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18 enero 2017 3 18 /01 /enero /2017 00:00
Presidencia de Obama: un balance crítico

Tal es la triste y cruda realidad del desastre de Obama, quien llegó con los mejores auspicios y legó un mundo en pleno caos y a su país más fracturado que nunca

Alfredo Jalife-Rahme

Mírate al espejo y pregúntate que has hecho desde ese cargo que has detentado los últimos ocho años, el más poderoso del mundo. Se entiende que hayas encanecido rápidamente, porque la verdad es que has sido la gran decepción de los últimos tiempos. Siempre pensé que la “Obamamanía” que se desató con tu elección era una soberana estupidez, producto del colonialismo mental que afecta a intelectuales, académicos, comunicadores sociales y políticos de casi todo el mundo. Pero nunca llegué a pensar que en la Casa Blanca te iría tan mal

Atilio Borón

El próximo día 20 finaliza definitivamente el doble mandato del primer Presidente negro de los Estados Unidos de América, Barack Hussein Obama. Le relevará en el cargo un Presidente blanco, supremacista, racista, ignorante y misógino, típico producto del capitalismo brutal de nuestra época, como es Donald Trump. Pero en el presente artículo vamos a ocuparnos, a modo de balance, de la nefasta presidencia de Obama, de sus sombras, de sus ineptitudes, de sus promesas incumplidas, de sus metas y objetivos defraudados, de su mediocridad. Y es que Obama ha sido, sobre todo, un poderoso producto de marketing, un político de diseño que engañó a su pueblo y al mundo bajo promesas de desmilitarización y defensa de las libertades que nunca cumplió, que ha superado en gran medida los límites ya indecentes de pasados gobiernos norteamericanos, y que no sólo no ha finalizado las guerras ya abiertas al comienzo de su mandato, sino que las ha multiplicado, en diferentes frentes, y que además ha promulgado legislación nefasta para la población más desfavorecida. Por no ser injustos, también reconoceremos (dentro de sus limitaciones) las pequeñas luces del mandato de Obama, tales como el sistema Obamacare de aseguramiento para la atención sanitaria (que no de un verdadero sistema sanitario universal), el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, el acuerdo nuclear con Irán, y algunos otros logros sociales de pequeño alcance. 

 

Hace 8 años se presentaba al mundo como el 44 Presidente de los Estados Unidos, pero no como un Presidente más, sino como el primer Presidente afroamericano de la historia de USA. Prometió a los votantes estadounidenses que pondría fin a las guerras de ocupación abiertas en ese momento, que cerraría la prisión ilegal de Guantánamo (más bien un centro de tortura), que acabaría con la opacidad y el secretismo de la Administración, que defendería las libertades civiles, que protegería a los poseedores de hipotecas estafados por los banqueros de Wall Street, que aprobaría una reforma sanitaria, una reforma migratoria, otra financiera, y que abriría Estados Unidos al resto de culturas del globo. Obama despertó grandísimas ilusiones entre la gente de color (de hecho le votaron 9 de cada 10 estadounidenses negros), que por fin podrían tener a alguien que les representara en el Despacho Oval, y se encargara de cumplir las promesas de la revolución de los derechos civiles. Prometió poner fin a la violencia racial y a las desigualdades sociales, así como acabar con las violaciones de las libertades y derechos básicos de la población por parte del Estado. Tardó poco en ir defraudando en cada una de las promesas electorales. Aunque mantuvo siempre su temple, su estilo y su carácter afable y personal, su balance en la presidencia deja mucho que desear. Barack Obama ostenta el récord de promesas rotas, pues ha dejado en la cuneta más intenciones y de mayor calado que cualquiera de sus predecesores en el cargo. 

 

En el aspecto económico y social, Barack Obama no se ha salido ni un ápice de los mandatos del dogma neoliberal. Su política económica ha estado muy bien vista por los gigantes de Wall Street, ya que los banqueros recibieron más de 900 mil millones de dólares para salvarse de la crisis que ellos mismos provocaron en 2007-2008, justo al comienzo de su mandato. En el terreno internacional, Obama lanzó o continuó un total de 7 guerras, destruyendo países como Libia, Siria y otros de Oriente Medio. Su política de acoso policial y racista hacia los afroamericanos ya fue objeto de un análisis por nuestra parte en este artículo, al cual remito a los lectores y lectoras interesadas. Por otra parte, su política de hostigamiento hacia el gigante ruso se ha llevado a efecto a través de la expansión de la OTAN (bases militares incluidas) en los países satélites de la antigua órbita soviética, así como en los intentos de alejamiento de Ucrania de la órbita de influencia rusa. Hoy día, cientos de carros de combate, tanques estadounidenses, vehículos blindados y camiones de guerra se están colocando muy cerca de la frontera rusa, en una clara actitud de amenaza, mientras se demoniza a Vladimir Putin y a toda su administración. Asímismo, y aunque canalizó unas nuevas intenciones de normalizar las relaciones diplomáticas con Cuba, siendo el primer Presidente estadounidense en visitar la isla en más de 60 años, lo cierto es que el terrible bloqueo comercial continúa en vigor, y la prisión de Guantánamo no se ha cerrado, ni su terreno ha sido devuelto a Cuba. Por otra parte, Obama posee el récord de expulsiones de inmigrantes indocumentados bajo su mandato (cerca de 3 millones), y las tremendas desigualdades entre ricos y pobres se han acrecentado durante los 8 últimos años. 

 

En lo que concierne al eterno asunto palestino-israelí, retomo las palabras de Nazanín Armanian cuando ha sentenciado que: "Obama es el Presidente de EE.UU. que más apoyo diplomático, económico y militar ha prestado al régimen israelí: vetó dos resoluciones en 2011 y 2013 que condenaban los asentamientos ilegales de Israel y se negó a reconocer el Estado Palestino. Luego, sin rubor, respaldó la brutal agresión de Israel a Gaza en 2014 y firmó un paquete de ayuda militar a este país por valor de 40.000 millones de dólares (sacados del bolsillo de los norteamericanos), mientras presionaba a los palestinos que debían "portarse bien" tragando bombas, como condición previa de iniciar el proceso de paz. La cuestión palestina es otro de los grandes fracasos de Obama en su política exterior" ("Israel, la resolución 2334 y la última burla de Obama a los palestinos", Nazanín Armanian, Publico.es). Con todo ello, si la intención de Obama era dejar un legado relevante al mundo después de su mandato, es evidente que no lo ha conseguido. Washington no ha variado ninguno de sus grandes ejes de actuación histórica, ni el país ha abandonado ninguna de las características que le han hecho permanecer en un estado de guerra permanente. Obama se ha comportado, al igual que sus antecesores, como un fiel servidor de los poderes y clases dominantes. 

 

Como reconoce Gene Healy en este artículo para el medio Laexcepcion.com, en la campaña de drones y en la actual guerra contra el Estado Islámico (ISIS), Obama ha transformado una resolución del Congreso de hace 14 años dirigida contra Al-Qaeda y los talibanes en un cheque en blanco para la guerra sin límites, en cualquier lugar del mundo. Obama no puede presumir, precisamente, de un legado pacifista. Reconoció abiertamente en una entrevista que "...a veces, para conseguir lo que queremos, nos vemos obligados a torcerle el brazo a ciertos países", en lo que resultó ser una clara confesión de la actitud de gendarme mundial que se autoasigna Washington. Pero no quedan ahí los "méritos" del primer presidente negro: declaró a Venezuela como una "amenaza para la seguridad nacional de los Estados Unidos", instigó y ayudó a los Golpes de Estado blandos (y menos blandos) de Paraguay (Presidente Lugo) y Honduras (Presidente Zelaya), y se tienen sospechas de que también está detrás del derrocamiento por vía parlamentaria de la ex Presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, así como de las campañas de desprestigio del ex Presidente Lula da Silva, y de la ex Presidenta de Argentina, Cristina Fernández. Por otra parte, las campañas de espionaje masivo por parte de la Agencia de Seguridad Nacional a líderes políticos de ámbito internacional, se han multiplicado durante el mandato de Obama, dejando en evidencia una Administración opaca, indecente y corrupta. Mientras, auténticos héroes como Julian Assange, Chelsea Manning o Edward Snowden son ferozmente atacados y perseguidos por denunciar los tremendos niveles de corrupción y opacidad de la Administración norteamericana. 

 

A nivel interno, como decíamos, los salarios de los altos ejecutivos se han disparado. Con Obama los ya ricos se han vuelto más ricos (ya que también les ha bajado los impuestos), y los pobres se han vuelto más pobres (ya que también ha recortado en ayudas sociales). Su reforma sanitaria, absolutamente insuficiente, se plegó a los intereses de las grandes compañías médicas y farmacéuticas, renunciando a implantar un verdadero Sistema Público de Seguridad Social, universal y gratuito. Tampoco alcanzó a aprobar las medidas de protección del medio ambiente que había prometido. Su tan traído y llevado lema de campaña, "Yes, we can" se quedó sólo en eso, en un lema vacío y sin sentido. Intentó por todos los medios, aunque afortunadamente no lo consiguió, cerrar y aprobar el peligroso Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, el famoso TTIP. Lo máximo que nos parece plausible concederle a Obama es que quizá fue un gobernante con algunas buenas intenciones, pero sin las agallas suficientes como para llevarlas a cabo. La última desfachatez de su Gobierno ha sido echar las culpas a Rusia de la victoria electoral de Donald Trump. Toda una osadía y un ejercicio de supina hipocresía, cuando es precisamente el Gobierno de EE.UU. el más injerencista de todos los tiempos. En fin, Obama se marcha sin pena ni gloria, como otro Presidente más del mismo sistema que USA representa para el mundo. Un Presidente como otro cualquiera (quizá peor) de la ya larga lista, con las mismas políticas, con los mismos errores, con los mismos enfoques, con la misma retórica. Y todo ello aún a pesar de ser negro. 

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17 enero 2017 2 17 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Portada del documental del mismo título de Miguel Hernández y Luis Pla

Viñeta: Portada del documental del mismo título de Miguel Hernández y Luis Pla

El caldo de cultivo eran los matrimonios de familias acomodadas que no podían tener hijos; también la indecencia y la miseria en España. Se ponían en contacto con personas conocidas que les podían facilitar contactos y un hijo. Se desplazaban hasta la ciudad pactada y se hacía el intercambio en casas (pensiones) o parques. Mandaban a una matrona o auxiliar de enfermería de su propia ciudad, que falsificaba, previo pago, el certificado de alumbramiento y con él acudían al registro civil donde inscribían al bebé como propio. Todo por unas 50.000 pesetas de las de entonces. Aquí, en la esquina de mi calle, había una «Pensión», en donde las madres «patera», esperaban el momento del parto, antes de acudir a la maternidad de Santa Cristina y allí se consumaba la acción

Víctor Arrogante

Y otra manifestación no menos importante de la represión y barbarie franquista fue el fenómeno que se ha dado en llamar de los "bebés robados", que ha sido quizá la última faceta en reconocerse como crimen del catálogo de la dictadura. En efecto, a muchas mujeres de este país les robaron sus bebés recién nacidos durante la dictadura (a partir de los años 50-60), pero esa práctica continuó incluso después de fallecido el dictador, ya que existen casos documentados incluso en la década de los 80. El franquismo, en su abominable afán de controlar ese "gen marxista" (que según el psiquiatra oficial del régimen, Antonio Vallejo-Nájera, habitaba en las mentes de las madres republicanas), saqueó también las cunas de los hospitales de la época, y entregó los bebés a familias que comulgaban con el perverso ideario fascista del régimen. Al principio la motivación era encontrar ese "gen rojo" y destruirlo. Se estimaba que si el vínculo de conexión de los hijos con sus madres se rompía, vendiendo los bebés a otras familias, la "mala influencia" del pensamiento republicano no afectaría a dichos niños y niñas de la época. Y así, la victoria fascista encumbró también prácticas nazis en los hospitales. En palabras de Alfons Cervera: "Médicos, curas y monjas se aliaron en esa mafia cruelísima que se dedicó a robar bebés nada más salir del viente de sus madres y mandarlos como arrugados animalitos en un taxi a las casas pudientes del régimen". 

 

Como estamos pudiendo comprobar, el relato de las crueldades del régimen se vuelve vomitivo e insoportable. Detrás de aquéllas aparentemente inocentes y adorables monjitas, se escondía toda una brutal práctica de tráfico de bebés (tanto que ellos critican el aborto por considerarlo un crimen), perfectamente orquestada hasta sus últimos detalles por las directrices de los jerifaltes franquistas. A las madres biológicas les decían que sus hijos habían muerto al nacer, y que los habían enterrado para que los padres no sufrieran más. Pero lo que la banda mafiosa de ginecólogos, curas y monjas metían en las pequeñas cajas de madera eran restos de carne descuartizada, incluso trozos de cuerpos adultos (para que pesara un poco). Y nuestra justicia (siempre fiel al poderoso) hasta ahora ha escurrido el bulto, ha mirado para otro lado, ha dado sentencias de prescripción de los delitos (hace pocos días una madre angustiada decía que "una relación madre e hijo no prescribe nunca", y qué razón tenía), y no ha dejado de poner palos en las ruedas para que estos casos no se investiguen. Poco a poco se van conociendo más detalles de aquéllas macabras práticas, la mayoría de la documentación que podría probar lo que se hacía y cómo se hacía está en poder la Iglesia...¡Y con la Iglesia hemos topado!, como reza el famoso refrán. Ya sabemos la reacción de las autoridades españolas en todo lo que tenga que ver con el franquismo: siempre han intentado proteger aquélla etapa, entorpeciendo las investigaciones y la defensa de las víctimas, y por supuesto, no concediendo ningún apoyo oficial ni partida presupuestaria. 

 

Así que hasta ahora, nuestros indecentes gobernantes han preferido  mirar para otro lado, dejando tan ardua tarea al propio esfuerzo de las asociaciones de víctimas y afectados por dicha violación de los más elementales derechos humanos durante décadas. Como decíamos más arriba, parece ser que el origen de esta aberración hay que buscarlo en una especie de "ingeniería social" mediante los experimentos llevados a cabo por el Jefe de Psiquiatría del Ejército, el Doctor Vallejo-Nájera, con las presas republicanas en Málaga. Su fobia, nada científica, aunque quisiera revestirla como tal, hacia las ·"rojas" le valió para concluir que los republicanos y anfifascistas no podían criar hijos "sanos" para el nuevo Estado surgido del Alzamiento Nacional, y que por tanto resultaba lícito socialmente arrancarlos de los brazos de sus madres encarceladas. Este personaje fascista de la época afirmaba que estos niños, al igual que sus padres, eran portadores de un gen marxista (calificaba a la gente de izquierdas como "débiles mentales"), y que por tanto, era necesario apartarlos de esa nefasta influencia. Durante esta primera etapa, fue fundamental el papel prestado por diversas Instituciones políticas y religiosas de la época, como la falangista Auxilio Social, Casa Cuna o la misma Iglesia Católica. Eran frecuentes además instituciones del tipo de los orfanatos, hospicios o inclusas, algunas de las cuales también se hicieron cómplices de estas prácticas atroces. Y así, los niños y niñas que salían de las cárceles, o eran arrebatados a sus familias, eran destinados en  principio a este tipo de instituciones de "reeducación", dentro de las cuales soportaban auténticos infiernos. 

 

Estos actos de barbarie perpetrados por las autoridades del régimen fascista de Franco llevaron a que el Servicio Exterior de Falange llegara a secuestrar, en la Francia sometida al dominio nazi, alrededor de 20.000 niños y niñas, hijos e hijas de republicanos españoles exiliados, para entregarlos a familias afectas al régimen. En el fondo, como vemos, estamos ante un auténtico y aberrante proceso de interceptación desnaturalizadora de los progenitores legítimos hacia sus hijos, para impedir tener que luchar contra nuevas generaciones de "rojos". Pero esta fue la motivación únicamente durante la primera etapa, porque posteriormente, aquélla operación de secuestro devino en gran oportunidad de negocio, en la que la connivencia de los sectores hospitalarios y sobre todo religiosos, llevaron a que un número quizá más difícil de determinar de recién nacidos (han llegado a estimarse en 300.000 casos) acabaran perdiendo su identidad y sus raíces, en una macabra operación que combinó el odio y el lucro por parte de una pandilla más o menos amplia de impresentables gobernantes, de fanáticos religiosos y de irresponsables y corruptas autoridades. Es otra vertiente del régimen de terror y de exterminio ideológico protagonizado por la dictadura. Pero es lógico pensar que un fenómeno que se extiende durante tanto tiempo, evolucionara la tipología de sus prácticas, y así, si al principio las víctimas habían sido presas políticas y sus respectivos hijos e hijas, después se aplicó sobre madres solteras de la época, y sobre madres vulnerables económicamente, de pocos recursos, para cumplir con lo que la perversa moral franquista imponía, esto es, castigar a quiénes habían cometido la osadía de embarazarse sin marido y a la vez "proveer" de descendencia a quiénes tenían familias "bien constituidas", todo ello, claro está, según los rígidos cánones morales de la dictadura. 

 

Con el tiempo, se pasó por tanto de la inicial maquinaria del horror que comenzó a instalarse durante la Guerra Civil, con las primeras presas políticas de la época, a toda una práctica generalizada que continuó perfeccionándose al calor de las necesidades y el curso que fueron tomando las políticas del dictador a lo largo de sus casi cuarenta años de régimen represor y totalitario. Y así, en un contexto rodeado siempre del miedo y del silencio, como todo lo que ocurría en la vida pública franquista, el robo de niños recién nacidos, si bien comenzó como una purga o castigo aleccionador, fue después mutando sus intereses de acuerdo con las necesidades imperantes de las clases dominantes de la época. Normalmente, el relato posterior que estos bebés recibían, cuando ya eran más mayores, solía ser la confesión de que habían sido adoptados, y de que sus padres habían muerto en cualquier accidente. El marco jurídico de la época propiciaba, sobre todo para el caso de las madres republicanas, que sus hijos quedaran bajo custodia del Estado, que permitía incluso el cambio de apellido de esos niños. Eso en las cárceles, pero en los hospitales, las madres legítimas eran vilmente engañadas, bajo cualquier pretexto médico, y sus bebés eran entregados a otras familias, que pagaban muy bien por ello. La motivación económica fue relegando entonces a la motivación ideológica, y se convirtió en un prometedor negocio, que necesitaba más y más niños para poder continuar. Se estimulaba hormonalmente a las madres para que pudieran volver a quedar embarazadas pronto, y se animaba a los padres jóvenes a tener más hijos, mientras se continuaban perpetrando dichos robos. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 enero 2017 1 16 /01 /enero /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://sp.depositphotos.com/

Fuente Viñeta: http://sp.depositphotos.com/

La humanidad se extermina a sí misma, no hay bondad o maldad natural, hay una enorme falta de conciencia del hecho simple y fundamental de que todos y cada uno de nosotros es un ser humano con derecho a la dignidad

Cristóbal León Campos

La guerra sucia contra Irán del gigante norteamericano y de sus socios y aliados occidentales es otro gran caballo de batalla, que enciende el foco de los conflictos internacionales. Con la obsesión de Washington de controlar todo lo que hacen el resto de países, se firmó en Suiza en julio de 2015 un acuerdo nuclear entre Irán y el G5+1 (conformado por Rusia, China, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania) para poner bajo control la actividad atómica de Irán y sus procesos de tratamiento del uranio. Tras dicho acuerdo, el país islámico ha cumplido cada uno de los puntos del referido acuerdo, mientras continúa una guerra sucia a través de la presión, intensificación y prórroga de las sanciones políticas y económicas ya impuestas por USA mucho antes de la firma del tratado. Y es que como venimos contando, las continuas violaciones de Washington de todos los acuerdos, convenios y tratados (a los que se unen los no ratificados) es algo absolutamente normal para su Administración, lo cual genera un continuo clima de incertidumbre e inestabilidad en prácticamente todo el planeta. Y no parece que bajo la nueva Administración de Trump (donde el Gobierno de USA lo gestionará una petrolera, ya que el próximo Secretario de Estado es el Presidente de Exxon) vayan a cambiar los parámetros injerencistas, desestabilizadores, promotores de Golpes de Estado e impulsores de genocidios por todo el globo que patrocina USA.

 

Y es que, tal y como se señala en este artículo del medio Prensa Islámica: "Antes del triunfo de la Revolución Islámica [se refiere a la revolución de los Ayatolás de 1979], Irán y Arabia Saudita eran considerados los dos pilares de la estrategia de Estados Unidos en Oriente Medio y el Golfo Pérsico. La Revolución Islámica puso fin, de una vez por todas, a la dominación de la monarquía en Irán, y como resultado de ello, EEUU perdió a un principal aliado y a uno de los dos pilares de su política en la región. Obviamente, los políticos estadounidenses, pese a sus afirmaciones en apoyo de la libertad y de la democracia, no podían tener unas relaciones normales con un gobierno revolucionario que había acabado con el dominio de la Casa Blanca sobre Irán. Estados Unidos no sólo perdió al régimen monárquico al que apoyaba en Irán, sino que se vio enfrentado a un sistema de gobierno cuyo lema estratégico era "independencia, libertad y república islámica". Para EEUU era doloroso que la República Islámica deseara la libertad no sólo para el pueblo musulmán de Irán, sino para todas las naciones bajo opresión, especialmente en la geografía del mundo islámico". Todo esto entronca con las tesis que hemos venido defendiendo desde los primeros artículos de esta serie, que no son otras que las que defienden que los verdaderos motivos de las guerras y los conflictos bélicos no se deben a la maldad ni al carácter terrorista de algunos pueblos, sino a los deseos de intervención y de injerencia de las grandes potencias mundiales en los asuntos internos de terceros países, cuando dejan de servir a sus intereses. 

 

Y hoy día, además, como nos señala Pablo Jofré Leal en este artículo para el medio Hispan TV, ese odio contra Irán se ha intensificado por el apoyo que dicha República Islámica otorga a la lucha del pueblo palestino (enfrentado históticamente a Israel, el otro gran aliado incondicional estadounidense), y sobre todo por el hecho del apoyo a las fuerzas de los gobiernos sirio e iraquí en su lucha contra el ISIS. Porque como también hemos insistido ya anteriormente, el Daesh no es más que un instrumento de agresión contra las sociedades árabes que desean iniciar un recorrido de paz y de libertad, que actúa desde el Magreb hasta el Levante Mediterráneo, pero que ha encontrado en Siria un hueso duro de roer. Desgraciadamente esta hostilidad va a continuar, pues la nueva Administración Trump está compuesta por empresarios, halcones y multimillonarios de conocido carácter belicista. De hecho, y hasta ahora, las terribles declaraciones de intenciones de Trump van en la línea de rechazar el acuerdo nuclear con Irán, hostigar comercialmente a China, continuar la guerra climática y revertir los avances para la normalización de sus relaciones con Cuba. Quizá el único punto positivo de su alegato sea la intención de colaborar activamente con Rusia, aunque veremos en qué queda y cómo se conforma todo ello. El panorama es ciertamente desesperanzador. Porque lo más probable es que las acciones de guerra sucia continúen por todos sus medios. Y es que pueden más los intereses estratégicos, comerciales, energéticos, armamentísticos, etc., que los verdaderos objetivos de una política pacifista, que no interesa para nada, y se esconde bajo grandilocuentes palabras. 

 

Pero en el frente europeo, nuestros líderes políticos son tan incompetentes y fanáticos como los norteamericanos. En Francia, en Gran Bretaña (siempre aliada incondicional de Washington), en España, en Italia, en Bélgica, en Alemania, etc., nos encontramos con toda una legión de políticos nefastos, ignorantes y fallidos que empujan a Europa hacia el desastre de la mal llamada "guerra contra el terrorismo". En las grandes ciudades europeas, políticas de blindaje de los espacios públicos, controles de seguridad y recorte de derechos y libertades básicas campan por doquier, bajo la excusa de la protección frente a los ataques terroristas, ataques provocados por nuestros mismos gobiernos, bien por acción o por omisión. Porque quien calla y se alinea cobardemente contra los agresores, también es cómplice de dicha barbarie. Proclaman soberbiamente a los cuatro vientos que nada puede explicar que se mate en terrazas de bares, en aparcamientos públicos o en mercadillos populares, mientras ellos contribuyen diariamente a las matanzas de miles de civiles inocentes en los países en conflicto. Una estrategia absolutamente hipócrita, abyecta y cruel. Que conste que no estamos disculpando a los terroristas que empotran sus camiones contra la inocente muchedumbre, sólo estamos intentando explicar por qué se produce, aunque el Primer Ministro francés, Manuel Valls, afirme que "Explicar ya es un poco disculpar". Pues no, señor mío, a intentar explicar los motivos de tanta sangre derramada es a lo que nuestros gobernantes se deberían dedicar, en vez de lanzar soflamas infantiles, absurdas y reduccionistas, como las de que "el mal existe en el mundo" (Barack Obama dixit). 

 

Por tanto, asumamos nuestras responsabilidades (las de cada país) en la situación internacional, renunciemos a esta absurda "guerra contra el terrorismo" (que no es más que un invento propagandístico), y encaremos la senda del pacifismo desde una revolución interior y exterior, desde un cambio de políticas, desde una concepción de las relaciones entre los diferentes países enfocada bajo otros parámetros. Porque bajo ese absurdo pretexto de la guerra contra el terrorismo, se han perpetrado los más graves atentados contra la soberanía de los países, contra el conjunto de su población, las más cruentas invasiones neocoloniales, y las más feroces venganzas. La senda del pacifismo debe andar el camino diametralmente opuesto. La senda del pacifismo es incompatible con un Occidente "civilizado y libre", pero que es parte esencial del mundo bélico porque suministra armas y mantiene guerras petroleras y por los recursos naturales en los países que las poseen. La senda del pacifismo pasa por reconocer la humanidad de todas las culturas, de todos los seres humanos, de todos los habitantes del planeta, sin distinción de raza, sexo, cultura o religión. La senda del pacifismo pasa por reconocer que es Occidente quien más contribuye históricamente al terrorismo, a los conflictos bélicos y a las intervenciones armadas, y por admitir que bajo ese manto de "cooperación, de democracia y de derechos humanos", que tanto dicen respetar, ocultan perversas campañas de hostigamiento, aislamiento y ataque a los valores y culturas de otros pueblos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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13 enero 2017 5 13 /01 /enero /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (XX)

Me pregunto en qué clase de sociedad vivimos, qué democracia tenemos donde los corruptos viven en la impunidad, y al hambre de los pueblos se la considera subversiva

Ernesto Sábato (“Antes del fin”)

A la creciente desigualdad de las últimas décadas se ha unido la explosión causada por la crisis desde 2007-2008 en adelante, que ha sido aprovechada como excusa para desmontar prácticamente todos los pilares de nuestro raquítico Estado del Bienestar, y para llevar a cabo crecientes olas privatizadoras de servicios públicos. Se han atacado derechos humanos fundamentales (trabajo, sanidad, educación, renta básica, alimentación...), y se han polarizado de forma brutal las desigualdades. Carlos Pereda, del Colectivo Ioé, en el informe para el Barómetro Social citado como referencia en el artículo anterior, nos indica que las políticas antisociales adoptadas para abordar la crisis han generado gravísimos problemas para un amplio sector de la clase trabajadora, muy especialmente para quienes se encuentran en paro, sobre todo si no reciben ningún tipo de prestación (hoy día el 47% de los casi cuatro millones de personas desempleadas). Pero no contentos con ello, las contrarreformas laborales y sociales practicadas han dejado también en la estacada a los que hoy poseen un empleo, que se han convertido en trabajadores pobres, incapaces de poder vivir dignamente con su sueldo. A partir de 2010, los salarios y la renta disponible de los hogares cayeron a ritmo creciente, y la población en situación de exclusión ha aumentado en más de un millón de personas. 

 

Las subidas de impuestos, focalizadas en los impuestos regresivos (los que paga igual todo el mundo), como las subidas del IVA, de la electricidad o del transporte, junto a la práctica congelación de las pensiones (en realidad una ridícula e indecente subida de un 0,25%), han contribuido también a reducir el poder adquisitivo de gran parte de la población. El resultado lo podemos observar claramente, a pesar de los múltiples intentos por parte de nuestros gobernantes para hacernos ver una realidad distinta: los pobres son cada vez más pobres, y los ricos más ricos. Esta enorme polarización ha acabado prácticamente con la ilusión de la "clase media", a la que gran parte de la población se adscribía en los buenos tiempos de bonanza económica, una artificialidad que duró poco tiempo, al no estar asentada sobre justas redistribuciones de la riqueza, y sobre modelos productivos sostenibles. La realidad es hoy día aplastante: millones de familias tienen que optar cada mes entre comer, vestirse, pagar los suministros básicos del hogar o pagar el alquiler o la hipoteca de la vivienda, ya que afrontar todos los gastos a la vez no es posible. Pero gran parte de estos hogares ya no responde a la clásica imagen de la pobreza, sino que han surgido de familias con ingresos medios que se han visto afectadas por situaciones de desempleo de larga duración, que han agotado sus prestaciones por desempleo, u otras ayudas públicas. Entre los grupos mayormente afectados, se encuentran las familias monoparentales, en su mayoría madres solteras o divorciadas, con hijos a su cargo. 

 

Durante estos últimos años de crisis, la desigualdad entre los patrimonios creció a un ritmo mucho mayor que el de la renta, provocando una revalorización patrimonial de más de un billón de euros en el 10% más rico de la población, que concentra la propiedad (y los beneficios y revalorizaciones) de la mayor parte de las acciones empresariales (cotizadas y no cotizadas), los fondos de inversión y otros activos financieros. Sin embargo, en el otro extremo, el 25% de familias más pobres (4,3 millones de hogares, que formaban 12 millones de personas en el año 2011), disponía de un patrimonio medio 87 veces menor que el del grupo anterior, concentrando la mayor parte del desempleo, la pobreza y el endeudamiento. Bastaría, si tuviéramos gobernantes con la sensibilidad y la voluntad política necesarias, que, gracias a una política fiscal realmente redistributiva, esa ratio fuera de 50 veces en lugar de 87, y que la diferencia se reorientara al 25% más pobre de la sociedad, para que éstos multiplicaran su patrimonio por más de 20, reduciendo así las actuales desigualdades. Por su parte, el gasto social en España en relación al PIB (como muy nos destaca Vicenç Navarro en muchos de sus artículos) ha sido siempre inferior a la media europea, incluso después de la ampliación de la UE a 28 países. En conjunto, el gasto público por persona en políticas sociales, después de crecer hasta 2009 a un ritmo interanual entre el 3% y el 6%, experimentó una bajada del 12,6% en los cuatro años siguientes, a raíz del cambio de rumbo introducido por el gobierno del PSOE de Zapatero a partir de 2010 (cuya puntilla fue el cambio del artículo 135 de nuestra Constitución, para blindar el pago de la deuda ante cualquier otro gasto social).

 

De todas las partidas del gasto social,  han bajado sensiblemente las referidas a sanidad y educación públicas (-7 y -9%), y las prestaciones por desempleo (-10% en relación al PIB). La cobertura de las prestaciones por desempleo a las personas en paro ha bajado del 77% en 2007 al 55% en 2011 y al 45% en 2014, como consecuencia del paro de larga duración, y de los contratos precarios, temporales y de muy corta duración que no han cotizado lo suficiente como para adquirir nuevos derechos contributivos. De las restantes partidas sociales, cabe destacar la dedicada a la exclusión social, una de las peor dotadas de toda la política social de nuestros indecentes gobiernos (sólo representó un 0,23% del PIB en 2013). La implantación de una Renta Básica universal, incondicional e individual acabaría con todos estos problemas, pero dejaremos su discusión para el bloque correspondiente. ¿Cuál es entonces el discurso dominante? Pues en complicidad con la Comisión Europea (última garante de que los dogmas neoliberales se cumplen a rajatabla en el continente europeo), las tesis de nuestros gobiernos sostienen que las políticas sociales están sobredimensionadas en relación a la capacidad económica de la Hacienda Pública (recordarán los lectores y lectoras la famosa frase de que "Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades"), y que, por tanto, es imprescindible introducir recortes ("reformas estructurales" en su eufemístico lenguaje), así como procesos de privatización que impliquen una reducción del gasto. Pero la tremenda ofensiva neoliberal disfraza bajo estas medidas un ataque al volumen del Estado, que pretende adelgazarlo, aniquilando sus empresas públicas y estatales, y "externalizando" gran parte de sus servicios públicos, para contribuir a ampliar las posibilidades de negocio de la iniciativa privada. 

 

En definitiva, como nos indica Carlos Pereda, se despliega sin restricciones el modelo social de capitalismo neoliberal cuyos orígenes en el contexto europeo se remontan al Tratado de Maastricht (1992) y al Tratado de Lisboa (2009), después del fallido intento de Constitución Europea de 2006. Mientras la derecha abrazaba la supuesta "modernidad" de nuestro Estado al adscribirse a todos estos tratados, desde la izquierda transformadora denunciábamos la peligrosa deriva neoliberal que se avecinaba, y sus futuras, previsibles y terribles consecuencias. La crisis actual está siendo la ocasión para profundizar en estas políticas, a través de tratados como el Pacto Fiscal o el MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad, ambos de 2009), que la derecha política y mediática nos disfraza como nuevos niveles de "integración europea". El Pacto Fiscal tiene como objetivo asegurar que los Estados miembros apliquen unas políticas presupuestarias estrictas (donde entra la consabida reducción del déficit público), con sanciones económicas en caso de incumplimiento. Por su parte, el MEDE se encarga de conceder préstamos a los países de la zona euro que no cumplan con sus obligaciones financieras, pero imponiendo como contrapartida estrictas condiciones macroeconómicas y recortes del gasto social, tal como ya ha ocurrido en varios países, siendo Grecia el más paradigmático de todos ellos. En realidad, la Comisión Europea actúa como un buen alumno de la disciplina impuesta mundialmente por el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo surgido del famoso Consenso de Washington para implantar el más fanático neoliberalismo por todo el globo, y vigilar de forma estricta su cumplimiento. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 enero 2017 4 12 /01 /enero /2017 00:00

El pasado día 3 de enero, nos sorprendieron unas declaraciones de todo un Magistrado de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo, un tal Antonio Salas, quien entrevistado para el programa "Más Vale Tarde" de La Sexta, vertió unas opiniones sobre la violencia de género bastante polémicas. El señor Salas, aunque no negó en ningún momento que existiera el machismo (lo contrario hubiera sido demasiado escandaloso), aseguró, entre otras joyas, que "no se puede generalizar y echar las culpas a la educación machista", y que "hay una verdad oficial sobre la violencia de género que parece que nadie puede cuestionar". En diversos twits previos había asegurado que la violencia de género "es una manifestación más de la maldad" (¿les suena algo parecido para el tema de las guerras?), y que la violencia de género no existiría "si la mujer tuviese más fuerza o igual fuerza que el varón", asegurando que era "pura lógica". Aseguró que en parejas homosexuales también hay insultos, maltratos y violencia, y se preguntó: "¿Ahí hay machismo también?". La verdad es que es absolutamente insultante que en pleno siglo XXI, y con un panorama de violencia machista tan terrible como el que estamos padeciendo (44 mujeres asesinadas en 2016), aún existan personas "ilustradas" que sean capaces de verter estas opiniones. 

 

Son declaraciones que no hacen sino confirmar la tremenda necesidad de formación en este asunto que requieren tanto los miembros de nuestro Poder Judicial (abogados, jueces y fiscales) como los miembros de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado (Policía en sus diversos ámbitos y Guardia Civil). Porque además la violencia de género no se manifiesta, como se ha reconocido oficialmente en recientes fechas, sólo en los terribles asesinatos machistas, sino en todas las demás facetas sociales y laborales que denigran a la mujer con respecto al hombre: brecha salarial, división sexual del trabajo, feminización de la pobreza, violaciones, prostitución, acoso sexual laboral, y un largo etcétera de manifestaciones donde el dominio del hombre sobre la mujer se ejerce sin piedad. Pero para el señor Salas, por lo visto, lo que cuenta es que el hombre "es más fuerte físicamente" que la mujer. Un planteamiento absurdo, infantil y reduccionista que se puede rebatir desde múltiples puntos de vista. Porque para matar a una mujer a golpes (igual que para matar a un hombre) quizá haya que ser más fuerte que ella, pero para pegarle un tiro con una escopeta no es necesario tener más fuerza física. Tampoco para echarle ácido a la cara, ni para atropellarla con un coche, ni para pagarle menos sueldo que a un hombre por el mismo trabajo, ni para explotarla laboralmente (como ocurre sobre todo en ciertos colectivos como las empleadas de hogar o las camareras de piso de los hoteles), ni para someterla a explotación sexual, etc. Para todos esos ataques a la mujer no hay que ser más fuerte físicamente que ella.

 

Este señor, simplemente, es un ignorante ilustrado, o si se quiere, un burro con toga. Desgraciadamente, no es el único, existen muchos imbéciles con carrera, que se ponen a opinar de cualquier tema, sin tener ni repajolera idea, aplicando según ellos "la lógica" y el "sentido común", demostrando su supina ignorancia, quedando en el más absoluto de los ridículos. Así que vamos a intentar explicarle al señor Salas, muy brevemente (una explicación profunda se saldría de los límites de este artículo, aunque puedo recomendarle a este señor gran cantidad de bibliografía de grandes expertos y expertas en el tema), las verdaderas motivaciones de la violencia de género. Porque la violencia de género (como las guerras y el terrorismo) no tienen nada que ver con la maldad, como asegura el señor Salas. Porque quien tiene la fuerza no es el hombre (entendido como un hombre cualquiera), sino el propio sistema. ¿Le suena de algo una cosa que se llama patriarcado, señor Salas? En realidad aquí sufrimos una modalidad que denominamos heteropatriarcado, consistente en una variante del mismo que legitima únicamente determinado tipo de relación entre hombres y mujeres (la heterosexualidad) y determinado modelo clásico de familia. El heteropatriarcado es el sistema de dominación cultural (incluye usos, costumbres, tradiciones, normas familiares, hábitos sociales, prejuicios, simbología, e incluso leyes) que guía los roles de hombres y mujeres, y es el responsable de nuestra educación desde pequeños en las injustas diferencias de sexo que se aplican cuando somos adultos.

 

Este sistema establece la dominación del varón sobre la mujer en la mayoría de las facetas sociales, tanto individual como colectivamente, aprovechándose del sexo femenino y explotándolo salvajemente, sobre todo en su fuerza productiva y reproductiva. Y como explicamos en el primer artículo de nuestra breve serie dedicada al tema, la dominación cultural del heteropatriarcado es tan antigua y arraigada, que hoy día sería difícil deslindar la parte biológica de la parte cultural en nuestro comportamiento, desde que somos bebés hasta la edad madura. El heteropatriarcado educa desde la infancia para que hombres y mujeres asumamos unos roles de género determinados, para que nuestros comportamientos se ajusten a su modelo. El feminismo se rebela ante esta normativa heteropatriarcal, intentando que la sociedad vaya migrando hacia la asunción de unos roles de verdadera y completa igualdad entre sexos. Pero tomando las palabras de Matilde Tenorio en su ensayo "Reflexiones feministas": "El rol de transición entre los valores modernos y los tradicionales genera en muchos hombres temor, frustración y un riesgo de perder el control y la autoridad, y si bien muchos de ellos lo afrontarán cognitivamente comprendiendo que son copartícipes de la desigualdad e intentando modificar sus creencias, valores y actitudes, otros, por el contrario, responderán resistiéndose a la pérdida de sus derechos e intentando restablecer el equilibrio mediante el control físico y mental de sus parejas utilizando diferentes estrategias". Y es exactamente aquí donde se encuadra la violencia de género.

 

Se consagra de esta forma toda una "hegemonía de la masculinidad" (como explicamos en el segundo artículo de nuestra serie) que se proyecta cada vez a más ámbitos sociales, y que invade también el ámbito íntimo y privado, proyectándose en la dominación económica, laboral, social y legal del hombre sobre la mujer. Y como decíamos, el terrorismo machista (que no tiene nada que ver, al contrario de lo que asegura el señor Salas, con otros tipos de violencia doméstica, como la que puedan sufrir padres con respecto a hijos, u otros modelos de pareja distintas a la heterosexual) se enmarca exactamente bajo estos moldes. A bajo nivel, un conjunto de comportamientos (los llamamos "micromachismos") imperan en nuestra vida cotidiana, y son fiel reflejo del sentimiento de dominación que el hombre ejerce sobre la mujer. Culturalmente (bajo ese manto del heteropatriarcado) sigue muy viva la idea de que los hombres disponen de ciertos derechos sobre las mujeres con las que se relacionan sexual y afectivamente, y esto redunda en cierta tolerancia social cuando el maltratador o asesino en cuestión no puede soportar el hecho de que "su" mujer (él entiende que ella es algo de su propiedad) le haga saber que ya no le pertenece. Ello va unido a cierta tolerancia institucional y política, incluso de los medios de comunicación, que vierten mensajes subliminales y estereotipados como los que alegan que "la mató porque la quería", "la mató por celos", "la mató porque ella hizo algo que no debía", "porque le faltó al respeto", o simplemente, "la mató porque estaba loco". El señor Salas agrega a todo este catálogo "la mató porque era más fuerte que ella". 

 

Pero no. Lo cierto es que la mató porque él creía (ellos creen, el sistema les ha hecho creer) que estaba legitimado para matarla, que tenía derecho a matarla. La mató porque ella, con su comportamiento, había desafiado al sistema, había dañado el sentido de la masculinidad del hombre, se había enfrentado a su rol femenino. Ellos matan porque creen que sus mujeres les pertenecen (y esto es una idea política que el sistema consagra, y que no tiene nada que ver con la fuerza bruta), y que por tanto, tienen derecho a exigirles determinados sentimientos, actitudes y comportamientos. Ellos matan para restablecer el orden, para responder a las pautas del modelo de conducta que normaliza la sociedad. La lectura de la violencia de género debe ser, por tanto, una lectura política, interpretada como la reacción del rol masculino ante el intento del rol femenino de subvertir las reglas del modelo. Y son cómplices de este modelo (como el señor Salas) todos los que se empeñan en explicar que los asesinos son violentos, malos, psicópatas, en lugar de entender que dichos individuos son personas normales, bien adaptadas, con comportamientos racionales, con una vida social totalmente normal, sin antecedentes penales, que quieren a sus padres y a sus amigos, pero que simplemente, no son capaces de enfrentarse a la idea de que su mujer se separe de él. La ideología heteropatriarcal y machista (y no la mayor fuerza física del varón, señor Salas) es la única responsable de dichos crímenes. Y esta no es la "verdad oficial incuestionable", señor Salas, es, simplemente, la verdad. 

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11 enero 2017 3 11 /01 /enero /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (V)

España tiene un defecto en su cultura democrática y es que el primer paso para declararse demócrata debería ser declararse antifranquista, como en otros países, donde los partidos de izquierdas y de derechas coinciden en algo: son antifascistas

Emilio Silva (Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)

La represión franquista fue catástrofe humanitaria y multirrepresión, que quiere decir que el franquismo acosó a los vencidos desde diferentes puntos de vista, por diferentes frentes y en diferentes etapas. Así, no se trataba sólo de eliminarlos físicamente mediante los fusilamientos, sino introduciendo los mecanismos exterminadores del hambre, la humillación, el expolio económico, la ruina de las familias, la persecución, o el exilio forzado de medio millón de personas. Todo un acoso y persecución ideológica al completo, lo cual es exactamente lo que significa un genocidio. Tras el Golpe de Estado de 1936, en España, la represión franquista no sólo encarceló y asesinó, también utilizó el destierro como forma de castigo. Personas de unas regiones fueron obligadas a desplazarse a otras en las que, sin conocer a nadie, tuvieron que luchar por su supervivencia. Igualmente, la mano de obra esclava procedente de los republicanos fue determinante para levantar después una España completamente derruida por los efectos de la cruenta Guerra Civil. Y de esa forma, puentes, pantanos, y hasta el gigantesco mausoleo del Valle de los Caídos (donde fue enterrado el dictador), fueron construidos con el sudor y la sangre de miles de presos políticos. 

 

El periodista Enric Llopis publicaba recientemente un artículo en el medio Rebelion.org a propósito de un nuevo estudio del historiador Josep Màrius Climent sobre los Batallones de Trabajadores presos entre 1938 y 1947, donde afirma: "Por los Batallones de Trabajadores pasaron 100.000 presos durante la contienda de 1936, y otros 50.000 durante la posguerra, según documentó el historiador Javier Rodrigo en el artículo "Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco" (número seis de la Revista Hispania Nova). Son las cifras que manejan los historiadores del período. Al terminar la conflagración en 1939, existían un mínimo de 152 Batallones con mano de obra forzada, repartidos por el Estado Español. Se trataba de una expresión más del sistema represivo implantado por el franquismo, destaca Josep Màrius Climent, que durante el conflicto bélico incluía ejecuciones extrajudiciales, Consejos de Guerra, detenciones preventivas, prisión y campos de concentración; y en la posguerra, las leyes de Responsabilidades Políticas, de Represión de la Masonería y el Comunismo, y de Seguridad del Estado, entre otras. El punto de partida se sitúa en "la captura de centenares de miles de efectivos del ejército republicano, que fueron enviados a Batallones de Trabajadores como una forma de descongestionar los campos y las prisiones; mientras, se procedía a una clasificación política lenta y burocratizada, que no quedó establecida hasta 1940", resume el Profesor de Geografía e Historia. Además subraya un elemento capital, las funciones otorgadas a las jefaturas locales de la Falange, "sobre quien recayó la tarea de revisión y clasificación de tantísimos mozos de reemplazo realizada en 1940". En el procedimiento había que considerar los avales (influencias) que cada uno de los quintos pudiera aportar, para evitar que se les catalogara por su "desafección". Fue un nuevo instrumento de represión". 

 

A todo ello, Llopis añade (basándose en la obra de referencia) que la degradación de las condiciones de higiene y salud en los campos de trabajo (bajo un raquítico ratio de un médico por cada 3.000 internos) hicieron que proliferaran el paludismo, las diarreas (mortales) para los presos y los custodios, la sarna, el tifus y la tuberculosis. En el recuerdo de muchos prisioneros queda la huella de la "explotación laboral", las noches al raso o amontonados en precarias tiendas de campaña, el "expolio personal" (desaparición de víveres, uniforme y equipaje personal), la corrupción y las torturas. Como vemos, sólo faltó gasear a los prisioneros para que fuera exactamente igual que los campos de concentración nazis. De la investigación citada, el historiador Josep Màrius Climent concluye que el número de presos políticos esclavizados laboralmente en Batallones de Trabajadores y Batallones Displicinarios durante la posguerra, duplicaría fácilmente los 50.000 considerados actualmente por diversos historiadores de aquél período. Todo ello, para que luego pudiera salir el dictador en el NO-DO (revista de propaganda del régimen que se visualizaba en las salas de cine de la época, antes de la proyección de cada película) inaugurando cada obra, pantano, presa, puente o construcción llevada a cabo por los presos republicanos. 

 

Pero tenemos otras muchas fuentes de información (hemos de hacer una continua selección ya que el material que existe es abundante) que nos revelan las continuas aberraciones del brutal genocidio franquista. Las diversas facetas en las que ese genocidio se expresó durante la dictadura nos las explica muy bien Francisco Moreno Gómez en su reciente libro "Los desaparecidos de Franco", en entrevista sobre el cual llevada a cabo por Luis Díez para el medio Cuarto Poder recogemos las siguientes ideas: "El genocidio no es sólo matar; señala Lenkim que también es a través del hambre, cosa que hizo Franco masivamente en las cárceles, donde murieron de hambre por millares: en Córdoba, en el año 1941, 756 personas; en Sevilla, más de 800. Esto supone porcentajes del 20% de la población penal, lo cual es genocidio brutal. En la prisión de San Simón, en Pontevedra, que es una isla a la que Franco destinó a los presos sexagenarios, murieron el 30,6% de ellos. Cayeron a montones en Santoña, cayeron a montones --a un centenar de presos al mes-- en el Puerto de Santamaría. Calculo que más de 16.000 personas murieron de hambre en las cárceles de Franco". Y tenemos muchos más ejemplos documentados: en La Algaba (Sevilla) enterraron a 144 presos que murieron de hambre en un campo de trabajo esclavo, entre 1941 y 1942. Y otras muchas veces, los presos vieron truncada toda su vida debido a los largos años de encarcelamiento, como en el caso del poeta y militante comunista Marcos Ana, recientemente fallecido, que estuvo encerrado durante 23 años (entró en prisión con 18 años y no salió hasta los 41), arrebatándole el régimen toda la adolescencia y la juventud. 

 

Pero hablábamos de diferentes facetas de exterminio. Moreno Gómez, más adelante en la entrevista citada, afirma: "Sí, el genocidio fue también económico. El genocidio económico supone arrasar la vida y las posibilidades económicas de los vencidos de manera que caigan en la absoluta precariedad, como en efecto ocurrió. Puede ser también cultural. Esto se inscribe en la clasificación de Lenkim. Cultural es eliminar aquéllos iconos y referencias artísticas y de la República y aquéllas figuras que pueden dar identidad a una colectividad. Se eliminó todo eso. De las ocho técnicas de genocidio, Franco las quebrantó todas. Con ello se pretendía eliminar el pensamiento y la identidad de los vencidos para imponer el de los vencedores. El que niegue que el franquismo no cometió genocidio incurre en dos errores, no conoce lo que hizo el franquismo o desconoce la definición de genocidio". Las referencias a Lenkim nos remiten a Raphael Lenkim, padre de la Convención sobre Genocio, y creador del término tal como hoy lo conocemos. En definitiva, todo un genocidio cultural, ideológico, económico, laboral, y humanitario, que exterminó por diversas vías a centenares de miles de personas, para instalar durante varias generaciones un macabro imaginario popular procedente de la perversa mentalidad de los vencedores. Y todo ello, como veremos en próximos artículos de la serie, se quiso borrar y hacer cuenta nueva con una no menos injusta ley de punto y final, que resultó ser nuestra Ley de Amnistía, promulgada en 1977 cuando aún existían asesinatos franquistas de luchadores por la democracia. Los hay que aún defienden esta vergonzante ley. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 enero 2017 2 10 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Digámosle la verdad a nuestro pueblo de una vez. Se la debemos. La UE es un marco de acumulación creado por el imperialismo alemán en su pretensión de competir con el dólar. Y su periferia es el equivalente a lo que el “patio trasero” latinoamericano supone para el imperialismo yanqui. Hoy, el capitalismo en crisis no puede permitirse grandes concesiones. Así, en el marco de la UE, donde los gobiernos nacionales delegan toda su soberanía, la llamada “austeridad” es la única política posible. Y, en consecuencia, una fuerza que no abogue por la ruptura con el euro no puede ser calificada ni siquiera de reformista, si somos rigurosos. Pues nunca debemos definir a una fuerza por cómo hable de sí misma en su programa, sino en función de los pasos reales que dé para llevarlo a la práctica

Manuel Navarrete

Nos vamos a hacer eco, a continuación, de un reciente y fantástico artículo publicado originalmente en el sitio web del CADTM (Comité para la Anulación de las Deudas Ilegítimas) por Eric Toussaint, portavoz internacional de dicha organización, miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia, autor de diversos libros, y Coordinador de la Comisión de la Verdad sobre la Deuda Griega. Toussaint es uno de los mayores expertos mundiales en el asunto de las auditorías públicas de la deuda, y sus experiencias en este campo son múltiples, y en diferentes países. El artículo corresponde a la charla impartida por este gran experto en Bilbao, el pasado 25 de septiembre durante el tercer Encuentro Internacional Ecosocialista. Y su motivación viene dada, fundamentalmente, por la fallida experiencia griega del Gobierno de Siryza en no querer o no saber enfrentarse a los designios de la Troika, aceptando su indecente memorándum, y las terribles consecuencias que su cumplimiento está ocasionando al pueblo griego. Eric Toussaint recoge su experiencia en aquélla oportunidad, y nos muestra el camino para no repetirla:

 

Para no repetir la capitulación que hemos conocido en Grecia en 2015, hago diez propuestas sobre el empoderamiento popular:

 

La primera propuesta es la necesidad de un Gobierno de izquierda de desobedecer, de manera muy clara y anunciada, a la Comisión Europea. Negándose a obedecer las exigencias austeritarias desde el inicio - el partido que pretende o la coalición de partidos que pretende ser Gobierno y, por supuesto, yo estoy pensando por ejemplo en el Estado español - y comprometiéndose a negarse al equilibrio fiscal. Decir: "no vamos a respetar la obligación decretada por los tratados europeos para garantizar el equilibrio fiscal”, porque queremos aumentar el gasto público para luchar contra las medidas antisociales, austeritarias y para emprender la transición ecológica. Por lo tanto, el primer punto es declarar de manera clara y determinada el compromiso de desobedecer. Para mí, es fundamental la idea de que después de la capitulación griega NO se puede seguir con la falsa ilusión de obtener de la Comisión Europea y de los demás gobiernos europeos el respeto de la voluntad popular. Mantener esa falsa ilusión, sería un desastre. Hay que desobedecer.


Segundo punto. Comprometerse a llamar a la movilización popular. Tanto a nivel de país, como a nivel europeo. También eso faltó el año pasado en Grecia. Por supuesto, los movimientos europeos sociales no estuvieron a la altura en las movilizaciones que hubo, que tuvieron lugar, pero que fueron insuficientes en solidaridad con el pueblo griego. Pero es cierto también que dentro del marco de la orientación estratégica de Syriza, no cabía llamar a la movilización popular a nivel europeo, ni siquiera llamar a la movilización popular en Grecia. Y cuando llamaron a la movilización a través del Referéndum el 5 de julio del 2015, fue para LUEGO no respetar la voluntad popular del 61,5% de los griegos, que se negaron a obedecer las exigencias de los acreedores.


Tercer punto. Comprometerse a organizar una auditoría de la deuda con participación ciudadana. Yo diría, una auditoría que tiene que ser simultánea a la suspensión del pago de la deuda. Hay situaciones diferentes en los 28 países que conforman la Unión Europea. Hay países europeos donde la suspensión de pagos es una medida de absoluta necesidad prioritaria, como es el caso de Grecia, como sería el caso de Portugal y Chipre. En el Estado español habría que ver. En otros países se puede empezar solamente por la auditoría y luego llegar a la suspensión de pagos. Estas medidas hay que implementarlas tomando en cuenta la situación concreta de cada país.


Cuarta medida. Imponer control de movimientos de capitales. Y tomando en cuenta lo que quiere decir esto. Es decir, ir en contra de la idea de que se va a impedir a los ciudadanos transferir unos cientos de euros a sus socios fuera del país. Por supuesto, transacciones financieras internacionales hasta un cierto nivel, estarían permitidas. Pero sería implementar un control sobre los movimientos de capital, hacia arriba de un cierto monto de transferencias.


Quinta medida. Socializar el sector financiero y el sector energético. Para mí, socializar el sector financiero no es solamente desarrollar un polo público bancario. Es decretar el monopolio público sobre el sector financiero incluyendo bancos y seguros. Una socialización del sector financiero bajo el control ciudadano. Es decir, transformar el sector financiero en servicio público. Dentro del marco de la transición ecológica, por supuesto, la socialización del sector energético es una medida también de primera prioridad. No puede haber una transición ecológica sin monopolio público sobre el sector energético, tanto a nivel de la producción, como de la distribución.


Propuesta número seis. Creación de una moneda complementaria, no convertible. Ya sea en el caso de salida del euro o de mantenerse en la zona euro, de todos modos es necesaria la creación de una moneda complementaria no convertible. Es decir, una moneda que sirva en circuito corto a los intercambios dentro del país. Por ejemplo, para pagar aumentos de jubilaciones, aumentos de salarios a funcionarios públicos, para pagos de impuestos, para pagos de servicios públicos... Se puede utilizar una moneda complementaria que permita aliviar y salir de manera parcial de la dictadura del euro y del Banco Central Europeo. Claro, tampoco se puede evitar el debate de la salida de la zona euro. Creo que en varios países, la salida de la zona euro es también una opción que hay que defender como partidos y, sindicatos de clase. Varios países de la zona euro no pueden emprender realmente una ruptura con la austeridad y emprender una transición ecosocialista sin salir de la zona euro. En caso de salir de la zona euro, para mí, hay que emprender una reforma monetaria redistributiva. ¿Qué quiere decir esto? Quiere decir decretar, por ejemplo, que hasta 200.000 euros líquidos, el cambio en caso de volver a la peseta sería un 1 euro por 100 pesetas. Pero por encima de 200.000 (puede ser por encima de 100.000) el cambio para tener 100 pesetas sería de un 1,5 euros. En otro nivel superior, habría que entregar 2 euros. Llegando a los niveles más altos de 500.000, entregar 10 euros para tener 100 pesetas. Eso se llama reforma monetaria redistributiva. Que disminuye el circulante y redistribuye el patrimonio líquido de los hogares. Evidentemente, eliminando una parte del patrimonio líquido del 1% más rico. Sabiendo que, no sé exactamente los datos del País Vasco o del Estado Español, pero casi el 50% de la población ni siquiera tiene ahorro. Un 30% de la población, los de abajo, tiene deudas, no tiene patrimonio líquido. Puede tener patrimonio en términos de vivienda (hipotecada o no), pero no tiene patrimonio positivo esa gran parte de la población.


La medida siete. Por supuesto, reformar radicalmente la fiscalidad. Eliminar el IVA sobre productos de consumo básicos, alimenticios por ejemplo, servicios de luz y agua, otros servicios de primera necesidad. Sin embargo, un aumento del IVA sobre productos de lujo y productos que contaminan etc. Pero fuera de los productos y servicios de base, hace falta un aumento de la fiscalidad sobre la ganancia de las empresas privadas y sobre las ganancias e ingresos por encima de un cierto nivel. Es decir, fiscalidad progresiva sobre los ingresos y sobre el patrimonio.


Octava medida. Desprivatización. Recomprar empresas privatizadas con el euro simbólico. Así, a ese nivel, usar el euro podría ser muy simpático, pagar un euro simbólico a los que se aprovecharon de las privatizaciones. Y fortalecer y extender los servicios públicos bajo control ciudadano.


Medida nueve. Reducir el tiempo de trabajo manteniendo, protegiendo el salario. Abrogar las leyes antisociales y adoptar leyes para solucionar la situación de la deuda hipotecaria. Se podría realizar perfectamente vía leyes, evitando juicios (porque hay múltiples juicios sobre deuda hipotecaria en los cuales los hogares se enfrentan a los bancos). Un Parlamento puede decretar vía ley, por ejemplo, la anulación mediante ley, de las deudas hipotecarias por debajo de 150.000 euros, por ejemplo. Eso permitiría no ir a juicio.


Medida diez. Abrir un verdadero proceso constituyente. No se trata de cambios constitucionales dentro del marco del Congreso o de las Cortes actuales. Se trataría de disolver el Parlamento y convocar a la elección directa de una Asamblea Constituyente. Claro, convocarlo teniendo en cuenta la cuestión de las nacionalidades etc. pero abrir un verdadero proceso constituyente, ya sea en las nacionalidades o a nivel del estado como tal. Y, buscar cómo encajar esto en otros procesos constituyentes a nivel europeo.

Éstas son para mí diez medidas básicas a someter a debate. Pero pongo esas medidas a un nivel alto. Porque creo que sin medidas radicales anunciadas desde el inicio, no habrá ruptura ni siquiera con las políticas de austeridad. No hay margen de maniobra para romper con las políticas de austeridad sin tomar medidas radicales contra el gran capital. Los que piensan que se puede evitar esto, son «vendedores de humo», de fórmulas que no pueden encontrar realmente forma concreta de realización. El nivel europeo, la arquitectura europea es tal, y el nivel de crisis del capitalismo es de tal dimensión, que no hay más espacio real para políticas neokeynesianas productivistas. Para mí, el ecosocialismo no es el discurso del domingo. Es el discurso diario, del cual tienen que bajar las propuestas inmediatas que hay que concretar. Y complementar la lucha contra la austeridad y emprender el camino y la transición ecosocialista es una necesidad absoluta e inmediata.

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9 enero 2017 1 09 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

El Da’esh es una degeneración que asola nuestra sociedad debido a la prolongada manipulación religiosa y política por parte de agresivas potencias internacionales y de poderes regionales sin causa ni principios. El Da’esh, que nació de nuestra opresión, no tiene un futuro sostenible. Sin embargo, sólo perecerá cuando nos emancipemos de esa misma opresión

Yassin al-Haj Saleh (escritor e intelectual sirio)

Y mientras estos salvajes siguen campando a sus anchas, liquidando todo cuanto posee vida y destrozando todos los tesoros arquitectónicos de miles de años, toda la riqueza cultural, paisajística, urbana, histórica y civilizatoria de los pueblos por donde pasan, Occidente sigue mirándose su ombligo. Estos días pasados lo único que les ha preocupado ha sido, cómo no, blindar completamente los centros de nuestras grandes ciudades, para que nuestras consumistas sociedades puedan seguir haciéndolo con tranquilidad, multiplicando los efectivos de los cuerpos y fuerzas de seguridad en todas las ciudades europeas, ante la previsión de posibles atentados. Pero mientras todo eso ocurría, la ciudad siria de Alepo se liberaba por fin de su asedio, aunque todavía quedan otras muchas ciudades sirias en dicha situación, y la guerra aún promete durar más tiempo. Así que mientras en Occidente nos afanábamos en hacer nuestras "compras navideñas", en Alepo más de un millón de civiles inocentes se morían de hambre, bajo la despreciable y distraída mirada de la comunidad internacional. Esa comunidad que no se conmueve ante el sufrimiento ajeno, que continúa indiferente ante las grandes injusticias y aberraciones de nuestro tiempo. 

 

En su carta "Asediados por el silencio", traducida por Matías Bru para el medio Rebelion.org, Jaffa nos describe con horror la terrible situación de su gente en los siguientes términos: "Estar bajo asedio significa estar despojado de tu capacidad de sobrevivir, de tu capacidad para cuidar a quienes amas. Estar bajo asedio significa estar encarcelado en tu propia ciudad, en tu propio barrio. Ese lugar al que llamas hogar deviene en el escenario de tu tortura, el lugar donde se te obliga a ver cómo tu hijo pasa hambre. La hambruna masiva es el arma con la que un dictador castiga al pueblo para hacer que se arrodille a su voluntad. Te ves forzado a comer hierba, hojas de árboles y hasta a tu gato. Tus hijos oyen hablar de comida abundante y del chocolate como si fuera un cuento de hadas, algo con lo que sólo pueden soñar pero que nunca será realidad. Estar bajo asedio no es sólo estar privado de alimentos; significa también que se te nieguen los medicamentos, los recursos, los servicios, la educación y la elección. Ni siquiera tienes la opción de irte, de ser un refugiado. Estás encerrado en una situación en la que no puedes hacer nada. Estar bajo asedio es estar abandonado a un estado peligroso, mortal y desesperanzado. Las zonas sitiadas reciben ataques reiterados de bombas de cañón que caen deliberadamente sobre los civiles. Por lo tanto, no sólo estamos atrapados, hambrientos, débiles, indefensos y abandonados: el infierno desciende desde el cielo y no hay donde esconderse. Por último, estar bajo asedio significa la ausencia de perspectivas. No te permites el lujo de pensar en el futuro, de esperar, de soñar. La única cosa que puedes permitirte es pensar en sobrevivir y en cómo llegar al día siguiente". 

 

Desgarrador relato donde los haya, que expresa perfectamente la situación que durante meses han vivido cientos de miles de personas en Siria, pero también en Yemen, en Irak, y en otras zonas en conflicto. Actualmente en Siria, hay más de 15 áreas donde la gente se está muriendo de hambre. Y mientras, las potencias que perpetúan el conflicto participan en indecentes "conversaciones de paz", y hacen solemnes declaraciones de alto el fuego que luego no respetan, provocando aún más confusión, más muertes y más desesperación. Este es el juego sucio de la guerra. Una diabólica espiral desenfrenada que sólo provoca caos y destrucción. Y mientras, como decimos, a nuestros indecentes gobiernos occidentales sólo les preocupa que su gente pueda vivir con "serenidad y tranquilidad" durante las fiestas navideñas, blindándose ante la posibilidad de nuevos "ataques terroristas". ¿Han pensado lo que le preocupa a una madre siria en la situación descrita anteriormente que la gente de Londres, París o Barcelona puedan hacer sus "compras navideñas" con tranquilidad? Pues aún menos parece preocuparnos a nosotros que esa gente muera de hambre, o sufra desesperadamente mientras contempla con pavor cómo todo su mundo se destruye, cómo su vida de despedaza. Nosotros somos los asediadores, con nuestro silencio. Nuestros gobiernos son los criminales, con su perversa complicidad. Nuestros políticos y líderes internacionales son los verdugos, mediante su cruel pasividad e indiferencia. Recuperemos nuestra dignidad como seres humanos sensibles ante el horror y ante la barbarie. 

 

La senda del pacifismo ha de recuperar, en primer lugar, la sensibilidad ante el horror de la guerra, ante los asesinatos masivos de gente inocente, de millones de civiles masacrados, mujeres, niños, jóvenes y ancianos, sin ningún reparo ni cargo de conciencia. Hemos de recuperar esa sensibilidad perdida durante el desarrollo de la actividad bélica, de la vertiente más bárbara de nuestra civilización. No nos damos cuenta, como ya hemos explicado en anteriores entregas, que esos niños que hoy día son bombardeados, puede que sean los terroristas del mañana. Es lo que han vivido. Es lo que la sociedad les ha dado. No puede esperarse otro destino para ellos. Hemos de cortar ese cordón umbilical de raíz. Hemos de impedir que la continua siembra de violencia sirva de razón de continuidad para el terrorismo del futuro. Hemos de reaccionar para parar esa indeseable cadena de muerte y destrucción, de odio y de rencor, que lo único que fragua es una memoria histórica de la barbarie vivida, de la solidaridad no prestada, de la indiferencia del mundo, de los callejones sin salida. Hemos de romper con este diabólico juego, con este infernal destino de la humanidad. Y en ese recorrido, en esa senda pacifista que hemos de construir, no caben los llamamientos religiosos como pretexto para más guerras, para más sufrimiento. Hemos de dejar de alimentar el mito de la "Guerra Santa", un invento del fundamentalismo islámico para movilizar a las almas más fieles en su aberrante cruzada. La dominación de las mentes y de los cuerpos es total bajo el concepto de guerra santa: "Toma nuestros hijos y nuestra sangre". Bajo ese falaz pretexto se han inmolado millones de cuerpos, se ha entregado la vida a una causa estéril, que sólo engendra nuevas guerras y conflictos. 

 

Ya hemos explicado anteriormente que los verdaderos motivos de los conflictos bélicos son imperialistas, polìticos, económicos, estratéticos y energéticos, geopolíticos en suma, y de mantenimiento de una industria militar que busca la guerra como continuación y garantía de su supervivencia. Pero el fundamentalismo islámico promueve ese concepto de "guerra santa" entre sus fanáticos militantes, como una suerte de perfecta instrumentalización de los auténticos motivos que dan lugar a los conflictos bélicos, a los enfrentamientos y a las intervenciones. La guerra santa no existe, es sólo un perverso disfraz para ocultar las verdaderas motivaciones que se concitan, y la intrincada maraña de intereses que se cruzan. Pero de nuevo, Occidente se ha valido también de ese zafio pretexto, lo ha utilizado en su favor, ha contribuido a su difusión, en vez de renunciar a él, desmontando la falacia que supone, y denunciando ante los organismos internacionales las cruentas guerras que se libraban bajo esa pérfida bandera. Occidente, de nuevo (Estados Unidos y sus potencias aliadas europeas) han servido a un objetivo alienante: la guerra santa. Un motivo que sólo obedecía a la tremenda ocultación de espurios intereses que se jugaban en su beneficio. Y ahora, cuando contempla cómo ese perverso juego se le vuelve en contra, también nos proclama a los cuatro vientos su nueva bandera: la "guerra contra el terrorismo", contra "el eje del mal", la eterna falacia de buenos y malos, de amigos y aliados frente a perversos enemigos con los que no se puede negociar...¿Hasta cuándo tanta mentira, tanta manipulación, tanto horror? Continuaremos en siguientes entregas.

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6 enero 2017 5 06 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Nos encontramos en un mundo comandado por un sindicato de ladrones en la política, una justicia de “justicieros” que los protege, una élite de vampiros y una sociedad condenada a la miseria material y a la pobreza espiritual

Jessé Souza

Los principales datos del Informe EAPN muestran una situación realmente vergonzante para España. La mitad (50,1%) de las familias monoparentales españolas están en riesgo de pobreza o exclusión. Más de 13 millones de personas (concretamente 13.334.573) viven en riesgo de pobreza y exclusión. Más de un millón de personas (1.025.736) se encuentran en la peor situación económica y social posible, esto es, sin empleo, con pobreza y con privación material severa. La pobreza afecta a un 22,1% de la población: 10.383.238 personas. Un total de 3.543.453 ciudadanos viven en pobreza severa. Unos 4.673.000 pensionistas, la mitad del total, están bajo el umbral de la pobreza. La tasa de privación material severa ha ascendido del 4,5% en 2009 al 6,4% en 2015, afectando a 2.993.365 personas y 5.473.846 viven en hogares con muy poco empleo, en lo que se refiere no sólo al número de personas que lo tienen, sino también a la intensidad del mismo. Todos estos datos y muchos más pueden consultarse, entre otros documentos, en el Informe "Estado de la Pobreza en España 2015", correspondiente al V Informe Anual sobre el riesgo de pobreza y exclusión de EAPN basado en el análisis de datos de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE (SILC, Eurostat), que puede descargarse desde este enlace. 

 

Bien, con esta lamentable situación, es evidente que tenemos que actuar en varios frentes: la sanidad pública, gratuita y universal como una de las garantías fundamentales para evitar el empobrecimiento personal y familiar; una política de vivienda (que no de construcción de casas) que facilite el acceso de las personas a un espacio vital digno y accesible; establecer unos derechos sociales contemplados como derechos de ciudadanía que lleguen hasta las personas dependientes; un sistema de garantía de rentas que contemple los ingresos procedentes del trabajo, las pensiones y el sistema de rentas mínimas. En la actualidad no existe garantía de rentas mínimas (sólo un deficiente sistema de subsidios para pobres), el mercado laboral es extremadamente precario, y las pensiones están siendo atacadas bajo una serie de falaces argumentos para favorecer los sistemas privados de pensiones, dejando el sistema público como un conjunto de prestaciones residuales. Mientras gran cantidad de pensionistas cobran pensiones mínimas que rondan los 300 euros mensuales, los grandes directivos de la banca y de las grandes empresas blindan sus contratos con pensiones e indemnizaciones millonarias. Por último, son necesarias también unas políticas fiscales justas y redistributivas, tanto en impuestos como en gastos. Éstas serían a vuelapluma las principales medidas que habría que ir adoptando para reducir las aberrantes desigualdades sociales en nuestro país, pero iremos profundizando sobre ellas durante esta serie de artículos. 

 

En cualquier caso, la desigualdad es un fenómeno social tan extenso e intenso que incluso los propios indicadores estadísticos se quedan cortos para medir el alcance real del fenómeno. Porque la desigualdad tiene que ver con políticas de renta y patrimonio, de empleo, de salud, de educación, de vivienda, de protección social, de seguridad y justicia, de medio ambiente, de participación ciudadana, de igualdad de género, y de múltiples facetas más. La desigualdad es un concepto amplísimo, que se manifiesta en multitud de aspectos, que a su vez inciden directa o indirectamente en el crecimiento o reducción de las desigualdades. Por todo ello, vamos a basarnos en algunos datos e informes del sitio web del Barómetro Social de España (BSE), patrocinado por el Colectivo Ioé, y definido como el sistema de evaluación continua de la realidad social española. Esta iniciativa fue patrocinada hasta 2009 por FUHEM-Ecosocial. La edición de 2010 se financió mediante un procedimiento de crowfunding. A partir de entonces se depende por completo del apoyo social que se recauda con las donaciones de las personas interesadas. Entre otras organizaciones y colectivos, han colaborado el Colegio Oficial de Enfermeros y Enfermeras de Lleida, el Colegio Oficial de Trabajadores Sociales de Madrid, el Periódico Diagonal, la Revista Éxodo, la editorial Traficantes de Sueños, y así hasta un total de 120 mecenas. Como hemos dicho, el Barómetro Social trabaja con un conjunto muy amplio de indicadores, mediante los cuales se busca ofrecer herramientas de trabajo para la reflexión y el debate acerca de la auténtica realidad social de nuestro país. 

 

El Barómetro Social propone un sistema de 185 indicadores sociales (todos procedentes de fuentes oficiales) y diversos índices elaborados por los diferentes autores de forma transparente y abierta a la intervención activa de los usuarios, correspondientes a 11 ámbitos distintos de lo social que intentan ofrecer una visión de conjunto lo más amplia posible sobre importantes cuestiones relacionadas con el bienestar en nuestro país. Cada ámbito incluye una serie de indicadores y su evolución desde 1994, fecha en la que comienza el estudio comparativo. El informe, los datos y las conclusiones del BSE se actualizan anualmente, modificando los de años anteriores, puesto que la evolución aislada de cada indicador resulta insuficiente para captar tendencias más complejas, y poder así sacar conclusiones más perfectas, veraces y elaboradas. Se elaboran también índices sintéticos, uno por cada ámbito estudiado (11 en total) y otros por subámbitos y dimensiones más acotadas de la vida social. En el enlace http://barometrosocial.es/dimensiones-e-indicadores, puede consultarse al completo la ingente cantidad de ámbitos, índices, mediciones e indicadores que dan vida al conjunto de la información analizada para construir los informes anuales. La lista, como puede comprobarse, es extensísima. Vamos a basarnos a continuación, en uno de los más recientes informes de uno de los investigadores del Colectivo Ioé, como es Carlos Pereda, para retomar algunas reflexiones interesantes a tenor de la información generada por el Barómetro Social. 

 

La desigualdad podría ser entendida (frente a la característica de normalización que la ideología neoliberal nos impone) como el grado de reparto de los recursos económicos y el grado de distribución del poder. Las sociedades pueden y deben actuar sobre estas variables, y las medidas políticas, laborales y sociales implementadas dirigen estas distribuciones en un sentido o en otro. La desigualdad por tanto no es ninguna plaga caída del cielo, sino la consecuencia y el efecto palpable y notorio de la aplicación de ciertas políticas sociales. La derecha capitalista y neoliberal intenta conducirnos al terreno de la inevitabilidad de tales decisiones, y por tanto, la asunción sumisa y resignada de las desigualdades, como algo natural, ante lo cual no tenemos alternativa posible. Hemos de rebelarnos contra estas proclamas, que lo único que pretenden es continuar fomentando un mundo cada vez más injusto y desigual. Las desigualdes son la proyección al terreno social del conjunto de medidas políticas tomadas a diferentes ámbitos, y como tales, pueden ser perfectamente revertidas ejecutando otras políticas, medidas y decisiones diferentes. Durante los últimos años, las políticas privatizadoras y desreguladoras del mercado a diferentes niveles, así como las medidas para volatilizar el empleo, aumentar el endeudamiento y despojar a la ciudadanía de los más elementales derechos (vivienda, sanidad, educación, etc.) han conducido a nuestra sociedad a los niveles más altos de desigualdad en décadas. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 enero 2017 3 04 /01 /enero /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (IV)

El Estado Español nunca ha pedido perdón por haber fusilado al expresident de Catalunya. Tampoco por el bombardeo de Gernika. Ni por la deportación de miles de gudaris y republicanos a los campos de exterminio nazis. Se niega a reparar el trabajo esclavo de los prisioneros que enriqueció a tantas empresas, a encontrar a los niños y niñas robados o a retornar el patrimonio expoliado a miles de antifranquistas. Se muestra orgulloso de ser un modelo de transición basado en la impunidad, llama ejemplo de reconciliación a ser el segundo país con más desaparecidos del planeta. Permite homenajes a la División Azul, da subvenciones públicas a la Fundación Francisco Franco. El horror fascista está presente

Fragmento del Editorial del Diario Gara, del 16/10/2016

Continuamos nuestro extracto de los horrores de la Guerra Civil y de la posterior dictadura con ayuda de la misma fuente de referencia. La represión del franquismo se manifestó en múltiples facetas, políticas, sociales y laborales, que vamos a ir desgranando poco a poco durante esta serie de artículos. Los derechos de los trabajadores, ferozmente atacados, así como las lenguas perseguidas y ridiculizadas que no fueran la castellana (es decir, el catalán, el euskera y el gallego), y la cultura censurada sistemáticamente (fueron célebres los famosos "censores" del régimen que vigilaban la "correcta" puesta en escena de los diversos espectáculos de la época), fueron sello franquista por excelencia. La oscura dictadura consolidó durante décadas una idiosincrasia española impuesta a sangre y fuego que sacaba a la luz lo peor de nuestra nación, y que degradaba cualquier manifestación cultural. Un ejemplo paradigmático de ello ocurrió con el arte flamenco, que durante esa etapa del "nacional-flamenquismo" se perdieron las profundas esencias de nuestro universal arte gitano-andaluz, para transformarlo, mediante la época que vino en denominarse "Ópera Flamenca" en insulsos espectáculos que únicamente mostraban el tipismo andaluz descafeinado y la estampa de pandereta, que fue la imagen que se exportó de España al extranjero. 

 

Y así, ese imaginario colectivo de los "40 años de paz" del franquismo fue una vil mentira, que como siempre ocurre, a fuerza de repetirse miles de veces se fue convirtiendo en una verdad social nunca puesta en cuestión hasta después de la muerte del dictador. Sabiendo todo esto  no es difícil darse cuenta de la tremenda expansión del pensamiento dominante (que arrasa aún en nuestra sociedad del siglo XXI), que hace esfuerzos para inculcarnos la "reconciliación nacional", la torpeza de "reabrir heridas" del pasado, y otros argumentos similares. Héctor Braojos lo ha expresado en los siguientes términos: "La historia oficial española pega saltos sin detenerse en estas cuestiones traumáticas porque en el fondo de la cuestión sólo el silencio estatal ha abordado el tema de las víctimas del franquismo. Ha sido la sociedad civil la que ha tratado de recuperar sin ayuda una memoria olvidada por los gobiernos, luchando de forma heroica contra la ausencia de juicios y reparaciones". En efecto, nuestra sociedad está anestesiada, como está cualquier sociedad a la que le hayan arrebatado su memoria histórica. La memoria colectiva de un pueblo es aquéllo que lo ancla al pasado, y lo proyecta al futuro, y la única forma de tomar conciencia de los graves horrores que han acontecido, para no volver a repetirlos. Pero mirar para otro lado no es la solución. Sólo los pueblos que se enfrentan de verdad con su pasado, que lo miran de frente, que lo asumen, y que lo reparan, tomando conciencia del mismo, son los que adquieren la suficiente madurez como para encarar el futuro con optimismo. Como en cualquier otra faceta, el silencio no cura las heridas, no hace balance, no repara los hechos, sólo enmudece su dolor, sólo nos conduce al olvido. 

 

La actitud no puede ser esa, sino que ha de convertirse en una activa opción por la recuperación de nuestra memoria histórica, que se manifieste en desclasificar documentos, en hablar de lo que pasó, en debatir sobre ello, en actuar desde las instituciones, reparando una memoria abandonada y silenciada durante décadas de represión. Retomar y restablecer nuestra memoria histórica, administrar justicia, verdad y reparación sobre todas las víctimas del franquismo es esencial para poder devolver la dignidad a nuestro pasado y a nuestro presente, enfrentándonos a él, mirándolo cara a cara, comprendiéndolo y reparándolo, asumiéndolo como sociedad, rompiendo el rancio discurso dominante, destapando los crueles crímenes que ocurrieron en este país, y desmontando los mitos y las falacias que se difundieron bajo el estado de terror social que se vivió durante gran parte del pasado siglo. Encarémoslo, por tanto. Basándonos en este estupendo artículo de Joaquim Bosch, magistrado y portavoz de la Asociación "Jueces para la Democracia", vamos a reseñar los 10 grandes hechos sobre los que no deberíamos dejar que nos engañaran con respecto al franquismo. Son los siguientes:

 

1.- El 18 de julio de 1936 NO comenzó una Guerra Civil. Lo que ocurrió fue que un grupo de militares fascistas dio un Golpe de Estado contra un Gobierno elegido democráticamente. 

 

2.- El Golpe de Estado fue apoyado de forma militar, ideológica y económica por la Alemania de Hitler. Cuando la rebelión militar no triunfó en todo el territorio, la Alemania nazi comenzó a probar su armamento contra civiles indefensos, en un ensayo de lo que haría posteriormente en Europa.

 

3.- Cientos de miles de personas murieron como resultado de la brutal contienda. Todavía siguen enterradas en fosas comunes más de 100.000 personas, que fueron asesinadas por quienes se levantaron en armas contra el orden constitucional. 

 

4.- La mayoría de las personas que siguen sin identificar en las fosas comunes no había ido a ninguna guerra. Fueron exterminadas dentro de la estrategia del golpe militar para eliminar cualquier posible disidencia y atemorizar al conjunto de la población. 

 

5.- Pinochet confesó su admiración por esta forma de alzamiento militar, y la aplicó en Chile en 1973, derrocando al legítimo Presidente Salvador Allende, con la ayuda del gobierno estadounidense, instalando un régimen genocida y represor similar al franquismo, aunque más corto y suave. El dictador chileno fue uno de los pocos Jefes de Estado que acudió al funeral de Franco. 

 

6.- La represión no terminó en 1939. Los crímenes, torturas y graves violaciones a los derechos humanos se prolongaron durante décadas, hasta el final del franquismo. El prestigioso historiador Paul Preston, autor de "El Holocausto Español", ha señalado que no existe equivalente en toda Europa respecto a la intensidad y duración de estas atrocidades de Estado. 

 

7.- España es el segundo lugar del mundo con más desaparecidos, por detrás de Camboya. La ONU ha exigido a nuestras autoridades públicas que protejan los derechos de los familiares de las víctimas del franquismo, una recomendación que hasta ahora, nuestros gobiernos han ignorado sistemáticamente. 

 

8.- El Tribunal Supremo consideró que ya no podían ser investigados penalmente los crímenes del franquismo. Remitió a los familiares de las víctimas a la Ley de la Memoria Histórica, para que por parte de las Administraciones Públicas se procediera a las exhumaciones de los restos mortales. El Gobierno actual del PP paralizó al comenzar el mandato de su primera legislatura (finales de 2011) el plan de exhumaciones que se había iniciado en su momento. 

 

9.- Resulta vergonzoso que un Estado que se autodenomina "democrático" mantenga sin identificar y sin una sepultura digna a las víctimas mortales de un régimen dictatorial, sangriento y genocida. 

 

10.- Ante esta situación, todos podemos y debemos hacer mucho. La memoria histórica es una responsbilidad colectiva. Generemos un amplio estado de opinión social a favor de las exhumaciones. Reclamemos al Gobierno que respete el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus seres queridos. No olvidemos a quienes dieron su vida por una sociedad más justa. Reclamemos justicia, verdad y reparación de todos los terribles desmanes de aquélla época. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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