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13 junio 2016 1 13 /06 /junio /2016 23:00
La finca de Somonte y el SAT

No creemos ser sólo un sindicato, sino un movimiento social y entendemos que así debe ser. Hay que estar en las calles, desde abajo, en la izquierda, con los descamisados, con las sin voz, con las maltratadas por este sistema patriarcal y perverso, el sistema capitalista

Óscar Reina (Portavoz Nacional del SAT)

Cuando se ocupa de forma pública y anunciada un espacio vacío con la intención de permanecer en él, lo que se hace es denunciar y cuestionar una sociedad, una economía y un Estado que consideran los lugares y los bienes como mercancías

Yayo Herrero

La perversidad y alienación de nuestra sociedad capitalista llega hasta límites que rayan lo grotesco. Y a veces, la necesidad de tener que explicar y justificar lo que es lógico, necesario y justo, se convierte en toda una odisea. Las acciones de reivindicación más básicas se convierten en auténticas hazañas, y en vez de criminalizar la verdadera delincuencia, ésta se tolera socialmente, y se criminalizan las acciones de protesta ante la crueldad e inhumanidad del sistema. Todo esto viene a cuento de la criminalización que los jornaleros sindicalistas del SAT están sufriendo desde hace varios años por la simple razón de ocupar las tierras de la finca andaluza de Somonte, y reivindicar el derecho a la utilización de la misma, para sacarle partido, y generar riqueza y puestos de trabajo para la zona. Pero intentemos verlo desde una perspectiva histórica, y es posible que comprendamos al menos los orígenes del injusto fenómeno. 

 

Andalucía ha sido históricamente tierra de grandes caciques y señoritos, aristócratas, latifundistas y terratenientes, que poseían los grandes títulos, las grandes propiedades y las grandes fortunas, y que explotaban y masacraban al pueblo trabajando de sol a sol para mantener vivos sus múltiples intereses en todo tipo de empresas y explotaciones. Pues bien, parece que en pleno siglo XXI aún padecemos este panorama, ahora también desde el plano institucional, y hemos de continuar explicando la necesidad de democratizar las grandes explotaciones de terreno, de ocupar los territorios abandonados, de hacer tributar a las grandes fortunas, y de expropiar los grandes patrimonios que dichos personajes y familias atesoran. En nuestra tierra, históricas familias como los Alba, los Osborne o los Domecq, por citar sólo las más representativas, se han enriquecido a costa de la sangre, el sudor y las lágrimas del pueblo andaluz. Y aún hoy día continúa el mismo chiringuito montado, amparado como decimos desde el nivel institucional (hablamos de la Junta de Andalucía, del Gobierno del Estado Español y de la Comisión Europea concretamente), que mediante un perverso sistema de ayudas y subvenciones públicas, favorece injustamente que los grandes propietarios continúen percibiendo escandalosos fondos sólo por poseer la tierra, mientras existen millones de personas en situación de desempleo, pobreza y precariedad. Pues bien, el caso de Somonte ilustra perfectamente esta situación. 

 

En Andalucía el 50% de la tierra está en manos del 2% de los terratenientes, que perciben millonarias subvenciones por sus terrenos, mientras la inmensa mayoría de la población rural sufre pobreza y paro. Ante esta escandalosa situación, y aplicando un punto de vista justo y lógico, concluiríamos que es necesario entregar a los trabajadores y trabajadoras aquéllas fincas con potencial productivo que están sin cultivar, como es el caso de Somonte o de la finca de Las Turquillas, en la comarca de la sierra sur de Sevilla, donde extensos terrenos cultivables se usan únicamente para la cría de unos cuantos caballos. ¿Puede mantenerse esta situación por más tiempo en una de las Comunidades y provincias con mayor índice de desempleo de todo el Estado? Pensamos que es tremendamente injusto, cruel e irracional, a la vez que improductivo, mantener esta situación únicamente para beneficio de unas cuantas poderosas familias. Pues bien, el problema es que se han topado con el SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores, surgido del histórico SOC, Sindicato de Obreros del Campo de la década de los 70). Y el SAT no entiende de chiquitas. 

 

El SAT podría definirse como el paradigma del nuevo sindicalismo del siglo XXI, valiente, audaz y arriesgado, que rompe con los cánones del clásico sindicalismo de clase, ocupado únicamente de los trabajadores en activo, olvidando otros nichos de la población, y que además últimamente ha perdido su naturaleza rebelde y combativa, convirtiéndose en un triste aliado conciliador del sistema. La esencia del SAT nos la cuenta a las mil maravillas en una reciente entrevista Óscar Reina, portavoz nacional de este sindicato: "Creemos que el sindicalismo del siglo XXI tiene que dar un paso más y no se puede quedar sólo en los centros de trabajo. Tiene que actuar y apoyar a los desfavorecidos, en la calle, estar en los movimientos antidesahucios, okupas, en defensa de la sanidad, de la educación, con todos aquéllos que luchan contra el capitalismo, el cáncer de esta sociedad. Tampoco podemos olvidar a los movimientos ecologistas, hay que avanzar en el decrecimiento y la sostenibilidad, o damos ese paso o estamos condenados a la extinción. Luchar contra los transgénicos y por la soberanía alimentaria (una batalla muy presente en Andalucía). Son procesos que van de la mano del anticapitalismo". Y bajo esta clara y contundente filosofía, los jornaleros y sindicalistas del SAT han ocupado ya varias veces estas fincas, y por este motivo, las autoridades solicitan para ellos decenas de años de prisión y cientos de miles de euros en multas, convirtiéndose, como no podía ser de otra manera, en uno de los sindicatos más represaliados de la historia. 

 

Porque el SAT es un sindicato alternativo, asambleario y anticapitalista. Conserva las esencias de las históricas luchas obreras que alcanzaron las conquistas de las que hoy gozan muchos trabajadoras, pero que este fanático e indecente sistema neoliberal quiere arrebatarnos. El SAT no es por tanto un sindicato al uso. No sólo están presentes en los centros de trabajo, sino en las luchas contra la precariedad, contra las reformas laborales y en defensa de los derechos sociales, civiles y políticos, pero por encima de todo ello, valoran la acción directa, simbólica y representativa. Aquí es donde se diferencian del resto de los sindicatos. La acción reivindicativa y simbólica viene desde abajo, como una protesta popular que pasa a la acción directa, siempre pacífica pero valiente, para representar ante la ciudadanía la injusticia y los anacronismos de un sistema caduco y decadente. Esto se traduce por ejemplo en la ocupación de fincas, o en las expropiaciones de alimentos o de material escolar (como ocurrió en los famosos casos de Mercadona y Carrefour), que no son robos, sino justos actos de denuncia de las graves injusticias que sufren los de abajo, ante la pasividad y connivencia de los de arriba.

 

Pues bien, en el caso de Somonte, como nos contaba Damián López en este artículo de Diagonal, la Junta de Andalucía decidió sacar a subasta las tierras de dicha extensa finca, aproximadamente unas 22.000 hectáreas de titularidad del IARA (antiguo Instituto Andaluz de Reforma Agraria, extinguido a finales de 2010). Situada cerca de la localidad cordobesa de Palma del Río, la Junta tenía a estas tierras en un completo abandono. Apenas generaba un puesto de trabajo para el guarda, y algunas peonadas muy concretas para arar la tierra y cultivar cereal. La Junta de Andalucía sacó a subasta a finales de 2011 las tierras de la finca por un monto de casi cinco millones de euros, en vez de ponerla a disposición de los jornaleros, para que pudieran vivir y trabajar en ella. Es decir, el Gobierno "socialista" de la Junta decidió especular con estas tierras en vez de ponerla a disposición de las personas que realmente la necesitaban, a sabiendas de que ningún campesino ni asociación de ellos podría pagar dicho precio por la finca. Ya sabemos quiénes podrían pujar por ella. Los mismos de siempre. Para hacer lo mismo de siempre, en beneficio de los de siempre y en perjuicio de los de siempre. La gente del SAT ocupó la finca, y comenzaron un proceso de transformación del uso de la misma con la creación de huertos, gallineros, preparación del terreno para la siembra de cultivos, olivos, frutales, trigo, girasol ecológico...en definitiva, trabajar la tierra, para darle vida y para obtener de ella los frutos que podrían dar de comer dignamente a estos jornaleros andaluces...¿Se puede en justicia criminalizar este comportamiento? ¿No estaría cualquier persona de bien a favor de esta acción? 

 

Nosotros pensamos que la tierra no tiene dueño, por mucho que algunos agentes ostenten su titularidad. La tierra es para trabajarla, no para especular ni para hacer grandes negocios con ella. La tierra no es para abandonarla, para hacer que se deteriore, que se vuelva improductiva, mientras se desvían millonarios fondos para dichos titulares de la tierra. Los jornaleros del SAT no piden la titularidad de las tierras de Somonte, sino el derecho a trabajar en ellas. El derecho a valerse de la productividad de esta naturaleza viva, para poder trabajar y vivir dignamente, ellos y sus familias. Desde la primera ocupación en marzo de 2012, varias veces han sido desalojados por la Guardia Civil de manera pacífica, pero ellos han vuelto a ocuparla inmediatamente. Veremos qué ocurre al final. Pero indudablemente, este es el camino. Cuando el sistema no te deja otras alternativas, y la solución está tan cerca de los que sufren, es justo y humano hacerse con dicha solución. El SAT no piensa abandonar Somonte, ni ninguna de las otras fincas que se encuentran en situación parecida. Nosotros los apoyamos. Entienden que la ocupación de las mismas por parte de jornaleros sin tierra y sin empleo, que soportan situaciones extremas de pobreza y desesperanza, es mejor que la subasta de las tierras y su concesión a banqueros, terratenientes o especuladores, decididos a engrosar sus beneficios mediante subvenciones europeas, ayudas públicas, o como mucho, ganancias obtenidas por la explotación agrícola extensiva e industrializada (para biodiésel, transgénicos, etc.), sin generar prácticamente ningún puesto de trabajo. Muchos estamos de acuerdo con el SAT. Lo decepcionante es que aún existan muchas otras personas que no lo estén, y continúen justificando al injusto y depredador sistema que nos gobierna. 

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12 junio 2016 7 12 /06 /junio /2016 23:00
Autores: Iñaki y Frenchy

Autores: Iñaki y Frenchy

Una comunidad superior de hombres y mujeres libres, como expresión del único género humano, permeada de auténticos valores universales, será imposible mientras exista un sistema societario con propiedad privada de los medios de producción, clases sociales y lucha de clases, con Estado y con las más diversas formas de enajenación, que producen y reproducen la explotación y la dominación de los seres humanos

Camilo Valqui

Como ya introducíamos en el artículo anterior, la sociedad comunista es una sociedad más cohesionada, más armónica, más pacífica, más libre, más justa, más próspera, más segura, más estable (por tanto más duradera), porque es realmente la sociedad, el culmen de ella, porque supone el fin del camino del primitivismo a la civilización, es decir, a la vida en sociedad, a la vida en comunidad, en una sociedad inteligente, en grandes sociedades. Bajo el comunismo la lucha de clases desaparecerá, pero no la propia sociedad que, por fin, merecerá tal nombre. El Estado tal como lo conocemos hoy, es decir, como un instrumento burgués y clasista, al servicio de las élites dominantes, también desaparecerá, pero no el propio Estado (el cual, indudablemente, asumirá otras formas, evolucionará también con la propia sociedad), pues la sociedad necesitará seguir organizándose, y el Estado será fiel reflejo de ella. En esto discrepamos de otras visiones de otros pensadores que afirman que el Estado se extinguirá, tal y como proclamó Carlos Marx, pero no pensamos que ello ocurra ni deba ocurrir. Y así, la explotación dará paso a la verdadera organización. El dominio a la colaboración. La competencia, es decir, el egoísmo, a la solidaridad. El individualismo será reducido a la mínima expresión, pues ya no será necesaria la lucha individual por la supervivencia. El Hombre se verá liberado de su lucha individualista. La solidaridad y la cooperación supondrán el relevo del egoísmo. 

 

O dicho de otra manera, el exceso de egoísmo se transformará en solidaridad, por mor de la conversión de la cantidad en calidad. El exceso de egoísmo llevará a la humanidad a resolver el famoso dilema que planteara Rosa Luxemburgo: "¡Socialismo o barbarie!". El egoísmo, el motor de la supervivencia en la vida animal, y en su transición a la vida civilizada, dará paso a la solidaridad, el motor de la supervivencia en la vida civilizada, es decir, social. La guerra, sustentada en el egoísmo, dará paso a la paz, sustentada en la solidaridad. No es muy difícil imaginarnos que en tal sociedad los individuos podrán intercomunicarse a un nivel jamás realizado, pues la solidaridad aumentará la empatía. Ni tampoco es muy difícil imaginarnos que en tal sociedad el desarrollo de la inteligencia se disparará, causando en el tiempo un notable aumento de nuestras capacidades cerebrales. Puede que a algunos lectores este retrato que estamos haciendo de la sociedad comunista les parezca algo irreal, ilusorio o utópico, pero estamos firmemente convencidos de que será así, pues lo estamos explicando y fundamentando desde las bases del método científico. El Hombre pondrá fin a sus creencias sobrenaturales, que han sido la causa de gran parte de su alienación, dejando de lado las religiones y la superchería, y centrándose en las capacidades humanas para crear y sostener una sociedad realmente evolucionada y justa. 

 

Bajo el comunismo existe tal abundancia de bienes, que el concepto de propiedad privada pierde todo su sentido, pues la propiedad surge de la necesidad de acceder a lo que no es abundante, a lo que no es fácilmente accesible. No así el concepto de propiedad social, y de acceso compartido y colaborativo, que bajo los mimbres de la sociedad comunista se verán enriquecidos. De esta forma, nadie aspira a poseer lo que es abundante, lo que es accesible a todos. Por ejemplo, si viviéramos en una comunidad donde todos tuviéramos acceso a los árboles frutales durante todo el tiempo, y con el paso del mismo, seguro que a nadie se le ocurriría reivindicar la propiedad sobre "sus" plátanos o sus naranjas, porque simplemente, siempre estarían accesibles. O por ejemplo, a nadie se le pasa por la cabeza poseer el aire, reivindicar su propiedad, precisamente porque sabemos que está accesible para todos. Sin embargo, en el capitalismo, se aspira incluso a poseer lo que en principio es abundante, ya sea haciéndolo escaso, ya sea dificultando su acceso. En la actualidad, por ejemplo, ya tenemos gran cantidad de montes y playas privatizados, y nos parece una barbaridad, precisamente porque hemos entendido desde siempre que esos bienes debían ser comunes, debían pertenecer a todos, o si se quiere, no debían pertenecer a nadie en concreto. Cuando surgió el excedente de producción en la sociedad humana, apareció la propiedad privada. Dicho excedente, al no ser abundante, fue acaparado por ciertas minorías, que lo hicieron, además, inaccesible. 

 

En la sociedad primitiva, la única riqueza disponible era la propia naturaleza, y al ser esta riqueza abundante y fácilmente accesible, el ser humano no sentía la necesidad de poseer nada. De hecho, ese comunismo primitivo fue el sistema mediante el cual la humanidad vivió durante milenios. Cuando dicho excedente de la riqueza producida por la humanidad supere cierto umbral, cuando se alcance la abundancia, y cuando ésta sea accesible a toda la sociedad, para lo cual deberá ser controlada por toda ella (de ahí la importancia de una democracia plena), la propiedad privada se extinguirá. Pero siempre que la sociedad sobreviva y sea en conjunto dueña de sí misma. Actualmente estamos cada vez más cerca de cumplir la primera condición: somos ya capaces de generar mucha riqueza. Pero aún estamos lejos de la segunda condición: la gran riqueza generada es acaparada por unos pocos, no es puesta a disposición de toda la sociedad, no es accesible a toda ella. Al diluir el concepto de propiedad privada estamos diluyendo también el propio concepto de propiedad, porque sólo puede uno poseer cuando el otro no lo hace, cuando simultáneamente se posee a uno y se desposee a otro. Las comunidades primitivas no conocían lo que era la propiedad, más allá quizá de unos pocos bienes muy personales, por razones sentimentales, y quizá ni siquiera eso. Por consiguiente, dichas sociedades no conocían el dinero. El comunismo del futuro abolirá el dinero, en el sentido mercantilista que hoy posee. Las únicas monedas que podrán existir serán monedas sociales de intercambio, como especies de resguardos entre intercambios de actividades y garantías. De hecho, existen ya en el mundo cientos de monedas sociales que están vigentes en pequeños territorios, y que cumplen perfectamente esa función. 

 

Asímismo, el mercado desaparecerá. No tienen sentido los mercados, si estamos diciendo que el comunismo es el reino de la abundancia. Y quien dice abundancia no dice derroche. Quien dice abundancia dice libertad. Libertad material de existencia, para no tener que depender del permiso de otros para poder sobrevivir. Libertad de pensar, sentir y vivir como cada cual quiera. Libertad de realizarse en el pleno y absoluto sentido de la palabra. Porque cuando la riqueza es abundante y accesible a todos, entonces tenemos comunismo, entonces comienza el reino de la libertad. Y cuando se es más libre, también se es más feliz. Las tribus primitivas indígenas que han sobrevivido hasta nuestros días se han caracterizado (y esto es algo que ha sorprendido a los antropólogos) por ser más felices, precisamente porque se sentían libres, porque vivían en un verdadero régimen comunista (tan lejos del estalinismo, o del falso comunismo chino, que nos ponen continuamente como espejos los detractores del verdadero comunismo). El comunismo es el reino de lo común, donde todo lo necesario es accesible a todos. Y lo que es común no puede ser poseído. El comunismo es el fin de toda propiedad privada (pero insistimos, eso no quiere decir que un régimen comunista vaya a expropiar todos los bienes de empresas y familias), es decir, el fin del concepto de propiedad. El comunismo "civilizado" se diferenciará de ese comunismo de las tribus primitivas en cuanto a que será el resultado de la abundancia de excedente productivo, y no de su ausencia. O bien, dicho de otra manera, la abundancia en la que se sustentaba el comunismo primitivo provenía directamente de la naturaleza, la propia naturaleza virgen era la única fuente de abundante riqueza. La abundancia en la que se sustentará el comunismo del futuro será la obtenida indirectamente de la naturaleza, será la naturaleza manufacturada y no la propia naturaleza. Pero dicha manufactura, al no tener que responder a parámetros mercantilistas, al no tener que responder a los principios y valores capitalistas del máximo beneficio, no será expoliada ni saqueada, sino que será respetada y usada para el beneficio del hombre y del resto de los animales, respetando los equilibrios naturales. Finalizaremos la serie en la próxima y última entrega.

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9 junio 2016 4 09 /06 /junio /2016 23:00
Autor: ENEKO

Autor: ENEKO

Después de haber introducido en el artículo anterior de la serie la problemática de los migrantes, y por tanto de los MMSS que se dedican a luchar por sus derechos, nos vamos a centrar aquí en uno de los instrumentos de represión y de vulneración de los derechos humanos que nuestro país utiliza, como son los Centros de Internamiento de Extranjeros, los llamados CIE. Existen en la red multitud de artículos, reportajes y fotomontajes que nos ilustran lo que son los CIE, el auténtico horror que los migrantes viven allí dentro, y las terribles experiencias que cuentan aquéllos que han pasado por dichos centros. Sin embargo, nuestra cruel sociedad sigue estando ciega y sorda ante dicho clamor de una serie de personas reprimidas, vilmente encarceladas, porque eso y no otra cosa son los CIE, bárbaras cárceles inhumanas al más puro estilo de los campos de concentración, con la única diferencia de que no se gasea a sus internos. Por ejemplo, este artículo de David Val Palao, cuya lectura recomendamos, describe perfectamente la vida en los CIE, de él extraemos parte de esta información. Según los datos que manejaba el autor a finales de 2013, unas 13.000 personas ingresaban anualmente en estas cárceles racistas, desconocidas para la mayor parte de la población. 

 

En efecto, se trata de centros donde se priva de libertad a las personas migrantes, aunque no hayan cometido ningún delito. Están encerrados simplemente por no tener sus papeles en regla, es decir, por faltas administrativas. La Directiva de Retorno de la Unión Europea establece que hay que regularizar a aquéllos migrantes que pasados los 60 días de rigor no hayan sido expulsados. Esto ocurre con la mitad aproximadamente de ellos, y el otro 50% son retornados a sus países de origen, en los vuelos masivos de deportación que se organizan cada cierto tiempo, y que suponen otro de los negocios donde algunas empresas se lucran a costa del maltrato a estas personas, y la vulneración de sus derechos fundamentales. La alienación de la sociedad capitalista nos ha llevado a considerar "ilegales" a las personas por el hecho de serlo, o mejor dicho, por el hecho de ser personas pobres, porque si los migrantes ilegales resulta que son ricos, ya no sólo dejan de ser ilegales, sino que se les recibe con alfombra roja, y existen para ellos toda una serie de normativas adecuadas a su "nivel adquisitivo". Algunos migrantes ni siquiera logran entrar en el infierno de los CIE, ya que son expulsados durante el período máximo de 72 horas en el que se puede estar detenido y puesto a disposición judicial. Suele ocurrir sobre todo cuando hay que llenar algunos vuelos de deportación, para que la operación salga rentable. 

 

La agresividad del sistema contra estas personas es tal que se han dado casos de detención inmediata por la calle y expulsión de personas que podían demostrar perfectamente su arraigo en nuestro país, por tener aquí familia, amigos, vecinos o trabajo. Pero a nuestras autoridades todas esas cosas le dan igual. Después de ver espectáculos aberrantes como los del salto de las vallas de Ceuta o Melilla, o los 15 migrantes asesinados en la Playa del Tarajal, podemos creerlo todo. Los contratos de vuelos de deportación con compañías como Air Europa o Swiss Air, que despegan de aeropuertos especiales para ser escondidos a ojos de los turistas, hace que estas empresas perciban al año en torno a unos 25 millones de euros por expulsar a gente, en unos vuelos donde se siguen violando los derechos humanos, y donde ni siquiera les garantizan que los vayan a devolver a su país de origen. Cosas del capitalismo. Y para los migrantes que ingresan en los CIE, la vida se vuelve muy dura. De entrada, ni siquiera saben si van a ser expulsados o no, ni cuándo los van a expulsar, pues no tienen porqué avisar a la persona de su expulsión hasta 12 horas antes. La incertidumbre y la indefensión es absoluta. 

 

El interior de los CIE es una auténtica selva. Todas las reglas internas dependen de la dirección de cada centro. No sólo se restringe el derecho a la movilidad, sino que el derecho a la salud o a los medicamentos, también está restringido. A los migrantes les hacen firmar el pago de su atención sanitaria en caso de necesitarla. Sólo disponen de tres horas de patio diarias, las visitas y llamadas telefónicas están restringidas, separadas por mamparas de cristal y totalmente controladas. Familiares y amigos han de hacer cola durante varias horas a la intemperie para poder visitar a los migrantes internos, como en las clásicas estampas de las cárceles de la dictadura. Sólo pueden entrar de diez en diez y estar no más de media hora. Y de nuevo, con la incertidumbre de no saber si será la última vez que podrán verlos. Los encierros son indiscriminados, revueltos y sin las más mínimas medidas de seguridad de cara a los internos. Y así, encierran conjuntamente a gente enferma que necesita tratamiento psicológico con personas que han sido derivadas de otras prisiones, o con migrantes con arraigo que acaban de ser detenidos. El caos y la desprotección son absolutos. La policía que controla estos centros no tiene ninguna consideración con estas personas, que son seres humanos, y que no han cometido ningún delito. Pero como sabemos, estamos inmersos en una deriva hacia un Estado represor, totalitario y policial, y como es lógico, quiénes más lo sufren son las personas más indefensas. 

 

Multitud de migrantes han denunciado torturas, malos tratos, vejaciones, actitudes humillantes, golpes, privación de su medicación, palizas, abusos, insultos y amenazas, bajo el estricto y despótico poder de la policía a cargo de estos centros. Incluso se llegaron a denunciar, en los casos más extremos, auténticas conductas depravadas y delicticas de los propios policías, acusados de ofrecer tratos de favor a algunas migrantes a cambio de sexo. Pero por supuesto, los casos más graves son aquéllos donde concurren negligencias médicas que han llegado a causar la muerte. Esta es la opaca, terrible y cruel situación de los migrantes pobres en España. En palabras de David Val Palao: "Cárceles camufladas en bonitos edificios que dan un toque moderno a las ciudades, pero que, a la vez, esconden un infierno inhumano, desconocido por gran parte de la sociedad". Pero podríamos preguntarnos...¿Cuál es realmente el sentido de que existan estas cárceles malvadas y racistas? No cabe otra respuesta que  aquélla que afirma que existen para aterrorizar a los migrantes, a modo de arma disuasoria. Y no sólo crean miedo en los propios internos, sino también en sus familiares, que harán lo que sea por no perder sus papeles. La Ley de Extranjería es extremadamente exigente en este sentido, y condiciona la renovación de los permisos de residencia o trabajo a una casi permanente cotización. Es lógico pensar que los migrantes aceptarán cualquier infierno laboral antes que perder su situación administrativa, y entrar en situación irregular. Al capitalismo también le interesa esa mano de obra precarizada y atemorizada. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 junio 2016 2 07 /06 /junio /2016 23:00
Autores: Iñaki y Frenchy

Autores: Iñaki y Frenchy

La democracia sólo existe si la política y la economía (dos aspectos de la misma realidad) son un ejercicio controlado por la participación de la mayoría

Fragmento del Manifiesto de IU “Un programa para transformar la sociedad”

Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) prosigue en su huida hacia adelante con sus medidas de flexibilidad cuantitativa. Tipos de interés nominales a cero y negativos en términos reales cambian la operativa bancaria a formatos inéditos que seguirán beneficiando a la banca en ausencia del control de las comisiones. La banca privada seguirá gozando de beneficios extraordinarios, a pesar de que sus márgenes comerciales decaigan, mientras mantenga el privilegio exclusivo de seguir percibiendo diferenciales de tipos al prestar al sector público. Esta política no conducirá a impulso alguno al crédito a la inversión, pues esto sólo puede conseguirse o bien con un marco de beneficios y una dinámica de negocio superiores a las existentes, mientras no se establezca una pauta que guíe las decisiones económicas por criterios alternativos (priorizar la utilidad y necesidad social, tomar decisiones de crédito sostenibles financieramente, pero no necesariamente de máximo lucro, minimizar costes sociales y medioambientales, etc). Además, se impone una lógica de selección discriminatoria que le concede al BCE un poder discrecional enorme, pues al poder escoger a quién comprar activos (deuda) en mercados secundarios, seguirá decidiendo sobre la exclusión de sectores, regiones o países, como Grecia, pero también sobre administraciones locales gobernadas por la izquierda, como el Ayuntamiento de Madrid, dejándoles al margen de estas facilidades financieras. 

 

En vista de todo lo anteriormente expuesto (y en el primer artículo de la serie) y porque pensamos, y especialmente después de la experiencia griega, que los bancos son un reto esencial para cualquier proyecto de cambio social justo y progresista, proponemos una lista de medidas inmediatas para alcanzar los seis objetivos siguientes:

 

I.- REGULAR EL SECTOR FINANCIERO.

II.- REESTRUCTURACIÓN DEL SECTOR BANCARIO Y REFORMA DE SU OPERATIVA.

III.- ERRADICAR EL COMPORTAMIENTO RENTISTA Y LAS OPERACIONES ESPECULATIVAS.

IV.- PONER FIN AL SECRETO BANCARIO.

V.- FINANCIAR DE FORMAS ALTERNATIVAS EL GASTO PÚBLICO.

VI.- REFORZAR LA BANCA PÚBLICA.

 

Y después de haber implementado dichas medidas inmediatas, la estrategia a medio y largo plazo por la que apostamos es la socialización del sector bancario. Vamos a ir profundizando a continuación en cada una de las seis medidas expuestas, y posteriormente trataremos a fondo el tema de la socialización del sector. 

 

I.- REGULAR EL SECTOR FINANCIERO.

 

El establecimiento de una nueva regulación financiera es un paso previo para imponer democráticamente una nueva racionalidad de funcionamiento que termine con los oligopolios, el carácter rentista y especulativo del sector bancario, el poder privilegiado de creación de deuda y dinero de la banca, y que garantice la función social del crédito para promover inversiones socialmente productivas y ecológicamente sostenibles. Cualquier decisión de intervención ha de estar amparada en un marco legislativo nuevo que refiera a estos aspectos, y que venga acompañado de los instrumentos competentes necesarios para hacerlos cumplir, atribuyendo a la banca central un papel regulador y de inspección determinante, y desde luego, menos laxo y cómplice con el poder de la gran banca privada. Parece fundamental pues, contemplar que los criterios establecidos han de ser cumplidos por la banca privada que, de no cumplir su función social del crédito en los términos considerados, deberá responder ante las autoridades públicas con sanciones, cambios de titularidad de su accionariado, o inculpaciones penales a los actores involucrados: accionariado, gerencia y acreedores influyentes y beneficiados por la conducta privilegiada y abusiva de la banca. En este sentido, y entre algunas medidas que se deben ir desarrollando, podemos identificar las siguientes:

 

1.- La exigencia a los bancos de un aumento radical del volumen de sus fondos propios con respecto al total de su balance. Mientras que los fondos propios son, generalmente, inferiores al 5% del balance del banco, nosotros somos partidarios de llegar a un mínimo legal del 20%.

 

2.- Prohibición de la socialización de pérdidas de los bancos y de otras instituciones financieras privadas. Se trata de prohibir a los Gobiernos transferir las deudas privadas al sector público. Esto puede implicar que sea la banca la que aporte recursos para constituir un fondo de rescate bancario, bajo control público. Las crisis de balance bancario han de cargarse a beneficios, accionariado y acreedores principales, así como traducirse en actuaciones penales sobre la gerencia en casos de administración desleal. El erario público sólo decidirá aportar recursos con el objeto de reflotar activos, que engrosarían los de un nuevo polo bancario público, proteger a pequeños depositantes y accionistas, y ofrecer una transición digna a la plantilla del banco afectada. 

 

3.- Restauración de la responsabilidad ilimitada de los grandes accionistas en caso de quiebra. El coste de la quiebra debe poder ser recuperado sobre el conjunto del patrimonio de los grandes accionistas (personas físicas o empresas/personas jurídicas). En caso de quiebra, el beneficio de una garantía del Estado para los depósitos de los clientes del banco debe continuar. Según las directivas europeas, la cuantía garantizada es de 100.000 euros, aunque habría que decidir democráticamente una cuantía superior, por ejemplo 150.000 euros, cuando se trate de cuentas de familiares, garantizando al menos el valor del coste medio de una vivienda principal, en caso de posesión de cuentas de ahorro vivienda. 

 

4.- Imposición a la banca de un régimen fiscal más elevado. Los beneficios de los bancos deben estar sometidos en forma estricta a las disposiciones legales en materia de imposición a las sociedades, retirándose toda desgravación fiscal en su caso. Actualmente, el tipo efectivo pagado es muy inferior al tipo legal establecido, que es, a su vez, muy insuficiente. Pero la banca debe pagar impuestos también por las transacciones bancarias de divisas y de títulos financieros. Las deudas bancarias a corto plazo han de tener una imposición con el fin de favorecer la financiación a largo plazo. En el marco del Impuesto sobre la Renta (IRPF) habría que equiparar el trato fiscal de las rentas del ahorro y de las del trabajo. 

 

5.- Llevar ante la justicia, de forma sistemática, a los directivos y consejeros responsables de delitos y crímenes económicos y financieros, y retirar la licencia bancaria a las instituciones que no respeten las prohibiciones establecidas, y sean culpables de malversaciones, estafas y abusos. Para ello nos hace falta una mayor concienciación colectiva sobre el concepto y alcance del "crimen económico". Los lectores pueden consultar este artículo de nuestro Blog que intenta ayudar en dicha tarea. 

 

6.- Por último, establecer otro tipo de rescate bancario más gravoso para las entidades. Además de las disposiciones y normativas ya mencionadas, habría que establecer una responsabilidad ilimitada de los grandes accionistas (sobre su patrimonio global), garantía de los depósitos hasta 150.000 euros, y la creación de un mecanismo legal para una quiebra ordenada de los bancos con la creación de dos estructuras: un banco de liquidación privado (a cargo de accionistas privados y sin ningún coste para las arcas públicas) y un banco público hacia el que serían transferidos los depósitos de la entidad quebrada, así como los activos sanos. En este sentido, algunas experiencias recientes pueden servir de fuente de inspiración, especialmente la experiencia islandesa iniciada en 2008. Sin embargo, hay que alertar sobre operativas que empleen el uso de "bancos malos" para limpiar balances de bancos, como el caso del SAREB, que al final corren en buena parte a cuenta de los poderes públicos (que representan el 45% del accionariado de lo que ya es "la mayor inmobiliaria española"), y hasta el momento sólo benefician a fondos de inversión privados de carácter especulativo que compran activos a precios muy bajos. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 junio 2016 1 06 /06 /junio /2016 23:00
Por la senda del Pacifismo (III)

La gran mayoría de los “terroristas” que actúan en Europa son europeos y producto de nuestras sociedades europeas, de sus desigualdades, de sus discriminaciones, de su islamofobia y de sus humillaciones

Said Bouamama

Bien, a partir de esta tercera entrega de la serie (donde ya advertimos que íbamos a tratar muchos asuntos) vamos a comenzar a ocuparnos sobre el tema del terrorismo en general, comenzando por el tema del fundamentalismo yihadista en particular, por haber protagonizado sonoros episodios en el contexto europeo. Y en Oriente Medio, quizá la peor pesadilla que sufrimos es la del autodenominado "Estado Islámico" (EI, o ISIS, o Daesh, que de todas estas formas podemos referirnos a este monstruo). Comenzaremos tomando como referencia este artículo de Chris Edges, que lleva el enigmático título "Todos somos el Estado Islámico". Dice un famoso y sabio refrán popular que "Quien siembra vientos, recoge tempestades", lo cual ha sido expresado de mil formas distintas, y nosotros hemos usado ya algunas en artículos precedentes. Es obvio que la venganza es un motor psicológico de primer orden para las guerras. La guerra, entendida como al menos dos bandos supuestamente enfrentados, plantea la pena y el dolor únicamente para los nuestros, mientras que el enemigo no merece tal consideración, no merece nuestras lágrimas, ni empatía, ni justicia, ni posible negociación. Presentar al otro como el maligno, y a nosotros como los justos y los fuertes, es uno de los mensajes subliminales de la guerra, que a veces pasan de lo íntimo a la más pública declaración. 

 

Pero lo cierto, como decimos, es que el odio y la violencia sólo generan más de lo mismo. Lo podemos comprobar en ciertos enfrentamientos entre clanes o sagas milenarias, y cómo se han peleado entre ellos durante generaciones a lo largo de su historia, sin que medie razón lo suficientemente convincente para tal horror, ni miembros de ambos clanes lo suficientemente racionales y valientes como para declararse la paz, o al menos intentarlo. El odio y la violencia entran en una diabólica espiral, que se retroalimenta cada vez con más fuerza. Y tal es el convencimiento, el fundamentalismo o la filosofía de la guerra, que se entiende como una santa cruzada, en la que ofrecer nuestra propia vida con tal de causar dolor al enemigo, estando completamente justificado. Y así, cientos de "guerreros sagrados" (como ellos se consideran) colocan explosivos en maletas o en chalecos suicidas, y se inmolan en mercados, en terminales de aeropuertos, en estaciones de metro, en salas de conciertos, en plazas públicas o en restaurantes. El horror y el espanto están servidos. Quien lo haya vivido alguna vez en su vida seguro que no podrá olvidarlo jamás. Muerte y destrucción por todas partes. Es la dantesca imagen de la barbarie. Pero si este bando utiliza estas rudimentarias y suicidas técnicas para causar daño, el otro bando, más evolucionado tecnológicamente, utiliza fuego de mortero, aviones de combate, o lo último en tecnología aplicada a la guerra, como son los drones. 

 

Y de esta forma, con un certero disparo de estos "avanzados" artilugios tecnológicos, se eliminan familias enteras, barrios enteros, colegios, farmacias, dependencias públicas, hospitales, tiendas, mercados, y todo lo que encuentre a su paso. La pregunta es, por tanto: ¿acaso es alguna forma moralmente superior a la otra? ¿No representan ambas formas signos irracionales de la violencia más extrema, cruel y despiadada? ¿Es acaso nuestra violencia tecnológica mejor que la suya? ¿Nos hace más humanos? ¿Nos coloca moralmente en una escala superior al otro bando? ¿Es que acaso la llamada contradictoriamente "guerra santa" está más presente en el islamismo que en el cristianismo? ¿No han sido ambas religiones igual de fanáticas ante el adversario espiritual? Dejemos aclarado por tanto un concepto de partida: una vez que usamos la religión para justificar tanta muerte y asesinato, todos los bandos jugamos al mismo juego. Ninguno somos mejor o peor que los otros. Todos participamos de la misma barbarie. Porque la llamada "guerra santa", como todas las demás guerras, es una batalla irracional, entre la luz y la oscuridad, entre cualquier Dios y cualquier antiDios, entre cualquier bien y cualquier mal. A partir de ese momento, el discurso racional, por tanto humano, queda desterrado. 

 

Y así, utilizamos la religión, entendida como una manifestación espiritual de las masas, para reforzar la mentira de que las verdaderas víctimas somos nosotros, de que los nuestros representan el bien, la luz y la razón, la justicia, mientras que el otro bando representa la perversión, el mal, el diablo que hay que erradicar de la faz de la tierra. Se refuerza el alienante y peligroso mensaje de que nosotros somos los valientes y virtuosos, los que poseemos la verdad, mientras los otros representan la sinrazón, la mentira y la oscuridad. Por tanto, se difunde el mensaje de que sólo nosotros tenemos el derecho de vengarnos. Sólo nosotros podemos reivindicar nuestra cruzada. Y en esa ceguera inducida por el irracional patriotismo, agitamos las banderas de la guerra, y somos capaces de aniquilar hasta el último representante del bando contrario. Despertamos la bestia que llevamos dentro, y nuestra mente y nuestros actos se nublan hasta tal punto que lo justificamos todo en aras de destruir a nuestro enemigo. Esta es la lógica de la guerra. Y si lo pensamos, es exactamente la misma lógica que, por ejemplo, los Estados Unidos comenzaron a desarrollar desde los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, bajo la denominación de "Guerra contra el Terror". Es algo absolutamente falaz, porque la guerra contra el terror es un oxímoron en sí misma, ya que no se puede combatir al terror con más terror, porque llega un momento en que ya no hay diferencia entre nosotros y los otros. 

 

Bajo esa dinámica, los horrores de la guerra entran en una espiral incontrolada donde cada vez se hace más difícil parar, pues justificamos cada vez actos más atroces y aberrantes. Torturamos a prisioneros que han sido secuestrados, realizamos asesinatos selectivos de líderes de otros bandos, abolimos las libertades civiles, nos volvemos insensibles ante el dolor y la tragedia, provocamos éxodos masivos de poblaciones, que se ven obligadas a abandonar sus tierras, sus casas, sus familias y amistades, su cultura, en busca de otras zonas donde puedan vivir en paz, nos convertimos en seres despóticos y salvajes, dejamos de respetar los marcos internacionales de paz y de justicia, y nos hacemos hijos de las normas del "ojo por ojo", de la venganza, de la sangre y del horror. Con la excusa de que nuestro enemigo no merece ninguna consideración, somos nosotros los que nos volvemos tan monstruos como ellos. En el fondo, no nos damos cuenta, y aquí está el auténtico peligro, de que aquéllos a quiénes matamos son tan personas como nosotros. De hecho, todas las manifestaciones y crímenes basados en el odio tienen asegurado este trasfondo. Revelan esta patética verdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 junio 2016 7 05 /06 /junio /2016 23:00
Autor: ARTSENAL

Autor: ARTSENAL

El republicanismo democrático sostiene que la comunidad política debe asegurar que la existencia material de todos los ciudadanos esté políticamente garantizada. En consecuencia, debe proporcionar a todos los ciudadanos un determinado conjunto acordado de recursos materiales que les otorgarían las mismas condiciones de independencia material y cívica y de protección contra injerencias arbitrarias, como las que disfrutan los miembros pudientes de la sociedad

Julie Wark

Nos detendremos en explicar y aclarar el significado de la máxima socialista ya enunciada en el artículo anterior, que decía: "De cada cual según sus capacidades, a cada cual según su aportación". Esto significa básicamente que el socialismo busca que cada cual reciba el producto de su trabajo, pero además, de forma sensible a sus necesidades. Por ello el socialismo ha de preocuparse de redistribuir la riqueza de una forma más justa, para que haya riqueza para todos, y no como en el capitalismo, donde mientras unos nadan en la abundancia, otros están debajo de los umbrales de la pobreza. Es decir, el socialismo busca, entre otras cosas, una filosofía basada en el reparto, tanto del trabajo como de la riqueza. Al perseguir una sociedad donde todos tendrán más posibilidades de trabajar, cada uno trabajará menos, el trabajo podrá repartirse mejor, y la jornada laboral podrá disminuirse notablemente. El socialismo busca que cada cual reciba por lo que aporta, procurando que todos aporten igual, o lo más parecido posible. En el socialismo el derecho de los productores es proporcional al trabajo que han realizado. La igualdad aquí consiste en que se mide a todos por el mismo rasero, esto es, por su trabajo. Se aleja por tanto y de este modo el fantasma de las grandes desigualdades sociales. 

 

Pero es evidente que el socialismo tendrá aún ciertas rémoras del capitalismo. De ahí que muchos autores hayan inventado otros términos estaduales, para referirse a estas etapas, tales como postcapitalismo, o postneoliberalismo. Es decir, una etapa (que se supone intermedia, a no ser que involucione hacia etapas capitalistas, como de hecho está ocurriendo en algunos países, porque las correlaciones de fuerzas aún no están bien definidas, y la gran burguesía intercepta cada intento de migrar hacia modelos socialistas) que renuncia a los postulados puramente capitalistas, pero que aún conserva y sigue dependiendo de algunos de sus agentes. La lógica del capitalismo está tan implantada en nuestros días en nuestras sociedades, y además lo está de forma tan globalizada, que el abandono de los postulados capitalistas no es tan fácil, ni es cosa de un día para otro. Por tanto, llevará cierto tiempo desprenderse del lastre del capitalismo. Por otra parte, a un país individual, de forma aislada, le costará mucho más trabajo abandonar los dogmas capitalistas, y comenzar una nueva andadura socialista, que si lo hace de forma integrada con terceros países, mediante bloques, alianzas o tratados de colaboración mutua. Sobre todo porque los grandes agentes del capitalismo transnacional, fundamentalmente el imperialismo norteamericano y las grandes empresas multinacionales, estarán continuamente poniendo palos en las ruedas de dicho proceso. Véase como perfecto ejemplo los Golpes de Estado de todo tipo, y los intentos por cualquier forma de desestabilizar y derrocar a los gobiernos postneoliberales o socialistas de América Latina. En este artículo desarrollamos a fondo esta problemática

 

En el socialismo, el ciudadano/a, es decir, el trabajador o trabajadora, es reconocido en base a su capacidad, no en base a la suerte, a sus propiedades, a su herencia, a sus apellidos, o a las posesiones que tiene al nacer. Cada persona recoge el fruto de su propio trabajo, y no el de las generaciones pasadas, pero aún si no puede (desempleo, discapacidad, etc.) o no desea trabajar según los modelos y actividades considerados socialmente "rentables", o bien durante los períodos de tiempo donde abandone temporalmente su actividad laboral, el socialismo nunca dejará a esa persona en la estacada, sino que siempre estará protegida, ya que el sistema se asegura (mediante esa filosofía del reparto) de que todo el conjunto de la ciudadanía posee los recursos básicos para desarrollar una vida digna. En el socialismo, por tanto, no existen los pobres. No caben medidas de erradicación de la pobreza, simplemente porque no hay pobreza. Aún se mantendrán ciertos niveles de desigualdad, pero se erradicarán los desfases y desniveles aberrantes del capitalismo, donde como estamos viendo, al lado de auténticos ricos y poderosos, subsisten y malviven como pueden personas a las que el sistema abandona a su suerte, y no cubre ni sus más mínimas y elementales necesidades. Bajo el socialismo, los golpes de suerte (buscados tan ansiosamente mediante instrumentos diseñados socialmente para ello, como los juegos y las loterías), la herencia, o las posesiones o propiedades que las personas puedan llegar a tener, dejarán de protagonizar su destino. 

 

Explicadas las bases fundamentales del Socialimo del siglo XXI (al menos en lo que nosotros entendemos que debe ser), y salvo algunos temas puntuales en los que no hemos profundizado porque los dejaremos (dada su entidad) para series de artículos independientes, llegamos ya a la fase, etapa, ciclo o era (como la queramos llamar) comunista o Marxista. Esta fase constituye sin duda el escalón más evolucionado. De hecho, el Comunismo va mucho más allá. Busca y persigue liberar a los seres humanos de sus limitaciones en cuanto a sus capacidades. Busca dar al individuo en base a sus reales necesidades, y no en base a su capacidad. El Comunismo representa un paso más en la búsqueda de una sociedad más justa, es decir, más libre. Busca liberar al ser humano de sus defectos, de sus debilidades, de sus desigualdades naturales, de tal forma que una persona con menos capacidad pueda satisfacer igualmente sus necesidades que otra más capaz, de tal forma que todas las personas, con distintas capacidades y distintas necesidades, se vean completamente satisfechos en todos sus planos. El comunismo busca garantizar la supervivencia de todos los seres humanos. El comunismo llega todavía más lejos que el socialismo, buscando erradicar el propio concepto de propiedad, el cual es en verdad el verdadero origen del mal, esa manzana mordida y envenenada que hizo que la Humanidad haya sido expulsada del paraíso (hablamos en términos metafóricos, como es evidente). Pero el comunismo no busca quitarle a la gente lo que es suyo, lo que siente suyo, sino que busca que la gente no necesite poseer, que sienta que nada es de nadie, que comprenda que todo es de todos. 

 

El Comunismo busca llevar a la práctica este nuevo axioma: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades". Como vemos, es ligeramente distinto del axioma socialista, porque su filosofía ha sido perfeccionada y refinada. Y es que en el Comunismo se aspira a tal grado de desarrollo, a tal estado material y espiritual, que los individuos satisfacen todas sus necesidades independientemente de su capacidad para hacerlo, incluso independientemente de cuáles sean sus necesidades. En palabras de José López: "El Comunismo es el paraíso perdido, el paraíso recuperado". Bajo el comunismo, por tanto, la sociedad humana será, por fin, realmente humana, abandonará la animalidad de la que proviene. Con el comunismo la sociedad humana será por fin realmente sociedad, la comunidad humana será por fin una auténtica comunidad, posibilitará la convivencia armónica entre los humanos. Con el comunismo el ser social, al fin, se realizará socialmente. La vertiente social de los humanos encontrará bajo el comunismo sus auténticos mimbres, y su más ansiada meta. El ser social realmente llegará a ser. El comunismo es la meta de toda sociedad humana. Es el mayor hito social que podemos alcanzar. Por supuesto, las poquísimas experiencias históricas que se han registrado de auténtico comunismo han sido abortadas por las armas (como la Comuna de París de 1871), y su alcance geográfico ha sido muy limitado, pero no dejemos que los detractores nos conculquen su engañosa idea de que tal estadío social, el comunismo, es una utopía inalcanzable. Continuaremos en siguientes entregas. 

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2 junio 2016 4 02 /06 /junio /2016 23:00
Autor: ENEKO

Autor: ENEKO

Las próximas entregas vamos a dedicarlas a los Movimientos de Migrantes, es decir, todos los movimientos sociales, plataformas y organizaciones que velan y se ocupan de todo lo relativo a las personas que, por diversas circunstancias, se ven obligadas a marchar de su país hacia otro país de acogida, o bien a las personas que llegan a nuestro país procedentes de cualquier país extranjero. Sólo abordaremos en este artículo una introducción general al fenómeno, para situarlo en su contexto, y después continuar. Y lo primero que hay que decir con respecto a este asunto, es que los procesos migratorios y de éxodos de población son fenómenos estructurales al capitalismo, que es un sistema económico diabólico y demencial, que genera movimientos de millones de trabajadores y trabajadoras hacia los países capitalistas centrales, fruto de la división internacional del trabajo en función de los intereses de diversificación de los grandes agentes del sistema. En nuestro país, concretamente, este fenómeno ha supuesto la llegada de millones de personas migrantes de los países del Sur y del Este (y de Oriente Medio, debido a los conflictos bélicos), que sufren condiciones laborales y salariales objetivamente peores que la media de la clase trabajadora autóctona. 

 

Bajo este perverso contexto, la actual Ley de Extranjería se convierte en un instrumento al servicio del capitalismo para asegurar una mano de obra extremadamente barata, precarizada y carente de derechos laborales, sociales, civiles y políticos. Y así, mientras los flujos de capitales no ofrecen ningún límite ni son frenados ante ningún control o inconveniente, los flujos de personas se ven cada vez más sometidos a estrictos controles, en aras de una supuesta "seguridad de las fronteras" para controlar las "migraciones ilegales" que cosifican a las personas y montan a su alrededor una infranqueable trama burocrática. Como siempre, los empresarios se aprovechan de esta situación, abusando de estas personas que se encuentran en situación de máxima necesidad, y que ni conocen nuestras leyes ni están en condiciones de poder exigir su cumplimiento. Con la agudización de la crisis económica actual, los procesos de precarización y exclusión social de determinados colectivos y personas migrantes se están acelerando, provocando entre otras las siguientes situaciones:

 

1.- La pérdida de puestos de trabajo y el aumento del desempleo está suponiendo que muchas personas pierdan el permiso de residencia, y con ello se vuelvan más vulnerables a sufrir procesos de exclusión social. 

 

2.- Las personas migrantes son víctimas de controles policiales permanentes, con un claro componente racista en los que son identificadas, detenidas y retenidas por el único hecho de responder a unos patrones físicos determinados. Estos actos se vienen denunciando desde hace varios años por parte de diversas ONG's, MMSS y asociaciones y colectivos, por ser una práctica arbitraria y discriminatoria, que vulnera derechos recogidos en diferentes artículos de la Constitución (como el artículo 14, que recoge el derecho a la libertad e intimidad), y en diversos acuerdos y tratados internacionales suscritos por el Estado Español (como el Dictamen del Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas de 2009). 

 

3.- Sufren retenciones policiales y privación de libertad en los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), a los que dedicaremos una profunda exposición, por representar, en pleno siglo XXI, auténticas cárceles encubiertas donde no se respetan los derechos humanos. Y así, encontramos aquí personas cuyos derechos se vulneran de forma sistemática, sin siquiera haber cometido delitos penales, pues sólo están recluidos debido a situaciones administrativas irregulares. Frente a esta barbarie, tenemos que reivindicar sin fisuras que ninguna persona es ilegal por el hecho de serlo. El único motivo de su internamiento en estos centros es que no poseen la documentación que la dura y excluyente Ley de Extranjería les exige para poder residir y trabajar en nuestro país. 

 

4.- Sufren con mayor virulencia la pérdida de derechos sociales. Especialmente alarmante es la modificación de la Ley de Extranjería que restringe la asistencia sanitaria a las personas sin permiso de residencia. Esta medida, además de racista, quiebra el carácter universal de los derechos sociales en nuestro país, lo que supone un grave antecedente para otras políticas discriminatorias. Pero no sólo por esta vía, ya que el R.D. Ley 16/2012, de medidas para la reforma sanitaria, ha privado de este derecho a más de 800.000 personas.  

 

Los MMSS dedicados al mundo de los migrantes han de enfrentarse también al fantasma del fascismo, denunciarlo y combatirlo, especialmente tras el surgimiento, a nivel de toda la Unión Europea, de colectivos, plataformas y coaliciones políticas de carácter abiertamente nacionalista, excluyente y fascista, que además están ganando terreno en muchos países europeos, y que incluso están presentes en los parlamentos nacionales de muchos de ellos. Al amparo de esta situación, estamos asistiendo a un auge del fascismo, del racismo y de la xenofobia que afecta a la propia clase trabajadora, y que es promovido por la propia oligarquía para evitar ser señalada como culpable, buscando que otros sectores sociales hagan el papel de chivos expiatorios, y usando el nacionalismo como elemento aglutinador frente "al enemigo extranjero". Y así, se difunden engañosos e indecentes mensajes, para favorecer determinados mantras, tales como que los extranjeros vienen a quitarnos el trabajo, o a desmontar nuestro sistema de convivencia, de valores y de libertades. Todo ello propicia un caldo de cultivo excelente para atraer a personas contra la causa migrante, y a instalar actitudes y comportamientos fascistas, incluyendo el enaltecimiento de criminales dictadores del pasado. 

 

El  sistema utiliza la estrategia de dividir a la clase trabajadora, elaborando un discurso en el que se señala a las personas migrantes como las verdaderas culpables de la crisis, y no mereceradoras de los derechos que se dejan reservados para las personas autóctonas, cuando es uno de los sectores de trabajadores/as que sufre las peores consecuencias de la crisis, sumando a los problemas que sufren los trabajadores locales, aquéllos derivados de su condición de migrantes, lo cual los vuelve muchos más vulnerables. Dentro de este escenario, los MMSS que luchan por los derechos de los migrantes tienen como misión generar espacios de trabajo con los sectores organizados de los mismos, conectando con sus necesidades y demandas sociales. Luchan por su integración efectiva, por la defensa de sus derechos, así como por la eliminación de todas las barreras que el sistema les pone en todos los frentes. Y en este sentido, sus objetivos políticos más urgentes son la eliminación del actual marco legal, y el cierre inmediato y desaparición de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Igualmente, hay que impulsar la integración social así como su independencia económica, y la puesta en marcha de políticas de respeto, inclusión y fomento de la interculturalidad. Continuaremos con estos MMSS y su problemática en siguientes entregas.

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1 junio 2016 3 01 /06 /junio /2016 23:00
Autor: ENEKO

Autor: ENEKO

Sin duda, la alianza de Podemos e IU supone una victoria histórica de la izquierda española (en la que ambas partes salen ganando) que ha provocado una rabieta monumental de los Hunos y los Otros; la embestida de los medios de comunicación; la cagalera de la Banca y del Ibex, y el repicar de las campanas que llaman a un reagrupamiento de los legionarios de Cristo y del Capital para derrotar al maligno

Javier Cortines

En efecto, está siendo tal la rabieta de las fuerzas del tripartidismo (PP, PSOE y C's) ante la unión electoral de PODEMOS, IU, terceras fuerzas políticas, las mareas y las confluencias, que han revivido y actualizado viejos mensajes y viejas estrategias del pasado para infundir el miedo en el electorado. La vieja estrategia de la pinza, ya usada en 1992 con la IU de Julio Anguita, ha sido ahora amplificada bajo el catastrofista mensaje "¡Que vienen los comunistas!", apoyados en la indecente propaganda de que esta ideología nunca ha traído nada bueno, sólo miseria a la Humanidad. Habría que responderles que los que han traído pobreza, miseria, desigualdad, guerras, hambrunas, y esta alienante sociedad en que vivimos han sido el capitalismo y su actual vertiente, el neoliberalismo. Es de esperar que estos mensajes del horror se amplificarán durante la próxima campaña electoral. El PSOE, por su parte, continúa con su campaña de desprestigio de la formación de Pablo Iglesias, hermanándolo con Rajoy por no haber permitido "el cambio" que los españoles deseaban. Pura y dura hipocresía. Manifiesta indecencia. 

 

Así que en vez de rectificar, Pedro Sánchez se presenta de nuevo como el adalid del "cambio" y del "progreso", prometiendo de nuevo con el mayor descaro y desvergüenza que derogará la reforma laboral (cuando ha podido hacerlo y no lo ha hecho hace apenas un mes), profundizando en su sectarismo y en el chantaje hacia la coalición UNIDOS PODEMOS, calentando el ambiente y alejando la posibilidad de un pacto equilibrado entre el PSOE y la coalición de izquierdas. Asegura que cree que nunca será Presidente si ello depende de los votos de Pablo Iglesias, cuando a estas alturas a lo que debiera responder es a la pregunta contraria, es decir, si Pablo Iglesias puede contar con su voto para ser el Jefe del próximo Gobierno. La dependencia del PSOE sobre las derechas se vuelve cada día más fuerte, y su prepotencia hacia las fuerzas de izquierda no hace más que acrecentarse, creando un clima poco propicio a un posible entendimiento después del 26J. Ahora mismo el PSOE se ha convertido en el auténtico tapón para el necesario giro social y democrático que demanda la sociedad, y además su tendencia es a pagarlo en las urnas. Y para colmo de la insensatez, Pedro Sánchez anuncia aumentos en el presupuesto para Defensa si llega a gobernar. Todo un desatino político que no hace más que confirmar lo que en el fondo son y representan. 

 

Por si aún no quedara claro lo rastreros que son en el partido autodenominado "Socialista" y "Obrero", hemos tenido noticia de que en cuanto conocieron la voluntad manifiesta de PODEMOS e Izquierda Unida de concurrir juntos a los próximos comicios, la dirección del PSOE contactó con dirigentes de IU para decirles que las encuestas que ellos manejaban pronosticaban una importante subida de IU si ésta concurría en solitario, y así desinflar los ánimos de concurrir en coalición con la formación morada. Mientras, el Consejero de Justicia de la Junta de Andalucía aseguraba en una entrevista que si PODEMOS sube en las próximas elecciones, se demostrará que "la sociedad está enferma". Y es que el miedo que le tienen a Iglesias y los suyos es auténticamente terrorífico. Más bien habría que decirle al señor Consejero (que también tildó a los jueces de "Reyes de Taifas", por lo cual tuvo que disculparse al día siguiente) que una sociedad demuestra que está enferma si continúa votanto a los que llevan conduciendo al país durante más de 30 años por la senda de la traición, del neoliberalismo y de la pobreza generalizada. 

 

Y es que la hipocresía de estos personajes es tal, y sus estrategias para desgastar a PODEMOS tan vergonzosas, que esa actitud requeriría, más que una tímida defensa, una decidido ataque por parte de la izquierda. Ellos no se cortan ni un pelo en sus ataques furibundos y disparatados contra Pablo Iglesias y los suyos, como en estas bochornosas declaraciones del Director General de la Policía, Ignacio Cosidó, por las cuales se levantó una petición de una conocida red social para solicitar su dimisión. Y ello por no mencionar el indecente vídeo de precampaña que han preparado en estos días, donde hablan de las políticas "moderadas" del PP, de que empezaron a gobernar "pensando en las personas", y de que "hemos conseguido un país más justo, libre y solidario, donde los fuertes ayudan a los débiles", entre otras aberrantes mentiras. Por si todo ello fuera poco, los casos de corrupción ya no es que sumen, es que multiplican, en una nauseabunda oleada que configura las portadas de los informativos diarios. Y tanto en precampaña como en campaña como en gobierno como en oposición, sus vergonzosos líderes continúan mintiendo, continúan intoxicando la política, continúan representando la España oscura y siniestra de los herederos del franquismo, de la represión, del avasallamiento de los más débiles, del entreguismo hacia el gran capital, de la injusticia social, del favoritismo hacia los poderosos, y de la destrucción de los derechos humanos. 

 

Y mientras, Albert Rivera ha viajado recientemente a Venezuela, a interesarse por la situación de los que ellos se empeñan en llamar "presos políticos", pero que no son más que golpistas al amparo de la criminal administración norteamericana, y de las grandes empresas, las mismas que desabastecen supermercados y farmacias, negando a la población los suministros básicos. Si al líder de CIUDADANOS le interesaran de verdad los Derechos Humanos, podría viajar también a México, a Colombia, incluso a Estados Unidos, podría visitar la prisión de Guantánamo, auténtica cámara de los horrores, o tal vez a China, o al Sáhara Occidental, o a Palestina. Como muy bien ha declarado el ex JEMAD Julio Rodríguez: "Si tuviera que visitar todos los países donde se violan los derechos humanos, volvería en 10 años". Pero incluso si no quiere visitar ninguno de esos sitios, se puede quedar tan ricamente aquí en España, visitando a los desahuciados, a los torturados por la policía en sus dependencias, a aquéllos a los que han retirado las ayudas a la Dependencia, a aquéllos niños y niñas que viven bajo situación de pobreza infantil, o a los encarcelados injustamente, que sí son presos políticos, como el sindicalista andaluz del SAT Andrés Bódalo, por el que sus compañeros se encuentran en la Puerta del Sol haciendo una huelga de hambre desde hace varios días. Pero seguro que nada de esto interesa a Albert Rivera, cuya demagogia no tiene límites. 

 

El asunto de Venezuela también colea por otros muchos frentes, ya que también hemos conocido que en la reunión anual del Consejo de Seguridad Nacional (CSN), máximo órgano oficial que trata de los asuntos de seguridad en nuestro país, se ha tratado el tema de la "seguridad" de los aproximadamente 200.000 ciudadanos y ciudadanas españoles/as residentes en el país latino, ante el clima de caos y rebelión social que allí se vive, y por los cuales parecen estar muy interesados las autoridades españolas, algo totalmente inaudito y vergonzante, cuando en nuestro país existen millones de personas a las que se les niegan los derechos humanos fundamentales, tales como la vivienda, la sanidad o el trabajo, incluso el voto (a los jóvenes exiliados a la fuerza a los que representa la Marea Granate). La situación es de tanta hipocresía y estupidez social, que ya resulta grotesca e indecente. Y a todo esto, los partidos políticos no son los únicos agentes que hacen precampaña, ya que como siempre, tenemos a los empresarios, empeñados en difundir sus aberrantes mensajes, como el concepto de trabajo que confesó Juan Rosell, y a la Comisión Europea, que a nuevas vueltas de tuerca con el asunto de la corrección del déficit público, dictamina ya al nuevo Gobierno que salga de las urnas los recortes que va a tener que asumir. En fin, quizá la precampaña más calentita de todas cuantas hemos tenido durante los últimos años, que esperamos elevará aún más el tono en campaña, y puede que nos traiga nuevas sorpresas después del 26J. De momento, el líder del PSOE ha asegurado en el Círculo de Economía que él garantiza que no habrá terceras elecciones...creo que la interpretación de dicha profecía daría para otro artículo. Permaneceremos atentos.

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31 mayo 2016 2 31 /05 /mayo /2016 23:00
Autor: Jorge Alaminos

Autor: Jorge Alaminos

La democracia burguesa formal, aunque es infinitamente preferible al fascismo o el bonapartismo, es sólo una fachada que pretende disfrazar la dictadura de los grandes bancos y monopolios. Estamos luchando, no por defender la sociedad existente y su régimen constitucional y legal, sino para transformar la sociedad de arriba abajo, barriendo la dictadura del capital y sustituyéndola por una democracia real, una democracia de toda la población trabajadora: una democracia obrera que preparara el camino para un movimiento hacia una etapa superior de la sociedad humana, cuando las clases, las guerras, la nación y el Estado, y todos los otros remanentes de la barbarie serán solo un mal recuerdo del pasado

Alan Woods

A vueltas con las políticas que debiéramos desarrollar hacia el sector bancario, que muchas otras veces hemos tratado en este mismo Blog, vamos a hacernos eco, en esta breve serie de artículos, de un documento colectivo, recientemente publicado en el sitio de CADTM, en torno a las reflexiones y medidas que los autores proponen para este sector, paradigma del neoliberalismo salvaje que hoy padecemos prácticamente todas las sociedades occidentales, y principales agentes de la llamada "financiarización" de la economía, entre otros males de nuestro sistema. Todo lo que vamos a comentar y a desarrollar aquí está publicado en el sitio web oficial del CADTM, así como en este documento anexo, y está suscrito por una extensa serie de nombres de gran relevancia política y social, tanto en nuestro país como fuera de él. La lista de los firmantes es extensa, y valga por tanto nombrar sólo unos cuantos de ellos, tales como Marina Albiol, Quim Arrufat, Josep Manel Busqueta, Carlos Sánchez Mato, Teresa Rodríguez, Lola Sánchez, Eric Toussaint, Miguel Urbán, Esther Vivas, o Michel Husson, entre otros muchos. En la versión oficial del documento podrán encontrar los lectores la lista completa, así como enlaces a algunos de los artículos más interesantes publicados por los autores. 

 

Bien, está claro que si queremos implementar políticas que puedan revertir todas las situaciones de injusticia, pobreza, exclusión, desempleo, restitución del Estado de Bienestar, respeto a los Derechos Humanos, o falta de participación ciudadana, entre otros muchas consecuencias que nos afectan, hay que ir implementando, sin prisa pero sin pausa, pero con total determinación y valentía, medidas que puedan atajar la caótica situación del sector financiero, y que tiendan sin duda hacia la socialización de la banca. Nueve años después del comienzo de la crisis financiera de 2007 que provocó en cascada la crisis económica e hizo explotar otras burbujas que nos afectaban en concreto, es el momento de volver a hablar sobre los compromisos que adquirieron en aquélla época los banqueros, financieros, partidos del régimen y los organismos de control, para exigirles a cada uno de ellos su responsabilidad. Estos cuatro actores fracasaron en cuanto a las promesas de moralizar el sistema bancario y garantizar la función crediticia. Bien al contrario, profundizaron en iniciativas a favor de sus intereses, y perjudiciales para la sociedad. En varios países, entre ellos el Estado Español, se usaron de forma arbitraria recursos públicos, tanto estatales como europeos, dañando gravemente las cuentas públicas, para rescatar a las entidades financieras, promocionar y subvencionar operaciones de concentración bancaria, facilitando la adquisición de las Cajas de Ahorros (mediante un proceso de "bancarización" de las mismas) a bajo precio por parte de la gran banca, y dirigir todo el desarrollo económico y social al sostenimiento de los intereses bancarios privados. 

 

En toda Europa se taparon los agujeros de los balances bancarios, y se prosiguió con la distribución desmedida de remuneraciones (que aún hoy colean) para aquéllos directivos que estaban al frente de los bancos privados. La última filtración de los mal llamados "Papeles de Panamá" muestra además la bochornosa orgía de desviación y evasión a paraísos fiscales por parte de grandes fortunas, figuras políticas y grandes corporaciones, además de personajes de la vida pública del deporte, la cultura, el espectáculo, etc. No les creímos en su momento, y el tiempo nos ha dado la razón. En lugar de la susodicha moralización del sistema bancario, lo que hemos presenciado es una larga lista de malversaciones que saltaron a la luz gracias a las quiebras bancarias que sucediron a la del gigante Lehman Brothers en septiembre de 2008. Si sólo considerásemos los rescates bancarios producidos desde 2012, tendríamos la siguiente lista: Dexia en Bélgica y Francia (2012, tercer rescate), Bankia en España (2012), Espirito Santo y Banif en Portugal (2014 y 2015 respectivamente), Laïki y Banco de Chipre en Chipre (2013), Monte dei Paschi, Banca delle Marche, Banca Popolare dell'Etruria e del Lazio, Carife en Italia (durante 2014 y 2015), NKBM en Eslovenia (2012), SNS Real en los Países Bajos (2013), Hypo Alpe Adria en Austria (2014 y 2015). 

 

En cuanto a las remuneraciones de los directivos bancarios, el techo de la parte variable decidida por el Parlamento Europeo en abril de 2013 tuvo por consecuencia inmediata el aumento de la parte fija de las remuneraciones, y el recurso a una disposición derogatoria prevista por la ley. Finalmente, con respecto a la financiación de la economía, real, los esfuerzos desplegados hasta hoy por los Bancos Centrales, en particular el BCE (Banco Central Europeo), han sido impotentes para iniciar la más mínima recuperación de la economía. La realidad es que la banca europea continúa en una situación precaria y no presta dinero a la economía real. Mientras tanto, y a escala de la Unión Europea, se está promoviendo una Unión Bancaria que introduce el Mecanismo Único de Supervisión (MUS). Esta operativa, que forma parte del BCE, supervisa los niveles de capitalización de la banca de tamaño medio y grande, y establece como norma las reestructuraciones bancarias a través de "rescates internos" (bail-in), que priorizarán la absorción de los pasivos en balance en vez de fondos públicos provenientes de rescates externos (bail-out). De esta manera, y en ausencia de un fondo de garantía de depósitos común creíble en el sistema bancario europeo, se fragmentará aún más dicho sistema, generando una dinámica en la que los depósitos amenazados volarán de los bancos periféricos con problemas a los bancos más solventes del centro europeo, poniendo en riesgo a la banca periférica y sobordinando aún más la periferia al centro. 

 

Tras ese proceso se emplearía el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), un fondo intergubernamental que puede llegar a constituirse en Fondo del Tesoro Europeo o en Fondo Monetario Europeo, si se termina incluyendo en los Tratados tal y como prevé el llamado Informe de los Cinco Presidentes. Este fondo moviliza hasta 700.000 millones de euros a partir de 80.000 millones de aportaciones de diferentes países (liderados por Alemania y Francia) para rescatar a la banca de tamaño sistémico "demasiado grande para caer" en riesgo de bancarrota. Ni que decir tiene que, a pesar de la puesta en marcha de la doctrina bail-in, llegado el momento el MEDE aportaría fondos para rescatar bancos, que hasta la fecha han tenido conductas rentistas limitando enormemente el crédito a la inversión. Esto conduce a hipotecar las cuentas públicas así como a la política económica de países enteros, a los que se somete mediante la firma de Memorandos a implementar medidas que van claramente en contra de los derechos sociales, económicos y culturales (educación, sanidad, pensiones, condiciones de empleo y libertades) para garantizar los pagos, en una formidable operación de socialización de las deudas privadas, convertidas ahora en públicas, y que ahogarán en la depresión a economías completas. Continuaremos en siguientes entregas.

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29 mayo 2016 7 29 /05 /mayo /2016 23:00
Autor: Josetxo Ezcurra

Autor: Josetxo Ezcurra

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombre libre y esclavo, patricio y plebeyo, barón y siervo, maestro de gremio y oficial – en una palabra, opresores y oprimidos en perpetua oposición – han llevado una lucha ininterrumpida, ya sea secreta, ya sea abierta, y que acababa siempre o bien en una transformación revolucionaria de toda la sociedad, o bien en la ruina común de las clases en lucha

Karl Marx & Friedrich Engels

Pensamos que a estas alturas de la serie están perfectamente claros los objetivos, fundamentos y maldades del sistema capitalista, y su radical oposición con el socialismo. El capitalismo actual se caracteriza por dos cosas, desde el punto de vista de las relaciones sociales de producción: las empresas pertenecen a ciertas personas, y, como consecuencia de ello, son gestionadas de forma dictatorial por dichas personas, o por terceras personas que sirven a sus órdenes, todas ellas ajenas a sus propios trabajadores/as, a la inmensa mayoría de ellos. Es decir, el modo de producción capitalista se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción, y por tanto, por su gestión privada, es decir, por la falta de democracia en su gestión. Un modo de producción se caracteriza por las relaciones que se establecen entre los distintos actores que intervienen en él. Y así, las relaciones de producción capitalistas consisten esencialmente en el dominio de unas minorías sobre el resto de la población. La economía pertenece por tanto a los capitalistas, sobre todo a los grandes capitalistas. Bajo este modo de producción el sujeto protagonista (el que decide) es la gran burguesía. Como consecuencia de esto la riqueza generada es acaparada por los dueños de la economía. Los trabajadores no poseen la propiedad sobre las empresas ni las gestionan (en sus líneas estratégicas más importantes), y en consecuencia, apenas recogen los frutos de su trabajo, los cuales son acaparados fundamentalmente por las minorías que poseen dichas empresas o que las gestionan. 

 

De esta forma, la riqueza pública se privatiza. La riqueza que en su origen era social, esto es, que se genera socialmente, deja de serlo, al no ser disfrutada socialmente. Y esto es una consecuencia directa del carácter privado de los medios de producción. Ésta es la gran contradicción del modo de producción capitalista, de la cual se derivan el resto de contradicciones: la riqueza se genera socialmente, es creada públicamente, proviene, en última instancia, de algo que era en principio público (la naturaleza, o el conjunto de la sociedad), pero es acaparada por ciertos individuos, es disfrutada primordialmente de manera privada. Quizá el sector privado más ilustrativo para comprender esto sea la banca. La banca posee nuestros ahorros, los ahorros de la mayoría social (pues hoy no existen prácticamente alternativas públicas), pero ¿podemos controlar nosotros, los clientes, lo que la banca hace con nuestros ahorros? ¿podemos controlar dónde invierte? ¿a qué otros negocios se dedica? ¿qué otras actividades desarrolla? No sólo es que el hermetismo sea total, sino que además, no poseemos ninguna forma real de intervenir en las decisiones que toma la banca privada en cuanto a sus actividades. Y, por ejemplo, actualmente sabemos que muchos bancos privados se dedican a la creación de empresas offshore en paraísos fiscales, a comprar deuda pública de los Estados para especular con ella, a invertir en negocios donde se mercantilizan los derechos humanos (como la vivienda), o a participar en oscuros mercados, como el de las armas o la droga. 

 

La sociedad en conjunto es así desposeída de la riqueza que en verdad debería poseer. El origen de la desigualdad social radica principalmente en el hecho de que ciertas personas posean los medios de producción, sean sus propietarios, sus dueños y sus gestores. La desigualdad en la posesión de los instrumentos generadores de riqueza, en su gestión, provoca, lógicamente, como no podía ser de otra forma, la desigualdad del reparto de la riqueza generada y todos los conflictos sociales que de ella se derivan. La lucha de clases va pareja a dicha desigualdad. Y esta desigualdad va aumentando con el tiempo, se va agudizando, va haciéndose más patente, debido a que la sociedad no contrarresta de ninguna forma la tendencia natural del capitalismo. La conclusión está clara: la desigualdad social sólo puede desaparecer, o por lo menos disminuir considerablemente, si desaparece el capitalismo. Esto implica que desaparezcan las circunstancias que permiten dicha desigualdad, que eliminemos los mecanismos que la perpetuan, que rompamos las relaciones de producción que la garantizan. Y esto sólo puede producirse si en el curso de la lucha de clases vence una clase que aspira a la erradicación de toda explotación. Pero ojo: sin volver a caer en los mismos defectos. No se trata de sustituir a la clase explotada por la clase explotadora, porque entonces, continuaremos bajo el mismo sistema, cambiando únicamente el rol de sus actores. Se trata de crear los fundamentos para una sociedad que garantice que dicha desigualdad no va a perpetuarse, que se va a ir reduciendo, y ello sólo será posible cambiando el paradigma de ese modo de producción capitalista. 

 

Y la garantía para establecer ese modelo de sociedad está clara: la Democracia. La democracia es la metodología necesaria para establecer las garantías de que el modelo de producción capitalista migra a un modelo de producción socialista, y de que erradicamos por completo los males y defectos del capitalismo bajo el nuevo sistema. Por tanto, no nos engañemos, ni dejemos que nos engañen bajo falsas propagandas, o aludiendo (como hace la derecha cada vez que ve las orejas al lobo) a los intentos fracasados del socialismo y del marxismo durante el siglo pasado. El socialismo no busca la erradicación de toda propiedad privada, no la de los bienes particulares de las personas (aún existen personas que creen que los comunistas van a venir a expropiarle su casa, o su pequeño negocio), no la del producto del trabajo de las personas, sino que sólo la de los medios de producción, la de los medios para que cada persona pueda hacer su trabajo. El modo de producción socialista busca expropiar a los expropiadores, es decir, a estos grandes agentes del capitalismo (hoy día las grandes empresas transnacionales) que acaparan la riqueza social acaparando los medios para generarla. Bajo el socialismo la propiedad de los bienes de los ciudadanos aumentará notablemente, a la par que disminuirá notablemente la de los actuales poseedores de la economía (pero insistimos, no la de sus bienes particulares, sino la de sus empresas o tierras de producción agrícola o ganadera). Bajo el socialismo la sociedad al completo es dueña de su economía. La economía está a su servicio, al servicio del conjunto de la sociedad. La economía se vuelve pública, social, compartida, gestionada y decidida por el conjunto de la población. La economía se vuelve participativa, porque para ello le obliga la democracia. 

 

Cada individuo en el socialismo recibe acorde con su contribución, la cual depende también de su capacidad, de su interés, de su valía, de su entrega. Los individuos más capaces, y con mejor actitud, es decir, los trabajadores que trabajan más, porque pueden y/o porque quieren, reciben más (lo contrario es otra falacia que vierten los detractores del socialismo). No obstante, hemos de aclarar que esto ya ocurre en parte bajo el capitalismo. El socialismo se diferencia en cuanto a que desaparecen las injusticias sociales, las desigualdades, y quienes viven de los trabajadores/as, es decir, quienes no se someten a esta ley de que tanto trabajas, tanto eres recompensado. En el socialismo desaparecen los (grandes) capitalistas, aquéllos que se han apropiado de los medios sociales de producción, aquéllos que se han apropiado de la riqueza social, aquéllos que controlan los destinos de la economía en lugar del resto. Además, en el socialismo, esa ley se aplica por igual a todo el mundo, porque se decide entre todos, por lo cual todo es más transparente. Parte de la riqueza generada en el socialismo es puesta a disposición de toda la sociedad, y parte es repartida entre quienes la generan, y en función de sus particulares contribuciones. El socialismo busca fundamentalmente pasar de una sociedad donde cada cual recibe en base a su propiedad (y en función de ella a su poder e influencia), producto muchas veces de la suerte (o de la herencia, etc.), y no tanto en base a su trabajo, a una sociedad donde cada cual recibe en base al trabajo que realmente aporta. El socialismo busca llevar a la práctica el principio clásico que se enuncia de esta forma: "De cada cual según su capacidad, a cada cual según su trabajo". Continuaremos en siguientes entregas.

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