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19 enero 2017 4 19 /01 /enero /2017 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (54)

La clave del aprendizaje en la vida está en desaprender lo que es falso

Antistenes (Filósofo griego)

A estas alturas, ya deben tener claro los lectores y lectoras de esta serie de artículos, que los medios de comunicación hegemónicos, asociados a los grandes agentes del capitalismo transnacional (bancos, grandes corporaciones, fabricantes de armas, etc.), buscan destruir la pluralidad de voces y discursos, instalando las consignas del pensamiento dominante, relacionado con los dogmas del neoliberalismo. Y así, Occidente ha creado toda una extensa red de medios poderosos, con tentáculos en los demás modelos de negocio, empeñados en imponer su narrativa a toda costa. El Tiempo o El Espectador (Colombia), El Comercio (Ecuador), El Mercurio (Chile), La Nación o Clarín (Argentina), El Universal o Televisa (México), El Mundo o ABC (España), O Globo (Brasil), o Grupo Prisa (España), son buenos ejemplos de ello, a los que podemos añadir CNN, y otros muchos. No tienen ningún reparo en sembrar miedos, mentiras y calumnias, vertiendo sospechas y acusaciones sin fundamento. A través de destructoras editoriales, los grandes medios son capaces de cambiar gobiernos, llegando al linchamiento mediático de determinadas ideas o personas, a través de afirmaciones sin pruebas, ocultaciones, medias verdades o informes sesgados e interesados. Tales son sus únicas armas, pero suficientes para controlar los resortes del poder. El filósofo mexicano Fernando Buen Abad ha acuñado el concepto "Plan Cóndor mediático" para referirse al poder de estos grandes medios, asemejándolo a aquél que ejecutaron las dictaduras militares del Cono Sur, en los años 70, a las órdenes de Estados Unidos. 

 

Las grandes corporaciones mediáticas tienen el poder para desestabilizar gobiernos (tal como está ocurriendo en Venezuela), o demonizar a ciertos líderes que representan intereses contrarios a los que ellos defienden. Este peligroso periodismo basura está auspiciado por el poder, por lo cual sus grandes jerifaltes se sienten impunes para verter toda la mierda mediática de que son capaces, sin despeinarse, a través de un ejército de pseudoperiodistas (más bien gacetilleros) a su servicio. A través de este constante bombardeo mediático sobre las mentes de la mayoría social, se van conformando ideas, actitudes, pensamientos, estereotipos mentales, y todo un imaginario social colectivo que bendice el pensamiento dominante, y relega todo pensamiento alternativo a una opción residual e insignificante. Fernando Casado ha creado el término "Antiperiodistas" para bautizar a los que se dedican profesionalmente a esta bazofia e intoxicación mediática. La democratización de los medios es, pues, una tarea imperiosa y urgente, si queremos acotar el poder de este pensamiento dominante. Pero como ya avanzábamos en el artículo anterior (siguiendo al gran maestro Carlos Fernández Liria), se confunde aquí  muy interesadamente la idea de una prensa estatal con la idea de una prensa gubernamental (es decir, al servicio del gobierno de turno). Pusimos algunos ejemplos en el artículo anterior, al que remito a los lectores y lectoras. Es tan absurdo como afirmar que la enseñanza pública es gubernamental, y además se corre el riesgo (que es justo lo que los grandes medios privados pretenden) de desacreditar toda iniciativa pública. 

 

Pero como estamos demostrando, una prensa privada (con el poder y la extensión de que hoy goza) es tan incompatible con la libertad de expresión como una justicia privada lo sería en relación a la justicia. De hecho, lo estamos comprobando con la sanidad, que está privatizándose ("externalizándose" según ellos) a pasos agigantados, y comprobamos que a medida que dicho proceso avanza, avanza también la desafección de los pacientes, la baja calidad de los servicios, y el desmantelamiento de recursos (camas, hospitales, profesionales, especialidades, etc.). Lo que queremos decir con la opción de unos medios de propiedad social (y ello sólo es una opción de todo el catálogo de medidas que se pueden poner en marcha) es que los periodistas deberían acceder a los medios de producción de información y comunicación a través de un sistema de oposiciones (medido por los criterios de igualdad, mérito y capacidad, como en cualquier otra área), mediante tribunales que juzgaran en sesión pública según baremos oficiales aprobados por el poder legislativo. De esta forma tendríamos un cuerpo público de periodistas, al igual que lo tenemos de médicos, de abogados, de jueces o de profesores. La independencia y la profesionalidad estarían más garantizadas. Ejercerían sus funciones profesionales sin temor al despido, sin la presión de los dueños de los grandes medios y de sus espurios intereses. De esta forma, el concepto de libertad de prensa, para dicho cuerpo, se asemejaría al de libertad de cátedra en la enseñanza pública. Sin embargo, si no nos escandalizamos porque exista la libertad de cátedra...¿por qué habríamos de hacerlo con la libertad de prensa enfocada de esa forma? 

 

La creación de un polo de medios públicos de comunicación realmente independientes, que no sean la marioneta del Gobierno de turno, es pues una labor imprescindible y fundamental para desarrollar nuestros derechos (a la información) y nuestras libertades públicas (de prensa) en una sociedad que se autodenomina democrática, como la nuestra. Pero como decíamos anteriormente, no es la única medida a abordar en el contexto de los medios masivos de información. Hemos igualmente de garantizar un reparto equitativo del espectro radioeléctrico (para garantizar que no existe hegemonía ni de medios públicos ni de medios privados), hemos de incluir el principio de veracidad informativa en nuestra Constitución, y hemos de impedir que el sector financiero y la gran patronal tengan participaciones en el capital de los medios. Todo ello confluye en un proceso democratizador de los medios de comunicación, acabando con el inmenso poder de los oligopolios mediáticos, y creando una serie de garantías de profesionalidad y decencia en los propios contenidos informativos. Hay que volver a instalar el rigor y la calidad periodística, la veracidad y la pluralidad en la información, asegurando el eco de todas las voces. Quizá la propuesta más justa sería el reparto del espacio radioeléctrico en tres tercios equivalentes, del siguiente modo: un tercio para los medios públicos, otro tercio para el negocio privado, y una tercera parte para los medios comunitarios (que son los grandes olvidados en el sistema actual). 

 

Entrevistado sobre este asunto por Enric Llopis para el medio Rebelion.org (del cual fue uno de los fundadores), el gran escritor y periodista Pascual Serrano, autor de imprescindibles libros sobre los medios de comunicación (como por ejemplo "Medios democráticos. Una revolución pendiente de la comunicación"), tanto en nuestro país como en la escena internacional, y a tenor de las medidas propuestas en el párrafo anterior, Serrano reflexionó en los siguientes términos: "Son medidas que se han aplicado en Ecuador, Bolivia, Uruguay, Argentina y Venezuela. Tiene un efecto colateral, inevitable: que en algunos lugares los movimientos sociales que se queden con ese tercio [se refiere al tercio reservado para los medios comunitarios] no sean representativos. En Brasil, por ejemplo, las iglesias evangelistas se han hinchado de medios comunitarios. Es el problema cuando no existe una sociedad [civil] organizada. También es muy importante que sectores bancarios, políticos e iglesias no puedan ser dueños de medios de comunicación. Es un principio que figura en la Constitución de Ecuador, y que después se incorporó a la legislación venezolana. Por último, garantizar la veracidad de la información, tal como establece el Artículo 20 de la Constitución Española, pero no se cumple ni existe una ley que lo desarrolle. Este principio viene recogido en el Decreto de aplicación de la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Comunicación de Venezuela, la Ley de Radiodifusión y Televisión de Ecuador, y la Ley de Lucha contra el Racismo y Toda Forma de Discriminación de Bolivia". Por tanto, tenemos referentes donde mirarnos. Pero como siempre, necesitamos la fuerza de la gente y la voluntad política para implantar todas estas medidas. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 enero 2017 4 05 /01 /enero /2017 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

¿Por qué? Esta es la pregunta más básica que uno puede hacer, pero la aniquilación de la reflexión llega ya a tal extremo que escuchar hoy en día un “por qué” se antoja tarea complicada. La sociedad no hace preguntas, los individuos no se preguntan, no van más allá, no exploran posibilidades ni mucho menos las conciben en sus mentes, simplemente aceptan

Vicente Berenguer

Y así, bajo las banderas de la "libertad informativa" y de la "independencia de los medios", resulta que en las democracias capitalistas occidentales, la estrecha alianza entre el poder político y el poder económico vierte la propaganda de un modo aún más subliminal que en los regímenes totalitarios o dictatoriales. De esta forma, el poder de manipulación mediática sobre las mentes de la inmensa mayoría social resulta ser un arma incluso más poderosa que los tanques y las bombas. En efecto, el capitalismo ha logrado una dictadura perfecta. Y bajo la actual globalización neoliberal, la propaganda es generada por las élites corporativas y gubernamentales que constituyen el gobierno mundial de facto. Noam Chomsky lo ha expresado bajo los siguientes términos: "Los medios de comunicación de masas son instituciones ideológicas efectivas y poderosas, que llevan a cabo una función propagandística de apoyo al sistema mediante su dependencia de las fuerzas del mercado, los supuestos interiorizados y la autocensura, y sin una coerción abierta significativa". Este sutil sistema de propaganda mediática, mediante las diferentes técnicas, se ha vuelto durante las últimas décadas cada vez más eficiente en el cumplimiento de su objetivo, y a ello han contribuido sin duda los avances tecnológicos, la expansión de los propios medios de masas, su elevada concentración en pocas manos, y la universalidad de su auditorio. 

 

Se impone así una forma única de ver el mundo, de comprender las relaciones entre los diferentes actores, de asumir un correlato hegemónico de la actualidad, y de interpretar una serie de hechos de forma unívoca. El pensamiento dominante ha llegado a su culminación, a su poder máximo, cuando se han unido el capitalismo y los grandes medios de comunicación de masas bajo un objetivo común. Prácticamente todo el imaginario conceptual viene de esta forma impuesto por los grandes medios, que son los que definen el significado de los grandes términos, como violencia, amenaza, conflicto, estabilidad, paz, etc. ¿Cómo podemos entonces combatir toda esta lacra? Pues evidentemente, creando todo un nuevo orden en la información y en la comunicación. Ante todo, hemos de advertir que todo intento de alterar este gran sistema mediático será ferozmente rechazado, aludiendo a los consabidos y falaces principios de la "libertad de prensa y de información". Los grandes propietarios y agentes de estos medios saben perfectamente que alterar sus cuotas de poder implica derribar todo ese control que poseen sobre el pensamiento colectivo. Saben que perder (aunque sea un poco) su monopolio informativo equivale a reducir su enorme poder de influencia en la mente de cientos de miles de personas. Básicamente, el nuevo orden informativo debe conseguir que los medios de comunicación abandonen su servilismo hacia el poder, y recuperen su utilidad social como servicio público. 

 

Y es que, como hemos dicho, las corporaciones mediáticas no se crean para garantizar el acceso a una información veraz, plural y contrastada, sino para garantizar los beneficios de sus propietarios. Hasta ahí todo normal hablando de empresas privadas, pero cuando ello supone que la transmisión y el conocimiento de la verdad se oculte, y se sustituya por burdas manipulaciones, falsedades, ocultaciones y adoctrinamiento, el peligro para la sociedad es inmenso. El pilar principal para el nuevo orden de la información y comunicación reside en la existencia de poderes públicos valientes y decididos, que sean capaces de implementar modelos nacionales de comunicación antimonopolísticos, verdaderamente democráticos en la gestión de los medios públicos, transparentes y ecuánimes en la concesión de licencias de emisión y con un apoyo decidido a la creación de medios comunitarios y profesionales no corporativos. Un sistema que impida por ley el acaparamiento de medios privados por parte de grandes empresas, que vele realmente por la pluralidad, la imparcialidad, el rigor, la objetividad y el derecho a la información. Pero para ello también es imprescindible crear un polo de medios públicos de comunicación independientes, que no se comporten como la marioneta del Gobierno de turno. En el fondo, lo que subyace es el auténtico debate sobre la libertad de expresión, y su papel en el orden constitucional. 

 

Como señala Carlos Fernández Liria en su artículo "El ocaso de una dictadura mediática": "En este país nos hemos pasado cuarenta años llamando libertad de prensa a la dictadura de tres o cuatro oligopolios mediáticos (...) El gobierno tiene un contrapoder en la oposición. El empresario, en los sindicatos. El poder ejecutivo, el legislativo y el judicial se limitan mutuamente y se obligan a ceñirse a la Constitución. Pero el poder que tienen los medios de comunicación para apropiarse del uso de la palabra en el espacio público carece por completo de contrapeso. Esto ha hecho que ciertas mentiras sean imposibles de combatir. ¿Cuáles? Todas aquéllas que convengan en general a los grandes consorcios empresariales de la prensa privada. Y son muchas las mentiras en las que los oligopolios mediáticos no tienen interés en llevarse la contraria, pues las grandes empresas, por mucho que compitan entre sí, no dejan por ello de ser lo que son: grandes empresas". Y finaliza: "¿Cómo se logra este efecto sin ejercer la censura? Con otra forma de censura, que se llama paro y despido". La moderna censura, tan brutal y salvaje como cualquier otra, consiste sencillamente en no contratar a quien no comulgue con la línea editorial del medio en cuestión, y en despedir a quien se salga de ella. Así de sencillo. Así de terrible. La lógica laboral es la misma en una fábrica de muebles, de comida rápida o en un periódico de tirada nacional. Una lógica laboral perversa que se aprovecha de las circunstancias de la clase trabajadora para hacerla pasar por el aro de forma cruel y despiadada. 

 

Llega un momento en que el derecho a la información se convierte en el descarado "derecho a mentir", con absoluta impunidad. Sólo basta leer algunos editoriales de los grandes medios del panorama nacional (El País, La Razón, El Mundo, ABC, La Vanguardia, etc.) para comprobar hasta qué punto manipulan la información a su antojo, la sesgan y mienten de forma descarada. Y todo en aras de "su" libertad de expresión. Y al igual que el derecho humano a la electricidad no se va a conseguir hasta que no devolvamos a dichas empresas a su propiedad social (pública), igual ha de pasar con la prensa, es decir, tenemos la necesidad de socializarla para que comience a ejercer su auténtica función, a cumplir su verdadero objetivo. Pero entiéndase bien: no queremos expropiar a los grandes medios. Basta con que exista una iniciativa pública que respete la independencia profesional del periodista, lo que siguiendo el ejemplo de Fernández Liria, sería algo parecido a la libertad de cátedra de los profesores universitarios, o la libertad de interpretación de la ley que tienen los jueces. En ambos casos, la libertad de cátedra y la independencia judicial, se soportan y amparan en el carácter estatal de dichas instituciones. Pero en cambio, en el ámbito privado, un profesor puede ser despedido por no ceñirse a los dictados de la empresa que le contrató. Y en un sistema privado de arbitraje, un magistrado puede ser despedido igualmente si no favorece con sus fallos los intereses de la empresa que le paga. Pero hasta tal punto llega el grado de influencia del pensamiento dominante, que proponer esto se considera en casi todos los foros poco menos que una extravagante ocurrencia, o una actitud totalitaria. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 diciembre 2016 4 15 /12 /diciembre /2016 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (52)

La función básica de los medios es desarrollar pseudo-necesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política

Herbert Marcuse (“El hombre Unidimensional”, 1964)

El tercero de los cinco filtros definidos por Herman y Chomsky (ver los dos primeros en el artículo precedente) se relaciona con las fuentes de noticias de estos medios de comunicación de masas. Estos autores afirman: "Los medios de comunicación de masas son conducidos a una relación simbiótica con poderosas fuentes de información por necesidad económica y por la reciprocidad de intereses". Incluso las más grandes corporaciones mediáticas no pueden permitirse tener reporteros en todas partes del mundo, por lo cual los colocan en los lugares donde es más proclive que puedan acontecer noticias interesantes. E igualmente, son consideradas fuentes de noticias a las procedentes de los grandes agentes sociales (empresarios, sindicatos, fuentes gubernamentales, etc.). Por ello, los redactores o periodistas que ofenden a esas poderosas fuentes de información, tal vez al poner en duda la veracidad o la parcialidad del material suministrado, pueden ser amenazados con negarles el acceso a la esencia de sus fuentes de información, limitando seriamente la capacidad de su trabajo. Pero se corre un grave peligro, ya que tal dependencia de las fuentes oficiales imprime a las noticias un tinte inherentemente conservador, y otorga a los que están en el poder una tremenda influencia sobre la definición de lo que son o no son noticias. 

 

Los medios de comunicación alternativos, como esencia de ese cuarto poder al que deben aspirar a representar, no deben únicamente confiar sus esquemas  informativos a las fuentes oficiales ni a las consignadas por los poderes fácticos, sino que deben convertirse en auténticos agentes de la información referida a su colectividad. Y así, se debe dar voz a los colectivos más desfavorecidos, se debe poner el foco de atención donde los medios dominantes no lo ponen, y se debe servir a la transformación de la sociedad de donde se forma parte. Pero lógicamente, para todo ello, se debe romper con las cadenas a las que estos cinco filtros que estamos describiendo atan a los medios. Una democracia plena necesita ejercer un control implacable sobre el poder, y los medios de comunicación no pueden ignorar esta fundamental tarea. Pero como estamos explicando, el control sobre los medios que se ejerce desde los estamentos del poder asegura que los medios de comunicación no estén en realidad al servicio de la sociedad, sino al servicio de los intereses de estos poderes económicos, de esta élite social. Unos medios independientes y alternativos deben recuperar la auténtica función social de los medios, sirviendo al conjunto de la sociedad, y entendiendo la información como un derecho humano fundamental, ajeno a los objetivos mercantilistas o a otros espurios intereses. 

 

Bien, el cuarto filtro es flak (traducido como "fuego antiaéreo"), descrito por Herman y Chomsky como "respuestas negativas a una afirmación de los medios o a un programa (de TV o radio). Puede tomar la forma de cartas, telegramas, llamadas telefónicas, peticiones, juicios legales, discursos y Leyes presentadas al Congreso, u otros modos como querellas, amenazas y acción punitiva". Todos ellos representan los poderosos mecanismos de defensa que ejerce el poder cuando se ve cuestionado por terceros actores, interpelido en su labor, o bien simplemente en evidencia, o bajo una información ciertamente sensible. Los poderes fácticos reaccionan entonces de forma violenta, desencadenando toda una serie de reacciones, que además se apoyan en que el resto de las estructuras del poder están también a su servicio. De hecho, las organizaciones empresariales se reúnen regularmente para formar máquinas de flak, mediante los poderosos lobbies al servicio de las mismas. Y así, abogados y periodistas forman todo un ejército para la defensa de los intereses corporativos, que se pone en marcha de forma regular para la proyección de sus intereses en todos los ámbitos. Ésta es, evidentemente, otra forma poderosísima de canalizar, extender y difundir el pensamiento dominante, responsable de las numerosísimas falacias que se vierten en nuestro mundo, y que son las responsables del diseño mental bajo el que funciona la mayoría social. A estos lobbies se unen las fundaciones y tanques de pensamiento (think tank), a los que ya nos hemos referido en anteriores artículos de esta serie. Estos organismos difunden periódicamente artículos, informes y estudios, cuyo único objetivo es reforzar y hacer prevalecer los criterios (interesados) de los grandes agentes económicos. 

 

El quinto y último filtro de noticias identificado por Herman y Chomsky es lo que ellos denominaron el "anticomunismo". Se esfuerza en fabricar todo un imaginario colectivo sobre los "enemigos de Occidente", sean éstos líderes políticos de terceros países, corrientes de pensamiento, o bien movimientos sociales o formaciones políticas que planteen otros modelos de sociedad, otros mundos posibles. Ante todo ello, los grandes medios se emplean a fondo en lanzar toda una serie de campañas de acoso y derribo, de mentiras, manipulaciones y sesgos mediáticos cuyo objetivo es deformar profundamente los verdaderos hechos, pensamientos y opiniones. Sucias estrategias periodísticas son usadas en estas campañas, que no se detienen ante nada, donde se vierte lo peor de la profesión, y que son capaces de derrocar gobiernos enteros, mediante la complicidad de ciertos sectores sociales. Toda esta demonización de los "enemigos" es útil, incluso esencial, en la justificación de maniobras estratégicas geopolíticas y en la defensa de los intereses corporativos en todo el mundo, mientras aplacan la crítica interna de tal conducta. Podemos poner múltiples ejemplos de este filtro, que también se refleja cuando los medios convencionales demonizan a ciertos sectores, tales como los "antisistema" (normalmente los manifestantes antiglobalización), o cuando marginan a personas o colectivos calificándolos de amenazas para la "libertad" o para la "democracia", cuando en realidad sólo luchan contra la perversa ideología del libre mercado llevada hasta sus últimas consecuencias. 

 

Mediante los cinco filtros descritos, que conforman este modelo de propaganda, los medios de comunicación dominantes contribuyen a mantener el status quo del poder corporativo en nuestras sociedades, la dominación y defensa del programa político neoliberal, las bondades del libre comercio, y el rechazo, indiferencia y aplastamiento de cualquier conato de alternativa al sistema-mundo actual. Los disidentes de toda esta vorágine capitalista son tachados automáticamente de "radicales", "extremistas", "antisistema", y sus puntos de vista son sistemáticamente silenciados y mutilados. Se sataniza al pensamiento alternativo, creando campañas que divulgan los "peligros" de dicho pensamiento, que poco menos nos llevarían al "desastre". Se apuesta por el fin de las ideologías, se defiende a capa y espada el neoliberalismo como único modelo posible, y se intenta por todos los medios desprestigiar a los que cuestionen las bases del sistema mediante sucias y vergonzosas campañas mediáticas. Sus argumentos serán implacablemente marginados, ignorados y tergiversados, y al sistema dominante se le presentará como "razonable", "sensato" y el único "posible". Se apela al fracaso de los intentos históricos de implantarlos (sin explicar sus verdaderos motivos, ni contar que la mayoría de ellos fueron abruptamente abortados por las élites dominantes), y se infunden en el pensamiento colectivo falacias de un calibre superlativo, que a fuerza de ser machaconas, van calando en el imaginario popular, creando un inequívoco velo de distorsión. De todo ello, son los medios de comunicación los mayores responsables. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 diciembre 2016 4 08 /12 /diciembre /2016 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Los medios de comunicación más masivos e influyentes son del mercado, de las grandes empresas tanto mediáticas como no mediáticas, no son ni el cuarto poder ni un contrapoder, son un brazo del primer poder que es el de las finanzas y las grandes empresas, a su vez bien articuladas por numerosos intereses

Ramón Reig

Ganar la batalla a los medios de comunicación dominantes, mientras se mantenga la falacia del "libre mercado", de la "libertad de expresión", de la "libertad de prensa", y similares, que únicamente pretenden salvaguardar su derecho a manipular por doquier a las masas, censurando toda opinión alternativa, es un difícil proceso. David Edward explicó en un artículo para el medio Rebelion.org el modelo de propaganda utilizado por estos medios de comunicación dominantes, basándose a su vez en la obra conjunta de Noam Chomsky y Edward Herman, y en sus opiniones vamos a basarnos a continuación. Este modelo de propaganda describe cinco "filtros" que determinan lo que se consideran "noticias", y por tanto, lo que aparece en los diversos medios de comunicación, bajo los diversos formatos. El modelo de Herman y Chomsky también explica cómo la disidencia frente a los medios de comunicación dominantes recibe poca o ninguna cobertura, mientras que los Gobiernos y el gran capital reciben fácil acceso al público para imponerle, mediante este constante goteo, sus mensajes corporativo-capitalistas. De ahí surge el imaginario colectivo popular, que uniformiza las mentes, las ideas, las actitudes y los pensamientos, determinando lo que está bien y lo que no lo está, lo que es normal y lo que no lo es. Por ejemplo, "el libre comercio es beneficioso", "la globalización es imparable", "nuestras políticas generan crecimiento económico y creación de empleo", "tratamos de resolver la pobreza", "nos importan las personas", y muchos otros. 

 

Ya hemos comentado en las entregas precedentes que la propiedad corporativa de los medios, sea ésta directa o indirecta, condiciona plenamente sus contenidos, sus líneas editoriales. Cuando esto se convierte en un oligopolio mediante el cual cuatro, cinco o seis grandes corporaciones controlan todo lo que se publica, lee, visualiza o escucha en el mundo, la situación está totalmente controlada en su beneficio. Debido al tamaño de estos grandes emporios, a la masiva concentración de la propiedad, a la inmensa riqueza de sus propietarios, y al imperativo capitalista de obtener los máximos beneficios de las corporaciones dueñas de los medios, difícilmente podría esperarse un resultado diferente. Los Consejos de Administración de estas grandes corporaciones mediáticas están formados por gente poderosa, acaudalada, con grandes redes de contactos a su servicio, y con plenos poderes para mover las "puertas giratorias" en su beneficio. Suelen ser enormes compañías diversificadas, con ramificaciones en otros muchos negocios, y por tanto, con intereses profundamente intrincados. Es difícil pensar, ante un escenario como el descrito, en la neutralidad de una prensa o de unos canales de televisión comprometidos con la deontología periodística, con el rigor, con la veracidad y con la pluralidad. Lejos de estos valores, la gran vorágine mediática está dominada por sus intereses capitalistas, y por su firme creencia en el dogma neoliberal. 

 

En sentido general, estamos provocando, al igual que ocurre en otras muchas áreas relacionadas con los derechos humanos (como la vivienda por ejemplo), que la libertad de prensa esté limitada simplemente porque los propietarios de estas grandes corporaciones mediáticas son firmes creyentes de la ideología de libre mercado, y aspirantes a mercantilizar todas las áreas que se pongan por delante. ¿Hasta qué punto es probable, entonces, que tales propietarios permitan que su propio periódico, emisora de radio o de televisión, critiquen sistemáticamente el capitalismo de libre mercado, que es la fuente de su riqueza material? Incluso los medios de apariencia más independiente en este sentido, no apostarán en realidad por una crítica al pensamiento dominante de manera radical, sino, como mucho, por pequeñas críticas parciales, que no cuestionan al sistema en su conjunto. El segundo filtro de este modelo de propaganda es la publicidad. Los medios tienen que atraer y mantener una alta proporción de publicidad en todos sus formatos y contenidos, en toda su programación y en todos sus horarios, para poder cubrir los costes de producción. La enorme publicidad desplegada por los medios representa hoy día un talón de Aquiles fundamental para su independencia. La renuncia a esta carga publicitaria podría significar, para muchos medios, su práctica desaparición, salvo en el caso de los medios públicos, que dependen de unos presupuestos estatales o locales, y que pueden disminuirla, incluso eliminarla (en este caso, como ahora ocurre con la corporación RTVE, la publicidad es la proporcionada por el gobierno de turno). 

 

La competencia entre los medios es feroz, la pelea constante por los índices de audiencia o de venta se convierte en una ardua tarea para publicistas, programadores, y creadores de contenidos, y la publicidad se convierte en un eje transversal de la programación de las medios, que no cesan de investigar y explorar nuevos formatos para canalizar e introducir descaradamente dicha publicidad en las mentes de los consumidores. La competencia se extiende a la capacidad para atraer a los anunciantes, y cualquier medio que obtenga menos publicidad que sus competidores se ve seriamente perjudicado. Y dada esta situación, es lógico pensar que los medios tengan que mostrar cierta "simpatía" hacia los propietarios del gran capital, de tal forma que poco a poco, los intereses capitalistas (y su amenaza de retiro publicitario) pueden bastar para afectar al contenido editorial. Y claro está, todo ello influye en la propia actividad de los profesionales ligados a dichos medios, que ven seriamente cuestionada su independencia y su libertad a la hora de publicar ciertas noticias, o de insistir en ciertos enfoques de las mismas. El capital y sus intereses van poco a poco mermando la libertad de prensa, van imponiendo sus criterios y sus normas, van chantajeando a los profesionales de los medios, que al final, se convierten en meros voceros o bufones de sus propietarios a gran escala. Llegado este punto, la tergiversación, la manipulación, el sesgo, la mentira, la ocultación y la falta de honestidad están servidas. 

 

Y lógicamente, todo profesional que se precie y que no quiera entrar en esta peligrosa dinámica, por sus propios principios y dignidad profesionales, se verá seriamente acosado, ninguneado e incluso hostigado y despedido. Y no es teoría. Podriamos contar miles de casos reales. En 1999, como recoge David Edward en el artículo de referencia, la empresa British Telecom amenazó con retirar su publicidad del Daily Telegraph después de la publicación por parte de este medio de una serie de artículos críticos. El periodista responsable de los mismos fue suspendido. En un estudio estadounidense de 1992, donde fueron consultados 150 redactores de noticias, un 90% de ellos declaró abiertamente que los anunciadores trataban de interferir en el contenido de los medios, y un 70% aseguró que trataban de eliminar por completo determinadas informaciones. Un 40% admitió que los anunciantes habían efectivamente influenciado en la publicación de determinadas noticias. Hay que acabar por tanto con el mecenazgo empresarial de los medios, si es que queremos ofrecer unos medios de comunicación libres e independientes. Porque como estamos viendo, un sistema basado en la publicidad hace que la supervivencia de las publicaciones se vea seriamente cuestionada si osan enfrentarse a los intereses de sus verdaderos dueños. Un modelo de medios de comunicación alternativos ha de prescindir absolutamente de la publicidad, de los anunciantes, de los contenidos patrocinados, de los contenidos embebidos en los casos de medios digitales, y de toda plasmación publicitaria sea directa o indirecta, palpable o subliminal. Aún nos quedan tres filtros más. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 diciembre 2016 4 01 /12 /diciembre /2016 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (50)

Nunca los medios de comunicación han sido un Cuarto Poder, ni han estado al servicio de los pueblos

Ángelez Díez (Profesora UCM)

Comentamos muy de pasada en la entrega anterior que gran parte de los conglomerados mediáticos que nos "informan" estaban controlados por la gran banca, asunto al que le dedicaremos mayor atención en las próximas líneas, basándonos en este artículo de ADICAE para el medio "El Salmón Contracorriente". Pues bien, vayamos al asunto: la gran banca participa directa o indirectamente en hasta 13 empresas relacionadas con la comunicación en nuestro país. Y así, periódicos (como ABC, La Vanguardia o La Razón), emisoras de radio, cadenas de televisión (como Telecinco o Antena 3), empresas de publicidad y productoras de cine presentan entre los miembros de sus Consejos de Administración a personalidades relacionadas con la banca, o directamente, el mismo banco es la entidad financiera que posee participación en dichas empresas, tales como el Sabadell, Santander, Caixabank o Banco Popular. Por ejemplo, Vocento es uno de los grupos de comunicación multimedia más grandes del país. El grupo engloba entre sus negocios al Diario ABC, la cadena COPE, los suplementos XL Semanal, Mujer Hoy y Hoy Corazón, y participa en el accionariado de la Sociedad Gestora de Televisión NET TV, que posee los canales de TDT Disney Channel y Paramount Channel. El Presidente de su Consejo de Administración también está presente en el Consejo de Administración de Banco Santander. 

 

Otro importante grupo mediático de nuestro país, el Grupo Planeta, que engloba medios como La Razón, Atresmedia, Onda Cero, Europa FM, u Onda Melodía, entre otros, tiene como Presidente al Vicepresidente primero del Banco Sabadell. El Grupo, más conocido como Editorial Planeta, tiene una participación dominante en el grupo Atresmedia, dueño de Antena 3, La Sexta, Neox o Nova, entre otros medios. Por su parte, Mediaset España, conocida por los canales que gestiona (Telecinco, Cuatro, FDF, Divinity, Boeing, Energy...) tiene como accionistas mayoritarios a la empresa italiana Mediaset (controlada por el magnate Silvio Berlusconi) y al Grupo Prisa, dueño de El País o la Cadena Ser. Además, entre los miembros de su Consejo de Administración encontramos a una Consejera del Banco Popular. El Grupo Prisa, por su parte, es responsable del Grupo Santillana (editorial) y posee también las publicaciones Cinco Días, o diario AS (deportivo). En su Consejo de Administración también se sienta un Consejero de Caixabank. Esta entidad financiera también tiene miembros de su Consejo en el Grupo Godó, propietario entre otros de La Vanguardia y Mundo Deportivo. Su Presidente, Javier Godó, III Conde de Godó y Grande de España, posee acciones en el banco y es Consejero de la entidad. Y así podríamos continuar con otros muchos medios. La lista es extremadamente larga e ilustrativa. 

 

En resumidas cuentas, la gran banca privada está presente de forma muy activa e importante en los Consejos de los medios, y evidentemente, dicta la línea editorial de los mismos, incide y controla lo que se nos cuenta y cómo se nos cuenta, y de todo ello podemos y debemos sacar las oportunas conclusiones. Pero la banca no sólo está presente en el negocio de los medios, sino que su control sobre ellos también se manifiesta por medio de la publicidad. Se han dado casos recientemente donde algún banco ha comprado directamente todas las portadas de los principales periódicos del país, para anunciar cierto producto o servicio. Con la crisis que están pasando los medios de comunicación de un tiempo acá, los ingresos por publicidad se han convertido en una fuente de financiación importante, así que no quieren perder ningún anunciante, y menos si éste es un banco que se gasta una importante suma en sus campañas de márketing, por lo que el medio de comunicación de que se trate hará todo lo posible por no contrariar a estos grandes inversores. La banca, de esta forma, chantajeará permanentemente a los medios, amenazando a éstos con cortar el grifo de la publicidad, para que actúen según la forma, el criterio y el fondo que ellos quieren imponer. Junto a la Iglesia Católica, el otro gran actor en la sombra que también controla los medios de comunicación (poseedora esta vez de la propiedad directa de algunos de ellos), ello explica la aparente "unanimidad" con la que los medios enfocan la inmensa mayoría de las noticias. 

 

Un banca privada que también está presente en el sector alimentario, que está muy ligada al resto de las empresas del IBEX-35, que tiene parte activa en el uso de los paraísos fiscales para el desvío de fondos hacia los mismos (los bancos gestionan directamente esta presencia a sus clientes), que es la responsable de los grandes desequilibrios que provocaron esta última crisis del capital transnacional de 2007, que constituye el sector más denunciado por las asociaciones de consumidores (debido a sus malas prácticas, a sus continuos fraudes y a sus permanentes abusos), que está detrás del grueso de las políticas neoliberales que se llevan aplicando desde hace décadas, que es la responsable principal de la gran deuda pública de los Estados (mediante el fraude que supone que puedan recibir dinero prácticamente gratis del BCE mientras lo cobran a elevados intereses a los Estados cuando compran su deuda), que es la responsable de los mayores fraudes a sus clientes protagonizados en los últimos años (participaciones preferentes, productos tóxicos, cláusulas suelo, desahucios, parques de viviendas vacías, hipotecas abusivas, etc.), y que además, por no extendernos mucho entre sus múltiples tropelías, son las que encabezan el ránking de empresas que invierten en armamento. Resumiendo, la banca privada es el gran cáncer de nuestra sociead, es ese parásito hematófago que nos lleva haciendo daño durante mucho tiempo, y la principal responsable del diseño financiarizado de la economía que nos exprime y nos esclaviza. 

 

Ante ello, la cantidad de información que al lector, oyente o televidente llega es mayoritariamente controlada por los poderes fácticos, últimos responsables del modelo de sociedad que tenemos. Y como ya advertíamos en el artículo anterior, es nuestra responsabilidad llevar a cabo este análisis, tener estos datos en cuenta, evaluar el grado de "información" y de "opinión" que se vierte sobre tal o cual noticia, profundizar en los análisis que nos hacen, diseccionar la información, sacar a la luz los intereses que las mueven, y obtener una versión más objetiva de la información en sí. El problema radica en que no hemos sido educados para ello. Los medios nos llevan ventaja. Juegan con ventaja. Tenemos que estar preparados para disminuir esa ventaja, y ello sólo se puede hacer si estamos educados, formados y preparados para ello. Los medios no analizan en realidad las causas de los acontecimientos, porque la inmensa mayoría de las ocasiones no interesan que las verdaderas causas salgan a relucir. Por ello, nos presentan los hechos y las consecuencias de los mismos, ignorando las causas. Interpelan a las emociones de los lectores, no al auténtico análisis de la situación. Esconden los motivos que desencadenan los hechos, y nos hacen análisis simplistas e interesados. Con todo ello, provocan que su lectura uniformizada de la realidad incida en la configuración mental que nos hacemos de lo que ocurre en nuestro país y en el resto del mundo. Como nos aconseja muy bien la socióloga y profesora de la UCM Ángeles Diez en esta entrevista para el medio Canarias Semanal, hay que hacer con las noticias que consumimos igual que hacemos con los alimentos y productos que compramos en el supermercado: darle la vuelta al paquete, para enterarnos de quién lo ha elaborado, qué componentes lleva, dónde se ha envasado, etc. Pues con las noticias, igual: darle la vuelta y ser capaces de interpretar qué grupo de comunicación está detrás de la misma, qué intereses tiene, qué periodistas nos la cuentan, etc. Todo ello nos ayudará a ser más críticos, y a no perdernos ante tanta manipulación mediática. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 noviembre 2016 3 23 /11 /noviembre /2016 00:00
La transmisión del pensamiento dominante (49)

Son los grandes monopolios multinacionales de los medios de comunicación quienes configuran fundamentalmente el pensamiento único que teje las mentalidades colectivas hoy en día, y que la ciudadanía asimila progresivamente, con mayor o menor énfasis en cada caso. Si el Ministerio de Educación les pusiera deberes de obligado cumplimiento a los medios de comunicación, para que contribuyeran a la tarea de educar en los valores proclamados en los derechos humanos y en la Constitución, estos monopolios pondrían en marcha todos sus equipos de abogados para demandar al Estado y defenderían su libertad de expresión

Enrique Javier Díez y Agustín Moreno

Porque en efecto, tal como acaban de ilustrarnos en la cita de entradilla (de dos grandes expertos en educación), los medios de comunicación dominantes únicamente defienden "su" libertad de expresión, ignorando la de los demás. La prueba más palpable y evidente es que ninguno de los artículos que publicamos, por ejemplo, en este mismo Blog, sería publicado en ningún medio de los que recogemos en la imagen de entradilla. Bien, una vez hecho en el artículo anterior de la serie un análisis previo sobre quién controla los medios de comunicación a nivel global, y siguiendo el mismo artículo de referencia, no menos interesante sería saber quién controla los más poderosos medios de comunicación en nuestro país, tales como Grupo PRISA, Grupo Planeta, Mediaset, Vocento, etc. Uno de los periodistas y escritores que con mayor profundidad ha investigado sobre los medios de comunicación en nuestro país es Pascual Serrano, y a su obra completa remitimos a nuestros lectores y lectoras. Gracias a su incansable labor de investigación conocemos hoy día gran parte de la trama que se encuentra detrás de nuestros medios de comunicación dominantes. Quizá una de las infografías más completas que nos muestran todas las dependencias mediáticas en nuestro país se encuentra en esta página del sitio "Yo me tiro al monte", cuyo examen pormenorizado recomendamos igualmente a nuestros/as lectores/as. 

 

Varias conclusiones podemos obtener, además de conocer los grandes grupos empresariales que se encuentran detrás de los diferentes medios que nos "informan" cada día de lo que ocurre. En España, los grandes holdings de la información en la mayoría de los casos están controlados por el sector bancario (a ellos nos referiremos con más detalle en la próxima entrega), multinacionales y empresas constructoras (muchas de las cuales están involucradas en tramas de corrupción). También controlan nuestros medios grandes aristócratas, la Conferencia Episcopal y el Opus Dei. Por tanto, la ideología de derechas (en muchos casos de ultraderecha), la visión neoliberal y el pensamiento dominante están garantizados por la difusión de todos estos medios. Y así, como en los tiempos de la dictadura franquista (aunque ahora vivamos en una sociedad con un barniz democrático), la aristocracia, la burguesía y el clero actúan unidos para imponer en la sociedad su discurso, su doctrina, y una visión del mundo ajustada a sus intereses, y a los de sus empresas. Hoy día, prácticamente, el panorama mediático es bien claro: la hegemonía de los medios de comunicación pertenecientes a la burguesía, la banca o la Iglesia es aplastante. Y luego tenemos a los medios alternativos, una referencia de los cuales estoy proporcionando a los lectores de este Blog en la sección "Blogs y medios alternativos" del margen derecho de la página, que voy cambiando cada cierto tiempo para actualizarlos y completarlos. Los medios alternativos no poseen normalmente versión impresa, se publican en Internet (el llamado "Quinto Poder"), no tienen a grandes dueños ni accionistas detrás, y sus medios de financiación en muchos casos proceden de campañas de crowfunding, o donaciones populares de los/as subscriptores/as. Es un periodismo absolutamente distinto. 

 

A tenor de toda esta información, no es difícil concluir que la información recibida a través de los medios, ya sea en España o en cualquier otro país, está siendo tratada con un sesgo que obedece a los intereses de los grupos empresariales que están detrás, y que por tanto, no podemos pedirle pluralidad, veracidad ni objetividad. Necesitan, para mantener sus poltronas de poder, controlar a la opinión pública de forma concreta, y en su provecho. Como nos cuenta Germán Gorraiz en este otro artículo, Edward L. Bernays, sobrino de Sigmund Freud y uno de los pioneros en el estudio de la psicología de masas (de ahí que esta serie de artículos se esté publicando en la categoría "Psicología" en vez de en la categoría "Política" del Blog), escribió en su libro "Propaganda" (1928) lo siguiente: "La manipulación deliberada e inteligente de los hábitos estructurados y de las opiniones de las masas es un elemento importante en las sociedades democráticas. Aquéllos que manipulan este oculto mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder dirigente de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes están amoldadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar". Y en otro de sus libros, titulado "Cristalizando la opinión pública", desentraña los mecanismos cerebrales del grupo, y la influencia de la propaganda como método para unificar su pensamiento. Así, según sus palabras, "la mente del grupo no piensa, en el sentido estricto de la palabra. En lugar de pensamientos, tiene impulsos, hábitos y emociones. A la hora de decidir, su primer impulso es normalmente seguir el ejemplo de un líder en quien confía. Este es uno de los principios más firmemente establecidos por la psicología de masas". 

 

Según esto, toda esa propaganda del establishment será dirigida no al sujeto individual, sino al grupo social en el que la personalidad del individuo unidimensional se diluye e identifica plenamente. De esta forma, la mente pensante es global, y por tanto, mucho más fácil de manipular. Y por su parte, el estadounidense Harold Lasswell, otro de los estudiosos de las técnicas de propaganda, ya hablaba en sus libros de "inyectar en la población una idea concreta con ayuda de los medios de comunicación de masas para dirigir la opinión pública en beneficio propio, y que permita conseguir la adhesión de los individuos a su ideario político sin tener que recurrir a la violencia". Cualquier parecido con la realidad es...pura realidad. Debido al terrible efecto producido, se va anulando poco a poco la conciencia crítica de las masas, que queda poco más o menos bajo un encefalograma plano, atacada por una práctica periodística obscena y repugnante, y peligrosamente carente de objetividad en sus editoriales, campañas y artículos de opinión. Se impone en la mayoría de los casos la fiel servidumbre a los poderes fácticos que controlan los medios (como ese "cuarto poder" de la democracia), y la sumisión a los dictados de los intereses de los dueños y accionistas de los medios, por encima de los valores y códigos deontológicos de la profesión periodística. Hoy día, podemos concluir que la inmensa mayoría de los y las periodistas que vemos y oímos no actúan desde la libertad, sino como mera correa de transmisión de los postulados del pensamiento dominante. Con eso se consigue que éste se convierta en mayoritario, aceptado globalmente, asumido sin complejos y con normalidad, arrasando cualquier pensamiento alternativo. 

 

Germán Gorráiz, miembro de ATTAC Navarra, lo ha expresado en los siguientes términos: "El actual sistema dominante o establishment de las sociedades occidentales utiliza pues la dictadura invisible del consumismo compulsivo de bienes materiales para anular los ideales del individuo primigenio y transformarlo en un ser acrítico, miedoso y conformista que pasará a engrosar ineludiblemente las filas de una sociedad homogénea, uniforme y fácilmente manipulable". Otro estudioso del asunto fue el sociólogo y filósofo alemán Herbert Marcuse, quien en su libro "El Hombre Unidimensional" (1964), explica que "la función básica de los medios es desarrollar pseudonecesidades de bienes y servicios fabricados por las corporaciones gigantes, atando a los individuos al carro del consumo y la pasividad política". La gran tarea para poder desbancar al pensamiento dominante, por tanto, y a la luz de todo este viciado panorama, es inocular la semilla del alternativismo, del inconformismo, de la rebeldía, de la reflexión, del pensamiento individual además del social, de levantar nuestra capacidad crítica, de replantearnos la información que nos cuentan, por qué nos la cuentan, cuáles son los intereses que subyacen a ella, cuáles son los objetivos que persiguen...en una palabra, crear fisuras al pensamiento dominante, romperlo y rasgarlo, debilitarlo, construir alternativas, difundir los oscuros intereses que los mueven, y construir una sociedad donde todas las ideas tengan igualdad de oportunidades para poder expresarse y conocerse. Esa es la meta. Continuaremos en siguientes entregas.

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17 noviembre 2016 4 17 /11 /noviembre /2016 00:00
Viñeta: Kike Estrada

Viñeta: Kike Estrada

Aunque sea cierto que mi cerebro es de mi propiedad, el funcionamiento social de la mente no depende de su propietario sino del contexto en el que se forma la mente, de los flujos mediáticos, de los impulsos estéticos, de las exigencias que la infosfera impone de muchas maneras. Es falsa la idea de que la mente es individual. Cuanto más tupida sea la red de interacciones comunicativas y tecnológicas entre las diversas mentes y las diversas máquinas de elaboración mental, más tiende la mente individual a ser simple articulación de la mente global

Franco Berardi ("La fábrica de la infelicidad")

Porque como en entregas anteriores hemos afirmado, nuestra mente está sujeta a miles de mensajes, desde que nacemos, que van modelando nuestro comportamiento individual y social, y marcando los cánones sobre lo que está bien o mal, sobre las mentiras y las verdades, sobre lo correcto y lo incorrecto, sobre la normalidad y lo que  no lo es. Pero también se nos inculca lo que es importante y lo que no, los valores fundamentales por los que funcionamos en nuestro mundo (conjunto de interacciones que delimitan los límites de nuestra sociedad), y nuestras posibles reacciones,  basadas en dichas experiencias. Y en todo ello, como venimos contando, los medios de comunicación desarrollan una labor fundamental. El adormecimiento de las conciencias, los raseros que conceden atención a los fenómenos, y una estricta gama de valoraciones, están dictados por nuestro juicio, por nuestro "sentido común", con la inestimable ayuda de los medios de comunicación. De ahí que sea tan interesante averiguar cómo se configuran dichos medios, quiénes están detrás de ellos, qué intereses poseen, a qué sectores sirven con sus informaciones, y hasta qué punto se alejan de lo que debiera ser el paradigma en una sociedad democrática, que no es otro que una información veraz, y auténticamente pluralista. 

 

En este sentido, voy a rescatar unos comentarios de Olga Rodríguez, quien en un reciente artículo para eldiario.es, sobre la problemática de los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE), reflexionaba en los siguientes términos: "Cuando se celebran debates políticos entre los candidatos a la Presidencia del Gobierno suele haber más de 400 periodistas acreditados. Si 400 periodistas se apostaran con cierta frecuencia a las puertas de un CIE la sociedad conocería las violaciones de derechos que en ellos se perpetran, y es probable que finalmente las autoridades permitieran a la prensa grabar dentro de esos centros hasta ahora vetados para las cámaras. Si 400 periodistas acudieran con asiduidad a las puertas de un desahucio, se habrían evitado muchas más expulsiones. Si 400 periodistas dieran visibilidad cotidiana a las personas con trabajos precarios, a las desempleadas, a las víctimas de maltrato de género o a las que cada vez trabajan más por menos, tendríamos debates públicos más útiles y menos cortinas de humo creadas para inocular miedo y para que creamos que la estabilidad está íntimamente ligada al recorte de nuestros derechos y libertades". Olga explica, como acabamos de ver, y con esa maestría que le caracteriza, la importancia de situar el "foco mediático" en los problemas realmente interesantes, en los que de verdad preocupan a la gente, en los auténticos problemas graves de nuestra sociedad, en las tremendas injusticias y desigualdades, como patrón e indicador social de hacia dónde se tienen que mover las informaciones, en vez de a donde le interesen a los dueños de los medios de comunicación, que lógicamente verán el mundo desde un prisma muy diferente. 

 

Y hablando precisamente de los dueños de los medios de comunicación, y como un breve repaso didáctico, vamos a seguir algunos artículos del medio "El Salmón Contracorriente", uno de los medios alternativos más interesantes en la actualidad, para que nos ilustren sobre ello. El primero de ellos lo firma Julio Fernández, y se titula "¿Quién controla y financia los medios de comunicación que nos informan?". El autor comienza asegurando algo muy cierto: "Saber de dónde viene la información debería ser tan imporante como la información en sí misma, ya de que de este modo el receptor de la información podría en muchos casos estimar la intención, o los intereses que puede haber detrás de todos esos datos proporcionados". Sin embargo, la información sobre la propiedad de los medios no suele ser algo transparente, y de hecho, sólo existen dos países en Europa que tienen la obligación de proporcionar dicha información a la sociedad, según sus respectivas legislaciones, que son Austria y Croacia. Todos los demás países de nuestro entorno no poseen esa obligación legal, por lo cual averiguar quiénes son los actores que se encuentran detrás de lo que leemos, vemos y escuchamos en cada medio, es un arduo y tedioso trabajo de investigación. Pues bien, las cifras manejadas por este autor ponen de manifiesto que son cuatro los holdings de comunicación que a nivel mundial controlan el 96% del total del negocio mediático, y paradójicamente, esos cuatro holdings multinacionales, están dirigidos por lobbies judíos. Veamos los datos concretos. 

 

En efecto, estos cuatro conglomerados empresariales son Walt Disney, Time Warner Inc., Viacom/CBS (controlados por la familia de banqueros judíos Rosthchild), y 21st Century Fox, con su subsidiaria News Corporation liderada hasta el año 2012 por el magnate Rupert Murdoch, después de que dejara la empresa por las escuchas a grandes personalidades a través de su medio sensacionalista "News of the World". La 21st Century Fox está dirigida por lobbies sionistas y el sector bancario (JP Morgan, Elliot Associates L.P., Invesco Ltd., Waddell & Reed Finnancial Inc. y Deustche Bank AG). Todos esos medios de comunicación engloban en sus estructuras empresariales todo tipo de canales de televisión, radio, publicaciones, revistas, etc. De hecho, sobre el poder de dichos lobbies judíos en la información que se mueve en Estados Unidos, es famosa la frase que pronunció la portavoz israelí, Tzipora Menache: "Ustedes saben muy bien, y los estúpidos americanos saben igualmente bien, que nosotros controlamos su gobierno, independientemente de quién se sienta en la Casa Blanca. Ustedes ven, yo sé esto y ustedes lo saben que ningún presidente americano puede estar en una posición de desafiarnos aún cuando nosotros hacemos lo inconcebible. ¿Qué pueden ellos hacernos a nosotros? Nosotros controlamos el congreso, nosotros controlamos los medios de comunicación, nosotros controlamos el espectáculo, y nosotros controlamos todo en América. En América usted puede criticar a Dios, pero usted no puede criticar a Israel". Absolutamente impresionante. No son necesarias más palabras. Espero que mis lectores/as se explicarán muchas cosas (aunque sigan siendo injustificables) después de saber esta información. 

 

Siguiendo de nuevo a Julio Fernández, existen en el mundo otros muchos casos curiosos, y que no dejan de ser paradigmáticos para comprender las dinámicas e intereses que se encuentran detrás del sector de la información internacional. Un caso igualmente típico es aquél donde encontramos a empresas que, perteneciendo a sectores no relacionados con los medios de comunicación, entran en el negocio a través de la adquisición de terceras empresas de dicho sector, participando en su accionariado con más o menos poder. Si a esto le añadimos que las empresas propietarias sean de sectores, digamos, controvertidos, la cosa ya tiene cierto interés. Un ejemplo muy claro de ello es el de los grupos armamentísticos franceses, concretamente de las empresas Lagardère o Dassault Aviation, las empresas de armamento más grandes del país, teniendo en cuenta además que Francia es el cuarto país exportador de armas del mundo, detrás de Estados Unidos, Rusia y China. Pues bien, paradójicamente, dichas empresas controlan dos de los periódicos más importantes del país, como son Le Monde y Le Figaro. Tremendamente curioso, ¿no es cierto? Teniendo esta información, y leyendo ciertos editoriales de dichos medios, es más fácil comprender ciertos mensajes y los intereses que se sitúan detrás de ellos. En la siguiente entrega daremos un pequeño repaso al sector de medios de comunicación español, con sus diferentes e intrincadas relaciones de propiedad y participación de sus empresas. 

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2 noviembre 2016 3 02 /11 /noviembre /2016 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Estamos viviendo dos historias distintas: la de verdad y la creada por los medios de comunicación. La paradoja, el drama y el peligro están en el hecho de que conocemos cada vez más la historia creada por los medios de comunicación y no la de verdad

Ryszard Kapusczinski

En efecto, el control de los medios de comunicación de masas es una cuestión estratégica en toda sociedad democrática que se precie, pues en teoría (aunque la práctica es bien distinta), la absoluta garantía a la libertad de expresión requiere que todos los mensajes sean difundidos, todas las opiniones sean oídas, todos los puntos de vista sean manifestados, todas las visiones puedan ser expuestas en igualdad de oportunidades. Pero la realidad, como estamos pudiendo comprobar, es otra bien distinta...¿Creen mis lectores que los artículos que publico en este Blog podrían ser también publicados en los grandes medios de comunicación convencionales, aunque siquiera fuese en la sección más oculta de los mismos? Evidentemente, NO. Pero no sólo la mía, ni del conjunto de personas que tenemos estas mismas opiniones, sino que son silenciadas, ninguneadas y ocultadas las opiniones de grandes economistas, políticos, periodistas, escritores, filósofos, intelectuales en una palabra, simplemente porque son voces críticas con el régimen que nos gobierna. Porque lo cierto es que, a través de estos medios de comunicación, se crea y se forma opinión, se divulgan pensamientos e ideas, se puede manipular la forma de entender lo que ocurre de una mayoría social, creando incluso armazones ideológicos pensados a medida del sistema dominante. 

 

La manipulación informativa, creada, potenciada y apoyada por estos medios, es un proceso profundamente estudiado. Los medios de comunicación dominantes, al servicio de los poderosos, no informan en realidad, sino que elaboran las noticias, los comunicados, los editoriales y las columnas de opinión para sostener las posiciones del gobierno de turno o de las grandes corporaciones que controlan el poder real. Incluso las que puedan parecer más críticas con él, en el fondo, alimentan al mismo sistema, y atacan con furor todo intento de cambiarlo. Los grandes medios actualmente funcionan absolutamente como empresas, sus propios directivos pertenecen a las mismas élites privilegiadas, se hacen favores entre ellos, y es lógico por tanto, que estos medios se comporten como voceros de las tesis ideológicas de sus verdaderos amos. Es un hecho que ya observó Carlos Marx a lo largo de toda su obra. Cuando hablan de libertad de expresión, los grandes medios sólo se refieren a "su" libertad de expresión, intentando acallar con todas sus posibilidades a las voces críticas o discordantes. Es una libertad de expresión limitada, recortada y ajustada, acotada dentro de un orden, que jamás cuestione los grandes elementos que perpetúan el sistema de poder. Augusto Zamora, en su artículo de referencia, sostiene que puede establecerse, incluso, una sencilla ecuación: a mayor concentración de riqueza y poder en determinados grupos minoritarios, mayor concentración de medios de comunicación controlados, directa o indirectamente, por esos mismos grupos. O si se quiere, expresado de otra forma, podríamos concluir que la existencia de diversos conglomerados de medios de comunicación es directamente proporcional a la concentración de poder en los grupos que controlan a dichos medios. 

 

En su artículo, Augusto Zamora nos da un pequeño repaso internacional, demostrando hasta qué punto la ecuación referida se cumple fielmente en la realidad. Y así, los grandes propietarios de estos conglomerados mediáticos, poseen canales de televisión, emisoras de radio, diversas revistas especializadas, unas pocas editoriales a su servicio, varios periódicos, portales en Internet, y un largo etcétera de medios para hacer llegar su potente altavoz mediático al mayor número de personas posible. Voy a rescatar dos ejemplos muy significativos de todos los que nos cuenta el autor en su artículo: El Grupo El Comercio, en Perú, controla el 78% de la prensa del país. Y en Brasil, el Grupo Globo controla el 45,2% de la audiencia televisiva, y el 73,5% de la publicidad que ven y oyen los brasileños, además de poseer 38 canales de pago. Bien. Pues resulta que el Grupo Globo (miren ustedes por dónde, qué casualidad) ha encabezado la campaña de "impeachment" para derrocar a la Presidenta Dilma Rousseff, elegida democráticamente por el pueblo brasileño, y sin que le hayan podido demostrar hasta ahora su participación en ningún caso de corrupción. Creo que no hacen falta más ejemplos para comprender que, si se produce en cualquier país un escenario de concentración de medios tan inmenso, entonces en dicho país existirá una amenaza muy clara a la democracia. Evidentemente, los dueños de estos grandes oligopolios mediáticos suelen ser grupos de multimillonarios, que comparten el propósito común de defender con uñas y dientes el sistema que les ha permitido llegar donde han llegado. No van a dejar que les quiten sus privilegios así como así, de modo que ante cualquier intento legítimo y democrático de deshacer esos grandes imperios mediáticos, sus dueños reaccionarán con virulencia. 

 

Comparten una ideología común, ideología que sostienen y apoyan desde sus respectivos medios de comunicación. Sus líneas editoriales no tienden a informar verazmente, sino a preservar el establisment y a desinformar, así como a atacar a quiénes, para ellos, representan cualquier amenaza. Todo ello conduce a una práctica desaparición del pluralismo informativo, y a una extensión (desgraciadamente lo que estamos padeciendo) y generalización del pensamiento dominante. La sociedad, gracias a la incansable labor de estos medios (con su ejército de periodistas a sueldo) se ve saturada de informaciones y análisis que van en la misma línea, con el mismo o similar contenido ideológico, de forma que se llega a un estadío donde se disfruta únicamente de una apariencia de libertad de expresión, sólo es una ficción o simulación de la misma. Portadas, programas, tertulias, debates, análisis, editoriales, artículos, se distribuyen enfocados a la misma tarea. El pensamiento dominante se extiende como un mantra absoluto, potente, inquebrantable. Y cualquier persona, partido, organización o entidad que lo ponga en cuestión, será severamente reprimida, ignorada o atacada. Controlar la información, las ideas, las opiniones, es en definitiva controlar las mentes, privilegio que como decimos, los amos de los grandes medios de comunicación no están dispuestos a perder, ni siquiera a compartir. La conclusión está clara: una sociedad que no está plenamente informada, de forma veraz y plural, no es auténticamente libre. Afortunadamente, las TIC, las Nuevas Tecnologías e Internet han abierto un campo muy extenso con posibilidad de difusión de ideas alternativas, que han permitido proliferar a gran cantidad de diarios, revistas, blogs y canales discrepantes. No obstante, como la democracia tampoco ha llegado del todo a estas nuevas tecnologías (no todo el mundo tiene acceso, ni sabe manejarlas) aún la competencia no está equilibrada. 

 

Al  momento de escribir esta entrega número 47 de esta serie de artículos, coincide con el debate de investidura (asegurada) de Mariano Rajoy como Presidente del Gobierno, y acaba de espetarle a Pablo Iglesias, que compare los resultados electorales del PP con los de Unidos Podemos, para comprender porqué es él (Rajoy) quien está solicitando la confianza de la Cámara. Espero que mis lectores sepan explicar, a estas alturas, el por qué de esta situación, pero aún vamos a rescatar una cita final, que insiste en ello, de un reciente artículo de Juan Carlos Monedero, que se expresa en los siguientes términos: "El PSOE se empeña en parecerse al PP, y PRISA se empeña en parecerse al ABC o a veces, incluso, a 13TV. El problema es que el Grupo PRISA --en cuyo consejo editorial están Felipe González y Rubalcaba junto a Cebrián-- lleva dictando al PSOE desde hace demasiado tiempo lo que tiene que hacer. CaixaBank, Banco Santander y el HSBC --bajo la lupa de las autoridades fiscales de medio mundo-- son los accionistas de PRISA. ¿Qué puede por tanto esperarse? Y, me temo, accionistas también del PSOE. El sultán qatarí Al Kawari es accionista de PRISA y por eso El País nunca va a hablar de las condiciones de semiesclavitud de los trabajadores que levantan los estadios de fútbol. De la misma manera, el PSOE no va a hablar de los vídeos de Felipe González pidiendo favores a un bróker iraní ni va a ver en la corrupción del PP razones de peso para negarles la investidura". Creo que queda suficientemente claro, pero aún seguiremos insistiendo en ello. Continuaremos en próximas entregas.

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11 octubre 2016 2 11 /10 /octubre /2016 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Y lo que nos cuentan [los medios de comunicación] suele ser casi siempre la historia de los otros, no la nuestra. Y si estamos ocupados en vivir la historia de los demás no tenemos tiempo de preocuparnos de la vida propia. Pues si nos ocupásemos de ella y descubriéramos cómo la determinan otros, no nos quedaríamos de brazos cruzados e intentaríamos cambiarla a mejor

Vicente Romano ("La intoxicación lingüística")

Continuando con las construcciones mediáticas y su influencia en el pensamiento dominante, vamos a comenzar esta nueva entrega de la serie trayendo a colación un perfecto ejemplo de ello. Es de rabiosa actualidad, está perfectamente relatado en este artículo de Antonio Maestre para el medio La Marea, y plantea el falso dilema de las (posibles) terceras Elecciones Generales en Navidad. En efecto, como nos recuerda el autor, el mensaje que muchos medios (de la gran prensa dominante) trasladaron recientemente en sus portadas no buscaba informar, ni contar la realidad, ni exponer las alternativas, sino simplemente construirla adecuándola a sus propios intereses privados y económicos. En efecto, casi todas las portadas traían más o menos el mismo titular: La Razón decía "Investidura el 30 de agosto o terceras elecciones en Navidad", y El Mundo decía "Rajoy será presidente en septiembre o habrá elecciones el día de Navidad". Muchos otros ejemplos se pueden encontrar buceando en Internet sobre las portadas alrededor de esas fechas. Desde ya podemos afirmar sin ambages que ambas portadas eran falsas, mentiras sin posible lugar a la interpretación. Como muy bien nos recuerda el autor del artículo, en lógica se denomina "Falacia del falso dilema" a la consideración deliberada de dos únicas alternativas sin conceder espacio a otras. Es decir, se excluyen intencionadamente otras posibilidades con el fin de presionar, de inducir a nuestra mente a contemplar sólo las dos opciones expuestas. 

 

Para el caso que  nos ocupa, el interés está bien claro: ambos medios difunden la propaganda que favorece al Partido Popular enmascarando una opción ideológica como si fuera pura información. Porque la verdad es que había muchas más posibilidades: la investidura podría ser más tarde, podría ser otro el candidato, terceros partidos podrían negociar y favorecer un gobierno alternativo, y todo ello con hasta dos meses de plazo, según está previsto en la Constitución. ¿Por qué se hurta entonces esta información a los ciudadanos? Porque el objetivo que los grandes medios buscan no es informar, ni contar la realidad, sino construirla en función de sus propios intereses. Es algo tan simple (pero tan terrible a la vez) como que las grandes empresas que están detrás de estos medios están interesadas en que la investidura del Presidente en funciones se realice cuanto antes, y como medida de presión, lanzan el órdago de la fecha de navidad para las terceras elecciones. De esta forma (y es un simple ejemplo de entre miles que podemos poner), la desinformación que estos medios están trasladando busca construir una realidad paralela que no se ajusta a los hechos ni a la verdad, porque en realidad esa "falacia del falso dilema" que se planteaba contra el PSOE lo que buscaba era influir en la ciudadanía para que se uniera en la presión contra el ya ex Secretario General, con las miras puestas en favorecer un determinado gobierno que proyecte unas políticas determinadas, que son precisamente las que estos medios defienden. 

 

Podemos situar el foco fuera de nuestras fronteras, y continuaremos viendo el mismo tratamiento falaz y engañoso de la realidad. Por ejemplo, el brillante periodista y escritor Pascual Serrano afirma en este artículo, sobre la colocación del altavoz mediático en Venezuela, lo siguiente: "Están siendo portada las colas para conseguir leche en Venezuela en medios que nunca contaron que Cuba lleva años suministrándola gratis a los niños de menos de nueve años. Esos medios españoles que no informaron de que la empresa Coca-Cola España incumplió la sentencia de la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo que declaraba nulo el despido de 1.250 trabajadores y le obligaba a readmitirlos, llevan a sus portadas que Coca-Cola Venezuela no tiene azúcar para fabricar refresco. La expulsión por el gobierno de Marruecos de cinco abogados españoles por solidarizarse con los presos saharauis pasó por nuestros medios sin pena ni gloria, mientras que los políticos españoles pueden dar ruedas de prensa con los familiares de presos venezolanos condenados por delitos de incendio intencional, instigación pública, daños a la propiedad pública y asociación para delinquir. En algún caso culpables, según sentencia judicial, de instigar manifestaciones y acciones violentas que se saldaron con la muerte de 43 personas y cientos de heridos". Y concluye Serrano: "En realidad, lo que se está haciendo es utilizar el periodismo, la información y la agenda noticiosa al servicio de una causa política y partidista: combatir a cualquier opción que pueda haber tenido relación con el gobierno venezolano y estigmatizar un proceso político que puede cometer el sacrilegio de demostrar que hay una alternativa al salvaje neoliberalismo imperante". 

 

El poder de los medios de comunicación es inmenso, y como se emplean bien a fondo en el objetivo citado por Pascual Serrano, pues el resultado es evidente: no hay más que hablar con personas en la calle, en el bar, en el centro de trabajo, de estudio, en el gimnasio, en la tienda, o donde sea, para comprobar hasta qué punto reproducen los discursos y razonamientos del pensamiento dominante, difundido por estos medios. Augusto Zamora nos expone otros ejemplos en su artículo "Sobre la libertad de información y otros mitos", que reproducimos a continuación. Recientemente, un importante grupo mediático prohíbe a sus periodistas asistir a los programas de televisión de una conocida cadena, y además, despide a otro periodista de una radio que pertenece a dicho grupo, sólo por informar que familiares del Consejero Delegado de ese grupo aparecían en los "Papeles de Panamá", a lo que se había referido también la cadena de televisión... Como expone Zamora, hechos como estos nos hacen recordar una realidad tan evidente como inexplicable, pero recurrentemente olvidada, y es que todos los medios de comunicación tienen dueño, con excepción de los medios de propiedad pública, cuyo "dueño" es el partido político de turno en el poder. Son empresas y funcionan como empresas, es decir, no tienen una función social, sino que deben generar beneficios a sus dueños y servir a los intereses de esos mismos dueños o de quiénes los representan. Mantienen la falsa idea de que existe libertad de expresión, pero sólo es la libertad de expresión de ellos, de estos dueños de los grandes medios (y de sus socios, accionistas, colaboradores, cómplices o contratantes de publicidad), que no la libertad de expresión del común de la ciudadanía. 

 

De más rabiosa actualidad todavía tenemos el caso del derrocamiento (en realidad un auténtico Golpe de Estado interno, es decir, de la propia organización) del (ya ex) Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez. Durante los días anteriores a dicha operación, los editoriales del diario El País (Grupo PRISA) eran absolutamente demoledores contra él, llamándole "insensato sin escrúpulos", y asegurando que quería hundir al partido. Tan descarada llegó a ser la cosa, que los periodistas tuvieron una reunión con el Director, Antonio Caño, para expresarle su disconformidad con el tratamiento de la información que estaban haciendo. El Director los despachó rápidamente, poco menos que diciéndole que quién mandaba era él, y que en el periódico se escribía lo que él ordenaba. Ni qué decir tiene que al Consejo Editorial de El País pertenece Felipe González, y se ha incluido recientemente al también ex Secretario General Alfredo Pérez Rubalcaba. Como puede comprobarse, todas las piezas encajan. Los periodistas de los grandes medios son hoy día empleados/as que tienen que cumplir las órdenes de los dueños del medio de comunicación que les contrata y paga, ya sean de radio, prensa, televisión, portal de Internet, agencias de noticias, o de cualquier otro formato o plataforma. Como personas que reciben un salario, tienen la obligación (so pena de ser ninguneados o despedidos) de ajustarse a la polìtica de la empresa (en este caso a su línea editorial). De tal forma que, cuando se lee una noticia, un análisis o un comentario, debemos tener en cuenta los verdaderos intereses de quién está detrás de ella. Augusto Zamora es así de rotundo: "Sólo es posible entender el modelo de prensa existente en un país si se conoce quiénes son los dueños de los medios de comunicación y a qué intereses responden". Continuaremos en siguientes entregas.

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20 septiembre 2016 2 20 /09 /septiembre /2016 23:00
La transmisión del pensamiento dominante (45)

Hay que considerar cómo ha crecido el poder de ese gobierno invisible [se refiere a los medios de comunicación]. En 1983, 50 corporaciones poseían los principales medios globales, la mayoría de ellas estadounidenses. En 2002 había disminuido a sólo 9 corporaciones. Actualmente son probablemente unas 5. Rupert Murdoch (de la megacadena Fox) ha predicho que habrá sólo tres gigantes mediáticos globales, y su compañía será uno de ellos

John Pilger

Bien, otro manido concepto que el pensamiento dominante nos disfraza, y del cual hemos hablado en varias ocasiones, es el relativo a la supuesta "libertad de prensa", muy ligada a la "libertad de expresión", que más o menos tiene que ver con el mínimo intervencionismo sobre las "libres" declaraciones de ciudadanos/as y periodistas de cualquier medio de comunicación, público o privado. Bien, esto estaría muy bien partiendo de la base de que efectivamente disfrutáramos de un sistema democrático pleno...pero la realidad es muy distinta. Hasta ahora hemos abordado el tema en tanto en cuanto representa un arma fabulosa de los poderes dominantes para difundir su pensamiento, y ahora, además de realizar una más profunda exposición sobre todo ello, intentaremos ofrecer una solución al problema, es decir, una propuesta de hacia dónde deberíamos caminar en este sentido. Podríamos comenzar por cuestionarnos (venimos diciendo que la mejor técnica para enfrentarse al pensamiento dominante es hacernos buenas preguntas) cosas como las siguientes: ¿Se nos cuentan en los medios todas las cosas relevantes que están ocurriendo en nuestro mundo? ¿Qué cosas son las que se nos cuentan? ¿Cuáles son las que se nos ocultan? ¿Quién decide lo que se nos cuenta y lo que se nos oculta? ¿Por qué toman estas decisiones? Como siempre, dejamos las subsecuentes reflexiones a los lectores. 

 

En primer lugar, vamos a basarnos en el magnífico trabajo documental titulado "Una mosca en una botella de Coca-Cola", publicado en Internet, que nos relata a la perfección la situación y el alcance de los medios de comunicación, no sólo en nuestro país, sino en la escena internacional, para que podamos sacar las justas conclusiones. El vídeo comienza con esta sugerente idea: "Alguien dijo que en los Estados Unidos se puede escribir contra el Presidente demócrata o contra el Presidente republicano, pero nunca se podrá publicar la noticia de que se haya descubierto una mosca en una botella de Coca-Cola". No tenemos más que echar un vistazo general, para comprobar cómo los grandes magnates de los medios de comunicación ejercen una impresionante influencia en las opiniones de la gente. Nosotros tenemos aquí, en una cadena nacional española (La Sexta), un programa semanal nocturno sobre debate político (La Sexta Noche), donde acuden sistemáticamente dos de los directores de periódicos de mayor tirada nacional. El resto de tertulianos suele variar, pero ellos dos siempre están presentes. Ello hace que sus opiniones y sus análisis lleguen a millones de personas, contribuyendo a la difusión del pensamiento dominante. Y a pesar de que nuestra Constitución (esa con la que tanto se llenan la boca los partidos políticos conservadores) reconoce como un derecho fundamental la información veraz y el acceso a los medios de comunicación social, basta hacer un ejercicio simple de zapping para darse cuenta de hasta qué punto ese derecho no está garantizado. La mayoría de medios de comunicación en nuestro país (y en el resto) son propiedad de dos o tres grandes imperios mediáticos, y por tanto, los medios, sus fines, sus editores y su línea editorial no están al servicio de la ciudadanía, sino de los intereses privados de sus dueños. 

 

¿Quién controla los medios de comunicación? En España, gracias a un estudio del fantástico periodista Pascual Serrano, y que sólo se atrevió a publicar la Editorial Traficantes de Sueños, sabemos que gran parte de los medios de comunicación, los que nos proporcionan la información que escuchamos, vemos y leemos, pertenecen al BBVA, Repsol, Grupo Planeta, Banco Santander, Telefónica, La Caixa, incluso a Silvio Berlusconi. En 2008, Seguros OCASO y la compañía cervecera Heineken retiraron su publicidad de La Sexta por el tratamiento que ésta tenía hacia la Iglesia Católica. Son por tanto grandes corporaciones y agencias de publicidad las que controlan lo que oímos, lo que vemos, las noticias que nos cuentan, cómo nos las cuentan, y qué opinión tenemos que tener sobre ellas. Es tal el complejo entramado que define la propiedad sobre los grandes medios de comunicación, que sería enormemente extenso el relatarlo aquí, pero la idea está expuesta. Grupo PRISA, Grupo VOCENTO, Grupo ZETA, Grupo PLANETA y otros muchos grupos, son en realidad un conglomerado de empresas, corporaciones y grandes capitalistas, con el concurso de terceros agentes, como la Iglesia Católica, algunas grandes fortunas y grandes banqueros y otros empresarios, que son los que al final deciden lo que nuestras televisiones, radios, periódicos y sitios en Internet nos cuentan. Y en la escena internacional, el panorama no es muy distinto. Obsérvese el trato uniforme que se le dan a las noticias internacionales, todas colocadas sobre el mismo foco, bajo el mismo ángulo de opinión, bajo los mismos criterios de análisis. 

 

El poder que dicta desde arriba el tratamiento que ha de hacerse a la información en estos medios dominantes es absolutamente dictatorial. Existen claras consignas sobre cómo ha de tratarse la información que se le da a un asunto concreto, a un país concreto, a una empresa concreta, a un gobierno concreto. Y ello porque estos grandes grupos corporativos no poseen medios de comunicación porque estén interesados en la información auténtica, plural y veraz, sino porque utilizan estos medios como atalaya para perpetuar e incrementar su poder. Ante tamaño despropósito, es evidente que se necesita regular el espacio mediático, mediante leyes que garanticen la pluralidad, que eviten la concentración, y que eviten la entrada masiva de capitales extranjeros, pues como estamos viendo, los intereses que hoy día gobiernan los medios son absolutamente ajenos a los del conjunto de la población. Lo democrático se expresa mediante una soberanía popular, que dicte leyes (a través de sus Parlamentos), que eviten que el derecho a la información se convierta en otra mercancía más, y que impida todo tipo de adulteración, sesgo, manipulación o adoctrinamiento sobre la información. Mientras no lo hagamos, los medios de comunicación seguirán siendo el principal teatro de operaciones donde se libran las batallas, las principales armas en manos del poder dominante, y ese es el motivo de la ira que demuestran los propietarios de dichos medios en cuanto se plantean los mecanismos de regulación. La lucha de clases prosigue su curso, pero los escenarios de esa lucha se han trasladado, ya no son tanto las fábricas y los grandes centros de producción, son los medios de comunicación, con su basura mediática y su poder de crear opinión y de satanizar cualquier intento de disidencia. 

 

Los grandes imperios comunicativos se han constituido en increíbles monstruos, en una especie de gobierno invisible, en un poder en la sombra, un poder incontrolable que no rinde cuentas ante nadie (sólo ante sus grandes inversores y accionistas), y que actúa con total impunidad. Una estructura de este tipo es algo absolutamente incompatible con la democracia. La concentración mediática es hoy día de tal magnitud que conforma un auténtico ejército de "periodistas" a sueldo de dichos medios, de "analistas" alineados con la opinión de los grupos de poder, y de "redactores" que velan porque la línea editorial no varíe ni un ápice, y cualquier mínima desviación sea castigada. Y así, O Globo en Brasil, Televisa en México, Clarín en Argentina, o Atresmedia y Mediaset en España son claros exponentes de ese enorme poder oligopólico que controla los medios en sus respectivos países, y que constituyen una mortal amenaza a la democracia. En palabras de Atilio Borón: "Porque, ¿qué duda cabe? No puede haber estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público del cual los medios son su "sistema nervioso" tiene una estructura profundamente antidemocrática, en cuyo vértice se encuentra un puñado de enormes corporaciones que dominan a su antojo la escena mediática (...). La amenaza a la democracia es enorme porque con la concentración de los medios y la instauración de una aplastante hegemonía se consolida en la esfera pública un poder oligárquico que, articulado con los grandes intereses empresariales, puede manipular sin contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático". Continuaremos en siguientes entregas.

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