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17 mayo 2017 3 17 /05 /mayo /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (62)

El uso manipulador del lenguaje es tan antiguo como el dominio de unos seres humanos sobre otros. Todos los dominadores, magos, religiosos, políticos, económicos, intelectuales, etc., utilizaron las palabras para confundir, aterrorizar, ocultar y mantener la ignorancia sobre las verdaderas relaciones de dominio y explotación. De ahí la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico, independiente

Vicente Romano (“La intoxicación lingüística”)

En la última entrega de esta serie ya adelantamos la patética razón para la elección del 3% como el valor al cual las autoridades de la UE obligan a los Estados miembro a reducir su déficit público. Nos lo explicaba el economista Juan Torres en este artículo, que estamos tomando como referencia, donde aseguraba que dicho criterio fue una invención de un funcionario francés, Guy Abelle, cuando su jefe le pidió alguna norma para que el Presidente Mitterrand pudiera frenar las demandas de más presupuesto que le hacían sus Ministros. De esta forma, algo absolutamente ridículo y creado para la ocasión con tal de justificar dicha decisión, hoy día se establece como una norma de obligado cumplimiento para esta fanática organización supranacional, este selecto "club" en que se ha convertido la Unión Europea neoliberal. Tal y como reconoció Abelle años después, el 1% o el 2% le parecía demasiado poco, mientras que "...el tres es una figura sólida que tiene detrás de él precedentes ilustres (...), un amplio eco en la memoria común: las tres Gracias, la Trinidad, los tres días de la Resurrección, los tres órdenes de la Alquimia, la Tríada hegeliana, las tres edades de Augusto Compte, los tres colores fundamentales, el acuerdo perfecto...la lista es infinita". Completamente ridículo. Pues aunque pueda parecer mentira, esa y no otra es la teoría o la "ciencia" económica que se esconde detrás de dicha decisión. Todo un engaño, que hasta el que fuera Presidente del Instituto Monetario Europeo, Alexandre Lamfalussy, reconoció sin tapujos: "Los gobernadores son gente demasiado honesta y que saben que los criterios son arbitrarios. Yo jamás habría aceptado cifras de este género". 

 

De esta forma, podemos concluir que el criterio del 3% de reducción del déficit público para todas las economías de los países de la Eurozona es una arbitrariedad, una farsa, pero además, algo completamente inútil para lo que aseguraban que iba a servir, es decir, para reducir la deuda. De hecho, como nos aporta Juan Torres, cuando esta cifra comenzó a utilizarse como criterio de obligado cumplimiento para todos los países, la deuda era aproximadamente de un 55% del PIB como media de los países europeos, y ahora, después de años de estricta aplicación, dicha media supera el 90%. El fracaso por tanto es rotundo. La falacia es total. La manipulación es absoluta. Y mientras, millones de vidas de personas, de hombres y mujeres europeos y europeas, se han quedado por el camino. Porque dicha absurda cifra les ha servido para destrozar millones de vidas humanas, para condenarlas a la precariedad, a la miseria y a la pobreza, mientras los beneficios de los más poderosos crecían sin cesar. La explicación está bien clara: dicha cifra ha sido sólo un recurso de los dirigentes europeos para disciplinar y someter a los Gobiernos (que a su vez lo han hecho sobre el conjunto de la población) y para anular su capacidad de maniobra, dirigiendo la economía de todos los países hacia los fanáticos postulados del neoliberalismo. Tomemos este dato como referencia, porque es un estupendo botón de muestra para comprender cómo funciona el pensamiento dominante. Esta es una buena prueba de su auténtica naturaleza: maléfico, absurdo, manipulador, sesgado, interesado, alienante, perverso, inútil. Hemos de huir de él como de la peste. Rompamos pues lanzas en pro del pensamiento alternativo, útil, liberador. Nunca me cansaré de recomendar esto. 

 

Pero si nos asusta esta tarea de desbancar al pensamiento dominante, o si la creemos utópica, pensemos por ejemplo en magníficas obras literarias que han demostrado lo contrario. Se me viene a la memoria como ejemplo la fantástica obra "Doce hombres sin piedad", de Reginald Rose, que fue llevada al teatro, y luego al cine protagonizada por auténticos pesos pesados de la escena (el papel principal para Henry Fonda), e incluso tenemos una versión a la española dentro de la serie dramática "Estudio 1" de TVE, emitida durante los años 70. Pues bien, en esta estupenda obra, como recordarán los lectores y lectoras que la conozcan, se expone cómo un solo hombre de un jurado popular consiguió convencer al resto (los que representaban al pensamiento dominante para el caso de asesinato que se juzgaba), haciéndoles razonar, enfrentarse a los hechos sin prejuicios y sin complejos, e inoculando en ellos la semilla de la duda razonable sobre la supuesta culpabilidad del joven procesado. Esta obra, junto con otras muchas, nos demuestra que sí se puede, que es posible vencer al pensamiento dominante, que es posible eliminar de las mentes y de las actitudes humanas la lacra del pensamiento único, y sacar a relucir sus falacias y sus mentiras, poniéndolo en evidencia. Es posible por tanto desenmascararlo y liberarnos de su dogal. Y puede que nos desanime el hecho de pensar que nosotros solos (cada uno de nosotros) no vamos a conseguir nada, que esto es tarea de todos, y que aún estamos a años luz de conseguir ganar la batalla al pensamiento dominante. 

 

Pero quizá precisamente el mayor reto que el pensamiento crítico tiene para poder desbancar al pensamiento dominante es erradicar la propia actitud conservadora de nuestra mente, que tiende a infravalorar todo aquéllo que no se conoce, que se ignora, que nos parece distinto a lo usual, que se enfrenta a lo establecido. Pensemos por un momento, y nos daremos cuenta de que todo lo que no conviene a los intereses del pensamiento dominante, o no gusta o no se entiende se etiqueta como "extremista" o "radical", que ya se han establecido en el lenguaje dominante como típicos adjetivos fetiche que el pensamiento dominante asigna sin más a todas las ideas o conceptos alternativos que se le enfrentan, o que ponen en entredicho sus bases conceptuales. Y así, se consideran "radicales" otros enfoques del trabajo humano que no sean los convencionales, se considera radical el reparto equitativo de la riqueza, se considera radical el proporcionar una renta básica universal, se considera radical oponerse al pago de la deuda insostenible, se considera radical aspirar a una sociedad laica, se considera radical aspirar a la igualdad absoluta entre hombres y mujeres, o se considera "buenista" (ingenuo) aspirar a la paz mundial, entre otros muchos ejemplos que podemos exponer. Las élites poderosas y las clases dominantes son las responsables de adscribir estos adjetivos a dichas propuestas, porque en el fondo sienten un miedo atroz a que los buenos ejemplos del pensamiento alternativo culminen con éxito, e ilustren a la humanidad otras formas posibles de ver el mundo, de entender la política, de analizar la realidad que nos rodea.

 

El pensamiento dominante pretende impedir a toda costa que se instauren dichas medidas, y la mejor forma de hacerlo es abortando lo más rápido posible cualquier intento de transformar el mundo para liberarlo del dogal de las ideas dominantes, y demostrar así que otras formas de vivir, de consumir, de gobernar, de repartir, de participar, son posibles. Pero lo cierto es que no lo conseguirán jamás, aunque intenten por todos los medios impedir por la fuerza la expresión y la difusión del pensamiento alternativo. De hecho, durante siglos las clases dominantes han oprimido al resto con el fin de asegurar sus privilegios, y su arma más poderosa, el pensamiento dominante, ha sido también su más fiel aliado entre los oprimidos. El pensador francés Simone de Beauvoir ya lo expresó de esta forma: "El opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos". ¿Y cómo conseguirlo? Inoculando en ellos la atávica fuerza de la creencia, el inmenso poder de un pensamiento, de un conjunto de ideas, que se implanten de forma subliminal pero inteligente, y que aseguren la dominación de una parte de la sociedad. Erich Fromm, un gran pensador al que ya hemos recurrido en entregas anteriores de esta serie, lo dejó expresado con gran claridad: "Un análisis de la sociedad histórica, con cinco o seis mil años de explotación de la mayoría por una minoría gobernante, revela con toda claridad que la psicología de dominancia y sumisión es una adaptación al orden social basado en el poder ejercido por una élite (...). Es, claro está, muy cómodo creer que la estructura social sea resultado de una necesidad innata del hombre y por ende natural e inevitable. La sociedad igualitaria de los primitivos demuestra que no es así". Continuaremos en siguientes entregas.

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10 mayo 2017 3 10 /05 /mayo /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (61)

Por tanto, no se trata de fomentar la expansión de la mente sino su constreñimiento; no se trata de que la persona ponga en cuestión las normas o lo que se le dice sino de que acepte que no hay alternativa, que no hay otra posibilidad a lo ya dicho. Se trata en definitiva de “cortarle las alas” al pensamiento ya desde la más temprana edad, se trata de construir piezas para el sistema. Así, la creatividad, la reflexión y la crítica son ahogadas desde bien pronto a cambio de tener ciudadanos dóciles y simples mentalmente, personas que siendo ya adultas serán incapaces de realizar ninguna crítica ni de plantearse ante cualquier cuestión o norma ni tan solo: ¿por qué?. El resultado pues son unos ciudadanos que no se hacen preguntas porque ni tan siquiera saben y que solo acatan lo que se les dice

Vicente Berenguer

En el artículo anterior de esta serie mostrábamos algunos ejemplos de cómo el pensamiento dominante coloniza las mentes en cuanto al pensamiento económico se refiere, pero no es la única manifestación ni faceta donde actúa. Porque igualmente, el pensamiento dominante también se atreve a desacreditar la ciencia cuando claramente entra y pone en grave conflicto de intereses cierta cuestión social o política. Un buen ejemplo de ello lo tenemos actualmente con el famoso asunto del cambio climático. Que el cambio climático como fenómeno causado por la acción del hombre es un hecho constatable, es algo que ya han demostrado multitud de científicos, de informes, de estudios, de experimentos y de foros internacionales. Sin embargo, para las clases dominantes, asumir este hecho y reaccionar en consecuencia para intentar frenar los perversos efectos del cambio climático supondría llevar a cabo una completa reorientación de sus políticas ambientales, y sobre todo energéticas. Y como esta reorientación iría lógicamente en contra de los intereses de los grandes grupos de poder (que son los que están detrás de las grandes empresas, de los grandes bancos y de los grandes medios de comunicación), lo que hacen es difundir campañas de información engañosas, intentando desacreditar los innumerables estudios científicos que avalan el cambio climático como un hecho, que instan a desarrollar un cambio profundo en las políticas actuales. 

 

Lo que hacen es situar el foco de atención en otras explicaciones, normalmente tan absurdas como ridículas. Como disponen de grandes ejércitos de medios, de periodistas y de profesionales de todo tipo a su servicio (patronatos, fundaciones, tanques de pensamiento, etc.), elaboran, publican y difunden contrainformes que desacreditan los datos emitidos por la comunidad científica, y así al menos, siembran en la ciudadanía la duda y el falso debate. Obsérvese como claro paradigma de lo que decimos las políticas que el nuevo Presidente de los Estados Unidos, el magnate Donald Trump, está implementando en este terreno: desmontaje de la Agencia de Medio Ambiente, retirada de los Acuerdos Climáticos de París, recuperación de las fuentes de energía procedentes del carbón, y retirada de subvenciones a las empresas que fomenten las energías renovables, y todo ello bajo el falso mantra de que "El cambio climático es un cuento chino". Otro ejemplo más, de los muchos que llevamos expuestos durante toda esta serie de artículos, de la vergonzante impunidad del pensamiento dominante, y de hasta qué punto pueden ser peligrosas para la humanidad las élites políticas, económicas y sociales que nos gobiernan. En el fondo de la cuestión, la misma explicación de siempre: poner los intereses económicos de estas élites por encima de cualquier otra consideración de índole social, política o cultural que pueda hacerles sombra, amenazando con disminuir sus enormes privilegios. 

 

Bien, prometí en su momento (cuando exponíamos la importancia de hacer la siempre sabia pregunta: ¿por qué?) dar respuesta a mis lectores/as sobre el motivo para la famosa y enigmática cifra del 3% del PIB como límite permitido para el déficit público de los países de la Eurozona, aunque ya advertimos entonces de que no existía respuesta para esa pregunta. Insté a mis lectores/as a preguntarse constantemente sobre el por qué de las decisiones que no se entiendan, a cuestionarse los intereses que hay detrás de ellas, de los auténticos motivos que las mueven. Pues bien, vamos a ello. El Catedrático de Economía Juan Torres (autor del libro cuya portada hemos reseñado en la imagen de entradilla) explica en este artículo la razón de la decisión del 3%. Vamos a seguir su explicación. Comienza su artículo con una buena pregunta: "¿Cómo se justifica que se pueda "perdonar" el déficit que genera el gasto militar y no el gasto necesario para salvar vidas humanas o el empleo y los ingresos de millones de personas y empresas? No hay respuesta para esta pregunta".  Aún hoy intentan convencernos de ello. El Ministro Montoro, dentro del contexto del debate parlamentario sobre los Presupuestos Generales del Estado, se refería hace pocos días a la "borrachera de gasto público" que había practicado el Estado, lo cual, según él, había generado la crisis. Es tremendo que después de tanta corrupción destapada y después de tantas políticas económicas inútiles para su cometido (aunque muy útiles para su cometido encubierto), aún pretendan engañarnos de esta forma. 

 

Retomo de nuevo las palabras de Torres López: "Se dijo por activa y pasiva que los recortes sociales y las ayudas multimillonarias a la banca eran la condición necesaria para recobrar la actividad y el empleo, para reducir la deuda y para asegurar definitivamente el sistema financiero. Pero lo cierto es que desde que empezaron a aplicarse en la Unión Europea al estallar la crisis hay unos siete millones menos de empleos a tiempo completo, seis millones más de parados, otros casi seis millones más de empleos no voluntarios a tiempo parcial (en la UE28), cinco millones más de personas en riesgo de pobreza y 35 puntos más sobre el PIB de deuda pública (en la Eurozona). Y los bancos se siguen encontrando en insolvencia y muchos de ellos a punto de estallar de nuevo en cualquier momento. Pero eso no es sólo un fracaso o un error sino un engaño porque eran multitud los economistas que habían advertido que esto era justamente lo que iba a ocurrir cuando las autoridades decían a los ciudadanos que sus políticas frente a la crisis eran seguras, las adecuadas y plenamente infalibles". Disfraz, engaño, perversión económica. Debacle social y humanitaria. Más riqueza para los ya ricos. Estos han sido exactamente los efectos. Y aún siguen defendiéndolos. Y aún continúan imponiéndolos. Aún siguen intentando colarnos bulos, engaños y estafas. Aún continúan en su afán de enriquecer a los más ricos, y hundir en la miseria a los más pobres. 

 

Pues bien, Juan Torres (y muchos otros economistas que se escapan del pensamiento económico convencional) sostiene que el criterio del tres por ciento no tiene base científica alguna. Asegura que no hay nada, absolutamente nada que lo justifique. Se podría haber puesto en su lugar el 1, el 5 o el 30%, con el mismo fundamento económico, esto es, ninguno. Y aquí viene la explicación para tan absurda medida: El criterio del 3% del PIB como límite para el déficit público se lo inventó un funcionario francés, Guy Abeille, cuando su jefe le pidió alguna norma para que el recién elegido Presidente Mitterrand pudiera frenar las demandas de más presupuesto que le hacían sus ministros. En unos minutos tuvo que inventarse algo, siendo plenamente consciente de que no había ningún economista ni teoría económica alguna que proporcionara fundamento para algo así. Pero como tenía que ofrecer rápidamente una solución a sus superiores, se decidió por el 3%. Estos jerifaltes de la Unión Europea lo han adornado con todo tipo de absurdos razonamientos, lo han aliñado con otras cifras en cuanto a deuda pública, y otras cifras macroeconómicas, y lo han vendido como el sancta sanctorum de los planes de la Troika. Al principio, estos "objetivos de convergencia" fueron vendidos como una simple "recomendación", pero con el reforzamiento de ese pensamiento dominante, hoy día es una plena exigencia de la Unión, que controlan en cada país mediante sus "hombres de negro", que negocian para cada año, y que establecen sanciones a los países que lo incumplen. Como decimos, se trata de darle apariencia técnica, científica y rigurosa a lo que sólo es un absurdo económico. Continuaremos en siguientes entregas.

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3 mayo 2017 3 03 /05 /mayo /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (60)

Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?

Antonio Gramsci

El pensamiento dominante también afecta a la ciencia, en el sentido de instrumentalizarla hacia la consecución de sus fines, que no son otros que difundir un cierto pensamiento económico y científico que beneficia a las élites en detrimento de las clases populares. Como tantas veces hemos afirmado, la economía es quizá el bastión donde se centralizan todas estas tendencias, intentando convencer de que la economía es una ciencia exacta, y desde ese punto de vista, difundir que las tesis económicas que se adhieren a las corrientes neoliberales son las únicas posibles, desacreditando al resto de corrientes de pensamiento. Vamos a rescatar en este sentido una reciente entrevista realizada al economista Eduardo Garzón, realizada por Andrés Villena para la Revista "Contexto y Acción", donde intenta explicar este fenómeno. De entrada, las Universidades, los tanques de pensamiento, y por supuesto los medios de comunicación como voceros de todos ellos, intentan difundir al máximo las tesis económicas dominantes. Todo un ejército de economistas a sueldo de grandes empresas y fundaciones se esmera en publicar trabajos para difundir los mitos económicos dominantes. Precisamente Eduardo Garzón acaba de publicar un ilustrativo ensayo titulado "Desmontando los mitos económicos de la derecha", que intenta rebatir todos estos mitos. 

 

Pero ¿qué son basicamente estas tesis? Pues un laberinto de razonamiento con apoyo matemático destinado a enmascarar una ideología al servicio de la conservación del status quo y de los privilegios de las clases dominantes. Eduardo Garzón lo ha expresado así: "Esta es una de las trampas de la ciencia económica convencional: tratar de presentar una ciencia social como una ciencia exacta a través de fórmulas matemáticas y de ecuaciones, disfrazando algo que en realidad es una ideología". ¿Cómo se forman nuestros actuales y futuros economistas? La Universidad ejerce un adoctrinamiento sutil como proceso de aprendizaje. No se acepta que la economía no es una ciencia exacta, sino una ciencia social, y desde este punto de vista, la ciencia económica es algo muy plural, con múltiples y posibles enfoques. El problema es que se enseña sólo uno de ellos, privando al alumnado del conocimiento de otros enfoques distintos al convencional. Lo que es meramente una teoría económica se transmite como LA (única) teoría económica posible, sin otras alternativas. Y bajo el sustrato de la exactitud de dicha ciencia, se intenta convencer de que otros enfoques no son posibles. Los economistas que terminan sus estudios acaban pensando que el enfoque aprendido es el único posible, y luego trasladan dichos enfoques en su actividad profesional, tratándolos como la verdad absoluta. Sin embargo, todo tiene mucho más que ver con la ética, con la moral, con la política y con el poder, que con la resolución de un problema matemático. 

 

Retomemos de nuevo las palabras de Eduardo Garzón: "Por ejemplo, si un Ayuntamiento tiene un presupuesto para construir o bien un colegio o bien una iglesia pero no las dos cosas, ese problema no tiene una única solución, no va a haber ninguna ciencia exacta que nos diga qué hacer. Eso dependerá más bien de las preferencias de cada una de las personas que se vayan a ver afectadas por esta decisión, lo que nos traslada a un ámbito subjetivo y de opinión. Por tanto, cuando uno intenta aplicar a esta realidad tan compleja y tan subjetiva herramientas matemáticas, no está utilizando instrumentos verdaderamente útiles para entenderla". Pero en vez de ello, la corriente económica convencional parte de una serie de premisas que son expuestas como verdades indemostrables, que se dan por ciertas y que constituyen las reglas del juego que condicionan los resultados de la aplicación de la lógica matemática. Pero estas premisas no tienen por qué asemejarse en absoluto a la realidad. Y cómo no, este enfoque dominante tiende a fortalecer el status quo y los intereses de las poderosas élites. Eduardo Garzón (a preguntas del entrevistador) pone el ejemplo del mercado. Mientras los economistas convencionales tienden a ver el mercado como un resultado del orden espontáneo, del libre intercambio entre las personas, y que cuanto más desregulado esté, mejor, Garzón lo entiende de otra forma. Porque en realidad, todas estas reglas han sido creadas por el ser humano, y por las autoridades competentes, y responden a decisiones políticas que pueden ser autoritarias o democráticas. De hecho, cada uno de los mercados que existen en el mundo es distinto porque responde a decisiones políticas y a contextos diferentes. 

 

Y así, cuando se afirma que se va a "desregular" el mercado, en realidad lo que se está queriendo decir es que se va a regular en función de otros intereses distintos a los existentes. Y lo que se vende como una "necesidad demostrable científicamente", no es que más que una opción y una decisión política. Los mercados siempre están regulados. Los neoliberales abogan por una regulación de los mercados que no proteja a ningún colectivo frente a otro y donde cada uno juegue con el poder que tiene. Y de esta forma, vende su concepto de la "igualdad" desde la implícita desigualdad. Este es el error del neoliberalismo: no tiene en cuenta que nacemos con unas reglas del juego trucadas y con agentes económicos que tienen muchísima más influencia y poder, por lo que se acaba imponiendo la ley del más fuerte. En torno a todo ello, el pensamiento dominante elabora toda una serie de proclamas falaces: "El dinero está mejor en el bolsillo de los contribuyentes", "Hay que apoyar a los emprendedores", etc. Pero no se paran a pensar que un autónomo, por muy buena voluntad que tenga, si comienza su negocio y tiene que competir con las grandes empresas transnacionales, que tienen muchos más medios, poder e influencia, va a acabar perdiendo siempre. La solución por tanto no es darle más libertad al autónomo, ni rebajarle cuotas impositivas (para pagar menos impuestos, que es otro de los mantras neoliberales). La solución está precisamente en el control de los abusos de poder de esas grandes empresas, lo que requiere rediseñar las reglas del juego, es decir, "regular"  los mercados justamente en el sentido en que a las élites dominantes no les interesa. 

 

La actividad y el poder monetario (de fabricar dinero) también es otro mito del pensamiento económico dominante. Se nos vende la idea de que poco menos está mal visto que el Estado crea y ponga dinero en circulación, mientras que ello se ve bien para las empresas. Por ejemplo, los bancos crean dinero diariamente al conceder créditos, incrementando la cantidad de dinero en circulación. No se dice entonces nada con respecto a la posible inflación, y sin embargo, cuando lo hace el Estado, sí se entiende como un peligro. Se trata por tanto de una postura puramente ideológica: nos han ocultado que los bancos crean dinero, pero sin embargo nos han dicho que sería perjudicial que lo hiciera el Estado. Hay que darle la vuelta al argumento dominante: un Estado puede y debe crear dinero sin que las cosas empeoren, y es bueno disponer de esta herramienta y hacer uso de ella cuando haga falta para garantizar la satisfacción de las necesidades sociales de su población. En el fondo de la cuestión, detrás del pensamiento económico dominante se oculta un profundo desprecio al Estado como entidad pública, mientras se venera la actividad económica de las empresas privadas. Eduardo Garzón concluye que "hoy día el dinero es una herramienta secuestrada". Actualmente, la creación de dinero y su puesta en circulación sólo responde a decisiones del sector privado, mientras que la vía para generar dinero desde lo público está constreñida y limitada por disposiciones y reglas sobre el déficit público, sobre la deuda pública, sobre su financiación, etc. Porque el hecho es que la creación de dinero fue privatizada hace tiempo, y cada vez se intenta privatizar más, y esto responde, una vez más, a decisiones ideológicas más que a necesidades técnicas. La diferencia es fundamental: cuando los bancos crean dinero, hacen negocio con él. Cuando es el Estado el que lo crea, nadie se lucra (en un entorno sin corrupción, claro está, es decir, controlado democráticamente). Esta es la diferencia. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 abril 2017 3 19 /04 /abril /2017 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (59)

El poder sabe que las religiones distorsionan la realidad a su favor y pueden ser vehículos fundamentales para socializar la historia y la actualidad de un modo falso, controlando las conciencias de los individuos a través de edictos o proclamas morales ancladas en creencias basadas en la fe

Armando B. Ginés

El poder de la Iglesia Católica en nuestro país llega a ser realmente impresionante, pues poseen cientos de edificios de su propiedad (por los que no pagan impuestos), reciben de los Presupuestos Generales del Estado grandes cantidades para su financiación, y están presentes, directamente o mediante sus instituciones allegadas, en gran parte de las actividades públicas y privadas que se organizan diariamente. No es momento ni lugar, ni por otra parte podemos hacerlo, para debatir a fondo, analizar y presentar una postura crítica ante el fenómeno de la religión. Para los lectores y lectoras interesadas, les recomiendo nuestra breve serie de dos artículos titulada "Dios, la Moral y la Religión desde una óptica marxista". Allí dimos un enfoque de la religión más profundo, pero aquí no se trata de esto, sino de exponer la presencia de la Iglesia como elemento fundamental y modulador del pensamiento dominante. Nuestra tarea en esta serie de artículos ha pretendido únicamente denunciar aquéllos esquemas difundidos por el pensamiento dominante, sus métodos de transmisión y de control, y cómo podemos actuar contra ellos, para combatir la alienación que nos provocan. Luego por tanto, y volviendo al tema que nos ocupa, no podemos ni debemos cuestionar las creencias religiosas por sí mismas (aunque como marxistas tengamos lógicamente nuestro propio planteamiento). 

 

Sólo debemos poner de manifiesto el aberrante poder de la Iglesia Católica como institución en nuestro país, e intentar hacer ver a nuestros lectores/as la necesidad de que dicha institución y todo lo que ella representa, desaparezca de la vida pública, de todas sus manifestaciones, y queden relegadas a su presencia únicamente en el ámbito privado. Los fines sociales han de responder a principios de justicia y solidaridad, no a la caridad individual. Y a una política de Gobierno, que no puede depender de la discrecionalidad de la casilla que se marque en un impreso. Además, el 40% de lo que se obtiene por "fines sociales" también va a organizaciones que dependen de la Iglesia Católica. Simplemente, no deberían existir estas casillas en el impreso de declaración del IRPF. De hecho, la organización Europa Laica insta a la ciudadanía a no marcar ninguna de estas casillas. La política fiscal no tiene por qué depender de las decisiones particulares de cada ciudadano. La tiene que establecer el Estado. Denunciamos por tanto no a la Religión, en mayúsculas, por sí misma, como fenómeno social y humano, como manifestación antropológica, histórica y cultural de masas, sino a la influencia de la religión en la vida pública, porque entendemos que la vida pública debe funcionar bajo el imperio de la política, y no bajo el imperio de la fe. La fe de cada persona es algo íntimo, privado, propio de cada cual (o la ausencia de dicha fe), pero la vida pública es la vida colectiva, es la vida de todos, y se tiene que regir por otros parámetros. 

 

Se tiene que regir por parámetros sociales consensuados por todos, democráticamente, se tiene que regir por la Ley, por la razón, por procesos y métodos racionales, fiables, contrastables, medibles y cuantificables, se tiene que regir por la política, que es la ciencia que nos dibuja el mundo al que queremos dirigirnos. La política no puede ser guiada por la religión, porque simplemente tendríamos un conflicto de intereses, porque política y religión se mueven en dimensiones distintas. Por ello debemos defender, propugnar y luchar por un Estado Laico, que es aquélla configuración del Estado, que, siendo profundamente respetuosa con todas las religiones, prohíbe expresamente vincular cualquier actividad, símbolo o manifestación religiosa con la vida pública e institucional. Pero debemos cambiar nuestros esquemas mentales también en otros muchos ámbitos. Por ejemplo, debemos abrirnos al ámbito científico. Es un hecho contrastable y demostrado que el cambio climático es una realidad, o que las energías renovables deben tomar el control y el protagonismo sobre las anteriores energías contaminantes, sucias y peligrosas. Si no estamos abiertos al hecho científico, a la evolución de la ciencia que nos muestra cada vez más y mejor determinados aspectos de nuestra realidad, la vida pública, la política y la sociedad continuarán anclados en el pasado, sin posibilidad de renovación. Es la ciencia la que a lo largo de toda la Historia de la Humanidad ha mostrado al hombre la realidad en la que vive, y le ha ayudado a entender los fenómenos que no comprendía. Sólo la fe intolerante y ciega ha cortado el camino a la ciencia en muchas ocasiones, y esto es algo que no puede volver a ocurrir. 

 

Pero además de todo ello, también habíamos hablado de esa revolución individual, de ese cambio de actitud personal, de esos cambios en nuestras escalas de valores. Ejemplos como someterse lo menos posible en el trabajo, recuperar la conciencia colectiva de los bienes públicos, reivindicar nuestras ideas en la intimidad y en público, ayudar a concienciar a los demás, con el mismo espíritu crítico que empleamos con nosotros mismos, trabajar para vivir y no al revés, deshacernos de los dogmas capitalistas, desprendernos del culto al dinero, a las posesiones materiales, tener siempre presente la lucha de clases, tener muy claro que la empresa y los empresarios son enemigos de la clase trabajadora, por mucho que disfracen esta lucha de clases bajo una aparente "amistad". Aprovechar nuestro tiempo libre intentando someternos lo menos posible a los paradigmas alienantes del sistema, a los dogmas cerrados, que también son difundidos por el pensamiento dominante. Recordar la famosa pregunta: "¿Por qué?". Consumir menos, lo realmente necesario para una vida digna, para un consumo responsable, endeudarnos lo menos posible. Renunciar a la posesión de bienes, productos o servicios que no necesitemos, renunciar a todo culto al lujo, al lucro personal, a los ingresos innecesarios, al trabajo obsesivo. La emancipación o liberación intelectual ha de ser completa, teórica y práctica, no debemos conformarnos con una huida interior, con un "yo no me lo creo", o un "todos son iguales", o un "a mi no me engañan". Con ello estaremos practicando una rebeldía de andar por casa, una rebeldía inofensiva para el sistema. 

 

Debemos también usar el derecho al voto de forma inteligente, coherente, sin perder de vista que otro sistema, otro mundo y otro pensamiento son necesarios y posibles. No son utopías. Es nuestro deber y nuestra responsabilidad luchar por ellos, pues, entre otras cosas, es el legado que vamos a dejarle a las generaciones venideras. Debemos votar a los partidos que apuesten por cambios profundos, radicales, del sistema, que defiendan el desarrollo pleno e integral de la democracia y de los derechos humanos, de los animales y del planeta. Que concedan derechos a las personas, pero también a los pueblos y a la naturaleza. Y si no los encontramos, o éstos también nos traicionan, debemos seguir siendo críticos, practicando la abstención o el voto en blanco, como forma de boicot, de sabotaje al sistema. Huir de los lacayos del sistema, de los serviles a los poderosos, de los bufones de los mismos, de sus vasallos, vengan de donde vengan, y estén donde estén. Practicar en todo momento, lugar y actividad la rebeldía, el inconformismo, la inteligencia, la crítica, la independencia, la razón, la conciencia, el activismo, la reflexión, el análisis profundo, la ética personal y profesional, los principios y convicciones, la coherencia, la valentía, la mente abierta, el pensamiento libre, la determinación, la fuerza de voluntad, la dignidad, la libertad. Sólo así nos convertiremos en piezas peligrosas para el sistema, en firmes cuestionadores del pensamiento dominante, y en embajadores del pensamiento alternativo, que podrá expandirse por toda la sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 abril 2017 3 12 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

El meollo del asunto estriba en liberarse del miedo, una emoción muy arraigada en el corazón humano. El miedo ha estado en el origen de la mayoría de las religiones, el miedo ha sido la fuente de la mayoría de los códigos morales, el miedo conforma nuestros instintos, en nuestra juventud nos inculcan el miedo y, en definitiva, el miedo está en el fondo de todo lo que es malo en el mundo. Una vez nos hemos liberado del miedo, tenemos toda la libertad del universo

Bertrand Russell

El dogma religioso, opuesto a los principios y valores democráticos, lleva a desarrollar una oposición radical a determinadas leyes cuya finalidad es reconocer derechos a personas, a animales, incluso a la propia naturaleza, como han sido históricamente las leyes del divorcio, el aborto, la liberación de la mujer, el matrimonio entre homosexuales, etc., que han encontrado siempre la activa y feroz oposición de la Iglesia Católica y de sus más encarnizados fieles. Por supuesto, estas leyes no obligan a nadie a divorciarse, a abortar, ni a casarse con una persona del mismo sexo, simplemente reconocen el derecho a poder hacerlo a las personas que lo deseen y cumplan los pertinentes requisitos legales. Por tanto, estas leyes no afectan a los fieles católicos que no deseen ejercer este tipo de derechos, y en todo caso, si desean ejercerlos, lo harán bajo el pleno uso de su libertad. Se trata por tanto de leyes que respetan el cumplimiento de las normas morales católicas para sus fieles. Sin embargo, la jerarquía católica pretende siempre que todos los ciudadanos, quieran o no, se sometan a sus normas morales, y que las leyes civiles, independientemente de lo que opine la mayoría del pueblo, se ajusten a sus creencias, que para ellos representan la verdad absoluta. Podemos encontrar un fantástico ejemplo de ello en la reciente polémica creada por el ya famoso autobús transfóbico de la organización ultracatólica Hazte Oir, que presenta sus intolerantes y aberrantes mensajes como una defensa "frente al totalitarismo de la ideología de género". 

 

Es decir, para ellos, las leyes aprobadas democráticamente representan la imposición de una ideología, y en cambio no dicen nada de la auténtica imposición a sangre y fuego del adoctrinamiento católico durante siglos en los cuerpos y las mentes de las personas. Absolutamente ridículo e indignante. Con esta idea fundamentalista, la jerarquía eclesiástica se opone férreamente a dichas leyes, convocando y participando, conjuntamente con la derecha católica, a la difusión de este aberrante pensamiento dominante, apoyándose precisamente en la falacia de que la mayoría de la población se declara católica en nuestro país. Y así, en sus manifestaciones no defienden únicamente una opinión contraria a la mayoritaria, sino que defienden la verdad única y absoluta, lo que conduce a la crispación cívica y política, cuyas consecuencias son difíciles de prever. En el ejemplo del autobús de Hazte Oír, se han levantado auténticos revuelos populares cada vez que el dichoso mensaje entraba en alguna ciudad, pues la inmensa mayoría no entendía cómo es posible que en pleno siglo XXI puedan defenderse dichos mensajes de odio e intolerancia hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. Pero el fanatismo de la Iglesia Católica no entiende de derechos humanos, sino de su dogma de fe. Para ellos, el ser humano es creación de Dios, y evitan todo cuestionamiento social o científico sobre su naturaleza que se separe del dogma religioso. Por ejemplo, en el caso del aborto tenemos un ejemplo muy ilustrativo: para ellos, en el mismo momento de la fecundación Dios pone un alma humana en dichas células, y por ello se convierte en algo absolutamente sagrado. Por eso entienden que el aborto es un asesinato. 

 

Incluso su oposición fanática, radical y enfermiza a muchas leyes les lleva a veces a promover abiertamente la desobediencia civil (algo que está lógicamente justificado en los casos de opresión de los pueblos o de las ideas, lo cual no es el caso), exigiendo, por ejemplo, a los abogados y jueces católicos que no tomen parte en las prácticas y decisiones derivadas de dichas leyes. La Iglesia Católica ha sido y es institucionalmente una asociación antidemocrática y fundamentalista, fuente de guerras y de violencia, y su fuerte expansión ha sido una de las causas principales que ha impedido el progreso social de los pueblos, oponiéndose en muchos casos al desarrollo de la ciencia y del conocimiento, y defendiendo sus privilegios por encima de las leyes. Esta postura sigue manteniéndose en la actualidad, por lo cual podemos concluir que la separación entre la Iglesia y el Estado es un objetivo fundamental para el desarrollo de una sociedad verdaderamente democrática. No obstante, un sistema democrático debe respetar escrupulosamente la ideología de los creyentes y la existencia de la institución católica, entendiendo que, aunque su estructura no es democrática, es aceptada libre y voluntariamente por sus fieles y adeptos. Pero no se puede tolerar bajo ningún concepto, que cualquier creencia religiosa dispute preceptos a la ciencia o al progreso social de los pueblos, que es tanto como decir a la democracia. Y en este sentido, el Concordato de 1979 y muchos Convenios con la Santa Sede son contrarios a las normas de la democracia, que implican la existencia de un Estado aconfesional. Tampoco es admisible que el Estado y su administración pública, que nos representan a todos, admitan la injerencia de la Iglesia Católica en su seno y sus actos civiles. 

 

Y abundando en ello, el Estado tampoco debe financiar centros privados o concertados de enseñanza, ni homologar automáticamente sus sistemas docentes. Ello no va en contra de la "libertad de enseñanza" (una libertad falaz que no existe), sólo propugna que la enseñanza privada se financie con recursos privados y que cumpla los cánones exigidos por el poder civil para que pueda ser homologada como enseñanza oficial. Por otro lado, el aparato del Estado, y en particular el Gobierno, tienen el deber ético de informar al conjunto de la ciudadanía de las características de cualquier religión en lo que se refiere a sus vulneraciones de derechos humanos y de las normas democráticas, con el fin de que el ciudadano o ciudadana que decida libremente formar parte de la institución católica (u otra cualquiera), lo haga con pleno conocimiento de causa. La falta tradicional de respeto y acatamiento de la Iglesia Católica al poder civil y su negativa real a una separación de los poderes eclesiástico y civil, constituyen un peligro real para el desarrollo democrático de nuestro país, y una pieza fundamental en la difusión del pensamiento dominante. Y ello porque la religión (todas ellas) nos impone un dogal, un límite para nuestro pensamiento racional, prohibiendo todo aquéllo que se sale del dogma religioso, es decir, de su verdad única y absoluta. Cualquier cuestionamiento del dogma provoca el rechazo del sujeto por parte de la orden religiosa. Se impide por tanto el pensamiento reflexivo y crítico, el pensamiento alternativo. Se cultiva el pensamiento obediente y receptor, único, que deriva en el colonialismo de las mentes, del cual es muy difícil salir. Por todo lo cual, la Iglesia Católica (todas en general) deben ser excluidas del ámbito democrático, es decir, del ámbito público. 

 

Y el pensamiento dominante (que no es precisamente el que propugna un Estado Laico) defiende, legitima y justifica que la religión ocupe tan preponderante lugar en la vida pública e institucional del país. Y todo ello, a lo largo del tiempo, se va traduciendo en que no sólo el propio modelo educativo, sino la moral, la escala de valores, los símbolos religiosos, las costumbres, el folklore en una palabra (concepto que resume todo el patrimonio cultural de un pueblo) se va impregnando de la cultura religiosa, y va asumiendo su comportamiento y su representatividad bajo los parámetros de influencia y presencia de la religión. Llega un momento en que la religión, que debería ocupar un lugar sólo en nuestros rincones y espacios más íntimos, ocupa casi todas las manifestaciones del Estado: la Pascua (incluso militar), la Semana Santa, las fiestas oficiales, las tomas de posesión, los homenajes a las víctimas de accidentes o catástrofes, los colegios públicos, los actos de nombramientos y celebraciones oficiales, unidos a la presencia de los representantes de la vida religiosa: monjas, curas, diáconos, capellanes, obispos, catequistas, curas castrenses, cardenales, y un largo etcétera, que se mezclan con los representantes oficiales del pueblo: alcaldes, concejales, diputados, senadores, presidentes de comunidades, ministros, mandos militares, el Rey...formando una mezcla finisecular entre el aparato del Estado y la jerarquía eclesiástica. Un peligroso tándem que hay que romper firme y decididamente. Mientras ese tándem no se rompa, continuará en las mentes de las personas la idea de la plena asociación de la "verdad" religiosa con la "verdad" pública, civil y democrática. Y como estamos demostrando, dichas "verdades" van por caminos antagónicos. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 marzo 2017 4 16 /03 /marzo /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://manodestacionescap.blogspot.com.es/

Fuente Viñeta: http://manodestacionescap.blogspot.com.es/

Tener fe y confianza son hábitos peligrosos. Todas las instituciones dedicadas a nuestro adiestramiento presentan la fe y la confianza como virtudes. Quien cree y se fía es buena persona, dicen los de arriba. Para el adiestramiento en la fe y en la confianza se introdujo también la enseñanza de la religión

Vicente Romano (“La formación de la mentalidad sumisa”)

Nos encontramos en la recta final de ya extensa serie de artículos. Sólo nos queda tocar unos pocos asuntos para intentar (siempre se nos quedarán muchas más cosas en el tintero, aunque intentamos recoger una radiografía fundamental) redondear la imagen que queremos ofrecer sobre la fortaleza y las herramientas aliadas del pensamiento dominante. Y otro tema que domina buena parte de nuestra vida pública y privada, instaurado también bajo el dominio del pensamiento único, es el relativo a la religión. En la actualidad, existen alrededor de 10.000 religiones en nuestro planeta. Y cuatro de cada cinco personas en el mundo se definen a sí mismas como religiosas. Por tanto, es fácil concluir que el pensamiento dominante, a nivel internacional, está muy ligado al culto a estas religiones. Evidentemente, unas tienen más peso que otras, y no todos los países se enfrentan a este fenómeno de la misma manera. De hecho, las principales religiones (cristianismo, islamismo e hinduismo) aglutinan aproximadamente a dos tercios de la población mundial actual. Precisamente, comentamos ya hace unos cuantos artículos que una característica del dogma neoliberal es convertir casi en fe sus preceptos. Es lógico que se apoye y se refuerce por tanto en la mentalidad de individuos que ya son proclives a cualquier religión, pues la fe, como sabemos, es el campo de la religión por excelencia, aquél donde ésta puede brillar con luz propia. 

 

En efecto, desde la base del propio modelo educativo, el sistema nos prepara para la fe. La religión (todas, no sólo la Católica) nos introduce en el mundo de lo inmaterial, de lo oscuro, de lo imperceptible, de lo milagroso, de lo sobrenatural, de lo divino. Todo lo contrario de lo que propugnamos desde una mentalidad racional. Y de esta forma, más allá de los preceptos fundamentales que cada religión nos brinde, se nos va imponiendo también, poco a poco, cierta moral, cierta escala de valores, cierta visión del mundo. Y todo ello no sería un problema tan grave si quedara únicamente en el ámbito familiar, íntimo y privado, lo peor de todo es que, a lo largo de la Historia, la religión ha llegado a tener tanto poder, que su influencia ha sobrepasado el ámbito del culto íntimo, privado y familiar, para pasar al ámbito de lo público, de lo oficial, de lo gubernamental. Voy a seguir a continuación algunos pasajes del fantástico texto "La democracia en España: engaño y utopía", de Francisco Badarán, en las páginas que se refieren a la Iglesia Católica y su nociva y tóxica influencia en nuestra sociedad. Ya durante la dictadura franquista, la identificación del poder civil y eclesiástico fue tal que, por ejemplo, el régimen, en connivencia con la Iglesia, impedía estudiar una carrera técnica o universitaria a las personas que no habían sido bautizadas. Es sólo un ejemplo de hasta dónde llegaban los tentáculos del nacionalcatolicismo, durante aquélla etapa negra de nuestra historia reciente. Pero vengámonos al presente, ya que en muchos otros artículos ya hemos analizado (y continuamos haciéndolo) el perverso papel de la Iglesia durante la historia de la humanidad. 

 

La Constitución de 1978, esa con la que tanto se llenan la boca nuestros gobernantes, en su artículo 16, garantiza la libertad religiosa y en su párrafo 3 afirma que "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones". Sin ir más lejos, y ateniéndonos a esta lectura, el Concordato renovado en 1979 ya sería de dudosa constitucionalidad. La realidad actual es que la Iglesia continúa disfrutando de unos privilegios absolutamente impropios en un régimen que se reconoce como democrático. La situación la hemos relatado en profundidad en nuestra serie de artículos "El inmenso poder de la Iglesia Católica", al que remito a mis lectores/as. Por tanto, no insistiremos más aquí sobre estos asuntos. El talante y la ideología fascista de la Iglesia española aflora de vez en cuando a la luz pública, cuando algún jerarca de la misma decide expresar en alto lo que piensa. Algunas de ellas ya fueron analizadas en este artículo de nuestro Blog, al que también remito a los lectores y lectoras interesados/as. Evidentemente, la Iglesia Católica no es una institución democrática. En primer lugar, tal como afirman Blaschke y otros (1992, La caída del Imperio Vaticano, Robin Book): "Nadie está capacitado, por muy creyente que sea, a decir a los demás lo que deben hacer, lo que deben pensar, y más aún, cómo se deben comportar". El hacerlo contraviene la noción de religión como una opción personal ajena a jerarquías y acerca la Iglesia a la categoría de secta. 

 

Como hemos apuntado, su doble condición de poder religioso y poder civil le permite realizar, además de una acción pastoral, una actividad diplomática mediante la cual ha podido establecer convenios (Concordatos) con diversos Estados, mediante los cuales ha conseguido privilegios que insultan a la inteligencia y a la democracia. Esta dualidad diplomática-pastoral le permite a la Iglesia realizar actividades sorprendentes. Así, por ejemplo, un Papa puede visitar oficialmente un país en calidad de Jefe de Estado, y una vez dentro puede, en muchos casos, hablar públicamente a una muchedumbre de fieles en términos de carácter político, llegando incluso a cuestionar determinadas leyes del país que visita. Y no pasa nada. El pensamiento dominante blinda la acción de las religiones, las consagra como algo divino, las protege de los ataques, y les concede todos estos privilegios. Por su parte, la estructura del "Estado" del Vaticano es profundamente antidemocrática, siendo la cúpula del alto clero quien elige al Papa, el cual detenta todos los poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Esta estructura se mantiene dentro de la Iglesia, en la que los fieles no participan en absoluto en el gobierno de la institución. Por otro lado, la Iglesia incumple derechos humanos fundamentales, ya que a sus ojos, no todos los seres humanos somos iguales en dignidad y derechos, existiendo aún hoy día una radical discriminación de la mujer, que no puede acceder al sacerdocio, y por tanto, al gobierno de la Iglesia. También han condenado siempre al mundo de los colectivos LGTBI, contra los cuales han protagonizado auténticos y furibundos ataques. 

 

Y en cuanto a la libertad de expresión, de lectura y de manifestación, resaltemos el hecho de que hasta 1966, en el mundo católico existía un "Índice de libros prohibidos", creado por la Inquisición en 1559, en el que se prohibía a los católicos la lectura de obras de autores tales como Spinoza, Diderot, Voltaire, Zola, Balzac, Flaubert, Dumas, Sastre, o Descartes, entre otros muchos. Por supuesto, estos libros fueron difíciles de conseguir en España durante la época franquista. Y en la actualidad, la Iglesia Católica posee y dicta aún normas para regular las posibles lecturas de libros por parte de sus fieles. Y por supuesto, estos mismos "monseñores" que dictan que "la vida humana es sagrada", son los mismos que apoyaron el "glorioso alzamiento nacional" franquista, que ahora apoyan sin fisuras la globalización neoliberal que tantas muertes provoca, y son también los mismos que condenan la eutanasia, el aborto y el uso del preservativo para controlar la natalidad o evitar el sida, condenando a la miseria y a la muerte a millones de personas. Hasta esos límites llega su indecencia. Ante vulneraciones tan graves a los derechos humanos tales como las que acabamos de describir, es difícil pensar que un dirigente eclesiástico católico pueda ser respetuoso con la democracia. La jerarquía católica cree y defiende que tiene la Verdad, con mayúsculas, y no respeta que otras personas puedan creer en su propia verdad, y estar sujetas a principios éticos diferentes a los suyos. En el fondo, lo que existe es un profundo miedo a perder sus privilegios y su status quo, en definitiva, a que acaben con su escandaloso chiringuito de poder y de influencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 marzo 2017 4 02 /03 /marzo /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (56)

La prensa sostiene la creación de la mentira y es el respaldo de quien controla los designios de la sociedad. Su objetivo no es informar, sino convencer a sus lectores de su propia fatalidad (de la desigualdad y del consentimiento y la resignación ante su propia explotación). Y no importa que no salgan las cuentas, y que todas las empresas mediáticas estén en crisis, porque hay quien se hace cargo de su supervivencia, a cambio de falsear la realidad

José Luis Vázquez Domènech

La Psicología Social nos da amplias referencias sobre los estudios realizados en torno a la expansión de las diferentes ideologías de pensamiento a lo largo del tiempo, y de su uso y difusión desde los poderes dominantes. Y en este sentido, el éxito cultural del neoliberalismo ha sido categórico, general, abrumador. No es una exageración afirmar que el neoliberalismo constituye nuestro sentido común (por eso, cuando nuestros gobernantes actuales nos lo invocan, ya debemos ponernos en alerta). Las mismas ideas, los mismos planteamientos, los mismos argumentarios, las mismas convicciones, aparecen reiterada y cansinamente en trabajos académicos, en informes de consultoría, en artículos de opinión, en editoriales de prensa, en las tertulias televisivas, etc.: racionalidad, mercado, competencia, incentivos, maximización...En ese lenguaje nos entendemos, en ese lenguaje explicamos la experiencia humana en todos los campos, y así la educación se ha convertido en "formación de capital humano", la conversación pública es el "mercado de las ideas", etc. Ya dimos cuenta durante los primeros artículos de esta serie de los principales eufemismos lingüísticos que se utilizan hoy día para disfrazar la realidad de los conceptos. A ellos remito a mis lectores y lectoras. De modo que es muy difícil argumentar contra una política económica cuando se basa en las propias ideas de nuestro "sentido común", las cuales nos parecen, cómo no, absolutamente obvias. 

 

Pero no son tan obvias. Están fuertemente manipuladas. El orden neoliberal favorece desproporcionadamente a unos pocos, eso es indudable (la idea de que a fin de cuentas favorece a todos, aunque unos ganen más que otros, es mucho más discutible con los números en la mano). Pero no son las ideas de unos pocos, sino de la mayoría. Hasta el más castigado por la fuerza del sistema reproduce los esquemas mentales del pensamiento dominante. Este es el verdadero problema político para poder imaginar, diseñar y proyectar una alternativa. Las afirmaciones básicas del programa neoliberal parecen indiscutibles: que una empresa privada es siempre más eficiente que una empresa pública, que la competencia produce siempre los mejores resultados, que los seres humanos somos egoístas, calculadores, que buscan siempre la máxima ventaja personal...Estamos completamente imbuidos de este perverso ideario, que anula siquiera nuestra posibilidad de entender la idea del bien común. La escuela de Margaret Thatcher ("No existe la sociedad, sólo existen los individuos") nos ha hecho muchísimo daño. Eso nos convierte en la rampa de salida para aceptar que a pesar de que el capitalismo ha de vencerse de forma global, colectiva, sin embargo cada individuo, cada uno/a de nosotros/as, debe contribuir a la lucha anticapitalista, que es lo mismo que decir a la lucha contra el pensamiento dominante. En el fondo se trata, básicamente, de construir sociedad, la sociedad avanzada, la sociedad justa. 

 

Me remito a todas las consideraciones que hemos venido plasmando, para que cada cual pueda interiorizar su lucha contra el capitalismo, pueda minimizar la influencia que el pensamiento único ejerce sobre sí mismo. Es un ejercicio que exige coherencia, claridad de mente, y sobre todo, valentía, porque no es una toma de conciencia cómoda. La acción de resistencia anticapitalista, a nivel individual, de cada persona aislada, es la semilla que cada cual debe ir sembrando para llegar a sentirse libre, en un mundo donde el pensamiento alternativo vaya ganando terreno. ¿Cómo podemos hacer esto? Pues contrastando las ideas todo lo posible, practicando continuamente el pensamiento libre y crítico, preguntándonos el por qué de las cosas, cuestionando los intereses que pueden esconderse detrás de cada acción, de cada opinión, de cada decisión, de cada estudio, incluso de cada dato objetivo. Sí, porque los datos objetivos también pueden camuflarse, también pueden esconderse, también pueden resaltarse. La misma botella, con la misma cantidad de líquido, puede verse como medio llena o medio vacía. Por otra parte, aquéllo de lo que estemos convencidos en la teoría, debemos llevarlo a la práctica. Y aquí es quizá donde viene la parte más valiente, más arriesgada, pero la más importante, porque si no somos coherentes entre nuestro pensamiento y nuestras acciones, jamás podremos contribuir a un cambio de nuestro mundo. 

 

Un aspecto donde tenemos que cambiar el chip, a nivel general y a nivel particular, es el relativo a la preponderancia de la filosofía que recoge el culto a la propiedad privada, algo sagrado para el pensamiento dominante. Básicamente, hemos de replantearnos y reivindicar la función social de la propiedad, conseguir la hegemonía de la propiedad social (colectiva) sobre la propiedad individual, y replantearnos todos los bienes, productos y servicios sobre los que no tendríamos por qué ser "propietarios", sino que podríamos disfrutar de ellos en régimen de usufructo (temporal o indefinido) o alquiler: la vivienda, el automóvil, etc. En este sentido, las tendencias de la llamada "economía colaborativa" están avanzando mucho últimamente. La propiedad privada debe dejar de ser un derecho absoluto para pasar a ser un derecho relativo, es decir, supeditado al cumplimiento de otros derechos fundamentales, tales como la alimentación, la vivienda, el trabajo, la sanidad, la educación, etc. En realidad, si nos damos cuenta, y extrapolamos este razonamiento al ámbito empresarial, podremos concluir sin ningún tipo de complejos que para que dichos derechos estén garantizados para toda la ciudadanía, sus bienes, productos y servicios deben ser nacionalizados, esto es, deben pertenecer a lo público, ser patrimonio de todos, y por supuesto, estar gestionados democráticamente. Si hubiéramos ido implementando esto poco a poco durante los últimos años (en vez de haber hecho justo lo contrario), ahora no nos encontraríamos con los terribles problemas que nos están creando los bancos, las empresas eléctricas, de telecomunicaciones, etc. 

 

Creer en la sociedad (al contrario de lo que pregonaba Margaret Thatcher) es creer en los derechos humanos, y tejer una intrincada red social donde ninguna persona se encuentre desatendida en relación a los mismos. No queremos abolir la propiedad privada. ¡Por favor, que no se nos malinterprete! Lo que estamos queriendo decir es que el foco que hoy día se centra sobre la propiedad privada está...pues eso, desenfocado. Está magnificado, puesto en un lugar que no le corresponde, y hay que volverlo a colocar en su sitio. Es absolutamente inhumano que si todas las personas tenemos el derecho humano a la vivienda, por ejemplo, alguien pueda mercantilizar con las viviendas hasta el extremo que su propiedad (privada) sobre las mismas, esté por encima del derecho (humano) a disfrutar de una. Lo mismo podemos afirmar sobre las empresas eléctricas y energéticas: si es un derecho humano poder acceder a la electricidad, una sociedad que se precie no debería situar el derecho a la propiedad (privada) de este bien o servicio en torno a unos pocos agentes capitalistas, mientras existe gente que no puede acceder a este derecho. El pensamiento dominante trastoca los derechos, los relativiza, los ignora, y coloca por delante de todos ellos el sagrado derecho a la propiedad privada, magnificándolo y abarcando cada vez más facetas y aspectos de negocio (privado), donde se ponen en juego los derechos humanos fundamentales, y cuando esta situación se produce, hemos atravesado ya el límite que separa una sociedad justa y avanzada, democrática, transformándola en una sociedad salvaje, cruel e inhumana. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 febrero 2017 4 23 /02 /febrero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (55)

Cada día que pasa sin democratizar los medios es un día que el poder corporativo y financiero global usa para manipular a la ciudadanía. Está probado que se puede hacer cualquier tropelía criminal si antes se consiguió el suficiente nivel de convencimiento o de aceptación de la opinión pública internacional. Se puede invadir Irak, asesinar a Gadaffi o derrocar al Gobierno de Nicolás Maduro. Lo único que se necesita es controlar y dominar a la opinión pública

Pascual Serrano

La democratización del espacio mediático es, pues, un imperativo de absoluta necesidad en una sociedad avanzada. Porque, ¿es tolerable que bajo un sistema que se denomina democrático el cuarto poder de la sociedad, es decir, los medios de comunicación, constituyan un cortijo mediático en poder de unos pocos? ¿Es tolerable que los medios de comunicación públicos se hayan convertido en auténticos instrumentos al servicio de la propaganda gubernamental? (A este respecto, tenemos un estupendo dossier sobre la manipulación que TVE lleva haciendo a sus espectadores desde la llegada del PP al poder en 2011 en este artículo de Alejandro Torrús para el medio Publico) ¿Es posible, bajo dicho escenario, proclamar a los cuatro vientos que en nuestro país existe la "libertad de opinión" y la "libertad de prensa"? ¿No deberíamos evolucionar hasta conseguir democratizar ese cuarto poder de la sociedad, al igual que están supuestamente democratizados los otros tres? ¿Cuál debería ser por tanto la meta a alcanzar para poder disfrutar de un ecosistema mediático relativamente justo, social, democrático y proporcional? El enorme poder que despliegan estos oligopolios mediáticos provoca que influyan decisivamente en el escenario político, que eviten cualquier reglamentación de su poder, y que actúen protegidos por un manto de impunidad. 

 

Por tanto, deberíamos dedicarle atención, como ya hemos expuesto en entregas anteriores, a los tres ámbitos mediáticos que entendemos garantizan la pluralidad de la sociedad, a saber: el ámbito público (estatal, si se quiere, pero no gubernamental, y que englobaría al conjunto de las diversas Administraciones Públicas en sus diferentes ámbitos), el ámbito privado, y el ámbito comunitario (ámbito dedicado a cubrir el resto de iniciativas más o menos locales de la sociedad, pero sin ánimo de lucro). Y deberíamos garantizar, para cada uno de ellos, que disponen de todos los canales mediáticos que soliciten (prensa escrita, radio, TV, Internet), y que el número total de licencias están repartidas más o menos equitativamente, es decir, que del total de medios de comunicación que existan en el país, el reparto y la distribución de las respectivas licencias para los tres ámbitos referidos es más o menos equitativo. Estamos convencidos de que sólo el cumplimiento de estas condiciones garantizaría un sector de medios de comunicación auténticamente plural y democrático. Porque tanto derecho tiene una gran empresa multinacional a poseer un canal de televisión (privado), que un determinado municipio (comunitario), que una determinada Comunidad Autónoma (público). De esta forma, romperíamos los posibles oligopolios y concentraciones abusivas de poder, que son precisamente las que conducen a todos los problemas que hemos mencionado anteriormente. 

 

Abundando en todo ello, recopilando y estableciendo conexiones con conceptos y comentarios que ya hemos expuesto en anteriores entregas de esta serie, podemos citar al gran pensador, filósofo y lingüista norteamericano, Noam Chomsky, uno de los intelectuales de mayor prestigio internacional, que ha establecido lo que según él podría ser el decálogo (los 10 principios fundamentales) que sustentan la concentración de la riqueza y el poder, favoreciendo la transmisión del pensamiento dominante, y que son, a su juicio, los siguientes;

 

1.- Reducir la Democracia. La democracia plena en sus diferentes vertientes (representativa, directa, participativa, decisoria, revocatoria, económica), es quizá el enemigo principal del pensamiento dominante, pues en ella se concentran y expresan todos los mecanismos que dotan al pueblo de voz para expresarse y tomar cartas en los diferentes asuntos que le conciernen.

 

2.- Moldear la Ideología. Es el objetivo fundamental de la difusión del pensamiento dominante, es decir, acallar, ignorar, ningunear, ocultar y ridiculizar cualquier alternativa al pensamiento oficial del régimen, para lo cual, como venimos contando, los medios de comunicación de masas ejecutan un papel esencial.

 

3.- Rediseñar la Economía. Lo primero que se hace es situar a la economía como si fuera una ciencia exacta, a la vez que se visualizan las teorías económicas dominantes, ocultando las voces críticas. Hay que partir de la base de que la economía es una ciencia social, y que las diversas teorías económicas enfrentan diferentes visiones de la sociedad, y obedecen a diferentes intereses. 

 

4.- Desplazar la Carga. Aquí podríamos citar, como apoyo al poder que ostenta la clase dominante (ese 1% más rico, apoyado por ese 20% que le respalda y le posibilita la riqueza), todas las transferencias de riqueza, que implican no sólo una privatización de las ganancias, sino también una socialización de las pérdidas. Todo ello, unido a leyes que favorecen e incrementan su riqueza y su poder, reformas legislativas que les permiten la concentración de su riqueza (existencia de paraísos fiscales, sistemas de elusión de impuestos, etc.), y el diseño de mecanismos que amparan graves procesos de corrupción.

 

5.- Atacar la Solidaridad. La solidaridad, como valor principal de una sociedad cohesionada y que vele por el bien común, es denostada y atacada por tierra, mar y aire. Se fomenta justo todo lo contrario, es decir, el egoísmo, la individualidad, la competencia, la envidia, la insolidaridad, y la no cooperación, todo ello basado en el mensaje principal del capitalismo, que deja a la responsabilidad de cada cual la búsqueda de sus posibilidades, anulando todo proyecto colectivo. 

 

6.- Dirigir las Instituciones Reguladoras. Mecanismo fundamental para que el sistema dominante esté bien engrasado, es que lógicamente defienda a sus adláteres, es decir, a los poderosos. En este sentido, las principales instituciones reguladoras (tribunales, instituciones de control y de fiscalización, banco oficial de la nación, agencias de regulación, etc.) quedan bajo el control de la clase dominante. 

 

7.- Manipular las Elecciones. No nos estamos refiriendo aquí a la burda manipulación electoral de unos comicios determinados, sino al conjunto de leyes y procedimientos que controlan los resultados electorales, y que constriñen al sistema para que se balancee siempre del lado de los partidos que sostienen el régimen, y perjudique a los partidos opositores al mismo. 

 

8.- Mantener a la plebe bajo control. Como resulta que ante el dictado de leyes, decretos y proyectos injustos para el conjunto de la ciudadanía, ésta se rebelaría tarde o temprano con mayor o menor intensidad, el sistema proyecta una serie de herramientas y de técnicas (legislativas, policiales, represoras, etc.) que puedan controlar en un momento dado las capacidades de protesta y de manifestación popular. Buen ejemplo en nuestro caso sería la famosa Ley Mordaza. 

 

9.- Fabricar el consentimiento. Este "consentimiento", aceptación o legitimación se produce, como también hemos explicado en anteriores entregas (y nos explica Pascual Serrano en la cita de entradilla) mediante el despliegue de una serie de mecanismos que van controlando la opinión pública, no de manera forzada, sino mediante un constante goteo de pequeñas informaciones y decisiones, que calan en la ciudadanía de una forma controlada, y la predisponen para la aceptación sumisa de una serie de leyes y decisiones políticas. 

 

10.- Marginar a la población. Por último, es fundamental, para Noam Chomsky, que exista siempre un contingente de población que se encuentre marginada por el sistema (discriminada, desfavorecida), para que no disponga nunca de los mecanismos legales para poder representar un peligro para el sistema. Suele ocurrir con las minorías étnicas o religiosas, o con algunos colectivos que por sus características pueden representar una amenaza para el sistema. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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19 enero 2017 4 19 /01 /enero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (54)

La clave del aprendizaje en la vida está en desaprender lo que es falso

Antistenes (Filósofo griego)

A estas alturas, ya deben tener claro los lectores y lectoras de esta serie de artículos, que los medios de comunicación hegemónicos, asociados a los grandes agentes del capitalismo transnacional (bancos, grandes corporaciones, fabricantes de armas, etc.), buscan destruir la pluralidad de voces y discursos, instalando las consignas del pensamiento dominante, relacionado con los dogmas del neoliberalismo. Y así, Occidente ha creado toda una extensa red de medios poderosos, con tentáculos en los demás modelos de negocio, empeñados en imponer su narrativa a toda costa. El Tiempo o El Espectador (Colombia), El Comercio (Ecuador), El Mercurio (Chile), La Nación o Clarín (Argentina), El Universal o Televisa (México), El Mundo o ABC (España), O Globo (Brasil), o Grupo Prisa (España), son buenos ejemplos de ello, a los que podemos añadir CNN, y otros muchos. No tienen ningún reparo en sembrar miedos, mentiras y calumnias, vertiendo sospechas y acusaciones sin fundamento. A través de destructoras editoriales, los grandes medios son capaces de cambiar gobiernos, llegando al linchamiento mediático de determinadas ideas o personas, a través de afirmaciones sin pruebas, ocultaciones, medias verdades o informes sesgados e interesados. Tales son sus únicas armas, pero suficientes para controlar los resortes del poder. El filósofo mexicano Fernando Buen Abad ha acuñado el concepto "Plan Cóndor mediático" para referirse al poder de estos grandes medios, asemejándolo a aquél que ejecutaron las dictaduras militares del Cono Sur, en los años 70, a las órdenes de Estados Unidos. 

 

Las grandes corporaciones mediáticas tienen el poder para desestabilizar gobiernos (tal como está ocurriendo en Venezuela), o demonizar a ciertos líderes que representan intereses contrarios a los que ellos defienden. Este peligroso periodismo basura está auspiciado por el poder, por lo cual sus grandes jerifaltes se sienten impunes para verter toda la mierda mediática de que son capaces, sin despeinarse, a través de un ejército de pseudoperiodistas (más bien gacetilleros) a su servicio. A través de este constante bombardeo mediático sobre las mentes de la mayoría social, se van conformando ideas, actitudes, pensamientos, estereotipos mentales, y todo un imaginario social colectivo que bendice el pensamiento dominante, y relega todo pensamiento alternativo a una opción residual e insignificante. Fernando Casado ha creado el término "Antiperiodistas" para bautizar a los que se dedican profesionalmente a esta bazofia e intoxicación mediática. La democratización de los medios es, pues, una tarea imperiosa y urgente, si queremos acotar el poder de este pensamiento dominante. Pero como ya avanzábamos en el artículo anterior (siguiendo al gran maestro Carlos Fernández Liria), se confunde aquí  muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la idea de una prensa gubernamental (es decir, al servicio del gobierno de turno). Pusimos algunos ejemplos en el artículo anterior, al que remito a los lectores y lectoras. Es tan absurdo como afirmar que la enseñanza pública es gubernamental, y además se corre el riesgo (que es justo lo que los grandes medios privados pretenden) de desacreditar toda iniciativa pública. 

 

Pero como estamos demostrando, una prensa privada (con el poder y la extensión de que hoy goza) es tan incompatible con la libertad de expresión como una justicia privada lo sería en relación a la justicia. De hecho, lo estamos comprobando con la sanidad, que está privatizándose ("externalizándose" según ellos) a pasos agigantados, y comprobamos que a medida que dicho proceso avanza, avanza también la desafección de los pacientes, la baja calidad de los servicios, y el desmantelamiento de recursos (camas, hospitales, profesionales, especialidades, etc.). Lo que queremos decir con la opción de unos medios de propiedad social (y ello sólo es una opción de todo el catálogo de medidas que se pueden poner en marcha) es que los periodistas deberían acceder a los medios de producción de información y comunicación a través de un sistema de oposiciones (medido por los criterios de igualdad, mérito y capacidad, como en cualquier otra área), mediante tribunales que juzgaran en sesión pública según baremos oficiales aprobados por el poder legislativo. De esta forma tendríamos un cuerpo público de periodistas, al igual que lo tenemos de médicos, de abogados, de jueces o de profesores. La independencia y la profesionalidad estarían más garantizadas. Ejercerían sus funciones profesionales sin temor al despido, sin la presión de los dueños de los grandes medios y de sus espurios intereses. De esta forma, el concepto de libertad de prensa, para dicho cuerpo, se asemejaría al de libertad de cátedra en la enseñanza pública. Sin embargo, si no nos escandalizamos porque exista la libertad de cátedra...¿por qué habríamos de hacerlo con la libertad de prensa enfocada de esa forma? 

 

La creación de un polo de medios públicos de comunicación realmente independientes, que no sean la marioneta del Gobierno de turno, es pues una labor imprescindible y fundamental para desarrollar nuestros derechos (a la información) y nuestras libertades públicas (de prensa) en una sociedad que se autodenomina democrática, como la nuestra. Pero como decíamos anteriormente, no es la única medida a abordar en el contexto de los medios masivos de información. Hemos igualmente de garantizar un reparto equitativo del espectro radioeléctrico (para garantizar que no existe hegemonía ni de medios públicos ni de medios privados), hemos de incluir el principio de veracidad informativa en nuestra Constitución, y hemos de impedir que el sector financiero y la gran patronal tengan participaciones en el capital de los medios. Todo ello confluye en un proceso democratizador de los medios de comunicación, acabando con el inmenso poder de los oligopolios mediáticos, y creando una serie de garantías de profesionalidad y decencia en los propios contenidos informativos. Hay que volver a instalar el rigor y la calidad periodística, la veracidad y la pluralidad en la información, asegurando el eco de todas las voces. Quizá la propuesta más justa sería el reparto del espacio radioeléctrico en tres tercios equivalentes, del siguiente modo: un tercio para los medios públicos, otro tercio para el negocio privado, y una tercera parte para los medios comunitarios (que son los grandes olvidados en el sistema actual). 

 

Entrevistado sobre este asunto por Enric Llopis para el medio Rebelion.org (del cual fue uno de los fundadores), el gran escritor y periodista Pascual Serrano, autor de imprescindibles libros sobre los medios de comunicación (como por ejemplo "Medios democráticos. Una revolución pendiente de la comunicación"), tanto en nuestro país como en la escena internacional, y a tenor de las medidas propuestas en el párrafo anterior, Serrano reflexionó en los siguientes términos: "Son medidas que se han aplicado en Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Venezuela. Tiene un efecto colateral, inevitable: que en algunos lugares los movimientos sociales que se queden con ese tercio [se refiere al tercio reservado para los medios comunitarios] no sean representativos. En Brasil, por ejemplo, las iglesias evangelistas se han hinchado de medios comunitarios. Es el problema cuando no existe una sociedad [civil] organizada. También es muy importante que sectores bancarios, políticos e iglesias no puedan ser dueños de medios de comunicación. Es un principio que figura en la Constitución de Ecuador, y que después se incorporó a la legislación venezolana. Por último, garantizar la veracidad de la información, tal como establece el Artículo 20 de la Constitución Española, pero no se cumple ni existe una ley que lo desarrolle. Este principio viene recogido en el Decreto de aplicación de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Comunicación de Venezuela, la Ley de Radiodifusión y Televisión de Ecuador, y la Ley de Lucha contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de Bolivia". Por tanto, tenemos referentes donde mirarnos. Pero como siempre, necesitamos la fuerza de la gente y la voluntad política para implantar todas estas medidas. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 enero 2017 4 05 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

¿Por qué? Esta es la pregunta más básica que uno puede hacer, pero la aniquilación de la reflexión llega ya a tal extremo que escuchar hoy en día un “por qué” se antoja tarea complicada. La sociedad no hace preguntas, los individuos no se preguntan, no van más allá, no exploran posibilidades ni mucho menos las conciben en sus mentes, simplemente aceptan

Vicente Berenguer

Y así, bajo las banderas de la "libertad informativa" y de la "independencia de los medios", resulta que en las democracias capitalistas occidentales, la estrecha alianza entre el poder político y el poder económico vierte la propaganda de un modo aún más subliminal que en los regímenes totalitarios o dictatoriales. De esta forma, el poder de manipulación mediática sobre las mentes de la inmensa mayoría social resulta ser un arma incluso más poderosa que los tanques y las bombas. En efecto, el capitalismo ha logrado una dictadura perfecta. Y bajo la actual globalización neoliberal, la propaganda es generada por las élites corporativas y gubernamentales que constituyen el gobierno mundial de facto. Noam Chomsky lo ha expresado bajo los siguientes términos: "Los medios de comunicación de masas son instituciones ideológicas efectivas y poderosas, que llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la autocensura, y sin una coerción abierta significativa". Este sutil sistema de propaganda mediática, mediante las diferentes técnicas, se ha vuelto durante las últimas décadas cada vez más eficiente en el cumplimiento de su objetivo, y a ello han contribuido sin duda los avances tecnológicos, la expansión de los propios medios de masas, su elevada concentración en pocas manos, y la universalidad de su auditorio. 

 

Se impone así una forma única de ver el mundo, de comprender las relaciones entre los diferentes actores, de asumir un correlato hegemónico de la actualidad, y de interpretar una serie de hechos de forma unívoca. El pensamiento dominante ha llegado a su culminación, a su poder máximo, cuando se han unido el capitalismo y los grandes medios de comunicación de masas bajo un objetivo común. Prácticamente todo el imaginario conceptual viene de esta forma impuesto por los grandes medios, que son los que definen el significado de los grandes términos, como violencia, amenaza, conflicto, estabilidad, paz, etc. ¿Cómo podemos entonces combatir toda esta lacra? Pues evidentemente, creando todo un nuevo orden en la información y en la comunicación. Ante todo, hemos de advertir que todo intento de alterar este gran sistema mediático será ferozmente rechazado, aludiendo a los consabidos y falaces principios de la "libertad de prensa y de información". Los grandes propietarios y agentes de estos medios saben perfectamente que alterar sus cuotas de poder implica derribar todo ese control que poseen sobre el pensamiento colectivo. Saben que perder (aunque sea un poco) su monopolio informativo equivale a reducir su enorme poder de influencia en la mente de cientos de miles de personas. Básicamente, el nuevo orden informativo debe conseguir que los medios de comunicación abandonen su servilismo hacia el poder, y recuperen su utilidad social como servicio público. 

 

Y es que, como hemos dicho, las corporaciones mediáticas no se crean para garantizar el acceso a una información veraz, plural y contrastada, sino para garantizar los beneficios de sus propietarios. Hasta ahí todo normal hablando de empresas privadas, pero cuando ello supone que la transmisión y el conocimiento de la verdad se oculte, y se sustituya por burdas manipulaciones, falsedades, ocultaciones y adoctrinamiento, el peligro para la sociedad es inmenso. El pilar principal para el nuevo orden de la información y comunicación reside en la existencia de poderes públicos valientes y decididos, que sean capaces de implementar modelos nacionales de comunicación antimonopolísticos, verdaderamente democráticos en la gestión de los medios públicos, transparentes y ecuánimes en la concesión de licencias de emisión y con un apoyo decidido a la creación de medios comunitarios y profesionales no corporativos. Un sistema que impida por ley el acaparamiento de medios privados por parte de grandes empresas, que vele realmente por la pluralidad, la imparcialidad, el rigor, la objetividad y el derecho a la información. Pero para ello también es imprescindible crear un polo de medios públicos de comunicación independientes, que no se comporten como la marioneta del Gobierno de turno. En el fondo, lo que subyace es el auténtico debate sobre la libertad de expresión, y su papel en el orden constitucional. 

 

Como señala Carlos Fernández Liria en su artículo "El ocaso de una dictadura mediática": "En este país nos hemos pasado cuarenta años llamando libertad de prensa a la dictadura de tres o cuatro oligopolios mediáticos (...) El gobierno tiene un contrapoder en la oposición. El empresario, en los sindicatos. El poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se limitan mutuamente y se obligan a ceñirse a la Constitución. Pero el poder que tienen los medios de comunicación para apropiarse del uso de la palabra en el espacio público carece por completo de contrapeso. Esto ha hecho que ciertas mentiras sean imposibles de combatir. ¿Cuáles? Todas aquéllas que convengan en general a los grandes consorcios empresariales de la prensa privada. Y son muchas las mentiras en las que los oligopolios mediáticos no tienen interés en llevarse la contraria, pues las grandes empresas, por mucho que compitan entre sí, no dejan por ello de ser lo que son: grandes empresas". Y finaliza: "¿Cómo se logra este efecto sin ejercer la censura? Con otra forma de censura, que se llama paro y despido". La moderna censura, tan brutal y salvaje como cualquier otra, consiste sencillamente en no contratar a quien no comulgue con la línea editorial del medio en cuestión, y en despedir a quien se salga de ella. Así de sencillo. Así de terrible. La lógica laboral es la misma en una fábrica de muebles, de comida rápida o en un periódico de tirada nacional. Una lógica laboral perversa que se aprovecha de las circunstancias de la clase trabajadora para hacerla pasar por el aro de forma cruel y despiadada. 

 

Llega un momento en que el derecho a la información se convierte en el descarado "derecho a mentir", con absoluta impunidad. Sólo basta leer algunos editoriales de los grandes medios del panorama nacional (El País, La Razón, El Mundo, ABC, La Vanguardia, etc.) para comprobar hasta qué punto manipulan la información a su antojo, la sesgan y mienten de forma descarada. Y todo en aras de "su" libertad de expresión. Y al igual que el derecho humano a la electricidad no se va a conseguir hasta que no devolvamos a dichas empresas a su propiedad social (pública), igual ha de pasar con la prensa, es decir, tenemos la necesidad de socializarla para que comience a ejercer su auténtica función, a cumplir su verdadero objetivo. Pero entiéndase bien: no queremos expropiar a los grandes medios. Basta con que exista una iniciativa pública que respete la independencia profesional del periodista, lo que siguiendo el ejemplo de Fernández Liria, sería algo parecido a la libertad de cátedra de los profesores universitarios, o la libertad de interpretación de la ley que tienen los jueces. En ambos casos, la libertad de cátedra y la independencia judicial, se soportan y amparan en el carácter estatal de dichas instituciones. Pero en cambio, en el ámbito privado, un profesor puede ser despedido por no ceñirse a los dictados de la empresa que le contrató. Y en un sistema privado de arbitraje, un magistrado puede ser despedido igualmente si no favorece con sus fallos los intereses de la empresa que le paga. Pero hasta tal punto llega el grado de influencia del pensamiento dominante, que proponer esto se considera en casi todos los foros poco menos que una extravagante ocurrencia, o una actitud totalitaria. Continuaremos en siguientes entregas.

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