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4 julio 2022 1 04 /07 /julio /2022 23:00
Decálogo de falacias en la Cumbre de la OTAN

Aquí se nos invita a celebrar el rearme, la escalada bélica, los muros más altos, la concepción de la migración como ‘amenaza híbrida’. Algunos analistas incluso plantean proyectos delirantes que contemplan la “occidentalización” del mundo. Europa deja en sala de espera la posibilidad de desarrollar su autonomía estratégica. El avance en los caminos de los derechos humanos, del cuidado del planeta, de la igualdad y de la paz también tendrá que esperar. Es la militarización de las mentes

Olga Rodríguez

Durante los pasados días 29 y 30 de junio se ha celebrado en Madrid una Cumbre de la OTAN calificada como “histórica” por muchos de sus organizadores (la celebración de la Cumbre ya es en sí misma un acto desafiante y contrario a la paz, siendo la OTAN la organización militar más poderosa del mundo), cuyas conclusiones se han plasmado en un escueto documento de 16 páginas (en realidad sólo 11, el resto son portadas y páginas en blanco) que resumen lo que han denominado como “Concepto Estratégico de Madrid”, que pudiera ser considerada la falacia 0 de esta Cumbre. Básicamente, una mirada al ombligo de este prepotente Occidente otanista y beligerante, que se cree el centro del mundo, y que pugna violentamente por no perder su hegemonía en el resto del planeta. Detrás de ese “Concepto Estratégico” sólo se esconde una verdad: la OTAN es un instrumento violento para conseguir dominar territorios, recursos naturales y energéticos y nuevos mercados, todo ello a través de la fuerza. Se obstina de forma terca en defender la visión unipolar del mundo que caracterizó a pasadas décadas, sin enfrentar la nueva realidad, donde un horizonte multipolar, más justo y equilibrado, se vislumbra. No obstante, si las políticas climáticas y energéticas no cambian, es muy probable que ocurra el colapso de la humanidad antes de que este nuevo mundo multipolar vea la luz.

 

Es de destacar también, paralelamente al contenido de la propia Cumbre, la reproducción de un evento y de una agenda profundamente machista y conservadora, lo que puede comprobarse no solamente en la “foto de familia” de la Cumbre, con inmensa mayoría de hombres, sino en la “agenda alternativa” de los/as acompañantes de los líderes otánicos, la inmensa mayoría mujeres, que guiadas por la reina Leticia, han asistido a todo tipo de actos sociales y culturales, mientras sus importantes parejas solucionaban los problemas del mundo a su violenta manera. Vamos a comentar a continuación las que nos han parecido las mayores falacias de esta Cumbre, aunque por supuesto no es una enumeración exhaustiva, pues durante la misma se han producido muchas más entrevistas y actos que merecerían un tratamiento separado. Pero lo principal podría resumirse en el siguiente decálogo:

 

1.- La OTAN es una organización defensiva. Sólo les ha faltado decir que la OTAN es una organización pacifista, para completar la falacia y el despropósito. La OTAN es una organización belicista y patriarcal, creada para defender unos intereses muy concretos de unos países muy concretos. La OTAN siempre ha apostado por la escalada bélica, por la militarización creciente de sus países miembro, y por el incremento de los presupuestos en Defensa. Su naturaleza es militar, no cabe otro enfoque posible. Ninguna organización de este tipo debería existir en el mundo, y la ONU, en vez de celebrar este tipo de eventos, debería hacer campaña para erradicarlos. Pedro Sánchez, el anfitrión de la Cumbre, orgulloso de su celebración, ha proclamado que ha sido “un éxito” (¿?), y que la OTAN es un club de democracias para defender la democracia. Dicha afirmación no es que sea una falacia, sino que es una absoluta aberración. La arrogancia de Occidente no tiene límites, y su discurso es cada vez más proclive a la normalización del relato de la extrema derecha.

 

2.- Putin tiene afán expansionista e imperialista. Se instó a Rusia a “detener la guerra”, así como se expresó la firme voluntad de continuar enviando armas a Ucrania, porque según los inteligentes líderes que acudieron a la Cumbre, "Ucrania debe ganar” esta guerra. Como en otros artículos ya hemos indicado, la voluntad negociadora está completamente ausente, no existe ningún interés en la vía diplomática, y la única tesis en la que se trabaja es que Ucrania continúe siendo un campo de batalla indefinido, que sirva únicamente para desgastar a Rusia, a costa de su aislamiento y del reforzamiento de la OTAN. Es una completa falacia que se afirme que Putin tiene afán expansionista, cuando desde 1949 la única que se ha expandido ha sido la OTAN, cercando cada vez más a Rusia, y tomando acciones de injerencia en las políticas internas de determinados países de la antigua órbita soviética, para que sirvieran a los intereses occidentales.

 

3.- Los aliados somos más fuertes y estamos más unidos que nunca (ahora somos 32). También se ha afirmado que Putin quería menos OTAN y tendrá más OTAN. En realidad, los únicos que vamos a tener más OTAN somos nosotros en la Base Militar de Rota, donde el número de buques destructores estadounidenses va a pasar de 4 a 6. Y eso que las promesas del PSOE de Felipe González eran “disminuir progresivamente la presencia militar norteamericana en España”. Menos mal, porque si llegan a prometer ampliarla…Nuestro país se está convirtiendo cada vez más en una colonia militar de Estados Unidos, a cuyos mandatarios rendimos pleitesía y nos subordinamos a sus intereses geopolíticos y geoestratégicos. De esta forma perdemos voz en la escena internacional, anulamos nuestra soberanía, y nos sometemos de manera torpe y miope a los intereses estadounidenses, lo que puede comprobarse en nuestro cambio de dependencia en lo tocante a la energía (en vez de un gas rápido y menos contaminante proveniente de los gasoductos rusos, ahora llegarán a nuestras costas buques transportadores de gas licuado procedente de Estados Unidos, más caro y contaminante).

 

Por otra parte, como hemos comentado, el número de países miembro ha aumentado a 32. En esta Cumbre se ha aprobado la incorporación de Suecia y Finlandia, dos países que han roto su histórica neutralidad para sucumbir al relato estadounidense del enemigo ruso, y provocarlo aún más, pues Finlandia comparte más de mil kilómetros de frontera con la Federación Rusa. Lo que no se cuenta es que, para aprobar dicha incorporación de ambos países nórdicos, han tenido que superar el veto previo de Turquía, teniendo que reconocer al Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) como organización terrorista, con el compromiso de extraditar a Turquía a todos los kurdos que allí residen, y que el presidente turco considera terroristas.

 

4.- Rusia es la principal amenaza. Concretamente, se ha afirmado que Rusia es la “amenaza más significativa y directa” para los países de la Alianza, lo cual anuncia, como es lógico, un contexto de mayor tensión y enfrentamiento. De esta forma, Estados Unidos sigue sirviéndose de su patio europeo para continuar su pulso con Moscú y para intentar mantener la hegemonía que va poco a poco perdiendo. Es cierto que Rusia ha invadido Ucrania, pero Rusia no amenaza a ningún país europeo. Es una completa falacia definir a Rusia como una amenaza cuando somos nosotros, los países de la OTAN, quienes hemos amenazado con la expansión de esta misma organización durante décadas. Y en Ucrania, los Estados Unidos llevan caldeando el terreno y el ambiente desde 2014, para provocar el alejamiento de Ucrania con respecto a Rusia, y su acercamiento a los países de la UE, es decir, para convertir a Ucrania en otro títere suyo. Y sobre la guerra de Ucrania, no se escucha ni una sola voz de la OTAN que promueva el fin de la guerra mediante el diálogo, la negociación y el acuerdo, sino mediante la escalada bélica y el envío constante de más armas a territorio ucraniano.

 

Como ha explicado Olga Rodríguez: “Europa es hoy más débil política y económicamente que antes de la invasión de Ucrania, y está más subordinada a Washington. Ante ello el presidente estadounidense Joe Biden pide a Bruselas que resista, que asuma sus directrices, que se convierta en escenario de la escalada con el envío de más tropas estadounidenses a Europa. Desde su posición de privilegio y desde su lejanía geográfica es fácil. EEUU está trazando su estrategia en Ucrania a costa de los intereses de parte de sus socios europeos. Los riesgos para nuestro continente no son pocos”.

 

5.- China es un reto y un desafío a nuestros valores. En efecto, en el documento de conclusiones de la Cumbre se indica que el país asiático representa un desafío a los “intereses y valores” de la Alianza. ¿Es que nadie se da cuenta de la gravedad de estas afirmaciones? ¿Es que no se entiende el lenguaje hostil y provocador de dichas afirmaciones? ¿Es que no comprenden nuestros líderes otanistas que estas declaraciones no hacen sino provocar el rechazo de pueblos que deberían ser nuestros hermanos y no nuestros “desafíos”? ¿Es que nos creemos de verdad con la superioridad moral para señalar a otros como rivales simplemente porque son diferentes a nosotros? No, solo hay que acudir a un relato más sencillo: China está más adelantada tecnológicamente que Estados Unidos, y lisa y llanamente, Washington se niega a asumirlo, se resiste a perder su hegemonía (que ya sólo mantiene en la faceta militar), y busca por todos los medios aislar y competir con el gigante asiático, incluso recurriendo a juego sucio. Y aquí, como en tantos otros asuntos, los países europeos le sirven al gigante estadounidense de perritos falderos. China no amenaza ni desafía a nadie, no es un reto para nadie, y lo que hay que hacer, en vez de tantas declaraciones hostiles y altisonantes, es promover acuerdos de colaboración y cooperación con Pekín.

 

6.- La OTAN defenderá cada centímetro de su territorio. De nuevo una afirmación arrogante y agresiva, que intenta amedrentar a los países que puedan albergar la idea de “atacar” cualquier “centímetro” de territorio otánico. Son declaraciones que, por absolutas perogrulladas, no deberían estar en el discurso de líderes de tan alto nivel como se supone que son los dirigentes de la OTAN. Ya se sabe que esto ocurrirá, pues está en la propia naturaleza de la organización, pero en vez de proclamarlo, lo que los países de la OTAN deberían hacer es promover políticas que garanticen, cada vez más, que ni un solo centímetro de ningún país ni territorio va a ser atacado. Es lo que hace un buen negociador, en vez de un matón de barrio, como parece ser que son los líderes otanistas.

 

7.- La OTAN ha abordado los problemas derivados del calentamiento global. ¿Puede haber mayor falacia? ¿Cómo puede afirmarse que organizaciones como la OTAN van a considerar los problemas derivados del cambio climático, cuando resulta que los ejércitos (todos los ejércitos del mundo) constituyen los elementos más contaminantes del planeta? Sólo el Pentágono y sus tropas son responsables de más emisiones de gases de efecto invernadero que muchos Estados del mundo. Los ejércitos son consumidores de petróleo en ingentes cantidades, y son responsables, mediante las operaciones militares, los conflictos armados y las guerras, de la devastación que provoca la muerte de cientos de miles de personas, de animales y de ecosistemas, la contaminación de bosques, mares y ríos, y la pérdida constante de biodiversidad regional. Y por si fuera poco, la posterior reconstrucción que necesitan los lugares devastados por las guerras vuelve a generar mayor destrucción ambiental y consumo excesivo de recursos. En resumidas cuentas, es una completa contradicción que se afirme que organizaciones como la OTAN pueden preocuparse por este asunto, cuando su propia actividad es responsable de buena parte del calentamiento global.

 

8.- La OTAN también se ocupará del flanco sur. En realidad, lo que se ha acordado básicamente es la lucha contra los grupos terroristas asentados en el Sahel, así como la consideración del fenómeno de la migración en el flanco sur como una “amenaza híbrida”.  Como si no hubiera graves problemas en los lugares de origen que empujan a muchos seres humanos a buscar otros rumbos, otras salidas. Como si no hubiera guerras, violencia, pobreza, saqueo de recursos, sequías, catástrofes medioambientales, crisis climática, hambre…¿Cómo es posible definir las migraciones como una “amenaza”, máxime cuando quien así las califica es el responsable (los países de la OTAN) de provocar las condiciones catastróficas en dichos países para que la gente migre? Siglos precedentes de políticas colonialistas y neocolonialistas han provocado no solo el ingente saqueo de los recursos naturales de dichos países (y en el pasado el expolio de sus tesoros culturales), sino que para lograrlo más eficaz y rápidamente, han promovido tensiones, derrocamiento de Gobiernos y continuas injerencias en sus políticas internas. Estas afirmaciones no son solo falacias, son además indecencias.

 

9.- La OTAN debe aumentar su presupuesto en defensa hasta el 2% del PIB. De hecho, el Presidente Pedro Sánchez se ha comprometido a ello durante esta década, y ha manifestado su voluntad de convencer a todos los grupos del Parlamento para que apoyen su “proyecto de país” (¿?) en este asunto. Los dirigentes de Podemos ya le han contestado: “Nuestro país necesita más profesores y médicos, más hospitales y escuelas, más residencias y rentas garantizadas, y menos tanques y armas”. Es cierto, pero aunque no los necesitara, hay que huir de toda política que invierta en lo que llaman eufemísticamente “Defensa”, pues es dinero empleado en armas, para patrocinar las guerras y las masacres. Denunciemos de una vez la clásica y tremenda falacia que dice así: “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”. Falso. Si quieres la paz, has de prepararte para la paz, con educación para la paz, con presupuestos para la paz, y con cultura para la paz. Nada de lo que la OTAN promueve, pues los países otánicos se sitúan en las antípodas de la cultura de paz.

 

10.- Vivimos en un mundo más peligroso e impredecible. Sin duda, es ésta la afirmación más cínica y escandalosa con diferencia de todas las que se han vertido en esta Cumbre. ¿Cómo pueden afirmar sin despeinarse que el mundo es más peligroso, precisamente aquéllos que lo hacen más peligroso? Son precisamente las políticas que organizaciones como la OTAN promueven, las que vuelven más peligroso el mundo. Se permiten referirse a las migraciones como “amenazas”, cuando son hechos que ellos mismos han provocado mediante sus políticas de saqueo y desestabilización de países enteros. Se permiten referirse a las guerras como impredecibles cuando son ellos los que las programan y activan. Afirman que el mundo es más peligroso cuando son ellos mismos los que no dejan de convertir al mundo en un polvorín, en cada decisión que toman. Son los dirigentes de organizaciones como la OTAN las que crean mundos peligrosos, por promover presupuestos en Defensa, en vez de promover presupuestos para eliminar las desigualdades, y para garantizar los derechos humanos. El mundo es más peligroso, es cierto, pero se lo debemos a ellos.

 

Son instituciones como la OTAN las responsables de las guerras, de las escaladas armamentísticas, del crecimiento del complejo militar-industrial, y de provocar en el mundo tanto odio, tanta miseria, tanta hambre, tantos desplazamientos forzados, tanta desolación y tanta devastación. Las operaciones de la OTAN nunca han conseguido estabilizar y ofrecer un entorno de seguridad en los países intervenidos (véanse, entre otros muchos, los casos de Libia, Afganistán, Siria o Irak), sino más bien al contrario, han facilitado Estados fallidos, éxodos masivos de personas, y un polvorín armamentístico y humanitario. La OTAN patrocina, no nos engañemos, un mundo de refugiados, de desamparo, de calamidades, de desastres, de inhumanidad. Un mundo de horror y barbarie. Un mundo sombrío. No tendremos un mundo en paz mientras organizaciones como la OTAN continúen existiendo. Como resumen de todas las falacias comentadas, sólo queda una conclusión: lo mejor que podría hacer la OTAN es disolverse, y que a partir de ese momento, los países miembros promovieran de verdad la paz, promovieran acuerdos pacíficos y cooperativos entre los países, las naciones, los continentes, los pueblos y las civilizaciones del mundo, promoviendo la justicia internacional y la equidad, en vez de definir a otros como “enemigos” o “desafíos”. Sin duda, entonces, el mundo sería menos peligroso. Nos sumamos a la proclama que levantara Julio Anguita: ¡Malditas sean las armas, las guerras y los que las promueven!

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28 junio 2022 2 28 /06 /junio /2022 23:00
Viñeta: Antonio Rodríguez

Viñeta: Antonio Rodríguez

Echarle la culpa a las supuestas “mafias de migrantes” es buscar encubrir a los verdaderos responsables. El Capitalismo es el responsable de esta tragedia: los que se lucran del sudor ajeno y del saqueo del planeta. Las transnacionales inflan sus fortunas en base a la tortura de los pueblos: viabilizan el saqueo mediante guerras imperialistas y paramilitarismo

Cecilia Zamudio

Tendemos a vivir en un mundo dividido entre “nosotros” y “ellos”, y esa escisión busca aunar los impulsos morales, pero para ponerlos al servicio del antagonismo social. Nuestra superioridad moral nos interesa en la medida que nos permite acusarlos a “ellos” de perversos; esos otros seres humanos “exceptuados” de nuestra obligación moral para con otros semejantes, atribuyéndoles rasgos que mancillan y deforman su imagen, seres humanos indignos de nuestra consideración y respeto, con lo que justificamos nuestra indiferencia

Mario Hernández

No hay alambre suficiente. Ni para los 7.700 km de frontera europea, ni para la brecha que separa Europa de la guerra y la pobreza

Isaac Rosa

Europeos, abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Esta no es una batalla para protegernos de los otros. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida

Ada Colau

El dinero tiene cada vez menos fronteras; las personas, cada vez más

Pedro Olalla

¿A quién pertenecen los recursos mineros (oro, platino, hierro, bauxita, coltán, níquel, estaño, plomo, manganeso, plata...), energéticos (petróleo, gas natural, uranio...), agrícolas (café, cacao, algodón...), forestales, pesqueros y otros que la economía mundializada necesita cruelmente? Pertenecen a esos hijos que vienen a morir a las puertas de Europa

Aminata Dramane

Hoy por hoy los valores éticos de la UE están en el cubo de la basura. En la crisis de los migrantes subyace el fracaso de las políticas de la UE. En poco tiempo se está desmoronando el edificio político y moral que dio lugar a su fundación, la política común es una quimera. Lo que queda es el mercado y el dinero. El derecho de asilo ha sido ahogado en el Mediterráneo. El derecho a la vida de los migrantes económicos, también

Iosu Perales

Veámoslo de esta manera: 2.000 personas negras desplazadas por conflictos en África han sido molidas a palos y 37 han muerto al buscar refugio en España. Más de 120.000 personas blancas desplazadas por la guerra de Ucrania han podido llegar a España en menos de cuatro meses (…) Los refugiados de África solo pueden pedir asilo en España saltando la valla de Ceuta o Melilla o subiéndose a una patera. Los de Ucrania tienen billetes gratis de Renfe y hasta grupos de taxistas han ido a recogerlos entre aplausos de políticos y sociedad civil (…) Si las imágenes de migrantes golpeados y desparramados en el suelo inconscientes fueran víctimas de la guerra de Putin, la OTAN estaría preparando arsenales y movilizando tropas y Europa hablaría de crímenes de guerra

Jairo Vargas

Sólo unos 130 migrantes consiguieron entrar en Melilla. El resto no pudo. En el cementerio de Nador (Marruecos) ya se preparan fosas comunes para enterrar (sin identificación y sin autopsia) a los casi 40 migrantes que murieron bajo los malos tratos de los gendarmes marroquíes. Además, más de una veintena de supervivientes han sido enviados a prisión preventiva, imputados por actos de violencia contra dichos gendarmes. La mayoría de ellos procedía de Sudán y Eritrea. Mientras, nuestro Presidente Pedro Sánchez, de forma vergonzosa, elogiaba la actuación de Marruecos, y responsabilizaba a las mafias que trafican con personas. Evidentemente las mafias existen, pero ese no es el debate aquí, sino el propio fenómeno migratorio y sus causas, y el trato denigrante que se ofrece a los migrantes. Y es que las imágenes que nos llegaban estos últimos días eran aterradoras, con los gendarmes empujando violentamente a los migrantes unos encima de otros, un trato que no se merecen ni las más fieras bestias. Apaleados y apilados, aberrantes tratamientos inconcebibles en pleno siglo XXI.

 

¿Existe una valla en la frontera entre España y Francia? No la hay, al igual que no la hay entre Estados Unidos y Canadá. Pero en cambio sí existe entre Marruecos y España (Ceuta y Melilla), así como entre Estados Unidos y México. Por tanto, si mil quinientos canadienses entran a territorio estadounidense, éstos nunca entenderán que ha habido un “ataque a la integridad territorial” de los Estados Unidos, como sí lo consideran cuando las mil quinientas personas son mexicanas, hondureñas o guatemaltecas. Igualmente, nuestro país no considera un “asalto violento” si llegan mil quinientos franceses, alemanes o ingleses, pero sí lo considera si las mil quinientas personas son de Ghana, Senegal o Burundi. Es la consideración racista la que determina cómo vemos a los demás, es el enfoque que posee un Norte colonizador sobre un Sur colonizado el que nos proporciona la mirada deshumanizadora, discriminatoria e injusta que tenemos hacia un mismo hecho.

 

Y es que la doble vara de medir, opinar, decidir y actuar con respecto a las personas migrantes es, en nuestro país, absolutamente hipócrita, criminal y escandalosa. La propia denominación que se asigna a los sucesos ya es, en sí misma, discriminatoria, pues el lenguaje es la primera arma que se utiliza para describir los fenómenos. Y en ese sentido, se habla de que los ucranianos que están sufriendo la invasión rusa son las víctimas de una guerra (y en efecto lo son, lo que se oculta y disfraza son las causas de esa guerra), y nos solidarizamos con ellos, y les tendemos todo tipo de puentes a sus necesidades, y les facilitamos la huida de su país, y los acogemos en el nuestro, y les buscamos trabajo, y les facilitamos ayudas, y les garantizamos su integración en nuestra sociedad, y les permitimos que continúen con sus proyectos vitales, e incluso a nivel privado y particular, miles de familias los acogen en sus casas, u organizan viajes para recogerlos o llevarlos a otros destinos, y se preocupan de que nada les falte mientras estén en nuestro país. Estupendo.

 

Pero en cambio, cuando mil quinientas personas, después de vagar durante meses por los montes marroquíes cercanos (algunos de ellos incluso años, pues llegaron hasta Libia, fueron devueltos a un “puerto seguro”, o han cruzado el desierto), hartos de soportar la tortura, la violencia, la agresión y la extorsión, desesperados y sin recursos, sin alternativas vitales, después de abandonar hijos, familias, paisajes, cultura, lugares de origen, amigos, etc., deciden superar una valla criminal impuesta por unos Gobiernos igualmente criminales, para que no puedan abandonar sus países, entonces lo llamamos “asalto violento” a la valla de Melilla.

 

Y de esos migrantes que llegan a través de ese “asalto violento” ya no nos interesa si han sufrido una guerra o no, si son profesionales o no, qué idioma hablan, cómo van vestidos, de qué país vienen, cuál ha sido la causa de su migración, qué necesidades tienen, qué anhelos y sueños poseen, qué vida merecen. Ya no nos importa nada de eso. Únicamente nos importa que son negros. Sólo vemos que son negros. Ya no vemos nada más. Nuestra hipócrita sensibilidad, criada a los pechos del cruel capitalismo, nos impide ver nada más. Y entonces, aplicando las despiadadas políticas que tenemos decididas, e incluso acordadas vergonzosamente con terceros países (Marruecos en este caso), nos limitamos a poner todos los efectivos (que tampoco parecen practicar mucha objeción de conciencia) de Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que podamos para impedir a estas personas que puedan entrar en nuestro país, y les damos carta blanca para que actúen criminal y vergonzosamente hacia ellos, llevando a cabo todos los medios, las actitudes y comportamientos para disuadirlos de su acción, incluidos los más violentos (porras, balas de goma, concertinas, devoluciones en caliente…).

 

Y a aquellos que consigan llegar a nuestro país, no contentos con tanto calvario como les hemos hecho pasar, no los trataremos como a los ucranianos con alfombra roja, sino con alfombra negra, ingresándolos en un CETI (Centros de Estancia Temporal de Migrantes), donde se les trata de manera indigna y discriminatoria, y si al cabo del tiempo consiguen salir de allí (muchos de ellos mueren en motines o por maltrato de los agentes, o se suicidan ante tanta barbarie), de esas cárceles para migrantes, nuestra sociedad continuará siendo hostil con ellos, negándoles el pan y la sal, impidiendo que se puedan integrar con nosotros, o rechazando que puedan completar estudios o profesiones para que puedan desarrollar un proyecto de vida en nuestro país. Algunos afortunados sí lo conseguirán, pero la inmensa mayoría de ellos vivirán una vida de penuria y desgracia, de necesidades no cubiertas, de persecución y de racismo institucional, de xenofobia colectiva, de expectativas frustradas, de actividades no deseadas, de fatales incursiones en turbios negocios o de dedicación a actividades clandestinas.

 

Tendrán problemas para vivir porque son negros. Tendrán problemas para alquilar una vivienda, para poder trabajar, para estudiar, para instalar un negocio, para fundar una familia…Tendrán problemas para sobrevivir, porque son negros. No son, para nuestras despiadadas sociedades, “buenos” migrantes, como no éramos “buenos españoles” los republicanos en tiempos del franquismo (e incluso no lo somos todavía para algunas formaciones políticas). No son “buenos” migrantes porque no son “europeos”, porque no son “de los nuestros”, porque no son blancos de ojos azules, porque las mujeres no son rubias ni delgadas, porque no son caucásicos, y porque hablan el shongay, o cualquier otro idioma o dialecto de los países del Sahel. Como si no pudieran aprender nuestro idioma, como si no pudieran absorber nuestra cultura, como si la negritud de su piel les hubiera también ennegrecido su corazón, como si su negritud acreditara el ser o no ser buenos ciudadanos/as, como si fueran, en definitiva, no solo ciudadanos/as de segunda categoría, sino gente a la que nos esforzamos por borrar del mapa.

 

Estos malvados países de la llamada “Unión Europea” (junto con el mayor malvado, los Estados Unidos) practican un racismo institucional y social sin límites, un racismo que les lleva a contratar con terceros países fronterizos (Polonia, Turquía, Marruecos…) acuerdos de miles de millones de euros para que “controlen” a los migrantes que intenten entrar a nuestras fronteras, pero que cuando nos interesa (léase refugiados afganos después de la retirada de Estados Unidos de aquél país, o ahora refugiados ucranianos por la invasión rusa) desplegamos toda la maquinaria de acogida, integración y buena voluntad, para que los extranjeros se sientan “como en casa”. Brutal hipocresía que desvela nuestra podredumbre moral.

 

Mucho parece que nos duelen los bombardeos rusos en ciudades ucranianas, pero en el pasado hemos sido testigos de sucesos igualmente escandalosos (como el ahogamiento del pequeño Aylan Kurdi, o los muertos de la Playa de El Tarajal) que lejos de no caber en países que dicen respetar los derechos humanos, se han permitido con total frialdad, se han llegado incluso a normalizar. Basta ya de tanta hipocresía en torno a la política de fronteras. Basta ya de tanta barbarie migratoria. Ningún ser humano del planeta es ilegal, porque su humanidad está por encima de fronteras, idiomas, culturas, civilizaciones y demás condiciones políticas, sociales, económicas y culturales. Por tanto, todos los seres humanos que migran (ninguno lo hace por gusto, pues entonces no serían migrantes, sino turistas) merecen el mismo trato, un trato igualitario, justo y equitativo, que garantice su integración en los países de destino, y la plena satisfacción de sus derechos humanos.

 

¿Política de fronteras abiertas?, preguntarán indignados los supremacistas y racistas del mundo. Pues no nos cabe otra alternativa, pues los movimientos migratorios tienen su causa fundamental en tantos siglos de barbarie colonialista e imperialista que, sobre todo, Europa y los Estados Unidos vienen llevando a cabo. Y ahora, nos toca pagar el precio. Un precio que incluye acoger a los refugiados que vienen a nuestro país por causas de necesidad, pero que también incluye dejar de colonizar sus respectivos países de origen, invadiendo, hostigando, patrocinando Golpes de Estado, apoyando dictadores, instigando guerras contrainsurgentes, promoviendo Estados fallidos, bajo políticas de continua injerencia, bajo políticas extractivistas, bajo políticas, en suma, que destrozan países, territorios y culturas del mundo, en pro del mantenimiento del nivel de vida de los países del Norte global, y de un supuesto “desarrollismo” que no nos conduce al bienestar ni al progreso, sino al caos, a las desigualdades, a las guerras y a la barbarie. Hemos contribuido enormemente a generar la tremenda miseria que existe en el mundo, y ahora nos negamos a recibirla. Nosotros hemos roto esos países, y el que rompe, ha de pagar. ¡¡No al racismo migratorio!!

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23 junio 2022 4 23 /06 /junio /2022 23:00
Fuente: http://www.epdata.es

Fuente: http://www.epdata.es

Se acaban de celebrar las Elecciones Autonómicas en Andalucía, y el panorama tras las mismas es absolutamente desolador. Es un panorama ciertamente muy parecido al que obtuvimos tras las recientes Elecciones en Castilla y León, con solo algunas diferencias: los diputados y diputadas andaluces de Vox no serán determinantes para la formación del Gobierno, y la distribución de escaños entre las diferentes fuerzas políticas ofrece otro ligero reparto. Pero el fondo del asunto, lo que determina la evolución del voto popular se nos ofrece bien claro: la derechización del electorado, la pérdida de fuerza electoral y de poder político de la izquierda, y el avance de la derecha y de la extrema derecha. Y cuando digo “izquierda” no incluyo a ese engendro del PSOE, que lleva traicionando a las clases populares bajo ese falso eslogan desde hace más de 40 años, sino que me refiero a las fuerzas políticas situadas a su izquierda, se llamen como se llamen (Podemos, Izquierda Unida, Anticapitalistas, Animalistas, Pacifistas, Republicanos, Ecologistas, Feministas…).

 

Hemos entrado, desde hace varias décadas, en una dinámica muy peligrosa, patrocinada por el propio bipartidismo, que lejos de desaparecer, cobra una inusitada fuerza, debido precisamente a la fuerza del pensamiento dominante, y a la falta de conciencia política de las clases populares. Sólo una pregunta (doble) demuestra lo que señalo: ¿Cuántos empresarios (y no solo grandes, sino medianos, pequeños y autónomos) votan a esa izquierda en nuestro país? Seguramente ninguno. ¿Cuántos ciudadanos/as pertenecientes a las clases populares (profesionales, currantes, estudiantes, jubilados, refugiados, mujeres, parados, funcionarios…) votan a la derecha y a la extrema derecha? Seguramente muchos. He aquí la terrible paradoja. El capitalismo y el pensamiento que lo legitima, han llegado hoy día a tener tanta fuerza que hasta las mismas clases marginadas y explotadas por él, continúan votando a las mismas fuerzas políticas que justifican sus atrocidades. Son las mismas clases populares quienes votan para que continúe el mismo sistema que las explota, a ellas, a los animales y al planeta.

 

El origen del fenómeno podemos situarlo al final del franquismo, fase durante la cual las clases dominantes que provenían del antiguo régimen fascista prepararon muy bien el terreno para continuar su dominación, desde la Ley Electoral, la Ley de Amnistía, los Pactos de la Moncloa, y demás normas de la época. Todas estas leyes y reformas pusieron la semilla (es lo que denominamos el “Régimen del 78”) para que hoy cosechemos lo que tenemos. Y bajo el engañoso manto que tejió el PSOE (de Felipe González, que han continuado absolutamente el resto de sus dirigentes), la sociedad, en vez de girar cada vez más hacia la izquierda bajo sus mandatos, lo fue haciendo hacia la derecha (eso sí, “moderada”), alejando en el horizonte todas las transformaciones que la sociedad necesitaba, tales como la caída de la Monarquía, la democratización del Ejército, reformas fiscales justas y redistributivas, consolidación y blindaje de los derechos sociales que la Constitución recogía, etc. En vez de ello, los principales partidos se dedicaron a jugar a que eran alternativa, cuando en realidad eran prácticamente iguales. Y así, se fue instalando en el imaginario colectivo una visión de la democracia recortada, limitada y encorsetada, que nos ofrece siempre más de lo mismo.

 

Desde entonces, el turnismo político del bipartidismo imperante ha blindado el modelo de sociedad que tenemos hoy día, bajo el cual, por ejemplo, hablar de la implantación de una Renta Básica Universal, de la salida de la OTAN o de un referéndum para abolir la Monarquía, son cuestiones no ya minoritarias, sino ridículas o utópicas para una gran parte de la población. Las mayorías sociales han sido absorbidas por los postulados capitalistas y por el modelo político que lo sostiene, y ha establecido un corsé electoral, mediante el cual el voto a las fuerzas políticas que continúan demandando estas necesarias transformaciones resulte absolutamente minoritario. En las Elecciones andaluzas, por ejemplo, sólo un 7% de la población ha votado a estas fuerzas políticas, que eran la unión de cinco formaciones a la izquierda del PSOE, mientras que la derecha del PP ha absorbido el voto de casi el 45% del censo electoral. Cuando gobierna el PP lleva a cabo políticas de derecha, y cuando gobierna el PSOE…¡¡también!! Únicamente se diferencian en el tratamiento a algunos sectores sociales más discriminados, pero en la práctica, ambos defienden el mismo modelo político y económico, y esto puede comprobarse diariamente en cualquier Parlamento.

 

El pensamiento dominante es hoy día absolutamente hegemónico, se muestra arrollador, lo fagocita todo, lo impregna todo, a pesar de ser un pensamiento perverso e inmoral, que legitima las desigualdades, la injusticia social, las guerras o la devastación ecológica. Se requiere urgentemente una revolución en los valores como sociedad, pero ello no llegará jamás mientras desde la base (las familias, el sistema educativo, las redes sociales…) no se fomenten. Y mientras los valores sigan dirigidos por los programas de las formaciones políticas dominantes, la revolución necesaria nunca ocurrirá. Es una pescadilla que se muerde la cola, pues desde la escuela y la familia (y las redes sociales, que aún tienen más peligro) ya comienzan a fomentarse las mismas visiones y comportamientos que luego esas personas reproducirán como adultos. El sistema se asegura de esta forma que las próximas generaciones sean cada vez más pasivas, acríticas, embrutecidas, conformistas y obedientes. Y así, garantiza su perpetuidad.

 

Valgan unos cuantos ejemplos: ¿Qué se puede esperar de un país que abuchea a su Presidente mientras recibe con vítores a un Rey “Emérito” (¿?) defraudador fiscal que ha tenido que fugarse de su país y se instala en una dictadura con sus amigos? ¿Qué puede esperarse de un país cuyo Gobierno recibe y agasaja con honores a un dictador catarí, país con el que suscribe acuerdos comerciales sin tener en cuenta su desprecio a la democracia? ¿Qué puede esperarse de un país que se propone como anfitrión de una Cumbre de la OTAN, y celebra sus 40 años de pertenencia, tratándose claramente de una organización mafiosa y belicista, servil a los intereses de los Estados Unidos, y que está provocando mediante la guerra en Ucrania la masacre de pueblos y una crisis alimentaria mundial? ¿Qué puede esperarse de un país donde se elimina a un presidente de un partido (el PP) por insinuar tráfico de influencias con la familia de una presidenta regional, para elegir a un nuevo presidente que no duda de su “honorabilidad”? ¿Qué podemos esperar de un país que no solo no ilegaliza a la extrema derecha (que desprecia continuamente los Derechos Humanos, por negacionista, racista, homófoba y machista), sino que ni siquiera elabora un cordón democrático contra ella, donde los medios de comunicación les dan voz a sus dirigentes, en aras de una supuesta “libertad de expresión”? Podríamos continuar, pero creo que hemos elaborado una rápida radiografía del nivel de descomposición política y social al que estamos llegando.

 

Caminamos cada vez más hacia un bipartidismo universal y excluyente, según el modelo estadounidense de Demócratas y Republicanos, que modela el mundo y las relaciones sociales y económicas bajo un único enfoque. Cada uno presenta sus pequeños matices, pero en lo importante, no se desvían un ápice en sus objetivos, que no son otros que mantener a toda costa la globalización capitalista y neoliberal, aunque ello tenga como dramáticas consecuencias las extremas desigualdades sociales que se van instalando, las clamorosas injusticias políticas y sociales, la corrupción imperante, la discriminación de los sectores más desfavorecidos, y la aniquilación de todos los recursos, ecosistemas y equilibrios naturales que garantizan la vida en nuestro planeta. Pues hala, vayamos pensando a quién vamos a votar en las próximas elecciones: ¿al PP? ¿al PSOE? ¿o quizá a VOX?

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14 junio 2022 2 14 /06 /junio /2022 23:00
El Gobierno español y su nefasta política internacional

España sabía, o debía saber, que seguir el juego al régimen marroquí implicaba violar una norma estructural del orden internacional. Debía saber también que Argelia, socio de primera magnitud de España (gracias a Argelia, España no se ha visto afectada por la crisis del gas que sufre el resto de Europa), pero también del Sáhara Occidental, iba a reaccionar con severidad

María López Belloso y Ander Gutiérrez-Solana

La política exterior de un país es su mejor seña de identidad ante el mundo, presenta sus mejores (o peores) credenciales, declara sus intenciones ante el resto de países, y permite que se le relacione mediante su postura ante los diversos hechos que acontecen en la escena internacional. En política exterior, no es tan importante el peso específico que se tenga como país, sino qué tipo de peso (o contrapeso) se ejerce, en la medida de las posibilidades de cada uno. Normalmente, la postura en política exterior de cualquier país es un reflejo, o una proyección si se quiere, de su propia política interna. Piénsese por ejemplo en los Estados Unidos, que son quizá el caso más palpable e ilustrativo: son el país con una política interna de las más agresivas del mundo (por mucho que ellos se crean el adalid de la democracia planetaria), mediante el uso indiscriminado de armas por parte de la población civil, el asesinato frecuente de afroamericanos/as por parte de la policía racista, las terribles desigualdades, el gigantesco porcentaje de población reclusa, etc., lo cual enlaza perfectamente con su igualmente agresiva política exterior, representada por atentados, invasiones, guerras, apoyo a dictadores, injerencias continuas en terceros países, negativa a refrendar tratados internacionales o tendencia a incumplirlos, etc.

 

Pues bien, en el caso de España, y en relación al actual Gobierno, lo cierto es que se trata de una política exterior absolutamente nefasta, errática, e incluso peligrosa. Eludiremos hablar de nuestro terrible pasado colonial (aunque lo trataremos de pasada más adelante), por estar muy alejado del actual Gobierno, e intentaremos centrarnos en los temas más actuales. Trazaremos a continuación siquiera un mero y rápido recorrido por las actitudes, decisiones y posturas que nuestro actual Gobierno ha protagonizado durante su mandato, unas en claro continuismo con los Gobiernos anteriores, y otras en claro protagonismo. De entrada, ya podemos afirmar que nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, es uno de los peores ministros que del ramo se recuerdan, aunque él se escuda permanentemente en que las directrices en política exterior las marca el Presidente del Gobierno, por lo cual él es un simple ejecutor de dichas políticas.

 

Podemos traer a colación en primer lugar nuestra postura en relación a determinados países de América Latina, donde por historia, lengua, cooperación, amistad y complicidad deberíamos ser un actor no solo defensor de la soberanía (entendida ésta en todas sus dimensiones) de estos países, sino absolutamente respetuosos con sus decisiones internas. Pues sin ir más lejos, nuestro Gobierno fue de los primeros y más apremiantes en reconocer al títere de Juan Guaidó como representante del Gobierno venezolano, cuando su legítimo Presidente continúa siendo Nicolás Maduro. O por ejemplo, nos opusimos tajantemente a la solicitud y propuesta del Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, para que el Reino de España pidiera perdón (como ya están haciendo algunas potencias coloniales europeas con respecto a sus países colonizados) por las injusticias, el expolio y el genocidio practicados durante la conquista del continente americano.

 

Otro flanco donde nuestra política exterior flaquea, es peligrosa, injusta e inconsistente, resulta en la supuesta “amistad” que profesamos a los Estados Unidos, ya referidos anteriormente, que no resultan ser precisamente un país confiable ni un modelo a seguir. No representamos con respecto a ellos ninguna voz discordante, asumimos sin más sus postulados, y acatamos sus “órdenes” con total diligencia. Hay que decir que, en relación a este aspecto, el actual Gobierno es claro continuista de todos los Gobiernos anteriores de nuestra “democracia”. Y por supuesto, uno de los asuntos donde se proyecta esta absoluta amistad con el interlocutor yanqui es el que tiene que ver con la defensa inquebrantable de Israel y toda su violenta política hacia los territorios palestinos ocupados, que el Gobierno español también asume en sus mismos términos, sin que tan solo una crítica salga de la cobarde boca de nuestros políticos. Es decir, que no solo asumimos el relato dominante y nos posicionamos contra el pueblo ocupado y a favor del ocupante, sino que silenciamos todas las críticas de las voces discordantes.

 

Pero el aspecto donde actualmente más se manifiesta esta peligrosa amistad tiene que ver con la guerra en Ucrania, y este asunto nos sirve para introducir una nueva dimensión en la ecuación de nuestra nefasta política exterior, exactamente la que tiene que ver con la OTAN (e indirectamente con nuestra pertenencia a la Unión Europea). En efecto, y ya lo hemos relatado extensamente en artículos anteriores, el conflicto que se está librando en Ucrania obedece a un plan absolutamente premeditado por los Estados Unidos y su brazo armado en el resto del mundo (la OTAN), con la absoluta complicidad y colaboración de la Unión Europea, para adherir Ucrania a los postulados occidentales (es decir, a los postulados pro Washington), y separarla de la esfera de Rusia. La guerra en tierras ucranianas no comenzó hace 106 días, como nos recuerdan continuamente los medios informativos (jamás se secuenció una guerra en los medios de comunicación como se hace con ésta), sino en 2014 (e incluso fue planeada muchos años antes), cuando se promovieron las revueltas populares que provocaron la caída de los Gobiernos prorrusos y el ascenso de los movimientos neonazis en Ucrania.

 

¿El papel de España en este conflicto? No únicamente seguidista hasta el aburrimiento, sino protagonista en primer plano, con unos medios de comunicación y unas decisiones gubernamentales que apoyan activamente la continuación de la guerra, mediante el envío constante de armas cada vez más poderosas a Ucrania, en vez de estar protagonizando, como se debiera, un impulso a las negociaciones de paz. Y es que parece ser que el Gobierno de Pedro Sánchez está más empeñado (como el de otros muchos países, en este caso) en que Ucrania gane la guerra, en vez de en detener la guerra. Es la OTAN, a instancias de los Estados Unidos, la que está promoviendo esta guerra por “delegación” en Ucrania, con el objeto de desgastar a Rusia y provocar su aislamiento internacional, pero son tan ineptos nuestros políticos (en este caso me refiero en general a todos los líderes europeos, pues todos entran a este juego macabro) que no comprenden que son más los peligros hacia nuestras economías que los que nosotros podamos causar a Rusia. De hecho, ya se está notando en la terrible escala inflacionaria, así como en los preliminares de una crisis alimentaria global sin precedentes.

 

Pero nuestra política exterior no solamente es equivocada en sus decisiones, sino terriblemente injusta, y con una insoportable doble vara de medir que causa espanto. Y esta dimensión podemos comprobarla continuamente en el trato a los refugiados, estableciendo claramente una aberrante distinción entre el trato a las personas que escapan del conflicto en Ucrania (evidentemente hemos de proporcionarles toda la ayuda posible), con respecto al trato que ofrecemos a los refugiados procedentes del continente africano, de países musulmanes o de países de América Latina: alfombra roja para los primeros, política agresiva para los segundos. Después de tantas décadas de maltrato hacia los refugiados que huían de sus países de origen (por conflictos bélicos, porque sufrían discriminación, porque no tenían expectativas de vida y trabajo, etc.), ahora resulta que nos desvivimos por los ucranianos/as, lo cual destapa toda nuestra hipocresía y nuestra podredumbre moral, sacando a la luz nuestra intermitente solidaridad: sólo con los refugiados que nos interesan. Pero repito: aunque me refiero en concreto al Gobierno de España, hago extensivo todo este alegato a la totalidad de los Gobiernos europeos, campeones de la hipocresía, del servilismo y de la estupidez en sus mayores grados.

 

Vamos a destacar, para finalizar (y no hacer esta enumeración excesivamente tediosa), el caso histórico del conflicto con el Sáhara Occidental. Resumidamente, España figura (debido a su pasado colonial con respecto a este territorio) ante la ONU como potencia administradora, pero en vez de ejercer nuestro papel ante Naciones Unidas y ante Marruecos (la potencia ocupante), al actual Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no se le ha ocurrido otra cosa que abrazar incondicionalmente el plan de “autonomía” redactado por la monarquía alauita, en su momento respaldado por Donald Trump, que constituye toda una ofensa al pueblo saharaui, a la ONU y a toda la comunidad internacional. Entendemos que esta peligrosa decisión ha tenido que ver con las presiones de Marruecos en los diferentes ámbitos donde colaboramos con el país vecino, pero la pregunta es: ¿a qué precio?

 

Pues el precio a pagar, de momento (es previsible que la situación se agrave en los próximos días o semanas) ha sido la ruptura de relaciones con Argelia (mediante la suspensión por parte del país africano del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, que ha sido denunciado por el Ministro Albares ante la UE), país que históricamente ha alojado a los dirigentes del Frente Polisario, que luchan por la autodeterminación del pueblo saharaui. Creo que no se pueden superar en idiotez y cobardía estas decisiones, porque resulta que a todo ello se le une la tremenda circunstancia de que Argelia era, con diferencia, nuestro primer suministrador de gas, incluso a un precio preferente, lo cual nos situaba, con respecto al resto de países europeos, en una clara posición privilegiada. Argelia posee en este conflicto el Derecho Internacional de su parte, como se afirma en este artículo, pues ha sido nuestro país quien lo ha violado flagrantemente.

 

Y además, el deterioro de nuestras relaciones con Argelia no se dejará sentir únicamente en el asunto energético, sino que también afectará a la colaboración en la lucha antiterrorista, al control sobre las migraciones, y a multitud de actividades de comercio que llevamos a cabo con dicho país. Así que ahora, en pleno conflicto en Ucrania, y con el sabotaje que la UE está practicando hacia Rusia en lo tocante al petróleo y al gas, nuestro Gobierno acaba de tirar una carta que supone un evidente peligro a nuestra tranquilidad y seguridad energética. ¿Y qué se le ha ocurrido a nuestro inteligente Gobierno para paliar los efectos de esta situación? Pues agasajar al Emir de Catar, en una reciente visita oficial, con todo tipo de honores, y con la firma de determinados contratos de inversión en nuestro país, incluidos los de aumento del suministro de gas. Todo ello con Catar, un país, por decirlo suavemente, de deficiente calidad democrática. ¿Pero qué importa eso cuando de negocios se trata? Absolutamente deprimente. ¿Cómo es posible que, después de estas amistades peligrosas, pretendamos figurar en la escena internacional como un país serio y confiable?

 

Por tanto y en resumidas cuentas, podemos afirmar que la política exterior del actual Gobierno del Estado Español no puede ser peor: improvisación, temeridad, hipocresía, unilateralidad, doble rasero, cobardía, injusticia…en una palabra, se caracteriza por colocarse siempre en el lado equivocado de la historia. Difícilmente podrá ser superada por incorrecta y nefasta esta política por cualquier otro Gobierno que asuma el poder en próximas fechas. Ni defendemos causas justas, ni nos ponemos del lado de los actores atacados u oprimidos, ni ejercemos de contrapoder ante determinadas decisiones erróneas que se toman en los foros internacionales, ni representamos ninguna voz discordante ante una escena internacional absolutamente desquiciada y caótica. No tenemos peso internacional, pero parece que tampoco queremos tenerlo. El Gobierno se sitúa siempre en la postura cómoda y protegida, aunque ello represente la elección de actitudes y decisiones ilegales, indecentes y temerarias que nos traerán un saldo negativo, a corto, medio o largo plazo. Así nos va.

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25 mayo 2022 3 25 /05 /mayo /2022 23:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Carlos Herrera reta a Pedro Sánchez a salir a la calle con Juan Carlos I a ver quién recibe aplausos y quién abucheos. Hay un mecanismo menos medieval, Carlos, para medir estas cosas: que se presenten los borbones a elecciones, a ver si mantienen la jefatura del Estado

Ramón Espinar

No puede ser democrático (y mucho menos, una democracia plena y avanzada) un país que no posee todas sus instituciones pasadas por el tamiz de este sistema. Y el nuestro, por más que posea un partido que se llame así, no es un país de ciudadanos, sino de súbditos, o de vasallos si se prefiere, de un Rey. Y por tanto, no democrático, por mucho que se vote cada cuatro años. Y es que aunque estemos definidos en la Constitución como una Monarquía Parlamentaria, es decir, donde la figura del Rey es únicamente símbolo y representación del país, poseemos una figura del monarca casi medieval, con aquello de la inviolabilidad del Rey. Es algo que se resume muy bien con el ejemplo que una sentencia de unos jueces británicos reflejaban recientemente, a tenor de la demanda presentada por Corina contra el Rey (Emérito) Juan Carlos: según este principio de inviolabilidad, el Rey podría entrar en cualquier joyería y robar un collar de diamantes, y no podría ocurrirle absolutamente nada. ¿Cabe este soberano disparate, y nunca mejor dicho, en cualquier mentalidad democrática?

 

¿Dónde puede caber, entonces? Pues en la mentalidad de personas que no piensan ni sienten como demócratas, sino como súbditos. Unos súbditos que entienden que los monarcas no son personas, sino pocos menos que Dioses, como ocurría hace bastantes siglos. Y por tanto, como los Dioses, no pueden delinquir, porque eso forma parte de la naturaleza humana, pero no de los Reyes. Y en efecto, tal es el grado de alienación mental y de embrutecimiento de nuestra población, situación que avanza día a día, tal como si fuera un proceso de Alzheimer que va corroyendo nuestra sociedad, a pasos agigantados. Evidentemente, esta situación es perfectamente compatible con otras muchas que también expresan el grado de embrutecimiento de nuestra sociedad, tales como el nivel de conformismo y pasividad, que podríamos traducir como “enormes tragaderas” ante los constantes escándalos de corrupción, del presente y del pasado, que van apareciendo día sí y día también en nuestros medios de comunicación: escuchas ilegales, tramas rocambolescas, sinvergüenzas y delincuentes a destajo, tesoreros multimillonarios, y mil ejemplos más que podemos traer a colación, tremendamente ilustrativos de esta situación que podríamos definir como de “ponzoña nacional”.

 

Y todo este execrable hedor también se manifiesta en otros actos y decisiones de nuestra política exterior, tal como la reciente visita del Emir de Catar, agasajado por nuestro Gobierno, empresarios, periodistas y políticos de turno, a cambio de obtener de dicho país una cifra de inversión faraónica, así como un aumento de la cuota de gas que nos suministra, ahora que la situación comienza a ponerse fea por nuestro enfrentamiento con Rusia a raíz de la guerra en Ucrania. Para hacerse una idea de las trazas “democráticas” de Catar, recomiendo a los lectores y lectoras este reciente vídeo de Juan Torres López, donde explica perfectamente todas las lindezas que en dicho país ocurren. Y evidentemente, tampoco puede ser muy democrático un país que alaba a otros que no lo son, que se somete a ellos y sus dictadores por dinero, que los agasaja con los máximos honores, y que les concede las más altas condecoraciones. Somos, por tanto, un país de súbditos.

 

Pero volviendo a la vergüenza del Rey Emérito, hemos tenido que asistir a todo un bochornoso espectáculo y un proceso de blanqueamiento de su figura a todas luces antidemocrático, reflejado en mil detalles, quizá el más vergonzante de todos ellos fuese el recibimiento entre vítores de algunas personas congregadas en Sanxenxo el fin de semana pasado. Una vez salvado de los procesos judiciales y de las investigaciones fiscales que le acosaban (salvo la que mantiene la Fiscalía británica, que de momento se ha negado a reconocerle ningún tipo de inmunidad), a Juan Carlos de Borbón no se le ocurre otra cosa que venir a Galicia un fin de semana para participar en una regata (y lo volverá a hacer próximamente, viendo cómo ha sido recibido). La maquinaria de sus periodistas, políticos, aristócratas y empresarios amigos le prepara el terreno, destacando su “legado” en pro de la instauración de la democracia en España (algo absolutamente falso), y de la “modélica” Transición que fuimos capaces de desarrollar (algo aún más falso). En resumidas cuentas, nada de explicaciones (“Explicaciones…¿de qué?”, tuvo el valor de contestar a una periodista), ni de rendición de cuentas, ni de actitud de arrepentimiento ante tantas tropelías reales.

 

Y dejemos claro (tal como destaca Jesús Maraña en su reciente Carta Abierta) que la justicia no ha dictaminado la inocencia del Emérito en los delitos por los cuales se le investigaba: lo que ha dictaminado es que dichos delitos no se podían juzgar, bien por haber prescrito, bien por la inexistencia de suficientes indicios, o bien por estar amparados por el susodicho manto de la famosa inviolabilidad, toda una aberración antidemocrática. Evidentemente, el trato de favor ha sido manifiesto y vergonzoso. Ningún otro ciudadano o ciudadana de este país, ante la misma situación, hubiese recibido tal trato por parte de la justicia. Y eso no es democracia. Eso ocurre en países donde existen únicamente súbditos, vasallos de un Rey, que le rinden continuamente pleitesía (o bien en dictaduras). No en países donde existen ciudadanos libres e iguales. La conclusión se nos ofrece clara y cristalina. No hay más ciego que quien no quiere ver. Pero no pasa nada: el próximo 10 de junio volveremos a contemplar el mismo bochornoso espectáculo de personas que vitorean en la calle a quien ha estafado al Estado durante décadas, valiéndose de su privilegiada e inviolable posición, mientras nuestros políticos de turno continúan manifestando a boca llena que somos “una democracia plena y avanzada”. Continuará…

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27 marzo 2022 7 27 /03 /marzo /2022 23:00

Dadas las circunstancias políticas, sociales y económicas actuales, la previsible evolución de las mismas, y siendo absolutamente realistas, es posible que el actual conflicto que están protagonizando muchos transportistas de nuestro país (ahora mismo ya solo están manifestándose los miembros de la Plataforma en Defensa del Transporte por Carretera), no sea un conflicto laboral más al uso, sino que suponga una verdadera piedra de toque, un punto de inflexión, un antes y un después en el clásico conflicto Capital-Trabajo, hoy día llevado a su infinita potencia y a su máxima y descarnada expresión, mediante la extensión de un capitalismo globalizado y neoliberal, que no solo explota cada vez más la fuerza de trabajo (comenzando por los propios trabajadores/as autónomos/as, que se explotan a sí mismos), sino que acapara cada vez riquezas más enormes en unas pocas manos, privatizando los derechos humanos fundamentales, acaparando de forma irracional los recursos naturales, y atacando todas las formas elementales de la existencia material, para el conjunto de los seres humanos.

 

Observemos la naturaleza del conflicto: los transportistas se niegan a trabajar porque aseguran que lo hacen “a pérdidas”, lo cual significa que el conjunto de los gastos necesarios para poder llevar a cabo su trabajo (mantenimiento de sus vehículos, revisiones, seguros…, y sobre todo combustible), superan los creces a los salarios (u otros beneficios) que obtienen por el mismo. Aseguran que han llegado a una situación insostenible, que ya no pueden mantener por más tiempo. El factor “combustible” es, con mucho, el principal en esta ecuación, ya que es el que supone el mayor esfuerzo económico para estos trabajadores/as. Y resulta que el combustible se ha puesto por las nubes, protagonizando una demencial escalada de precios, absolutamente inasumible para estas personas, que dependen completamente del combustible que sus camiones (principalmente, pero también furgonetas, autobuses, y demás modalidades) necesitan para transportar la mercancía desde sus orígenes hasta sus destinos, proveyendo a todo tipo de fábricas, laboratorios, cadenas de montaje o suministros, mercados de alimentación mayoristas y minoristas, pequeños o medianos establecimientos, etc.

 

Bien, ante tamaño conflicto, el Ministerio de Transportes, después de varios días de negociaciones con los interlocutores de las patronales del sector (un error fundamental en dichos encuentros fue la inicial negativa de la Ministra a reunirse con la plataforma convocante de los paros), ha diseñado una estrategia de ayuda para el sector, en principio temporal, aunque prorrogable, que aborda diversos frentes: una subvención de un número determinado de céntimos por litro de combustible, más una serie de ayudas directas según el tipo de vehículo determinado de que se trate (además de algunas otras medidas adicionales, como la extensión de los créditos ICO, etc.). Este paquete de medidas satisfizo a las principales patronales del sector, que lo acogieron con agrado, y dieron por finalizado el conflicto.

 

Sin embargo, la Plataforma convocante que no había sido aún recibida por la Ministra acudió por fin a una reunión con Raquel Sánchez, después de la cual comunicó a la opinión pública que, a pesar de las medidas adoptadas, los paros continuarán indefinidamente. Las razones de esta decisión, según argumentan estos transportistas, apuntan a que dichas medidas les parecen insuficientes, y a que, sobre todo, no solucionan el problema, pues la escalada del precio del combustible es absolutamente caótica, de tal forma que los, por ejemplo, 20 céntimos por litro de hoy, pueden quedar en nada de aquí a varias semanas vista. Estos transportistas proponen, fundamentalmente, topar el precio del combustible, ya que en caso contrario, la ecuación siempre estará sujeta a parámetros variables que podrán continuar volviéndola inasumible. La Plataforma lo ha expresado por boca de su presidente, que básicamente ha manifestado: “No queremos subvenciones, sino poder realizar nuestro trabajo en condiciones dignas”. También lo han expresado de la siguiente forma: “Que esté prohibido contratar a pérdidas”. A mi juicio, tienen toda la razón.

 

Y llegados a este punto, “Con la Iglesia hemos topado, Sancho” (Don Quijote dixit), pues nos enfrentamos a un asunto extremadamente sensible, para el cual necesitaríamos por parte de nuestros gobernantes grandes dosis de valentía política, además de, por supuesto, quedar excluidos del “mercado” gestionado bajo los parámetros de la Unión Europea, que con toda seguridad no iba a permitir incursiones “comunistas” de este tipo, es decir, del tipo de las que solicitan intervenir en los mercados desde la iniciativa pública, que es precisamente lo que hace falta. Cada vez que se ha anunciado, de forma tímida y cobarde, una operación de este tipo, los grandes poderes económicos (así como sus paladines de la derecha política, social y mediática) han salido en tromba poniendo el grito en el cielo, amenazando al Gobierno y rasgándose las vestiduras ante tamaña osadía. Y es que con unas compañías petroleras (todas privadas) que obtienen unos desorbitados beneficios, que acumulan un poder inmenso, y que poseen ingentes lobbies en todas las instituciones públicas y privadas, tomar decisiones de ese calado (es decir, intervenir desde las instituciones públicas en los precios de mercado del producto) es poco menos que una aventura titánica, a la que nuestros gobiernos “progresistas/socialistas” no están dispuestos. Y en vez de atacar el problema desde su raíz, proponen mil parches, diseñan soluciones parciales, e inventan mecanismos ad hoc para intentar resolver lo que no se puede resolver. En definitiva: marear la perdiz.

 

Por tanto, se debería dejar a la perdiz tranquila, e ir al meollo de la cuestión. Porque hemos llegado ya a un punto, como decíamos al comienzo, donde se nos presenta más claramente que nunca la verdadera naturaleza del conflicto, que no es otra que la siguiente: no es posible dejar a la iniciativa privada el conjunto de bienes y servicios que consideremos fundamentales para la sociedad, así como para la satisfacción y protección de los derechos humanos fundamentales (el catálogo completo lo expusimos en esta serie de tres artículos, aquí, aquí y aquí). Y así, servicios y bienes como la banca, la energía, las telecomunicaciones o el agua (y derechos como la alimentación o la vivienda), entre otros, al representar a derechos humanos fundamentales, debieran tener una representación pública (en forma de algún tipo de organismo o institución) que garantizara su pleno suministro al conjunto de la ciudadanía, de forma gratuita o en condiciones que no supusieran un gravamen inasumible para la misma.

 

Es necesario comprender, por tanto, la imperiosa necesidad de convertir determinados recursos en bienes comunes, controlados y planificados democráticamente por el conjunto de la sociedad, así como determinados derechos que la sociedad necesita que sean de todos, y por tanto, cuyo control esté en manos públicas, controlado democráticamente (lo cual no obsta para que sigan existiendo negocios privados que mercantilicen los mismos recursos y derechos, pero la iniciativa pública debe existir). Aplicado al caso que nos ocupa, podría intervenir una especie de Agencia Pública de la Energía (o similar), que controlara de facto los precios máximos de todas las formas de la misma, y que por tanto, contribuyera a que el precio de los combustibles no evolucionara al albur de los continuos altibajos del mercado, provocados sobre todo por la escasez o la abundancia, las disputas geopolíticas, la especulación y los irracionales beneficios que las empresas pretenden obtener. La conclusión está bien clara: si este tipo de organismo hubiera existido y hubiese cumplido su función, este conflicto jamás se hubiera manifestado.

 

Para finalizar, y para tranquilizar a los posibles lectores/as, quiero explicar el significado del título del artículo: evidentemente, cuando me refiero a que el conflicto de los transportistas “no acabará nunca” no estoy queriendo decir que el paro de los camiones continuará permanente e indefinidamente, pues entiendo que los actores intervinientes alcanzarán algún tipo de acuerdo que les permita, más tarde o más pronto, reanudar sus labores; a lo que me refiero es a que las causas de base que han generado el conflicto, si no se abordan de forma radical y valiente, es decir, de forma estructural, continuarán generando problemas en el sector del transporte, y además es muy probable que se extiendan a otros sectores, que igualmente planteen sus actividades en los mismos términos de relación. Por tanto, ha llegado el momento de que nuestros gobernantes comprendan que, o bien se enfrentan de forma directa y decidida a la problemática expuesta, o continuaremos en una espiral de conflictos laborales, que cada vez más amenazarán nuestras relaciones laborales, nuestra economía y nuestras actividades cotidianas, contribuyendo a la generación de auténticos estallidos y revueltas sociales a gran escala y de gran envergadura.

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17 marzo 2022 4 17 /03 /marzo /2022 00:00
Imagen: expansión reciente de la OTAN en Europa

Imagen: expansión reciente de la OTAN en Europa

Tensar la situación y la intervención de la OTAN y EE.UU. en un enfrentamiento con Rusia provocaría la III Guerra Mundial, que afectaría a todo el mundo en un holocausto nuclear. Es urgente encontrar una solución negociada antes que sea tarde. Enviar armas a Ucrania y combatientes, aplicar sanciones y condenas a Rusia es pretender apagar un incendio con combustible

Adolfo Pérez Esquivel (Premio Nobel de la Paz)

Creo que [la expansión de la OTAN] es el comienzo de una nueva guerra fría. Creo que los rusos reaccionarán gradualmente de forma bastante adversa y esto afectará a sus políticas. Creo que es un trágico error. No había razón ninguna para esto. Nadie estaba amenazando a nadie

George Kennan (artífice de la Guerra Fría, 1998)

El declive económico y político de EE.UU. y, por tanto, estratégico, explican la agresiva conducta de la OTAN en Europa, cuya provocación sostenida ha desencadenado la guerra anunciada entre Rusia y Ucrania. Una guerra inducida por el asfixiante cerco de Occidente a Rusia y las atrocidades del régimen neonazi de Ucrania en la región del Donbás

Manuel Ruiz Robles (Colectivo ANEMOI de militares republicanos)

Era completamente pronosticable que la expansión de la OTAN llevaría a una ruptura trágica, posiblemente violenta, de relaciones con Moscú… las advertencias fueron ignoradas. Ahora estamos pagando el precio por la miopía y arrogancia de la política exterior de Estados Unidos

Ted Carpenter

A pesar del bloqueo mediático, ya se ha publicado en medios menos masivos qué factores han provocado la guerra de Rusia con Ucrania. No hay que ser fan de Putin para entender las razones de Rusia que Naciones Unidas, Europa y lo que llamamos Occidente ha ignorado. Rusia quiere unas fronteras seguras y la OTAN lleva años arrinconándola con una expansión absolutamente injustificada. No parece difícil de entender, pero el humo de la propaganda aturde a la ciudadanía

Pedro López

Desde la perspectiva ética de los derechos humanos, ninguna guerra merece ser librada y solo cabe la reprobación de quienes las promueven. Sin embargo, la condena moral no debe excluir el análisis político y estratégico de las causas que las impulsan si pretendemos evitar que el fenómeno se siga presentando en el futuro

Aleardo Laría

No se puede perder de vista que las potencias capitalistas occidentales aprovecharon la caída de los regímenes estalinistas del Este y ese momento inicial de debilidad y desconcierto de Rusia, para arrebatarle todo lo que pudieron de su esfera de influencia. Trece de los países que en su día pertenecieron al Pacto de Varsovia hoy forman parte del entramado OTAN y UE. Es bastante elocuente la declaración que el diario Público pone en boca de “los aliados” de una forma genérica: “Moscú no tiene derecho a crear áreas de influencia y vetar o condicionar el futuro de las ex repúblicas soviéticas”. Ese derecho se lo reservan ellos en exclusiva

Jesús María Pérez

Habrá que repetirlo hasta el infinito: que consideremos que la OTAN es la primera responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos ni a Putin ni a ninguna guerra. Tampoco apoyamos la dictadura mediática mundial y sus lágrimas de cocodrilo

Jorge Majfud

La clase dominante y sus gobernantes norteamericanos se niegan a aceptar su cada vez mayor pérdida histórica de hegemonía y supremacía imperialistas en las relaciones internacionales y el ascenso de un nuevo mundo multipolar y policéntrico que está modificando la correlación de fuerzas entre naciones y Estados con el ascenso activo de potencias como India, Irán, Corea del Norte, China, Rusia, Venezuela o Cuba que marcan su soberanía e independencia frente al imperialismo norteamericano y su sistema capitalista en decadencia

Adrián Sotelo

Creo que para abordar el tema de las guerras del siglo XXI de Ucrania y Rusia es bastante necesario recordar un poco la ya demasiado olvidada Revuelta del Maidán y Guerra de Ucrania del 2014, que fue originada fundamentalmente, entre otras cosas, por las ansias de expolio del neoliberalismo occidental, la alucinación consumista de buena parte de los ucranianos, introducida por el invencible marketing. Y que fue espoleada por una revolución naranja (made in CIA), capitaneada violentísimamente por dos partidos de extrema derecha Pravy Sektor y Svoboda, este último con escaños en el Parlamento

Julio García Camarero

Contrasta que la Unión Europea haya sancionado de manera casi inmediata a Putin por su ataque a Ucrania pero siga sin pronunciarse sobre la guerra en Oriente Medio y contrastan también los castigos simbólicos impuestos como retirar a Rusia del concurso de Eurovisión mientras se ha permitido a Israel acoger el Festival en tres ocasiones diferentes

Luna Izquierdo (Redactora de Contrainformacion.es)

¿Cuánto ha costado que barcos de la Armada española patrullen aguas del Mar Negro desde hace 25 años? ¿Han sido ellos los que han evitado la invasión rusa de Ucrania? ¿Cuánto ha costado que los cazas vuelen por el cielo búlgaro desde hace 10 años? ¿Han impedido la guerra en el Dombás? ¿Qué hacen 300 militares españoles en Letonia de forma permanente? ¿Están más seguros los habitantes de Ávila o de Cuenca?

Jesús María Pérez

En una prolongación de la guerra fría, que todos creíamos había terminado hace tres décadas, Occidente se empeñó en instalar en Kiev un gobierno rusófobo, con lo cual dio pie a la rebelión de las regiones de mayoría rusa y gestó una suerte de guerra civil que sirvió de caldo de cultivo para el fortalecimiento de grupos ultranacionalistas e incluso neonazis que han permeado a las instituciones ucranias, incluido el gobierno

Aram Aharonian

¿Por qué los gobiernos occidentales, en particular, la administración Biden, condenan a Rusia por invadir Ucrania con el pretexto de la seguridad nacional mientras defienden el «derecho legítimo» del régimen saudí a invadir Yemen con el mismo pretexto? A pesar de las terribles violaciones de derechos humanos cometidas por Arabia Saudita en Yemen, las naciones occidentales, y Estados Unidos en particular, no solo han proporcionado armas letales, entrenamiento, mantenimiento, inteligencia y cobertura política y diplomática a la monarquía, sino que han impuesto restricciones a los medios sobre la cobertura de los abusos de los derechos humanos del régimen saudí en Yemen, presionando a las empresas de tecnología y redes sociales para que eliminen y prohíban por completo a los activistas

Ahmed Abdulkareem

En estos momentos tan frágiles y críticos, la prensa debería tener una importancia positiva en la construcción de discursos que sirvan para; parar la guerra, cualquier guerra, resolver las cuestiones que las originan basada en la paz entre pueblos, denunciar los intereses de ambos bandos, favorecer el fin de los hostigamientos y sobre todo dirigirnos hacía un mundo donde acabar con la militarización y con el sufrimiento de los pueblos que siempre quedan a merced de los intereses imperialistas y sus guerras

Jorge Aller

Una suerte que no haya premio Nobel para la estupidez humana porque resultaría imposible adjudicarlo de tan abundantes candidatos que habría, empezando por los gobernantes europeos

Augusto Zamora

Con motivo del conflicto armado que se está viviendo en Ucrania, estamos asistiendo, por parte de los medios de comunicación dominantes, a un nivel tal de hipocresía y cinismo absolutamente intolerables, que es preciso desmontar y denunciar. Los dobles raseros son tan vergonzosos y evidentes que rayan en lo delictivo, y además los practican continuamente, a todas horas, en todos los medios, en todos los formatos, en todos los lugares. Pero vaya por delante, para que no haya malentendidos, que hacemos una condena rotunda de la invasión rusa a Ucrania, que evidentemente no tendría que haberse producido si la vía diplomática hubiese sido eficaz, independiente, valiente y decidida, en vez de vocera y seguidista de las políticas estadounidenses. Las falacias, las medias verdades y las mentiras flagrantes campan a sus anchas, pero sobre todo, el halo de profunda hipocresía y de actitudes y proclamas absolutamente cínicas constituyen un continuo espectáculo. De entrada, hay que advertir que, si la deriva censora contra los medios de comunicación enfrentados al pensamiento dominante continúa (ya se han vetado en Europa y Estados Unidos los medios Russia Today y Sputnik), es muy posible que próximamente ya ni siquiera nos dejen publicar artículos como éste (¿es que acaso son más creíbles la CNN, Fox News, o en nuestro país los diarios ABC, El Mundo o La Razón? Creemos que no. Pero no serán atacados, porque abonan el relato dominante).

 

Lo último de que hemos tenido noticia ha sido la iniciativa de Facebook e Instagram para permitir que sus usuarios publiquen instigaciones a la violencia contra los rusos, e incluso alabanzas contra el neonazi Regimiento de Azov. Ciertamente, un terreno peligroso. Pero vayamos, pues, al desmontaje de los comentarios, decisiones y actitudes cínicas e hipócritas que tenemos que soportar diariamente, por parte de nuestros políticos y medios de comunicación. De entrada, casi la totalidad del minutaje de los informativos diarios, de prácticamente todos los canales, se dedican a la guerra, y a la acogida y éxodo de los refugiados ucranianos, y esto está muy bien, pero la pregunta es: ¿Hicieron eso mismo cuando Israel bombardeaba Gaza? ¿Actuaron igual ante la guerra de Yemen? ¿Lo hicieron con Siria? ¿Es que no importan por igual todas las vidas humanas? ¿No son lo mismo todos los refugiados? ¿No merecen el mismo trato?

 

Tenemos a un Presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, que hace un llamamiento, según él, al “mundo libre” que representa “Occidente”, para que le ayude a defender a su país en su lucha contra el gigante ruso. Hemos entrecomillado también la palabra “Occidente” porque ella también constituye en sí misma una falacia, ya que el Occidente y el Oriente son meros conceptos geográficos, que para nada han de asociarse con cualquier otro tipo de indicadores de civilización, de religión o de cultura. Lo que ocurre es que el proceso de globalización capitalista y neoliberal al que nos vienen sometiendo adscribe a los países de la órbita occidental con la versión más pura y avanzada del capitalismo, lo cual no quiere decir que los países del mundo oriental (Japón, China, Rusia…) no sean capitalistas, sino que la globalización tiende a homogeneizar sus culturas con respecto al Occidente. Y esa homogeneización tiene un principal espejo donde mirarse: Estados Unidos y su vocación imperialista, de la cual la OTAN es su brazo armado. Por tanto, y desde ese punto de vista, no existe un “mundo libre” occidental al que aludir, tal como hace el presidente ucraniano.

 

Aludir a un “mundo libre” bajo el capitalismo es en sí mismo una completa falacia, y cuando se invoca, detrás suelen existir intereses creados para adscribirse a nuestro mundo occidental y a sus instituciones (OCDE, UE, OMC, FMI, OTAN…), que ni es mejor que el mundo oriental, ni por supuesto es más libre que aquél. ¿En base a qué argumentos presumimos de esa supuesta superioridad moral que nos convierte en un mundo libre, frente a ese otro mundo que supuestamente no lo es? Lo que ocurre es que esa falsa bandera del supuesto “mundo libre” siempre se enarbola por parte de los detractores de los países que rompen (cada uno a su modo, y en sus diferentes grados) con los parámetros donde se mueve nuestro mundo “occidental”, como puedan ser Cuba, Venezuela, Corea del Norte, etc. En los casos concretos de Rusia y China, dos potencias orientales, lo que está ocurriendo desde hace tiempo es que están uniendo esfuerzos para romper con el mundo unipolar (ese “orden internacional” al que aluden nuestros cínicos líderes políticos) que representa la dominación estadounidense, para alejarse de ese modelo y representar una alternativa al mismo. Y que conste que no estamos queriendo hacer una defensa de ese modelo alternativo, sino simplemente defendiendo el derecho que tienen los países para implementarlo, y para adscribirse a él.

 

Y así, proclaman continuas alabanzas a nuestras supuestas “democracias occidentales”, sin detenerse a pensar en la gran falacia que esconden, porque retomando las palabras de Julio García Camarero: “No ven que vivimos en una dictadura, la dictadura más terrible de la historia, porque es una dictadura global, distópica y suicida”. Una dictadura denominada “globalización”, donde se defiende como un mantra el crecimiento económico oligárquico, aunque nos lleve al completo suicidio de la humanidad y a la destrucción del planeta. A eso lo llaman, indecentemente, “orden y legalidad internacional”, y cualquiera que intente cuestionarlo o enfrentarse a él, será sistemáticamente bloqueado, ridiculizado, discriminado, vetado y atacado (de hecho, recientemente un alto mando militar alemán tuvo que dimitir, tras realizar en privado unas declaraciones, previas a la invasión, reconociendo que “Rusia está exigiendo respeto, y probablemente lo merece”).

 

Ese “orden internacional” al que aluden, es un corsé de hierro forjado por Estados Unidos y sus indecentes países “aliados”, sobre todo de la Unión Europea, campeones del cinismo y de la hipocresía. Es un orden internacional unipolar, donde las directrices las marca el gigante norteamericano, y los demás obedecen como perritos falderos. Es un orden internacional que pretende instalar cada vez más agudas desigualdades sociales, mientras eliminan las culturas en el mundo, desidentificando a los pueblos y contribuyendo a homogeneizar una cultura capitalista globalizadora. Y la OTAN, como decimos, es su brazo armado. Desde hace décadas, Washington está llevando a cabo una política de cerco y contención hacia la Federación Rusa, auspiciada por los globalistas que controlan la OTAN. La avanzadilla de la OTAN lleva extendiéndose por la Europa del Este bajo un lento pero ininterrumpido goteo, rompiendo los acuerdos establecidos desde la caída del Muro de Berlín. Evidentemente, llega un momento en que una potencia como Rusia se siente amenazada por una OTAN que quiere colocársele a cinco minutos de su frontera. Y es una falacia hacer llamamientos a la “libertad” de los países para adscribirse a cualesquiera organizaciones que deseen, porque lo cierto es que no lo están haciendo desde la libertad.

 

Veamos: como muy bien explica John Pilger en este artículo, y otros muchos autores, Ucrania sufrió un auténtico Golpe de Estado encubierto en el año 2014, auspiciado por Estados Unidos (entonces bajo la presidencia de Barack Obama), que destituyó al Presidente Yanukovich (el detonante fue que éste se negó a firmar un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea), y lanzó una campaña de terror contra los habitantes de la región del Dombás de habla rusa, que representa un tercio de la población de Ucrania. Supervisadas por el Director de la CIA se orquestaron salvajes campañas contra la población prorrusa, que se oponía al golpe. ¿Dónde estaba entonces la Unión Europea? ¿Por qué no se oponía a esta masacre? Pues simplemente porque el objetivo era imponer en Ucrania un Gobierno títere prooccidental, que fuese posterior candidato a ingresar tanto en la OTAN como en la Unión Europea, como de hecho está ocurriendo. Todo esto no se parece en nada a un escenario de “libertad”. De hecho y desde 2014, el Reino Unido y USA están enviando armas a Ucrania, y entrenando a su ejército. Concretamente, Estados Unidos ha suministrado a Ucrania, desde 2014, armas por valor de 2.500 millones de dólares.

 

Lo que pretende Rusia con esta invasión al país vecino es asegurar que exista un gobierno que garantice que la OTAN no va a instalarse en su territorio, que ha sido exactamente la demanda de Putin en las diversas conversaciones que han tenido lugar antes de que el conflicto comenzara, y que la diplomacia occidental ha desestimado sistemáticamente. Pero insistiremos hasta la saciedad: no estamos queriendo justificar la invasión, simplemente estamos poniendo el foco en que Rusia no es la única responsable. ¿Nos cuentan todo esto nuestros estupendos medios de comunicación “occidentales”? Por supuesto que no, como tampoco nos cuentan que es Ucrania la que venía incumpliendo los Acuerdos de Minsk, firmados para respetar a las provincias de Donestk y Lugansk, provincias rebeldes de ciudadanía rusohablante, que se autoproclamaron independientes a partir del Golpe de Estado de 2014, y que han sido desde entonces continuamente asediadas por el gobierno ucraniano.

 

Los insaciables objetivos de la OTAN, el auténtico cáncer que se sitúa en la base de todos estos conflictos, representan el origen del problema. Esta vergonzosa organización criminal debió ser disuelta cuando se disolvió el Pacto de Varsovia, pues acabada la Guerra Fría, ya no tenía sentido su existencia. Pero en vez de ello, continuó su escalada “occidental” para llevar los dictámenes de ese falso “mundo libre” hasta los últimos confines, practicando invasiones y guerras contra todos los países que se oponían a sus designios. El Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acaba de declarar hoy (3 de marzo de 2022) que “España está donde debe estar, en la OTAN y con sus aliados”, después de haber anunciado el día anterior que nuestro país también va a enviar a Ucrania “material militar ofensivo” (es decir, armas). Pues no, señor Sánchez, España no está donde debe estar. Nuestro país jamás debió haber entrado en dicha organización belicista, que existe únicamente por y para la guerra. Favor que le debemos al primer presidente “socialista” (del PSOE), Felipe González, que nos introdujo en dicha organización, de nuevo, con falsedades y artimañas.

 

Guerras que hoy día ya no se libran únicamente por el poder de grandes imperios y naciones, como antiguamente, sino para mantener la escalada capitalista (asociada en este caso al complejo industrial-militar-financiero, que consiguió que el gasto militar mundial creciera en 2020, año de pandemia, un 2,6%, alcanzando la tenebrosa cifra de 2 billones de dólares), así como para controlar los recursos naturales (en el contexto actual, se trata sobre todo de la lucha mundial por el control del mercado del gas), en un planeta que está abocado a un colapso generalizado, si continuamos con las políticas extractivistas, de calentamiento global, de generación de emisiones, y de consumo de fuentes de energía fósiles, todo ello bajo la falaz bandera del “crecimiento económico”, auténtico tótem de la filosofía capitalista, globalizadora y neoliberal. Y de ahí que Rusia y China, los dos gigantes asiáticos, se hayan convertido en objetivos a abatir para el imperialismo estadounidense, y por ende, para sus vasallos europeos.

 

Desde hace tiempo, la retórica agresiva contra Rusia se despliega de forma subliminal en todo tipo de medios de comunicación, extendiendo todo un halo de desconfianza hacia sus gobernantes y su cultura. Y así, nos han venido envolviendo en un imaginario colectivo, abonando una especie de construcción sociológica, auspiciada por una propaganda difundida por todos los medios, que transformaba a Rusia en un enemigo, o al menos en un país no confiable. Sin ir más lejos, y durante la pandemia, la Agencia Europea del Medicamento homologó las vacunas procedentes únicamente del entorno “occidental”, pero no hizo lo mismo con las vacunas cubanas, chinas o rusas. Por otra parte, la torpe y miope política de sanciones económicas al gigante ruso y sus corporaciones va a producir en Europa un efecto boomerang, pues serán también nuestras propias economías las que se vean resentidas, además de la de Rusia, empujando a dicho país a reforzar el bloque imperialista alternativo con China, que incrementará las tensiones y la lucha por el control de los mercados internacionales. Y aunque es positivo para nuestra desescalada de energías fósiles llegar a alcanzar la mayor independencia en cuanto al suministro energético de terceros países, todo ello podría y debería haberse conseguido desde un contexto pacífico, en vez de bajo un contexto bélico, de sanciones, de vetos y de amenazas continuadas.

 

¿Cuándo comenzó Rusia a ser nuestro enemigo? Pues básicamente cuando la inteligencia estadounidense decidió emprender este camino, ante el temor de declive de su poderío económico y militar. Entonces se decidió comenzar una serie de campañas dirigidas a demonizar a Rusia y China para evitar su ascenso y competencia como grandes potencias, generar malestar interno dentro de dichos países (promoviendo desconfianza y revueltas contra sus propios gobiernos), separar lo más posible a Rusia de la Unión Europea (tanto en términos comerciales como energéticos), e instalar en el conjunto de la ciudadanía europea un imaginario colectivo criminalizador hacia estas potencias euroasiáticas. Y desde entonces, los medios de comunicación dominantes, propiedades de grandes corporaciones mediáticas adscritas al ideario y a  las políticas atlantistas, comenzaron sus perversas estrategias de demonización y ataque subliminal a estos países, lo cual ha ido generando el caldo de cultivo para que el conjunto de la ciudadanía (y por supuesto los propios gobernantes) alojen en sus mentalidades estos prejuicios. Evidentemente, todo ello (y se sabía por parte de los que orquestaron estas campañas) podría finalizar en escenarios violentos. Pero no nos engañemos: es Washington quien nos arrastró a la actual rusofobia, bajo la patética actitud y el servil seguidismo europeo.

 

Pero si nos paramos a pensar…¿Nos merece poca confianza Rusia? ¿Sí? ¿De verdad? ¿Nos merece más confianza Estados Unidos? ¿Nos merecen más confianza personajes como Donald Trump? ¿Nos merece más confianza el aberrante historial bélico estadounidense, que nosotros desarrollamos en su día en esta serie de artículos? ¿Ya se nos ha olvidado el número de veces que USA ha violado con total impunidad el derecho y la legalidad internacional, así como la soberanía e independencia de los pueblos? ¿En serio que es mejor ser “amigo” y “aliado” de los Estados Unidos, el país con los mayores niveles de violencia interna del mundo por armas de fuego? ¿De verdad que nos merece la pena estar del lado estadounidense, donde sistemáticamente se masacra la vida de personas negras, y las oleadas migratorias son reprimidas violentamente? ¿Es acaso la cultura estadounidense un modelo a seguir? ¿Lo es quizá su obsesión por las armas? ¿Lo es acaso su política exterior? ¿Es un buen referente la cárcel de Guantánamo? ¿Es acaso un buen referente el listado de invasiones practicadas por sus gobiernos durante décadas (mediante ataques directos, bombardeos, derrocamientos, sabotajes, atentados, bloqueos, sanciones, injerencias, etc.)?

 

¿Es quizá un modelo a seguir el número de tratados, convenciones y acuerdos mundiales que Estados Unidos se niega a suscribir, o el número de veces que ha incumplido las Resoluciones de Naciones Unidas? ¿Es un modelo a seguir su política de instalación de bases militares repartidas por los cinco continentes? Julio García Camarero lo ha resumido brillantemente:El balance de número de guerras EE.UU.-Rusia es de 36 a 2, pero todos pensamos que Rusia es el malo de la película, un gran éxito del infalible monopolio de los medios de comunicación globales de EE.UU.”. O como muy bien resume un editorial del diario Global Times, del Partido Comunista de China: “Estados Unidos suele hablar de humanidad, justicia y moralidad, pero lo que realmente hace es calcular intereses. El egoísmo estratégico y la hipocresía de Washington han quedado al descubierto una y otra vez en la práctica de su política internacional. Los informes indican que al menos 37 millones de personas han sido desplazadas en y desde Afganistán, Irak, Pakistán, Yemen, Somalia, Filipinas, Libia y Siria como resultado directo de las guerras libradas por Estados Unidos desde el 11 de septiembre de 2001”.

 

Y por supuesto, en todo este asunto, la ONU ni está ni se la espera: es dicha organización la que, desde hace ya mucho tiempo, debería haber velado para que la expansión de la OTAN no hubiera caldeado el ambiente hasta el extremo a que ha llegado; pero de nuevo, las Naciones Unidas se han convertido ya en otro instrumento al servicio del imperialismo. Pedro López lo explica brillantemente en este artículo:La Asamblea General de las Naciones Unidas representa a 193 países y la OTAN a menos de la sexta parte. Esta organización no tiene derecho a suplantar a la ONU y hablar en nombre de una comunidad internacional recortada y sesgada hacia unos intereses económicos y geopolíticos que no representan a la Humanidad. Y menos aún a utilizar un doble rasero que hace que cuando le conviene acusa al adversario de no respetar el derecho internacional, y cuando le conviene esa normativa es papel mojado. Hemos visto guerras en Yugoslavia, en Iraq, en Afganistán, en Libia, en Siria… hemos visto los crímenes cometidos por Israel con Palestina ignorando el derecho internacional, o con Marruecos en el Sahara, y ni Estados Unidos ni la OTAN han respetado ese derecho internacional que invocan selectivamente a conveniencia”.

 

Pero es que los niveles de cinismo e hipocresía sobrepasan continuamente todos los límites, y podríamos poner mil ejemplos de ello: mientras nos informan continuamente del trato que Rusia otorga al “opositor” (en realidad, disidente) Alexei Navalny, nos ocultan constantemente el destino que está padeciendo y que le espera a Julian Assange (el Tribunal Supremo británico acaba de dar vía libre a su extradición a Estados Unidos), uno de los más valientes personajes recientes a nivel mundial, responsable de que salieran a la luz pública las abominables torturas y crímenes de guerra practicados durante años por los Estados Unidos en Irak y otros lugares; y mientras tenemos a la guerra de Ucrania hasta en la sopa, tenemos a otras guerras actuales completamente silenciadas, guerras como la de Yemen, que dura ya casi una década, y donde se da una crisis humanitaria sin precedentes (más de 300.000 muertos en 8 años); o la guerra de Siria, que en más de una década acumula ya más de 600.000 muertos; y mientras la Unión Europea va a recibir con los brazos abiertos a los refugiados de la guerra de Ucrania (lo cual está muy bien), continúa ignorando a los refugiados árabes, africanos o latinoamericanos (véase al respecto este artículo de Guadi Calvo, que explica numerosos casos de discriminación hacia refugiados negros provenientes de Ucrania hacia los países fronterizos), que también huyen por los mismos motivos, o simplemente porque en sus respectivos países no encuentran perspectivas vitales, o son perseguidos por su orientación sexual; o bien, a la vez que recibimos con los brazos abiertos a los refugiados/as ucranianos/as (lo cual está muy bien), nuestro Ministro de Interior viaja a Melilla para dar órdenes de reforzar la valla fronteriza, para que los ciudadanos africanos que intenten saltarla lo tengan cada vez más difícil; y mientras nos cuentan diariamente todos los frentes y flancos por los cuales Rusia está siendo atacada y aislada internacionalmente, Israel disfruta de una completa impunidad por parte de ese “orden internacional”, gracias a la complicidad y el apoyo de empresas, instituciones, artistas, gobiernos, partidos políticos, etc., repartidos por todo el mundo (¿se ha atrevido alguna vez ese “mundo libre occidental” a imponer sanciones a Israel por las masacres que comete contra el pueblo palestino?). En una palabra: alfombra roja para los refugiados ucranianos (recibimientos por parte de autoridades, crónicas periodísticas desde los centros de acogida, agilización de trámites, cambio en las directivas europeas, etc.), y alfombra negra para el resto (¿cuántas crónicas de medios de comunicación se han llevado a cabo desde dentro de un CETI, mostrando el aberrante trato que reciben los migrantes?).

 

Y no terminan aquí los eventos cínicos e hipócritas. Se celebrará en breve el Mundial de Qatar, evento que retransmitirán todas las grandes cadenas televisivas del mundo, sin importarle si la sede de dicho evento es un país que no respeta los derechos humanos. Jorge Majfud lo ha explicado brillantemente en este artículo:En consecuencia, el efecto fútbol funciona a la perfección. Y ésta no es solo una metáfora: la vieja mafia de la FIFA ha suspendido a la selección rusa de futbol del mundial de Catar de este año, un mundial donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia. La FIFA pudo realizar copas mundiales en dictaduras fascistas, como la de Argentina en 1978 o en la Italia fascista de 1934, manipulada en favor del régimen de Mussolini (Il Duce también intervino en Francia 1938). Tres casos que terminaron con la obtención del máximo trofeo, donde no solo los futbolistas fueron víctimas sino que esos eventos sirvieron de legitimación moral a la barbarie. La FIFA también supo mantener la “neutralidad deportiva” durante masacres más recientes. Las grandes cadenas deportivas de televisión nunca habían transmitido con el banner “No a la guerra” hasta ahora. Pero entre mafiosos se defienden”.

 

Y mientras nuestro Consejo de Ministros estudia (martes 15 de marzo) denunciar a Vladimir Putin ante la Corte Penal Internacional, jamás se les ocurrió ni siquiera imaginar hacer eso mismo con ningún presidente estadounidense, ni con ningún presidente israelí, a pesar de las múltiples matanzas que han patrocinado. La hipocresía se eleva ya a un grado ciertamente vomitivo, insoportable. Tengo constancia de que la televisión pública ha vetado ya al menos a dos tertulianos habituales, simplemente por analizar, desde un punto de vista más objetivo, las motivaciones del conflicto armado en Ucrania. Y mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, declara cínicamente que los refugiados ucranianos “son de los nuestros”, no se acuerda de los cientos de impedimentos que la Unión Europea ha puesto, durante años, a los refugiados del resto del mundo que querían acercarse a nuestras costas o a nuestras fronteras, los cuales tenían que soportar que no los dejaran desembarcar (si venían en embarcaciones humanitarias), o que les pusieran vallas con concertinas (si intentaban atravesar las fronteras terrestres), o que incluso (como ocurrió varias veces en Francia) desalojaran violentamente los hacinados campamentos de refugiados que los alojaban. Absolutamente indecente. Pero voy a insistir una vez más, para que no se malinterpreten mis argumentos: NO ESTOY EN CONTRA DE LOS REFUGIADOS UCRANIANOS, SINO A FAVOR DE TODOS LOS REFUGIADOS.

 

En medio de todo ello, acabamos de saber (15 de marzo) que la Presidenta de las Cortes tiene intención de invitar al Presidente ucraniano para que intervenga en el Pleno del Parlamento a través de videoconferencia (tal como ya ocurrió en el Parlamento Europeo, hace pocos días, y ayer mismo en la Cámara de Representantes estadounidense), así como que el Gobierno de coalición tiene la intención de ir aumentando el presupuesto en Defensa, hasta llegar al 2% del PIB exigido por la OTAN a sus Estados miembro. Una nueva aberración dirigida a aumentar la escalada belicista, que es la única razón de ser de la Alianza Atlántica. Aprovecho para indicar que en todo este asunto de la guerra en Ucrania, nos parece que Unidas Podemos está haciendo un papel muy limitado, con bastante tibieza en sus exigencias y planteamientos, y dejando hacer al Presidente Pedro Sánchez y al PSOE, que como estamos viendo, están inmersos en la escalada bélica que la OTAN nos impone. Ni una sola vez se ha escuchado por parte de los dirigentes de Unidas Podemos pronunciar la palabra “Pacifismo”, uno de los grandes valores que deben inspirar la filosofía de todo gobierno progresista que se precie de serlo. Quizá porque teman ser tachados de “buenistas” o de ingenuos por parte de los partidos de la (extrema) derecha, incluyendo en este grupo también al PSOE. Todo se reduce al manido relato de “buenos” y “malos”: la mal llamada “Guerra de Putin” (Pedro Sánchez dixit), que es, por lo visto, el único “malo” en este conflicto. A todo lo cual se suma una prensa y unos medios de comunicación cada vez más agresivos y adoctrinados en las bondades del “mundo occidental”. Lo cierto es que causa espanto, estupor y vergüenza ajena.

 

Se habla también de las sanciones y del aislamiento internacional de Rusia, pero no se habla del aislamiento internacional de Estados Unidos cada vez que la Asamblea General de la ONU o su Consejo de Seguridad someten a votación la anulación del bloqueo a Cuba (que dura ya más de 60 años), donde los únicos que votan por mantenerlo son USA y su criminal socio inquebrantable, Israel. Y hablando de Israel, no parece tampoco importarle a ese “orden internacional” el hecho de que se lleve décadas masacrando la vida de los palestinos de la Franja de Gaza, por parte de los indecentes gobiernos israelíes, que la mantienen como la mayor prisión a cielo abierto del planeta. Y olvida también ese “orden internacional” los ataques de Turquía al Kurdistán, o la flagrante y continua violación de los derechos humanos que el Reino de Marruecos practica contra la población saharaui, a la que denigra y niega el derecho de autodeterminación reconocido por la propia ONU. Y también se habla de sancionar a los “oligarcas rusos”, como si esos oligarcas únicamente existieran en Rusia, olvidando que también existen en Estados Unidos, y en todos los países europeos, paladines de ese mundo capitalista, ligado al amiguismo, el tráfico de influencias, los paraísos fiscales, la corrupción y las grandes fortunas. ¿Acaso llamamos aquí “oligarcas” a Amancio Ortega, al dueño de Mercadona o a los Presidentes de los grandes bancos privados? La hipocresía y el cinismo son, por tanto, continuos ejercicios por parte de nuestros gobernantes, empresarios, políticos y medios de comunicación. ¡BASTA YA!

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15 febrero 2022 2 15 /02 /febrero /2022 00:00
Fuente: Europa Press (https://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-resultados-elecciones-castilla-leon-2022-20220213195447.html)

Fuente: Europa Press (https://www.europapress.es/castilla-y-leon/noticia-resultados-elecciones-castilla-leon-2022-20220213195447.html)

El líder de Vox ya ha pedido la vicepresidencia de la Junta de Castilla y León y hay pocas dudas de que Alfonso Fernández Mañueco le concederá lo que pida a la extrema derecha, por más que en la noche electoral quiera contemporizar. Desde el minuto cero de la irrupción de Vox no ha existido un cordón sanitario contra las ideas de ultraderecha, quizá porque eso no podía funcionar en un país donde los neofranquistas y tardofranquistas nunca han tenido que renunciar a serlo

Pablo Elorduy

Se acaban de celebrar elecciones en la Comunidad Autónoma de Castilla y León, y los resultados son ciertamente desoladores: la derecha y la ultraderecha suben (ésta última de una forma descomunal), el PSOE baja y Unidas Podemos descalabra, además de aparecer en escena diversos partidos localistas. El “centro”, representado por Ciudadanos (en realidad otra manifestación de la derecha) también descalabra, pero esto no nos sorprende, pues ya venimos comentando en los análisis de otras citas electorales, que pensamos que dicha formación está condenada a la irrelevancia política, como de hecho su tendencia está demostrando. La lectura más rápida y directa que se nos ocurre realizar es la siguiente: nuestra democracia está en peligro. Los terribles resultados electorales hablan por sí mismos, y lo que es peor, las encuestas a nivel nacional, de cara a las próximas Elecciones Generales, apuntan en ese sentido.

 

En efecto, el PP ha obtenido 31 escaños (sube 2), seguido del PSOE con 28 (baja 7), en tercer lugar está Vox con 13 (meteórica subida desde un solo escaño que poseía), que forman el grueso de las formaciones políticas fuertes en la Comunidad de CYL. Después ya se sitúan algunas formaciones localistas y regionalistas (Unión del Pueblo Leonés con 3 escaños, así como Soria Ya! con el mismo número de procuradores), y por fin las fuerzas políticas que solo han obtenido un escaño, donde figuran Unidas Podemos, Ciudadanos (que pierde 11, casi lo que sube Vox) y Por Ávila. La mayoría absoluta se sitúa en 41 escaños. Con este dramático panorama, lo más probable es que el PP se apoye en Vox (incluso integrándolo en su gobierno) para poder gobernar, pues ni siquiera formando un bloque alternativo (PSOE + resto de fuerzas, que sumarían 39 escaños) se alcanzaría una alternativa real de gobierno.

 

De entrada y como hemos comentado, el PP no solo se mantiene sino que incluso sube ligeramente, lo que quiere decir que ni sus casos de corrupción (inherentes siempre a este partido) ni sus erráticas e injustas políticas le pasan factura. El PSOE baja, y un sector se plantea (bajo la excusa de la “responsabilidad de Estado”) la posible abstención para que pueda gobernar el PP “sin la integración de Vox”, con lo cual, al final, seguimos legitimando y fortaleciendo el bipartidismo, que es precisamente lo que los poderes fácticos y los grandes agentes económicos desean. Por su parte, los localismos aumentan su fuerza parlamentaria, y ello está muy bien en el sentido de representar vida para sus respectivas poblaciones, pero más allá de luchar por los transportes, la banca, la sanidad o la educación para sus regiones o provincias, ¿qué ideologías sustentan a los localismos? Pues mucho nos tememos que no son precisamente de izquierdas, sino que vienen a apuntalar las clásicas y erróneas políticas que han sustentado los grandes partidos desde siempre.

 

Y por fin y desgraciadamente, Unidas Podemos está en caída libre (únicamente el 5% de los castellanos y leoneses los han votado), a lo cual contribuyen también los injustos algoritmos de la Ley Electoral, a pesar de ser la única formación política que de verdad está sembrando cordura y políticas de izquierda en el actual Gobierno de coalición. Es una verdadera lástima que los votantes no sepan apreciar la tremenda labor que esta formación política está haciendo por nuestro país, gracias a la cual el PSOE está viéndose arrastrado a ejecutar auténticas políticas de izquierda, que por sí solo nunca llevaría a cabo (solo hay que ver las esperpénticas y ridículas reacciones que muchas veces tienen los llamados “Barones” del PSOE ante los anuncios y decisiones de Unidas Podemos).

 

Y hemos dejado para el final al peligroso fenómeno Vox. Por supuesto, Vox ha movido ficha, como era lógico esperar, y en su línea de siempre, pero ahora con mucho más poder, ha exigido, para apoyar al PP de Castilla y León, no solo entrar en su gobierno (están proponiendo una Vicepresidencia y varias Consejerías), sino también la derogación de determinadas leyes y decretos autonómicos, tales como los relativos a la Violencia de Género, o a la Memoria Histórica (su candidato lo ha resumido en la frase “derogar toda la legislación de izquierdas”). La pregunta fundamental es: ¿Cómo es posible que 200.000 votantes castellanos y leoneses (el 17,6%) hayan dado su confianza a esta formación política? Recordemos que se trata de una formación política que representa la derecha más salvaje y retrógrada, de carácter neofranquista, que desprecia los Derechos Humanos, que no cree en la violencia de género, que no cree en el cambio climático, y que ataca sistemáticamente a la clase trabajadora y a los colectivos más vulnerables y desposeídos, entre otras muchas ideas que los definen. Personalmente he defendido siempre que si el Estado Español fuese una Democracia plena (que evidentemente no lo es, por mucho que se empeñen en divulgar lo contrario), formaciones como Vox estarían, simplemente, ilegalizadas. Ninguna democracia puede alojar en su seno formaciones políticas de carácter fascista, racista, xenófoba y clasista, como es el caso.

 

Pero aún no hemos respondido a la pregunta que nos formulábamos antes: ¿por qué la gente vota a Vox? La respuesta no es fácil, pero personalmente creo que es la propia deriva capitalista, que ha instalado hondamente en el imaginario colectivo sus valores, la que provoca que cuando las sociedades entran en crisis (crisis que el mismo sistema capitalista provoca), la reacción que las personas tienen es incidir aún más en su confianza hacia las formaciones políticas que representan las opciones más extremas de esa visión capitalista (pues el resto quedan excluidas), que es justamente lo que representa Vox en nuestro país. Todas las demás defienden el capitalismo a capa y espada y no imaginan un mundo configurado de otra manera, bajo otros parámetros ni desde otros prismas o enfoques (salvo Unidas Podemos), pero la diferencia es que Vox representa, como decíamos anteriormente, la versión más retrógrada, salvaje y peligrosa de todas ellas.

 

Y así, Vox no solo defiende el capitalismo en su versión más fundamentalista, sino que además ataca todos los avances sociales que las fuerzas políticas más “progresistas” han venido consiguiendo durante las últimas décadas. Y dado el panorama de involución de nuestras sociedades, las personas con poca formación política y capacidad intelectual (de debate, de análisis…) se abandonan y se sienten atraídas (como ocurrió con el fenómeno Trump en Estados Unidos) hacia las opciones más integristas del panorama actual. Por eso cada país en concreto posee su formación de ultraderecha, y por eso, además, la ultraderecha española, europea y mundial acapara, peligrosamente, cada vez más poder. Es hora de plantarse, de movilizarse y de tomarnos los Derechos Humanos en serio, impidiendo que estas formaciones puedan formar parte de nuestro catálogo democrático.

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21 enero 2022 5 21 /01 /enero /2022 00:00
Imagen: HispanTV (http://www.hispantv.com)

Imagen: HispanTV (http://www.hispantv.com)

Según el borrador para un acuerdo sobre garantías de seguridad, que Moscú quiere alcanzar con EEUU y la OTAN, publicado por el Ministerio de Exteriores de Rusia, Putin propuso que ambas partes confirmen que no se consideran enemigos, se comprometan a resolver pacíficamente sus disputas y se abstengan del uso de la fuerza o la amenaza de su uso de todas formas incompatibles con los objetivos de la ONU, para así reducir las tensiones geopolíticas existentes; que la OTAN dé garantías de no ampliación hacia el este, no admita en dicha alianza a estados que fueron miembros de la URSS y no desplace fuerzas de ataque cerca de las fronteras rusas; que ni EEUU ni Rusia instalen armamentos o efectivos militares fuera de sus territorios, donde la otra parte los considere una amenaza para su seguridad

Rodolfo Bueno

La capacidad de tergiversación de las noticias por parte de los medios de comunicación dominantes es realmente asombrosa, y el relato sobre los posibles “tambores de guerra” en suelo ucraniano es clara muestra de ello. Pero de atrás le viene el pico al garbanzo: los medios “occidentales” del mal llamado “mundo libre” vienen deformando interesadamente la información sobre Rusia desde hace mucho tiempo, por supuesto en favor de los intereses de la Alianza Atlántica (OTAN), brazo armado del imperialismo norteamericano. Y así, desde hace varias décadas (enfoque incrementado además desde la caída del Muro de Berlín), los medios de comunicación occidentales más poderosos llevan haciendo un flaco favor a la neutralidad política y democrática, y por ende, al pacifismo mundial, exponiendo una lectura de los hechos completamente sesgada e interesada. La lectura más resumida que podríamos hacer de lo que se divulga es bien sencilla: la Rusia (de Putin) es la mala, y la OTAN (y, por tanto, Estados Unidos y sus vergonzosos países aliados) es la buena.

 

Pero nada más alejado de la realidad. Vaya por delante que no pretendemos con el presente artículo difundir una imagen suavizada de las políticas de la Federación Rusa, que nos parecen, en muchos casos, absolutamente deleznables. Pero ya es hora de colocar las cosas en su sitio, y de contrarrestar tanta información basada en mentiras interesadas, y en falaces lecturas sobre los actores implicados: lo cierto es que Rusia lleva sufriendo las provocaciones de la OTAN desde hace décadas, comportándose de forma elegante y diplomática, ante los flagrantes ataques a su soberanía, y a los acuerdos firmados al respecto. Y así, desde que se desgajara la antigua URSS, la CIA y el Departamento de Estado norteamericano llevan intentando extender las fronteras de la OTAN más allá de los límites que se acordaron respetar en su momento, de tal forma que no les ha bastado incorporar a dicha organización desde 1999 a países de la antigua órbita soviética como Albania, Bulgaria, Chequia, Croacia, Eslovaquia, Eslovenia, Hungría, Montenegro o Rumanía, sino que en los últimos años está interviniendo en aquellos que tienen frontera directa con Rusia, tales como Bielorrusia, Ucrania y Kazajistán.

 

Por supuesto, para “validar” todas estas acciones en el imaginario colectivo occidental (léase los países europeos), los medios de comunicación dominantes, siempre al servicio de los intereses estadounidenses, llevan practicando una política de difusión de una imagen de la Federación Rusa como un país corrupto y como una dictadura, que ataca (encarcela, envenena, exilia…) a sus “opositores” (en realidad, disidentes), para que sus dirigentes permanezcan en el poder. De esta forma, casi diariamente, los noticieros, prensa e informativos occidentales, mientras obvian, ignoran o minimizan todas las terribles operaciones de Washington sobre terceros países (a los que invaden, chantajean, bombardean, sancionan, bloquean, insultan…), nos presentan una imagen de Rusia terrible, agresiva y tenebrosa, macabra y cruel, que no se corresponde para nada con la realidad de dicho país. Lo cierto es que Rusia (que como decimos, tendrá sus defectos) no practica ninguna injerencia sobre terceros países, siendo absolutamente respetuosa, pero lo que pide, evidentemente, es que los demás también sean respetuosos con ella. Rusia, por tanto, no está “preparando una invasión de Ucrania”, como presentan de forma falaz e interesada los medios occidentales, sino defendiéndose de las agresiones estadounidenses.

 

Porque lo cierto es que las operaciones sobre Ucrania llevadas a cabo desde 2014 han sido organizadas por la CIA y el Departamento de Estado, para infiltrar dirigentes “opositores” que hagan caer los gobiernos prorrusos, para implantar gobiernos prooccidentales, afines a su integración en la OTAN. Rusia, por tanto, se ha limitado a defender su, cada vez más, limitado territorio, afín a las antiguas naciones de la órbita soviética. Remontémonos, para comprenderlo mejor, a los tiempos de la Guerra Fría, cuando ambos bloques militares (la OTAN y el Pacto de Varsovia) se respetaban, y cada uno pertenecía a órbitas geopolíticas distintas. Pero después de la caída del Muro de Berlín, el bando occidental prometió a Mijail Gorgachov que si la antigua URSS permitía la reunificación de Alemania, la OTAN no se expandiría ni un centímetro hacia la Europa del Este (Carta sobre la Seguridad Europea, Estambul, 1999). Es evidente que la OTAN ha incumplido su palabra en numerosas ocasiones, pero este terrible hecho, contrario a la paz mundial (pues lo que la OTAN debería haber hecho en su momento es disolverse, tal como hizo el Pacto de Varsovia, pues ya no tenía sentido su existencia), no se cuenta en los medios de comunicación occidentales, no solo ocultando la realidad, sino además predisponiendo a la población a favor de la OTAN y en contra de Rusia.

 

¿Quién tiene, por tanto, vocación imperialista? ¿Quién no respeta al contrario? ¿Quién pone en peligro la paz? ¿Es Rusia quizá quien hostiga, por ejemplo, a México para instalar allí sus bases militares, justo en la frontera estadounidense? ¿Qué hubiese ocurrido si Rusia hubiera practicado esta política? En el caso concreto de Ucrania, y para obtener la separación de la URSS, aceptó la prohibición de adherirse a ninguna otra alianza militar, pero lo cierto es que desde 2008, la OTAN lleva intentando adherir a dicha nación a sus filas, y de aquellos polvos, estos lodos. Las reuniones al más alto nivel llevadas a cabo en Bruselas la pasada semana solo sirvieron para que cada parte implicada continuara reivindicando sus posiciones, pero como decimos, los medios de comunicación dominantes continúan difundiendo, a diario, que el país que “provoca” y “amenaza” es Rusia, cuando es completamente falso.

 

Digamos, por tanto, alto y claro, que quien provoca y amenaza, quien no respeta los acuerdos, y quien pretende extender su área de influencia más allá de lo que le corresponde es la OTAN, apoyada de forma vergonzosa por esta decadente Unión Europea, en la cual además nuestro país juega un papel de vergonzoso bufón al servicio de dichos espurios y bélicos intereses. De hecho, estos días, nuestro Ministro de Asuntos Exteriores (José Manuel Albares) se ha reunido con el Secretario de Estado estadounidense, Blinken, mostrándole su más fervoroso apoyo, y declarando que “vamos a trabajar juntos para disuadir” a Rusia si fuese necesario. En sentido general, los ministros europeos se han convertido en meros voceros y portavoces de los intereses de Washington, por mucho que intenten ofrecer una imagen de independencia. Por tanto y en resumen, que la población europea lo tenga bien claro: si los tambores de guerra en Ucrania acaban al final materializándose, la responsabilidad no será de Rusia, sino de los Estados Unidos, de la OTAN y de sus perversos aliados europeos, es decir, nuestra.

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6 enero 2022 4 06 /01 /enero /2022 00:00

Acaba de entrar en vigor en nuestro país la ley que prohíbe tratar a los animales como si fueran “cosas” (con la única oposición de Vox, la derecha más salvaje y retrógrada), pasando a la dimensión de “seres sintientes”, lo cual les reconocerá determinados derechos (no podrán ser embargados, hipotecados, abandonados, maltratados o apartados de alguno de sus dueños, en los típicos procesos de separación o divorcio), mediante un nuevo régimen jurídico que ha modificado algunas leyes anteriores, para que sean coherentes con esta nueva situación. Ello supone evidentemente un gran paso adelante, una victoria moral y una llamada de atención para poder erradicar ciertas prácticas injustas contra los animales, como el hecho triste de que alrededor de 200.000 animales sean abandonados cada año en nuestro país. Bien, pero los avances recogidos en esta norma legal no son el fin de nada, sino justo lo contrario: el principio de un largo camino, cuya meta es alcanzar la sensibilidad y conceptualización que los animales se merecen, y que los humanos no les concedemos.

 

Y es que los humanos continuamos tratando a los animales, sobre todo a los domésticos, con absoluto desprecio. Sin ir más lejos, durante estas Fiestas Navideñas, y según estimaciones de la Fundación Affinity, más de 150.000 animales de compañía serán “regalados” (como si fueran un pantalón, un zapato o una muñeca) a los más pequeños de la casa, cuando además, en un porcentaje importante, estos animales no han sido solicitados, es decir, que sus padres se los “regalan por sorpresa”. Ello demuestra, como decíamos, una conceptualización sobre lo que implica la responsabilidad de hacerse compañero/a de un animal doméstico absolutamente distorsionada. No existe la educación necesaria (que debería provenir en primer lugar de la escuela y del entorno familiar) para comprender en toda su dimensión el compromiso que la tenencia de un animal de compañía representa, ante él y ante el resto de la sociedad.

 

Un compromiso que no implica únicamente satisfacerle las necesidades básicas de alimento, cobijo, protección, tratamiento de enfermedades y cumplimiento de la legislación vigente en cada lugar, sino que también abarca la obligación de cubrir el resto de necesidades que ellos, como seres vivos, tienen: juego, esparcimiento, compañía, atención, buen trato, amor…En definitiva, lo que pudiéramos denominar como una “tenencia responsable”, asumiendo, en primer lugar, que dicho animal crecerá, nos acompañará durante los próximos años, envejecerá y morirá, y somos responsables, al igual que con nuestros propios hijos, de proporcionarles la mejor vida posible. Una tenencia responsable que como decimos no se refiere solo a que seamos “buenos ciudadanos” y respetemos las normas que se refieren a ellos en nuestro entorno rural o urbano, sino que además los convirtamos también a ellos en buenos ciudadanos.

 

Todavía hoy, cientos de prácticas, costumbres y tradiciones continúan ejecutándose en nuestras ciudades y pueblos, y en nuestros hogares, que son absolutamente contrarias a la sensibilidad que los animales merecen, como por ejemplo la utilización de petardos, que provocan en ellos incontrolables ataques de pánico, dado su elevado umbral auditivo. Y por supuesto, nuestros entornos urbanos y rurales continúan sin estar realmente preparados para la convivencia plena entre animales domésticos y humanos, como por ejemplo en los aspectos que tienen que ver con el transporte público o con la existencia de parques públicos seguros dedicados a su paseo, juego y esparcimiento. ¿Quién fue primero, la gallina o el huevo? Esta pregunta intenta que reflexionemos sobre si los avances legales han de surgir de una previa educación ciudadana sobre el mundo y el bienestar animal, o si son las leyes las que han de concienciarnos sobre dichos asuntos. Sea como fuere, estamos aún muy lejos de alcanzar el grado de comprensión y sensibilidad hacia el mundo animal al que deberíamos aspirar.

 

De cara a los avances legales, y contemplando todo el mundo animal, estamos aún muy lejos de diseñar una completa Ley Integral de Protección y Bienestar Animal, que sería lo deseable para contemplar todos los aspectos que dicho problema necesita abordar, porque además de resolver muchos aspectos relativos a la “liberación animal” (en expresión de Peter Singer), cubriendo asuntos de tanta importancia como los relativos a la experimentación científica con animales, la utilización de animales para la dieta humana, o el maltrato al que se les somete en todo tipo de festejos populares, tampoco es esa la meta final, sino que también nos interesa avanzar en la consideración de los animales domésticos como ciudadanos de nuestro entorno, así como en el respeto a la soberanía de los animales salvajes. Estos conceptos de “ciudadanía” y “soberanía” han sido clásicamente utilizados únicamente para los contextos humanos, pero estamos convencidos de que también deben referirse al mundo animal. Largo camino, aún, el que nos queda por recorrer.

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