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23 mayo 2017 2 23 /05 /mayo /2017 23:00
Fotografía: http://www.ecorepublicano.es/

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La Iglesia desafió a la Segunda República hasta acabar con ella. Por ello, el laicismo fue la primera víctima de la barbarie franquista

Gonzalo Puente Ojea

En el último artículo de esta serie ya habíamos comenzado a exponer, con un poco más de profundidad, las relaciones de la Iglesia Católica con el régimen franquista y su complicidad con el mismo, así como los privilegios concedidos, que llegan hasta nuestros días. Porque tras la muerte del dictador, los Acuerdos firmados con el Vaticano en 1953 fueron sustancialmente modificados por otros, firmados en Ciudad del Vaticano el 28 de julio de 1976 por el entonces Ministro de Asuntos Exteriores, el propagandista católico Marcelino Oreja Aguirre, y el Perfecto del Consejo para Asuntos de la Iglesia, el Cardenal Giovanni Villot. Con posterioridad se volverían a rectificar, tal como nos cuentan en este artículo que estamos tomando como referencia, firmando cuatro acuerdos entre España y la Santa Sede el 3 de enero de 1979, con total secretismo y alevosía cinco días después de la entrada en vigor de la Constitución del día 28 de diciembre de 1978 y publicándose en el BOE número 300 de 15 de diciembre de 1979. Dicho acuerdo, como decíamos, negociado en secreto y paralelamente a la discusión de los textos de la Constitución y de la redacción del polémico artículo 16 que garantizaba la libertad religiosa y de culto, sería ratificado por el entonces Rey Juan Carlos, tras la firma de nuevo de Marcelino Oreja y del Cardenal Villot. Dichos acuerdos eran referentes a asuntos jurídicos, culturales y de enseñanza, asuntos económicos y de asistencia religiosa, además de multitud de disposiciones de difícil digestión democrática, como podrían ser las relacionadas con la conservación de patrimonio e inmatriculaciones, financiación de fondos públicos, actividades doctrinales y comerciales o régimen de exención de impuestos, lo que podríamos considerar como un paraíso fiscal legalizado. 

 

El Estado, mediante dicho acuerdo, se seguía comprometiendo a colaborar con la confesión católica en la consecución de su adecuado sostenimiento económico a través de los Presupuestos Generales, asignándole un porcentaje del rendimiento de la imposición de renta que actualizará anualmente, y que estará exenta de recortes independientemente de la situación de las arcas públicas, lo que no se respeta igualmente en el caso de servicios públicos como la enseñanza, la sanidad, las pensiones o la asistencia social. Todo ello ya lo hemos desarrollado extensamente en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", proyectado a nuestros días, que recomiendo a los lectores y lectoras que no la hayan seguido. Lo que nos interesa sobre todo destacar, en lo relativo al franquismo, es la expresión del corpus de pensamiento que la Iglesia difundió a sangre y fuego, y que se ha dado en llamar el nacionalcatolicismo. Este pensamiento recogía básicamente (además del propio dogma católico) una férrea y machista concepción del papel de la mujer, así como una activa homofobia y un enfrentamiento radical hacia los modelos de familia que se alejaran de la clásica concepción religiosa y nuclear. A tal respecto, sobre las mujeres se ejerció una brutal represión (como afirma la historiadora andaluza Pura Sánchez Sánchez) que conforma una categoría relevante, diferenciada de la ejercida sobre los hombres, y que no debe entenderse, por tanto, como una simple variante de la represión masculina, sino como un fenómeno que tiene sus rasgos propios. 

 

A las mujeres se las reprimió, básicamente, por haber transgredido el modelo tradicional femenino que el nacionalcatolicismo quería perpetuar acabando con los avances obtenidos durante la Segunda República. La Iglesia Católica y los retrógrados gerifaltes franquistas eran acérrimos enemigos de los avances en la libertad sobre el papel de las mujeres en la sociedad, sobre su autonomía y su protagonismo. Así que el retroceso sobre lo conseguido durante la República fue brutal. Su humillación pública, con castigos diferenciados y concretos que no se aplicaban a los hombres (separación de sus hijos, rapado del pelo, hacerlas tragar aceite de ricino...), responde a los patrones de una sociedad patriarcal, de cuya moral se erigían en defensores no sólo la Iglesia, sino los sublevados que provocaron la Guerra Civil. Y el otro colectivo que sufrió como ningún otro las tropelías de la Iglesia fue el infantil, ya que los niños y niñas en edad temprana y adolescente eran recluidos en internados, donde se les infligían torturas y malos tratos, obedeciendo la famosa máxima de que "la letra, con sangre entra". A este respecto, el documental "Los internados del miedo", realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis, recoge aterradores testimonios de abusos físicos, psíquicos, sexuales y laborales durante la dictadura, e incluso los primeros años de la democracia. A este respecto, recomiendo a los lectores y lectoras el artículo al completo de Brais Benítez, del medio La Marea (que incluye el vídeo del propio documental), que nosotros vamos a tomar aquí como referencia. 

 

Centenares de miles de niños y niñas pasaron gran parte de su infancia, si no toda ella, encerrados en internados religiosos y centros de beneficencia durante el franquismo. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio de las paredes de estos internados. Los testimonios que han podido recabar los autores del documental citado destacan por su extrema crueldad, y evidencian la impunidad que las órdenes eclesiásticas disfrutaban. Malos tratos a unos menores que no tenían ninguna forma de defenderse, ni de denunciar su situación ante ninguna instancia. El régimen alegaba que dichos internados fueron creados para acoger a niños de familias desestructuradas, pero lo que no sacaba a la luz eran las aberrantes prácticas que ocurrían dentro. Algunos de los afectados dan fe en el documental de la explotación laboral a la que fueron sometidos. Los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, les quemaban el culo con velas, les restregaban ortigas por sus órganos genitales, o les hacían practicar felaciones a los curas, entre otras muchas barbaridades. Les daban una comida infecta, y si vomitaban les obligaban a comérselo. Todo aquéllo, como es lógico suponer, ha creado secuelas terroríficas en muchos de aquéllos niñas y niños de la época, hoy ancianos y ancianas. Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Este tipo de abusos tuvieron su auge durante las décadas de los años 60 y 70, pero incluso llegaron hasta principios de los 80. La Ley de Amnistía de 1977 permitió que muchos presos políticos salieran a la calle, pero no alcanzó a liberar a estos niños, que continuaron encerrados en estos centros del horror y la tortura. 

 

Montse Armengou se ha expresado en los siguientes términos: "El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de los casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque sus padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera". Todo ese conjunto de casuísticas y circunstancias permitieron la extensión del fenómeno de los internados, donde como decíamos, miles de pequeños y pequeñas hubieron de resistir los más viles e infames tratamientos. Y continúa Armengou: "Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó textualmente para proteger a la mujer caída o en riesgo de caer; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas". A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o Centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Y en sentido general, más allá de estos centros, es decir, extrapolando el fenómeno a los centros educativos de carácter religioso, siempre se caracterizaron por su rigidez de disciplina, por su enorme adoctrinamiento y por la transmisión de los más retrógrados valores. Continuaremos en siguientes entregas.

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22 mayo 2017 1 22 /05 /mayo /2017 23:00
Vientres de Alquiler: ¿Prohibición o Regulación?

Ni existen mujeres ricas o famosas que gesten para hombres de clase trabajadora, ni existen personas pobres que puedan permitirse un vientre de alquiler, por lo que es obvio que estamos ante una explotación de los privilegiados sobre las oprimidas. Ser padre o madre no es un derecho. Puedes serlo o no, pero en ningún caso te ampara como ciudadano o ciudadana un derecho elemental para tener descendencia

Barbijaputa

La constante tendencia del capitalismo a mercantilizar todos los aspectos, necesidades y derechos de la vida humana, parece no tener límites, y la última hornada de prácticas en este sentido afecta a lo que hemos venido en llamar "Vientres de alquiler", o más técnicamente, "Gestación subrogada". La consideración del cuerpo humano como un objeto de explotación del que se puede obtener beneficio (desde el tráfico de personas al completo, pasando por el tráfico de órganos humanos, y ahora por la gestación de un bebé para otros padres) está en la base filosófica y política del asunto, aunque muchos quieran hacernos entender otro enfoque distinto. Para el capitalismo todo puede ser comprado, vendido, troceado, enajenado o separado de su poseedor o de su legítimo destinatario. Y desde este punto de vista, los famosos "mercados" no ofrecen escrúpulos en introducirse en cada vez más necesidades humanas, para intentar gestionarlas como un negocio. Se apoyan falazmente en los avances científicos y tecnológicos, sin detenerse a pensar en los aspectos éticos de dichas transacciones económicas. Y así, la globalización económica amenaza con una mercantilización absoluta y descontrolada de todas las facetas de la vida, donde el cuerpo humano es la última frontera. A esta frontera bien podríamos llamarla "Explotación reproductiva", donde el caso de los vientres de alquiler viene a ser su última manifestación. 

 

Por tanto, detrás de las campañas cada vez más insistentes para normalizar y regularizar esta práctica, se esconde simplemente una expresión más del pensamiento y de la práctica neoliberal de la vida. Lo primero que nos hace notar Gloria Fortún en este artículo es que la designación sobre "Vientres de alquiler" es imprecisa, pues no se alquila sólo el vientre, sino la mujer entera. Durante nueve meses de "gestación subrogada", se alquilan sus cuerpos, sus sentimientos, sus experiencias, su dedicación, su tiempo. Durante ese período las mujeres se convierten en posesiones de las personas contratantes (y de las empresas intermediarias, si es el caso), quienes tienen derechos de propiedad sobre ellas, durante todo el tiempo del embarazo. Los defensores de esta práctica alegan que la regulación debe huir de todo lucro económico, pero es un claro oxímoron que si existen empresas dedicadas, lo vayan a hacer por amor al prójimo. Por otra parte, también hacen alegatos muy conmovedores hacia la sensibilidad emocional, reclamando el derecho de unas hipotéticas parejas a contar con toda la tecnología al alcance de realizar sus sueños de ser padres y madres. Reclaman la libertad de las mujeres a hacer lo que les plazca con su cuerpo, y claman por la realización del sueño de formar una familia para los contratantes del "servicio". Despliegan toda una falaz mística de las emociones, para intentar legitimar una práctica que en el fondo es una manifestación más de la violencia contra las mujeres. 

 

Parece claro que desde una posición feminista y anticapitalista, no podemos estar a favor de esta regulación de la explotación reproductiva que supone la práctica de los vientres de alquiler. No podemos estar a favor ni tolerar un sistema que mercantiliza hasta las capacidades humanas más elementales, donde la venta de la capacidad sexual o reproductiva puede llegar a ser cuestión de supervivencia para muchas mujeres. Quede claro que no estamos en contra de la existencia de las diversas técnicas de reproducción asistida, las cuales han sido desarrolladas por los avances médicos y biológicos. Pero sí estamos en contra de que estas técnicas supongan el apoyo científico que conviertan en un mero negocio el vientre de las mujeres y su gestación. La gestación subrogada, por muy elegante que se le presente, no es más que una industria más ligada al afán capitalista de obtener beneficios económicos en todas las facetas de la vida, y de todos los derechos humanos fundamentales. Ya lo consiguieron con la vivienda, con el trabajo, con la educación, con la sanidad, y continúan intentando hacerlo con subsiguientes aspectos. Y como expresa Antonio Gómez Movellán en este artículo: "Los vientres de alquiler constituyen una práctica donde los ricos del mundo utilizan a las mujeres de los países pobres y a las clases inferiores como criadoras para tener hijos genéticos. Es un retorno al principio del patriarcado, donde las mujeres son meras criadoras". Y añade que esta práctica de bebés ha sido realizada durante siglos por las órdenes religiosas, y hoy se realizan mediante prácticas de reproducción asistida en clínicas de México, Rumanía, Polonia, Ucrania o la India, que son los países donde más ha florecido este negocio. 

 

Y así, las personas más pudientes acuden a clínicas estadounidenses, donde un bebé puede costar en torno a 150.000 dólares, mientras que las clases medias van a la India o a Ucrania, donde suelen costar la mitad. Justificar este negocio en la libertad de las mujeres es un absoluto despropósito. Y concluye Gómez Movellán: "No estamos hablando de igualdad, ni de liberación ni de emancipación, estamos hablando de patriarcado y explotación bajo la apariencia de la libre decisión". Porque ya sabemos que el neoliberalismo disfraza sus atentados contra la humanidad bajo la apariencia de nuevos derechos: derecho a la libre elección de centro de enseñanza, derecho de los padres a elegir la educación de los hijos, y en este caso, derecho a que yo (mujer) pueda hacer con mi cuerpo lo que quiera, cuando en realidad lo que se esconde es otro mensaje diferente, que bien pudiera ser: "Déjame que yo exprima libremente a los que no pueden elegir como yo". Es decir, la máxima del neoliberalismo que aboga porque los privilegiados del mundo hagan lo que les apetezca sin límites, obstáculos, impedimentos ni cortapisas, aprovechándose de que la inmensa mayoría social no puede elegir como ellos. Lo vemos en el mercado laboral, en el mercado sanitario, y en muchos otros, donde la mano de obra o los productos o servicios más baratos, procedan de donde procedan, y se fabriquen como se fabriquen, y bajo cualesquiera condiciones denigrantes (para las personas, los animales y el medio ambiente), tienen prelación sobre todo lo demás. 

 

Se trata de un debate similar al de la prostitución (de hecho Gómez Movellán califica a la práctica de los vientres de alquiler como la "hermana pequeña de la prostitución"), en el que los neoliberales intentan convencernos de que las mujeres que la ejercen la eligen libremente, cuando todos sabemos que la inmensa mayoría de las mujeres prostituidas lo hacen porque han sido engañadas y están siendo controladas por perversas mafias que se enriquecen con su esclavitud sexual. De esta forma consiguen invisibilizar el problema que se esconde detrás de la prostitución, que no es otro que el de mujeres pobres sin otra alternativa vital, que sufren violencia de múltiples formas. Los que defienden los vientres de alquiler utilizan el mismo discurso, los mismos razonamientos. Por tanto, no caigamos en las trampas del discurso neoliberal, y al igual que nadie cuestiona que no esté permitida la venta de órganos humanos, concluyamos que no es lícito ni ético alquilar un cuerpo de mujer durante nueve meses, con todas sus consecuencias, para quedarse después con el bebé nacido de dicha gestación, y todo ello por dinero. ¿Es eso lo que queremos regular? ¿Tan bajo hemos caído como civilización? ¿En tan poco han quedado nuestros valores? ¿Hasta cuándo vamos a ceder en los intentos de mercantilizar todas las manifestaciones, actividades y derechos humanos? 

 

No es el derecho de una determinada pareja (de cualquier orientación sexual, que no hay que hacer discriminaciones) o persona individual (familia monoparental o monomarental) a ser padres y madres lo que se discute, pues ese derecho no existe, y además la opción de la adopción siempre está disponible. El derecho reconocido bajo una sociedad justa y avanzada es el correspondiente a los niños y niñas ya nacidos/as a tener una familia, pero por ellos, por los niños, no porque los adultos tengamos derecho a ejercer la paternidad o maternidad. Sin embargo, bajo una sociedad como la nuestra, donde la pobreza infantil crece a un ritmo insoportable, se plantea la "necesidad de regular" la práctica de los vientres de alquiler. Otra muestra más de la decadencia de nuestra sociedad capitalista, insensible a la protección de los derechos más elementales, pero proclive a la introducción del negocio en todas las vertientes. Porque como muy bien nos sugiere Judith Bosch en este artículo, defender aquí el uso de vientres de alquiler en nombre de la libertad es como defender que deje de prohibirse en el ámbito laboral sobrepasar cierto número de horas extra, trabajar sin medios de seguridad, rechazar vacaciones, etc. Porque claro, como "cada uno puede hacer lo que quiera"... Es el imperio de la ley del más fuerte, de la sociedad salvaje, del individualismo por encima de todo. Todo lo cual es justo la esencia del neoliberalismo. 

 

Y luego también, por supuesto, está el argumento determinista, que más o menos se enuncia así: "Estas prácticas existen. Se pueden ocultar o no, legalizar o no, así que o se regula ya sobre ellas, o las mafias seguirán sacando tajada de las más pobres". Son las mismas que dicen que "la prostitución es el oficio más viejo del mundo", o que "Ya que el asesinato existe desde hace miles de años, mejor legalizarlo o los asesinos seguirán escondiendo cadáveres" (tomando de nuevo un símil de Judith Bosch con el que estamos muy de acuerdo). Por tanto, la pasividad, torpeza, cobardía e impotencia de una sociedad para enfrentarse con graves problemas, sean éstos locales o globales, no puede convertir a dicha sociedad en más perversa aún de lo que ya sea. No puede defenderse la idea de que la gestación subrogada sea un contrato o acuerdo entre personas que libremente satisfacen sus necesidades. Es una perversa lectura que obvia las desigualdades de base de la sociedad. La práctica de los vientres de alquiler es un acuerdo, claro está, pero entre una persona adulta que quiere o necesita dinero (o se le ha inculcado que su útero es un bien social a disposición de los demás) y otra persona adulta que no puede gestar de manera natural, tiene dinero y se le ha inculcado que ser padre o madre es un derecho. Se vulnera por tanto la dignidad de la mujer, en varias dimensiones.

 

Y aún tenemos que denunciar otra falacia en relación con este asunto, que es el de la donación de semen u óvulos, en su comparación con el vientre de alquiler. Porque no podemos comparar el hecho de donar células de nuestro cuerpo con el hecho de ceder nuestro cuerpo. La donación de células u órganos para trasplantes (en vida o después de la muerte) no altera la dignidad de ninguna persona, como sí lo hace el alquiler de un útero, es decir, del cuerpo femenino, durante los nueve meses que dura un embarazo, con todo lo que ello comporta. Y la criatura resultante de dicho vientre alquilado, evidentemente, tampoco puede donarse, por lo cual el asunto de la gestación subrogada supera todos los límites éticos y jurídicos que podamos imaginar. Es hora por tanto de poner límites a la voracidad capitalista neoliberal. Es hora de enfrentarse a la devastación que dicho sistema genera en las vidas humanas, en el profundo desprecio que vierte hacia los más elementales derechos humanos, y es hora de enfrentarse a este indecente patriarcado que lleva desde hace muchos siglos cosificando y despreciando el cuerpo y las capacidades de las mujeres. ¡Basta de violencia, de explotación y de mercantilización con los cuerpos de las mujeres! ¡Basta ya de tanta retórica libertaria sobre derechos que no existen, para legitimar las aberrantes prácticas capitalistas! ¡NO a la regulación de los vientres de alquiler!

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21 mayo 2017 7 21 /05 /mayo /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://critica24.com/

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El discurso de los medios de comunicación, en particular los estadounidenses, es la retórica del terror, de la guerra. Presentan a quienes disienten de la política, de la cultura o las creencias dominantes como enemigos

Vicente Romano

En el artículo anterior de esta serie ya nos centramos un poco en el enorme peligro que representa para el pacifismo mundial el Gobierno de los Estados Unidos, y más aún con su nuevo mandatario, el magnate Donald Trump. En esa entrega nos centramos en los aspectos energéticos y climáticos y su relación con las guerras y los conflictos armados, pero hay mucho más. Los discursos de Trump durante su campaña electoral, y los que ha pronunciado siendo ya Presidente de la primera potencia mundial, son absolutamente escandalosos. Como nos indica Trevor Tim en este artículo del medio The Guardian recogido por eldiario.es en traducción de Lucía Balducci, Trump ha alardeado de que reinstaurará la tortura, la técnica del "waterboarding" y "cosas mucho peores". Ha hablado de asesinar a las familias inocentes de los terroristas, anunciando abiertamente al mundo entero que cometerá crímenes de guerra. Ha hablado por teléfono con diversos líderes mundiales, la mayoría de las veces sembrando la incertidumbre y las posibilidades de conflicto. Y Trevor Tim se pregunta con gran acierto y preocupación: "¿Quién lo detendrá cuando quiera cumplir sus escalofriantes promesas?" Hace pocas semanas hacía estallar en Afganistán la llamada "madre de todas las bombas" de categoría no nuclear, y su continuo hostigamiento hacia Corea del Norte (asunto del que hablaremos enseguida) no cesa durante estos últimos días. 

 

Con respecto a la ilegal prisión de Guantánamo, Trump no sólo dijo que la mantendría abierta (continuando con docenas de prisioneros bajo un limbo legal), sino que advirtió que le parece bien enviar a ciudadanos estadounidenses arrestados en suelo estadounidense a cumplir misiones militares institucionales. El magnate neoyorkino reconvertido en Presidente también prometió "bombardear todos los países de Oriente Medio" (ha criticado muchas veces el Acuerdo Nuclear con Irán), y tendrá también en su poder la capacidad mortífera de miles de inocentes que le proporciona el programa de drones secreto de la CIA, ya usado de forma masiva por su antecesor Barack Obama. Y quizá lo peor de todo, Trump también tendrá acceso a un impresionante arsenal nuclear, que sólo él podrá activar. En palabras de Trevor Tim: "Sólo podemos imaginar qué horrores nos deparará el mandato del Presidente Trump, pero lo que sí sabemos a ciencia cierta es que tendrá a su disposición todas las herramientas para causar estragos en nuestro país y en el mundo entero. Lo tendríamos que haber visto venir, y tendríamos que haber puesto en marcha dispositivos de seguridad para limitar el daño que podía causar". Y sentencia: "Ahora puede ser demasiado tarde". Nos vamos a centrar a continuación en el escabroso asunto de Corea del Norte, que también representa actualmente un foco caliente de conflicto. La sucesión de declaraciones, hostigamientos, lanzamientos de pruebas con misiles, y otros elementos añadidos al latente conflicto, se están disparando durante las últimas semanas. 

 

Parece ser que para Washington, bajo esta era Trump, ha llegado la hora de usar la fuerza contra Corea del Norte, en una más de las clásicas decisiones unilaterales con que Estados Unidos y sus peligrosos gobernantes tienen acostumbrados al mundo. Pero Corea del Norte es un caso especial. Desde siempre, el pequeño país asiático se ha declarado enemigo del imperialismo norteamericano, y ha mantenido su firme actitud de no convertirse en perrito faldero del mismo, como hace su vecino del Sur, Japón y muchas otras potencias mundiales. Ni siquiera acepta la amigable actitud de China, quizá su mejor aliado internacional. Corea del Norte se ha mostrado desde siempre decidida a continuar cultivando su programa nuclear, y uno de sus componentes es el desarrollo de armas atómicas. Pero como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio HispanTV, que tomamos como referencia para este asunto: "Tal como Israel (que posee entre 300 y 400 artefactos nucleares), que no es firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear, que agrede constantemente a sus vecinos, que ocupa territorio palestino, y sin embargo goza de prebendas, apoyo y complicidad de Washington, en una hipócrita doble moral que hay que desvelar constantemente". En efecto, y como en tantas ocasiones, la hipocresía estadounidense se pone de manifiesto de forma escandalosa. De entrada, queremos alinearnos claramente y sin fisuras bajo el prisma pacifista, y por tanto, desaprobamos la escalada nuclear y armamentista de Corea del Norte, ya que entendemos que este país debería defender su derecho a la soberanía y a la independencia del bloque estadounidense y sus aliados desde otras acciones. 

 

Pero desde su tamaño y posición, y contando con una comunidad internacional mayoritariamente aliada de Washington y de las potencias occidentales, y bajo unos foros mundiales absolutamente corrompidos y desnaturalizados (nos estamos refiriendo sobre todo a la ONU, dominada también por el poder de veto de unas pocas potencias)...¿Qué otra cosa se puede hacer si se pretende resistir al poderío estadounidense? Estamos queriendo decir que no justificamos la actitud de Corea del Norte, que no podemos hacerlo desde el enfoque pacifista, pero que entendemos perfectamente que este pequeño país, en el pleno ejercicio de su soberanía, y únicamente para acciones defensivas, se haya decantado por su clara hostilidad hacia Washington y sus aliados. Como nos explica Jofré Leal en el referido artículo, el eje principal del conflicto con Pyongyang es la decisión del Gobierno de Kim Jong un de llevar adelante su programa nuclear --con base en su programa de misiles como sistema vector transportador principal-- que involucra la fabricación de armas nucleares, bajo la divisa que sólo una Norcorea fuerte y con poder de disuasión puede hacer frente a la decisión de Washington y sus aliados de desestabilizar a esta nación asiática y derrocar un Gobierno basado en una estructura dinástica, consolidada tras la Guerra de Corea entre los años 1950-1953 que dividió la península a partir del paralelo 38 como límite político, ideológico y económico. Un programa que se sustenta en la disuasión nuclear y la defensa de su soberanía. Hasta ahora, el gobierno estadounidense ha decidido aplicar presión económica y diplomática contra Corea del Norte, junto a sus aliados regionales Japón y Corea del Sur, definiendo al gobierno de Pyongyang como "la amenaza más peligrosa y urgente para la paz y la seguridad en Asia Pacífico", según palabras del Vicepresidente estadounidense Mike Pence, pronunciadas recientemente a bordo del portaaviones USS Ronald Reagan frente a las costas japonesas. 

 

Como siempre, el Gobierno norteamericano se empeña en ejercer sin ninguna autoridad ni reconocimiento su papel de gendarme mundial, ante la pasividad de sus aliados y del resto de la comunidad internacional, que se limitan a denunciar la escalada verbal amenazante de ambos declarados enemigos. Y nosotros nos preguntamos: ¿No sería mejor y más adecuado que fuera el foro de Naciones Unidas quien ejerciera ese papel de forma democrática? Si de verdad tuviéramos una serie de foros internacionales realmente democráticos, no solamente la presión hacia Corea del Norte sería mayor y más efectiva, sino que además poseería la legalidad y legitimidad que lógicamente no posee cuando es sólo algún actor el que de forma unilateral se declara en líder del proceso. Mike Pence aún añadió: "Quienes desafíen nuestra determinación o preparación deberían saber que venceremos cualquier ataque. Estados Unidos siempre buscará la paz, pero con el Presidente Trump, el escudo está en guardia y la espada está lista". No parecen palabras muy conciliadoras, sobre todo viniendo del país que con diferencia mayor número de ataques, guerras y conflictos armados ha desatado en toda la historia de la humanidad. Y por otra parte, como señala Pablo Jofré Leal, difícil resulta creer que la búsqueda de esa paz, que tanto proclama el gigante norteamericano, vaya acompañada de la puesta en escena de toda una ingente maquinaria bélica que incluye portaaviones, cruceros, destructores, submarinos, la alerta de las fuerzas militares estadounidenses estacionadas en Corea del Sur, y que al amparo del acuerdo militar firmado con ese país, toman el mando de las fuerzas militares surcoreanas en caso de guerra. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 mayo 2017 4 18 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Uno de los defectos del fundamentalismo de mercado es que nunca prestó atención a la distribución de los ingresos, ni a la idea de una sociedad buena o justa

Joseph Stiglitz

Continuamos examinando las características de lo que se ha venido en denominar "fundamentalismo de mercado", ya que si bien es una versión extrema, cruel y abyecta del capitalismo, actualmente impregna la arquitectura de las instituciones sociales, políticas y económicas mundiales. Ese y no otro es el verdadero significado que se esconde detrás de la también famosa palabra "globalización". Una globalización que ha consistido únicamente en la universalización de los procesos de liberalización, desregulación, privatización, dando ese fanático protagonismo a los mercados sobre todos los demás elementos de la economía. Esto resulta especialmente evidente en Europa, donde la Troika (CE, FMI y BCE) viene imponiendo una serie de radicales reformas fundamentalistas de mercado como condición previa al "rescate" de los países en dificultades. En realidad, el fundamentalismo de mercado no es más que un secuestro democrático y político, una anulación de la soberanía y de la democracia, ejecutado desde las élites políticas, sociales y económicas, que ha agravado profundamente la desigualdad. Está demostrado que el segundo factor más importante que ha provocado el rápido aumento de la desigualdad es la excesiva influencia de las élites en la política, las ideas, las instituciones y el debate público, influencia que dicha élite utiliza para garantizar que se protejan sus propios intereses en lugar de defender los de la sociedad en su conjunto. 

 

¿Pero quiénes son realmente "los mercados"? ¿Quiénes forman esas élites que nos gobiernan? El sistema económico basado en el neoliberalismo ha sido diseñado desde hace tiempo por diversos autores alineados bajo lo que se conoce como "la escuela de Chicago", y quizá el mayor pacto internacional donde registraron sus tesis en forma de compromiso fue el no menos famoso "Consenso de Washington", que nosotros ya tratamos en este artículo. Los mercados no son entes abstractos, oscuros, indefinidos, invisibles, inaccesibles. Los mercados son personas, organizaciones e instituciones reales, concretas, con nombres y apellidos, que están detrás de las operaciones y decisiones económicas y políticas que se adoptan diariamente. Las élites las conforman aquéllos que están situados en lo más alto de la jerarquía social, económica o política, pues todas esas facetas se relacionan entre sí formando una intrincada tela de araña donde muy poco se escapa a su poder. Las élites económicas suelen utilizar su poder para influir en las decisiones políticas gubernamentales, y el debate público (puesto en circulación sobre todo desde los grandes medios de comunicación) subsiguiente, de forma que todo ello favorezca una concentración de la riqueza aún mayor. La regla es bien sencilla: el dinero compra la influencia política, y las personas más ricas y poderosas utilizan dicha influencia para afianzar aún más su poder y sus privilegios. De este modo, una diabólica espiral va creciendo en favor de estos poderosos personajes, grupos o instituciones, cuyo poder (como ya afirmábamos en el primer bloque temático de esta serie, dedicado precisamente a ellos) se dispara sin control. 

 

Otras élites no económicas, como los políticos o los altos funcionarios, aprovechan con frecuencia su influencia y acceso al poder para enriquecerse y proteger sus intereses. Son los verdaderos parásitos de la sociedad, que viven a costa del poder de otros, convirtiéndose en sus fieles perros de confianza, y en sus más viles vasallos. En muchos países no resulta inusual que los políticos dejen el Gobierno habiendo amasado enormes fortunas personales. Procesos de corrupción, puertas giratorias y otros indecentes mecanismos diseñan y proyectan la arquitectura de una sociedad consagrada al poder de los más fuertes, en detrimento de la inmensa mayoría social. En muchas ocasiones, las élites políticas utilizan el Estado para enriquecerse, a fin de mantenerse en el poder y amasar grandes fortunas mientras están en el Gobierno. Y ello ocurre hasta en las más altas instancias, como Reyes, Jefes de Estado o Presidentes. Utilizan el presupuesto público del Estado como si fuese suyo, para lucrarse a nivel individual y privado. Las élites no económicas también suelen unirse a otras élites en beneficio de ambas. Y así, las élites de los países (tanto ricos como pobres) utilizan su mayor influencia política para beneficiarse de las decisiones de los Gobiernos, en forma de exenciones fiscales, contratos privilegiados, concesiones de tierra y subvenciones, mientras presionan a las Administraciones Públicas para bloquear aquéllas políticas que puedan fortalecer las posiciones de los trabajadores o de los pequeños productores, o aumentar la progresividad fiscal. 

 

Al estar todo interrelacionado, esta escasez de ingresos fiscales limita la inversión del Gobierno en sectores como la educación pública y la atención sanitaria, que podrían contribuir a reducir la desigualdad. La sociedad de este modo se vuelve cada vez más injusta, más insolidaria, más despiadada, más bárbara, más salvaje. La justicia social brilla por su ausencia, y la casi nula redistribución de la riqueza dispara las desigualdades hasta límites insoportables. Por todo ello hablamos, y así hemos titulado esta serie de artículos, de "Arquitectura de la Desigualdad". Muchas de las que hoy son las personas o familias más ricas del mundo amasaron sus fortunas gracias a las exclusivas concesiones, favores y privilegios gubernamentales y los procesos de privatización que acompañan al fundamentalismo de mercado. Por ejemplo, la privatización masiva en Rusa y en Ucrania tras la caída del falso "comunismo" que allí existía convirtió a la élite política residente en multimillonaria de la noche a la mañana. O por ejemplo, el  multimillonario mexicano Carlos Slim (que normalmente compite con el norteamericano Bill Gates, del imperio Microsoft, por el puesto de persona más rica del mundo en el ránking de la revista Forbest) amasó sus muchos miles de millones garantizándose derechos exclusivos sobre el sector mexicano de las telecomunicaciones, cuando éste fue privatizado durante la última década del siglo XX. Dado que su monopolio impide que exista una competencia relevante (curioso en magnates que dicen defender el "libre mercado"), Slim puede inflar todo lo que desee los precios que impone a sus conciudadanos, de modo que el coste de las telecomunicaciones en México se encuentra entre los más elevados de los países de la OCDE. Posteriormente, Slim ha utilizado su riqueza para eludir los muchos cuestionamientos legales a su monopolio. Valga comentar también, como supongo que nuestros/as lectores/as conocen, que Slim es muy amigo del ex Presidente "socialista" Felipe González, promotor de todas estas políticas fundamentalistas de mercado en nuestro país, durante su larga etapa al frente del Gobierno (1982-1996). 

 

Y otro país que podemos poner como perfecto ejemplo de lo que contamos es la India, ya que a pesar de ser un país asolado por la pobreza, la cantidad de milmillonarios locales ha aumentado, pasando de únicamente 2 personas a mediados de la década de 1990 a más de 60 en la actualidad. Un considerable número de milmillonarios indios han amasado sus fortunas en sectores que dependen en gran medida de exclusivos contratos y permisos gubernamentales, como el sector inmobiliario, la construcción, la minería, las telecomunicaciones y los medios de comunicación. Un estudio realizado en 2012 calculó que al menos la mitad de la riqueza multimillonaria de la India procedía de dichos sectores económicos. El patrimonio neto de los milmillonarios indios bastaría para erradicar dos veces la pobreza absoluta en el país, pero sin embargo, el Gobierno sigue sin destinar suficientes fondos públicos al gasto social dedicado a los servicios públicos, y a la recuperación de los sectores más vulnerables de la población. Por ejemplo, el gasto público per cápita en sanidad en la India durante 2011 fue de sólo el 4% del promedio de los países de la OCDE. Las consecuencias de todo ello son fácilmente previsibles y fáciles de diagnosticar: las desigualdades sociales se han elevado, agravándose mucho más las diferencias entre los más ricos y los más pobres por una parte, pero también hundiendo en la miseria y en la pobreza más absoluta a los más desfavorecidos. Como podemos comprobar, la historia se repite y se multiplica en muchas partes del mundo, pero siempre reproduciendo los mismos esquemas básicos: una minoría poderosa y parásita se enriquece a costa de los privilegios que les conceden los políticos de turno, y ello se traduce en más riqueza para ellos, y más pobreza para el pueblo. En una palabra: más desigualdad. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 mayo 2017 2 16 /05 /mayo /2017 23:00
Imagen: vestigios del callejero franquista que hay que remover

Imagen: vestigios del callejero franquista que hay que remover

Este cronista está convencido de que hasta que no se entierre muy hondo la más leve traza de franquismo, en tanto no nos desprendamos totalmente de toda sombra de la dictadura y sus protagonistas y cómplices principales no sean juzgados, rindan cuentas y se reparen daños, este país no avanzará nunca

Xavier Caño Tamayo

Sobre el uso del término "Desapariciones forzosas" que de manera interesada se está introduciendo en la terminología de la Memoria Histórica democrática en España, convendría señalar que la desaparición forzada de personas es un tipo del Derecho Penal Internacional no vigente aún durante la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista, que existe sólo a partir de 2006 y que entró en vigor en 2010, con lo que hablar sobre la figura de los detenidos/as-desaparecidos/as es un elemento más de confusión añadido al debate, que tiene por consecuencia sustraer a las víctimas del marco de acción de la justicia, y por ende, no poder hablar de reconocimiento jurídico. Este matiz nos parece de primordial importancia si lo que se quiere es una recuperación de los valores democráticos que, por desgracia para la historia de España, en el período que va desde la Revolución Francesa de 1789 y hasta nuestra Constitución de 1978, sólo existieron en el breve intervalo en que estuvo en vigor la Constitución de la Segunda República. Ello permite también hablar con responsabilidad, seriedad y rigor de los tipos de delitos cometidos por el régimen franquista. El plan de exterminio de la oposición política puesto en marcha mediante la fijación de blancos y las instrucciones al aparato de justicia y las fuerzas del orden, es lo que desgraciadamente nos permite afirmar hoy que se cometieron crímenes contra la humanidad.

 

Y ello debido a haberse perpetrado actos de tortura, encarcelamiento arbitrario, detención ilegal, asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, trabajos forzados, persecución por motivos políticos, etc., de manera sistemática y a gran escala (todo lo cual determinaba el delito de genocidio, como ya hemos expuesto en entregas anteriores). Estas categorías penales que vienen del derecho internacional, pero que son de obligada aplicación por el derecho interno y que nuestros tribunales ya han aplicado a crímenes cometidos durante la dictadura militar argentina, están claramente explicadas en el referido Informe NIZKOR, cuyo resumen estamos tomando como referencia. Se trata de crímenes imprescriptibles y no amnistiables. Por eso es importante preservar todas las pruebas de los mismos, tanto documentales como testimoniales y materiales, lo cual está realizándose actualmente en un juzgado argentino (cuya titular es la jueza María Servini de Cubría), ante la desidia, indiferencia y multitud de trabas expresadas por la justicia española. De hecho, la llamada "querella argentina contra el franquismo" es la única pieza judicial de cierta envergadura que actualmente tiene visos de estar ejecutando un digno trabajo en favor de las víctimas de la represión franquista. Es una de nuestras vergüenzas "democráticas", ante la cual Mariano Rajoy no se cansa de presumir de que ha dedicado "0 euros" de presupuesto, y en los mítines de proclamar que "¿A quién le importa Franco, el Valle de los Caídos o la dictadura?", a más bochorno de las miles de víctimas y de familiares aún vivos en la actualidad. 

 

La recuperación de la Memoria Histórica, el conocimiento de lo acaecido durante cuatro décadas de nuestra reciente historia pasa no solamente por honrar la memoria de las víctimas, sino también por hacerles justicia, y desde los poderes públicos, facilitar el acceso a la justicia y al debido proceso, independiente e imparcial, de las víctimas y los familiares de las víctimas del franquismo. La naturaleza de los crímenes cometidos está ahí, independientemente de si nuestros tribunales lo reconocen o prefieren considerar como válidas determinadas leyes que garantizan la impunidad, como la Ley de Amnistía de 1977, denunciada por Naciones Unidas, y que son contrarias a la legalidad internacional, y al debido proceso en torno a los derechos de las víctimas. Como crimen internacional, la naturaleza del crimen contra la humanidad y las condiciones de su responsabilidad son establecidas por el Derecho Internacional con independencia de la que pueda establecerse en el derecho interno de los Estados. Esto significa que el hecho de que el derecho interno del Estado no imponga pena alguna por un acto que constituye un crimen de lesa humanidad, no exime de responsabilidad en Derecho Internacional a quien lo haya cometido. Y ante ello, nuestros indecentes gobernantes y autoridades juegan al despiste, a la inacción, a la ocultación de información, en una palabra, a la complicidad con un régimen genocida que avergüenza nuestro pasado y nuestro presente, mientras no se concedan la debida justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición. La deuda con el pasado ha de ser saldada. Mientras no lo hagamos, continuaremos con el déficit social y democrático que nos caracteriza. 

 

Vicenç Navarro lo ha expresado en los siguientes términos: "Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de información hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy en España, y que explica que el Estado Español haya condenado a una persona a un año de cárcel por haber insultado la memoria del Almirante Carrero Blanco, segundo en la jerarquía en el Estado dictatorial, después del propio dictador". Pero hagámonos de nuevo una pregunta fundamental: ¿Quién fue el aliado ideológico principal de la dictadura? La respuesta está clara: la Iglesia Católica. Hemos hablado de las relaciones y del papel de la Iglesia durante la República, la Guerra Civil y la dictadura en varios artículos de esta serie, pero ahora lo haremos con un poco más de profundidad. Las relaciones económicas (que son las fundamentales, pues son las que les conceden directa e indirectamente todos sus privilegios) entre el Gobierno y la Iglesia fueron fijadas en el Concordato firmado por la dictadura de Franco con el Estado del Vaticano en 1953. Las normas de ese acuerdo sufrieron variaciones con la llegada de la "democracia", pero en esencia continúan siendo económicamente (y en el resto de facetas) muy rentables para la Iglesia. Concretamente, el acuerdo firmado en 1953 atribuye a la Iglesia el disfrute de la "exención total y permanente de la contribución territorial urbana" para templos, capillas, conventos, residencias de obispos, canónigos y sacerdotes y aquéllos locales destinados a oficinas de la curia diocesana y a oficinas parroquiales. 

 

En lo que sigue tomamos como referencia parte del artículo de José Aguza Rincón publicado recientemente en la web de Europa Laica, que explica grosso modo la historia de los conciertos del Estado con la Iglesia Católica, así como su relación de privilegio frente a otras instituciones. El Concordato español de 1953 reconocía que el Estado Español se comprometía a sufragar los gastos de las actividades de la Iglesia y otorgarle privilegios legales, políticos, económicos y fiscales, a cambio de la potestad de Franco (además de pasear en todos los actos religiosos bajo palio) para nombrar obispos, y el apoyo de ésta a su autárquico régimen para facilitar su reconocimiento internacional. Entre los privilegios recibidos por la Iglesia estaban las exenciones fiscales (que llegan vergonzosamente hasta nuestros días, después de décadas de gobiernos "socialistas"), subvenciones para el mantenimiento de su patrimonio, restauración y construcción de nuevos edificios, el derecho a fundar estaciones de radio y publicaciones de libros, prensa y revistas, censura de material cultural (libros, prensa, radio, cine, música, etc.), matrimonios canónigos obligatorios para todos los católicos, monopolio en la enseñanza de la religión en las instituciones educativas tanto públicas como privadas, o la exención del servicio militar para el clero, lo que dejaba muy clara la confesionalidad católica del Estado. Y así, el exagerado protagonismo de la Iglesia Católica junto con el régimen fascista y genocida al que ésta apoyaba, configuraron cuatro décadas de siniestra dictadura, centrada en la manipulación ideológica, y en el culto a una serie de valores machistas, patriarcales, discriminatorios y totalitarios absolutamente denigrantes. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 mayo 2017 1 15 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Lo que acecha, conviene tenerlo en cuenta, es la consecuencia natural de esta Europa neoliberal en crisis: la norteamericanización de la vida pública europea. La UE es, cada vez más, la anti-Europa, una Europa no europea sino norteamericana y bajo hegemonía alemana: sistemas políticos gobernables donde los que mandan y no se presentan a las elecciones controlan férreamente a una clase política sin proyecto ni ideología y obligan a los electores a elegir entre la derecha y la mano izquierda de la derecha. Elegir siempre entre variantes de un mismo tipo de capitalismo y poner fin a la historia. ¿Qué historia? La del movimiento obrero organizado y la de los derechos sindicales y laborales; la de los grandes partidos de masas, la del control del mercado y del capital financiero, la del Estado social, es decir, la especificidad de una Europa permeabilizada por 150 años de lucha de clases, por durísimos conflictos sociales y nacionales, por dos Guerras Mundiales, por la esperanza de construir una sociedad de hombres y mujeres libres e iguales comprometidos con la emancipación

Héctor Illueca y Manolo Monereo

Nunca una derrota fue tan necesaria ni una victoria tan amarga. Ojalá este dolor sirva para que Francia sepa reinventar su revolución francesa, su Comuna de París, su resistencia y, como ocurrió con La 9 y la División de LeClerc, entremos juntos a liberar nuestros países de los enemigos de ayer ahora que ya sabemos que obedecen órdenes de los mismos amos

Juan Carlos Monedero

El declive democrático de nuestro Viejo Continente se hace cada vez más palpable. Las opciones políticas se van centrando cada vez más en el "sota, caballo y rey", es decir, en los diferentes estilos de gestionar el neoliberalismo, unos más brutales y otras más suaves. Prácticamente la totalidad de las fuerzas políticas que se presentan en cada elección (como ha sido el caso francés recientemente) suelen representar al arco de la derecha política, social y mediática, en diversos grados, y además suelen complementarse con opciones falaces y engañosas llamadas típicamente "centristas", y que ofrecen más de lo mismo. Las opciones políticas que representan a la izquierda transformadora se vuelven cada vez más ausentes, o representan unas opciones mínimas frente al gran pastel de la derecha. A este pastel se unen también las opciones de ultraderecha o derecha extrema, como el FN de Marine Le Pen en el caso francés, a las que el pueblo vota por desidia, por despecho o por venganza con respecto a la actuación de otras fuerzas políticas que ya gobernaron en el pasado. De esta forma, se configura un panorama electoral europeo ciertamente desolador, donde no tienen cabida (y si la tienen es preocupantemente minoritaria) las opciones que de verdad pudieran suponer planteamientos rupturistas y transformadores respecto a los modelos económicos que nos gobiernan. 

 

Esto es lo que justamente acaba de ocurrir en el país galo: "Libertad, Igualdad y Fraternidad" eran los tres sublimes principios heredados de la Revolución Francesa, las tres patas donde se sostenía la República Francesa (al menos en teoría), los puntales de su fundación. Ahora, bajo el mandato del recién electo Presidente Macron (un convencido neoliberal), ¿podemos seguir afirmando que estos principios se aplicarán, o ya formarán parte de una vieja y vacía retórica? De entrada, las campañas electorales y los propios medios de comunicación que las difunden son las primeras armas engañosas de cara a los mensajes que recibe el conjunto de la ciudadanía. Para la segunda vuelta (ya había sido descartado Jean-Luc Melènchon, el único contendiente que representaba a la izquierda transformadora), ambos proyectos (el de Enmanuelle Macron y el de Marine Le Pen) se presentaban como antagónicos, incompatibles, radicalmente diferentes, cuando no es verdad...¿Acaso no defienden ambos el capitalismo? ¿Acaso no representan diferentes grados del mismo sistema económico? ¿No son acaso ambos proyectos una continuación de lo que ya existe? Porque incluso podríamos valorar como positivas algunas propuestas del Frente Nacional, como la instauración de una moneda local francesa en coexistencia con el euro, o la celebración de un referéndum para la salida de la Unión Europea, pero si a ellas les sumamos el carácter racista, xenófobo y autoritario del resto de propuestas de Le Pen, se convierte en una opción absolutamente descartable. 

 

Pero para los medios de comunicación eran proyectos antagónicos, lo cual confunde a la ciudadanía y difunde engañosos mensajes en torno al propio fondo de los mismos. La obsesión por presentar como distintos y alternativos a dos o más proyectos políticos (como en nuestro país hacen los medios con PP y PSOE) es una de las mejores conquistas del capitalismo, que deforma y socava la más elemental democracia, derivando al pueblo mediante la influencia del pensamiento dominante para decantarse, en el fondo, por un abanico de posibles opciones...iguales. De esta forma, el capitalismo (en su versión actual de un descarnado neoliberalismo) se disfraza, se presenta como un conjunto de opciones alternativas, nos engaña y nos muestra su faz más inteligente. Y se disfraza ofreciéndonos su cara amable, que es ese amago de democracia que padecemos, esa democracia burguesa, un sistema en el que todo el mundo puede, más o menos, opinar y votar lo que quiera, siempre que los grandes empresarios y banqueros decidan las políticas de los respectivos Gobiernos. Macron y Le Pen son dos piezas, dos peones de este infernal sistema. De esta forma, se elige siempre entre lo malo y lo peor, o entre lo malo y lo menos malo. Se elige entre la forma más cruel o la más suavizada de gestionar el capitalismo. En palabras de José López: "El capitalismo necesita aparentar cierta democracia para evitarla, para que la ciudadanía legitime en las urnas la dictadura camuflada que en verdad es". Las verdaderas opciones de izquierda (como la que representaba Bernie Sanders en Estados Unidos o Melènchon en Francia) son atacadas y silenciadas, con tal que únicamente prevalezcan las opciones más inofensivas para el sistema. 

 

Los líderes de la Unión Europea se mostraban preocupados por el crecimiento electoral de la ultraderecha, incluso preguntándose públicamente la causa de dicho fenómeno, ocultando descaradamente a la ciudadanía que es el propio sistema quien fomenta su crecimiento. Atilio Borón lo ha expresado magníficamente: "No puede haber Estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público, del cual los medios son su "sistema nervioso", no está democratizado. Son los medios quienes "formatean" la opinión política, imponen su agenda de prioridades, y en algunos casos --no siempre-- hasta fabrican a los líderes políticos (...) que habrán de gobernar. La amenaza a la democracia es enorme porque un sistema de medios altamente concentrado y hegemónico consolida en la esfera pública un poder oligárquico (...) que, articulado con los grandes intereses empresariales y con el imperialismo, puede manipular sin mayores contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos de signo conservador o reaccionario, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático". De esta forma, se configura a nivel europeo (y mundial) un sistema de gobernanza supranacional, controlado por esta mafia que no se presenta a las elecciones en ningún país, pero que ejerce el poder de facto. Retomo las palabras de José Carlos Bonino: "En la actualidad la industria mediática es un aparato ideológico creado con el objetivo pedagógico de darle legitimidad al Gobierno Mundial. Este gobierno mundial que comúnmente decimos que es el 1%, está conformado por el complejo militar-industrial, el sistema financiero, su brazo armado que hace la guerra pregonando la paz y el poder mediático a sus servicios que le da legitimidad política y cultural". 

 

El declive y la decadencia democrática están de este modo garantizadas. Porque incluso si en algún país triunfa electoralmente alguna opción pretendidamente de izquierdas, ya se encargarán las propias instituciones europeas y sus indecentes líderes de condenarlo al fracaso, amenazando a sus gobernantes con provocar el caos en el país si no se atienen a sus designios. Es justo lo que ocurrió en Grecia. Se vota por políticos que no tienen poder real, o que no poseen la valentía suficiente como para enfrentarse de verdad al sistema. Nuestras democracias son fachadas ilusorias, y el voto ciudadano ha sido despojado de todo su valor. JD McGregor lo expresó de forma muy gráfica: "No tenemos la elección del plato pero tenemos la elección de la salsa. El plato se llama "nueva esclavitud", con salsa de derecha pimentada o salsa de izquierda agridulce". El reciente caso francés lo ilustra perfectamente: el republicanismo ha sido despojado de sus auténticos valores, que tanto molestaban a las élites francesas y europeas en general. Molestaban el tamaño y la dimensión del Estado, los derechos sociales de la ciudadanía, los mecanismos de regulación del mercado, y las conquistas laborales del movimiento obrero. El republicanismo tenía que ser desmontado, y prácticamente lo han conseguido. Y es que las élites dominantes, como plantean Héctor Illueca y Manolo Monereo en este artículo, llevan años intentando imponer un nuevo régimen político contra la Francia republicana. El Partido Socialista francés (como el PSOE en España) lleva años inmolándose mediante sus continuos engaños y traiciones. Y así, han engendrado a un político como Macron, que viene a poner fin al régimen republicano francés, es decir, que viene a demoler lo poco que ya quedaba en pie del sistema de derechos y libertades que respondían a la trilogía de la Revolución. 

 

La tendencia actual es a la "norteamericanización" del sistema político europeo, cuyos principios ya expresara magníficamente Noam Chomsky: "En Estados Unidos sólo existe el partido de los negocios, con dos facciones, los demócratas y los republicanos". Los ejes izquierda-derecha se minimizan, se difuminan, sus fundamentos se pierden, se amalgaman entre un rosario de propuestas que dicen no abonar ninguno de los dos campos, y así, el mensaje que se ofrece a la ciudadanía es que las ideologías ya no sirven para nada. El nuevo Presidente Macron ha sido empujado, llevado en volandas por las élites francesas y europeas como la mejor opción para convertir la República francesa en una nueva República del capital con todas sus consecuencias. Se pretende mayor predominio de la gran empresa, así como una devastación absoluta de las conquistas sociales y laborales que el movimiento obrero ha arrancado durante siglos de lucha sindical. Y lo han hecho sacudiendo el espantajo de la extrema derecha, atizando el miedo social a un fascismo europeo que encarna la lideresa del FN, y que les ha venido de perlas para alcanzar su objetivo. Olga Rodríguez en este artículo lo ha expresado en los siguientes términos: "De cara a la galería el neofascismo puede salvar al capitalismo de sus propias contradicciones, temporalmente, desempeñando el trabajo más sucio, el papel de poli malo, cediendo al otro el espacio del mal menor, el del consuelo, poniendo en bandeja la amenaza". Y así, muchos ciudadanos y ciudadanas en Francia han acudido al voto a Macron con la nariz tapada, y muchos otros no han votado, o lo han hecho mediante un voto en blanco. Pero el fantasma del fascismo volverá, pues se alimenta de la propia indignación de los condenados por el mercado, y de nuevo saldrán las élites dominantes a infundirnos el miedo a la ultraderecha, para volver a salvar sus muebles. Mientras, todo cambia, para que todo siga igual, es decir, en la involución democrática, en el triunfo del neoliberalismo, en el "fin de la historia".

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14 mayo 2017 7 14 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: Alex Falcó

Viñeta: Alex Falcó

Estados Unidos y la Unión Europea, con la inestimable ayuda y respaldo de la OTAN, se han vuelto expertos en desencadenar nuevos tipos de contiendas; instigan y provocan lo que se vienen llamando revoluciones populares, claro está, en países perfectamente escogidos para sus propios intereses, y con dicha justificación, se lanzan a la conquista del universo, como patrocinadores (encima) de los derechos humanos

José Luis Vázquez Domènech

Y es que el nuevo peligro mundial, en cuanto a las guerras y el terrorismo se refiere, se llama Donald J. Trump. Ya escribimos sobre él en este artículo y en este otro artículo de nuestro Blog, a los cuales remito a los/as lectores/as interesados/as. Y es que aún habiendo proclamado hasta la saciedad en sus mítines de campaña electoral de hace pocos meses que desarrollaría un plan de amistad con Rusia y que intentaría sofocar los focos actuales en conflicto, lo cierto es que ha irrumpido en la Casa Blanca como elefante en cacharrería, reproduciendo de forma amplificada los belicosos comportamientos de todos sus precedesores. Recomendamos en primer lugar a continuación los planteamientos de Jorge Majfud en este artículo para el medio Rebelion.org, donde se cuestiona la pregunta fundamental que deja al descubierto la hipocresía de este personaje: ¿De verdad quiere usted salvar vidas humanas? El artículo se centra sobre los bombardeos en Mosul y sobre la base aérea de Siria, después de que se conociera la noticia de que el régimen de Siria (hecho que aún no ha sido demostrado) había atacado a su población con armas químicas. Enseguida salió la vena policial y vengativa estadounidense, esa que se empeña en enseñar al mundo cómo hay que hacer las cosas, y quién es el líder y el gendarme mundial. Ese líder mundial es Donald Trump al frente de la criminal Administración norteamericana, empeñado en inundar al mundo de petróleo, aunque se incendie todo el planeta, como denuncia Michael T. Klare en este artículo para el medio TomDispatch traducido por Carlos Riba García para el medio Rebelion

 

La nostalgia de Donald Trump por las energías contaminantes nos lleva directamente al camino del infierno, algo propio de una Administración gobernada por generales y multimillonarios. ¡Menos mal que había personas que consideraban a Donald Trump un antisistema! ¡Menudo antisistema! En la introducción a dicho artículo, Tom Engelhardt ponía algunos ejemplos de los elegidos por Trump para su nueva Administración, y sus respectivos planes para demoler el sistema: "Betsy Devos, la favorecida por el presidente electo para la secretaría de Educación, quiere hacer pedazos la educación pública; Tom Price, el futuro secretario de Salud y Servicios Humanos, está impaciente por desmantelar el Obamacare y el Medicare; Scott Pruitt, que ha sido propuesto para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), parece desear el despedazamiento total de esa Agencia; y el candidato a la nueva secretaría de "Trabajo" (es verdad que esto hay que ponerlo entre comillas), el CEO de la comida rápida Andy Puzder, está contra el aumento del salario mínimo y piensa que la automatización del puesto de trabajo es una ventaja total, ya que las máquinas no se toman vacaciones y nunca llegan tarde". Como vemos, una Administración absolutamente peligrosa y agresiva hacia los derechos fundamentales tanto de los humanos como de la naturaleza, la cual ni está ni se le espera, lógicamente, para los asuntos del pacifismo, sino todo lo contrario. ¿Están los estadounidenses en guerra? ¿Está la Administración Trump en guerra? Ciertamente. Lo están contra contra los trabajadores, y contra el medio ambiente, y contra los refugiados...en definitiva, están en guerra contra todo el planeta. 

 

De hecho, el lingüista y filósofo Noam Chomsky, uno de los sabios mundiales de mayor prestigio, ha definido al Partido Republicano estadounidense como "la organización más peligrosa de la historia de la humanidad", y pensamos que no exagera ni un ápice. Entre otras salvajadas y barbaridades, Donald Trump ha declarado que quiere volver a los tiempos en los que "Estados Unidos ganaba guerras". Y mientras exhorta al resto de países a tratar a USA con respeto, él insulta y menosprecia en cada declaración al país que se le antoje en cada momento. La pesadilla planetaria está por venir, y está asegurada mientras lideren el mundo personajes como Donald Trump. Su política energética es poco más que una lista de deseos formulada por las mayores empresas de explotación de combustibles fósiles. Acaba de autorizar el seguimiento de la construcción del oleoducto que destruirá las tierras sagradas de los nativos Sioux, en el Estado de Dakota del Norte (Keystone XL y Dakota Access). De hecho, muchas de sus propuestas simplemente han sido extraídas directamente de las conversaciones con los más altos directivos de la industria de la energía y sus pródigamente financiados aliados en el Congreso. ¿Tendrá todo esto algo que ver con el pacifismo? ¿O acaso no llevamos argumentando durante toda esta serie de artículos que uno de los oscuros argumentos motivacionales para las guerras es la explotación de los recursos naturales de los diferentes países atacados e invadidos? ¿Tendrá la política energética entonces algo que ver con los conflictos armados? Muy ignorante o ingenuo hay que ser para no contemplar esta razón. 

 

Quizá la devastación mundial venga incluso antes que la deflagración provocada por cualquier arma nuclear, ya que la política del magnate estadounidense, en vez de reducirlo, favorecerá los efectos del cambio climático. Retomamos las palabras de Michael T. Klare en su artículo de referencia: "Si todas las propuestas de Trump resultan aprobadas, se disparará la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) de Estados Unidos, dando fin así a la disminución lograda en los últimos años e incrementando la velocidad del cambio climático global. Dado que otros importantes emisores de GEI, sobre todo India y China, se sentirán menos obligados a cumplir los compromisos asumidos en París si Estados Unidos no los respeta, lo más probable es que el calentamiento global aumente más allá de los 2º C por encima de los niveles de la era preindustrial que los científicos consideran que es lo máximo que el planeta es capaz de absorber sin que haya catastróficas consecuencias. Y si, tal como prometió, Trump revoca también todo un conjunto de regulaciones medioambientales y desmantela la EPA, gran parte del progreso logrado en los últimos años en la mejora de la calidad del aire que respiramos y el agua que bebemos sencillamente será eliminado y el cielo sobre nuestras ciudades y zonas suburbanas volverá a ser gris por la niebla tóxica y los contaminantes de todo tipo". El camino de la destrucción, como vemos, está siendo sembrado sin prisa pero sin pausa. Y el resto de naciones y organizaciones estamos siendo cómplices de dicha destrucción. Un mundo siquiera medianamente civilizado no debería tolerar que ningún dirigente mundial, sea del país que sea, pusiera en marcha políticas de destrucción ambiental de esta naturaleza, que nos afectan a todos. 

 

En resumidas cuentas, es a esa época saturada de dióxido de carbono a la que Trump sueña regresar, aunque ya está bastante claro que el único tipo posible de sueño que alguna vez puede salir de su conjunto de políticas será una pesadilla total, con temperaturas batiendo todos los récords, con las grandes masas de hielo cada vez más debilitadas, con las emisiones de GEI disparadas, con el uso masivo de fuentes energéticas contaminantes, ciudades costeras inundadas, bosques en llamas, grandes zonas desérticas, y tierras cultivables convertidas en páramos. La vida en nuestro planeta se volverá cada vez más insostenible, y a ello habrán contribuido unas políticas bárbaras y suicidas, que habrán demostrado de nuevo que los intereses del capitalismo se sitúan por encima de cualquier otra consideración, al igual que ocurre con los conflictos armados. El mundo entero se verá afectado por los delirios de "grandeza americana" de un estúpido magnate que será el máximo responsable (aunque no el único, todo hay que decirlo) de que aumenten los fenómenos climáticos extremos, y de que estemos más cerca del declive climático planetario. Sólo nos queda combatir estas tóxicas medidas con todas nuestras fuerzas, desde el convencimiento de que son los grandes agentes del capitalismo las que las provocan desde la defensa fanática e irracional de sus espurios intereses, las que provocan las guerras, el terrorismo, los conflictos armados, el odio, el rencor, la venganza, la destrucción, la pobreza, la miseria, la barbarie. En el fondo, todo es producto de unas mismas políticas, de un mismo modelo económico pernicioso, el modelo capitalista neoliberal, que continúa sus objetivos por cualquier medio que esté a su alcance, sin detenerse a pensar en las terribles consecuencias que provocará. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 mayo 2017 4 11 /05 /mayo /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (37)

La brecha de riqueza y poder entre un grupo pequeño de naciones que poseen y la mayoría de naciones que No poseen se está agrandando y haciendo más profunda. También dentro de cada nación se está agrandando y haciendo más profunda la brecha de riqueza y poder entre un pequeño grupo de poseedores y la mayoría de No poseedores. Dentro de las naciones y entre ellas el esplendor se construye sobre la miseria. La insaciable codicia de unos pocos amenaza ahora el medio ambiente, que es el cimiento sobre el que se asientan nuestras vidas. Una modernidad erigida sobre la destrucción del medio ambiente que hace posible la vida es barbarie

Ngũgĩ wa Thiong’o

Quizá debiéramos insistir en un mensaje que ya hemos enunciado durante toda esta serie de artículos, pero aún debemos repetirlo para que cale en las mentes de la inmensa mayoría social: muchas personas consideran que la desigualdad es un efecto necesario secundario, aunque desafortunado, de la globalización de nuestra época y de los continuos avances tecnológicos. Sin embargo, los distintos caminos emprendidos por determinados países, sus decisiones y los efectos que han provocado en sus respectivas poblaciones, refutan esta visión. Por ejemplo, Brasil (durante los Gobiernos del PT de Lula y Dilma) ha reducido la desigualdad a pesar de formar parte de un mundo globalizado, mientras que, en el mismo período, la desigualdad ha aumentado rápidamente en la India. Por cierto, ambos países forman parte del grupo de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), que se unieron para delimitar un bloque alternativo de poder a las grandes coaliciones occidentales, que imponen sus monedas y las políticas de sus organismos internacionales. El incremento de la desigualdad económica no es por tanto la consecuencia inevitable de unos factores económicos supuestamente elementales, ni el producto de una tendencia mundial irreparable, sino el resultado de decisiones económicas y políticas deliberadas. Existen dos factores económicos y políticos que son los que provocan fundamentalmente la desigualdad, y que explican en gran medida el grado extremo de desigualdad que existe en la actualidad. 

 

Esos dos factores son, a saber, el auge de una variante extrema del capitalismo, conocida como "fundamentalismo de mercado", y el secuestro democrático del poder y la influencia por parte de las élites económicas, como las empresas, que provoca una desigualdad aún mayor, ya que tanto las medidas políticas como el debate público se configuran para adaptarse a los intereses de los más ricos de la sociedad, en lugar de beneficiar a la inmensa mayoría de los ciudadanos. La combinación de estos dos elementos supone una peligrosa mezcla, un explosivo cóctel que incrementa enormemente la desigualdad económica. De las empresas y de su enorme poder ya hablaremos en un bloque temático independiente que ya expusimos en el índice de esta serie de artículos, así que aquí lo trataremos de forma más resumida. Hay que admitir que el capitalismo de los primeros tiempos de su desarrollo no era tan virulento como el de hoy, aunque sus principios de funcionamiento ya estaban diseñados. De hecho, con regulación, el capitalismo puede ser un motor que contribuya a impulsar con éxito la igualdad y la prosperidad. Durante los últimos 300 años, los Gobiernos han utilizado la economía de mercado para tratar de que cientos de millones de personas tengan una vida más digna, primero en Europa y América del Norte, y después en Japón, la República de Corea y otros países del sudeste asiático. Sin embargo, si no existe un control de sus mecanismos, el capitalismo puede provocar elevados niveles de desigualdad económica. 

 

Como ha demostrado Thomas Piketty en su reciente e influyente libro "El Capital en el Siglo XXI", la economía de mercado tiende a concentrar la riqueza en manos de una pequeña minoría, haciendo que la desigualdad aumente. No obstante, los Gobiernos pueden tomar medidas para corregir este defecto estableciendo límites a los mercados a través de la regulación y de la fiscalidad. Sin embargo, hasta ahora la voluntad política para establecer regulaciones a los mercados por parte de los Gobiernos ha sido nula. Y así, durante buena parte del siglo XX, en las sociedades ricas, la movilización eficaz de los trabajadores convenció a las élites de la necesidad de acuerdo con esta realidad, admitiendo la necesidad de llevar a cabo una fiscalidad, regulación y gasto social por parte del Estado para así mantener la desigualdad dentro de unos límites aceptables. Sin embargo, durante las últimas décadas, el pensamiento económico ha estado dominado por lo que George Soros definió como "el fundamentalismo de mercado", un enfoque que insiste en lo contrario al considerar que el crecimiento económico sostenido se produce al dejar a los mercados funcionar por sí mismos. La fe ciega en este enfoque ha impulsado significativamente el rápido incremento de la desigualdad de ingresos y de riqueza desde la década de 1980. Históricamente, los mercados regulados se han ido desvirtuando a través de los procesos de liberalización y privatización. Una desregulación que ha ido siempre en favor de los intereses de los grandes agentes económicos del capitalismo, y en contra de la inmensa mayoría social. 

 

Este fundamentalismo de mercado aumenta la desigualdad de dos formas: cambia los mercados existentes para que estén sujetos a una menor regulación, fomentando la concentración de la riqueza, y extiende los mecanismos de mercado a cada vez más ámbitos de la actividad humana, de modo que las disparidades de riqueza se reflejan en cada vez más aspectos de la vida de las personas, viéndose afectados los derechos humanos fundamentales. Durante las décadas de 1980 y 1990, los incrementos de la deuda pública de los Gobiernos llevaron a los acreedores (principalmente el FMI y el Banco Mundial) a imponer en países de todo el mundo un torrente de desregulación, privatizaciones, liberalización financiera y comercial, y rápidas reducciones del gasto público, que llegan hasta la actualidad. Además se acabó con la estabilización de los precios y se puso fin a otras medidas públicas de apoyo al sector rural. Las grandes empresas y los ricos se beneficiaron de generosos recortes fiscales, y se dio comienzo a una competición por debilitar los derechos laborales de la clase trabajadora. Al mismo tiempo, se eliminaron las regulaciones para la protección social (bajas laborales, desempleo, etc.), así como la legislación en defensa de la competencia que impedía los monopolios y las normas financieras de protección de los consumidores. Todo ello condujo paulatinamente a un escenario de "acumulación por desposesión" (en expresión de David Harvey), que inclinó la balanza hacia los más poderosos, hundiendo cada vez más en la pobreza y en la miseria a los trabajadores y trabajadoras de todas partes del mundo. 

 

Y como siempre ocurre, mientras beneficia a los más poderosos, el fundamentalismo de mercado afecta sobre todo e incide de forma negativa en los sectores más vulnerables de la población. Y así, los programas de "ajuste estructural" y las "reformas" del mercado se han vinculado estrechamente al deterioro de la posición relativa de la mujer en el mercado laboral, debido a que las mujeres se concentran en sólo unos pocos sectores de la actividad económica, además de a su menor movilidad y al papel que desempeñan en la economía de cuidados no remunerada. La combinación de discriminación de género y escasa regulación favorecida por el fundamentalismo de mercado ha limitado enormemente la capacidad de las mujeres (especialmente de las mujeres pobres) para beneficiarse de los frutos del crecimiento y la prosperidad o para progresar económicamente. Hoy día, las mujeres siguen concentrándose en empleos precarios, cobran menos que los hombres, y se ocupan de la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado. Asímismo, las mujeres son las principales beneficiarias de muchas de las normas laborales que el fundamentalismo de mercado ha minimizado o eliminado, como la baja por maternidad remunerada o el derecho a vacaciones. La eliminación de todas estas normas afecta en mucha mayor medida a las mujeres. Por otra parte, las mujeres y los niños son también los principales beneficiarios de servicios públicos como la atención sanitaria y la educación, que se ven radicalmente recortados mediante este ataque flagrante a los derechos y servicios públicos fundamentales. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 mayo 2017 2 09 /05 /mayo /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (22)

Y siguiendo el citado informe de referencia que estamos resumiendo (Equipo Nizkor, Federación Estatal de Foros por la Memoria y FAMYR), llegamos al escabroso asunto de las fosas comunes del franquismo. Los desenterramientos y exhumaciones que se hicieron y se siguen haciendo en España desde el punto de vista del derecho ordinario y desde el punto de vista del derecho internacional son ilegales. Si decimos que existe una fosa común en un determinado lugar y procedemos a desenterrar los restos, producimos efectos que no tienen reparación posible. El primero, que estamos desenterrando fuera de la legislación forense, lo cual ya sería un delito. Es fácil de entender, conforme a la legislación forense en vigor, que si aparece un cadáver en cualquier sitio, nadie ha de tocarlo hasta que llegue un forense judicial. El caso de una fosa es exactamente igual, por más que hayan pasado 70 u 80 años. Por otro lado, en la Unión Europea existe un protocolo de desenterramiento en los casos de crímenes graves, o sea, que no es lo mismo desenterrar a la víctima de un asesinato que desenterrar cadáveres de una fosa común. Hay una manera de desenterrar para probar que fue un acto de exterminio. Esta posibilidad probatoria se elimina cuando lo que se realiza es un desenterramiento ilegal. En este sentido, la "carrera" de exhumaciones ilegales en España probablemente tiene el objetivo de destruir aquéllas que podían constituir prueba fehaciente de los actos de exterminio sistemáticos, que son los que configuran el tipo penal de crímenes contra la humanidad, y que por tanto, no prescribirían. 

 

Cuando hablamos de fosas, estamos hablando de crímenes masivos, en concreto de los más graves crímenes que un Estado puede cometer contra cualquier sociedad, es decir, de crímenes de guerra, contra la paz y de lesa humanidad. Según la ley procesal española, su investigación y persecución corresponden a los juzgados de instrucción y tribunales penales españoles. La exhumación e identificación de víctimas, siguiendo lo dispuesto por el Auto del Tribunal Supremo de 28 de marzo de 2012 y tal cual resume en su comunicado oficial sobre el mismo el Consejo General del Poder Judicial, corresponde a los Juzgados de Instrucción de los lugares donde ocurrieron presuntamente los hechos. Con este auto se ha resuelto el problema de las posiciones contrarias a derecho existentes hasta el momento. Lo grave es que en nuestro país ha habido, y hay, cientos de desenterramientos realizados al margen de la ley, negando el derecho a la justicia a las víctimas, y tratándolas como meros restos arqueológicos y no como sujetos de pleno derecho. Parece entonces obvio que las exhumaciones y la identificación de víctimas del franquismo enterradas en fosas comunes, deben realizarse siguiendo procedimientos acordes con el Derecho Internacional sobre Derechos Humanos, es decir, han de realizarse en el marco de un procedimiento judicial válido, con todas las garantías forenses y del debido proceso propias del mismo. La Administración Pública (central, local o autonómica) podrá auxiliar a la Administración Judicial, pero jamás suplantarla bajo un Estado de Derecho. 

 

Entonces, ¿por qué las víctimas del franquismo han de tener un tratamiento distinto a cualquier otra persona? ¿Por qué se las vuelve a penalizar, negándoles los derechos que les asisten como víctimas de ejecuciones extrajudiciales, asesinatos, deportación, encarcelamiento, torturas y un largo etcétera, y un juicio justo con las debidas garantías? ¿Por qué se les niega su derecho a que los crímenes de que son víctimas sean investigados judicialmente, y en su caso, sus victimarios sean enjuiciados y condenados por los crímenes cometidos? Parece que es evidente que existen determinados intereses políticos que explican todas estas injusticias. Lo resuelto por ese Auto del Tribunal Supremo debería haber puesto fin a los desenterramientos ilegales, desenterramientos que llevan a la destrucción de pruebas de los crímenes cometidos por el franquismo. Este tipo de actividades han sido ampliamente difundidas por los medios y han contado además con la mayor parte de la financiación que, desde Moncloa, se distribuyó para estos fines "memorialísticos", de forma que los desenterramientos ilegales se han convertido, como ya hemos dicho, en el eje central que ha permitido la ocultación de la cuestión de fondo, esto es, el reconocimiento jurídico de las víctimas. La Ley de Memoria Histórica de 2007 ignoró deliberadamente dos normas en torno a este asunto (la Resolución de 2000 de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, y sobre todo, la Resolución de 2006, aprobada por la Asamblea General, relativa a Principios y Directrices básicas sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos, y de violaciones graves del derecho internacional humanitario), constituyendo la falta de voluntad política y la demostración objetiva de la nueva doctrina de impunidad e injusticia que impera en España. 

 

Bien, otro asunto que tenemos aún pendiente para la completa superación del franquismo es el reconocimiento oficial a la resistencia armada antifranquista, es decir, a los guerrilleros. Y es que en pleno siglo XXI, nuestra vergonzante realidad actual en el Estado Español, es que oficialmente a los guerrilleros y guerrilleras se les sigue asociando a la condición de bandoleros y terroristas (calificación por tanto no amnistiable ni siquiera por la preconstitucional Ley de Amnistía de 1977), ya que sus sentencias condenatorias franquistas siguen estando vigentes. Se trata de otro de los motivos por los que dicha ley debe ser derogada, y otro de los asuntos que reclaman verdad, justicia y reparación, anulando todos los juicios y condenas franquistas a estos guerrilleros de la resistencia. Durante años, y ante todos los Gobiernos democráticos, copados por el bipartidismo imperante, FAMYR, otras asociaciones y algunos diputados de los grupos parlamentarios de la izquierda, han reclamado el reconocimiento jurídico para estos héroes de la resistencia. Pero la realidad es que el Parlamento español ha rechazado todas las Proposiciones de Ley, enmiendas y preguntas parlamentarias presentadas, para que su equiparación a todos los niveles con los antiguos miembros de las Fuerzas Armadas oficiales republicanas fuera una realidad. Es una situación indigna, incomprensible, inaudita y absurda en otras democracias que también sufrieron pasados de carácter fascista, pero en las que hoy día se reconoce y honra a los guerrilleros de la resistencia. 

 

Los Archivos del franquismo son otro asunto pendiente para su plena superación. La desclasificación y catalogación de todos los archivos diplomáticos y de servicios secretos hasta la Transición y la introducción del régimen democrático es también una tarea pendiente. En España los archivos diplomáticos son considerados como secretos oficiales desde la Guerra de Cuba de 1898. Y por tanto, su acceso está restringido a historiadores y en determinadas condiciones. De hecho, ningún historiador/a tiene acceso completo a los archivos, sino que, por ejemplo en el caso del Ministerio de Asuntos Exteriores, se les coloca en una sala a la que les llevan determinados documentos que han solicitado. ¿Cómo es posible esto? Pues por la sencilla razón de que no existe un catálogo de los fondos realizado con criterios científicos, lo que obviamente, impide conocer todas las actuaciones del régimen franquista. Es necesario pues hacer un inventario de los archivos penales, judiciales, carcelarios, militares, de inteligencia, municipales, etc., y acometer su catalogación y reorganización con los sistemas tecnológicos actuales (lo que requiere evidentemente la necesaria inversión en medios humanos y materiales), pero aplicando parámetros que sirvan a la defensa de los derechos humanos, pues estamos hablando de los archivos de la represión, y asímismo, que sean de utilidad al sistema judicial español y al extranjero. Esto quiere decir que no sólo hay que catalogar y archivar, sino que hay que dejar listos esos archivos para que puedan ser usados judicialmente por los jueces o por los abogados de las víctimas. Es, de nuevo, una responsabilidad del Estado, de la cual no puede hacer dejación de sus funciones. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 mayo 2017 1 08 /05 /mayo /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

El trabajo es la principal actividad de nuestra vida. Nos preparamos para él desde pequeños. Nuestra escolarización está vinculada a él. Pasamos toda nuestra vida activa implicados en él. Sobre el trabajo reposa toda la sociedad. Sin él no habría comida, ni ropas, ni un techo, ni escuelas, ni cultura, ni arte ni ciencia. Realmente el trabajo es vida. Negar a alguien el derecho al trabajo no es sólo negarle el derecho a un mínimo nivel de vida; es privarle de la dignidad humana, separarle de la sociedad civilizada, hacer su vida inútil y sin sentido. El desempleo es un crimen contra la humanidad

Alan Woods y Ted Grant (“Razón y Revolución”)

Acabamos de celebrar la fiesta del Primero de Mayo, es decir, la Fiesta del Trabajo, y por toda España los sindicatos y organizaciones afines han denunciado, sobre todo, la tremenda precariedad laboral que nos invade. Mejores salarios, seguridad y dignidad han sido también reivindicaciones coreadas en las diferentes manifestaciones. Y es que hoy día, las condiciones laborales de una inmensa mayoría de trabajadores y trabajadoras (y de desempleados y desempleadas) son de auténtica miseria, esclavitud y explotación, después de las sucesivas reformas laborales llevadas a cabo por los gobiernos bipartidistas (PP y PSOE), todas ellas encaminadas a reducir la fuerza sindical, y a precarizar las condiciones del trabajo, empobreciendo a la inmensa mayoría social que ha de vivir vendiendo su fuerza de trabajo. Mientras, la supuesta "recuperación" sólo ha llegado a las cifras macroeconómicas, al PIB y a los beneficios empresariales. Esa recuperación que nos venden no llega a los parados, ni a las mujeres, ni a los pensionistas, ni a los inmigrantes, ni a las familias monoparentales. Los salarios no crecen, se estancan o disminuyen (es lo que llaman bajo el eufemismo de "moderación salarial"), mientras los precios suben. Las prestaciones por desempleo sólo cubren a la mitad de las personas desempleadas, ya que en vez de aprobar una prestación indefinida, se han elaborado absurdos itinerarios de prestaciones, con determinados requisitos y temporalidad. 

 

El panorama es pues ciertamente desolador. Las pensiones tienen cuantías miserables, mientras el Gobierno continúa con su indecente proclama de que "las pensiones están garantizadas" (¡faltaría más!), y de que con sus Gobiernos, "las pensiones subirán siempre"...lo que no dicen es cuánto...cuánta miseria moral y cuánta hipocresía hay que dejar caer para sostener tan viles argumentos. Necesitamos un Salario Mínimo Interprofesional, una Pensión Mínima y un Renta Básica Universal equiparadas en una cuantía suficiente y digna para garantizar un mínimo proyecto de vida. Hay que acabar también con la brecha salarial entre hombres y mujeres, recuperar la fuerza vinculante de los Convenios Colectivos, acabar con las Empresas de Trabajo Temporal (que se enriquecen mercantilizando la fuerza laboral de terceros), y dignificar el trabajo en todas sus dimensiones. Como ya enunciábamos en otro artículo de nuestro Blog: "No quiero un empleo, quiero un puesto de trabajo". Hemos de derogar la Reforma Laboral y la Reforma del Sistema Público de Pensiones (que tratamos a fondo en esta serie de artículos). Los datos son más que elocuentes e ilustrativos: el último informe de Oxfam Intermón sobre "Crisis, desigualdad y pobreza" advierte que "de continuar los recortes sociales, la pobreza en España podría llegar a afectar al 40% de la población en el horizonte de la próxima década", y según dicha ONG, la tasa de pobreza se situaría en el 24% de la población y afectaría a cerca de 11 millones de personas. Y según Cáritas, tres millones de personas en nuestro país vivirían ya en situación de pobreza severa (esto es, percibiendo ingresos inferiores a 307 euros al mes), mientras el número de millonarios en España habría aumentado un 13% en el último año, según datos de Eurostat. 

 

El economista Stuart Medina, en un reciente artículo para el medio InfoLibre, lo explica en los siguientes términos: "Las consecuencias de esta larga crisis han sido letales para las familias. Nuestra tasa de desempleo, más propia de un Estado fallido de África que de un país de la OCDE, sigue siendo de las más altas del mundo occidental. La tasa de desempleo juvenil, el colectivo más perjudicado por la crisis, sigue siendo superior al 42%, la más alta de Europa. Hemos perdido a una generación entera. Se han publicado abundantes datos que demuestran que muchas familias han descendido de clase social. Otro legado de la crisis es la tasa de desempleo de larga duración más elevada de Europa. Este fenómeno afecta sobre todo a ciudadanos mayores de 50 años. Entre ellos dos tercios llevan más de un año sin trabajar. Muchos no volverán a encontrar un empleo y por ello verán su nivel de vida reducido para siempre. A  la pérdida permanente e irreversible de renta se añadirá la injuria de que se les reconocerá una pensión menor a la que habrían disfrutado de haber podido seguir trabajando. No es admisible ninguna complacencia ante la magnitud de la tragedia". De hecho, muchas personas aún jóvenes para realizar sus trabajos u ocupaciones están ya prácticamente fuera del mercado laboral, porque éste los relega por edad, por actitud o por reciclaje, y además los condena sin prestación económica alternativa. Simplemente, el tren de la crisis los ha arrollado por completo, y se ven obligadas a subsistir de empleos bajo economía sumergida, o bien a depender de la familia y los amigos. Ello ha disparado también el número de personas indigentes, así como la tasa de suicidios en nuestro país. 

 

El caso de los jóvenes es aún más sangrante. Muchos de ellos han perdido toda esperanza de encontrar una oportunidad laboral mínimamente digna en su país, que les permita emanciparse y emprender un proyecto de vida autónomo. Se ven obligados a continuar dependiendo de sus padres, o bien a exiliarse laboralmente (algo que alababa de forma grosera e indecente el Ministro de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis), desconectando por la fuerza de su tierra, de su familia y de su gente. Todo ello implica además en muchos casos que nunca podrán hacer realidad ninguna aspiración personal legítima: desarrollar una carrera, mantener una relación de pareja estable, emanciparse y establecer su propio hogar, tener hijos, llevar un nivel de vida materialmente digno, etc. Y mientras todo ello ocurre, los principales ejecutivos de las multinacionales que cotizan en el IBEX-35 ganan 116 veces más que el salario medio de sus propios empleados. Las estadísticas también indican que 600.000 hogares no cuentan actualmente con ningún ingreso regular. Hacienda considera que los beneficios empresariales crecerán un 10% de media durante el presente año 2017, aumento que no se trasladará a la clase trabajadora. Por su parte, estimaciones de las organizaciones empresariales consideran que el 77% de las empresas obtendrá beneficios a final de año, lo cual es el mejor dato desde el año 2009. Y frente a estos datos, la patronal española propone un aumento salarial del 1 ó 2%. Hacienda también nos cuenta que hay cerca de 200.000 contribuyentes que declaran un patrimonio superior al millón de euros.

 

Así, las cosas, uno de los balances de esta era Rajoy es no haber conseguido ni un sólo empleo fijo neto (desde el año 2011), tal como nos relata Vicente Clavero en este artículo para el medio Publico. Clavero nos ofrece datos reflejados en la última Encuesta de Población Activa (EPA), que confirman hasta qué punto la creación de empleo de la que tanto presumen se está sustentando en la precariedad laboral. De hecho, nuestro país añade parados, destruye empleos y rebaja la actividad a su tasa más baja desde el año 2006, y los/as nuevos/as trabajadores/as cobran un 24% menos que los ya empleados. Bien, pues ante todos estos argumentos, a nuestro Presidente del Gobierno parece que sólo le preocupa una meta. Ante una realidad social tan amarga, Rajoy se olvida de la corrupción, de los recortes sociales, de las privatizaciones, etc., y se centra en la economía para afirmar sin despeinarse y con el más absoluto descaro que "Hay que perseverar en la política económica que tan buenos resultados está dando", y que "Si seguimos haciendo las cosas bien (sic), en el año 2020 podemos llegar a los 20 millones de ocupados". La falacia es absoluta, total, completa, redonda. La deformación de la realidad es tan sutil que nos vende como un logro algo que no sólo será complicado de alcanzar, sino que incluso aunque se alcanzara, no representaría ninguna mejora para la clase trabajadora, sino todo lo contrario. ¿Qué quiere decir Rajoy con esta afirmación? ¿Que existirán 20 millones de personas en algún registro de empleo en algún momento que figuren como que están "contratados" por una determinada empresa? ¿Y qué? ¿Y dos meses después? ¿También será esa la estadística? ¿Tendremos de verdad 20 millones de personas con sus problemas resueltos?

 

¿Tendremos de verdad 20 millones de personas trabajando, en el pleno sentido de la palabra? ¿Habrá en efecto 20 millones de españoles y españolas con un contrato de trabajo digno, estable y con derechos? ¿O más bien habrá 20 millones de personas, en un mes determinado (a veces incluso menos, semanas o días), cotizando ridículamente a nuestro sistema público de Seguridad Social, sin tener previsiones en cuanto a su futuro, sin poder salir de la pobreza, sin disfrutar de la debida protección social? ¿Qué significa en realidad que "habrá 20 millones de ocupados"? Pues la verdad es que no significa nada, o si se quiere, que se vende humo, que se envían falaces mensajes a la ciudadanía, y que se juega con la ilusión de la gente, con la vida de las personas. Enunciar un objetivo de ese calado con las características y la evolución de nuestro mercado laboral es absolutamente indecente. Una estrategia al servicio de la manipulación mediática y electoral, para que los más ingenuos sigan depositando su confianza en la formación política más criminal y corrupta. ¿Para qué diablos queremos tener 20 millones de ocupados en un momento dado, cuando lo que se crea es empleo basura, inestable, sin derechos, sin salarios dignos, estacionales, de baja calidad y productividad? ¿Es ello de verdad una buena noticia? ¿De qué nos sirve que la estadística de un mes determinado nos diga que tenemos 20 millones de ocupados, si estamos ante toda una estrategia calculada de destrucción de empleo estable y con derechos, para transformarlo en empleo precario, inestable y esclavo? 

 

La falacia consiste pues en que, debido a la baja calidad de los empleos creados, a la volatilidad, inestabilidad y falta de protección social de los mismos, la estadística creada y mantenida al efecto no es una estadística real. En tiempos anteriores, cuando los contratos de duración indefinida eran mayoritarios en nuestro país (y se hablaba de "trabajo" en vez de "empleo"), si los puestos de trabajo crecían teníamos la seguridad de que la foto iba a ser fija, es decir, de que eran puestos de trabajo mínimamente estables, y que por tanto, las personas que estaban detrás de ellos iban a poder gozar de una vida mínimamente digna, desde el punto de vista económico (que se traduce en muchos otros puntos de vista). Ahora, debido a la falta de perspectiva laboral, y a la creciente inestabilidad de los empleos creados, el hecho de hablar de 20, de 30 o de 15 millones de ocupados no nos remite a ninguna realidad social concreta, pues anula el concepto de vidas dignas que debieran estar detrás de dichos millones de ocupados. La foto estadística de ahora es absolutamente volátil, de tal manera que no existe tendencia creciente, sino una interminable sucesión de subidas y bajadas del número de ocupados, sin proyección alguna de futuro. Y esto sí que marca una tendencia: la tendencia de la precariedad y de la desigualdad, donde 20 millones de ocupados no significan nada. 

 

Se trata, por tanto, de la consolidación paulatina de un nuevo modelo de sociedad basado en la sucesiva y constante precarización de la vida laboral, de la propia fuerza de trabajo, devaluando permanentemente tanto los salarios como el resto de las condiciones laborales, lo que se traduce en la acentuación de las diferencias y desigualdades sociales, y en la instauración y permanencia de modelos de vida precarios a todos los niveles. Porque no sólo la vida laboral es precaria, sino que esta precariedad se traslada al resto de los derechos sociales, y a la propia vida cotidiana de la clase trabajadora, que contempla con estupor, indignación e impotencia cómo se dificulta su acceso y cobertura de sus necesidades básicas, de sus derechos fundamentales y servicios públicos, todo lo cual contribuye a la instalación de un miedo sociológico en torno a la preservación de los puestos de trabajo, que incide además, lógicamente, en un incremento del poderío y de la hegemonía empresarial a la hora de continuar devaluando y precarizando las condiciones laborales. Las leyes han marcado el camino, un camino perfectamente definido bajo los objetivos del neoliberalismo, donde ya no existen derechos, protección, felicidad, seguridad o estabilidad, sino simplemente "20 millones de ocupados". 

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