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28 marzo 2017 2 28 /03 /marzo /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (XVI)

Estos hechos, el olvido del héroe y el aceptado ensalzamiento del asesino, demuestran lo que realmente pasa en nuestra querida España. Si hoy seguimos así, sin resolver el problema de Historia y de Memoria que tiene este país, es, entre otras cosas, porque los demócratas no hemos hablado con la suficiente claridad. No lo hicimos durante la Transición porque el aparato franquista tuteló ese proceso y lo condicionó con la permanente amenaza de acabar con él mediante su método favorito: el Golpe de Estado. Y no lo hemos hecho durante los 40 años de democracia porque vivimos tan acomplejados que acabamos comprando el discurso de los herederos del dictador

Carlos Hernández

Dedicaremos esta nuestra entrega número 16 de la serie de artículos sobre el franquismo al símbolo arquitectónico por excelencia de aquélla etapa, que no es otro que el famoso Valle de los Caídos, siempre objeto de encendida polémica. De entrada, hagamos una rápida referencia basándonos en este artículo publicado en el medio eldiario.es Este conjunto franquista, alzado en San Lorenzo del Escorial, se levantó inicialmente para honrar a los "Héroes de la Cruzada", como dejó escrito Franco. Bajo sus cimientos hay más de 30.000 cadáveres, casi la mitad sin identificar, y muchos de ellos de republicanos represaliados por el régimen, cuyos cuerpos fueron llevados allí sin el consentimiento (ni siquiera el conocimiento) de sus familias. Según nuestro indecente Gobierno del PP, los herederos naturales de Franco, aquéllos que nunca condenaron el franquismo (aunque se levantan todos los días condenando el terrorismo etarra), el Valle de los Caídos no tiene un significado franquista. Así lo especificaba en la respuesta dada a dos preguntas registradas en septiembre de 2016 por el senador de Compromís Carles Mulet. En dichas preguntas, la formación progresista valenciana cuestionaba al Ejecutivo cuáles serían las medidas a tomar para "desfranquizar" el monumento, y conseguir que deje de ser "un lugar de exaltación del franquismo". 

 

El Valle de los Caídos se construyó por orden de Franco, y las obras, para las que se utilizó mano de obra esclava (aunque aún haya periodistas, como la incombustible Victoria Prego, a la sazón Presidenta de la APM, que nieguen este hecho), duraron desde 1940 hasta 1958. Se levantó, literalmente, como un lugar de reposo para "los héroes y mártires de la Cruzada", no para la conciliación tras la Guerra Civil. El conjunto arquitectónico lo forman la Basílica, la Cruz (la más grande del mundo cristiano), una hospedería que se anuncia en Internet, una abadía de monjes benedictinos, y una escolanía de 50 niños cantores. En la Basílica, gestionada por los monjes, están enterradas, en diferentes pisos y galerías, un total de 33.847 personas, de las cuales 12.419 no están identificadas, lo que la convierte en la fosa común más grande de España. Aunque la idea inicial era enterrar sólo a quiénes lucharon en el bando de Franco, luego se fueron llevando allí miles de cadáveres de republicanos represaliados, que permanecen en fosas comunes, pese a que muchas de sus familias los han reclamado. En el centro de la Basílica, junto al altar, están enterrados, con lápidas y honores, Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, algo que las familias de las víctimas republicanas sienten como una ofensa. La simbología franquista sigue intacta en el Valle de los Caídos desde su construcción. No hay ningún cartel ni explicación que informe a sus 680 visitantes diarios sobre nada de lo que aquí acabamos de contar. 

 

En lo que sigue, tomamos como referencia un estupendo artículo de José Antonio Martín Pallín (Magistrado Emérito del Tribunal Supremo), que se manifiesta y reflexiona en torno a la anomalía democrática que supone la existencia de esta reliquia arquitectónica franquista. En palabras de Martín Pallín: "El Valle de los Caídos es la representación, en piedra, de la megalomanía de un dictador que se propuso exterminar, desde los comienzos del golpe militar, a todos los que configuraban la representación democrática encarnada en el Gobierno surgido de las urnas en febrero de 1936. Terminada la guerra con la victoria de los que comulgaban con las ideas nazis y fascistas, continuó con su política represiva de los disidentes, despidiéndose de este mundo con cinco ejecuciones de condenas a muerte, impuestas por tribunales militares idénticos a los que pusieron en marcha, en los comienzos del golpe militar, la maquinaria para aplastar a los que permanecieron fieles a la República y la democracia". El precedente y guía inspiradora para el Mausoleo los encontró Franco en la Alemania nazi, tan admirada por el Caudillo y los custodios de las esencias del nacionalcatolicismo. En efecto, fue el famoso arquitecto Albert Speer, sentado en el banquillo de los acusados durante los Juicios de Nüremberg, el encargado por Hitler de ejecutar los monumentos y espacios que sirvieron de escenario para la exaltación de la grandeza del imperio nazi. Es algo común a los más déspotas y sanguinarios dictadores, pues en esa misma línea se expresa el Decreto (de 1 de Abril de 1940) que acuerda la construcción del Valle de los Caídos, justificándolo "por la dimensión de nuestra Cruzada y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya (...) Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos que desafíen al tiempo y al olvido". 

 

Actualmente, los políticos y juristas que oponen obstáculos a la modificación del estatus de tan aberrante edificación se apoyan fundamentalmente en dos factores: la inclusión del monumento en el catálogo del Patrimonio Nacional, y su consideración como lugar de culto que impide tomar decisiones sobre la Basílica y Monasterio sin el consentimiento de la Iglesia Católica. Ambos argumentos carecen de consistencia. Por una parte, porque la Ley Reguladora del Patrimonio Nacional (23/1982, de 16 de Junio) enumera solamente doce monumentos, entre los que no se encuentra el Valle de los Caídos. Por otra parte, los que invocan los Acuerdos Jurídicos entre España y la Santa Sede, que cede la capacidad de decisión sobre el monumento a la jerarquía católica, no tienen en cuenta la potestad de un Estado soberano para denunciar los acuerdos internacionales que estime oportuno, a criterio de un Estado que se define como democrático, pero que continúa honrando la labor de un dictador. En resumidas cuentas, mientras se mantenga la situación actual, estamos permitiendo una anomalía histórica, un rasgo claramente antidemocrático y una ofensa permanente para las familias de las víctimas del franquismo, a las que se debe, como ya hemos afirmado y detallaremos más en su momento, la verdad, justicia y reparación debidas. El Valle de los Caídos es una anomalía que deteriora inevitablemente la consolidación de una democracia homologable a las que gozan de este reconocimiento en el resto de la comunidad internacional. Es un ataque contra la dignidad de las víctimas, es un vestigio que repugna a los sentimientos de quiénes tuvieron que padecer el hambre, el frío, los trabajos forzados, la represión, el castigo, la tortura, el exilio o la muerte. 

 

Mantener hoy día en pie el Valle de los Caídos, o al menos no suprimirle el carácter de homenaje franquista que aún posee, es renunciar a la recuperación de la Memoria Histórica, es continuar practicando una clara connivencia con el régimen fascista que ordenó su construcción. Es una afrenta a la memoria mantener un mausoleo excavado en la roca, ocupado por miles de muertos vivientes, cuyos restos nos recuerdan la insostenible equidistancia entre una dictadura y una democracia. Aún tenemos algunas citas que lo expresan con acierto, como la de Raquel Pérez Ejerique, cuando afirma: "Franco manda mucho para llevar 40 años muerto, esta vez sin necesidad de amenazar, hacer propaganda, decretar o fusilar. Manda porque cuatro décadas después sigue habiendo defensores de lo suyo. Desde su tumba ilegal en el Valle de los Caídos --el derecho canónico dice que sólo se puede enterrar allí a pontífices, cardenales u obispos-- sonríe y disfruta de su premio. Nadie le tose porque, así como a los musulmanes les esperan 72 vírgenes en el cielo, a Franco le esperaban centenares de guardianes en la tierra para proteger su pasado y su futuro". Y por su parte, Carlos Hernández sentencia: "Así es, durante 40 años de democracia se ha demostrado que no se acaba con la huella de Franco con medias tintas. La única lejía democrática eficaz es la que emplearon en Alemania con el nazismo o en Italia con el fascismo: destruyamos todas y cada una de las huellas físicas, políticas y jurídicas del franquismo; y así, saquemos a Franco de su tumba un minuto antes de reducir a escombros el maldito Valle de los Caídos". Continuaremos en siguientes entregas.

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27 marzo 2017 1 27 /03 /marzo /2017 23:00
Fuente Viñeta: Sabela Arias

Fuente Viñeta: Sabela Arias

Tener un planeta más sano significa tener una economía más sana. Y el capitalismo ya ha dado repetidas muestras de estar “enfermo” crónicamente, aunque se lo siga haciendo continuar con respiradores artificiales. Por lo tanto, no quedan más alternativas que ayudarlo a morir de una vez para hacer nacer algo nuevo y superador

Marcelo Colussi

En nuestro artículo "Los tipos de terrorismo" (en su segunda parte), uno de los de más éxito de nuestro Blog, ya distinguíamos al "Terrorismo Ecológico" (que también podemos llamar Terrorismo Ambientalista) como una de sus principales modalidades. Allí decíamos que quizá sea el tipo de terrorismo más reciente históricamente hablando que comete el ser humano, pues este tipo de manifestación terrorista no va directamente contra nosotros, sino contra nuestro ecosistema, contra nuestro entorno vital, contra la naturaleza, contra nuestro medio ambiente, en última instancia contra todo el planeta. Bien, se trata de relacionarlo ahora con el agente fundamental que lo causa, y no es otro que la siguiente modalidad de terrorismo que distinguíamos allí, como es el Terrorismo Empresarial. La relación de ambos tipos de terrorismo es evidente: uno es el principal agente causante del otro. Son las grandes empresas transnacionales, como los principales agentes del capitalismo globalizado, las que tienen entre sus objetivos, y las que emplean entre sus diferentes tácticas, el terrorismo ambientalista. Y sus nombres son bien conocidos. Vayan ahí algunos ejemplos: Bayer, HSBC, BBVA, Santander, Benetton, British Petroleum, Calvo, Canal de Isabel II, Continental, Endesa, Nestlé, Pescanova, Repsol YPF (cuyo currículum oculto ya expusimos en este artículo), Sol Meliá, Shell, Suez, Syngenta, Telefónica, Unilever o Unión Fenosa. La lista sería interminable.

 

Y ello porque llega un momento, en que los recursos del planeta, un sistema finito y limitado por definición, se van agotando, y ya no pueden dar más de sí, limitando a su vez el posible beneficio capitalista, y poniendo en cuestión el propio sistema. La deriva fanática hacia la obtención de máximos beneficios no se detiene ante nada, y de esta forma, a estas grandes empresas transnacionales no les duelen prendas si tienen que eliminar fuentes naturales de recursos básicos, como bosques, ríos, etc., para conseguir sus objetivos. Véase la lucha que actualmente están llevando a cabo los nativos sioux contra el proyecto de oleoducto de Standing Rock, que destrozará literalmente sus tierras, y varias fuentes de recursos naturales que ellos veneran, pues forman parte de su propia vida. Estamos tan imbuidos en los conceptos capitalistas del "progreso" y del "desarrollo", nos hemos creído tanto sus mentiras, que ahora nos están explotando en la cara. Son conceptos erróneos, son peligrosos mantras que sacrifican la propia existencia del planeta y de la humanidad, en pro de sus beneficios económicos. Estamos presos del discurso y del dogma neoliberal, así como del fanatismo extractivista y consumista como únicos patrones de "crecimiento" válidos, y veneramos al PIB como el único indicador económico de referencia, cuando todos estos hábitos, indicadores y patrones deben ser superados y abandonados, pues sólo contribuyen a la destrucción de nuestro entorno natural. 

 

Y así, hoy día, son ya cientos los casos de lucha de los pueblos indígenas por la reivindicación de sus territorios (en Brasil, en Honduras, en Estados Unidos, en Bolivia, etc.) y de sus recursos naturales, ante la agresión y la obsesión continua de las grandes empresas por destruirlos. Son episodios normalmente silenciados por los grandes medios de comunicación, que suelen ser cómplices de la actividad nefasta y destructiva de las empresas. Este terrorismo ambientalista es absolutamente salvaje, puesto que arrasan sus casas, sus sitios sagrados, sus monumentos históricos, sus pueblos, sus lugares de ceremonia, y sus fuentes naturales de recursos, tales como bosques, ríos o lagos. El terrorismo ambientalista no se detiene ante nada ni ante nadie, y es precisamente este "nadie" el que viene saltando a la palestra de un tiempo acá, pues están saliendo a la luz pública una serie de casos (demasiados ya) de viles, crueles y despiadados asesinatos de personas, luchadoras y defensoras del medio ambiente y de sus territorios, por enfrentarse directamente a los intereses de estas grandes empresas multinacionales. Sin ir más lejos, en nuestro Blog hemos recogido los casos de Berta Cáceres, Isidro Baldenegro y Laura Vásquez, asesinados por sicarios por atreverse a enfrentar y resistir las decisiones de las grandes empresas, que pretendían socavar sus tierras, sus recursos y sus modos de vida. En la inmensa mayoría, estos casos de asesinatos quedan impunes, pues el poder de estas grandes empresas, las últimas responsables de estas muertes, es superior al de los propios Estados. 

 

Todos ellos son casos de personas asesinadas por defender la tierra, por defender la vida, por defender el planeta...en última instancia, por defendernos a todos de la insaciable expansión de las empresas transnacionales, y por intentar impedir que sus decisiones trajeran a sus pueblos la destrucción y la insostenibilidad. Recientemente, el medio Publico recogió un fantástico y completo artículo de Lucía Villa, que se centra en este asunto, y que tomamos como referencia a continuación. Suelen ser ambientalistas de reconocido prestigio, que cuando se vuelven personas absolutamente incómodas para los intereses de estos agentes del capitalismo, suelen ser asesinados/as. Proyectos de deforestación, proyectos mineros y extractivos, proyectos hidroeléctricos, proyectos de oleoductos, proyectos de construcción de infraestructuras, etc., suelen estar siempre detrás del comportamiento abyecto y execrable de estas empresas, cuyos sicarios asesinan vilmente a los defensores del medio ambiente que por su reconocimiento público, pasan a representar peligros para sus intereses que hay que abatir. Este terrorismo ambientalista pasa a obtener una nueva dimensión, pues ya no estamos sólo hablando de que se destruya el medio ambiente, sino de que se matan personas que intenten impedirlo. Asesinatos perpetrados impunemente por personal al servicio de estas grandes empresas, y una ristra de impedimentos para que las autoridades los investiguen después, suelen ser las credenciales más habituales en dichos casos. 

 

En palabras de Lucía Villa: "El reguero de mártires de la Pachamama, como se denomina a la Madre Tierra entre las comunidades indígenas de Suramérica, se extiende a la velocidad a la que crece la demanda de recursos para abastecer a una población creciente y consumista. Las disputas por un territorio cada vez más explotado les han situado en el disparadero de empresas y gobiernos. La ONU considera a los ambientalistas el segundo colectivo de defensores de derechos humanos más vulnerable del mundo". Así está la situación, y los datos lo demuestran fehacientemente. Entre 2002 y 2014, un total de 1024 personas fueron asesinadas por su labor en cuestiones agrarias y ambientales, según la ONG Global Witness, que ha llevado a cabo varias investigaciones sobre estos asuntos durante los últimos años. Actualmente, la media de asesinatos de ambientalistas llega a 2 por semana. Por su parte, el 40% de los crímenes de defensores de la tierra y el medio ambiente que se cometen en el mundo tienen como víctimas a personas indígenas, especialmente en las poblaciones de América Latina. Sólo en Honduras, durante 2014, fueron asesinados 12 activistas (111 entre 2002 y 2014). Y un 90% de los casos siguen sin resolverse. La impunidad, por tanto, es endémica, ante la increíble fuerza y poder del gran capital, y el servilismo de los respectivos gobiernos y de los grandes medios de comunicación, que se cuidan muy bien de poner el foco en otras causas, de silenciar los graves atropellos de los derechos humanos, y de disculpar y legitimar la acción de las grandes empresas. 

 

Y es que a menudo, los autores materiales de estos asesinatos suelen ser delincuentes comunes o sicarios de los autores intelectuales, a los que es mucho más complicado descubrir, si no hay una auténtica voluntad política de hacerlo. De los más de 1000 asesinatos investigados por la referida ONG en más de una treintena de países, sólo 10 personas fueron juzgadas, condenadas o castigadas. Los Estados no emplean los recursos suficientes para esclarecer los hechos, o directamente cierran los casos, y dejan de investigar, con lo cual la inseguridad y sensación de impunidad es aún mayor. Muchos países sufren una violencia estructural muy fuerte, son de por sí países peligrosos para el periodismo y el ambientalismo, en general para cualquier actividad que se enfrente a los intereses del gran capital que impera en ellos. La película es bien conocida: en aras de atraer la inversión extranjera a estos países, los gobiernos (dominados por el dogma económico neoliberal) llevan a cabo profundos procesos de desregularización, por los que se suavizan o eliminan leyes de protección laboral, social y medioambiental. Ello está muchas veces fortalecido y apoyado por el radio de acción de los famosos Tratados de Libre Comercio, que son en realidad perfectas herramientas para consolidar dichas políticas. El pensamiento dominante, por su parte, pone su granito de arena, contribuyendo a difundir que los ecologistas (en su mayor parte ciudadanos/as nativos de escasos recursos) sean vistos como opositores al progreso y al desarrollo de sus pueblos y de sus territorios, cuando en realidad es justo lo contrario: son las grandes empresas y los gobiernos los que vienen a destruir el equilibrio natural necesario para la vida. 

 

Los enfrentamientos llegan en muchas ocasiones a adoptar un cariz violento, pues las empresas obligan a las poblaciones a desalojar por la fuerza el área donde viven, violando incluso los Acuerdos y Convenios internacionales, como la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, que reza en su artículo 19 que "Los Estados celebrarán consultas y cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por medio de sus instituciones representativas, antes de adoptar y aplicar medidas legislativas o administrativas que los afecten, a fin de obtener su consentimiento libre, previo e informado". Los conflictos se van generalizando, y hoy día, el Observatorio de Conflictos Mineros de América Latina, que documenta y cartografía estos casos en el continente, tiene localizados sólo por asuntos mineros 37 conflictos en México, 36 en Perú, 36 en Chile, 20 en Brasil, 13 en Colombia, 9 en Bolivia, 7 en Ecuador, 6 en Guatemala, 4 en Honduras y otro buen número de ellos repartidos por el resto de países. La situación es, por tanto, realmente preocupante. Hemos de contribuir en primer lugar a acabar con el silencio que oculta la realidad de estos graves conflictos y de estos asesinatos, para que salgan a la luz pública, para que se tome conciencia sobre ellos, y en segundo lugar, continuar denunciando la terrible actividad que las grandes empresas transnacionales ejecutan sobre los territorios, sobre los países, sobre los recursos naturales y sobre los pueblos indígenas, a fin de poder acabar con ella, o al menos, frenarla en gran medida. Nuestras próximas generaciones agradecerán esta lucha.

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26 marzo 2017 7 26 /03 /marzo /2017 23:00
Fuente: http://sp.depositphotos.com/

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¿Cuantos jóvenes que hubiesen encontrado su lugar en la sociedad y con un buen futuro por delante en un mundo en paz desearían atarse un cinturón de explosivos en su cintura?

Grégoire Lalieu

Además de la propia desolación, destrucción, odio y violencia generados, las guerras, los conflictos armados y el terrorismo desestabilizan las zonas en contienda, y como hemos explicado en anteriores artículos, causan un caos político, social y económico de proporciones gigantescas, sumiendo a la población en episodios violentos de pillaje, y provocando tensiones e inquietudes que se mantienen durante años. Las rebeliones populares van asolando los territorios, y si a todo ello le unimos los episodios de ocupación extranjera en las zonas recién salidas de los conflictos, la situación ya se vuelve absolutamente insostenible. Los actuales conflictos en Siria, Irak, Afganistán, Ucrania, Libia, Zimbaue, trastornan las condiciones de vida de sus gentes, y generan enormes y continuados éxodos de población, que de forma incontrolada se convierten a su vez en caldo de cultivo para las mafias que trafican con personas. Como puede apreciarse, el panorama surgido de las guerras es absolutamente desolador. Pero a todo ello, y siguiendo el artículo de Bruno Guigue traducido para el medio español Rebelion.org por Susana Merino, hemos de unirle una guinda muy especial, una guinda desastrosa, criminal e indecente que los países de la comunidad internacional permiten con absoluto descaro y vergüenza, como son las hambrunas. 

 

En efecto, la inseguridad alimentaria crónica que sufren determinados países (República Democrática del Congo, República Centroafricana, Burundi, Mali, Níger, etc.) no es casual, ni una maldición divina, sino la consecuencia directa de las guerras tribales, del terrorismo y de las "intervenciones" militares extranjeras. El caos y el desorden que los asola es en primera instancia de naturaleza geopolítica, pero deviene pronto en una crisis humanitaria y alimentaria, debido a las condiciones de la propia región. Porque tales resultados, lejos de ser una fatalidad, obedecen a una serie de causas endógenas y exógenas perfectamente identificables y evitables. En palabras de Bruno Guigue: "Las hambrunas no caen sobre los condenados de la tierra como un rayo. Son el arma de los poderosos para aplastar a los débiles". Y poco parecen importarles a los países "desarrollados" que estas terribles hambrunas se lleven por delante a generaciones enteras, ya que el silencio, la indiferencia y la inacción son las respuestas que nuestros "civilizados" países les dan a estos otros países sumidos en el más profundo caos humanitario. Los niños escuálidos del Yemen, por ejemplo, no figuran en los titulares de los grandes medios informativos, ni están entre las preferencias de nuestras "Ayudas al Desarrollo". Hemos llegado a tal grado de insensibilidad polìtica y social que únicamente gracias al trabajo voluntario y altruista de algunas ONG's que ayudan sobre el terreno, se ven paliadas de forma ínfima estas deficiencias alimentarias coyunturales. 

 

Según datos del Programa Mundial de Alimentos, aproximadamente unos 20 millones de personas corren el riesgo de morir de hambre en cuatro países durante los próximos seis meses: Yemen, Nigeria, Sudán del Sur y Somalia. Pero como estamos explicando, la principal causa de esa inseguridad alimentaria es de naturaleza política, concretamente de falta de voluntad política de los países que pueden evitarlo. Porque cuando no ha sido directamente provocada por el caos generador del subdesarrollo o la interrupción de los suministros, la intervención militar extranjera ha echado leña al fuego. Nuestros "civilizados países occidentales", en cuanto ven algún peligro que ponga en un brete su posible hegemonía sobre el control de los recursos naturales de dichos países, o en cuanto tienen noticia de alguna evolución política y social de carácter liberadora y revolucionaria en dichos países oprimidos, castigados y subdesarrollados, "intervienen" al rescate de la "democracia" y de los "derechos humanos". La hipocresía se nota a la legua. Bien poco pueden importarles los derechos humanos, cuando condenan inexorablemente a niños, jóvenes y mayores a las más desesperantes hambrunas durante años. Las guerras civiles y el terrorismo arruinan las infraestructuras estatales, destruyen los servicios básicos, aniquilan los bienes comunes, banalizan la violencia endémica y provocan el éxodo masivo de la población hacia rutas donde las mafias que trafican con personas controlan la situación, generando aún más sufrimiento si cabe. 

 

En el Yemen, los bombardeos saudíes han generado desde marzo de 2015 un desastre humanitario sin precedentes. La ONU se alarma ante esta situación, pero fue una resolución de su Consejo de Seguridad la que autorizó la intervención militar extranjera. El grado de cinismo y de hipocresía de la comunidad internacional no tiene límites. El cierre del aeropuerto de Sanaa y el embargo decretado han privado a la población de los medicamentos necesarios. Las reservas de trigo disminuyen. Los bancos extranjeros rechazan realizar operaciones con los bancos locales. Catorce millones de personas, el 80% de la población, tiene necesidad de ayuda alimentaria, de ellos unos dos millones de forma urgente y desesperada. Unos 400.000 niños sufren desnutrición severa. Y ante este panorama, las potencias occidentales siguen participando de ese crimen masivo proporcionando más armas a Arabia Saudí, que es quien ordena los continuos bombardeos sobre Yemen. Por su parte, en Nigeria millones de personas se hacinan en los campos de refugiados huyendo de la violencia del grupo terrorista Boko Haram. Estas poblaciones, que son totalmente dependientes de la ayuda humanitaria, sobreviven en chozas con techos de uralita, soportando temperaturas de 50ºC, con un solo acceso al agua, con cocinas comunes y una comida por día. Y es que después de la vergonzosa destrucción de Libia por parte de las fuerzas de la OTAN, el África subsahariana se ha convertido en el territorio preferido por los yihadistas para cometer sus tropelías. 

 

En Sudán del Sur, otro de los países en hambruna, sumido en un conflicto que parece eternizarse, la proclamación de la independencia en 2011 desembocó en una guerra civil en la que dos bandos rivales se disputan el control de las riquezas energéticas. Todo este caos es fruto de la estrategia estadounidense, que estuvo armando durante más de 20 años a una guerrilla secesionista. Sudán del Sur es hoy día un territorio devastado y en ruinas, donde desde diciembre de 2013 han muerto varias decenas de miles de personas, 2,5 millones han huido de sus hogares, y cerca de 5 millones se encuentran en situación de hambruna, según la ONU. Y para finalizar este breve repaso por las zonas devastadas con mayor situación de inseguridad alimentaria, diremos que en Somalia, un Estado fallido y fraccionado en una decena de grupos políticos rivales, la vulnerabilidad de su agricultura refleja el estado de subdesarrollo del país. Los avatares climáticos amenazan con la proximidad de un nuevo desastre alimentario. En 2011, la terrible hambruna que siguió a la sequía provocó 260.000 muertos. Y todo ello se debe al sangriento reinado de los señores de la guerra locales, a las intervenciones militares extranjeras (Estados Unidos, Kenia, Etiopía), a la creciente descomposición política, y a la creciente influencia de la organización radical islámica Al-Shaab. Somalia ostenta el indignante y triste honor de poseer el índice de desarrollo humano más bajo del planeta. Como dijo Julio Anguita: "Malditas sean las guerras y quienes las apoyan". Continuaremos en siguientes entregas.

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24 marzo 2017 5 24 /03 /marzo /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (30)

La desigualdad se da por la extrema riqueza de un reducidísimo grupo de la población, una fracción del 1%. Esto no solo es extremadamente injusto por sí mismo, la desigualdad tiene consecuencias muy negativas en la sociedad como conjunto, porque el hecho mismo de la desigualdad tiene un efecto corrosivo, nocivo sobre la democracia

Noam Chomsky

Entiendo que mis lectores y lectoras, llegados a este punto en esta serie de artículos, tendrán bien claro, a tenor de todo lo que hemos expuesto hasta ahora, que reducir la brecha que separa a las personas más ricas del mundo con respecto a las más pobres, es un imperativo crucial de nuestro tiempo, si pretendemos conseguir una sociedad más justa. En demasiados casos, además, el futuro de los niños (de los que también hablaremos en el bloque dedicado a la pobreza infantil) que nacen hoy día en muchos países del mundo está claramente condicionado por los bajos ingresos de sus padres, por sus limitaciones y por sus circunstancias, así como por su género y su raza. Y también espero que tengan claro que la desigualdad no es ninguna maldición bíblica, sino el resultado absolutamente previsible del desarrollo e implantación de una serie de políticas públicas ejecutadas por los gobiernos de sus respectivos países, dentro del contexto mundial globalizado, y auspiciado por una serie de instituciones y organismos internacionales, dedicados también a perpetuar dichas políticas que delimitan esta arquitectura social de desigualdad. La desigualdad no es inevitable. Es un problema que puede resolverse. Las cifras están perfectamente estudiadas, las posibles soluciones también. Sólo hace falta la ración oportuna de voluntad política para llevarlas a cabo. 

 

Todo ello es extensible, como también hemos expuesto, al ámbito internacional. Porque el problema de la desigualdad es un problema mundial, globalizado, internacional. Y la proyección hacia el conjunto de la población es un fenómeno perfectamente estudiado. Un niño que nazca en una familia rica, incluso en los países más pobres, irá a los mejores colegios, y recibirá la mejor atención médica si se pone enfermo. Todo ello incidirá en su nivel de vida, que se proyectará en su futuro más inmediato, abriendo un abanico de posibilidades al que los niños pobres, simplemente, no tendrán acceso. Al mismo tiempo, las familias más pobres verán cómo enfermedades fácilmente prevenibles y curables les arrebatan a sus hijos, porque no tienen dinero para pagar su tratamiento médico. La realidad es que, en todo el mundo, las personas ricas disfrutan de vidas más largas, sanas y felices, estables y protegidas, y pueden utilizar su riqueza para contemplar cómo sus hijos disfrutan y proyectan el mismo tipo de vida. Somos muchos los que entendemos que esta situación no puede continuar. A nivel mundial, y dentro de cada país, avanza la conciencia colectiva de los peligros de la desigualdad, pero aún no se ha llegado al pleno convencimiento de que es necesaria una actuación firme y decidida para abolir las actuales políticas responsables de tal fenómeno. 

 

La concentración de riqueza en manos de unos pocos pone también en riesgo nuestra capacidad para expresar nuestra opinión y participar en la gestión de la sociedad en la que vivimos, porque la desigualdad también es firme enemiga de la democracia. Los ciudadanos y ciudadanas más ricos pueden utilizar su poder económico y la capacidad de influencia inherente al mismo (bajo los terribles valores de una sociedad capitalista brutal como la nuestra) para manipular las leyes y las decisiones políticas en su favor, fortaleciendo aún más su posición, con lo cual la sociedad toma un peligroso rumbo en espiral que avanza hacia la polarización social cada vez más extrema. Tanto en los países ricos como en los países pobres, el dinero confiere poder y privilegios a costa de los derechos de la inmensa mayoría de la población. Y la corrupción también es una poderosa aliada de todo este despliegue. Hoy día, los gobiernos electos en la mayoría de países del globo representan los intereses de una élite social acomodada, de una minoría poderosa, mientras desatienden su obligación de garantizar un futuro digno al conjunto de la ciudadanía. Si cada persona que nace no ha elegido su lugar de nacimiento, su sexo o la riqueza y educación de sus padres, son los gobiernos los que tienen la obligación de intervenir para que las oportunidades de futuro de los ciudadanos no sean tan diferentes.

 

Como también hemos señalado en artículos anteriores, los efectos perversos de la extrema desigualdad se dejan notar en multitud de aspectos. Las consecuencias son destructivas para todo el mundo, ya que la desigualdad extrema corrompe la política, frena el crecimiento y reduce la movilidad social. Además, fomenta la delincuencia e incluso los conflictos violentos. Desaprovecha el talento y el potencial de las personas, y debilita los cimientos de la sociedad. Decididamente, sólo es posible mejorar la vida de la mayor parte de la población mundial si hacemos frente a la extrema concentración de riqueza y poder en manos de una élite poderosa. Las normas y sistemas que han dado lugar a la actual explosión de desigualdad tienen que cambiar. Son necesarias medidas urgentes en varios planos, que consigan corregir la situación, a través de la aplicación de políticas que redistribuyan los recursos y el poder de manos de las élites a las de la mayoría de la población. Lo que ocurre es que estas élites, que funcionan como una trama perfectamente organizada, entienden cualquier medida de estas características como un auténtico ataque a sus privilegios, con lo cual, ayudados por su poder en todos los planos de la sociedad, cualquier intento de implantarlas es bloqueado y atacado con fiereza. Estas élites llevan desarrollando desde hace décadas un fundamentalismo de mercado como dogma económico, así como un auténtico secuestro democrático al conjunto de la población, con lo cual la concentración de su poder es aún más fuerte. 

 

Y así, la desigualdad económica extrema se ha disparado en todo el mundo durante los últimos 30 años, convirtiéndose en uno de los mayores problemas económicos, sociales y políticos de nuestro tiempo, fuente y raíz de la inmensa mayoría de conflictos que hoy día socavan la convivencia y la armonía de las poblaciones de los diferentes pueblos, países y naciones. Las antiguas desigualdades, más basadas en el género, la casta, la raza y la religión (que ya constituían tremendas injusticias en sí mismas, y que aún continúan existiendo en muchos países) se han visto a su vez agravadas y retroalimentadas por el aumento de estas desigualdades económicas (de renta y de patrimonio) entre ricos y pobres. Los datos son claros en este sentido: actualmente, 7 de cada 10 personas a nivel del planeta, viven en un país donde la desigualdad entre ricos y pobres es mayor ahora que hace treinta años, y en países de todo el mundo, la minoría rica está aumentando cada vez más su participación en la renta nacional. Si no ponemos freno a esta situación, la dramática deriva nos llevará indefectiblemente a un mundo cada vez más salvaje, más desigual, más extremo, más caótico, más ineficiente, más destructivo, más degenerado, más decadente. Llegará un momento en que la sucesiva explosión de nuevos conflictos a nivel de todo el globo (y dentro de cada país) hará imposible una mínima convivencia armónica, y afectarán a todos los planos: político, económico, social, climático, alimentario, cívico, etc., dando lugar a un caos generalizado que será extremadamente difícil de revertir. Hemos de actuar con decisión. La situación apremia. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 marzo 2017 4 23 /03 /marzo /2017 00:00
Las Marchas de la Dignidad preparan su vuelta a Madrid el 27 de Mayo

Nos hacemos eco en el presente artículo de la reciente noticia aparecida en el medio Rebelion.org, que comunica la vuelta de las Marchas de la Dignidad, que se están preparando para su retorno a las calles en Madrid para el próximo 27 de mayo. Desde aquí difundimos, apoyamos y hacemos nuestras las reivindicaciones de dicho colectivo, que agrupa a cientos de organizaciones sociales y de plataformas cívicas en representación de numerosos colectivos de la sociedad civil (asociaciones vecinales, asociaciones políticas, asambleas del 15-M, asambleas de desempleados, mareas de acción social, colectivos de estudiantes, organizaciones ecologistas, asociaciones republicanas, asociaciones de mujeres, plataformas de afectados por los recortes y por la represión, redes de solidaridad popular, etc.), ante el tremendo sufrimiento causado a la inmensa mayoría de la población con la creciente aplicación de las políticas neoliberales, tanto de ámbito nacional, como procedentes de las "recomendaciones" de esta indecente Unión Europea.

 

El texto hecho público por las Marchas de la Dignidad, que recogemos en su totalidad a continuación, comunica lo siguiente: 

 

 

La Coordinadora Estatal de las Marchas de la Dignidad reunida en Madrid (el 11 de marzo) en Parroquia de San Carlos Borromeo ha acordado la vuelta a Madrid el 27 de mayo con una movilización de carácter estatal, a la que llaman a participar a todos los colectivos en lucha. 

Las Marchas realizan una valoración, en general positiva, de las movilizaciones realizadas el día 25 de febrero y el 28 en Andalucía, con una mayor asistencia que las convocadas el pasado 3 de diciembre y con una mayor capacidad de convocatoria coincidiendo con lo que parece ser un repunte general de las movilizaciones. Además de apreciar un avance en la incorporación de colectivos en lucha a las Marchas en muchos territorios. 

En este periodo de repunte del descontento social plasmado en las importantes movilizaciones como las convocadas en defensa de la educación pública, por los derechos de la mujer y contra la violencia machista, se constata la reactivación de colectivos y territorios en lucha, aunque se coincide en que aún queda mucho por hacer.

Las Marchas de la Dignidad quieren que la movilización general del día 27 de mayo, sea una movilización de todas y de todos los que hoy luchan por una vida digna, por ello, hacen un llamamiento a sumarse a esta convocatoria para la que han acordado unos lemas centrales que se plasmaran en el manifiesto de la convocatoria del 27 de mayo, estos son: 


 

PAN, TRABAJO, TECHO E IGUALDAD

 

- Por el empleo estable, salarios dignos y la renta básica: Derogación de las reformas laborales 

 

- En defensa de pensiones públicas dignas y a cargo de los Presupuestos. No al Pacto de Toledo 

 

- Contra el feminicidio: Nos queremos vivas, ni una menos. 

 

- Por la libertad de l@s pres@s y procesad@s por luchar. Amnistía.

 

- Por el no pago de la deuda. UE y FMI fuera ya de aquí

 

- Por la defensa de los Servicios Públicos como derechos esenciales.

 

Además en la reunión de la Coordinadora Estatal se acordó reforzar los instrumentos organizativos de la Marchas para el éxito de la movilización del 27 de mayo, con especial atención a los territorios. La próxima reunión de la Coordinadora Estatal este prevista para el día 1 de abril.

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22 marzo 2017 3 22 /03 /marzo /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (XV)

La oligarquía financiadora del baño de sangre que en los años treinta del siglo XX frenó en seco el movimiento popular que pretendía acotar sus sempiternos privilegios, en los setenta propició, para seguir mandando, el lavado de cara del postfranquismo. De rebote nos robó la Historia y se apropió de nuestra Memoria para imponernos la actual Desmemoria que borra las huellas de su vileza.¡Y con qué éxito!

Juan Rivera (Colectivo Prometeo y FCSM)

Sí, porque la desmemoria histórica que nos invade es obscena e indecente. En nuestro país, muchos Ayuntamientos de pequeñas localidades siguen honrando al franquismo, pero olvidan el hambre, el frío y la represión que tuvieron que sufrir miles de personas por la imposición de un ideal totalitario. Como afirma el historiador segoviano Juan Carlos García-Funes en esta entrevista para el medio La Opinión de Zamora, España aún ignora que aquí hubo campos de concentración y trabajos forzados. En su fuente bebemos para los siguientes datos y conclusiones. A raíz del estallido de la Guerra Civil, sobre todo a partir de 1937, el problema de los prisioneros creció de tal manera que se crearon estos espacios, cuya función principal consistía en hacer clasificaciones para decidir quiénes eran "recuperables" para las filas franquistas, y quiénes eran desafectos al "glorioso movimiento nacional". Estos últimos eran encuadrados, como ya hemos comentado en artículos anteriores, en batallones de trabajadores. En España existieron cientos de recintos al clásico estilo de los campos de concentración nazis, y quizá los hemos ignorado porque se ha querido ver el franquismo como algo diferente al nazismo en Europa, aunque es cierto que la lógica de funcionamiento de los campos españoles era distinta: la gente podía morir trabajando, pero aquí no había cámaras de gas. 

 

Hubo campos de concentración en Astorga, Salamanca, Arévalo, San Bernardo, Medina de Rioseco o Palencia. En Burgos y Soria tuvieron también una presencia enorme este tipo de recintos. Algunos albergaron también a brigadistas internacionales. Funcionaban como una especie de "agencia de colocación" que clasificaba a los reos, al margen de por su ideología política, por la cualificación que tenían. Por ejemplo, si el franquismo necesitaba edificar fortificaciones, precisaba de peones y éstos tenían que ser previamente identificados. A finales de 1937, por poner un ejemplo concreto de cifras, y según datos de García-Funes, de 106.000 prisioneros en total, fueron clasificados como desafectos algo más de 2.000, y como afectos dudosos, más de 50.000. Ambas categorías eran destinadas a trabajos forzados. Realizar toda esta ingente tarea de clasificación conllevaba pedir informes de los prisioneros a las autoridades de sus poblaciones de origen, a los alcaldes y a los curas. Con toda esa información decidían si eran aptos para empuñar las armas con Franco, o por el contrario, eran destinados a trabajar. La actividad de trabajos forzados llegó hasta el año 1942. En todos ellos predominaban las condiciones de hambre, enfermedades, castigos y violencia. Por ejemplo, se ejecutaba a los reclusos bajo el palo de una bandera en presencia de miles de prisioneros. La mortalidad era fruto de una situación de extrema necesidad y violencia. Los reos estaban desamparados y a expensas de las autoridades de los campos. 

 

El Convenio de Ginebra sólo se aplicó a los prisioneros internacionales, pero nunca a los españoles. Pero como decimos, nuestra desmemoria histórica en este sentido es horrenda, y por ejemplo, se está empezando a reconocer la traumática situación que vivieron los más de 10.000 españoles que pasaron por el campo de concentración austríaco de Mauthausen, pero en cambio no se dice nada de los que malvivieron mucho antes en nuestro país. ¿Cómo es posible que las instituciones españolas recuerden a las víctimas del holocausto nazi, mientras se prefiere echar un manto de arena sobre los campos de concentración españoles? Para García-Funes, la clave está en que el nazismo fue derrotado en Europa, mientras que el franquismo perduró aquí durante casi 40 años. Y hoy día, el Estado Español sigue sin reconocer el status de víctimas para estas personas. En fin, la realidad de penosa existencia de los trabajos forzados en nuestro país, así como de los campos de concentración durante la Guerra Civil y la dictadura, continúa siendo otro oscuro objeto de desconocimiento por parte de la inmensa mayoría de nuestra población. Porque al igual que en la época del antiguo Egipto, los presos sufrieron cautividad, enfermedad, látigo, desprecio, hambre y frío, pero también la obligación de tener que levantar todo tipo de construcciones en nombre de un dictador. Esta mano de obra esclava fue fundamental para el levantamiento económico del país, que se encontraba en situación de ruina después de la finalización de la contienda. De este modo, fue importantísimo el flujo económico generado para la España de la posguerra por todos los trabajos que se llevaron a cabo con esta mano de obra forzada y esclava. 

 

Por otra parte, el mundo de la cultura, como también hemos comentado en entregas anteriores, sufrió una fuerte represión. No ya sólo en lo que respecta a los autores e intelectuales en sí, sino también en lo que se refiere a las obras. La represión fascista llegó también, cómo no, a la censura que afectaba a lo que podía o no podía ser leído, visto o escrito. Es algo inherente a todos los fascismos, que lógicamente entienden que la cultura es el arma de liberación del pueblo por excelencia, y por tanto, tiene que ser controlada. Y así, las autoridades franquistas controlaban los libros que se publicaban, y los que ya existían. Se purgaron las bibliotecas públicas y se practicaron quemas de libros. Raquel C. Pico, en este artículo para el medio Librópatas, nos da cuenta de cifras concretas que vamos a comentar. En A Coruña, por ejemplo, se hizo una pira en 1936 con libros de la biblioteca de Santiago Casares Quiroga. Y en 1939, para celebrar la Fiesta del Libro, el Sindicato Español Universitario organizó una quema de libros en la que ardieron, entre otras muchas, obras de Voltaire, Lamartine, Marx, Freud o Rousseau. "¡Muera la inteligencia! ¡Viva la muerte!" había vitoreado el General Millán-Astray, interrumpiendo al Rector de la Universidad de Salamanca, el gran Miguel de Unamuno, que se enfrentó a tan terrible proclama con la valentía de un héroe. En Barcelona se destruyeron a la finalización de la Guerra Civil 72 toneladas de libros de editoriales y bibliotecas públicas y privadas. No disponemos de cifras exactas que dimensionen cabalmente cuántos libros fueron censurados durante la dictadura franquista, pero sí conocemos títulos concretos. Incluso muchos otros textos fueron alterados y manipulados. 

 

Por poner ejemplos concretos muy significativos, fueron prohibidos "La Celestina" (de Fernando de Rojas), "Sonata de Otoño" (de Valle-Inclán), "Poesías Completas" (de Antonio Machado), "La rebelión de las masas" (de Ortega y Gasset), "Guerra y Paz" (de Tolstoi), o "Crimen y Castigo" (de Dostoievski). También tuvieron problemas para ser publicadas en su integridad las obras "1984" (de George Orwell), "La Regenta" (de Leopoldo Alas "Clarín"), "Celia" (de Elena Fortún), "Hombrecitos" (de Louisa May Alcott), "Estampas de Aldea" (de Pablo de Andrés Cobos), "Las cinco advertencias de Satanás", "Usted tiene ojos de mujer fatal", y "Madre, el drama padre" (todas ellas de Enrique Jardiel Poncela), o "El extranjero" (de Albert Camus). Pero la censura cultural no sólo llegó a los libros, también el cine y el teatro sufrieron sus efectos. Los géneros cómico y satírico fueron muy controlados, la Revista era examinada con lupa (sobre todo por la vestimenta de las vedettes), y el cine sufrió también las terrribles consecuencias de la difusión de una moral integrista y ultraconservadora. En ese sentido, no sólo el clásico cine erótico (cuyas películas había que ir a verlas a Perpignan), sino grandes obras maestras del séptimo arte fueron censuradas por el régimen franquista, por entender que se desviaban de la recta moral católica, o que propiciaban conductas o comportamientos mal vistos por el régimen. Y en cuanto al ámbito educativo, ya hemos comentado también en anteriores entregas la obsesiva purga que se ejecutó sobre los docentes que procedían de la República, y el perverso control que la Iglesia Católica llevó a cabo sobre los contenidos educativos durante la vigencia del nacionalcatolicismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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21 marzo 2017 2 21 /03 /marzo /2017 00:00
Sobre la vuelta del Servicio Militar Obligatorio

Sin embargo, a los militares les sobrevino una democracia formal y tuvieron que tragar carros (de combate) y carretas para desempeñar el papel, si no de un ejército democrático (¿es acaso posible?), sí del ejército de una democracia. Por razones nada antimilitaristas, sino económicas y operativas se acabó (¡con Aznar!) aquel secuestro llamado mili, y además se permitió la entrada a algunas mujeres a lo que ¿era? una escuela de brutimachismo. Por último, se encargaron a las FF.AA. tareas propias de protección civil (UME) y de Cruz Roja

Juan Antonio Aguilera Mochón

Recientemente, hemos conocido que el Gobierno sueco ha adoptado la decisión de restablecer el Servicio Militar Obligatorio en el país, siete años después de haber sido abolido. Esta decisión se toma con el objetivo de paliar la falta de soldados, según argumentan fuentes oficiales. Suecia es un modelo de país avanzado y un modelo a seguir en muchos aspectos, pero creemos que se equivoca rotundamente con esta decisión y con este planteamiento. Pensamos que el Gobierno sueco debería plantearse el por qué de esa falta de soldados, atender a sus verdaderas causas, en vez de pensar en volver a establecer como obligatoria una actividad que literalmente secuestra la vida de miles de jóvenes durante un cierto período de su vida. Esa propuesta ha sido apoyada en nuestro país por el famoso Juez de Menores de Granada, Emilio Calatayud (un estupendo profesional por el que siento un enorme respeto, famoso por sus sentencias originales y "ejemplarizantes", basadas en los aspectos de reeducación y reinserción social más que en los aspectos punitivos), quien se ha manifestado a favor de reimplantar el Servicio Militar Obligatorio también en España, sobre todo para el colectivo de los denominados "ni-nis" (chicos y chicas jóvenes que ni estudian ni trabajan).

 

Pensamos que se equivocan, que la vuelta de la "mili" obligatoria no es ninguna solución para paliar los graves problemas y conflictos que nuestra sociedad demanda, especialmente para el colectivo de jóvenes. Argumenta Calatayud que los jóvenes suecos "van a a tener que aprender a ser soldados, o lo que es lo mismo, disciplina y autoridad, que nunca son mala cosa". Y efectivamente, no son mala cosa, como no lo son tampoco la solidaridad, los derechos humanos o los valores cívicos y democráticos, que tampoco se les enseñan en la actualidad, pues los planes de estudios de los jóvenes de nuestro tiempo están casi totalmente imbuidos en el espíritu del neoliberalismo. Se les enseña y se les adiestra en la competitividad, en el individualismo, en el egoísmo, y por supuesto, en el adoctrinamiento religioso. Ya no estudian música ni filosofía, pero en cambio estudian finanzas. Pero parece ser que estos peligrosos valores no preocupan a nuestros gobernantes. Y por lo que respecta a la disciplina y a la autoridad, no nos parecen las Fuerzas Armadas el mejor sitio para aprenderlas, sino el propio hogar, el seno de la familia, que debe volverse menos "protector" (hay informes de expertos denunciando los graves peligros de las madres superprotectoras de la actualidad) y más ajustado a dichos valores. Y en segundo lugar, el propio entorno educativo, la escuela pública, que también debe velar por realzar en su justa medida la figura del docente, y por activar toda una serie de protocolos para que dichos valores también se difundan. 

 

Continúa el juez Calatayud argumentando que "Aquí, en España, deberíamos tomar nota y plantearnos la necesidad de que nuestros jóvenes hagan un par de meses de campamento, o sea, de instrucción militar. Ellos y ellas. Y los "ni-nis", un año o dos". Y concluye: "Lo que iba yo a disfrutar viendo marcar el paso a esos niños y niñas que ni estudian ni trabajan y están todo el santo día con el móvil...". En fin, creemos que es un planteamiento ciertamente peligroso y equivocado, y que la solución para esos "ni-nis" dista mucho de colocarles un fusil y unas botas, y ponerlos a desfilar. En nuestro país, el movimiento pacifista y de objeción de conciencia se tuvo que emplear a fondo durante muchos años para que finalmente el Servicio Militar Obligatorio dejara de ser eso, obligatorio, lo cual costó como decimos años de lucha, y muchos reproches penales, malos tratos, vejaciones y manifestaciones de cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes durante las décadas de los 80 y de los 90, y al final se consiguió...¿Vamos ahora también a tirar por la borda esa gran conquista social de la juventud y el movimiento pacifista y antimilitarista? Pensamos que no es el camino, que el camino es otro bien distinto. Porque, según el planteamiento del juez Calatayud, ¿qué se pretende entonces? ¿Un Servicio Militar Obligatorio sólo para los pobres? Porque no sabemos si el juez Calatayud es consciente de que la inmensa mayoría de esos chicos y chicas que ni estudian ni trabajan, no son precisamente hijos de grandes empresarios, ni de gobernantes de élite. Suelen ser más bien hijos de un sistema que los desprecia, que renuncia a educarlos sin poner toda la carne en el asador, y que los abandona a su suerte a los albores de una cruel sociedad capitalista. 

 

Por tanto, lo que hay que evitar es que existan esos "ni-nis", así como que las Fuerzas Armadas sean el "sancta-sanctorum" donde se vayan a aprender los principios de la disciplina y de la autoridad. Unas Fuerzas Armadas que hoy día continúan siendo el mejor espejo del carácter retrógrado de una Institución absolutamente anacrónica y antidemocrática. No hay más que seguir los artículos del Colectivo ANEMOI de militares demócratas y republicanos, o del ex Teniente del Ejército de Tierra, Luis Gonzalo Segura (miembro también de dicho colectivo), expulsado de las Fuerzas Armadas precisamente por poner al descubierto toda la ponzoña y la corrupción que se esconde detrás de nuestros Ejércitos. Ellos nos han ilustrado con ejemplos por doquier que durante los últimos tiempos, han sido numerosas las manifestaciones ultraconservadoras de los mandos militares, y sin ir más lejos, la página web del propio Ejército de Tierra mantiene bloqueado el acceso al diputado Alberto Garzón, de UNIDOS PODEMOS, en un episodio más de bochornoso espectáculo para cualquier país que se precie de avanzado y democrático. Unas Fuerzas Armadas que continúan practicando un fervor católico desatado, como vestigio del salvaje nacionalcatolicismo practicado durante la dictadura franquista. Y unas Fuerzas Armadas que continúan bajo la dependencia, el enfoque y el prisma de la OTAN, la organización bélica mundial por excelencia, que el bipartidismo (PP-PSOE) gobernante desde la Transición se ha empeñado en incrementar. ¿De verdad pensamos que son estas Fuerzas Armadas el mejor sitio para inculcar a nuestros jóvenes ciertos valores? 

 

Decididamente, la vuelta de la "mili" obligatoria no es ninguna solución ni para esos "ni-nis" ni para la juventud en general, ni creemos que las Fuerzas Armadas puedan transmitir a dichos jóvenes ningún valor a recuperar. Lo que necesita la juventud española (como la de otros muchos países del mundo) es poder acceder sin reservas a una educación pública absolutamente gratuita y universal, laica, inclusiva, democrática y participativa. Lo que la juventud necesita no es volver a una mili para aprender a desfilar, ni a cultivar los valores imbuidos en el seno de unas Fuerzas Armadas ancladas en el pasado. Lo que la juventud necesita es que sus gobiernos les dediquen atención, les dediquen recursos, les dediquen medios, les ofrezcan salidas laborales y profesionales, y no les condenen, como ahora ocurre, al paro, a la precariedad más absoluta, al exilio laboral, y a la imposibilidad de emanciparse y emprender un proyecto de vida personal. Lo que la juventud necesita es poder encontrar verdaderos referentes más allá de tal o cual futbolista, o de tal o cual youtuber, y eso se fomenta desde la educación y desde la inclusión. Porque es el sistema precisamente el que fomenta en los jóvenes estos ridículos referentes, y el que los difunde de forma perversa no sólo entre la juventud, sino en el conjunto de la población. Lo que necesita la juventud es liberarse de los efectos y nocivas influencias del pensamiento dominante, que es el que legitima precisamente la ausencia de salidas para esa juventud desesperada. Se superó la "mili" obligatoria hace muchos años. Su recuperación sería un nefasto precedente de involución democrática en nuestra sociedad. 

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20 marzo 2017 1 20 /03 /marzo /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (42)

Las guerras se suelen justificar con una “causa justa”, idea que se remonta a San Agustín y Santo Tomás de Aquino. ¿Pero qué es una causa justa? (…) los responsables de la misma dicen que se han visto obligados a desencadenarla para restablecer los derechos humanos, proteger vidas inocentes, salvar la civilización, construir la democracia, etc. Semejantes frases altisonantes, que alguien puede admitir como bien intencionadas, resultan un sarcasmo cruel cuando se consideran las miles de víctimas inocentes, la destrucción de 2/3 de las escuelas de Iraq, el saqueo y expolio de los museos y bibliotecas de Bagdad, donde se conservaban los documentos del origen de la civilización, la abolición de los derechos de la mujer, etc.

Vicente Romano

La insensiblidad de los seres humanos contra las guerras, los conflictos y las intervenciones armadas es algo que se va larvando, que el pensamiento dominante va modelando poco a poco, y para ello, se vale de todo un sofisticado edificio levantado mediante una cuidada pedagogía política que pudiéramos denominar "pre-bélica", tal como hace en su artículo el sociólogo José Luis Vázquez Doménech, perteneciente al Colectivo Internacional "Ojos para la Paz", para el medio Cronica Popular, al que remito a los/as lectores/as, y en el que nos vamos a basar a continuación. Antes de cada conflicto bélico, nuestras Instituciones occidentales nos engañan deliberadamente, nos preparan para la asunción del mismo, nos aleccionan para legitimar dicha intervención, con objeto de que nuestra oposción y crítica a la misma sea mínima. Es indudable que entre la seguridad y la libertad, nuestros gobernantes han optado sin dudas por la primera, para usarla como estrategia con objeto de canalizar por esa vía todos los inconvenientes y consecuencias de un posible conflicto. Sobre todo, cuando se trata de preparar una nueva injerencia o una nueva incursión militar, normalmente delictiva, por muy auspiciada que esté por la ONU, pues este organismo también está viciado en su propio funcionamiento. 

 

Y dicha seguridad tiene la particularidad de que no se instaura como un principio de defensa, sino como una verdadera y potente maquinaria que no cesa en su empeño de llevar la iniciativa. Estados Unidos, la gran potencia agresora e imperialista, con su aliado principal la Unión Europea, esta indecente Europa de los mercados, con la inestimable ayuda y respaldo de la OTAN, la organización bélica por excelencia, se han vuelto expertos en desencadenar nuevos tipos de contiendas, que ahora son incluso televisadas en tiempo real, gracias a su sofisticada tecnología. De entrada, adornan y construyen un nuevo vocabulario que transforma la cruda realidad en una realidad distorsionada, justificando los crímenes de civiles inocentes como "daños colaterales", y utilizando nuevos dispositivos como los drones para causar el mayor daño posible en el menor tiempo, y con las menos bajas posibles. En esta última generación de conflictos, instigan y provocan lo que se vienen llamando "Revoluciones Populares", en países perfectamente escogidos para sus propios intereses, y con dicha justificación, se lanzan a la conquista del mundo, como patrocinadores de los derechos humanos, cuando en realidad son los mayores violadores de los mismos. Bajo las falsas banderas de la democracia, de la libertad y de los derechos humanos, lo que perpetran son graves crímenes contra la humanidad, dejando en la ruina a los territorios y a sus pueblos. 

 

Para ello, en perfecta sincronización con diferentes grupos sociales u organizaciones propias, "exportadoras" de la democracia y no gubernamentales que dicen trabajar por los derechos humanos (más les valdría mirar a sus propios países en primer lugar), activan movimientos para encender la mecha. Esta mecha acaba convirtiéndose en grupos terroristas dirigidos a derrocar a los presidentes que Estados Unidos tiene en el punto de mira de su particular agenda. No se trata de eliminar a los dictadores porque éstos repriman a sus pueblos, tan sólo se trata de esbozar una imagen siniestra del Jefe de Estado hostil para los intereses norteamericanos, como tantas veces ha ocurrido en la reciente historia. De esta forma se va preparando subliminalmente el terreno para la invasión. Esta forma de actuar es letal porque es sencilla y está perfectamente calculada. Es absolutamente previsible y controlable. En primer lugar, se dinamita al gobierno. Sin gobierno no hay ejército. Y sin ejército se crea el caos, que es el mejor caldo de cultivo para sus intereses, que no son otros que pescar en ríos revueltos. La lista de países que han sufrido este proceso por parte de USA sería interminable. Paralelamente, entran en juego dos operaciones sin las cuales no habría probabilidad de éxito. Por un lado están los personajes utilizados para ejercer de mandatarios, de líderes, de empresarios o de políticos, que tienen asignadas una serie de tareas a realizar. Es gente vil y abyecta a la que no le importa su país, y que se vende a los intereses que mejor les pagan. Estos sujetos normalmente están en conexión directa o guardan relación con entidades o asociaciones que tienen un control exhaustivo de lo que está sucediendo.

 

Por otra parte, tenemos la inestimable colaboración de los grandes medios de comunicación dominantes, es decir, esos denodados "periodistas" en nómina y tertulianos de tres al cuarto, que guían con sus artículos y sus "opiniones" las ideas de miles de personas, influyendo poderosamente en una falsa percepción de lo que está ocurriendo, y de sus verdaderas y últimas causas. Pero dentro de esta estrategia es importante recordar la tremenda capacidad que tienen para llevarnos al engaño, a través precisamente de estos "analistas" que tienen una buena acogida social. Este grupo es uno de los resortes principales de la propaganda mediática, colaborador necesario para que las injerencias parezcan enfrentamientos religiosos, y para que la liquidación de presidentes se identifique con el furor de las masas enardecidas por las masacres de sus gobiernos. Y entonces, ya tenemos completado el mecanismo de destrucción masivo más sofisticado de este nuevo siglo. Resumiendo un poco, podríamos detectar los siguientes pasos en relación al calendario de lo que podríamos llamar las "invasiones de guante blanco":

 

1.- Identificar al supuesto enemigo, del que se quieren obtener pingües beneficios, y acusarlo reiteradamente, en todos los medios, a todas horas, y de todas las formas, de dictador, asesino, y si algo falla, de contrabandista o ladrón. 

 

2.- Difundir las noticias que mejor puedan cristalizar la imagen deseada, mentir hasta la saciedad, inventar cuantas más atrocidades mejor, y hacer de la prensa y de la televisión el lugar perfecto para ello. 

 

3.- Crear situaciones insostenibles en los territorios que se desean conquistar. Esto pasa por introducir agentes secretos, militares, grupos terroristas, violadores, y a ser posible, rebeldes con causa. Éstos últimos son presentados como los verdaderos buscadores de la resolución del conflicto que ellos mismos generan. 

 

4.- Ante coyuntura tan sobrecogedora y dramática, responder desde las más altas instancias para acabar cuanto antes con semejante panorama, dando paso a organizaciones no gubernamentales (como Amnistía Internacional o Humans Rights Watch) para narrar los acontecimientos en primera persona, y después, abrir las puertas de los cielos para que la OTAN haga justicia con sus bombas amigas. 

 

5.- Nuevamente valerse de la propaganda mediática para "informarnos" debidamente de que todo lo que está aconteciendo (es decir, una invasión) se realiza para defender a la población civil, castigada indiscriminadamente por sus propios mandatarios. 

 

6.- Recordar que no se quiere la guerra, pero que la situación requiere de una urgente determinación, y tal es así que incluso un buen número de intelectuales y artistas reclaman que no se puede esperar más, y que ya es hora de entrar en acción (La sociedad no puede permanecer callada y convocamos una manifestación)

 

7.- Después de tan ardua defensa, instalar un nuevo poder amigo de los liquidadores, que vaciará las arcas de los bancos y dejará al país en una merma de difícil solución. 

 

8.- Proceder a violentas acciones programadas de rapiñas, pillajes y saqueos, aprovechando el caos generado, privatizando los bienes básicos, adjudicar los contratos de reconstrucción a las empresas del país invasor, vender medio país a las grandes multinacionales, y hacernos creer que ya queda inaugurada una nueva democracia. 

 

9.- Dejar en la cuneta a todos los cadáveres sin distinción, y comenzar la rehabilitación de la mano del olvido y la compasión. 

 

10.- Los grandes periodistas, con más de un premio todos ellos, hacen las maletas y nos trasladan con sus grandes reportajes a un nuevo foco de atención, necesitado de "democracia" y de respeto a los "derechos humanos". En resumidas cuentas, esta pedagogía política del consentimiento bélico consta de las cuatro coordenadas básicas, que se repiten en las diferentes fases: mentir, ocultar, censurar e inventar. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 marzo 2017 5 17 /03 /marzo /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (29)

La vasta mayoría de los ingresos generados en los últimos 30 años los acumularon los dueños del capital y los que están en lo alto de la pirámide. Los trabajadores de muchos países vieron el estancamiento de sus salarios y cómo sus sueldos no aumentaron ni de cerca tan rápido cómo lo hicieron las ganancias de los capitalistas

Anna Ratcliff (Responsable de la Campaña “Acabemos con la desigualdad extrema” de Oxfam Intermón)

Finalizaremos, en esta entrega número 29, con la exposición de los diferentes argumentos que los defensores y legitimadores de la desigualdad pronuncian con ignorancia y descaro, y los contraargumentos que demuestran sus absolutas falacias. Recordamos de nuevo a los lectores y lectoras que estamos siguiendo como referencia un estupendo artículo del economista Luis Molina Temboury, de Economistas Frente a la Crisis. Pues bien, otro típico razonamiento es el que dice que "El derecho de las personas a enriquecerse hasta donde quieran es un derecho inalienable". Mentalidad capitalista pura y dura, pero pura y simple falacia. No existe el derecho mencionado. Repetimos: NO EXISTE el referido derecho a enriquecerse sin fin, ni en la Carta de Derechos Humanos de la ONU, ni en ningún otro tratado o convenio internacional en vigor en todo el mundo. Como siempre, es producto del tremendo daño que la mentalidad capitalista ejerce sobre nuestro pensamiento y nuestras actitudes. Y por supuesto, tampoco es aceptable anteponer ese (supuesto) derecho a cualquier otro derecho de los demás. Precisamente, el hecho de que vivamos en un modelo social de desigualdad extrema y creciente, no significa que debamos soportarlo como algo inevitable o consustancial a la especie humana. No se debe anteponer el derecho de unos pocos a enriquecerse sin fin, al derecho de muchos a disponer de unos recursos mínimos. 

 

Otro argumento dice que "Los deseos personales deben respetarse siempre para lograr una sociedad de hombres libres". Como comenta Luis Molina, esto ya es delirante. Hay que responder que, simplemente, los "deseos personales" son inaceptables cuando son irracionales, dañinos, o vulneran los derechos de otros. Que uno deseara ser esclavista, violador o explotador de niños poco tendría que ver con la libertad. Precisamente las sociedades avanzadas, las que desarrollan leyes y democracias, se cuidan mucho de que esos "deseos" que rozan con las libertades públicas y los derechos de todos no choquen frontalmente. Y desde luego, dejar sin restringir esas "libertades" en poco contribuiría al bienestar de la sociedad. La libertad personal sólo es aceptable cuando no vulnera las libertades de los demás. Pretender acumular riquezas sin fin mientras gran parte de la sociedad malvive en precario, es una libertad muy poco razonable, y muy injusta y peligrosa. Otro argumento en la misma línea dice que "Dejando en plena libertad al individuo alcanzaremos la sociedad ideal. Los bajos instintos son consecuencia de la represión de los Estados". Ahí queda eso. Es quizá el más puro principio neoliberal, que reniega claramente de la sociedad, que únicamente cree en los individuos de forma aislada. Las personas que así piensan detestan toda forma organizativa y democrática de poder, y sólo les interesa las posibilidades particulares de "triunfar" en la vida, como ellos dicen. Pero vivir en sociedad no sólo responde a una faceta de la antropología humana, y por tanto de su propia naturaleza, sino que además, estos mismos que abogan por la máxima libertad y la mínima sociedad, son los primeros que luego acuden al rescate del "Papá Estado" en cuanto lo necesitan, renunciando a sus propios principios, con lo cual se les ve el plumero fácilmente. 

 

Por ello, los que abogan así en realidad quieren un Estado para que satisfaga sus necesidades cuando les vaya mal, para que el Estado acuda a resolver sus problemas con sus grandes empresas, pero mientras les vaya bien y obtengan cada vez mayores beneficios, reniegan del Estado, es decir, de la sociedad, cuyos miembros les importan un pimiento. Vivir en sociedad no significa sumar deseos individuales de forma caótica, sino definir, desarrollar y respetar toda una serie de aspiraciones colectivas y racionales, que la propia comunidad diseña en su beneficio, es decir, en el beneficio de todos, no sólo de unos pocos. Gracias a todo ello han avanzado las sociedades y las civilizaciones durante la Historia de la Humanidad, y cuando estos principios comunes se ponen en entredicho, las colectividades humanas retroceden e involucionan. Jamás el progreso social se ha conseguido renunciando a los avances colectivos, para beneficiar únicamente a una élite poderosa. Una sociedad con futuro es aquélla que establece normas que favorezcan los avances y el progreso de todos, fomentando los principios y valores comunes de la solidaridad, la generosidad, el altruismo, la cooperación, etc., y ataquen los valores contrarios, es decir, el odio, el rencor, los celos, la envidia, la violencia, el machismo, el individualismo, la insolidaridad, el ánimo de lucro, etc. 

 

Otro argumento dice que "Debemos buscar otras soluciones antes que perturbar la libertad de los demás, la de los grandes ricos o la de quien sea". Este argumento entronca con la definición de libertad material en el sentido marxista y republicano, que concluye simplemente que no podemos ser libres sin tener cubiertas las mínimas necesidades fundamentales. En su momento, cuando hablemos sobre la Renta Básica Universal (RBU) más adelante en esta misma serie de artículos, volveremos sobre este tema para desarrollarlo con más profundidad. Quien pasa hambre o desnutrición, quien pasa frío porque no le alcanza para pagar la calefacción, los estudios de los hijos o los gastos sanitarios, no posee realmente libertad, ya que su existencia está en función del "permiso" que otros le quieran conceder. En este sentido, alcanzar una sociedad menos desigual es extender, fomentar y consagrar la libertad para el máximo número posible de personas, idealmente para todos los miembros de la sociedad. La libertad blindada de una minoría puede impedir (de hecho lo hace) el desarrollo y garantía de las libertades básicas de la mayoría. Y en este sentido, otro argumento dice que "Aunque se tratase de que los pobres tuviesen más libertad, cambiar más libertad de los pobres por menos libertad para los ricos no es progresar gran cosa". Es un argumento que rezuma una discriminación subliminal, ya que parece que pone por delante los deseos, capacidades e intereses de una élite por encima de los del resto de la sociedad. Craso error. 

 

Porque el derecho de todas y cada una de las personas que formamos la sociedad a la libertad, debe ser el mismo para todos. El principio de igualdad de intereses debe prevalecer, si queremos aspirar a una sociedad justa. No es aceptable un sistema que garantice grandes cotas de libertad para los ricos a costa de una mínima (casi inexistente) libertad para los pobres, que además son la inmensa mayoría en un sistema que acrecienta las desigualdades como el nuestro. Por tanto, satisfacer las necesidades fundamentales de todos es lo prioritario. Y para ello, hay que diseñar un sistema que establezca una serie de normas, de límites, de reglas y de prioridades, de garantías y de procesos para que el conjunto de la sociedad tenga sus necesidades básicas cubiertas, y a partir de ahí, volvemos a repetirlo, no pretendemos una sociedad uniformizada, donde todo el mundo gane igual, o tenga igual patrimonio, porque eso sí que podría tildarse como una sociedad totalitaria o fascista. Lo que ocurre es que el sistema ha degenerado tanto, se ha descontrolado tanto, los ricos han asumido tal cantidad de favores y privilegios hacia ellos, que cualquier límite o control que se pretenda establecer para disminuir y controlar las peligrosas desigualdades resuena como una bomba, y genera un amplio rechazo social (no sólo entre los ricos, sino también entre una parte de los pobres, por el tremendo efecto del pensamiento dominante), que enseguida dispara las alarmas alegando cualquiera de los argumentos que hemos venido exponiendo durante estos últimos artículos. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 marzo 2017 3 15 /03 /marzo /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://nuevarevolucion.es/

Fuente Viñeta: http://nuevarevolucion.es/

Es tanta la prepotencia académica de los «historiadores» que las víctimas tienen que pedirles permiso para saber si su sufrimiento fue verdad o simplemente un espejismo

Cándido Marquesán

La fusión entre la tradición católica y el ideario fascista convergieron perfectamente en lo que se ha venido en denominar el "nacionalcatolicismo", que tenía como principal misión la destrucción de las políticas y las bases sociales y culturales que la Segunda República había fomentado. España volvía a ser católica, "Una, grande y libre". Para ello, la introducción del adoctrinamiento religioso debía llevarse a cabo con absoluta profundidad, de forma multifacética y de manera obligatoria, impuesto a sangre y fuego desde la más tierna infancia. El nacionalcatolicismo se introdujo tanto en el ámbito público como en el privado, dominando en el cuerpo legal del franquismo, en sus Instituciones y en el ámbito privado de los hogares y las familias. A cambio, la Iglesia Católica bendecía la extrema violencia ejercida contra los republicanos, y los revolucionarios socialistas, anarquistas y comunistas. La formación de este nuevo Estado y del nuevo concepto de "patria" destrozó las aspiraciones y conquistas culturales que muchos intelectuales habían forjado, por ejemplo mediante la Institución Libre de Enseñanza, llevando al pueblo los valores republicanos, libertarios, democráticos y anticlericales. En palabras de Juan Rivera: "El nacionalcatolicismo irredento consiguió imponer que "víctimas" sólo son las suyas, mientras menosprecia a las que represalió".

 

Y continúa más adelante: "Tapias y cunetas siguen rezumando ¡80 años después! "sangre y lágrimas" por el desprecio de quienes obtuvieron impunidad con la excusa de "no remover" un pasado que sin embargo no dudan en utilizar cuando se trata de canonizar a sus muertos o mantener el callejero de la dictadura". Esa es la tremenda anomalía que aún vivimos en nuestro país. Vamos a explicarlo, basándonos en este artículo de Antonio López y Acacio Puig para el blog "Afinidades anticapitalistas". En el inicio de la década de los años 30 del pasado siglo, la Iglesia Católica seguía siendo un poder latifundista y financiero muy importante en España. Contaba con un ejército de casi 90.000 personas dedicadas al culto religioso, y poseía locales en todas las ciudades, pueblos y aldeas del territorio nacional. Era pues un poder terrenal potente, pero absolutamente retrógrado, contrario a la modernidad, a la industrialización, al asociacionismo obrero, y sus posiciones pesaban en la marcha del país. La Iglesia no sólo no era ajena a la política (como se esfuerza en repetir), sino que había financiado tanto a Acción Católica (de la cual su fundador, E. Vargas, estuvo implicado en varios atentados fallidos contra las Cortes y el Presidente Azaña) como al partido Acción Popular, liderado por Gil Robles, que conspiraba ante la Italia de Mussolini buscando apoyo en armamento y dinero para derrocar la República proclamada el 14 de abril de 1931. 

 

Y así, en un contexto internacional de ascenso de los fascismos como expresión política de los intereses capitalistas en Italia, Alemania, Austria y España, las Conferencias Episcopales de cada uno de esos países dieron apoyo incondicional a los fascismos frente a la "amenaza bolchevique".  En nuestro país, a la lluvia de Pastorales animando al golpe militar, sucedió la Carta de los Obispos Españoles del 1 de julio de 1937, llamando a cerrar filas junto al Alzamiento y su Caudillo ("por la gracia de Dios"). El sanguinario Cardenal Gomá afirmaría en mayo de 1938 en el Congreso Eucarístico celebrado en Budapest: "Paz sí. Cuando no quede un adversario vivo". Las fotos de curas y obispos, haciendo el saludo fascista, acompañando a militares, falangistas y requetés, son demasiado abundantes para visibilizar el compromiso de la Iglesia con el ideario y la acción criminal de los alzados contra las libertades republicanas. Vendrell, el párroco del Penal de Ocaña, se reservó el "oficio" de dar el tiro de gracia a los fusilados (más de 1200). Bermejo, el cura-pistolero de Zafra, declaraba a la Agencia de Prensa Hava: "Todos los procedimientos de exterminio de estas ratas son buenos (...) Dios los aplaudirá". Isidro Lomba, cura en Badajoz, que se jactaba de ser "un gran cazador de rojos", empuñó una de las ametralladoras que masacraron multitudes en la Plaza de Toros de esa capital. El cura Izurdiaga, periodista, fundó la publicación "Jerarquía. Revista Negra de Falange", que en su mancheta lucía texto que arengaba a la "persecución y quema de periódicos y libros de rojos, judíos, masones, republicanos y separatistas". Guiados por el ardor nacionalcatólico, un sector muy importante del clero se distinguió por la denuncia, en todas las provincias, de enemigos de Franco. 

 

Con esos mimbres de poder, adhesión de la jerarquía católica al fascismo, curas pistoleros y curas chivatos, de conventos y seminarios convertidos en presidios y campos de concentración, y el uso como soporte (hasta hoy día) en la arquitectura religiosa del emblema falangista del yugo y las flechas junto a la reserva de sus "espacios sagrados" para el eterno descanso del dictador y sus secuaces de renombre, el espacio de "curas mártires por sus ideas" se reduce considerablemente a pesar de los esfuerzos beatificadores y mixtificadores de la Iglesia. Y así, la Iglesia Católica continuó siendo, durante toda la dictadura, fiel aliada del franquismo, vocera de sus Instituciones, y cómplice de toda su cruel manifestación. A cambio, la dictadura le proporcionaba protección y amparo, amplificaba sus dogmas como si fueran sentencias oficiales, y apoyaba activamente todo su ideario. En 1953 el Estado franquista firmó el primer Concordato con el Vaticano, que reconocía todos estos privilegios, y los proyectaba en el futuro, asegurando toda una serie de ventajas fiscales y privilegios educativos que llegan hasta nuestros días. El nacionalcatolicismo consistió en una perversa y retrógrada ideología, expresada como una moneda donde por una cara existía la represión de un execrable régimen militar, y por la otra, todo un retrógrado ideario donde además del propio adoctrinamiento y proselitismo religioso, se profanaba una profunda discriminación hacia la mujer, así como un odio terrible hacia todo aquéllo que se alejara del concepto de familia "tradicional", y por supuesto, una persecución implacable a los colectivos homosexuales (LGTBI, que aún no eran identificados por estas siglas). 

 

Tras la muerte del dictador, la Constitución de 1978 ignoró toda este aberrante papel de la Iglesia Católica, absolvió al nacionalcatolicismo mediante la Ley de Amnistía de 1977 (así como a los torturadores franquistas aún vivos, decretando un indecente "borrón y cuenta nueva"), otorgó un status preferente y exclusivo a la Iglesia de la Cruzada, y ratificó acuerdos que santificaron posteriores prerrogativas en campos sustanciales de la vida social, como los fiscales, educativos, tributarios, de medios de comunicación, de recursos, etc. (y que han sido descritos con detalle en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", que recomiendo a mis lectores/as). Todo eso debe acabar si pretendemos convertirnos en una auténtica sociedad democrática, por más que los poderes políticos establecidos intenten prorrogar esta injusta situación de excepcionalidad, dentro de un Estado que se declara aconfesional. Pero los vestigios de este "franquismo sociológico" que sufrimos provoca que aún tengamos que soportar el consenso de la jerarquía eclesiástica con una vasta clientela de cierta edad y políticamente sumisa a lo que consideran "el orden y las tradiciones". Necesitamos conseguir la supresión del Concordato con el Vaticano, la normalización de la excepcionalidad fiscal de los bienes religiosos en un nuevo contexto de reforma fiscal progresiva, la supresión de las subvenciones a la enseñanza en sus centros concertados, junto al establecimiento de garantías de completa y absoluta laicidad en todos los aparatos del Estado (simbología, instituciones, rituales, costumbres, etc.), si queremos aspirar a un nuevo ordenamiento constitucional radicalmente democrático que acabe de una vez con el anacronismo que representan los privilegios de la Iglesia Católica en nuestra sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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