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19 abril 2017 3 19 /04 /abril /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (59)

El poder sabe que las religiones distorsionan la realidad a su favor y pueden ser vehículos fundamentales para socializar la historia y la actualidad de un modo falso, controlando las conciencias de los individuos a través de edictos o proclamas morales ancladas en creencias basadas en la fe

Armando B. Ginés

El poder de la Iglesia Católica en nuestro país llega a ser realmente impresionante, pues poseen cientos de edificios de su propiedad (por los que no pagan impuestos), reciben de los Presupuestos Generales del Estado grandes cantidades para su financiación, y están presentes, directamente o mediante sus instituciones allegadas, en gran parte de las actividades públicas y privadas que se organizan diariamente. No es momento ni lugar, ni por otra parte podemos hacerlo, para debatir a fondo, analizar y presentar una postura crítica ante el fenómeno de la religión. Para los lectores y lectoras interesadas, les recomiendo nuestra breve serie de dos artículos titulada "Dios, la Moral y la Religión desde una óptica marxista". Allí dimos un enfoque de la religión más profundo, pero aquí no se trata de esto, sino de exponer la presencia de la Iglesia como elemento fundamental y modulador del pensamiento dominante. Nuestra tarea en esta serie de artículos ha pretendido únicamente denunciar aquéllos esquemas difundidos por el pensamiento dominante, sus métodos de transmisión y de control, y cómo podemos actuar contra ellos, para combatir la alienación que nos provocan. Luego por tanto, y volviendo al tema que nos ocupa, no podemos ni debemos cuestionar las creencias religiosas por sí mismas (aunque como marxistas tengamos lógicamente nuestro propio planteamiento). 

 

Sólo debemos poner de manifiesto el aberrante poder de la Iglesia Católica como institución en nuestro país, e intentar hacer ver a nuestros lectores/as la necesidad de que dicha institución y todo lo que ella representa, desaparezca de la vida pública, de todas sus manifestaciones, y queden relegadas a su presencia únicamente en el ámbito privado. Los fines sociales han de responder a principios de justicia y solidaridad, no a la caridad individual. Y a una política de Gobierno, que no puede depender de la discrecionalidad de la casilla que se marque en un impreso. Además, el 40% de lo que se obtiene por "fines sociales" también va a organizaciones que dependen de la Iglesia Católica. Simplemente, no deberían existir estas casillas en el impreso de declaración del IRPF. De hecho, la organización Europa Laica insta a la ciudadanía a no marcar ninguna de estas casillas. La política fiscal no tiene por qué depender de las decisiones particulares de cada ciudadano. La tiene que establecer el Estado. Denunciamos por tanto no a la Religión, en mayúsculas, por sí misma, como fenómeno social y humano, como manifestación antropológica, histórica y cultural de masas, sino a la influencia de la religión en la vida pública, porque entendemos que la vida pública debe funcionar bajo el imperio de la política, y no bajo el imperio de la fe. La fe de cada persona es algo íntimo, privado, propio de cada cual (o la ausencia de dicha fe), pero la vida pública es la vida colectiva, es la vida de todos, y se tiene que regir por otros parámetros. 

 

Se tiene que regir por parámetros sociales consensuados por todos, democráticamente, se tiene que regir por la Ley, por la razón, por procesos y métodos racionales, fiables, contrastables, medibles y cuantificables, se tiene que regir por la política, que es la ciencia que nos dibuja el mundo al que queremos dirigirnos. La política no puede ser guiada por la religión, porque simplemente tendríamos un conflicto de intereses, porque política y religión se mueven en dimensiones distintas. Por ello debemos defender, propugnar y luchar por un Estado Laico, que es aquélla configuración del Estado, que, siendo profundamente respetuosa con todas las religiones, prohíbe expresamente vincular cualquier actividad, símbolo o manifestación religiosa con la vida pública e institucional. Pero debemos cambiar nuestros esquemas mentales también en otros muchos ámbitos. Por ejemplo, debemos abrirnos al ámbito científico. Es un hecho contrastable y demostrado que el cambio climático es una realidad, o que las energías renovables deben tomar el control y el protagonismo sobre las anteriores energías contaminantes, sucias y peligrosas. Si no estamos abiertos al hecho científico, a la evolución de la ciencia que nos muestra cada vez más y mejor determinados aspectos de nuestra realidad, la vida pública, la política y la sociedad continuarán anclados en el pasado, sin posibilidad de renovación. Es la ciencia la que a lo largo de toda la Historia de la Humanidad ha mostrado al hombre la realidad en la que vive, y le ha ayudado a entender los fenómenos que no comprendía. Sólo la fe intolerante y ciega ha cortado el camino a la ciencia en muchas ocasiones, y esto es algo que no puede volver a ocurrir. 

 

Pero además de todo ello, también habíamos hablado de esa revolución individual, de ese cambio de actitud personal, de esos cambios en nuestras escalas de valores. Ejemplos como someterse lo menos posible en el trabajo, recuperar la conciencia colectiva de los bienes públicos, reivindicar nuestras ideas en la intimidad y en público, ayudar a concienciar a los demás, con el mismo espíritu crítico que empleamos con nosotros mismos, trabajar para vivir y no al revés, deshacernos de los dogmas capitalistas, desprendernos del culto al dinero, a las posesiones materiales, tener siempre presente la lucha de clases, tener muy claro que la empresa y los empresarios son enemigos de la clase trabajadora, por mucho que disfracen esta lucha de clases bajo una aparente "amistad". Aprovechar nuestro tiempo libre intentando someternos lo menos posible a los paradigmas alienantes del sistema, a los dogmas cerrados, que también son difundidos por el pensamiento dominante. Recordar la famosa pregunta: "¿Por qué?". Consumir menos, lo realmente necesario para una vida digna, para un consumo responsable, endeudarnos lo menos posible. Renunciar a la posesión de bienes, productos o servicios que no necesitemos, renunciar a todo culto al lujo, al lucro personal, a los ingresos innecesarios, al trabajo obsesivo. La emancipación o liberación intelectual ha de ser completa, teórica y práctica, no debemos conformarnos con una huida interior, con un "yo no me lo creo", o un "todos son iguales", o un "a mi no me engañan". Con ello estaremos practicando una rebeldía de andar por casa, una rebeldía inofensiva para el sistema. 

 

Debemos también usar el derecho al voto de forma inteligente, coherente, sin perder de vista que otro sistema, otro mundo y otro pensamiento son necesarios y posibles. No son utopías. Es nuestro deber y nuestra responsabilidad luchar por ellos, pues, entre otras cosas, es el legado que vamos a dejarle a las generaciones venideras. Debemos votar a los partidos que apuesten por cambios profundos, radicales, del sistema, que defiendan el desarrollo pleno e integral de la democracia y de los derechos humanos, de los animales y del planeta. Que concedan derechos a las personas, pero también a los pueblos y a la naturaleza. Y si no los encontramos, o éstos también nos traicionan, debemos seguir siendo críticos, practicando la abstención o el voto en blanco, como forma de boicot, de sabotaje al sistema. Huir de los lacayos del sistema, de los serviles a los poderosos, de los bufones de los mismos, de sus vasallos, vengan de donde vengan, y estén donde estén. Practicar en todo momento, lugar y actividad la rebeldía, el inconformismo, la inteligencia, la crítica, la independencia, la razón, la conciencia, el activismo, la reflexión, el análisis profundo, la ética personal y profesional, los principios y convicciones, la coherencia, la valentía, la mente abierta, el pensamiento libre, la determinación, la fuerza de voluntad, la dignidad, la libertad. Sólo así nos convertiremos en piezas peligrosas para el sistema, en firmes cuestionadores del pensamiento dominante, y en embajadores del pensamiento alternativo, que podrá expandirse por toda la sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 abril 2017 3 12 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

El meollo del asunto estriba en liberarse del miedo, una emoción muy arraigada en el corazón humano. El miedo ha estado en el origen de la mayoría de las religiones, el miedo ha sido la fuente de la mayoría de los códigos morales, el miedo conforma nuestros instintos, en nuestra juventud nos inculcan el miedo y, en definitiva, el miedo está en el fondo de todo lo que es malo en el mundo. Una vez nos hemos liberado del miedo, tenemos toda la libertad del universo

Bertrand Russell

El dogma religioso, opuesto a los principios y valores democráticos, lleva a desarrollar una oposición radical a determinadas leyes cuya finalidad es reconocer derechos a personas, a animales, incluso a la propia naturaleza, como han sido históricamente las leyes del divorcio, el aborto, la liberación de la mujer, el matrimonio entre homosexuales, etc., que han encontrado siempre la activa y feroz oposición de la Iglesia Católica y de sus más encarnizados fieles. Por supuesto, estas leyes no obligan a nadie a divorciarse, a abortar, ni a casarse con una persona del mismo sexo, simplemente reconocen el derecho a poder hacerlo a las personas que lo deseen y cumplan los pertinentes requisitos legales. Por tanto, estas leyes no afectan a los fieles católicos que no deseen ejercer este tipo de derechos, y en todo caso, si desean ejercerlos, lo harán bajo el pleno uso de su libertad. Se trata por tanto de leyes que respetan el cumplimiento de las normas morales católicas para sus fieles. Sin embargo, la jerarquía católica pretende siempre que todos los ciudadanos, quieran o no, se sometan a sus normas morales, y que las leyes civiles, independientemente de lo que opine la mayoría del pueblo, se ajusten a sus creencias, que para ellos representan la verdad absoluta. Podemos encontrar un fantástico ejemplo de ello en la reciente polémica creada por el ya famoso autobús transfóbico de la organización ultracatólica Hazte Oir, que presenta sus intolerantes y aberrantes mensajes como una defensa "frente al totalitarismo de la ideología de género". 

 

Es decir, para ellos, las leyes aprobadas democráticamente representan la imposición de una ideología, y en cambio no dicen nada de la auténtica imposición a sangre y fuego del adoctrinamiento católico durante siglos en los cuerpos y las mentes de las personas. Absolutamente ridículo e indignante. Con esta idea fundamentalista, la jerarquía eclesiástica se opone férreamente a dichas leyes, convocando y participando, conjuntamente con la derecha católica, a la difusión de este aberrante pensamiento dominante, apoyándose precisamente en la falacia de que la mayoría de la población se declara católica en nuestro país. Y así, en sus manifestaciones no defienden únicamente una opinión contraria a la mayoritaria, sino que defienden la verdad única y absoluta, lo que conduce a la crispación cívica y política, cuyas consecuencias son difíciles de prever. En el ejemplo del autobús de Hazte Oír, se han levantado auténticos revuelos populares cada vez que el dichoso mensaje entraba en alguna ciudad, pues la inmensa mayoría no entendía cómo es posible que en pleno siglo XXI puedan defenderse dichos mensajes de odio e intolerancia hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. Pero el fanatismo de la Iglesia Católica no entiende de derechos humanos, sino de su dogma de fe. Para ellos, el ser humano es creación de Dios, y evitan todo cuestionamiento social o científico sobre su naturaleza que se separe del dogma religioso. Por ejemplo, en el caso del aborto tenemos un ejemplo muy ilustrativo: para ellos, en el mismo momento de la fecundación Dios pone un alma humana en dichas células, y por ello se convierte en algo absolutamente sagrado. Por eso entienden que el aborto es un asesinato. 

 

Incluso su oposición fanática, radical y enfermiza a muchas leyes les lleva a veces a promover abiertamente la desobediencia civil (algo que está lógicamente justificado en los casos de opresión de los pueblos o de las ideas, lo cual no es el caso), exigiendo, por ejemplo, a los abogados y jueces católicos que no tomen parte en las prácticas y decisiones derivadas de dichas leyes. La Iglesia Católica ha sido y es institucionalmente una asociación antidemocrática y fundamentalista, fuente de guerras y de violencia, y su fuerte expansión ha sido una de las causas principales que ha impedido el progreso social de los pueblos, oponiéndose en muchos casos al desarrollo de la ciencia y del conocimiento, y defendiendo sus privilegios por encima de las leyes. Esta postura sigue manteniéndose en la actualidad, por lo cual podemos concluir que la separación entre la Iglesia y el Estado es un objetivo fundamental para el desarrollo de una sociedad verdaderamente democrática. No obstante, un sistema democrático debe respetar escrupulosamente la ideología de los creyentes y la existencia de la institución católica, entendiendo que, aunque su estructura no es democrática, es aceptada libre y voluntariamente por sus fieles y adeptos. Pero no se puede tolerar bajo ningún concepto, que cualquier creencia religiosa dispute preceptos a la ciencia o al progreso social de los pueblos, que es tanto como decir a la democracia. Y en este sentido, el Concordato de 1979 y muchos Convenios con la Santa Sede son contrarios a las normas de la democracia, que implican la existencia de un Estado aconfesional. Tampoco es admisible que el Estado y su administración pública, que nos representan a todos, admitan la injerencia de la Iglesia Católica en su seno y sus actos civiles. 

 

Y abundando en ello, el Estado tampoco debe financiar centros privados o concertados de enseñanza, ni homologar automáticamente sus sistemas docentes. Ello no va en contra de la "libertad de enseñanza" (una libertad falaz que no existe), sólo propugna que la enseñanza privada se financie con recursos privados y que cumpla los cánones exigidos por el poder civil para que pueda ser homologada como enseñanza oficial. Por otro lado, el aparato del Estado, y en particular el Gobierno, tienen el deber ético de informar al conjunto de la ciudadanía de las características de cualquier religión en lo que se refiere a sus vulneraciones de derechos humanos y de las normas democráticas, con el fin de que el ciudadano o ciudadana que decida libremente formar parte de la institución católica (u otra cualquiera), lo haga con pleno conocimiento de causa. La falta tradicional de respeto y acatamiento de la Iglesia Católica al poder civil y su negativa real a una separación de los poderes eclesiástico y civil, constituyen un peligro real para el desarrollo democrático de nuestro país, y una pieza fundamental en la difusión del pensamiento dominante. Y ello porque la religión (todas ellas) nos impone un dogal, un límite para nuestro pensamiento racional, prohibiendo todo aquéllo que se sale del dogma religioso, es decir, de su verdad única y absoluta. Cualquier cuestionamiento del dogma provoca el rechazo del sujeto por parte de la orden religiosa. Se impide por tanto el pensamiento reflexivo y crítico, el pensamiento alternativo. Se cultiva el pensamiento obediente y receptor, único, que deriva en el colonialismo de las mentes, del cual es muy difícil salir. Por todo lo cual, la Iglesia Católica (todas en general) deben ser excluidas del ámbito democrático, es decir, del ámbito público. 

 

Y el pensamiento dominante (que no es precisamente el que propugna un Estado Laico) defiende, legitima y justifica que la religión ocupe tan preponderante lugar en la vida pública e institucional del país. Y todo ello, a lo largo del tiempo, se va traduciendo en que no sólo el propio modelo educativo, sino la moral, la escala de valores, los símbolos religiosos, las costumbres, el folklore en una palabra (concepto que resume todo el patrimonio cultural de un pueblo) se va impregnando de la cultura religiosa, y va asumiendo su comportamiento y su representatividad bajo los parámetros de influencia y presencia de la religión. Llega un momento en que la religión, que debería ocupar un lugar sólo en nuestros rincones y espacios más íntimos, ocupa casi todas las manifestaciones del Estado: la Pascua (incluso militar), la Semana Santa, las fiestas oficiales, las tomas de posesión, los homenajes a las víctimas de accidentes o catástrofes, los colegios públicos, los actos de nombramientos y celebraciones oficiales, unidos a la presencia de los representantes de la vida religiosa: monjas, curas, diáconos, capellanes, obispos, catequistas, curas castrenses, cardenales, y un largo etcétera, que se mezclan con los representantes oficiales del pueblo: alcaldes, concejales, diputados, senadores, presidentes de comunidades, ministros, mandos militares, el Rey...formando una mezcla finisecular entre el aparato del Estado y la jerarquía eclesiástica. Un peligroso tándem que hay que romper firme y decididamente. Mientras ese tándem no se rompa, continuará en las mentes de las personas la idea de la plena asociación de la "verdad" religiosa con la "verdad" pública, civil y democrática. Y como estamos demostrando, dichas "verdades" van por caminos antagónicos. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 marzo 2017 4 16 /03 /marzo /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://manodestacionescap.blogspot.com.es/

Fuente Viñeta: http://manodestacionescap.blogspot.com.es/

Tener fe y confianza son hábitos peligrosos. Todas las instituciones dedicadas a nuestro adiestramiento presentan la fe y la confianza como virtudes. Quien cree y se fía es buena persona, dicen los de arriba. Para el adiestramiento en la fe y en la confianza se introdujo también la enseñanza de la religión

Vicente Romano (“La formación de la mentalidad sumisa”)

Nos encontramos en la recta final de ya extensa serie de artículos. Sólo nos queda tocar unos pocos asuntos para intentar (siempre se nos quedarán muchas más cosas en el tintero, aunque intentamos recoger una radiografía fundamental) redondear la imagen que queremos ofrecer sobre la fortaleza y las herramientas aliadas del pensamiento dominante. Y otro tema que domina buena parte de nuestra vida pública y privada, instaurado también bajo el dominio del pensamiento único, es el relativo a la religión. En la actualidad, existen alrededor de 10.000 religiones en nuestro planeta. Y cuatro de cada cinco personas en el mundo se definen a sí mismas como religiosas. Por tanto, es fácil concluir que el pensamiento dominante, a nivel internacional, está muy ligado al culto a estas religiones. Evidentemente, unas tienen más peso que otras, y no todos los países se enfrentan a este fenómeno de la misma manera. De hecho, las principales religiones (cristianismo, islamismo e hinduismo) aglutinan aproximadamente a dos tercios de la población mundial actual. Precisamente, comentamos ya hace unos cuantos artículos que una característica del dogma neoliberal es convertir casi en fe sus preceptos. Es lógico que se apoye y se refuerce por tanto en la mentalidad de individuos que ya son proclives a cualquier religión, pues la fe, como sabemos, es el campo de la religión por excelencia, aquél donde ésta puede brillar con luz propia. 

 

En efecto, desde la base del propio modelo educativo, el sistema nos prepara para la fe. La religión (todas, no sólo la Católica) nos introduce en el mundo de lo inmaterial, de lo oscuro, de lo imperceptible, de lo milagroso, de lo sobrenatural, de lo divino. Todo lo contrario de lo que propugnamos desde una mentalidad racional. Y de esta forma, más allá de los preceptos fundamentales que cada religión nos brinde, se nos va imponiendo también, poco a poco, cierta moral, cierta escala de valores, cierta visión del mundo. Y todo ello no sería un problema tan grave si quedara únicamente en el ámbito familiar, íntimo y privado, lo peor de todo es que, a lo largo de la Historia, la religión ha llegado a tener tanto poder, que su influencia ha sobrepasado el ámbito del culto íntimo, privado y familiar, para pasar al ámbito de lo público, de lo oficial, de lo gubernamental. Voy a seguir a continuación algunos pasajes del fantástico texto "La democracia en España: engaño y utopía", de Francisco Badarán, en las páginas que se refieren a la Iglesia Católica y su nociva y tóxica influencia en nuestra sociedad. Ya durante la dictadura franquista, la identificación del poder civil y eclesiástico fue tal que, por ejemplo, el régimen, en connivencia con la Iglesia, impedía estudiar una carrera técnica o universitaria a las personas que no habían sido bautizadas. Es sólo un ejemplo de hasta dónde llegaban los tentáculos del nacionalcatolicismo, durante aquélla etapa negra de nuestra historia reciente. Pero vengámonos al presente, ya que en muchos otros artículos ya hemos analizado (y continuamos haciéndolo) el perverso papel de la Iglesia durante la historia de la humanidad. 

 

La Constitución de 1978, esa con la que tanto se llenan la boca nuestros gobernantes, en su artículo 16, garantiza la libertad religiosa y en su párrafo 3 afirma que "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". Sin ir más lejos, y ateniéndonos a esta lectura, el Concordato renovado en 1979 ya sería de dudosa constitucionalidad. La realidad actual es que la Iglesia continúa disfrutando de unos privilegios absolutamente impropios en un régimen que se reconoce como democrático. La situación la hemos relatado en profundidad en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", al que remito a mis lectores/as. Por tanto, no insistiremos más aquí sobre estos asuntos. El talante y la ideología fascista de la Iglesia española aflora de vez en cuando a la luz pública, cuando algún jerarca de la misma decide expresar en alto lo que piensa. Algunas de ellas ya fueron analizadas en este artículo de nuestro Blog, al que también remito a los lectores y lectoras interesados/as. Evidentemente, la Iglesia Católica no es una institución democrática. En primer lugar, tal como afirman Blaschke y otros (1992, La caída del Imperio Vaticano, Robin Book): "Nadie está capacitado, por muy creyente que sea, a decir a los demás lo que deben hacer, lo que deben pensar, y más aún, cómo se deben comportar". El hacerlo contraviene la noción de religión como una opción personal ajena a jerarquías y acerca la Iglesia a la categoría de secta. 

 

Como hemos apuntado, su doble condición de poder religioso y poder civil le permite realizar, además de una acción pastoral, una actividad diplomática mediante la cual ha podido establecer convenios (Concordatos) con diversos Estados, mediante los cuales ha conseguido privilegios que insultan a la inteligencia y a la democracia. Esta dualidad diplomática-pastoral le permite a la Iglesia realizar actividades sorprendentes. Así, por ejemplo, un Papa puede visitar oficialmente un país en calidad de Jefe de Estado, y una vez dentro puede, en muchos casos, hablar públicamente a una muchedumbre de fieles en términos de carácter político, llegando incluso a cuestionar determinadas leyes del país que visita. Y no pasa nada. El pensamiento dominante blinda la acción de las religiones, las consagra como algo divino, las protege de los ataques, y les concede todos estos privilegios. Por su parte, la estructura del "Estado" del Vaticano es profundamente antidemocrática, siendo la cúpula del alto clero quien elige al Papa, el cual detenta todos los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Esta estructura se mantiene dentro de la Iglesia, en la que los fieles no participan en absoluto en el gobierno de la institución. Por otro lado, la Iglesia incumple derechos humanos fundamentales, ya que a sus ojos, no todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos, existiendo aún hoy día una radical discriminación de la mujer, que no puede acceder al sacerdocio, y por tanto, al gobierno de la Iglesia. También han condenado siempre al mundo de los colectivos LGTBI, contra los cuales han protagonizado auténticos y furibundos ataques. 

 

Y en cuanto a la libertad de expresión, de lectura y de manifestación, resaltemos el hecho de que hasta 1966, en el mundo católico existía un "Índice de libros prohibidos", creado por la Inquisición en 1559, en el que se prohibía a los católicos la lectura de obras de autores tales como Spinoza, Diderot, Voltaire, Zola, Balzac, Flaubert, Dumas, Sastre, o Descartes, entre otros muchos. Por supuesto, estos libros fueron difíciles de conseguir en España durante la época franquista. Y en la actualidad, la Iglesia Católica posee y dicta aún normas para regular las posibles lecturas de libros por parte de sus fieles. Y por supuesto, estos mismos "monseñores" que dictan que "la vida humana es sagrada", son los mismos que apoyaron el "glorioso alzamiento nacional" franquista, que ahora apoyan sin fisuras la globalización neoliberal que tantas muertes provoca, y son también los mismos que condenan la eutanasia, el aborto y el uso del preservativo para controlar la natalidad o evitar el sida, condenando a la miseria y a la muerte a millones de personas. Hasta esos límites llega su indecencia. Ante vulneraciones tan graves a los derechos humanos tales como las que acabamos de describir, es difícil pensar que un dirigente eclesiástico católico pueda ser respetuoso con la democracia. La jerarquía católica cree y defiende que tiene la Verdad, con mayúsculas, y no respeta que otras personas puedan creer en su propia verdad, y estar sujetas a principios éticos diferentes a los suyos. En el fondo, lo que existe es un profundo miedo a perder sus privilegios y su status quo, en definitiva, a que acaben con su escandaloso chiringuito de poder y de influencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 marzo 2017 4 02 /03 /marzo /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (56)

La prensa sostiene la creación de la mentira y es el respaldo de quien controla los designios de la sociedad. Su objetivo no es informar, sino convencer a sus lectores de su propia fatalidad (de la desigualdad y del consentimiento y la resignación ante su propia explotación). Y no importa que no salgan las cuentas, y que todas las empresas mediáticas estén en crisis, porque hay quien se hace cargo de su supervivencia, a cambio de falsear la realidad

José Luis Vázquez Domènech

La Psicología Social nos da amplias referencias sobre los estudios realizados en torno a la expansión de las diferentes ideologías de pensamiento a lo largo del tiempo, y de su uso y difusión desde los poderes dominantes. Y en este sentido, el éxito cultural del neoliberalismo ha sido categórico, general, abrumador. No es una exageración afirmar que el neoliberalismo constituye nuestro sentido común (por eso, cuando nuestros gobernantes actuales nos lo invocan, ya debemos ponernos en alerta). Las mismas ideas, los mismos planteamientos, los mismos argumentarios, las mismas convicciones, aparecen reiterada y cansinamente en trabajos académicos, en informes de consultoría, en artículos de opinión, en editoriales de prensa, en las tertulias televisivas, etc.: racionalidad, mercado, competencia, incentivos, maximización...En ese lenguaje nos entendemos, en ese lenguaje explicamos la experiencia humana en todos los campos, y así la educación se ha convertido en "formación de capital humano", la conversación pública es el "mercado de las ideas", etc. Ya dimos cuenta durante los primeros artículos de esta serie de los principales eufemismos lingüísticos que se utilizan hoy día para disfrazar la realidad de los conceptos. A ellos remito a mis lectores y lectoras. De modo que es muy difícil argumentar contra una política económica cuando se basa en las propias ideas de nuestro "sentido común", las cuales nos parecen, cómo no, absolutamente obvias. 

 

Pero no son tan obvias. Están fuertemente manipuladas. El orden neoliberal favorece desproporcionadamente a unos pocos, eso es indudable (la idea de que a fin de cuentas favorece a todos, aunque unos ganen más que otros, es mucho más discutible con los números en la mano). Pero no son las ideas de unos pocos, sino de la mayoría. Hasta el más castigado por la fuerza del sistema reproduce los esquemas mentales del pensamiento dominante. Este es el verdadero problema político para poder imaginar, diseñar y proyectar una alternativa. Las afirmaciones básicas del programa neoliberal parecen indiscutibles: que una empresa privada es siempre más eficiente que una empresa pública, que la competencia produce siempre los mejores resultados, que los seres humanos somos egoístas, calculadores, que buscan siempre la máxima ventaja personal...Estamos completamente imbuidos de este perverso ideario, que anula siquiera nuestra posibilidad de entender la idea del bien común. La escuela de Margaret Thatcher ("No existe la sociedad, sólo existen los individuos") nos ha hecho muchísimo daño. Eso nos convierte en la rampa de salida para aceptar que a pesar de que el capitalismo ha de vencerse de forma global, colectiva, sin embargo cada individuo, cada uno/a de nosotros/as, debe contribuir a la lucha anticapitalista, que es lo mismo que decir a la lucha contra el pensamiento dominante. En el fondo se trata, básicamente, de construir sociedad, la sociedad avanzada, la sociedad justa. 

 

Me remito a todas las consideraciones que hemos venido plasmando, para que cada cual pueda interiorizar su lucha contra el capitalismo, pueda minimizar la influencia que el pensamiento único ejerce sobre sí mismo. Es un ejercicio que exige coherencia, claridad de mente, y sobre todo, valentía, porque no es una toma de conciencia cómoda. La acción de resistencia anticapitalista, a nivel individual, de cada persona aislada, es la semilla que cada cual debe ir sembrando para llegar a sentirse libre, en un mundo donde el pensamiento alternativo vaya ganando terreno. ¿Cómo podemos hacer esto? Pues contrastando las ideas todo lo posible, practicando continuamente el pensamiento libre y crítico, preguntándonos el por qué de las cosas, cuestionando los intereses que pueden esconderse detrás de cada acción, de cada opinión, de cada decisión, de cada estudio, incluso de cada dato objetivo. Sí, porque los datos objetivos también pueden camuflarse, también pueden esconderse, también pueden resaltarse. La misma botella, con la misma cantidad de líquido, puede verse como medio llena o medio vacía. Por otra parte, aquéllo de lo que estemos convencidos en la teoría, debemos llevarlo a la práctica. Y aquí es quizá donde viene la parte más valiente, más arriesgada, pero la más importante, porque si no somos coherentes entre nuestro pensamiento y nuestras acciones, jamás podremos contribuir a un cambio de nuestro mundo. 

 

Un aspecto donde tenemos que cambiar el chip, a nivel general y a nivel particular, es el relativo a la preponderancia de la filosofía que recoge el culto a la propiedad privada, algo sagrado para el pensamiento dominante. Básicamente, hemos de replantearnos y reivindicar la función social de la propiedad, conseguir la hegemonía de la propiedad social (colectiva) sobre la propiedad individual, y replantearnos todos los bienes, productos y servicios sobre los que no tendríamos por qué ser "propietarios", sino que podríamos disfrutar de ellos en régimen de usufructo (temporal o indefinido) o alquiler: la vivienda, el automóvil, etc. En este sentido, las tendencias de la llamada "economía colaborativa" están avanzando mucho últimamente. La propiedad privada debe dejar de ser un derecho absoluto para pasar a ser un derecho relativo, es decir, supeditado al cumplimiento de otros derechos fundamentales, tales como la alimentación, la vivienda, el trabajo, la sanidad, la educación, etc. En realidad, si nos damos cuenta, y extrapolamos este razonamiento al ámbito empresarial, podremos concluir sin ningún tipo de complejos que para que dichos derechos estén garantizados para toda la ciudadanía, sus bienes, productos y servicios deben ser nacionalizados, esto es, deben pertenecer a lo público, ser patrimonio de todos, y por supuesto, estar gestionados democráticamente. Si hubiéramos ido implementando esto poco a poco durante los últimos años (en vez de haber hecho justo lo contrario), ahora no nos encontraríamos con los terribles problemas que nos están creando los bancos, las empresas eléctricas, de telecomunicaciones, etc. 

 

Creer en la sociedad (al contrario de lo que pregonaba Margaret Thatcher) es creer en los derechos humanos, y tejer una intrincada red social donde ninguna persona se encuentre desatendida en relación a los mismos. No queremos abolir la propiedad privada. ¡Por favor, que no se nos malinterprete! Lo que estamos queriendo decir es que el foco que hoy día se centra sobre la propiedad privada está...pues eso, desenfocado. Está magnificado, puesto en un lugar que no le corresponde, y hay que volverlo a colocar en su sitio. Es absolutamente inhumano que si todas las personas tenemos el derecho humano a la vivienda, por ejemplo, alguien pueda mercantilizar con las viviendas hasta el extremo que su propiedad (privada) sobre las mismas, esté por encima del derecho (humano) a disfrutar de una. Lo mismo podemos afirmar sobre las empresas eléctricas y energéticas: si es un derecho humano poder acceder a la electricidad, una sociedad que se precie no debería situar el derecho a la propiedad (privada) de este bien o servicio en torno a unos pocos agentes capitalistas, mientras existe gente que no puede acceder a este derecho. El pensamiento dominante trastoca los derechos, los relativiza, los ignora, y coloca por delante de todos ellos el sagrado derecho a la propiedad privada, magnificándolo y abarcando cada vez más facetas y aspectos de negocio (privado), donde se ponen en juego los derechos humanos fundamentales, y cuando esta situación se produce, hemos atravesado ya el límite que separa una sociedad justa y avanzada, democrática, transformándola en una sociedad salvaje, cruel e inhumana. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 febrero 2017 4 23 /02 /febrero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (55)

Cada día que pasa sin democratizar los medios es un día que el poder corporativo y financiero global usa para manipular a la ciudadanía. Está probado que se puede hacer cualquier tropelía criminal si antes se consiguió el suficiente nivel de convencimiento o de aceptación de la opinión pública internacional. Se puede invadir Irak, asesinar a Gadaffi o derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro. Lo único que se necesita es controlar y dominar a la opinión pública

Pascual Serrano

La democratización del espacio mediático es, pues, un imperativo de absoluta necesidad en una sociedad avanzada. Porque, ¿es tolerable que bajo un sistema que se denomina democrático el cuarto poder de la sociedad, es decir, los medios de comunicación, constituyan un cortijo mediático en poder de unos pocos? ¿Es tolerable que los medios de comunicación públicos se hayan convertido en auténticos instrumentos al servicio de la propaganda gubernamental? (A este respecto, tenemos un estupendo dossier sobre la manipulación que TVE lleva haciendo a sus espectadores desde la llegada del PP al poder en 2011 en este artículo de Alejandro Torrús para el medio Publico) ¿Es posible, bajo dicho escenario, proclamar a los cuatro vientos que en nuestro país existe la "libertad de opinión" y la "libertad de prensa"? ¿No deberíamos evolucionar hasta conseguir democratizar ese cuarto poder de la sociedad, al igual que están supuestamente democratizados los otros tres? ¿Cuál debería ser por tanto la meta a alcanzar para poder disfrutar de un ecosistema mediático relativamente justo, social, democrático y proporcional? El enorme poder que despliegan estos oligopolios mediáticos provoca que influyan decisivamente en el escenario político, que eviten cualquier reglamentación de su poder, y que actúen protegidos por un manto de impunidad. 

 

Por tanto, deberíamos dedicarle atención, como ya hemos expuesto en entregas anteriores, a los tres ámbitos mediáticos que entendemos garantizan la pluralidad de la sociedad, a saber: el ámbito público (estatal, si se quiere, pero no gubernamental, y que englobaría al conjunto de las diversas Administraciones Públicas en sus diferentes ámbitos), el ámbito privado, y el ámbito comunitario (ámbito dedicado a cubrir el resto de iniciativas más o menos locales de la sociedad, pero sin ánimo de lucro). Y deberíamos garantizar, para cada uno de ellos, que disponen de todos los canales mediáticos que soliciten (prensa escrita, radio, TV, Internet), y que el número total de licencias están repartidas más o menos equitativamente, es decir, que del total de medios de comunicación que existan en el país, el reparto y la distribución de las respectivas licencias para los tres ámbitos referidos es más o menos equitativo. Estamos convencidos de que sólo el cumplimiento de estas condiciones garantizaría un sector de medios de comunicación auténticamente plural y democrático. Porque tanto derecho tiene una gran empresa multinacional a poseer un canal de televisión (privado), que un determinado municipio (comunitario), que una determinada Comunidad Autónoma (público). De esta forma, romperíamos los posibles oligopolios y concentraciones abusivas de poder, que son precisamente las que conducen a todos los problemas que hemos mencionado anteriormente. 

 

Abundando en todo ello, recopilando y estableciendo conexiones con conceptos y comentarios que ya hemos expuesto en anteriores entregas de esta serie, podemos citar al gran pensador, filósofo y lingüista norteamericano, Noam Chomsky, uno de los intelectuales de mayor prestigio internacional, que ha establecido lo que según él podría ser el decálogo (los 10 principios fundamentales) que sustentan la concentración de la riqueza y el poder, favoreciendo la transmisión del pensamiento dominante, y que son, a su juicio, los siguientes;

 

1.- Reducir la Democracia. La democracia plena en sus diferentes vertientes (representativa, directa, participativa, decisoria, revocatoria, económica), es quizá el enemigo principal del pensamiento dominante, pues en ella se concentran y expresan todos los mecanismos que dotan al pueblo de voz para expresarse y tomar cartas en los diferentes asuntos que le conciernen.

 

2.- Moldear la Ideología. Es el objetivo fundamental de la difusión del pensamiento dominante, es decir, acallar, ignorar, ningunear, ocultar y ridiculizar cualquier alternativa al pensamiento oficial del régimen, para lo cual, como venimos contando, los medios de comunicación de masas ejecutan un papel esencial.

 

3.- Rediseñar la Economía. Lo primero que se hace es situar a la economía como si fuera una ciencia exacta, a la vez que se visualizan las teorías económicas dominantes, ocultando las voces críticas. Hay que partir de la base de que la economía es una ciencia social, y que las diversas teorías económicas enfrentan diferentes visiones de la sociedad, y obedecen a diferentes intereses. 

 

4.- Desplazar la Carga. Aquí podríamos citar, como apoyo al poder que ostenta la clase dominante (ese 1% más rico, apoyado por ese 20% que le respalda y le posibilita la riqueza), todas las transferencias de riqueza, que implican no sólo una privatización de las ganancias, sino también una socialización de las pérdidas. Todo ello, unido a leyes que favorecen e incrementan su riqueza y su poder, reformas legislativas que les permiten la concentración de su riqueza (existencia de paraísos fiscales, sistemas de elusión de impuestos, etc.), y el diseño de mecanismos que amparan graves procesos de corrupción.

 

5.- Atacar la Solidaridad. La solidaridad, como valor principal de una sociedad cohesionada y que vele por el bien común, es denostada y atacada por tierra, mar y aire. Se fomenta justo todo lo contrario, es decir, el egoísmo, la individualidad, la competencia, la envidia, la insolidaridad, y la no cooperación, todo ello basado en el mensaje principal del capitalismo, que deja a la responsabilidad de cada cual la búsqueda de sus posibilidades, anulando todo proyecto colectivo. 

 

6.- Dirigir las Instituciones Reguladoras. Mecanismo fundamental para que el sistema dominante esté bien engrasado, es que lógicamente defienda a sus adláteres, es decir, a los poderosos. En este sentido, las principales instituciones reguladoras (tribunales, instituciones de control y de fiscalización, banco oficial de la nación, agencias de regulación, etc.) quedan bajo el control de la clase dominante. 

 

7.- Manipular las Elecciones. No nos estamos refiriendo aquí a la burda manipulación electoral de unos comicios determinados, sino al conjunto de leyes y procedimientos que controlan los resultados electorales, y que constriñen al sistema para que se balancee siempre del lado de los partidos que sostienen el régimen, y perjudique a los partidos opositores al mismo. 

 

8.- Mantener a la plebe bajo control. Como resulta que ante el dictado de leyes, decretos y proyectos injustos para el conjunto de la ciudadanía, ésta se rebelaría tarde o temprano con mayor o menor intensidad, el sistema proyecta una serie de herramientas y de técnicas (legislativas, policiales, represoras, etc.) que puedan controlar en un momento dado las capacidades de protesta y de manifestación popular. Buen ejemplo en nuestro caso sería la famosa Ley Mordaza. 

 

9.- Fabricar el consentimiento. Este "consentimiento", aceptación o legitimación se produce, como también hemos explicado en anteriores entregas (y nos explica Pascual Serrano en la cita de entradilla) mediante el despliegue de una serie de mecanismos que van controlando la opinión pública, no de manera forzada, sino mediante un constante goteo de pequeñas informaciones y decisiones, que calan en la ciudadanía de una forma controlada, y la predisponen para la aceptación sumisa de una serie de leyes y decisiones políticas. 

 

10.- Marginar a la población. Por último, es fundamental, para Noam Chomsky, que exista siempre un contingente de población que se encuentre marginada por el sistema (discriminada, desfavorecida), para que no disponga nunca de los mecanismos legales para poder representar un peligro para el sistema. Suele ocurrir con las minorías étnicas o religiosas, o con algunos colectivos que por sus características pueden representar una amenaza para el sistema. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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19 enero 2017 4 19 /01 /enero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (54)

La clave del aprendizaje en la vida está en desaprender lo que es falso

Antistenes (Filósofo griego)

A estas alturas, ya deben tener claro los lectores y lectoras de esta serie de artículos, que los medios de comunicación hegemónicos, asociados a los grandes agentes del capitalismo transnacional (bancos, grandes corporaciones, fabricantes de armas, etc.), buscan destruir la pluralidad de voces y discursos, instalando las consignas del pensamiento dominante, relacionado con los dogmas del neoliberalismo. Y así, Occidente ha creado toda una extensa red de medios poderosos, con tentáculos en los demás modelos de negocio, empeñados en imponer su narrativa a toda costa. El Tiempo o El Espectador (Colombia), El Comercio (Ecuador), El Mercurio (Chile), La Nación o Clarín (Argentina), El Universal o Televisa (México), El Mundo o ABC (España), O Globo (Brasil), o Grupo Prisa (España), son buenos ejemplos de ello, a los que podemos añadir CNN, y otros muchos. No tienen ningún reparo en sembrar miedos, mentiras y calumnias, vertiendo sospechas y acusaciones sin fundamento. A través de destructoras editoriales, los grandes medios son capaces de cambiar gobiernos, llegando al linchamiento mediático de determinadas ideas o personas, a través de afirmaciones sin pruebas, ocultaciones, medias verdades o informes sesgados e interesados. Tales son sus únicas armas, pero suficientes para controlar los resortes del poder. El filósofo mexicano Fernando Buen Abad ha acuñado el concepto "Plan Cóndor mediático" para referirse al poder de estos grandes medios, asemejándolo a aquél que ejecutaron las dictaduras militares del Cono Sur, en los años 70, a las órdenes de Estados Unidos. 

 

Las grandes corporaciones mediáticas tienen el poder para desestabilizar gobiernos (tal como está ocurriendo en Venezuela), o demonizar a ciertos líderes que representan intereses contrarios a los que ellos defienden. Este peligroso periodismo basura está auspiciado por el poder, por lo cual sus grandes jerifaltes se sienten impunes para verter toda la mierda mediática de que son capaces, sin despeinarse, a través de un ejército de pseudoperiodistas (más bien gacetilleros) a su servicio. A través de este constante bombardeo mediático sobre las mentes de la mayoría social, se van conformando ideas, actitudes, pensamientos, estereotipos mentales, y todo un imaginario social colectivo que bendice el pensamiento dominante, y relega todo pensamiento alternativo a una opción residual e insignificante. Fernando Casado ha creado el término "Antiperiodistas" para bautizar a los que se dedican profesionalmente a esta bazofia e intoxicación mediática. La democratización de los medios es, pues, una tarea imperiosa y urgente, si queremos acotar el poder de este pensamiento dominante. Pero como ya avanzábamos en el artículo anterior (siguiendo al gran maestro Carlos Fernández Liria), se confunde aquí  muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la idea de una prensa gubernamental (es decir, al servicio del gobierno de turno). Pusimos algunos ejemplos en el artículo anterior, al que remito a los lectores y lectoras. Es tan absurdo como afirmar que la enseñanza pública es gubernamental, y además se corre el riesgo (que es justo lo que los grandes medios privados pretenden) de desacreditar toda iniciativa pública. 

 

Pero como estamos demostrando, una prensa privada (con el poder y la extensión de que hoy goza) es tan incompatible con la libertad de expresión como una justicia privada lo sería en relación a la justicia. De hecho, lo estamos comprobando con la sanidad, que está privatizándose ("externalizándose" según ellos) a pasos agigantados, y comprobamos que a medida que dicho proceso avanza, avanza también la desafección de los pacientes, la baja calidad de los servicios, y el desmantelamiento de recursos (camas, hospitales, profesionales, especialidades, etc.). Lo que queremos decir con la opción de unos medios de propiedad social (y ello sólo es una opción de todo el catálogo de medidas que se pueden poner en marcha) es que los periodistas deberían acceder a los medios de producción de información y comunicación a través de un sistema de oposiciones (medido por los criterios de igualdad, mérito y capacidad, como en cualquier otra área), mediante tribunales que juzgaran en sesión pública según baremos oficiales aprobados por el poder legislativo. De esta forma tendríamos un cuerpo público de periodistas, al igual que lo tenemos de médicos, de abogados, de jueces o de profesores. La independencia y la profesionalidad estarían más garantizadas. Ejercerían sus funciones profesionales sin temor al despido, sin la presión de los dueños de los grandes medios y de sus espurios intereses. De esta forma, el concepto de libertad de prensa, para dicho cuerpo, se asemejaría al de libertad de cátedra en la enseñanza pública. Sin embargo, si no nos escandalizamos porque exista la libertad de cátedra...¿por qué habríamos de hacerlo con la libertad de prensa enfocada de esa forma? 

 

La creación de un polo de medios públicos de comunicación realmente independientes, que no sean la marioneta del Gobierno de turno, es pues una labor imprescindible y fundamental para desarrollar nuestros derechos (a la información) y nuestras libertades públicas (de prensa) en una sociedad que se autodenomina democrática, como la nuestra. Pero como decíamos anteriormente, no es la única medida a abordar en el contexto de los medios masivos de información. Hemos igualmente de garantizar un reparto equitativo del espectro radioeléctrico (para garantizar que no existe hegemonía ni de medios públicos ni de medios privados), hemos de incluir el principio de veracidad informativa en nuestra Constitución, y hemos de impedir que el sector financiero y la gran patronal tengan participaciones en el capital de los medios. Todo ello confluye en un proceso democratizador de los medios de comunicación, acabando con el inmenso poder de los oligopolios mediáticos, y creando una serie de garantías de profesionalidad y decencia en los propios contenidos informativos. Hay que volver a instalar el rigor y la calidad periodística, la veracidad y la pluralidad en la información, asegurando el eco de todas las voces. Quizá la propuesta más justa sería el reparto del espacio radioeléctrico en tres tercios equivalentes, del siguiente modo: un tercio para los medios públicos, otro tercio para el negocio privado, y una tercera parte para los medios comunitarios (que son los grandes olvidados en el sistema actual). 

 

Entrevistado sobre este asunto por Enric Llopis para el medio Rebelion.org (del cual fue uno de los fundadores), el gran escritor y periodista Pascual Serrano, autor de imprescindibles libros sobre los medios de comunicación (como por ejemplo "Medios democráticos. Una revolución pendiente de la comunicación"), tanto en nuestro país como en la escena internacional, y a tenor de las medidas propuestas en el párrafo anterior, Serrano reflexionó en los siguientes términos: "Son medidas que se han aplicado en Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Venezuela. Tiene un efecto colateral, inevitable: que en algunos lugares los movimientos sociales que se queden con ese tercio [se refiere al tercio reservado para los medios comunitarios] no sean representativos. En Brasil, por ejemplo, las iglesias evangelistas se han hinchado de medios comunitarios. Es el problema cuando no existe una sociedad [civil] organizada. También es muy importante que sectores bancarios, políticos e iglesias no puedan ser dueños de medios de comunicación. Es un principio que figura en la Constitución de Ecuador, y que después se incorporó a la legislación venezolana. Por último, garantizar la veracidad de la información, tal como establece el Artículo 20 de la Constitución Española, pero no se cumple ni existe una ley que lo desarrolle. Este principio viene recogido en el Decreto de aplicación de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Comunicación de Venezuela, la Ley de Radiodifusión y Televisión de Ecuador, y la Ley de Lucha contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de Bolivia". Por tanto, tenemos referentes donde mirarnos. Pero como siempre, necesitamos la fuerza de la gente y la voluntad política para implantar todas estas medidas. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 enero 2017 4 05 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

¿Por qué? Esta es la pregunta más básica que uno puede hacer, pero la aniquilación de la reflexión llega ya a tal extremo que escuchar hoy en día un “por qué” se antoja tarea complicada. La sociedad no hace preguntas, los individuos no se preguntan, no van más allá, no exploran posibilidades ni mucho menos las conciben en sus mentes, simplemente aceptan

Vicente Berenguer

Y así, bajo las banderas de la "libertad informativa" y de la "independencia de los medios", resulta que en las democracias capitalistas occidentales, la estrecha alianza entre el poder político y el poder económico vierte la propaganda de un modo aún más subliminal que en los regímenes totalitarios o dictatoriales. De esta forma, el poder de manipulación mediática sobre las mentes de la inmensa mayoría social resulta ser un arma incluso más poderosa que los tanques y las bombas. En efecto, el capitalismo ha logrado una dictadura perfecta. Y bajo la actual globalización neoliberal, la propaganda es generada por las élites corporativas y gubernamentales que constituyen el gobierno mundial de facto. Noam Chomsky lo ha expresado bajo los siguientes términos: "Los medios de comunicación de masas son instituciones ideológicas efectivas y poderosas, que llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la autocensura, y sin una coerción abierta significativa". Este sutil sistema de propaganda mediática, mediante las diferentes técnicas, se ha vuelto durante las últimas décadas cada vez más eficiente en el cumplimiento de su objetivo, y a ello han contribuido sin duda los avances tecnológicos, la expansión de los propios medios de masas, su elevada concentración en pocas manos, y la universalidad de su auditorio. 

 

Se impone así una forma única de ver el mundo, de comprender las relaciones entre los diferentes actores, de asumir un correlato hegemónico de la actualidad, y de interpretar una serie de hechos de forma unívoca. El pensamiento dominante ha llegado a su culminación, a su poder máximo, cuando se han unido el capitalismo y los grandes medios de comunicación de masas bajo un objetivo común. Prácticamente todo el imaginario conceptual viene de esta forma impuesto por los grandes medios, que son los que definen el significado de los grandes términos, como violencia, amenaza, conflicto, estabilidad, paz, etc. ¿Cómo podemos entonces combatir toda esta lacra? Pues evidentemente, creando todo un nuevo orden en la información y en la comunicación. Ante todo, hemos de advertir que todo intento de alterar este gran sistema mediático será ferozmente rechazado, aludiendo a los consabidos y falaces principios de la "libertad de prensa y de información". Los grandes propietarios y agentes de estos medios saben perfectamente que alterar sus cuotas de poder implica derribar todo ese control que poseen sobre el pensamiento colectivo. Saben que perder (aunque sea un poco) su monopolio informativo equivale a reducir su enorme poder de influencia en la mente de cientos de miles de personas. Básicamente, el nuevo orden informativo debe conseguir que los medios de comunicación abandonen su servilismo hacia el poder, y recuperen su utilidad social como servicio público. 

 

Y es que, como hemos dicho, las corporaciones mediáticas no se crean para garantizar el acceso a una información veraz, plural y contrastada, sino para garantizar los beneficios de sus propietarios. Hasta ahí todo normal hablando de empresas privadas, pero cuando ello supone que la transmisión y el conocimiento de la verdad se oculte, y se sustituya por burdas manipulaciones, falsedades, ocultaciones y adoctrinamiento, el peligro para la sociedad es inmenso. El pilar principal para el nuevo orden de la información y comunicación reside en la existencia de poderes públicos valientes y decididos, que sean capaces de implementar modelos nacionales de comunicación antimonopolísticos, verdaderamente democráticos en la gestión de los medios públicos, transparentes y ecuánimes en la concesión de licencias de emisión y con un apoyo decidido a la creación de medios comunitarios y profesionales no corporativos. Un sistema que impida por ley el acaparamiento de medios privados por parte de grandes empresas, que vele realmente por la pluralidad, la imparcialidad, el rigor, la objetividad y el derecho a la información. Pero para ello también es imprescindible crear un polo de medios públicos de comunicación independientes, que no se comporten como la marioneta del Gobierno de turno. En el fondo, lo que subyace es el auténtico debate sobre la libertad de expresión, y su papel en el orden constitucional. 

 

Como señala Carlos Fernández Liria en su artículo "El ocaso de una dictadura mediática": "En este país nos hemos pasado cuarenta años llamando libertad de prensa a la dictadura de tres o cuatro oligopolios mediáticos (...) El gobierno tiene un contrapoder en la oposición. El empresario, en los sindicatos. El poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se limitan mutuamente y se obligan a ceñirse a la Constitución. Pero el poder que tienen los medios de comunicación para apropiarse del uso de la palabra en el espacio público carece por completo de contrapeso. Esto ha hecho que ciertas mentiras sean imposibles de combatir. ¿Cuáles? Todas aquéllas que convengan en general a los grandes consorcios empresariales de la prensa privada. Y son muchas las mentiras en las que los oligopolios mediáticos no tienen interés en llevarse la contraria, pues las grandes empresas, por mucho que compitan entre sí, no dejan por ello de ser lo que son: grandes empresas". Y finaliza: "¿Cómo se logra este efecto sin ejercer la censura? Con otra forma de censura, que se llama paro y despido". La moderna censura, tan brutal y salvaje como cualquier otra, consiste sencillamente en no contratar a quien no comulgue con la línea editorial del medio en cuestión, y en despedir a quien se salga de ella. Así de sencillo. Así de terrible. La lógica laboral es la misma en una fábrica de muebles, de comida rápida o en un periódico de tirada nacional. Una lógica laboral perversa que se aprovecha de las circunstancias de la clase trabajadora para hacerla pasar por el aro de forma cruel y despiadada. 

 

Llega un momento en que el derecho a la información se convierte en el descarado "derecho a mentir", con absoluta impunidad. Sólo basta leer algunos editoriales de los grandes medios del panorama nacional (El País, La Razón, El Mundo, ABC, La Vanguardia, etc.) para comprobar hasta qué punto manipulan la información a su antojo, la sesgan y mienten de forma descarada. Y todo en aras de "su" libertad de expresión. Y al igual que el derecho humano a la electricidad no se va a conseguir hasta que no devolvamos a dichas empresas a su propiedad social (pública), igual ha de pasar con la prensa, es decir, tenemos la necesidad de socializarla para que comience a ejercer su auténtica función, a cumplir su verdadero objetivo. Pero entiéndase bien: no queremos expropiar a los grandes medios. Basta con que exista una iniciativa pública que respete la independencia profesional del periodista, lo que siguiendo el ejemplo de Fernández Liria, sería algo parecido a la libertad de cátedra de los profesores universitarios, o la libertad de interpretación de la ley que tienen los jueces. En ambos casos, la libertad de cátedra y la independencia judicial, se soportan y amparan en el carácter estatal de dichas instituciones. Pero en cambio, en el ámbito privado, un profesor puede ser despedido por no ceñirse a los dictados de la empresa que le contrató. Y en un sistema privado de arbitraje, un magistrado puede ser despedido igualmente si no favorece con sus fallos los intereses de la empresa que le paga. Pero hasta tal punto llega el grado de influencia del pensamiento dominante, que proponer esto se considera en casi todos los foros poco menos que una extravagante ocurrencia, o una actitud totalitaria. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 diciembre 2016 4 15 /12 /diciembre /2016 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (52)

La función básica de los medios es desarrollar pseudo-necesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política

Herbert Marcuse (“El hombre Unidimensional”, 1964)

El tercero de los cinco filtros definidos por Herman y Chomsky (ver los dos primeros en el artículo precedente) se relaciona con las fuentes de noticias de estos medios de comunicación de masas. Estos autores afirman: "Los medios de comunicación de masas son conducidos a una relación simbiótica con poderosas fuentes de información por necesidad económica y por la reciprocidad de intereses". Incluso las más grandes corporaciones mediáticas no pueden permitirse tener reporteros en todas partes del mundo, por lo cual los colocan en los lugares donde es más proclive que puedan acontecer noticias interesantes. E igualmente, son consideradas fuentes de noticias a las procedentes de los grandes agentes sociales (empresarios, sindicatos, fuentes gubernamentales, etc.). Por ello, los redactores o periodistas que ofenden a esas poderosas fuentes de información, tal vez al poner en duda la veracidad o la parcialidad del material suministrado, pueden ser amenazados con negarles el acceso a la esencia de sus fuentes de información, limitando seriamente la capacidad de su trabajo. Pero se corre un grave peligro, ya que tal dependencia de las fuentes oficiales imprime a las noticias un tinte inherentemente conservador, y otorga a los que están en el poder una tremenda influencia sobre la definición de lo que son o no son noticias. 

 

Los medios de comunicación alternativos, como esencia de ese cuarto poder al que deben aspirar a representar, no deben únicamente confiar sus esquemas  informativos a las fuentes oficiales ni a las consignadas por los poderes fácticos, sino que deben convertirse en auténticos agentes de la información referida a su colectividad. Y así, se debe dar voz a los colectivos más desfavorecidos, se debe poner el foco de atención donde los medios dominantes no lo ponen, y se debe servir a la transformación de la sociedad de donde se forma parte. Pero lógicamente, para todo ello, se debe romper con las cadenas a las que estos cinco filtros que estamos describiendo atan a los medios. Una democracia plena necesita ejercer un control implacable sobre el poder, y los medios de comunicación no pueden ignorar esta fundamental tarea. Pero como estamos explicando, el control sobre los medios que se ejerce desde los estamentos del poder asegura que los medios de comunicación no estén en realidad al servicio de la sociedad, sino al servicio de los intereses de estos poderes económicos, de esta élite social. Unos medios independientes y alternativos deben recuperar la auténtica función social de los medios, sirviendo al conjunto de la sociedad, y entendiendo la información como un derecho humano fundamental, ajeno a los objetivos mercantilistas o a otros espurios intereses. 

 

Bien, el cuarto filtro es flak (traducido como "fuego antiaéreo"), descrito por Herman y Chomsky como "respuestas negativas a una afirmación de los medios o a un programa (de TV o radio). Puede tomar la forma de cartas, telegramas, llamadas telefónicas, peticiones, juicios legales, discursos y Leyes presentadas al Congreso, u otros modos como querellas, amenazas y acción punitiva". Todos ellos representan los poderosos mecanismos de defensa que ejerce el poder cuando se ve cuestionado por terceros actores, interpelido en su labor, o bien simplemente en evidencia, o bajo una información ciertamente sensible. Los poderes fácticos reaccionan entonces de forma violenta, desencadenando toda una serie de reacciones, que además se apoyan en que el resto de las estructuras del poder están también a su servicio. De hecho, las organizaciones empresariales se reúnen regularmente para formar máquinas de flak, mediante los poderosos lobbies al servicio de las mismas. Y así, abogados y periodistas forman todo un ejército para la defensa de los intereses corporativos, que se pone en marcha de forma regular para la proyección de sus intereses en todos los ámbitos. Ésta es, evidentemente, otra forma poderosísima de canalizar, extender y difundir el pensamiento dominante, responsable de las numerosísimas falacias que se vierten en nuestro mundo, y que son las responsables del diseño mental bajo el que funciona la mayoría social. A estos lobbies se unen las fundaciones y tanques de pensamiento (think tank), a los que ya nos hemos referido en anteriores artículos de esta serie. Estos organismos difunden periódicamente artículos, informes y estudios, cuyo único objetivo es reforzar y hacer prevalecer los criterios (interesados) de los grandes agentes económicos. 

 

El quinto y último filtro de noticias identificado por Herman y Chomsky es lo que ellos denominaron el "anticomunismo". Se esfuerza en fabricar todo un imaginario colectivo sobre los "enemigos de Occidente", sean éstos líderes políticos de terceros países, corrientes de pensamiento, o bien movimientos sociales o formaciones políticas que planteen otros modelos de sociedad, otros mundos posibles. Ante todo ello, los grandes medios se emplean a fondo en lanzar toda una serie de campañas de acoso y derribo, de mentiras, manipulaciones y sesgos mediáticos cuyo objetivo es deformar profundamente los verdaderos hechos, pensamientos y opiniones. Sucias estrategias periodísticas son usadas en estas campañas, que no se detienen ante nada, donde se vierte lo peor de la profesión, y que son capaces de derrocar gobiernos enteros, mediante la complicidad de ciertos sectores sociales. Toda esta demonización de los "enemigos" es útil, incluso esencial, en la justificación de maniobras estratégicas geopolíticas y en la defensa de los intereses corporativos en todo el mundo, mientras aplacan la crítica interna de tal conducta. Podemos poner múltiples ejemplos de este filtro, que también se refleja cuando los medios convencionales demonizan a ciertos sectores, tales como los "antisistema" (normalmente los manifestantes antiglobalización), o cuando marginan a personas o colectivos calificándolos de amenazas para la "libertad" o para la "democracia", cuando en realidad sólo luchan contra la perversa ideología del libre mercado llevada hasta sus últimas consecuencias. 

 

Mediante los cinco filtros descritos, que conforman este modelo de propaganda, los medios de comunicación dominantes contribuyen a mantener el status quo del poder corporativo en nuestras sociedades, la dominación y defensa del programa político neoliberal, las bondades del libre comercio, y el rechazo, indiferencia y aplastamiento de cualquier conato de alternativa al sistema-mundo actual. Los disidentes de toda esta vorágine capitalista son tachados automáticamente de "radicales", "extremistas", "antisistema", y sus puntos de vista son sistemáticamente silenciados y mutilados. Se sataniza al pensamiento alternativo, creando campañas que divulgan los "peligros" de dicho pensamiento, que poco menos nos llevarían al "desastre". Se apuesta por el fin de las ideologías, se defiende a capa y espada el neoliberalismo como único modelo posible, y se intenta por todos los medios desprestigiar a los que cuestionen las bases del sistema mediante sucias y vergonzosas campañas mediáticas. Sus argumentos serán implacablemente marginados, ignorados y tergiversados, y al sistema dominante se le presentará como "razonable", "sensato" y el único "posible". Se apela al fracaso de los intentos históricos de implantarlos (sin explicar sus verdaderos motivos, ni contar que la mayoría de ellos fueron abruptamente abortados por las élites dominantes), y se infunden en el pensamiento colectivo falacias de un calibre superlativo, que a fuerza de ser machaconas, van calando en el imaginario popular, creando un inequívoco velo de distorsión. De todo ello, son los medios de comunicación los mayores responsables. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 diciembre 2016 4 08 /12 /diciembre /2016 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Los medios de comunicación más masivos e influyentes son del mercado, de las grandes empresas tanto mediáticas como no mediáticas, no son ni el cuarto poder ni un contrapoder, son un brazo del primer poder que es el de las finanzas y las grandes empresas, a su vez bien articuladas por numerosos intereses

Ramón Reig

Ganar la batalla a los medios de comunicación dominantes, mientras se mantenga la falacia del "libre mercado", de la "libertad de expresión", de la "libertad de prensa", y similares, que únicamente pretenden salvaguardar su derecho a manipular por doquier a las masas, censurando toda opinión alternativa, es un difícil proceso. David Edward explicó en un artículo para el medio Rebelion.org el modelo de propaganda utilizado por estos medios de comunicación dominantes, basándose a su vez en la obra conjunta de Noam Chomsky y Edward Herman, y en sus opiniones vamos a basarnos a continuación. Este modelo de propaganda describe cinco "filtros" que determinan lo que se consideran "noticias", y por tanto, lo que aparece en los diversos medios de comunicación, bajo los diversos formatos. El modelo de Herman y Chomsky también explica cómo la disidencia frente a los medios de comunicación dominantes recibe poca o ninguna cobertura, mientras que los Gobiernos y el gran capital reciben fácil acceso al público para imponerle, mediante este constante goteo, sus mensajes corporativo-capitalistas. De ahí surge el imaginario colectivo popular, que uniformiza las mentes, las ideas, las actitudes y los pensamientos, determinando lo que está bien y lo que no lo está, lo que es normal y lo que no lo es. Por ejemplo, "el libre comercio es beneficioso", "la globalización es imparable", "nuestras políticas generan crecimiento económico y creación de empleo", "tratamos de resolver la pobreza", "nos importan las personas", y muchos otros. 

 

Ya hemos comentado en las entregas precedentes que la propiedad corporativa de los medios, sea ésta directa o indirecta, condiciona plenamente sus contenidos, sus líneas editoriales. Cuando esto se convierte en un oligopolio mediante el cual cuatro, cinco o seis grandes corporaciones controlan todo lo que se publica, lee, visualiza o escucha en el mundo, la situación está totalmente controlada en su beneficio. Debido al tamaño de estos grandes emporios, a la masiva concentración de la propiedad, a la inmensa riqueza de sus propietarios, y al imperativo capitalista de obtener los máximos beneficios de las corporaciones dueñas de los medios, difícilmente podría esperarse un resultado diferente. Los Consejos de Administración de estas grandes corporaciones mediáticas están formados por gente poderosa, acaudalada, con grandes redes de contactos a su servicio, y con plenos poderes para mover las "puertas giratorias" en su beneficio. Suelen ser enormes compañías diversificadas, con ramificaciones en otros muchos negocios, y por tanto, con intereses profundamente intrincados. Es difícil pensar, ante un escenario como el descrito, en la neutralidad de una prensa o de unos canales de televisión comprometidos con la deontología periodística, con el rigor, con la veracidad y con la pluralidad. Lejos de estos valores, la gran vorágine mediática está dominada por sus intereses capitalistas, y por su firme creencia en el dogma neoliberal. 

 

En sentido general, estamos provocando, al igual que ocurre en otras muchas áreas relacionadas con los derechos humanos (como la vivienda por ejemplo), que la libertad de prensa esté limitada simplemente porque los propietarios de estas grandes corporaciones mediáticas son firmes creyentes de la ideología de libre mercado, y aspirantes a mercantilizar todas las áreas que se pongan por delante. ¿Hasta qué punto es probable, entonces, que tales propietarios permitan que su propio periódico, emisora de radio o de televisión, critiquen sistemáticamente el capitalismo de libre mercado, que es la fuente de su riqueza material? Incluso los medios de apariencia más independiente en este sentido, no apostarán en realidad por una crítica al pensamiento dominante de manera radical, sino, como mucho, por pequeñas críticas parciales, que no cuestionan al sistema en su conjunto. El segundo filtro de este modelo de propaganda es la publicidad. Los medios tienen que atraer y mantener una alta proporción de publicidad en todos sus formatos y contenidos, en toda su programación y en todos sus horarios, para poder cubrir los costes de producción. La enorme publicidad desplegada por los medios representa hoy día un talón de Aquiles fundamental para su independencia. La renuncia a esta carga publicitaria podría significar, para muchos medios, su práctica desaparición, salvo en el caso de los medios públicos, que dependen de unos presupuestos estatales o locales, y que pueden disminuirla, incluso eliminarla (en este caso, como ahora ocurre con la corporación RTVE, la publicidad es la proporcionada por el gobierno de turno). 

 

La competencia entre los medios es feroz, la pelea constante por los índices de audiencia o de venta se convierte en una ardua tarea para publicistas, programadores, y creadores de contenidos, y la publicidad se convierte en un eje transversal de la programación de las medios, que no cesan de investigar y explorar nuevos formatos para canalizar e introducir descaradamente dicha publicidad en las mentes de los consumidores. La competencia se extiende a la capacidad para atraer a los anunciantes, y cualquier medio que obtenga menos publicidad que sus competidores se ve seriamente perjudicado. Y dada esta situación, es lógico pensar que los medios tengan que mostrar cierta "simpatía" hacia los propietarios del gran capital, de tal forma que poco a poco, los intereses capitalistas (y su amenaza de retiro publicitario) pueden bastar para afectar al contenido editorial. Y claro está, todo ello influye en la propia actividad de los profesionales ligados a dichos medios, que ven seriamente cuestionada su independencia y su libertad a la hora de publicar ciertas noticias, o de insistir en ciertos enfoques de las mismas. El capital y sus intereses van poco a poco mermando la libertad de prensa, van imponiendo sus criterios y sus normas, van chantajeando a los profesionales de los medios, que al final, se convierten en meros voceros o bufones de sus propietarios a gran escala. Llegado este punto, la tergiversación, la manipulación, el sesgo, la mentira, la ocultación y la falta de honestidad están servidas. 

 

Y lógicamente, todo profesional que se precie y que no quiera entrar en esta peligrosa dinámica, por sus propios principios y dignidad profesionales, se verá seriamente acosado, ninguneado e incluso hostigado y despedido. Y no es teoría. Podriamos contar miles de casos reales. En 1999, como recoge David Edward en el artículo de referencia, la empresa British Telecom amenazó con retirar su publicidad del Daily Telegraph después de la publicación por parte de este medio de una serie de artículos críticos. El periodista responsable de los mismos fue suspendido. En un estudio estadounidense de 1992, donde fueron consultados 150 redactores de noticias, un 90% de ellos declaró abiertamente que los anunciadores trataban de interferir en el contenido de los medios, y un 70% aseguró que trataban de eliminar por completo determinadas informaciones. Un 40% admitió que los anunciantes habían efectivamente influenciado en la publicación de determinadas noticias. Hay que acabar por tanto con el mecenazgo empresarial de los medios, si es que queremos ofrecer unos medios de comunicación libres e independientes. Porque como estamos viendo, un sistema basado en la publicidad hace que la supervivencia de las publicaciones se vea seriamente cuestionada si osan enfrentarse a los intereses de sus verdaderos dueños. Un modelo de medios de comunicación alternativos ha de prescindir absolutamente de la publicidad, de los anunciantes, de los contenidos patrocinados, de los contenidos embebidos en los casos de medios digitales, y de toda plasmación publicitaria sea directa o indirecta, palpable o subliminal. Aún nos quedan tres filtros más. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 diciembre 2016 4 01 /12 /diciembre /2016 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (50)

Nunca los medios de comunicación han sido un Cuarto Poder, ni han estado al servicio de los pueblos

Ángelez Díez (Profesora UCM)

Comentamos muy de pasada en la entrega anterior que gran parte de los conglomerados mediáticos que nos "informan" estaban controlados por la gran banca, asunto al que le dedicaremos mayor atención en las próximas líneas, basándonos en este artículo de ADICAE para el medio "El Salmón Contracorriente". Pues bien, vayamos al asunto: la gran banca participa directa o indirectamente en hasta 13 empresas relacionadas con la comunicación en nuestro país. Y así, periódicos (como ABC, La Vanguardia o La Razón), emisoras de radio, cadenas de televisión (como Telecinco o Antena 3), empresas de publicidad y productoras de cine presentan entre los miembros de sus Consejos de Administración a personalidades relacionadas con la banca, o directamente, el mismo banco es la entidad financiera que posee participación en dichas empresas, tales como el Sabadell, Santander, Caixabank o Banco Popular. Por ejemplo, Vocento es uno de los grupos de comunicación multimedia más grandes del país. El grupo engloba entre sus negocios al Diario ABC, la cadena COPE, los suplementos XL Semanal, Mujer Hoy y Hoy Corazón, y participa en el accionariado de la Sociedad Gestora de Televisión NET TV, que posee los canales de TDT Disney Channel y Paramount Channel. El Presidente de su Consejo de Administración también está presente en el Consejo de Administración de Banco Santander. 

 

Otro importante grupo mediático de nuestro país, el Grupo Planeta, que engloba medios como La Razón, Atresmedia, Onda Cero, Europa FM, u Onda Melodía, entre otros, tiene como Presidente al Vicepresidente primero del Banco Sabadell. El Grupo, más conocido como Editorial Planeta, tiene una participación dominante en el grupo Atresmedia, dueño de Antena 3, La Sexta, Neox o Nova, entre otros medios. Por su parte, Mediaset España, conocida por los canales que gestiona (Telecinco, Cuatro, FDF, Divinity, Boeing, Energy...) tiene como accionistas mayoritarios a la empresa italiana Mediaset (controlada por el magnate Silvio Berlusconi) y al Grupo Prisa, dueño de El País o la Cadena Ser. Además, entre los miembros de su Consejo de Administración encontramos a una Consejera del Banco Popular. El Grupo Prisa, por su parte, es responsable del Grupo Santillana (editorial) y posee también las publicaciones Cinco Días, o diario AS (deportivo). En su Consejo de Administración también se sienta un Consejero de Caixabank. Esta entidad financiera también tiene miembros de su Consejo en el Grupo Godó, propietario entre otros de La Vanguardia y Mundo Deportivo. Su Presidente, Javier Godó, III Conde de Godó y Grande de España, posee acciones en el banco y es Consejero de la entidad. Y así podríamos continuar con otros muchos medios. La lista es extremadamente larga e ilustrativa. 

 

En resumidas cuentas, la gran banca privada está presente de forma muy activa e importante en los Consejos de los medios, y evidentemente, dicta la línea editorial de los mismos, incide y controla lo que se nos cuenta y cómo se nos cuenta, y de todo ello podemos y debemos sacar las oportunas conclusiones. Pero la banca no sólo está presente en el negocio de los medios, sino que su control sobre ellos también se manifiesta por medio de la publicidad. Se han dado casos recientemente donde algún banco ha comprado directamente todas las portadas de los principales periódicos del país, para anunciar cierto producto o servicio. Con la crisis que están pasando los medios de comunicación de un tiempo acá, los ingresos por publicidad se han convertido en una fuente de financiación importante, así que no quieren perder ningún anunciante, y menos si éste es un banco que se gasta una importante suma en sus campañas de márketing, por lo que el medio de comunicación de que se trate hará todo lo posible por no contrariar a estos grandes inversores. La banca, de esta forma, chantajeará permanentemente a los medios, amenazando a éstos con cortar el grifo de la publicidad, para que actúen según la forma, el criterio y el fondo que ellos quieren imponer. Junto a la Iglesia Católica, el otro gran actor en la sombra que también controla los medios de comunicación (poseedora esta vez de la propiedad directa de algunos de ellos), ello explica la aparente "unanimidad" con la que los medios enfocan la inmensa mayoría de las noticias. 

 

Un banca privada que también está presente en el sector alimentario, que está muy ligada al resto de las empresas del IBEX-35, que tiene parte activa en el uso de los paraísos fiscales para el desvío de fondos hacia los mismos (los bancos gestionan directamente esta presencia a sus clientes), que es la responsable de los grandes desequilibrios que provocaron esta última crisis del capital transnacional de 2007, que constituye el sector más denunciado por las asociaciones de consumidores (debido a sus malas prácticas, a sus continuos fraudes y a sus permanentes abusos), que está detrás del grueso de las políticas neoliberales que se llevan aplicando desde hace décadas, que es la responsable principal de la gran deuda pública de los Estados (mediante el fraude que supone que puedan recibir dinero prácticamente gratis del BCE mientras lo cobran a elevados intereses a los Estados cuando compran su deuda), que es la responsable de los mayores fraudes a sus clientes protagonizados en los últimos años (participaciones preferentes, productos tóxicos, cláusulas suelo, desahucios, parques de viviendas vacías, hipotecas abusivas, etc.), y que además, por no extendernos mucho entre sus múltiples tropelías, son las que encabezan el ránking de empresas que invierten en armamento. Resumiendo, la banca privada es el gran cáncer de nuestra sociead, es ese parásito hematófago que nos lleva haciendo daño durante mucho tiempo, y la principal responsable del diseño financiarizado de la economía que nos exprime y nos esclaviza. 

 

Ante ello, la cantidad de información que al lector, oyente o televidente llega es mayoritariamente controlada por los poderes fácticos, últimos responsables del modelo de sociedad que tenemos. Y como ya advertíamos en el artículo anterior, es nuestra responsabilidad llevar a cabo este análisis, tener estos datos en cuenta, evaluar el grado de "información" y de "opinión" que se vierte sobre tal o cual noticia, profundizar en los análisis que nos hacen, diseccionar la información, sacar a la luz los intereses que las mueven, y obtener una versión más objetiva de la información en sí. El problema radica en que no hemos sido educados para ello. Los medios nos llevan ventaja. Juegan con ventaja. Tenemos que estar preparados para disminuir esa ventaja, y ello sólo se puede hacer si estamos educados, formados y preparados para ello. Los medios no analizan en realidad las causas de los acontecimientos, porque la inmensa mayoría de las ocasiones no interesan que las verdaderas causas salgan a relucir. Por ello, nos presentan los hechos y las consecuencias de los mismos, ignorando las causas. Interpelan a las emociones de los lectores, no al auténtico análisis de la situación. Esconden los motivos que desencadenan los hechos, y nos hacen análisis simplistas e interesados. Con todo ello, provocan que su lectura uniformizada de la realidad incida en la configuración mental que nos hacemos de lo que ocurre en nuestro país y en el resto del mundo. Como nos aconseja muy bien la socióloga y profesora de la UCM Ángeles Diez en esta entrevista para el medio Canarias Semanal, hay que hacer con las noticias que consumimos igual que hacemos con los alimentos y productos que compramos en el supermercado: darle la vuelta al paquete, para enterarnos de quién lo ha elaborado, qué componentes lleva, dónde se ha envasado, etc. Pues con las noticias, igual: darle la vuelta y ser capaces de interpretar qué grupo de comunicación está detrás de la misma, qué intereses tiene, qué periodistas nos la cuentan, etc. Todo ello nos ayudará a ser más críticos, y a no perdernos ante tanta manipulación mediática. Continuaremos en siguientes entregas.

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