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24 abril 2017 1 24 /04 /abril /2017 23:00
El PP es la charca

En realidad, el capitalismo es en esencia un robo legitimado; la corrupción es simplemente un efecto secundario de su estructura. El problema no está en la corrupción sino en el sistema que la produce

Marcelo Colussi

En multitud de ocasiones nos decía Esperanza Aguirre, esa lideresa pepera que siempre se va y nunca acaba de irse, que de todos los cargos políticos que ella había nombrado (más de 500, según propio testimonio), sólo dos le habían salido "rana". A tenor de lo ocurrido y destapado durante estos últimos meses, más bien tenemos que concluir que ella es la rana, ella es la protectora principal de la escandalosa corrupción de su partido, ella es la encargada de elegir a sus "batracios" preferidos, y su partido, el PP, es la charca donde nacen, se crían, actúan, se reproducen y mueren. El PP es ese partido corrupto por definición, ese engendro polìtico por antonomasia, esa charca fétida e infecta, esa maquinaria ponzoñosa de donde emerge la flor y nata del capitalismo más vil y descarnado, que es la propia esencia de la corrupción. Y es que después de los casos que todos conocemos, y cuya lista completa necesitaría varios artículos más (Pokemon, Auditorio, Palma Arena, Rus, Fabra, Púnica, Tarjetas Black, Gürtel, Baltar, Bankia, Rato o Brugal son algunos de los más conocidos) ha estallado el caso Lezo (en honor a Blas de Lezo, el famoso marino español del siglo XVIII), que implica al que fuera número 2 de la Administración Aguirre y posteriormente Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y hasta 12 detenidos más (entre ellos, un hermano del ex presidente madrileño). 

 

González ya venía siendo acosado por diferentes frentes (tales como el caso del conocido ático de Estepona, entre otros muchos, cuyo proceso de compra estudian los jueces), pero ahora, tras un minucioso y extenso registro por parte de la Guardia Civil tanto de la mansión como del despacho de González, así como de la sede de la empresa Canal de Isabel II, se ha procedido a dichas detenciones, acusando a Ignacio González de una extensa variedad de delitos contemplados en el Código Penal (prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo, fraude, falsificación documental y corrupción en los negocios). Esta "Operación Lezo" se centra sobre las oscuras actividades que llevó a cabo la mayor empresa pública de la Comunidad madrileña, Canal de Isabel II (con más de dos mil empleados/as), encargada de gestionar lo relativo al servicio público del agua para todos los madrileños. Concretamente, se centra en el saqueo que para las arcas públicas hayan podido suponer (estimado en más de 60 millones de euros) las diversas operaciones de adquisición de terceras empresas dedicadas a la gestión de los recursos hídricos situadas sobre todo en América Latina (República Dominicana, Haití, Colombia, etc.). La práctica habitual parece ser la de libro: adquirir empresas ruinosas a un precio de mercado bastante más alto que el estimado, para desviar comisiones ilegales, y enriquecer personalmente a los líderes y gobernantes de estas tramas corruptas. 

 

Y como decimos, la detención de Ignacio González se suma a la ya larga lista de políticos amparados por la lideresa Aguirre, y acorralados por la corrupción. Y es que decenas de alcaldes y cargos públicos del PP están involucrados directa o indirectamente en casos de corrupción. Ahora suelen distinguir eufemísticamente entre "meter la mano y meter la pata", para disculpar las torpes gestiones de algunos cargos públicos, y para intentar desviar el foco de atención sobre algunas prácticas, también corruptas. Porque incluso se han atrevido (en sus discusiones con su formación política muleta, como es Ciudadanos) a revisar los límites del concepto de corrupción, circunscribiéndolo a los casos donde haya existido enriquecimiento personal. Una distinción absolutamente absurda, pues el concepto de corrupción no sólo es que abarque mucho más que eso, sino que es completamente inherente a su forma de gobernar, a su manera de entender la política. Y así, las famosas "ranas" de Esperanza Aguirre ya incluyen a López Viejo, Granados, González, Figar, Victoria, Beltrán Gutiérrez, Jesús Sepúlveda, González Panero, Moreno Torres, y un largo etcétera de cargos públicos del partido de la carroñera gaviota. Porque la corrupción les acompaña desde el mismo momento de su llegada al poder, desde sus tomas de posesión. Porque la corrupción consiste simplemente en desvirtuar la política, en desenfocarla de su principal misión de velar por el interés general, para favorecer al interés particular de los gobernantes y sus allegados. 

 

La corrupción es la natural forma de actuar de la trama política-económica-mediática que nos gobierna, y que viene visibilizando Podemos en su "TramaBús". Bancos, grandes multinacionales, entidades públicas, se unen y entremezclan los intereses públicos con los privados, saqueando las arcas públicas en beneficio de los altos dirigentes de las mismas, y bajo la cómplice y servil colaboración de los políticos de turno, que luego ocuparán lujosos sillones en los respectivos Consejos de Administración de esas grandes compañías. Ese el el motivo para las privatizaciones, para los recortes, para las "liberalizaciones", para las "externalizaciones", que son los nuevos eufemismos bajo los que disfrazan sus indecentes planes y actuaciones. Es realmente una trama de intereses que configuran políticos y empresarios en detrimento del conjunto de la ciudadanía, con la colaboración especial de los grandes medios de comunicación, que aunque "destapen" los casos de corrupción, jamás cuestionan los grandes dogmas del sistema, ni ponen en entredicho sus propios mecanismos de actuación. Es una trama que está parasitando las instituciones, socavando la democracia, y expoliando los recursos públicos. La corrupción no es la excepción, es la norma. La corrupción no es aislada, es endémica. La corrupción no es la manzana, es el cesto. La corrupción no es la rana, es la charca. La corrupción no es una noticia puntual, sino nuestra decadente realidad cotidiana. 

 

Y el PP es el mejor paradigma de esa corrupción. Se trata de un partido que se ha comportado (y así está reconocido por los jueces) como una auténtica organización criminal, organizada para delinquir. El Presidente de ese partido es el Presidente del Gobierno. Como nos cuenta Francisco Garrido en este artículo, la actividad política del PP está íntimamente vinculada, estrechamente relacionada con su actividad delictiva, pudiéndose concluir que es su "modus operandi" natural, su manera de actuar por defecto. Hoy día son más de 400 los altos cargos procesados por actividades delictivas, entre los que se encuentran todos los antiguos tesoreros del partido, y gran parte de las distintas direcciones políticas locales, autonómicas y estatales de esta organización mafiosa. El mismo Presidente del Gobierno (y del partido), mientras dirige los designios del país, es responsable máximo orgánico y operativo de actividades (campañas electorales, congresos, sedes, etc.) que son causa específica de investigación criminal, e incluso aparece señalado como beneficiario directo de la financiación ilegal (mediante los famosos sobres). Y como Francisco Garrido expresa: "No es que el PP hiciera política para cometer delitos sino que cometió delitos como forma ordinaria de hacer política. Lo que caracteriza a una banda criminal no es que en ella coexistan diversas finalidades de la acción colectiva sino el que la organización es usada como instrumento en la comisión de delitos". Y concluye: "No es que los corruptos se aprovechen del partido es que es el partido el que aprovecha las conductas individuales de los corruptos". 

 

¿Cuál es la conclusión que podemos sacar de todo ello? No cabe otra: por sanidad democrática, por limpieza de la vida pública, por la recuperación de la misión y el control de las instituciones, el PP debería ser ilegalizado. Y lo absolutamente inexplicable en una sociedad democrática es que "ese partido al que nos referimos", es decir, el PP, esa formación política proyectada para delinquir, esa maquinaria de dopaje electoral y de corrupción endémica, no sólo lleve las riendas del actual Gobierno del país, sino que además persista en las diversas encuestas como formación política más votada. Es un claro síntoma de una sociedad decadente y alienada. Y es que asistimos, en palabras de Jesús García Gualdras, al "destrozo de la cultura de la honestidad". En una carta publicada bajo tal título en el medio Rebelion.org, nos describe textualmente cómo "Los representantes políticos se acaban constituyendo en cártel de intereses que se presentan a las elecciones, y gracias a las redes clientelares que van organizando, con la complicidad de las empresas de medios de comunicación, que son parte de la misma trama, consiguen instalarse en los centros de influencia". Toda una trama organizada con fines y medios concretos, bajo un disfraz político que dice mirar al interés general. Una sociedad madura, avanzada y democrática no puede soportar por más tiempo esta terrible situación. Hemos de tomar conciencia de la gravedad de la corrupción en nuestro país, y actuar en consecuencia dando la confianza a otras opciones políticas que al menos están pidiendo intentarlo. 

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23 abril 2017 7 23 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (47)

Los bombardeos [de Trump sobre Siria] sólo agravan los problemas y más si se deciden unilateralmente y se ejecutan al margen del derecho internacional. El fracaso de la ONU no justifica la “venganza” de Trump; al contrario, es la “venganza” de Trump la que colabora una vez más en la demolición del organismo internacional y, lejos de compensar su inutilidad introduciendo algún efecto estabilizador, dificulta aún más cualquier solución sobre el terreno. Es lo que ocurre con todos los actos cometidos contra el derecho y la ética política: que por eso mismo son tan destructivos como los que pretende combatir. Deberíamos tener ya suficiente experiencia histórica como para no pretender disfrazar una agresión ilegal de justicierismo moral. Todo lo que se hace al margen del Derecho se hace contra el Derecho. Y eso tiene consecuencias

Santiago Alba Rico, Carlos Varea y Loles Oliván

En muchos países occidentales, después de esta terrible oleada de atentados que estamos sufriendo, la escuela pública ha representado otro bastión para el adoctrinamiento contra los extranjeros. Lo relata Maite Moraza para el caso francés en este artículo para el medio Rebelion.org, y a él nos remitimos en lo que sigue. En Primaria, los compañeros de clase de las niñas musulmanas (nacidas o no en Francia) les dedican frases como: "Los que son como vosotras son los que han cometido los atentados de París, sois terroristas". Las voces de estas pequeñas niñas son acalladas por la intolerancia y la incomprensión de una sociedad alienada. ¿Qué está pasando pues en los colegios franceses, y que seguramente podamos extrapolar a las aulas de otros países "civilizados"? ¿Cuáles son los mensajes que escuchan los niños y los adultos dentro y fuera de los colegios? De momento, durante los días posteriores a los atentados, se han suprimido las actividades lúdicas y divertidas. No era momento de risas. Había que llorar a los muertos. Y durante las siguientes jornadas, se prepararon varias ediciones de revistas destinadas al público infantil, con información especial sobre los atentados, que los profesores repartieron, leyeron en clase, y que posteriormente los padres debieron revisar con sus hijos e hijas en casa. 

 

Se trataba, cómo no, de un reforzamiento de los mensajes que se difunden desde arriba, desde las más altas Instituciones del Estado, y que difunden el mensaje y la lectura que el pensamiento dominante quieren hacer sobre los hechos terroristas. Y por supuesto, los centros docentes, incluso a sus alumnos de más temprana edad, se encargan de adoctrinar en dichos enfoques, en dichas interpretaciones, en dichas lecturas. Así se aseguran de que cuando estos chavales lleguen a la edad adulta, serán perfectos hijos del sistema de su tiempo. No representarán grandes amenazas a la línea de pensamiento dominante, no se rebelarán ante él, no ofrecerán dudas, se limitarán a continuarlo como borregos. Unos borregos, eso sí, muy nacionalistas, que creerán en los "valores" que inspira su país, y que estarán dispuestos a defenderlos con uñas y dientes, ante los ataques de los "enemigos". Todo muy calculado, todo muy ajustado, todo muy controlado. Básicamente, los documentos a que se refiere Maite Moraza en su referido artículo explicaban los atentados y el terrorismo del Daesh con preguntas y respuestas prefabricadas que aparecieron repetitivamente en medios de comunicación y noticieros franceses. Citaremos a continuación algunas respuestas de dichos documentos: "Los terroristas han matado a gente que estaba en el bar o en el restaurante, en un concierto o cerca de un estadio de fútbol. Dicen que no está bien hacer esas actividades. Han atacado nuestra forma de vivir". ¿Seguro? ¿Nuestra forma de vivir se limita sólo a asistir a conciertos o a restaurantes? ¿Nuestra política se limita sólo a permitir eso? 

 

Y continúan: "Los islamistas quieren imponer a todo el mundo las mismas reglas estrictas del Islam: prohibido escuchar música, obligación de rezar, las mujeres deben cubrirse y salir acompañadas por un hombre...". Efectivamente, hemos expuesto en esta serie de artículos que las corrientes más fundamentalistas del Islam difunden y justifican estos comportamientos, pero también hemos explicado cómo son precisamente nuestros países "civilizados" los que se declaran más "amigos" de estos países difusores del Islam más retrógrado y criminal, como Arabia Saudí. ¿No existe una profunda hipocresía en estos documentos? Seguimos: "Se puede decir que están locos porque atacan un valor que comparten todos los hombres, el de no matar inocentes". Pues no sabemos cuántos hombres comparten ese gran valor, desde luego la senda del pacifismo se une a dicha proclama, pero son precisamente los países de ese bloque occidental que dice representar al mundo "libre" y "civilizado" los que más ataques contra inocentes llevan perpetrando durante toda la Historia de la Humanidad. Otra frase: "Los terroristas son quizá personas un poco perdidas, sin trabajo, que salen de prisión...personas jóvenes, frágiles, que tienen problemas en su vida...". Si no fuera tan patético, sería incluso para reírse un rato. Claro, porque son "personas frágiles", que "tienen problemas en su vida", esta sociedad, en vez de arreglar dichos problemas, se limita a ignorarlos, a enconarlos y a condenarlos a la exclusión, a la pobreza, a la miseria, a la precariedad, al hambre o al exilio. 

 

Más joyas del documento: "Es una forma de guerra mundial...Los países están unidos para luchar contra el terrorismo". En la línea tradicional de fomentar el odio, el enfrentamiento y la incomprensión, esta frase se alinea con las falaces lecturas y proclamas norteamericanas sobre los "buenos" y los "malos", sobre los diábolicos musulmanes que quieren destruir nuestra avanzada civilización, y sobre nosotros, los buenos occidentales que tenemos que defendernos de ellos. Absolutamente patético. Como ya hemos explicado varias veces en entregas anteriores de esta serie, no existe una coalición de países buenos que se hayan unido para luchar contra el bloque de los malos que quieren destruirnos, es un conjunto de intereses en juego (políticos, económicos, geoestratégicos, etc.) lo que determina que estallen las guerras y los conflictos armados. En Francia, durante unos informativos de televisión especiales para niños, que también se visionaron en los colegios, se transmitían, también, algunas de estas ideas a los niños: "Francia está en guerra contra el Estado Islámico. Estados Unidos son los aliados de Francia en Siria. Los terroristas nos atacan porque no quieren los valores de libertad, igualdad y fraternidad. Los atacantes son islamistas que intentan imponer su religión a los otros, combaten a todos los que no se doblegan ante ellos. Los islamistas han transformado su religión en arma de guerra. Los islamistas creen que el hombre es superior a la mujer y obligan a las mujeres a llevar velo. Los islamistas combaten porque no quieren nuestra forma de vida, ni la democracia". Como vemos, una barbaridad detrás de otra. Sin más comentarios.

 

¿Qué clase de mentalidad estamos formando a nuestros escolares? ¿Qué clase de adultos pensantes y críticos estamos formando? ¿A qué grado de alienación estamos llegando cuando inculcamos estas barbaridades a nuestros hijos en la escuela pública? Pero aún no queda ahí la cosa. Los escolares también tuvieron que escribir un dictado sobre el relato de los hechos, en el que, entre otras lindezas, les hicieron escribir a los pequeños cosas como éstas: "Unos kamikaces islamistas han matado inocentes para imponer su religión. Nosotros debemos continuar nuestra forma de vida de manera normal y defender nuestras ideas". Ridícula, denigrante y patética forma de adoctrinar a nuestros alumnos y alumnas en algo que es absolutamente primordial para la convivencia de un país, de una nación, de una comunidad. El pensamiento dominante no conoce límites ni fronteras, y como goza de absoluta impunidad, se expresa desde todos sus púlpitos, ante todos sus fieles, de cualquier forma y manera, ante cualquier auditorio, sin someterse a ningún control. Introduce sus malévolas semillas en las mentes de nuestros más pequeños, para controlar su manera de sentir y de pensar, su forma de reaccionar ante posibles acontecimientos, para que ya se encuentren preparados para adoptar las decisiones "correctas", y para no poner en cuestión las "verdades" del sistema de valores imperante. Una completa manipulación. Una forma más de manipular la realidad, y de condicionar y controlar la opinión pública, desde la más tierna infancia, ante asuntos y problemas muy importantes. Es una manera de asegurar una visión uniforme, un prisma único de análisis en torno a una situación crítica para el futuro de las naciones, como es el pacifismo, la práctica sin fisuras de la vía pacifista para abortar todo conato de conflicto armado que pueda suscitarse. Pero en cambio, siguen echando más gasolina al fuego. Continuaremos en siguientes entregas.

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20 abril 2017 4 20 /04 /abril /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (34)

Hay una contradicción fundamental en la Unión Europea, que no puede ser fiel a sus valores fundamentales con el sistema económico que ha adoptado. No podemos decir a los Gobiernos que respeten los criterios de Maastricht —menos del 3% de déficit, menos del 90% de deuda pública y menos del 2% de inflación; lo que significa recortes, recortes y recortes— y pregonar la importancia de los valores. El sistema económico destruye el sistema de valores, esa política ahoga la solidaridad

Sami Nair

Otra de las facetas perniciosas donde se proyecta la desigualdad es en la destrucción del medio ambiente. Como sabemos, el mundo se está acercando a varios "límites planetarios", lo cual quiere decir que la humanidad está cerca de haber utilizado la máxima cantidad posible de recursos naturales, tales como el carbono o el agua potable. Cuanto más nos acerquemos a dichos límites, más marcada es la distribución enormemente desigual de dichos recursos. Pero veamos algunos datos al respecto. Con frecuencia, las personas más pobres son las primeras y principales afectadas por la destrucción del medio ambiente y los efectos del cambio climático. Sin embargo, son las personas más ricas quienes poseen una mayor capacidad de impacto sobre los recursos de nuestro planeta. Narinder Kakar, el Observador Permanente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza en las Naciones Unidas, ha declarado que la degradación del medio ambiente puede atribuirse a menos del 30% de la población mundial. Es decir, sólo es ese pequeño porcentaje de la población del planeta quien tiene responsabilidad sobre los procesos que están deteriorando nuestro planeta. El 7% más rico de la población mundial (lo que equivale aproximadamente a 500 millones de personas) es responsable del 50% de las emisiones mundiales de CO2, mientras que el 50% más pobre de la población produce sólo el 7% de las emisiones totales. 

 

En este aspecto, los patrones de consumo de los más ricos son clave. En los países ricos, la mayor parte de las emisiones de los hogares más ricos son indirectas, como las procedentes del consumo de alimentos o de otros bienes y servicios, que en gran medida se producen fuera de sus fronteras. Es probable que sea la población con mayores niveles de consumo la responsable de más del 80% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero de origen humano. Estas disparidades en términos de emisiones son similares en lo referido a la utilización de los recursos mundiales, que se distribuyen de forma desproporcionada. Por ejemplo, sólo el 12% de la población mundial utiliza el 85% de los recursos hídricos del planeta. La desigualdad no afecta sólo a rentas ni a patrimonios, sino también a los derechos de acceso al conjunto de recursos y bienes comunes del planeta. Y otra faceta donde se proyecta la desigualdad económica es también la desigualdad de género. Nos remitimos de nuevo a los diversos estudios de la ONG Oxfam Intermón, quizá la de mayor prestigio en los estudios e informes relativos al fenómeno de la desigualdad. Pues bien, uno de los tipos de desigualdad más extendidos (y antiguos, pues es anterior al propio desarrollo del capitalismo, generándose como consecuencia del modelo patriarcal) es la existente entre hombres y mujeres. La desigualdad económica y la de género están unidas por un estrecho vínculo. La discriminación por razones de género es un factor importante en términos de acceso a los ingresos y a la riqueza, así como a su control. 

 

Aunque las razones que subyacen a la desigualdad entre hombres y mujeres van más allá del dinero, es indudable que la desigualdad económica y la desigualdad de género están muy relacionadas. Los hombres copan de manera abrumadora los segmentos con mayor nivel de ingresos, mientras que las mujeres son mayoría en los segmentos con menores ingresos. De las 2.500 personas que asistieron al Foro Económico Mundial de Davos en el año 2014, sólo el 15% eran mujeres. Sólo 23 de los Directores Ejecutivos de las empresas de Fortune 500 son mujeres. Sólo 3 de las 30 personas más ricas del mundo son mujeres. Las personas más ricas de la sociedad suelen tener una representación desproporcionada en otras posiciones de poder, ya sea en calidad de presidentes, parlamentarios, jueces o altos funcionarios. Las mujeres están en gran medida ausentes de las altas esferas. Al mismo tiempo, en todo el mundo, los trabajadores peor remunerados y que ocupan los puestos de trabajo más precarios son en casi todos los casos mujeres. La diferencia salarial entre hombres y mujeres a nivel mundial continúa siendo persistentemente elevada. Los salarios de las mujeres son, de media, entre un 10% y un 30% inferiores a los de los hombres por un trabajo equivalente en todas las regiones y sectores. Esta brecha salarial se está reduciendo poco a poco, pero si se mantiene el actual ritmo de reducción, serán necesarios 75 años para que el principio de igualdad de retribución por un mismo trabajo entre ambos sexos sea una realidad. 

 

La brecha salarial es mayor en las sociedades con mayor desigualdad económica. Las mujeres tienen muchas más probabilidades de trabajar en el sector informal, con una inseguridad laboral mucho mayor que los hombres. Aproximadamente unos 600 millones de mujeres (el 53% de las mujeres trabajadoras en el mundo) tienen empleos inseguros, inestables, indignos, temporales y sin derechos, que normalmente no están protegidos por la legislación laboral, ni gozan de la protección social deseada. En Bangladesh, las mujeres constituyen casi el 85% de los trabajadores de la industria textil. Aunque este tipo de empleos suelen ser mejores para las mujeres que la agricultura de subsistencia, el nivel de seguridad laboral e incluso de seguridad física que ofrecen es mínimo. La mayoría de las personas que murieron en el derrumbe de la fábrica textil Rana Plaza en abril de 2013 eran mujeres. En Brasil, el 42% de las mujeres trabajan en empleos inseguros y precarios, frente al 26% de los hombres. Y existen estudios a nivel nacional que también han demostrado que la distribución de la riqueza en función del género, incluyendo la tierra (asunto que ya tratamos en el artículo anterior de esta serie) y el acceso al crédito, es bastante más desigual que la de los ingresos. Por su parte, la mayor parte del trabajo de cuidados no remunerado también recae sobre las mujeres, y es uno de los principales factores que contribuyen a que las mujeres se concentren en empleos mal remunerados, precarios y carentes de protección. 

 

Y así, en muchos países, en la práctica, las mujeres subvencionan la economía, llevando a cabo una media diaria de entre 2 y 5 horas más de trabajo no remunerado que los hombres. La carga de trabajo doméstico de las mujeres no suele disminuir ni siquiera en el caso de que tengan empleo. En Brasil, el porcentaje de los ingresos familiares generado por las mujeres creció del 38% en 1995 al 45% en 2009, pero su responsabilidad en el trabajo doméstico de cuidados se redujo en sólo un 2% durante la segunda mitad de dicho período (pasando del 92% en 2003 al 90% en 2009). La tendencia es similar en otros países. La concentración de los ingresos y de la riqueza en manos mayoritariamente de los hombres les otorga un mayor poder de decisión y de control en todos los ámbitos de poder, mientras que las mujeres apenas tienen influencia, representación o capacidad de decisión. La legislación suele adoptar en este asunto un enfoque débil, cobarde, injusto, fragmentado e incoherente a la hora de hacer frente a la desigualdad de género. Por ejemplo, se ponen en marcha políticas que aumentan las oportunidades laborales para las mujeres, pero sin que existan otras políticas complementarias que eviten la baja remuneración, promuevan condiciones de trabajo adecuadas u ofrezcan guarderías de calidad. Todo ello ocurre porque nuestros dirigentes políticos aún no son lo suficientemente conscientes del problema de la desigualdad de género en su profundidad. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 abril 2017 2 18 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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Si los revisionistas alemanes niegan la existencia de las cámaras de gas, los nuestros no se quedan atrás: convierten la República en dictadura, el franquismo en democracia y hasta se atreven a intentar apropiarse de esas "cunetas" en las que yacen los más de 100.000 hombres y mujeres a los que sus abuelos asesinaron por haber defendido la libertad

Carlos Hernández

Vencedores y vencidos. Y aún llega esa misma historia hasta nuestros días. Formaciones políticas de nuevo cuño, como una que se hace llamar bajo el insulso nombre de "Ciudadanos" insisten precisamente en el falaz mensaje de que se acabaron los bandos (algo así como el "fin de la historia" de Francis Fukuyama, pero para la convivencia), mientras continúan favoreciendo con sus medidas el neoliberalismo y el capitalismo más salvaje. Hipócrita actitud. Los vencedores perviven hoy día en el PP y sus satélites, arco que recoge desde la derecha más moderada hasta la extrema derecha, y aglutina a sectores provenientes de las Fuerzas Armadas, las sectas religiosas, y los grandes empresarios (y pequeños, que el pensamiento dominante hace muy bien su tarea). Por su parte, los vencidos fuimos representados por partidos políticos que, o bien traicionaron sus ideales a cambio de privilegios (léase PSOE), o bien aceptaron lo que otros habían pactado como un mal menor ante la amenaza de regresar a aquéllos tiempos oscuros del fascismo (léase PCE). Y así hasta que en 1978, una serie de hombres "de Estado" de la época, provenientes de diferentes fuerzas políticas, diseñan una propuesta de Constitución de hermosa fachada democrática (como la definen en su artículo Voces en Lucha, que continuamos siguiendo en esta exposición), que el pueblo valida en un referéndum con menos del 60% de participación, bajo una atmósfera de miedo al retorno de la dictadura, y una población que ya había perdido la costumbre democrática. 

 

Esa Constitución, que aún pervive hoy día, blindada por las élites dominantes, y que jalean cada 6 de diciembre, hubo de ser cogida con pinzas, para contentar a todo el mundo, desde los sectores más aperturistas hasta los más rancios sectores provenientes del franquismo. Hablaremos más a fondo de ese período denominado de la Transición más adelante en esta misma serie de artículos, pues ahora sólo queremos esbozarlo exponiendo su solución de continuidad. La élite franquista controlaba desde mucho antes de la muerte de Franco el proceso de reforma y el nuevo aparato del Estado. Ninguno de los grupos económicos provenientes del franquismo se vieron afectados por este proceso. La Iglesia Católica sigue manteniendo sus privilegios, y hasta en cierta medida los ha incrementado. Las Instituciones fundamentales siguen siendo controladas por las mismas élites. Bajo la falacia de que partíamos de cero, de que las nuevas Instituciones y los nuevos poderes políticos, judiciales y económicos hacían tabla rasa sobre los anteriores (cuando en realidad eran los mismos), se comenzó a instaurar la historia de la impunidad, del borrón y cuenta nueva, de un antes y un después, cuando en realidad nuestro país no había pasado página. Porque la página del franquismo no se había terminado de leer, estaba aún pendiente de lectura, luego no podía pasarse. Para pasar página sabemos que hay que hacer balance, y construir para esa página de la negra historia el relato de la verdad, la justicia y la reparación. Aún no se ha hecho. Aún lo tenemos pendiente. 

 

En efecto, la Ley de Amnistía de 1977 (que ya expusimos en este artículo de nuestro Blog) impide juzgar cualquier delito cometido durante la Guerra Civil y el régimen franquista. Alegan que han prescrito. Alegan que aquéllo no fue un genocidio, y que aunque lo fuera, España no había reconocido aún las leyes que los definen. Burdas excusas para no revisar nuestra memoria histórica, para no hacer el oportuno balance, para no poder pasar página. Han sido numerosos los intentos de hacer justicia por parte de los familiares y de la sociedad civil, y muchos los intentos y denuncias internacionales de organismos de derechos humanos que han intentado derogar esta ley, o han instado a nuestros Gobiernos a que lo hagan. A día de hoy continúan en las cunetas cientos de miles de víctimas del franquismo, sepultados en otras tantas fosas comunes. No se ha realizado oficialmente una mirada a nuestra historia más reciente, no se ha investigado abiertamente lo que pasó (el intento de hacerlo del ex Juez Baltasar Garzón le costó su carrera), no se ha podido recuperar colectivamente la memoria, no se ha podido dignificar a los que cayeron en defensa de la humanidad porque literalmente se han utilizado todos los recursos del poder para impedirlo. No se han derogado los juicios y las condenas franquistas, ni siquiera se ha emitido una declaración íntegra y unánime de condena del franquismo por parte de todos los grupos políticos del Congreso. El PP, esos naturales herederos del terror, siempre se ha negado. 

 

Ante todos estos hechos no resulta difícil llegar a una conclusión clave en todo este asunto: hoy en España siguen mandando los mismos. Los mismos que no quieren que vuelva la República, los mismos que no condenan el franquismo, los mismos que se sientan en los sillones que representan a las mismas instituciones de poder, los mismos que defienden iguales intereses. En última instancia, en nuestro país continúan mandando los vencedores de aquélla guerra (y bien que nos lo echan en cara cada vez que pueden), siguen mandando los mismos defensores de los valores que justifican la exclusión, la segregación y la injusticia, y para los que los derechos humanos no representan nada si esos humanos no son de los suyos (al momento de escribir este artículo, hemos sabido que el representante del PP catalán, Alberto Fernández Díaz, acaba de proponer a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau,que dé preferencia en la acogida a los refugiados cristianos). Y así, los ideales humanistas de justicia social, igualdad y dignidad siguen lapidados, enterrados en una fosa común que interesa mantener oculta, callada e ignorada, bajo la oscuridad de la historia, bajo el miedo a nuestro pasado, bajo el temor a nuestros fantasmas. Basta ya por tanto de discursos falaces, de llamamientos a la concordia nacional, de proclamas sobre la abolición de los bandos, de simplistas y vacíos eslóganes que, más que políticos, pudiéramos calificar de publicitarios. La revisión de la historia está pendiente, sigue pendiente. Y como las olas del mar, la historia regresa para decirnos que aún tiene cuentas pendientes de saldar. 

 

Retomo el siguiente pasaje del artículo de referencia: "Un país en el cual la gente ha crecido sufriendo una enseñanza nacionalcatólica y patriarcal. Un país que ha vivido casi 40 años bajo un sistema opresor que no respetaba las diferencias ni políticas, ni ideológicas, ni idiomáticas, ni culturales. Un país donde se fusilaba a gente simplemente por pensar diferente. Ese sólo puede ser un país mutilado, como bien señaló Unamuno. Un país que a día de hoy sigue mutilado, donde la violencia machista es una lacra, donde la Iglesia Católica sigue gozando de un poder que atraviesa instituciones públicas y mentalidades perversas, donde la exclusión y el racismo están a la orden del día, donde unos brindan con champán de mil euros y otros luchan por recuperar la luz o el agua de sus viviendas, donde cada vez es más la gente que busca su comida en la basura, donde defender consecuentemente los ideales de justicia social sigue estando perseguido y criminalizado. Un país donde hoy sigue habiendo presos políticos, como Andrés Bódalo, Alfon o Nahuel. Un país donde se encierra a inmigrantes en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE). Donde se ensalzan los valores de competitividad y el acceso al consumo es la panacea que ofrece la felicidad. Donde todo lo que amenaza al poder político y económico es satanizado y comparado con Venezuela o Cuba, representantes mediáticos del caos y el comunismo, sin que la mayoría de la población tenga la más remota idea de lo que allí ocurre. Un país donde la corrupción política es norma. Un país que ha perdido la soberanía, entregado a una Unión Europea neoliberal y excluyente, a su vez entregada a EE.UU. a través de mecanismos de dominación como el FMI, el Banco Mundial o esa maquinaria militar y genocida que es la OTAN".

 

Y concluye: "Un país que decide rescatar a los bancos de sus propios excesos endeudándose injustamente con esta Unión Europea del capital, mientras desahucia a personas de sus casas o pone en la calle a personal educativo y de salud deteriorando los sistemas públicos en favor del negocio privado. Donde las vergonzantes cifras del desempleo se maquillan con contratos basura que condenan a la precarización. Donde se sube la factura eléctrica mientras la gente muere de frío en sus casas. Donde en los últimos cinco años ha habido más de 35.000 suicidios por motivos económicos. Donde uno de cada tres niños vive en riesgo de pobreza y exclusión. Este país no puede ser nuestra patria. Esta es la patria de las élites políticas y dominantes. Para tener patria es imprescindible emprender una construcción colectiva, popular, no elitista. Hay que sentirse orgulloso de ella, hay que identificarse con sus símbolos y amar lo que representan, sabiendo que representan los más altos ideales de la humanidad". En efecto, esta no puede ser nuestra patria, no queremos que sea nuestra patria. Esta es la patria de Rajoy y los suyos, que dicen que "España es un gran país" para negar toda la ponzoña que se oculta mediante sus grandilocuentes y vacíos discursos. Ese país del que Rajoy nos pide que "hablemos bien", para que no veamos la podredumbre en la que nos encontramos, ni miremos atrás para revisar lo esperpéntica que ha sido nuestra historia reciente. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 abril 2017 1 17 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Estamos ante un nuevo instrumento demoledor del neoliberalismo desregulador, que va más allá de los acuerdos bilaterales vistos hasta ahora

Laia Ortiz y Ernest Urtasun

Después de algún tiempo de interrupción debido a los temas de interés de la actualidad social y política que se han ido suscitando, retomamos las entregas de esta serie de artículos, donde estamos exponiendo los peligros de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio" (TLC), y al final de la misma, expondremos lo que para nosotros debe ser un auténtico "Tratado para los Pueblos", enfrentado en sus lógicas y objetivos a los nefastos TLC. Bien, lo primero que tenemos que contar es que, como era previsible, el Parlamento Europeo dio recientemente luz verde al CETA (Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá) con los votos a favor de PP, PSOE y Ciudadanos en la Eurocámara, tal como ya nos contara, entre otros, el medio eldiario.es en este artículo. En efecto, el CETA fue respaldado el pasado mes de febrero por el Partido Popular Europeo (PPE), Liberales (ALDE), Conservadores y Reformistas (ECR), mientras que los grupos parlamentarios de Los Verdes y la Izquierda Unitaria (GUE/NGL), así como las fuerzas políticas euroescépticas, votaron mayoritariamente en contra. El CETA, por tanto, a la espera de las respectivas ratificaciones de los Parlamentos nacionales, podrá entrar en vigor esta primavera. 

 

Como decimos, los/as eurodiputados/as españoles del PSOE votaron, como era previsible, a favor del CETA, mostrando una vez más su hipocresía y su traición constante a los ideales socialistas. Como siempre desde que estos TLC comenzaron a negociarse hace ya varios años, la retórica de los grupos políticos que los apoyan es la misma, difundiendo las falacias relativas a que estos instrumentos son sinónimo de prosperidad, modernidad y creación de empleo. Pero como ya hemos expuesto hasta la saciedad en anteriores entregas de esta serie (y continuaremos haciéndolo), todas estas razones no hacen sino esconder los peligrosos efectos que estas herramientas consagran, pues están dedicadas a incrementar el poder de las ya muy poderosas empresas transnacionales a ambos lados del Atlántico. Los TLC como el CETA y similares sólo persiguen,como aseguró la eurodiputada de Podemos Lola Sánchez, vender la democracia y los derechos humanos a las multinacionales, además de los nocivos efectos colaterales hacia la sostenibilidad de los recursos de nuestro planeta. Tenemos por delante mucho trabajo de divulgación y de pedagogía, pues sólo con que un Estado miembro de la UE vote en contra del CETA, el Tratado en cuestión quedará automáticamente rechazado (aunque mucho nos tememos que sus paladines no desfallecerán en sus intentos por materializarlo). Y es que como ya hemos explicado, estos nuevos Tratados constituyen un entramado regulatorio que resta poder a los Gobiernos, Comunidades y Ayuntamientos, cuando quieran legislar a favor de las personas y del medio ambiente. 

 

Hay que contar lo que es el CETA, lo que realmente supone para la soberanía popular y para la democracia, la grave involución que representa para los derechos humanos y para la sostenibilidad medioambiental, hay que darlo a conocer, hay que difundirlo y explicarlo, sin complejos, exponiendo el daño que supondrá para la gente. Hay que conseguir que el PSOE se avergüence de su voto en el Parlamento Europeo, hay que sacarle los colores, hay que dejarle sin argumentos, para conseguir que cambie su voto, haga campaña en contra en su momento, y el CETA sea finalmente rechazado. La tarea es ardua, pero hay que conseguirlo. Nos va mucho en ello. Pero para tener más datos e información al respecto del CETA y de su socio canadiense, sigamos a continuación parte de la exposición que realizó Adoración Guamán en este artículo para el medio Contexto y Acción. Existe una suerte de imagen "buenista" respecto de Canadá que en realidad no se corresponde ni con su grado de integración económica con su vecino estadounidense, ni con el amplio contenido del acuerdo al que ha llegado con la UE. Es cierto que Canadá es un mercado pequeño, pero no puede olvidarse que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) implica que el grado de integración económica entre los Estados Unidos y Canadá es altísimo. De hecho, el 81% de las empresas canadienses están vinculadas como filiales a empresas matrices de USA, y en su mercado operan 42.000 empresas estadounidenses. 

 

Por otra parte, y también como consecuencia de su integración económica, que entró en vigor en 1994, las normas y las prácticas de Canadá y USA tienen numerosas similitudes. En resumen, se trata de un país grande pero relativamente poco poblado y muy colonizado comercialmente por las marcas y las normas americanas, con lo que las europeas tendrían una muy dura competencia aunque sólo fuera por temas de logística. Pero además hay que tener en cuenta que el contenido del CETA ya aprobado por el Parlamento Europeo es muy cercano al del fallido TTIP. Su estructura y contenido "regulador" así como los mecanismos de protección de los inversores extranjeros (los famosos Tribunales de Arbitraje) son muy parecidos (si bien es verdad que el CETA los ha relajado un poco), por lo que a través de la puerta del CETA se abriría una vía para la utilización de los mecanismos de desregulación y de protección de los que disfrutarían igualmente un amplio número de empresas norteamericanas. Los riesgos, las oscuras intenciones y los peligros, por tanto, están ahí. Agustín Moreno lo ha expresado muy bien en este artículo, cuando resume: "Si no queremos que las personas, el medio ambiente, la democracia y la soberanía de los pueblos sean relegadas a los intereses económicos de las grandes corporaciones, hay que salir a la calle para frenar esta agresión que, de aprobarse, sólo traerá más pobreza, más desigualdad y más autoritarismo". 

 

No nos engañemos, por tanto, con respecto al CETA: En primer lugar, conlleva el mismo espíritu que el TTIP (aunque no haya sido tan criticado ni tan secretamente negociado como éste), es un caballo de troya para el TTIP (pues aunque Canadá sea menos potente que USA, el CETA no es menos agresivo, e intentará colar la mayor parte de la filosofía comercial impregnada en el TTIP), puede representar un duro golpe para la agricultura local (el CETA beneficiará sobre todo a los grandes productores y distribuidores, que pueden terminar por asfixiar la producción local), amenaza seriamente la soberanía de los países (mediante los tribunales internacionales de arbitraje, sistema que coarta y limita la democracia mientras potencia la hegemonía y el control de las grandes corporaciones), supone el fin del llamado "Principio de Precaución" (ya explicado en entregas anteriores de esta serie, este principio asegura la no comercialización de determinado producto o servicio si antes no se ha demostrado que no posee efectos adversos para la población, los animales o el planeta), representa la pérdida de control sobre el consumo de productos cárnicos (permitiendo los tratamientos clorados de la carne destinada al consumo humano), abre el camino a la entrada de productos transgénicos en el mercado europeo (que sí están permitidos en Canadá y Estados Unidos), y finalmente, deja la puerta abierta a las compañías mineras canadienses (uno de los sectores más agresivos del mundo, que provoca problemas medioambientales debido a los elementos químicos usados en la extracción, como el cianuro). Por todo ello, y mucho más, el CETA debe ser abortado. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 abril 2017 7 16 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (46)

El terrorismo es esencialmente lo que los imperios occidentales y ahora el Imperio estadounidense han estado utilizando contra el resto del mundo

André Vitchek

Pero el pensamiento dominante posee tanta fuerza, que incluso los países aparentemente más "civilizados", desarrollados y avanzados, como es el caso de los países nórdicos, cuando se ven en delicadas circunstancias, se unen también a la misma y falaz retórica general de todos los países occidentales. ¿No existe por tanto ningún país que podamos tomar como referencia sobre las "buenas prácticas" en cuanto a actitud ante el terrorismo se refiere? Pues veamos el caso de Cuba, esa pequeña isla caribeña que le ha plantado cara al gigante imperialista (y aún lo hace) durante más de cincuenta años. Como recogen Katrien Demuyinck y Marc Vandepitte en este artículo, traducido para Rebelion por Beatriz Morales, en Cuba el terrorismo nunca está demasiado lejos. El conjunto de los atentados terroristas practicados contra la isla por la arrogante potencia norteamericana ha matado a 3.478 personas, es decir, 25 veces la cantidad de las víctimas de los atentados de París. Y por su parte, 2099 personas han resultado heridas, mutiladas o inválidas. Bajo estas circunstancias, y si Cuba se hubiera unido al discurso dominante, cabría esperar una sociedad fuertemente militarizada con una ingente presencia de agentes por las calles. También cabría esperar que las autoridades proclamaran regularmente el Estado de Excepción (o de Emergencia) durante semanas o meses, durante los cuales se paralizarían temporalmente los transportes públicos, se prohibieran las competiciones deportivas, se cerraran temporalmente las escuelas, o se suspendieran de forma permanente las libertades públicas. 

 

Sin embargo...¿Ha ocurrido todo esto en Cuba? Rotundamente NO. A lo largo de todo el territorio de la isla, no hay tanques ni vehículos militares por las calles, ni tiradores de élite ni paramilitares cerca de los edificios públicos, ni siquiera durante las manifestaciones masivas, como la que se celebra anualmente el primero de Mayo o durante las visitas papales. Y en estas ocasiones, cientos de miles de personas se reúnen masivamente en un mismo lugar. Y no es que Cuba se tome a la ligera la amenaza terrorista o que albergue o dé rienda suelta a los terroristas potenciales, más bien todo lo contrario. Desde 1959, la lucha antiterrorista es la prioridad absoluta del Gobierno cubano, a la que dedica las mejores fuerzas de todo el país. De hecho, el país vive en el nivel 4 de alerta desde hace 55 años. Pero el enfoque es totalmente diferente al de la "Guerra Global contra el Terrorismo" encarnada por USA y sus aliados, o como por ejemplo se lleva actualmente en Francia, Reino Unido o Bélgica. Y nos podríamos preguntar: ¿pero qué sabe Cuba sobre terrorismo? La respuesta a esta pregunta es bien sencilla recurriendo a la historia: desde finales de 1959, el Presidente Eisenhower lanzó todo un calculado programa (que se fue enriqueciendo con los sucesivos mandatarios estadounidenses) para acabar con la revolución cubana. Fue el principio de una serie de atentados terroristas contra la isla: guarderías, grandes almacenes, hoteles y otros edificios públicos fueron objetivo de ataques con bombas. El 4 de marzo de 1960 un barco cargado de armas belgas vuela en pedazos en el Puerto de La Habana. 

 

Contrarrevolucionarios armados sembraron el terror en el campo, apoyados por una cobertura aérea de Estados Unidos. Luego vendrían las acciones de sabotaje, las explosiones por decenas, los innumerables intentos de asesinar a Fidel Castro usando los más ingeniosos métodos. Todos fallaron. Comandos armados que matan a la población cubana sin discriminación realizaron todo tipo de invasiones a lo largo de la costa. Estados Unidos no dudó incluso en utilizar armas bacteriológicas para destruir las cosechas de los campos cubanos, difundiendo muchas enfermedades, como el dengue, lo que provocó cientos de muertos. ¿No es todo ello terrorismo con mayúsculas? Quizá la operación más famosa ocurrió en abril de 1961, cuando unos bombarderos estadounidenses atacaron los aeropuertos cubanos para preparar una invasión militar de 1.200 mercenarios en la Bahía de Cochinos. La operación también fue un rotundo fracaso. Entonces, los estrategas norteamericanos llegaron a la conclusión de que sólo podrían vencer a la Revolución Cubana por medio del envío masivo de tropas por tierra. En 1976 el terrorismo de USA contra la isla llega a su máxima expresión, cuando es derribado un avión de las líneas aéreas cubanas, falleciendo los 73 pasajeros que transportaba. Pero la década de 1990 conoció nuevos tipos de agresiones, donde los hoteles, centros turísticos, aeropuertos, complejos, estaciones y otras instalaciones se convirtieron en el blanco de una serie de atentados con bomba. ¿Sabrá Cuba algo de terrorismo? Pues parece que alguna experiencia tiene. 

 

Los grupos terroristas que atacan la pequeña isla caribeña operan a partir de Miami, donde aún continúa viviendo tranquilamente el mayor terrorista de todos ellos, como es Luis Posada Carriles. Son grupos que a menudo están formados y adiestrados por la CIA. Su origen fue el 1% de los cubanos que se habían marchado a Miami, que fueron quiénes instigaron su creación, con la colaboración inestimable de los servicios de seguridad estadounidenses y la financiación de los poderes públicos. Aún hoy día continúan existiendo. Cuba sabe más de terrorismo que todos nuestros países ricos y "civilizados" juntos, pues lo lleva sufriendo en sus propias carnes desde hace más de medio siglo. Pero sin embargo, como decimos, su actitud y su enfoque hacia el fenómeno del terrorismo es absolutamente distinto al nuestro. ¿Cuál es básicamente este enfoque cubano? Pues veamos: la lucha contra el terrorismo se lleva a cabo de dos maneras en Cuba: apoyándose en la población, e infiltrándose en las redes terroristas. ¿Se hacen discursos nacionalistas, se abrazan a la bandera, se hacen grandes homenajes públicos, se decretan recortes de libertades, y a continuación se bombardean terceros países? NO. Ese no es el enfoque cubano. Desde hace décadas, en cada ciudad y en cada barrio funciona un Comité de Defensa de la Revolución (CDR), que vela por la seguridad del barrio. De esta forma, se creó un gran sistema colectivo de vigilancia. Con el paso del tiempo, estos Comités de Barrio también se ocuparon de los problemas sociales y económicos de los habitantes del mismo, de la salud pública, de las campañas populares por la reivindicación de alguna necesidad, de la organización de las elecciones, del reciclaje, etc. 

 

Cuba también se basa en su propia población para defender al país de una posible invasión militar. Y así, actualmente, junto al ejército regular de la isla, el sistema defensivo puede contar con dos millones adicionales de cubanos voluntarios que pueden estar en pie de guerra en 48 horas. Estos voluntarios reciben un entrenamiento anual, y llegado el caso, saben a dónde acudir a armarse. La otra gran estrategia de lucha contra el terrorismo en Cuba es la infiltración. Por ejemplo, eso es precisamente lo que los famosos Cinco de Cuba (recientemente liberados bajo el mandato de Obama), llevaron a cabo durante la década de 1990. Se infiltraron en los grupos terroristas más violentos de Florida para recoger el máximo de informaciones, y poder así desbaratar los planes de atentar contra la isla. Y pudieron de hecho impedir un buen número de ellos. Es una operación muy peligrosa, ya que lógicamente si los infiltrados son descubiertos también se arriesgan a ser condenados a largas penas de cárcel en Estados Unidos. Pero en fin, en esta entrega hemos querido demostrar cómo es posible practicar otro enfoque distinto hacia el terrorismo, más allá de la torpe y nociva estrategia occidental, que sólo consiste en el repliegue nacionalista, y en la vengativa respuesta de los Gobiernos. No estamos queriendo decir que el enfoque cubano sea cien por cien extrapolable a otros países, ni siquiera que sea el mejor, pero sí que es diferente, y al menos, no contribuye a echar más gasolina al fuego. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 abril 2017 4 13 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

El teléfono nos enseñó una valiosa lección. En su pico más alto, en 2008, había 1.300 millones de teléfonos fijos para una población mundial de 7.000 millones. En la actualidad, más de 6.000 millones de personas tienen un teléfono móvil. Según un estudio de la ONU, son más personas que las que tienen acceso a un inodoro

Dominic Frisby

La medición precisa y periódica de la desigualdad es difícil a nivel político y suele relegarse, sobre todo en los países en desarrollo. En los países ricos, los niveles de desigualdad simplemente son ocultados o difuminados bajo una retórica eufemística absolutamente falsa, que trastoca y resalta datos en interés de la difusión de su mensaje. La dependencia de encuestas de hogares y de declaraciones fiscales hace que se subestimen sistemáticamente los ingresos y la riqueza de las personas más poderosas de la sociedad, ya que éstas suelen contar con mecanismos de ingeniería para evadir o eludir los impuestos, y rara vez están incluidas en las encuestas. Esta dependencia hace también que las desigualdades de género no se midan adecuadamente. ¿Qué herramientas de medición poseemos? Históricamente, y siguiendo el documento "Acabemos con la desigualdad extrema" de Oxfam, ya referido en artículos anteriores, la desigualdad en términos de renta, riqueza y otros bienes (como la tierra), se ha medido con el Coeficiente de Gini, llamado así en honor al estadístico italiano Corrado Gini. Este coeficiente es un método de medición de la desigualdad en el que una puntuación de 0 reflejaría una igualdad total (insistimos en que eso no quiere decir una sociedad homogénea y uniforme, sino la inexistencia de niveles de desigualdad), donde a cada persona le corresponde la misma porción, y una puntuación de 1 (o a veces 100) significaría que una sola persona es dueña de todo, es decir, lo que podría ser entendido como el nivel de desigualdad máximo. 

 

Sin embargo, una de las críticas a Gini es que está demasiado influido por el 50% medio de la población. El Ratio de Palma, que recibe su nombre del economista chileno Gabriel Palma, trata de superar este defecto midiendo el ratio entre el porcentaje de renta del 10% más rico de la población, y el del 40% más pobre. Esta forma de medir la desigualdad está ganando adeptos, como es el caso de Joseph Stiglitz, que ha propuesto que sea la base de una meta dentro de un objetivo global de reducción de la desigualdad de los ingresos en el marco del proceso post-2015. El Ratio de Palma es fundamental para medir el aumento de la concentración de los ingresos y la riqueza en manos de los más ricos, lo cual lo convierte en una herramienta útil para futuras investigaciones. De hecho, es hoy día el mejor testigo que nos muestra el aberrante crecimiento de la desigualdad. Recientemente, las declaraciones fiscales también se han utilizado con mucho éxito para registrar de forma más precisa las rentas más altas. La base de datos de las mayores rentas del mundo (World Top Incomes Database), cofundada por Thomas Piketty (el autor de la famosa obra "El Capital en el Siglo XXI"), incluye datos de 26 países, con información sobre el porcentaje de los ingresos antes de impuestos que va a parar a manos del 1% más rico desde la década de 1980. Y por su parte, las declaraciones fiscales también se utilizan en estudios económicos que intentan demostrar la viabilidad de ciertas medidas, como es el caso de la Renta Básica Universal. 

 

Es evidente que este ritmo de crecimiento de las desigualdades extremas no se puede mantener. Ninguna sociedad sana puede soportarlo. Ya lo expresó muy claramente Nick Hanauer, cuando afirmó: "Ninguna sociedad puede mantener un incremento semejante de la desigualdad. De hecho, no existen ejemplos en la historia de la humanidad en los que la riqueza estuviese tan acumulada sin que en algún momento las personas se alzasen en armas. Dame una sociedad enormemente desigual, y te mostraré un Estado policial. O una sublevación. No hay excepciones". Cuánta razón tenía Hanauer, no hay más que ver la evolución de nuestro país, incrementando la represión y atacando a los derechos fundamentales y libertades públicas. Y como ya hemos contado en anteriores entregas, un testigo fundamental y una consecuencia de la aplicación de estas políticas generadoras de desigualdad es el incremento en el número de millonarios. La riqueza conjunta de los milmillonarios se ha incrementado en un 124% en los últimos cuatro años, y actualmente asciende aproximadamente a 5,4 billones de dólares. Por someterla a una comparación significativa, esta cifra duplica el PIB de Francia de 2012. Aunque siendo justos, hay que reconocer también que algunos ricos (un porcentaje muy pequeño) está dispuesto a contribuir a la sociedad de la cual emana su riqueza. En Estados Unidos, un grupo llamado "Millonarios patriotas" trabaja activamente para influir en el Congreso a fin de que elimine las desgravaciones fiscales a los ricos, afirmando en su escrito de petición que "por la salud física de nuestra nación y el bienestar de nuestros conciudadanos, les pedimos que incrementen los impuestos a las rentas que superen un millón de dólares". El Congreso, hasta ahora, ha hecho caso omiso a dicha petición.

 

Quizá la forma más antigua de materializar la desigualdad social en la riqueza viene dada por las limitaciones en el acceso a la tierra. Históricamente, en las naciones ricas, inicialmente la riqueza la daba la tierra, el acceso a ella, el trabajo en ella, la obtención de sus frutos, la siembra de semillas, etc. Los terrenos agrícolas son especialmente importantes para la subsistencia de las personas pobres en los países en desarrollo, y en los países ricos, la posesión y el acceso a la tierra fue derivando en un privilegio reservado para aristócratas y grandes terratenientes y latifundistas. Hoy día, demasiadas personas en zonas rurales tienen dificultades para ganarse la vida con pequeñas parcelas de tierra. Otras muchas, especialmente mujeres, carecen de derechos seguros sobre la tenencia de la tierra, lo cual implica que pueden ser expulsadas de sus tierras y quedarse sin fuentes de ingresos. Un estudio de Oxfam realizado con organizaciones de mujeres de tres continentes, identificó la falta de acceso de las mujeres a la tierra como una de las principales amenazas para la resiliencia (capacidad de resistencia y de adaptación) de la comunidad. En nuestro país, esta situación se da mucho especialmente en Andalucía, la Comunidad más rica y fértil en tierras de secano y regadío, pero donde la concentración de la propiedad sobre la tierra es absolutamente escandalosa. En este sentido, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) viene llevando a cabo durante años ocupaciones de tierras propiedad de la Junta (que se subastan al mejor postor en vez de entregarlas a los jornaleros en paro) y otras acciones simbólicas de reivindicación y lucha contra este problema. 

 

Pero como decimos, no es un problema sólo español, ni andaluz. Se trata de un problema universal, que además tiene que ver con la propia reconversión industrial, y sus terribles efectos sobre el desempleo de agricultores, ganaderos y todas las personas que trabajan en y para las tierras. En la mayoría de los países de América Latina, el Coeficiente de Gini en relación a la desigualdad en la distribución de la tierra supera el 0,8; muchos de los países asiáticos se sitúan por encima del 0,5. En Angola y Zambia, las pequeñas explotaciones agrarias constituyen el 80% del total de las mismas, pero sólo suponen alrededor del 2% del terreno agrícola. La redistribución de tierra a gran escala en países de Asia Oriental como Corea, Japón y China ha desempeñado un papel clave en la reducción de la desigualdad, logrando que el crecimiento sea más favorable para las personas pobres. Y en algunos países como Brunei, Arabia Saudí o Kuwait, los Jefes de Estado son los mayores propietarios de tierras. En Rusia, la empresa azucarera Prodimex posee el 20% del total de los terrenos de propiedad privada. Y según una reciente investigación de la Unión Europea, las grandes explotaciones agrícolas constituyen sólo el 3% del número total de explotaciones, pero suponen el 50% del total del terreno agrícola. Una buena planificación y redistribución sobre la propiedad y la tenencia de la tierra, o simplemente el reconocimiento del derecho a poder trabajarla, sacaría del paro, de la exclusión, de la miseria y de la pobreza a millones de personas, contribuyendo a una mayor justicia social, y a la sensible reducción de las desigualdades. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 abril 2017 2 11 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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El conflicto siempre determina caminos, construye posibilidades, arma el presente y dispara incondicionalmente hacia el futuro. La política es conflicto. Y dado que todo lo que determina las condiciones de vida de una sociedad pasa por la política, toda construcción social pasa por el conflicto. Todo proceso histórico es conflicto. Quien pretenda evitar el conflicto, necesariamente está desentendiéndose de la política, y necesariamente se sitúa del lado de los vencedores, aun sin saberlo

Voces en Lucha

¿Quiénes fueron por tanto los principales actores que desencadenaron las revueltas que después fructificaron en el Golpe de Estado del General Franco? Pues básicamente la burguesía agraria, bancaria y empresarial afín a los postulados franquistas, y a su modelo de sociedad, y por otro lado, los altos mandos del Ejército (no todos, muchos continuaron siendo fieles a la República, incluso dieron su vida por ella), la Iglesia Católica y el partido fascista Falange Española (fundado por José Antonio Primo de Rivera), fueron los impulsores, y a la vez máximos beneficiados del franquismo. Mención especial nos merece cierta élite empresarial de la época, con Juan March a la cabeza, que financió directamente toda la logística, los medios y la organización del Golpe de Estado. Desde ahí, se construye el edificio de un nacionalcatolicismo inspirado en el modelo de Estado de las potencias fascistas. Podemos hablar de un fascismo nacionalcatólico español: toda una doctrina ideológica al servicio de las élites del país, que se hicieron definitivamente con el poder, aplastando y exterminando a sus enemigos. Un poder que convirtieron en despótico, autoritario, dogmático, represor, vengativo, asesino y genocida. Un poder basado en una ideología de carácter fascista y nacionalcatólica que finalmente sirvió de base para implantar un tipo de capitalismo, que llega hasta nuestros días, aliado y servil a los intereses del propio Estado, generando un monstruo corrupto y represor con diferentes flancos. 

 

Y por supuesto, un fascismo aliado y servil a los intereses de la potencia mundial cuya principal preocupación ideológica consistió en combatir el comunismo, como es Estados Unidos. Como vemos, unos planteamientos que continúan en nuestro tiempo. El mismo Estados Unidos que siguió la política de no intervención impulsada por Gran Bretaña y Francia durante la Guerra Civil Española, y que luego se apresuró en reconocer al dictador. El mismo Estados Unidos que como potencia bélica mundial tiene como obsesión impedir que cualquier país intente por vías pacíficas y democráticas implantar algún tipo o modelo socialista, o aún siquiera distinto al neoliberalismo imperante, y ante lo cual no duda en sabotear, chantajear, someter a bloqueos económicos y sanciones, fomentar el terrorismo callejero, financiar golpes parlamentarios, financiar a dictadores genocidas, e incluso invadir dichos países. En esta serie de artículos (USA: Estado de Guerra Permanente), a la que remito a mis lectores y lectoras que no la hayan seguido, hacemos un profundo recorrido por el carácter belicista de la potencia norteamericana a lo largo de su historia. En este sentido, muy esclarecedoras fueron las palabras del dictador en un discurso de 1942: "Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos". Según cuenta el historiador Ángel Viñas, Franco comenzó la guerra sin fondos y con el sueldo congelado y la acabó con 32 millones de pesetas de la época (unos 388 millones de euros actuales). 

 

Como hemos explicado en entregas anteriores, grandes obras de la época como los famosos pantanos, canales de riego o el Valle de los Caídos se hicieron con concesiones a empresas adictas al régimen que usaban mano de obra esclava de presos políticos republicanos. Muchas de estas empresas cotizan hoy en el IBEX-35, como sus herederas naturales, al igual que muchos políticos del PP son hijos o nietos de altos cargos franquistas de la época, o de alcaldes o concejales del régimen. Y es que la alargada sombra del franquismo llega hasta nuestros días. Otro hecho muy significativo tiene que ver con las ayudas internacionales recibidas por unos y otros. Unos utilizaron mercenarios a sueldo traídos desde Marruecos bajo las órdenes de Franco. También fue fundamental el apoyo material traducido en armas, tropas y aviones del fascismo italiano de Mussolini, el nazismo alemán de Hitler, y el salazarismo portugués. Acuerdos que gestionó el citado banquero Juan March, que negoció los apoyos del fascismo europeo al "Glorioso Movimiento Nacional". Italianos y alemanes eran los aviones que bombardearon pueblos enteros como Guernika, que inspirara a nuestro genio malagueño universal, Picasso, para su magna obra pictórica, quizá la que mejor refleja los horrores de la guerra. Por su parte, los defensores de la República recibieron oleadas de voluntarios (las Brigadas Internacionales) de todo el mundo, que llegaron a territorio español para luchar por ideales humanistas de justicia social plasmados en la República. Un capítulo épico y heroico de la historia de la humanidad, donde muchos de estos hermanos perdieron la vida. 

 

Los primeros países a los cuales el Gobierno legítimo de la República pide ayuda son Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Ante la negativa de éstos, recurrieron desesperados a Moscú. Pero la Unión Soviética, interesada fundamentalmente en su alianza con Gran Bretaña y Francia, no ayudó a la República desde el principio, sino que fue el apoyo de las potencias fascistas (que apoyaron desde el principio la sublevación) lo que hizo, casi tres meses después de comenzado el conflicto, decidirse a prestar ayuda con asesores militares, material de guerra, alimentos o materias primas. Este apoyo fue clave para aumentar la resistencia de los defensores de la República hasta 1939, pero demasiado tibio como para ganar la guerra, habiendo constancia de recortes en el envío de armamento desde noviembre de 1937. Toda la ayuda fue pagada por el Gobierno de la República con buena parte de las reservas de oro del Banco de España, el famoso "Oro de Moscú". Y tras la Guerra Civil, llegó la terrible dictadura. Exilio, muertes, fusilamientos judiciales y extrajudiciales, soberbia y arrogancia de los vencedores, desapariciones forzadas, torturas, depuraciones administrativas, persecución a maestras y maestros, represión lingüística y cultural, censura y prohibición de manifestaciones populares, falsas amnistías que se convertían en trampas donde los supuestos amnistiados eran fusilados, robo de bebés (ya nos hemos ocupado profundamente de este tema en entregas anteriores) en cárceles femeninas a las presas políticas republicanas mediante una macabra trama que involucra al propio aparato del Estado, y un largo etcétera de aberrantes prácticas determinaron un terrorismo genocida y represor que se manifestó durante más de cuarenta años, pues continuó incluso después de la muerte del dictador. 

 

Todo ello hoy sin resolver. Todo ello aún hoy día escondido, protegido y amparado por la mafia corrupta que nos gobierna, casi con la misma impunidad y arrogancia de entonces. Todo ello pendiente de facturar en las únicas monedas posibles: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Pues bien, una vez dejado claro la naturaleza, los medios y los objetivos de ambos frentes en disputa (mejor dicho, el frente que ataca y el que se defiende), y qué representaban cada uno de ellos, podemos entender que las posturas oficialistas que afirman que ambos "bandos" fueron iguales, que no podemos "reabrir heridas", que tenemos que reconciliarnos, que no podemos alimentar odios del pasado, y otras estupideces por el estilo, no hacen sino alimentar aún más no ya el odio, sino la impotencia de los perdedores de aquélla guerra, y por lo tanto, de los ideales que defendían. Muy al contrario, se enaltecen la vanidad y los ideales de los ganadores, es decir, de aquéllos que justifican y promueven la opresión, la exclusión y el clasismo. Aquéllos que defienden a los poderosos, mientras atacan a los débiles. Un error histórico e interesado consiste en habernos creído el cuento de que desde la Transición, la historia comienza de cero, sin vencedores ni vencidos, sin rojos ni azules. Esta falaz visión no tiene en cuenta que los vencedores, el régimen franquista y todo su andamiaje, estaban en condiciones prioritarias de poder para negociar las bases constitucionales y estructurales del régimen actual. Tal y como anunció Franco antes de morir, todo quedaba "atado y bien atado". ¿Cuál era pues esa atadura a la que se refería el dictador? Es fácil intuirla: un régimen surgido desde la figura de un Rey promovida por el dictador, que continuaría beneficiando a las élites económicas del país, que a su vez mantendrían la hegemonía del resto de poderes fácticos del Estado: las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica y la casta corrupta de empresarios, aristócratas y latifundistas. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 abril 2017 1 10 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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A la izquierda de los republicanos no hay ni puede haber nada. Ninguna aspiración revolucionaria o progresista pasará de ser una utopía infecunda, si no se apoya en las cuatro columnas fundamentales del estado republicano: el ser humano libre, la nación independiente, la sociedad justa y solidaria y el pueblo soberano

Fernando Valera Aparicio (Ex Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el Exilio) (1978)

Desde que el Golpe de Estado del General Franco en 1936 interrumpiera abruptamente la Segunda República, nuestra historia entró, pudiéramos decir, en un declive democrático. En una primera etapa, surgida de la dictadura franquista, volvieron a visitarnos los fantasmas del fascismo, de la intolerancia, del exterminio, del genocidio, del exilio, del hambre, de los trabajos forzados, de la represión y de la muerte. La dictadura de Franco fue uno de los períodos más negros de nuestra historia. Pero acabada la misma con la muerte física del dictador, también se vieron truncadas las esperanzas de muchos republicanos que confiábamos en la vuelta de un período de recuperación no sólo del aspecto formal de nuestros derechos y libertades, sino también de un saneamiento democrático de nuestra sociedad, y de la recuperación y protagonismo de las clases trabajadoras de aquél tiempo. Desgraciadamente, no fue así, y lo que se nos vendió bajo el período denominado de Transición no fue más que un lavado de cara de la época anterior, despojándolo de su crueldad y de su autoritarismo, pero en ningún caso retornando a los valores sociales de la breve etapa republicana. 

 

Y así, a más de 40 años de la desaparición del dictador, nuestra sociedad continúa bajo el aparente disfraz democrático, pero sufriendo en realidad las limitaciones de una democracia recortada y aplastada por las élites dominantes, esa poderosa trama de poder económico-mediático (con la complicidad de la Monarquía, la Iglesia y las Fuerzas Armadas) que nos gobierna, aunque no se presente a las elecciones. La necesidad de la República se vuelve, pues, imperiosa. Actualmente, el Grupo Parlamentario de Unidos Podemos se ha instalado en la postura de relegar el tema de la República a un segundo plano, pero muchos pensamos que se equivocan estrepitosamente. Bajo la falacia de que hay que solucionar otros problemas mucho más urgentes para la ciudadanía, el asunto de la República queda postergado ad infinitum, cuando en realidad, es la base de todo nuestro saneamiento democrático, sin el cual, nunca podremos recuperar los valores sociales a los que aspiramos. Sin superar realmente el franquismo (pues los actuales gobernantes son los naturales herederos del mismo, y prueba evidente de ello son las continuas trabas y negativas que ponen para condenarlo y respetar la memoria histórica), la Monarquía nos viene impuesta desde la figura del dictador, sin respetar la voluntad popular ni organizar siquiera un referéndum sobre el modelo que se prefiere por parte de la población española. 

 

Y sin República, nuestra sociedad continuará bajo los mismos moldes antidemocráticos que la configuran, y bajo la anacrónica arquitectura que la determina. Porque la República es, básicamente, el cimiento de la democracia. Se podrá argumentar que la forma o modelo de Estado es un detalle menor, pero nosotros discrepamos absolutamente de ese planteamiento. La Monarquía es la base de una estructura de poder que consagra y perpetúa la dominación de la trama político-económica sobre las clases populares y trabajadoras, y por tanto, desde esa perspectiva, sin abolirla nunca se podrá construir una sociedad con completa justicia social. Necesitamos imperiosamente la República, pero tampoco cualquier República nos vale (como no nos vale cualquier modelo de Renta Básica, por ejemplo). Necesitamos una República Socialista, Federal, Laica, Democrática y Participativa. Es decir, necesitamos una República pensada para las clases populares y trabajadoras. Una República que vuelva a recuperar los valores que se extirparon salvajemente con el golpe fascista y  la posterior dictadura, precisamente porque atacaban a los intereses de los grupos fácticos de poder. Una República que sea crisol donde se fundan las más legítimas aspiraciones de justicia, igualdad, fraternidad, cooperación, verdad, reparación, equidad y redistribución. Una República del pueblo y para el pueblo. 

 

Salva Artacho lo ha expresado magníficamente en un reciente artículo: "Debemos afrontar y dejar claro que la grave situación económica que padece la sociedad en general, la corrupción y el trapicheo político, los desahucios, la precariedad laboral, el abuso patronal, los problemas de la educación pública, la sanidad que nos roban para privatizarla y convertirla en el gran negocio, el incumplimiento sistemático de sus leyes, la criminalidad machista sin fin, la fuga de cerebros por falta de cauces para la investigación, la bula fiscal e impositiva de la que goza la Iglesia, la parcialidad de la justicia, la nula atención a la memoria histórica republicana, la burla de la clase dirigente al gobernar sólo para los intereses de las minorías pudientes...deben ser abordados desde un planteamiento radical democrático, o lo que es lo mismo, yendo a la raíz de los problemas y esto sólo se puede hacer desde la República, dejando claro que todo lo que nos proponen los ex-socialistas, la derecha y los nuevos partidos son "agiornamientos" o ligeras capas de pintura para disimular la situación de deterioro en la que está el régimen y de la que ellos son cooperadores necesarios en su sostén". Hay cosas que no se arreglan si antes no se desarreglan del todo, y exactamente eso es lo que necesitamos, que la República sea el instrumento para derribar tanta lacra social de tanto gobierno indecente y de tanta casta corrupta, para levantar sobre ella un nuevo proyecto de país. 

 

Una República, en definitiva, que se base escrupulosamente en la total y absoluta garantía del cumplimiento de los Derechos Humanos, reflejados entre otras fuentes en la solemne Declaración Universal, cuyo artículo 25, sin ir más lejos (para que veamos hasta qué punto estamos lejos de él) dice lo siguiente: "1.- Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asímismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2.- La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social". Esto lleva enunciado desde 1948, pero nuestros gobernantes lo siguen ignorando, condenando a la pobreza, a la exclusión social, a la precariedad o a la miseria a millones de personas en nuestro país. Necesitamos una República no sólo para cambiar al Jefe del Estado (que también), sino para que no haya nadie sin ingresos, sin vivienda, sin luz, sin sanidad, sin servicios sociales, sin pensiones o sin alimentación. No se trata de sustituir a un Rey por un Presidente, se trata de construir un nuevo modelo avanzado y solidario de país, basado en la más estricta configuración democrática. 

 

Necesitamos la República para desmontar la trama de poder, para bajar de sus pedestales a la casta corrupta que nos gobierna, que dirige los designios del país, que nos expolia y que nos destroza la vida. Necesitamos la República para construir desde los cimientos un país digno y decente, en el que no haya nadie sin derechos. Porque no se trata, como ha explicado Lola Sanisidro en este artículo, únicamente de un debate entre monarquía y república, sino de un debate en profundidad sobre los valores republicanos que determinan la convivencia: la igualdad (ya quebrada desde el instante en que existe una Institución y un monarca por encima de la ley), la libertad (entendida también como la libertad material de poder vivir sin el permiso de otros, es decir, la libertad entendida como la garantía de la satisfacción de las necesidades materiales), la laicidad (como garantía de que ninguna creencia formará parte de las Instituciones del Estado, ni se impondrán liturgias como si fueran actos de Estado), la fraternidad (entendida como todo lo contrario a la competitividad, al egoísmo y al individualismo, es decir, entendida como la solidaridad, la cooperación y la puesta en común de bienes y servicios, redistribuyendo la riqueza), y la defensa de lo público (exactamente lo que significa Res pública) como algo propio y común que garantiza espacios de realización de los derechos sociales, y del resto de derechos y libertades. Por todo ello, y para todo ello, necesitamos la República.

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9 abril 2017 7 09 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (45)

El terrorismo no se combate con armamento ni se combate fomentando y reforzando el miedo. Se combate con educación, sanidad y progreso, se combate no invadiendo países por intereses económicos o geopolíticos y se combate con la integración de los inmigrantes. Pero eso no da dinero ni comisiones como la venta de armas

Luis Gonzalo Segura

Como explicábamos en el artículo anterior, la creciente islamofobia envuelta en trazos de neofascismo con que se presenta la ultraderecha (bajo falaces eslóganes para capturar el voto de una población alienada) puede provocar problemas añadidos. Muchos musulmanes han nacido en países occidentales, pero no se sienten integrados como deberían. Como es lógico, para lograr afirmarse y reivindicar su lugar en nuestra sociedad muchos recurren a la cultura y a la fe, pero esto no contribuye más que a reafirmar y polarizar las diferencias, sobre todo en sociedades que no son plenamente laicas, es decir, en cuyo ámbito público no se manifiesta ninguna religión. Desde 2008, Estados Unidos y sus aliados han invadido ocho países: Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Libia, Mali, Irak y Siria. Casualmente, todos musulmanes. Y no olvidemos Gaza, que desde 2008 ya ha sido devastada hasta tres veces por bombardeos a gran escala. Y a todo ello debemos unir el hecho, también comentado, de que el Islam en Europa es financiado por la poderosa corriente integrista (wahabita) patrocinada por Arabia Saudí, socio especial de nuestros "civilizados" países europeos. Toda una amplia infraestructura de difusión está puesta al alcance de dicho objetivo, mediante canales de televisión vía satélite, páginas web, libros, organizaciones, y muchas mezquitas. 

 

Y cuanto todo este polvorín estalla, a nuestros líderes occidentales no se les ocurre otro razonamiento que proclamar a los cuatro vientos que "Estamos en guerra" (François Hollande dixit), que estos atentados pretenden acabar con "nuestros valores", y nuestro "modo de vida". En el caso de Francia, por ejemplo, no se dice nada de que este país durante los últimos cinco años ha hecho la guerra en Costa de Marfil, en Libia, en la República Centroafricana, en Irak y en Siria. Nunca se dijo a la población "Estamos en guerra" en esos casos. Si además las autoridades de estos países ordenan nuevos bombardeos, cerrar las mezquitas y crear un clima de rechazo hacia los musulmanes, se echa más gasolina al fuego. Se entra en una espiral de violencia verbal y física hacia los musulmanes, que a su vez es aprovechada por las fuerzas políticas de corte neofascista para difundir su mensaje de odio, y a su vez la corriente integrista utilizará hábilmente este contexto para reforzar su influencia e impacto, lo que favorecerá la fanatización y aumentará la islamofobia. Como pueden apreciar los lectores y lectoras, se trata de un círculo perfecto que se retroalimenta, y que puede provocar efectos terribles. Pero hay incluso un segundo círculo vicioso. Los atentados terroristas son un regalo del cielo para la extrema derecha. La derecha prospera mejor en un clima de angustia y terror. Un reforzamiento de la derecha significa deshacer el Estado del bienestar que corre parejo del establecimiento del Estado policial (el segundo punto es una condición del primero). 

 

Los recientes atentados y el aumento de las medidas de seguridad también benefician a la extrema derecha, ya que alimentan sus tesis de reforzamiento de las fronteras y de poner en marcha políticas de inmigración más duras. Pero existe otra faceta del problema a tener en cuenta, y es que un debilitamiento aún mayor del ya precario Estado del Bienestar afectará sobre todo a los más débiles, y por lo tanto, también a los musulmanes. Eso quiere decir que ejercerá aún más presión a sus depauperadas condiciones de vida, profundizando su actual situación material y existencial. Se reducirá aún más la perspectiva de una vida decente para los jóvenes musulmanes, que volverá a abonar el terreno del fanatismo, del integrismo y del fundamentalismo como únicos sostenes que puedan ofrecer refugio frente a tanta indiferencia social. También aquí cerramos este nuevo y peligroso círculo vicioso. Pero todavía se pueden analizar más perspectivas: los atentados terroristas también fomentan el racismo, el cual desvía la atención de la lucha socioeconómica. El enemigo principal ya no será la desigualdad, sino las personas que tienen otro color de piel, o que visten de otra forma, o que hablan otro idioma, o que le rezan a otro Dios. El racismo levanta pasiones y enfrenta a unos sectores de la población contra otros, golpea y divide a la población en grupos, todo lo cual resulta muy cómodo para la élite social capitalista y poderosa, que permanece al margen contemplando cómo los de abajo se enfrentan entre ellos. 

 

Porque la famosa estrategia del "divide y vencerás", aplicable en muchos campos del saber, de la ciencia, de la técnica y del pensamiento, siempre ha dado muestras de funcionar. Marc Vandepitte, en el artículo de referencia que estamos siguiendo, nos dice textualmente: "En Alemania en la década de 1930 se embriagó a la población trabajadora con fuertes dosis de antisemitismo y una vez que estuvo suficientemente aturdida, se eliminó a los sindicatos. La trampa para el movimiento obrero actual es dejarse arrastrar por la saña antimusulmana, y para los musulmanes la trampa es replegarse sobre sí mismos y aislarse. La unidad es más que nunca necesaria". En efecto, sólo la verdadera conciencia de clase internacionalista, de tener muy claro quiénes son los opresores y quiénes son los oprimidos, nos permitirá salir a flote de esta continua manipulación. Y ante tanta falacia argumental, ante tan burdos planteamientos, se hace necesario un enfoque antiterrorista en profundidad y radicalmente pacifista. Ya lo hemos descrito en entregas anteriores con respecto al ISIS y a la guerra de Siria, pero es extensible a cualquier enfoque sobre conflictos internacionales. Y como las causas son múltiples, este enfoque también tiene que ser múltiple. Insistiremos en ello de forma resumida: por una parte, se debe cortar totalmente la financiación al califato y a cualesquiera otros grupos yihadistas, incluyendo los países desde donde afluyen los fondos destinados a los grupos terroristas: Arabia Saudí, Qatar, Kuwait...Las sanciones y los embargos han demostrado funcionar en este sentido. Deben cesar también las entregas de armas a estos países. 

 

Siempre hay que apostar al máximo por una solución negociada, que se debe hacer bajo los auspicios de la ONU (organización muy imperfecta sobre la que hablaremos en su momento en su bloque temático correspondiente). Las fuerzas de mantenimiento de la paz deberán supervisar que los acuerdos se aplican y se respetan. Debe cesar toda intervención militar occidental. Pero para llegar a ello, hay que ir recortando paulatinamente el tamaño del complejo militar-industrial, pues mientras continúe engordando, su razón de ser le empuja continuamente a las guerras y los conflictos armados. Y de cara al ámbito interno de cada país, se debe renunciar al enfoque que predomina la seguridad frente a los derechos y libertades públicas. Se deben mejorar los medios de los servicios de inteligencia, así como su integración entre los servicios de los diferentes países, al mismo tiempo que se garantiza plenamente la vida privada de las personas, y todos los derechos humanos fundamentales. Hay que crear programas especiales de integración de todas las personas afectadas por cualquier tipo de fanatismo terrorista o de integrismo fundamentalista. Se debe impedir por ley la financiación del wahabismo y de otras corrientes religiosas extremistas. Pero de forma complementaria, hemos de crear una sociedad que no abandone a nadie a su suerte, sino que proyecte toda una amplia y extensa red de protección social para todas las personas, incluyendo desde una renta básica universal hasta programas de trabajo garantizado, pasando por la gratuidad y universalidad de los servicios públicos sanitarios, educativos, etc. De entrada, hay que establecer planes urgentes que eliminen la exclusión social y la pobreza. Esto implica sobre todo la creación de empleo estable, digno y con derechos, inversiones serias en vivienda social, reducción del coste de la enseñanza pública, etc. Continuaremos en siguientes entregas.

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