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12 agosto 2015 3 12 /08 /agosto /2015 23:00

Podríamos explicar en qué consiste "ser de derechas" mediante miles de ejemplos, pero quizá, si tuviéramos que elegir una forma de condensar todas sus expresiones, podríamos afirmar que ser de derechas consiste, simplemente, en legitimar el mundo actual. Después vienen mil corrientes de pensamiento que se aúnan, que nos muestran diferentes facetas de la concepción de la realidad social que tiene la gente de derechas, pero básicamente, ser de derechas consiste en eso: en aceptar lo predominante, en menospreciar la rebelión, en ser sumiso al orden político y social establecido, de ahí el resto de calificativos con los que se tilda a la gente de derechas: conservadora, reaccionaria, etc. Ya sabemos que el origen histórico de la expresión corresponde al Parlamento Británico, donde los que se sentaban "a la derecha" del Presidente correspondían a los que pretendían legitimar el sistema vigente, mientras que los que querían renovarlo y reformarlo, cambiarlo, actualizarlo y hacerlo más justo, se sentaban "a la izquierda".

 

La vertiente "conservadora" quizá sea la más fácil de entender, así que comenzaremos con ella. Ser de derechas, desde este punto de vista, consiste en negarse a renovar los cánones y reglas por las cuales se guía nuestra sociedad, y en dicho conjunto de cánones y reglas entraría absolutamente todo, no solamente el conjunto de leyes que nos gobiernan. Básicamente, entrarían todas las manifestaciones de lo que se corresponde (desde que lo estudiara y definiera Don Antonio Machado y Álvarez, padre de los poetas Antonio y Manuel Machado, que escribió bajo el pseudónimo de "Demófilo") con el Folklore: es decir, el conjunto de todas las expresiones de nuestro patrimonio cultural aplicado y elevado a su más alta representación, conceptualización y expresión, como puedan ser las costumbres populares, los ritos, los cánticos, las adivinanzas, los refranes, el arte popular, las tradiciones populares, las leyendas, los cuentos, las fiestas, las celebraciones, etc. Y en este sentido, trasladado a nuestra sociedad española actual, manifestaciones como los toros, la Semana Santa, la Navidad, el fútbol, la Iglesia Católica, la lotería, los festejos populares, y todo el conjunto de nuestras "tradiciones" españolas son protegidas por los conservadores de una forma irracional, sin al menos ponerse a pensar (como sí hace la izquierda) en el origen, el sentido y la motivación de tal folklore. Pero no sólo de fiestas vive el hombre, y en ese sentido, una manifestación "cultural" (en el fondo, ideológica) tan nefasta como el patriarcado (origen del desprecio y de la discriminación de la mujer), también se protege desde esta visión conservadora.

 

Pero como decimos, hoy día los militantes, partidos o simplemente personas, a título individual que se proclaman o apoyan a la derecha, constituyendo la derecha política, social o mediática, pueden recoger una amalgama de corrientes de pensamiento, o en su ausencia, simplemente ser continuistas con el sistema. Démonos cuenta de que simplemente con esta característica, es decir, con querer perpetuar el sistema-mundo actual, con no querer cambiarlo, con aceptarlo tal cual, ya se es de derechas. No hace falta cultivar ninguna otra corriente ideológica. Pero no obstante, vamos a ellas. En primer lugar, ser de derechas consiste en aceptar y legitimar el capitalismo, el sistema económico que lleva funcionando en la mayor parte del mundo durante varios siglos, responsable último de todas las crisis políticas y sociales del sistema-mundo actual. El capitalismo es el responsable de la desigualdad, de la dictadura financiera, de la discriminación, de los oscuros intereses, de la legitimación del máximo beneficio sean por los medios que sean, y los máximos exponentes del capitalismo mundial globalizado son los detentores del poder represivo estatal, son criminales y aliados del crimen organizado a nivel internacional. 

 

Los de derechas subordinan el poder político al control de los mercados, inmersos en la ola de neoliberalismo desatada desde finales de la Segunda Guerra Mundial, y después de los períodos de keynesianismo económico que siguieron, simplemente para permitir a diversos países recuperarse de la gran devastación económica y social a los que la guerra les había conducido. Pero la derecha, en cuanto dicho proceso de mínima recuperación hubo finalizado, se dispuso a crear el actual orden mundial neoliberal, mediante los acuerdos de Breton-Woods, y la sucesiva creación de los Organismos Internacionales que asegurarían dicho orden, tales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, entre otros. Y desde los años 80 del siglo pasado hasta nuestros días, asistimos a una cruenta y progresiva implantación del más salvaje neoliberalismo económico, con unos niveles de financiarización de la economía absolutamente brutales, lo que ha permitido que la gran banca privada mundial se haya convertido en la dueña absoluta de la economía, llegando a torcer el brazo a Gobiernos y Estados de todo el mundo. 

 

La derecha legitima este orden mundial, lo acepta y contribuye a su despliegue y expansión sin límites, legitimando además las diversas herramientas que permiten su afianzamiento y dominio mundiales, tales como las guerras imperialistas norteamericanas y europeas, desplegadas para saquear los territorios ocupados o devastados tras las contiendas, así como para expoliar sus recursos naturales y sus Instituciones públicas. Otra gran dimensión básica de los de derechas es su afán por ampliar el poder de la iniciativa privada, gran pilar del neoliberalismo, que proclama que el Estado, entendido en su manifestación pública, debe reducirse al mínimo en cuanto a tamaño y actividad, protegiendo bajo su amparo cada vez a una parte más pequeña de la ciudadanía, porque ser de derechas consiste también en entender que la sociedad humana no existe, que no podemos tener confianza en el hombre y en su organización como sociedad, y que por tanto, los individuos quedan legitimados para entrar en una perversa escalada de competitividad y egoísmo, que ataca todos los pilares que puedan contribuir a sostener las estructuras comunes de la sociedad. Los de derechas sostienen unos cuantos mantras en los que creen fanática y obsesivamente, tales como la propiedad y la iniciativa privada para la actividad económica, la perversión del Estado, la necesidad "natural" de que existan desigualdades sociales, porque piensan que dichas desigualdades, en el fondo, sólo son la expresión y la manifestación de la fuerza, inteligencia y valía personal de cada individuo, frente a la pereza, debilidad e incapacidad del resto. 

 

Ser de derechas consiste por tanto en despreciar lo público, en apostar por lo privado, y de esta forma, la oleada de neoliberalismo puro y duro que nos invade legitima que el Estado deje de dar cobertura a los derechos fundamentales (individuales y colectivos) de las personas, y en este sentido, proclaman que los poderes públicos deben dejar de actuar como garantes de dichos derechos, y abandonar a cada individuo a su suerte, para que éste sea, con sus capacidades y medios, el único responsable de su destino en la sociedad. De esta forma, los de derechas entienden el mundo como una auténtica selva, cruel y despiadada, en la cual hay que estar bien despiertos, y espabilarse, luchando contra los demás para asegurarse el sustento, el poder, la riqueza, el status, que son los que, en última instancia, nos proyectarán en la sociedad. Ser de derechas consiste en renunciar a lo cooperativo, a lo social, a lo común, a lo colectivo, a lo público, simplemente porque no creen en estos valores. Ser de derechas está más bien ligado a la competencia, a la agresividad, al egoísmo, al cinismo, al miedo, a la supervivencia, al odio, al caos, a la barbarie. 

 

Y al legitimar todas las conductas que las personas podamos desarrollar para conseguir "abrirnos paso" en la sociedad en este mundo competitivo, ser de derechas significa también ser cómplice de la corrupción, de las malas prácticas, de las malas artes, de aplastar a los débiles, de ser más fuertes que ellos, de validar todos los medios para conseguir los fines, y por tanto, ser cómplices de la discriminación, del racismo, de la xenofobia, del odio al diferente, en una palabra, del fascismo en todas sus manifestaciones. Y al legitimar la iniciativa privada sobre todas las cosas, entendiendo la propiedad privada como un derecho absoluto e inalienable, ser de derechas también consiste en estar al lado de los empresarios, en fomentar la figura del emprendedor, en difundir y potenciar los negocios privados, en conceder la hegemonía al poder empresarial, atacando y denostando a los movimientos sindicales, impidiendo por tanto que la lucha de la clase trabajadora (entendida como algo común y colectivo, en lo cual no se cree) pueda llegar a buen puerto. Ser de derechas consiste por tanto, bajo esta dimensión, en apostar por la explotación laboral, y por el robo institucional en todas sus vertientes. Como su ética no llega más allá de la ambiciosa necesidad de obtener riqueza a cualquier precio, la gente de derechas, simplemente, no posee conciencia. Y desde este punto de vista se explican todos los casos de corrupción a los que estamos asistiendo, desgraciadamente, en la actualidad. 

 

Y si llegamos al final de este trayecto por el que nos lleva la derecha, sólo existe una última parada: ser de derechas consiste en no aceptar la democracia. Simplemente porque la democracia, por mucho que quieran tamizarla, por mucho que quieran ofrecérnosla con cierto barniz, tiene forzosamente que referirse a una colectividad de individuos que forman la sociedad, y en la cual la inmensa mayoría social (el conjunto de la ciudadanía) posee el poder y el gobierno, a través de diversas formas de participación. ¿Ocurre esto en nuestra sociedad? Evidentemente, NO, y estamos a años luz de conseguirlo. Por tanto, ¿qué tenemos en realidad? Tenemos que, esta derecha que nos lleva gobernando durante las últimas décadas, tiene secuestrada a la democracia, en pro de un cada vez mayor poder de cierta élite económica, y por ello, ser de derechas representa estar contra la democracia, contra el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, pero como acabar completamente con la democracia sería demasiado descarado, con lo cual se correría el riesgo de estallido social a gran escala, en realidad vivimos bajo una pseudodemocracia, en realidad una dictadura del capital con disfraz de democracia, para mantener a las clases populares más o menos controladas, y que los privilegios y el status de esta derecha que está en el poder, y de todos los que les apoyan, no se vayan al garete. 

 

En resumidas cuentas, en todo esto consiste "ser de derechas". Tipismo conservador, abrazo al capitalismo, justificación del neolberalismo, enfrentamiento a los poderes públicos, reducción del Estado, legitimación de la pérdida de derechos fundamentales, dictadura del capital, justificación de la corrupción, complicidad con el fascismo en todas sus dimensiones, explotación laboral, reducción de la democracia. Y aún podríamos hablar de más manifestaciones, pero lo dejaremos aquí para no aburrir a los lectores, que entiendo ya deben tener una idea bastante clara de en qué consiste ser de derechas. Finalizaremos con una aclaración. Jamás la derecha ha movido el mundo. Los movimentos y avances sociales que ha experimentado la Humanidad, frente a lo que sostuvo la ex Alcaldesa de Madrid Ana Botella, siempre han venido desde la izquierda. Desde la derecha se nos acusa a la izquierda muchas veces de superioridad moral. Yo estoy seguro de que la poseemos. Ningún gran líder mundial, ningún gran gobernante que haya conseguido avances y conquistas para su pueblo, ha sido nunca de derechas. Simplemente porque eso es incompatible. De tal forma que grandes nombres de la Historia como Simón Bolívar, José Martí, Mao Tse Tung, Mahatma Ghandi, Ernesto Che Guevara, Martin Luther King, Nelson Mandela, Fidel Castro, Hugo Chávez, y otros muchos, fueron indiscutiblemente de izquierdas...¿recordamos alguno que fuese de derechas?

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