de los trabajadores a nivel mundial tienen empleos vulnerables o precarios, y el 40% está atrapado en el sector informal, donde no existen ni el salario mínimo ni los derechos laborales. En la actual economía global, muchos sectores se organizan en cadenas de valor mundiales: es el caso de las industrias manufactureras, como el textil o la electrónica, y del comercio de productos agrícolas básicos, como el azúcar o el café. 

 

En estos sectores, las empresas transnacionales, agentes económicas de un tremendo poder, controlan complejas y extensas redes de proveedores en todo el mundo, y obtienen enormes beneficios por contratar a trabajadores en los países en desarrollo, a los cuales no garantizan ni las más mínimas condiciones laborales. Trabajo esclavo y precariedad integral son las características que están detrás del poderío de estas grandes empresas, que se aprovechan de un sistema empeñado y dedicado a garantizar, extender y perpetuar las desigualdades. Y como es lógico suponer, los altos directivos de estas grandes empresas nadan en la abundancia, llevan escandalosos trenes de vida, y ejercen un liderazgo social indiscutible. Algunas personas aducen que la escasa remuneración de los trabajadores de estos grandes imperios empresariales en los países en desarrollo es el resultado de la demanda de precios bajos por parte de los consumidores finales. No es cierto. Numerosos estudios han demostrado que incluso un aumento significativo de los salarios en, por ejemplo, la industria textil, apenas harían variar los precios al consumo. Concretamente, un estudio realizado por Oxfam reveló que si se duplicase el sueldo de los trabajadores de la industria floral en Kenia, el precio final de un ramo de flores en las tiendas del Reino Unido, que actualmente es de 4 libras (6,50 dólares), aumentaría sólo en 5 peniques. Otro ejemplo: los ingresos medios de un director de supermercado británico (donde se venden las flores de Kenia) se han multiplicado por más de cuatro entre 1999 y 2010, pasando de un millón a más de 4,2 millones de libras. Si es posible que los modelos de negocio contemplen estos aumentos en las remuneraciones a los directivos, ¿por qué no incluir un salario digno para los trabajadores de quienes dependen dichas remuneraciones? Continuaremos en siguientes entregas.

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23 mayo 2017 2 23 /05 /mayo /2017 23:00
Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

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La Iglesia desafió a la Segunda República hasta acabar con ella. Por ello, el laicismo fue la primera víctima de la barbarie franquista

Gonzalo Puente Ojea

En el último artículo de esta serie ya habíamos comenzado a exponer, con un poco más de profundidad, las relaciones de la Iglesia Católica con el régimen franquista y su complicidad con el mismo, así como los privilegios concedidos, que llegan hasta nuestros días. Porque tras la muerte del dictador, los Acuerdos firmados con el Vaticano en 1953 fueron sustancialmente modificados por otros, firmados en Ciudad del Vaticano el 28 de julio de 1976 por el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, el propagandista católico Marcelino Oreja Aguirre, y el Perfecto del Consejo para Asuntos de la Iglesia, el Cardenal Giovanni Villot. Con posterioridad se volverían a rectificar, tal como nos cuentan en este artículo que estamos tomando como referencia, firmando cuatro acuerdos entre España y la Santa Sede el 3 de enero de 1979, con total secretismo y alevosía cinco días después de la entrada en vigor de la Constitución del día 28 de diciembre de 1978 y publicándose en el BOE número 300 de 15 de diciembre de 1979. Dicho acuerdo, como decíamos, negociado en secreto y paralelamente a la discusión de los textos de la Constitución y de la redacción del polémico artículo 16 que garantizaba la libertad religiosa y de culto, sería ratificado por el entonces Rey Juan Carlos, tras la firma de nuevo de Marcelino Oreja y del Cardenal Villot. Dichos acuerdos eran referentes a asuntos jurídicos, culturales y de enseñanza, asuntos económicos y de asistencia religiosa, además de multitud de disposiciones de difícil digestión democrática, como podrían ser las relacionadas con la conservación de patrimonio e inmatriculaciones, financiación de fondos públicos, actividades doctrinales y comerciales o régimen de exención de impuestos, lo que podríamos considerar como un paraíso fiscal legalizado. 

 

El Estado, mediante dicho acuerdo, se seguía comprometiendo a colaborar con la confesión católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico a través de los Presupuestos Generales, asignándole un porcentaje del rendimiento de la imposición de renta que actualizará anualmente, y que estará exenta de recortes independientemente de la situación de las arcas públicas, lo que no se respeta igualmente en el caso de servicios públicos como la enseñanza, la sanidad, las pensiones o la asistencia social. Todo ello ya lo hemos desarrollado extensamente en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", proyectado a nuestros días, que recomiendo a los lectores y lectoras que no la hayan seguido. Lo que nos interesa sobre todo destacar, en lo relativo al franquismo, es la expresión del corpus de pensamiento que la Iglesia difundió a sangre y fuego, y que se ha dado en llamar el nacionalcatolicismo. Este pensamiento recogía básicamente (además del propio dogma católico) una férrea y machista concepción del papel de la mujer, así como una activa homofobia y un enfrentamiento radical hacia los modelos de familia que se alejaran de la clásica concepción religiosa y nuclear. A tal respecto, sobre las mujeres se ejerció una brutal represión (como afirma la historiadora andaluza Pura Sánchez Sánchez) que conforma una categoría relevante, diferenciada de la ejercida sobre los hombres, y que no debe entenderse, por tanto, como una simple variante de la represión masculina, sino como un fenómeno que tiene sus rasgos propios. 

 

A las mujeres se las reprimió, básicamente, por haber transgredido el modelo tradicional femenino que el nacionalcatolicismo quería perpetuar acabando con los avances obtenidos durante la Segunda República. La Iglesia Católica y los retrógrados gerifaltes franquistas eran acérrimos enemigos de los avances en la libertad sobre el papel de las mujeres en la sociedad, sobre su autonomía y su protagonismo. Así que el retroceso sobre lo conseguido durante la República fue brutal. Su humillación pública, con castigos diferenciados y concretos que no se aplicaban a los hombres (separación de sus hijos, rapado del pelo, hacerlas tragar aceite de ricino...), responde a los patrones de una sociedad patriarcal, de cuya moral se erigían en defensores no sólo la Iglesia, sino los sublevados que provocaron la Guerra Civil. Y el otro colectivo que sufrió como ningún otro las tropelías de la Iglesia fue el infantil, ya que los niños y niñas en edad temprana y adolescente eran recluidos en internados, donde se les infligían torturas y malos tratos, obedeciendo la famosa máxima de que "la letra, con sangre entra". A este respecto, el documental "Los internados del miedo", realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis, recoge aterradores testimonios de abusos físicos, psíquicos, sexuales y laborales durante la dictadura, e incluso los primeros años de la democracia. A este respecto, recomiendo a los lectores y lectoras el artículo al completo de Brais Benítez, del medio La Marea (que incluye el vídeo del propio documental), que nosotros vamos a tomar aquí como referencia. 

 

Centenares de miles de niños y niñas pasaron gran parte de su infancia, si no toda ella, encerrados en internados religiosos y centros de beneficencia durante el franquismo. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio de las paredes de estos internados. Los testimonios que han podido recabar los autores del documental citado destacan por su extrema crueldad, y evidencian la impunidad que las órdenes eclesiásticas disfrutaban. Malos tratos a unos menores que no tenían ninguna forma de defenderse, ni de denunciar su situación ante ninguna instancia. El régimen alegaba que dichos internados fueron creados para acoger a niños de familias desestructuradas, pero lo que no sacaba a la luz eran las aberrantes prácticas que ocurrían dentro. Algunos de los afectados dan fe en el documental de la explotación laboral a la que fueron sometidos. Los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, les quemaban el culo con velas, les restregaban ortigas por sus órganos genitales, o les hacían practicar felaciones a los curas, entre otras muchas barbaridades. Les daban una comida infecta, y si vomitaban les obligaban a comérselo. Todo aquéllo, como es lógico suponer, ha creado secuelas terroríficas en muchos de aquéllos niñas y niños de la época, hoy ancianos y ancianas. Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Este tipo de abusos tuvieron su auge durante las décadas de los años 60 y 70, pero incluso llegaron hasta principios de los 80. La Ley de Amnistía de 1977 permitió que muchos presos políticos salieran a la calle, pero no alcanzó a liberar a estos niños, que continuaron encerrados en estos centros del horror y la tortura. 

 

Montse Armengou se ha expresado en los siguientes términos: "El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de los casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque sus padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera". Todo ese conjunto de casuísticas y circunstancias permitieron la extensión del fenómeno de los internados, donde como decíamos, miles de pequeños y pequeñas hubieron de resistir los más viles e infames tratamientos. Y continúa Armengou: "Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó textualmente para proteger a la mujer caída o en riesgo de caer; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas". A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o Centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Y en sentido general, más allá de estos centros, es decir, extrapolando el fenómeno a los centros educativos de carácter religioso, siempre se caracterizaron por su rigidez de disciplina, por su enorme adoctrinamiento y por la transmisión de los más retrógrados valores. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 mayo 2017 1 22 /05 /mayo /2017 23:00
Vientres de Alquiler: ¿Prohibición o Regulación?

Ni existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, ni existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es obvio que estamos ante una explotación de los privilegiados sobre las oprimidas. Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia

Barbijaputa

La constante tendencia del capitalismo a mercantilizar todos los aspectos, necesidades y derechos de la vida humana, parece no tener límites, y la última hornada de prácticas en este sentido afecta a lo que hemos venido en llamar "Vientres de alquiler", o más técnicamente, "Gestación subrogada". La consideración del cuerpo humano como un objeto de explotación del que se puede obtener beneficio (desde el tráfico de personas al completo, pasando por el tráfico de órganos humanos, y ahora por la gestación de un bebé para otros padres) está en la base filosófica y política del asunto, aunque muchos quieran hacernos entender otro enfoque distinto. Para el capitalismo todo puede ser comprado, vendido, troceado, enajenado o separado de su poseedor o de su legítimo destinatario. Y desde este punto de vista, los famosos "mercados" no ofrecen escrúpulos en introducirse en cada vez más necesidades humanas, para intentar gestionarlas como un negocio. Se apoyan falazmente en los avances científicos y tecnológicos, sin detenerse a pensar en los aspectos éticos de dichas transacciones económicas. Y así, la globalización económica amenaza con una mercantilización absoluta y descontrolada de todas las facetas de la vida, donde el cuerpo humano es la última frontera. A esta frontera bien podríamos llamarla "Explotación reproductiva", donde el caso de los vientres de alquiler viene a ser su última manifestación. 

 

Por tanto, detrás de las campañas cada vez más insistentes para normalizar y regularizar esta práctica, se esconde simplemente una expresión más del pensamiento y de la práctica neoliberal de la vida. Lo primero que nos hace notar Gloria Fortún en este artículo es que la designación sobre "Vientres de alquiler" es imprecisa, pues no se alquila sólo el vientre, sino la mujer entera. Durante nueve meses de "gestación subrogada", se alquilan sus cuerpos, sus sentimientos, sus experiencias, su dedicación, su tiempo. Durante ese período las mujeres se convierten en posesiones de las personas contratantes (y de las empresas intermediarias, si es el caso), quienes tienen derechos de propiedad sobre ellas, durante todo el tiempo del embarazo. Los defensores de esta práctica alegan que la regulación debe huir de todo lucro económico, pero es un claro oxímoron que si existen empresas dedicadas, lo vayan a hacer por amor al prójimo. Por otra parte, también hacen alegatos muy conmovedores hacia la sensibilidad emocional, reclamando el derecho de unas hipotéticas parejas a contar con toda la tecnología al alcance de realizar sus sueños de ser padres y madres. Reclaman la libertad de las mujeres a hacer lo que les plazca con su cuerpo, y claman por la realización del sueño de formar una familia para los contratantes del "servicio". Despliegan toda una falaz mística de las emociones, para intentar legitimar una práctica que en el fondo es una manifestación más de la violencia contra las mujeres. 

 

Parece claro que desde una posición feminista y anticapitalista, no podemos estar a favor de esta regulación de la explotación reproductiva que supone la práctica de los vientres de alquiler. No podemos estar a favor ni tolerar un sistema que mercantiliza hasta las capacidades humanas más elementales, donde la venta de la capacidad sexual o reproductiva puede llegar a ser cuestión de supervivencia para muchas mujeres. Quede claro que no estamos en contra de la existencia de las diversas técnicas de reproducción asistida, las cuales han sido desarrolladas por los avances médicos y biológicos. Pero sí estamos en contra de que estas técnicas supongan el apoyo científico que conviertan en un mero negocio el vientre de las mujeres y su gestación. La gestación subrogada, por muy elegante que se le presente, no es más que una industria más ligada al afán capitalista de obtener beneficios económicos en todas las facetas de la vida, y de todos los derechos humanos fundamentales. Ya lo consiguieron con la vivienda, con el trabajo, con la educación, con la sanidad, y continúan intentando hacerlo con subsiguientes aspectos. Y como expresa Antonio Gómez Movellán en este artículo: "Los vientres de alquiler constituyen una práctica donde los ricos del mundo utilizan a las mujeres de los países pobres y a las clases inferiores como criadoras para tener hijos genéticos. Es un retorno al principio del patriarcado, donde las mujeres son meras criadoras". Y añade que esta práctica de bebés ha sido realizada durante siglos por las órdenes religiosas, y hoy se realizan mediante prácticas de reproducción asistida en clínicas de México, Rumanía, Polonia, Ucrania o la India, que son los países donde más ha florecido este negocio. 

 

Y así, las personas más pudientes acuden a clínicas estadounidenses, donde un bebé puede costar en torno a 150.000 dólares, mientras que las clases medias van a la India o a Ucrania, donde suelen costar la mitad. Justificar este negocio en la libertad de las mujeres es un absoluto despropósito. Y concluye Gómez Movellán: "No estamos hablando de igualdad, ni de liberación ni de emancipación, estamos hablando de patriarcado y explotación bajo la apariencia de la libre decisión". Porque ya sabemos que el neoliberalismo disfraza sus atentados contra la humanidad bajo la apariencia de nuevos derechos: derecho a la libre elección de centro de enseñanza, derecho de los padres a elegir la educación de los hijos, y en este caso, derecho a que yo (mujer) pueda hacer con mi cuerpo lo que quiera, cuando en realidad lo que se esconde es otro mensaje diferente, que bien pudiera ser: "Déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo". Es decir, la máxima del neoliberalismo que aboga porque los privilegiados del mundo hagan lo que les apetezca sin límites, obstáculos, impedimentos ni cortapisas, aprovechándose de que la inmensa mayoría social no puede elegir como ellos. Lo vemos en el mercado laboral, en el mercado sanitario, y en muchos otros, donde la mano de obra o los productos o servicios más baratos, procedan de donde procedan, y se fabriquen como se fabriquen, y bajo cualesquiera condiciones denigrantes (para las personas, los animales y el medio ambiente), tienen prelación sobre todo lo demás. 

 

Se trata de un debate similar al de la prostitución (de hecho Gómez Movellán califica a la práctica de los vientres de alquiler como la "hermana pequeña de la prostitución"), en el que los neoliberales intentan convencernos de que las mujeres que la ejercen la eligen libremente, cuando todos sabemos que la inmensa mayoría de las mujeres prostituidas lo hacen porque han sido engañadas y están siendo controladas por perversas mafias que se enriquecen con su esclavitud sexual. De esta forma consiguen invisibilizar el problema que se esconde detrás de la prostitución, que no es otro que el de mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia de múltiples formas. Los que defienden los vientres de alquiler utilizan el mismo discurso, los mismos razonamientos. Por tanto, no caigamos en las trampas del discurso neoliberal, y al igual que nadie cuestiona que no esté permitida la venta de órganos humanos, concluyamos que no es lícito ni ético alquilar un cuerpo de mujer durante nueve meses, con todas sus consecuencias, para quedarse después con el bebé nacido de dicha gestación, y todo ello por dinero. ¿Es eso lo que queremos regular? ¿Tan bajo hemos caído como civilización? ¿En tan poco han quedado nuestros valores? ¿Hasta cuándo vamos a ceder en los intentos de mercantilizar todas las manifestaciones, actividades y derechos humanos? 

 

No es el derecho de una determinada pareja (de cualquier orientación sexual, que no hay que hacer discriminaciones) o persona individual (familia monoparental o monomarental) a ser padres y madres lo que se discute, pues ese derecho no existe, y además la opción de la adopción siempre está disponible. El derecho reconocido bajo una sociedad justa y avanzada es el correspondiente a los niños y niñas ya nacidos/as a tener una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos derecho a ejercer la paternidad o maternidad. Sin embargo, bajo una sociedad como la nuestra, donde la pobreza infantil crece a un ritmo insoportable, se plantea la "necesidad de regular" la práctica de los vientres de alquiler. Otra muestra más de la decadencia de nuestra sociedad capitalista, insensible a la protección de los derechos más elementales, pero proclive a la introducción del negocio en todas las vertientes. Porque como muy bien nos sugiere Judith Bosch en este artículo, defender aquí el uso de vientres de alquiler en nombre de la libertad es como defender que deje de prohibirse en el ámbito laboral sobrepasar cierto número de horas extra, trabajar sin medios de seguridad, rechazar vacaciones, etc. Porque claro, como "cada uno puede hacer lo que quiera"... Es el imperio de la ley del más fuerte, de la sociedad salvaje, del individualismo por encima de todo. Todo lo cual es justo la esencia del neoliberalismo. 

 

Y luego también, por supuesto, está el argumento determinista, que más o menos se enuncia así: "Estas prácticas existen. Se pueden ocultar o no, legalizar o no, así que o se regula ya sobre ellas, o las mafias seguirán sacando tajada de las más pobres". Son las mismas que dicen que "la prostitución es el oficio más viejo del mundo", o que "Ya que el asesinato existe desde hace miles de años, mejor legalizarlo o los asesinos seguirán escondiendo cadáveres" (tomando de nuevo un símil de Judith Bosch con el que estamos muy de acuerdo). Por tanto, la pasividad, torpeza, cobardía e impotencia de una sociedad para enfrentarse con graves problemas, sean éstos locales o globales, no puede convertir a dicha sociedad en más perversa aún de lo que ya sea. No puede defenderse la idea de que la gestación subrogada sea un contrato o acuerdo entre personas que libremente satisfacen sus necesidades. Es una perversa lectura que obvia las desigualdades de base de la sociedad. La práctica de los vientres de alquiler es un acuerdo, claro está, pero entre una persona adulta que quiere o necesita dinero (o se le ha inculcado que su útero es un bien social a disposición de los demás) y otra persona adulta que no puede gestar de manera natural, tiene dinero y se le ha inculcado que ser padre o madre es un derecho. Se vulnera por tanto la dignidad de la mujer, en varias dimensiones.

 

Y aún tenemos que denunciar otra falacia en relación con este asunto, que es el de la donación de semen u óvulos, en su comparación con el vientre de alquiler. Porque no podemos comparar el hecho de donar células de nuestro cuerpo con el hecho de ceder nuestro cuerpo. La donación de células u órganos para trasplantes (en vida o después de la muerte) no altera la dignidad de ninguna persona, como sí lo hace el alquiler de un útero, es decir, del cuerpo femenino, durante los nueve meses que dura un embarazo, con todo lo que ello comporta. Y la criatura resultante de dicho vientre alquilado, evidentemente, tampoco puede donarse, por lo cual el asunto de la gestación subrogada supera todos los límites éticos y jurídicos que podamos imaginar. Es hora por tanto de poner límites a la voracidad capitalista neoliberal. Es hora de enfrentarse a la devastación que dicho sistema genera en las vidas humanas, en el profundo desprecio que vierte hacia los más elementales derechos humanos, y es hora de enfrentarse a este indecente patriarcado que lleva desde hace muchos siglos cosificando y despreciando el cuerpo y las capacidades de las mujeres. ¡Basta de violencia, de explotación y de mercantilización con los cuerpos de las mujeres! ¡Basta ya de tanta retórica libertaria sobre derechos que no existen, para legitimar las aberrantes prácticas capitalistas! ¡NO a la regulación de los vientres de alquiler!

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21 mayo 2017 7 21 /05 /mayo /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://critica24.com/

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El discurso de los medios de comunicación, en particular los estadounidenses, es la retórica del terror, de la guerra. Presentan a quienes disienten de la política, de la cultura o las creencias dominantes como enemigos

Vicente Romano

En el artículo anterior de esta serie ya nos centramos un poco en el enorme peligro que representa para el pacifismo mundial el Gobierno de los Estados Unidos, y más aún con su nuevo mandatario, el magnate Donald Trump. En esa entrega nos centramos en los aspectos energéticos y climáticos y su relación con las guerras y los conflictos armados, pero hay mucho más. Los discursos de Trump durante su campaña electoral, y los que ha pronunciado siendo ya Presidente de la primera potencia mundial, son absolutamente escandalosos. Como nos indica Trevor Tim en este artículo del medio The Guardian recogido por eldiario.es en traducción de Lucía Balducci, Trump ha alardeado de que reinstaurará la tortura, la técnica del "waterboarding" y "cosas mucho peores". Ha hablado de asesinar a las familias inocentes de los terroristas, anunciando abiertamente al mundo entero que cometerá crímenes de guerra. Ha hablado por teléfono con diversos líderes mundiales, la mayoría de las veces sembrando la incertidumbre y las posibilidades de conflicto. Y Trevor Tim se pregunta con gran acierto y preocupación: "¿Quién lo detendrá cuando quiera cumplir sus escalofriantes promesas?" Hace pocas semanas hacía estallar en Afganistán la llamada "madre de todas las bombas" de categoría no nuclear, y su continuo hostigamiento hacia Corea del Norte (asunto del que hablaremos enseguida) no cesa durante estos últimos días. 

 

Con respecto a la ilegal prisión de Guantánamo, Trump no sólo dijo que la mantendría abierta (continuando con docenas de prisioneros bajo un limbo legal), sino que advirtió que le parece bien enviar a ciudadanos estadounidenses arrestados en suelo estadounidense a cumplir misiones militares institucionales. El magnate neoyorkino reconvertido en Presidente también prometió "bombardear todos los países de Oriente Medio" (ha criticado muchas veces el Acuerdo Nuclear con Irán), y tendrá también en su poder la capacidad mortífera de miles de inocentes que le proporciona el programa de drones secreto de la CIA, ya usado de forma masiva por su antecesor Barack Obama. Y quizá lo peor de todo, Trump también tendrá acceso a un impresionante arsenal nuclear, que sólo él podrá activar. En palabras de Trevor Tim: "Sólo podemos imaginar qué horrores nos deparará el mandato del Presidente Trump, pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que tendrá a su disposición todas las herramientas para causar estragos en nuestro país y en el mundo entero. Lo tendríamos que haber visto venir, y tendríamos que haber puesto en marcha dispositivos de seguridad para limitar el daño que podía causar". Y sentencia: "Ahora puede ser demasiado tarde". Nos vamos a centrar a continuación en el escabroso asunto de Corea del Norte, que también representa actualmente un foco caliente de conflicto. La sucesión de declaraciones, hostigamientos, lanzamientos de pruebas con misiles, y otros elementos añadidos al latente conflicto, se están disparando durante las últimas semanas. 

 

Parece ser que para Washington, bajo esta era Trump, ha llegado la hora de usar la fuerza contra Corea del Norte, en una más de las clásicas decisiones unilaterales con que Estados Unidos y sus peligrosos gobernantes tienen acostumbrados al mundo. Pero Corea del Norte es un caso especial. Desde siempre, el pequeño país asiático se ha declarado enemigo del imperialismo norteamericano, y ha mantenido su firme actitud de no convertirse en perrito faldero del mismo, como hace su vecino del Sur, Japón y muchas otras potencias mundiales. Ni siquiera acepta la amigable actitud de China, quizá su mejor aliado internacional. Corea del Norte se ha mostrado desde siempre decidida a continuar cultivando su programa nuclear, y uno de sus componentes es el desarrollo de armas atómicas. Pero como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio HispanTV, que tomamos como referencia para este asunto: "Tal como Israel (que posee entre 300 y 400 artefactos nucleares), que no es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, que agrede constantemente a sus vecinos, que ocupa territorio palestino, y sin embargo goza de prebendas, apoyo y complicidad de Washington, en una hipócrita doble moral que hay que desvelar constantemente". En efecto, y como en tantas ocasiones, la hipocresía estadounidense se pone de manifiesto de forma escandalosa. De entrada, queremos alinearnos claramente y sin fisuras bajo el prisma pacifista, y por tanto, desaprobamos la escalada nuclear y armamentista de Corea del Norte, ya que entendemos que este país debería defender su derecho a la soberanía y a la independencia del bloque estadounidense y sus aliados desde otras acciones. 

 

Pero desde su tamaño y posición, y contando con una comunidad internacional mayoritariamente aliada de Washington y de las potencias occidentales, y bajo unos foros mundiales absolutamente corrompidos y desnaturalizados (nos estamos refiriendo sobre todo a la ONU, dominada también por el poder de veto de unas pocas potencias)...¿Qué otra cosa se puede hacer si se pretende resistir al poderío estadounidense? Estamos queriendo decir que no justificamos la actitud de Corea del Norte, que no podemos hacerlo desde el enfoque pacifista, pero que entendemos perfectamente que este pequeño país, en el pleno ejercicio de su soberanía, y únicamente para acciones defensivas, se haya decantado por su clara hostilidad hacia Washington y sus aliados. Como nos explica Jofré Leal en el referido artículo, el eje principal del conflicto con Pyongyang es la decisión del Gobierno de Kim Jong un de llevar adelante su programa nuclear --con base en su programa de misiles como sistema vector transportador principal-- que involucra la fabricación de armas nucleares, bajo la divisa que sólo una Norcorea fuerte y con poder de disuasión puede hacer frente a la decisión de Washington y sus aliados de desestabilizar a esta nación asiática y derrocar un Gobierno basado en una estructura dinástica, consolidada tras la Guerra de Corea entre los años 1950-1953 que dividió la península a partir del paralelo 38 como límite político, ideológico y económico. Un programa que se sustenta en la disuasión nuclear y la defensa de su soberanía. Hasta ahora, el gobierno estadounidense ha decidido aplicar presión económica y diplomática contra Corea del Norte, junto a sus aliados regionales Japón y Corea del Sur, definiendo al gobierno de Pyongyang como "la amenaza más peligrosa y urgente para la paz y la seguridad en Asia Pacífico", según palabras del Vicepresidente estadounidense Mike Pence, pronunciadas recientemente a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan frente a las costas japonesas. 

 

Como siempre, el Gobierno norteamericano se empeña en ejercer sin ninguna autoridad ni reconocimiento su papel de gendarme mundial, ante la pasividad de sus aliados y del resto de la comunidad internacional, que se limitan a denunciar la escalada verbal amenazante de ambos declarados enemigos. Y nosotros nos preguntamos: ¿No sería mejor y más adecuado que fuera el foro de Naciones Unidas quien ejerciera ese papel de forma democrática? Si de verdad tuviéramos una serie de foros internacionales realmente democráticos, no solamente la presión hacia Corea del Norte sería mayor y más efectiva, sino que además poseería la legalidad y legitimidad que lógicamente no posee cuando es sólo algún actor el que de forma unilateral se declara en líder del proceso. Mike Pence aún añadió: "Quienes desafíen nuestra determinación o preparación deberían saber que venceremos cualquier ataque. Estados Unidos siempre buscará la paz, pero con el Presidente Trump, el escudo está en guardia y la espada está lista". No parecen palabras muy conciliadoras, sobre todo viniendo del país que con diferencia mayor número de ataques, guerras y conflictos armados ha desatado en toda la historia de la humanidad. Y por otra parte, como señala Pablo Jofré Leal, difícil resulta creer que la búsqueda de esa paz, que tanto proclama el gigante norteamericano, vaya acompañada de la puesta en escena de toda una ingente maquinaria bélica que incluye portaaviones, cruceros, destructores, submarinos, la alerta de las fuerzas militares estadounidenses estacionadas en Corea del Sur, y que al amparo del acuerdo militar firmado con ese país, toman el mando de las fuerzas militares surcoreanas en caso de guerra. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 mayo 2017 4 18 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Uno de los defectos del fundamentalismo de mercado es que nunca prestó atención a la distribución de los ingresos, ni a la idea de una sociedad buena o justa

Joseph Stiglitz

Continuamos examinando las características de lo que se ha venido en denominar "fundamentalismo de mercado", ya que si bien es una versión extrema, cruel y abyecta del capitalismo, actualmente impregna la arquitectura de las instituciones sociales, políticas y económicas mundiales. Ese y no otro es el verdadero significado que se esconde detrás de la también famosa palabra "globalización". Una globalización que ha consistido únicamente en la universalización de los procesos de liberalización, desregulación, privatización, dando ese fanático protagonismo a los mercados sobre todos los demás elementos de la economía. Esto resulta especialmente evidente en Europa, donde la Troika (CE, FMI y BCE) viene imponiendo una serie de radicales reformas fundamentalistas de mercado como condición previa al "rescate" de los países en dificultades. En realidad, el fundamentalismo de mercado no es más que un secuestro democrático y político, una anulación de la soberanía y de la democracia, ejecutado desde las élites políticas, sociales y económicas, que ha agravado profundamente la desigualdad. Está demostrado que el segundo factor más importante que ha provocado el rápido aumento de la desigualdad es la excesiva influencia de las élites en la política, las ideas, las instituciones y el debate público, influencia que dicha élite utiliza para garantizar que se protejan sus propios intereses en lugar de defender los de la sociedad en su conjunto. 

 

¿Pero quiénes son realmente "los mercados"? ¿Quiénes forman esas élites que nos gobiernan? El sistema económico basado en el neoliberalismo ha sido diseñado desde hace tiempo por diversos autores alineados bajo lo que se conoce como "la escuela de Chicago", y quizá el mayor pacto internacional donde registraron sus tesis en forma de compromiso fue el no menos famoso "Consenso de Washington", que nosotros ya tratamos en este artículo. Los mercados no son entes abstractos, oscuros, indefinidos, invisibles, inaccesibles. Los mercados son personas, organizaciones e instituciones reales, concretas, con nombres y apellidos, que están detrás de las operaciones y decisiones económicas y políticas que se adoptan diariamente. Las élites las conforman aquéllos que están situados en lo más alto de la jerarquía social, económica o política, pues todas esas facetas se relacionan entre sí formando una intrincada tela de araña donde muy poco se escapa a su poder. Las élites económicas suelen utilizar su poder para influir en las decisiones políticas gubernamentales, y el debate público (puesto en circulación sobre todo desde los grandes medios de comunicación) subsiguiente, de forma que todo ello favorezca una concentración de la riqueza aún mayor. La regla es bien sencilla: el dinero compra la influencia política, y las personas más ricas y poderosas utilizan dicha influencia para afianzar aún más su poder y sus privilegios. De este modo, una diabólica espiral va creciendo en favor de estos poderosos personajes, grupos o instituciones, cuyo poder (como ya afirmábamos en el primer bloque temático de esta serie, dedicado precisamente a ellos) se dispara sin control. 

 

Otras élites no económicas, como los políticos o los altos funcionarios, aprovechan con frecuencia su influencia y acceso al poder para enriquecerse y proteger sus intereses. Son los verdaderos parásitos de la sociedad, que viven a costa del poder de otros, convirtiéndose en sus fieles perros de confianza, y en sus más viles vasallos. En muchos países no resulta inusual que los políticos dejen el Gobierno habiendo amasado enormes fortunas personales. Procesos de corrupción, puertas giratorias y otros indecentes mecanismos diseñan y proyectan la arquitectura de una sociedad consagrada al poder de los más fuertes, en detrimento de la inmensa mayoría social. En muchas ocasiones, las élites políticas utilizan el Estado para enriquecerse, a fin de mantenerse en el poder y amasar grandes fortunas mientras están en el Gobierno. Y ello ocurre hasta en las más altas instancias, como Reyes, Jefes de Estado o Presidentes. Utilizan el presupuesto público del Estado como si fuese suyo, para lucrarse a nivel individual y privado. Las élites no económicas también suelen unirse a otras élites en beneficio de ambas. Y así, las élites de los países (tanto ricos como pobres) utilizan su mayor influencia política para beneficiarse de las decisiones de los Gobiernos, en forma de exenciones fiscales, contratos privilegiados, concesiones de tierra y subvenciones, mientras presionan a las Administraciones Públicas para bloquear aquéllas políticas que puedan fortalecer las posiciones de los trabajadores o de los pequeños productores, o aumentar la progresividad fiscal. 

 

Al estar todo interrelacionado, esta escasez de ingresos fiscales limita la inversión del Gobierno en sectores como la educación pública y la atención sanitaria, que podrían contribuir a reducir la desigualdad. La sociedad de este modo se vuelve cada vez más injusta, más insolidaria, más despiadada, más bárbara, más salvaje. La justicia social brilla por su ausencia, y la casi nula redistribución de la riqueza dispara las desigualdades hasta límites insoportables. Por todo ello hablamos, y así hemos titulado esta serie de artículos, de "Arquitectura de la Desigualdad". Muchas de las que hoy son las personas o familias más ricas del mundo amasaron sus fortunas gracias a las exclusivas concesiones, favores y privilegios gubernamentales y los procesos de privatización que acompañan al fundamentalismo de mercado. Por ejemplo, la privatización masiva en Rusa y en Ucrania tras la caída del falso "comunismo" que allí existía convirtió a la élite política residente en multimillonaria de la noche a la mañana. O por ejemplo, el  multimillonario mexicano Carlos Slim (que normalmente compite con el norteamericano Bill Gates, del imperio Microsoft, por el puesto de persona más rica del mundo en el ránking de la revista Forbest) amasó sus muchos miles de millones garantizándose derechos exclusivos sobre el sector mexicano de las telecomunicaciones, cuando éste fue privatizado durante la última década del siglo XX. Dado que su monopolio impide que exista una competencia relevante (curioso en magnates que dicen defender el "libre mercado"), Slim puede inflar todo lo que desee los precios que impone a sus conciudadanos, de modo que el coste de las telecomunicaciones en México se encuentra entre los más elevados de los países de la OCDE. Posteriormente, Slim ha utilizado su riqueza para eludir los muchos cuestionamientos legales a su monopolio. Valga comentar también, como supongo que nuestros/as lectores/as conocen, que Slim es muy amigo del ex Presidente "socialista" Felipe González, promotor de todas estas políticas fundamentalistas de mercado en nuestro país, durante su larga etapa al frente del Gobierno (1982-1996). 

 

Y otro país que podemos poner como perfecto ejemplo de lo que contamos es la India, ya que a pesar de ser un país asolado por la pobreza, la cantidad de milmillonarios locales ha aumentado, pasando de únicamente 2 personas a mediados de la década de 1990 a más de 60 en la actualidad. Un considerable número de milmillonarios indios han amasado sus fortunas en sectores que dependen en gran medida de exclusivos contratos y permisos gubernamentales, como el sector inmobiliario, la construcción, la minería, las telecomunicaciones y los medios de comunicación. Un estudio realizado en 2012 calculó que al menos la mitad de la riqueza multimillonaria de la India procedía de dichos sectores económicos. El patrimonio neto de los milmillonarios indios bastaría para erradicar dos veces la pobreza absoluta en el país, pero sin embargo, el Gobierno sigue sin destinar suficientes fondos públicos al gasto social dedicado a los servicios públicos, y a la recuperación de los sectores más vulnerables de la población. Por ejemplo, el gasto público per cápita en sanidad en la India durante 2011 fue de sólo el 4% del promedio de los países de la OCDE. Las consecuencias de todo ello son fácilmente previsibles y fáciles de diagnosticar: las desigualdades sociales se han elevado, agravándose mucho más las diferencias entre los más ricos y los más pobres por una parte, pero también hundiendo en la miseria y en la pobreza más absoluta a los más desfavorecidos. Como podemos comprobar, la historia se repite y se multiplica en muchas partes del mundo, pero siempre reproduciendo los mismos esquemas básicos: una minoría poderosa y parásita se enriquece a costa de los privilegios que les conceden los políticos de turno, y ello se traduce en más riqueza para ellos, y más pobreza para el pueblo. En una palabra: más desigualdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 mayo 2017 2 16 /05 /mayo /2017 23:00
Imagen: vestigios del callejero franquista que hay que remover

Imagen: vestigios del callejero franquista que hay que remover

Este cronista está convencido de que hasta que no se entierre muy hondo la más leve traza de franquismo, en tanto no nos desprendamos totalmente de toda sombra de la dictadura y sus protagonistas y cómplices principales no sean juzgados, rindan cuentas y se reparen daños, este país no avanzará nunca

Xavier Caño Tamayo

Sobre el uso del término "Desapariciones forzosas" que de manera interesada se está introduciendo en la terminología de la Memoria Histórica democrática en España, convendría señalar que la desaparición forzada de personas es un tipo del Derecho Penal Internacional no vigente aún durante la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, que existe sólo a partir de 2006 y que entró en vigor en 2010, con lo que hablar sobre la figura de los detenidos/as-desaparecidos/as es un elemento más de confusión añadido al debate, que tiene por consecuencia sustraer a las víctimas del marco de acción de la justicia, y por ende, no poder hablar de reconocimiento jurídico. Este matiz nos parece de primordial importancia si lo que se quiere es una recuperación de los valores democráticos que, por desgracia para la historia de España, en el período que va desde la Revolución Francesa de 1789 y hasta nuestra Constitución de 1978, sólo existieron en el breve intervalo en que estuvo en vigor la Constitución de la Segunda República. Ello permite también hablar con responsabilidad, seriedad y rigor de los tipos de delitos cometidos por el régimen franquista. El plan de exterminio de la oposición política puesto en marcha mediante la fijación de blancos y las instrucciones al aparato de justicia y las fuerzas del orden, es lo que desgraciadamente nos permite afirmar hoy que se cometieron crímenes contra la humanidad.

 

Y ello debido a haberse perpetrado actos de tortura, encarcelamiento arbitrario, detención ilegal, asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, trabajos forzados, persecución por motivos políticos, etc., de manera sistemática y a gran escala (todo lo cual determinaba el delito de genocidio, como ya hemos expuesto en entregas anteriores). Estas categorías penales que vienen del derecho internacional, pero que son de obligada aplicación por el derecho interno y que nuestros tribunales ya han aplicado a crímenes cometidos durante la dictadura militar argentina, están claramente explicadas en el referido Informe NIZKOR, cuyo resumen estamos tomando como referencia. Se trata de crímenes imprescriptibles y no amnistiables. Por eso es importante preservar todas las pruebas de los mismos, tanto documentales como testimoniales y materiales, lo cual está realizándose actualmente en un juzgado argentino (cuya titular es la jueza María Servini de Cubría), ante la desidia, indiferencia y multitud de trabas expresadas por la justicia española. De hecho, la llamada "querella argentina contra el franquismo" es la única pieza judicial de cierta envergadura que actualmente tiene visos de estar ejecutando un digno trabajo en favor de las víctimas de la represión franquista. Es una de nuestras vergüenzas "democráticas", ante la cual Mariano Rajoy no se cansa de presumir de que ha dedicado "0 euros" de presupuesto, y en los mítines de proclamar que "¿A quién le importa Franco, el Valle de los Caídos o la dictadura?", a más bochorno de las miles de víctimas y de familiares aún vivos en la actualidad. 

 

La recuperación de la Memoria Histórica, el conocimiento de lo acaecido durante cuatro décadas de nuestra reciente historia pasa no solamente por honrar la memoria de las víctimas, sino también por hacerles justicia, y desde los poderes públicos, facilitar el acceso a la justicia y al debido proceso, independiente e imparcial, de las víctimas y los familiares de las víctimas del franquismo. La naturaleza de los crímenes cometidos está ahí, independientemente de si nuestros tribunales lo reconocen o prefieren considerar como válidas determinadas leyes que garantizan la impunidad, como la Ley de Amnistía de 1977, denunciada por Naciones Unidas, y que son contrarias a la legalidad internacional, y al debido proceso en torno a los derechos de las víctimas. Como crimen internacional, la naturaleza del crimen contra la humanidad y las condiciones de su responsabilidad son establecidas por el Derecho Internacional con independencia de la que pueda establecerse en el derecho interno de los Estados. Esto significa que el hecho de que el derecho interno del Estado no imponga pena alguna por un acto que constituye un crimen de lesa humanidad, no exime de responsabilidad en Derecho Internacional a quien lo haya cometido. Y ante ello, nuestros indecentes gobernantes y autoridades juegan al despiste, a la inacción, a la ocultación de información, en una palabra, a la complicidad con un régimen genocida que avergüenza nuestro pasado y nuestro presente, mientras no se concedan la debida justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. La deuda con el pasado ha de ser saldada. Mientras no lo hagamos, continuaremos con el déficit social y democrático que nos caracteriza. 

 

Vicenç Navarro lo ha expresado en los siguientes términos: "Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado Español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador". Pero hagámonos de nuevo una pregunta fundamental: ¿Quién fue el aliado ideológico principal de la dictadura? La respuesta está clara: la Iglesia Católica. Hemos hablado de las relaciones y del papel de la Iglesia durante la República, la Guerra Civil y la dictadura en varios artículos de esta serie, pero ahora lo haremos con un poco más de profundidad. Las relaciones económicas (que son las fundamentales, pues son las que les conceden directa e indirectamente todos sus privilegios) entre el Gobierno y la Iglesia fueron fijadas en el Concordato firmado por la dictadura de Franco con el Estado del Vaticano en 1953. Las normas de ese acuerdo sufrieron variaciones con la llegada de la "democracia", pero en esencia continúan siendo económicamente (y en el resto de facetas) muy rentables para la Iglesia. Concretamente, el acuerdo firmado en 1953 atribuye a la Iglesia el disfrute de la "exención total y permanente de la contribución territorial urbana" para templos, capillas, conventos, residencias de obispos, canónigos y sacerdotes y aquéllos locales destinados a oficinas de la curia diocesana y a oficinas parroquiales. 

 

En lo que sigue tomamos como referencia parte del artículo de José Aguza Rincón publicado recientemente en la web de Europa Laica, que explica grosso modo la historia de los conciertos del Estado con la Iglesia Católica, así como su relación de privilegio frente a otras instituciones. El Concordato español de 1953 reconocía que el Estado Español se comprometía a sufragar los gastos de las actividades de la Iglesia y otorgarle privilegios legales, políticos, económicos y fiscales, a cambio de la potestad de Franco (además de pasear en todos los actos religiosos bajo palio) para nombrar obispos, y el apoyo de ésta a su autárquico régimen para facilitar su reconocimiento internacional. Entre los privilegios recibidos por la Iglesia estaban las exenciones fiscales (que llegan vergonzosamente hasta nuestros días, después de décadas de gobiernos "socialistas"), subvenciones para el mantenimiento de su patrimonio, restauración y construcción de nuevos edificios, el derecho a fundar estaciones de radio y publicaciones de libros, prensa y revistas, censura de material cultural (libros, prensa, radio, cine, música, etc.), matrimonios canónigos obligatorios para todos los católicos, monopolio en la enseñanza de la religión en las instituciones educativas tanto públicas como privadas, o la exención del servicio militar para el clero, lo que dejaba muy clara la confesionalidad católica del Estado. Y así, el exagerado protagonismo de la Iglesia Católica junto con el régimen fascista y genocida al que ésta apoyaba, configuraron cuatro décadas de siniestra dictadura, centrada en la manipulación ideológica, y en el culto a una serie de valores machistas, patriarcales, discriminatorios y totalitarios absolutamente denigrantes. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 mayo 2017 1 15 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Lo que acecha, conviene tenerlo en cuenta, es la consecuencia natural de esta Europa neoliberal en crisis: la norteamericanización de la vida pública europea. La UE es, cada vez más, la anti-Europa, una Europa no europea sino norteamericana y bajo hegemonía alemana: sistemas políticos gobernables donde los que mandan y no se presentan a las elecciones controlan férreamente a una clase política sin proyecto ni ideología y obligan a los electores a elegir entre la derecha y la mano izquierda de la derecha. Elegir siempre entre variantes de un mismo tipo de capitalismo y poner fin a la historia. ¿Qué historia? La del movimiento obrero organizado y la de los derechos sindicales y laborales; la de los grandes partidos de masas, la del control del mercado y del capital financiero, la del Estado social, es decir, la especificidad de una Europa permeabilizada por 150 años de lucha de clases, por durísimos conflictos sociales y nacionales, por dos Guerras Mundiales, por la esperanza de construir una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales comprometidos con la emancipación

Héctor Illueca y Manolo Monereo

Nunca una derrota fue tan necesaria ni una victoria tan amarga. Ojalá este dolor sirva para que Francia sepa reinventar su revolución francesa, su Comuna de París, su resistencia y, como ocurrió con La 9 y la División de LeClerc, entremos juntos a liberar nuestros países de los enemigos de ayer ahora que ya sabemos que obedecen órdenes de los mismos amos

Juan Carlos Monedero

El declive democrático de nuestro Viejo Continente se hace cada vez más palpable. Las opciones políticas se van centrando cada vez más en el "sota, caballo y rey", es decir, en los diferentes estilos de gestionar el neoliberalismo, unos más brutales y otras más suaves. Prácticamente la totalidad de las fuerzas políticas que se presentan en cada elección (como ha sido el caso francés recientemente) suelen representar al arco de la derecha política, social y mediática, en diversos grados, y además suelen complementarse con opciones falaces y engañosas llamadas típicamente "centristas", y que ofrecen más de lo mismo. Las opciones políticas que representan a la izquierda transformadora se vuelven cada vez más ausentes, o representan unas opciones mínimas frente al gran pastel de la derecha. A este pastel se unen también las opciones de ultraderecha o derecha extrema, como el FN de Marine Le Pen en el caso francés, a las que el pueblo vota por desidia, por despecho o por venganza con respecto a la actuación de otras fuerzas políticas que ya gobernaron en el pasado. De esta forma, se configura un panorama electoral europeo ciertamente desolador, donde no tienen cabida (y si la tienen es preocupantemente minoritaria) las opciones que de verdad pudieran suponer planteamientos rupturistas y transformadores respecto a los modelos económicos que nos gobiernan. 

 

Esto es lo que justamente acaba de ocurrir en el país galo: "Libertad, Igualdad y Fraternidad" eran los tres sublimes principios heredados de la Revolución Francesa, las tres patas donde se sostenía la República Francesa (al menos en teoría), los puntales de su fundación. Ahora, bajo el mandato del recién electo Presidente Macron (un convencido neoliberal), ¿podemos seguir afirmando que estos principios se aplicarán, o ya formarán parte de una vieja y vacía retórica? De entrada, las campañas electorales y los propios medios de comunicación que las difunden son las primeras armas engañosas de cara a los mensajes que recibe el conjunto de la ciudadanía. Para la segunda vuelta (ya había sido descartado Jean-Luc Melènchon, el único contendiente que representaba a la izquierda transformadora), ambos proyectos (el de Enmanuelle Macron y el de Marine Le Pen) se presentaban como antagónicos, incompatibles, radicalmente diferentes, cuando no es verdad...¿Acaso no defienden ambos el capitalismo? ¿Acaso no representan diferentes grados del mismo sistema económico? ¿No son acaso ambos proyectos una continuación de lo que ya existe? Porque incluso podríamos valorar como positivas algunas propuestas del Frente Nacional, como la instauración de una moneda local francesa en coexistencia con el euro, o la celebración de un referéndum para la salida de la Unión Europea, pero si a ellas les sumamos el carácter racista, xenófobo y autoritario del resto de propuestas de Le Pen, se convierte en una opción absolutamente descartable. 

 

Pero para los medios de comunicación eran proyectos antagónicos, lo cual confunde a la ciudadanía y difunde engañosos mensajes en torno al propio fondo de los mismos. La obsesión por presentar como distintos y alternativos a dos o más proyectos políticos (como en nuestro país hacen los medios con PP y PSOE) es una de las mejores conquistas del capitalismo, que deforma y socava la más elemental democracia, derivando al pueblo mediante la influencia del pensamiento dominante para decantarse, en el fondo, por un abanico de posibles opciones...iguales. De esta forma, el capitalismo (en su versión actual de un descarnado neoliberalismo) se disfraza, se presenta como un conjunto de opciones alternativas, nos engaña y nos muestra su faz más inteligente. Y se disfraza ofreciéndonos su cara amable, que es ese amago de democracia que padecemos, esa democracia burguesa, un sistema en el que todo el mundo puede, más o menos, opinar y votar lo que quiera, siempre que los grandes empresarios y banqueros decidan las políticas de los respectivos Gobiernos. Macron y Le Pen son dos piezas, dos peones de este infernal sistema. De esta forma, se elige siempre entre lo malo y lo peor, o entre lo malo y lo menos malo. Se elige entre la forma más cruel o la más suavizada de gestionar el capitalismo. En palabras de José López: "El capitalismo necesita aparentar cierta democracia para evitarla, para que la ciudadanía legitime en las urnas la dictadura camuflada que en verdad es". Las verdaderas opciones de izquierda (como la que representaba Bernie Sanders en Estados Unidos o Melènchon en Francia) son atacadas y silenciadas, con tal que únicamente prevalezcan las opciones más inofensivas para el sistema. 

 

Los líderes de la Unión Europea se mostraban preocupados por el crecimiento electoral de la ultraderecha, incluso preguntándose públicamente la causa de dicho fenómeno, ocultando descaradamente a la ciudadanía que es el propio sistema quien fomenta su crecimiento. Atilio Borón lo ha expresado magníficamente: "No puede haber Estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público, del cual los medios son su "sistema nervioso", no está democratizado. Son los medios quienes "formatean" la opinión política, imponen su agenda de prioridades, y en algunos casos --no siempre-- hasta fabrican a los líderes políticos (...) que habrán de gobernar. La amenaza a la democracia es enorme porque un sistema de medios altamente concentrado y hegemónico consolida en la esfera pública un poder oligárquico (...) que, articulado con los grandes intereses empresariales y con el imperialismo, puede manipular sin mayores contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos de signo conservador o reaccionario, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático". De esta forma, se configura a nivel europeo (y mundial) un sistema de gobernanza supranacional, controlado por esta mafia que no se presenta a las elecciones en ningún país, pero que ejerce el poder de facto. Retomo las palabras de José Carlos Bonino: "En la actualidad la industria mediática es un aparato ideológico creado con el objetivo pedagógico de darle legitimidad al Gobierno Mundial. Este gobierno mundial que comúnmente decimos que es el 1%, está conformado por el complejo militar-industrial, el sistema financiero, su brazo armado que hace la guerra pregonando la paz y el poder mediático a sus servicios que le da legitimidad política y cultural". 

 

El declive y la decadencia democrática están de este modo garantizadas. Porque incluso si en algún país triunfa electoralmente alguna opción pretendidamente de izquierdas, ya se encargarán las propias instituciones europeas y sus indecentes líderes de condenarlo al fracaso, amenazando a sus gobernantes con provocar el caos en el país si no se atienen a sus designios. Es justo lo que ocurrió en Grecia. Se vota por políticos que no tienen poder real, o que no poseen la valentía suficiente como para enfrentarse de verdad al sistema. Nuestras democracias son fachadas ilusorias, y el voto ciudadano ha sido despojado de todo su valor. JD McGregor lo expresó de forma muy gráfica: "No tenemos la elección del plato pero tenemos la elección de la salsa. El plato se llama "nueva esclavitud", con salsa de derecha pimentada o salsa de izquierda agridulce". El reciente caso francés lo ilustra perfectamente: el republicanismo ha sido despojado de sus auténticos valores, que tanto molestaban a las élites francesas y europeas en general. Molestaban el tamaño y la dimensión del Estado, los derechos sociales de la ciudadanía, los mecanismos de regulación del mercado, y las conquistas laborales del movimiento obrero. El republicanismo tenía que ser desmontado, y prácticamente lo han conseguido. Y es que las élites dominantes, como plantean Héctor Illueca y Manolo Monereo en este artículo, llevan años intentando imponer un nuevo régimen político contra la Francia republicana. El Partido Socialista francés (como el PSOE en España) lleva años inmolándose mediante sus continuos engaños y traiciones. Y así, han engendrado a un político como Macron, que viene a poner fin al régimen republicano francés, es decir, que viene a demoler lo poco que ya quedaba en pie del sistema de derechos y libertades que respondían a la trilogía de la Revolución. 

 

La tendencia actual es a la "norteamericanización" del sistema político europeo, cuyos principios ya expresara magníficamente Noam Chomsky: "En Estados Unidos sólo existe el partido de los negocios, con dos facciones, los demócratas y los republicanos". Los ejes izquierda-derecha se minimizan, se difuminan, sus fundamentos se pierden, se amalgaman entre un rosario de propuestas que dicen no abonar ninguno de los dos campos, y así, el mensaje que se ofrece a la ciudadanía es que las ideologías ya no sirven para nada. El nuevo Presidente Macron ha sido empujado, llevado en volandas por las élites francesas y europeas como la mejor opción para convertir la República francesa en una nueva República del capital con todas sus consecuencias. Se pretende mayor predominio de la gran empresa, así como una devastación absoluta de las conquistas sociales y laborales que el movimiento obrero ha arrancado durante siglos de lucha sindical. Y lo han hecho sacudiendo el espantajo de la extrema derecha, atizando el miedo social a un fascismo europeo que encarna la lideresa del FN, y que les ha venido de perlas para alcanzar su objetivo. Olga Rodríguez en este artículo lo ha expresado en los siguientes términos: "De cara a la galería el neofascismo puede salvar al capitalismo de sus propias contradicciones, temporalmente, desempeñando el trabajo más sucio, el papel de poli malo, cediendo al otro el espacio del mal menor, el del consuelo, poniendo en bandeja la amenaza". Y así, muchos ciudadanos y ciudadanas en Francia han acudido al voto a Macron con la nariz tapada, y muchos otros no han votado, o lo han hecho mediante un voto en blanco. Pero el fantasma del fascismo volverá, pues se alimenta de la propia indignación de los condenados por el mercado, y de nuevo saldrán las élites dominantes a infundirnos el miedo a la ultraderecha, para volver a salvar sus muebles. Mientras, todo cambia, para que todo siga igual, es decir, en la involución democrática, en el triunfo del neoliberalismo, en el "fin de la historia".

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