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17 septiembre 2020 4 17 /09 /septiembre /2020 23:00

La Reforma Educativa que proponemos es la única que asegura el fin del segregacionismo educativo que se viene practicando desde las últimas décadas. ¿Cómo se consigue esto? Muy fácil: garantizando la Educación como un derecho humano fundamental, en toda su extensión. La educación 100% pública es la única que puede garantizar que este derecho fundamental sea una realidad palpable y factible, asegurando la cohesión social. Pero para ello, como venimos reclamando, hace falta una oferta suficiente de escolarización pública y gratuita, en el segmento de 0 a 18 años, que garantice que todo alumno/a disponga de su plaza. Pero para ello, a su vez, hace falta extender y universalizar la red pública de centros educativos, tanto de titularidad como de gestión públicas. Y para ello, a su vez, hay que proceder, como ya hemos insistido, a la supresión progresiva de la financiación de los centros concertados. Durante varios años, los centros concertados que así lo deseen podrán incorporarse a la red pública, y para los que no, un programa de migración para el alumnado y otro para el profesorado deberá garantizar que los docentes no se quedan sin trabajo, ni los estudiantes sin su derecho a la educación. Estoy tomando como referencia la comparecencia en el Congreso de los Diputados, en la Subcomisión de Educación (febrero de 2017), de Agustín Moreno, Profesor de Secundaria, Representante de la Marea Verde, y uno de los mejores referentes en educación que tenemos en nuestro país. El texto completo de sus propuestas puede consultarse en este documento. El grueso de sus propuestas fueron divididas en cinco ámbitos, a saber: Universalidad del derecho a la educación, Educación inclusiva, Currículo sin idearios particulares, Profesorado comprometido y reconocido, y Financiación. Los desarrollamos a continuación, con nuestras aportaciones particulares:

 

A.- UNIVERSALIDAD DEL DERECHO A LA EDUCACIÓN: En este primer punto las propuestas serían las siguientes:

 

1.- Universalizar la oferta de plazas públicas en Educación Infantil de 0 a 6 años, garantizando su carácter plenamente educativo y los requisitos mínimos en cuanto a ratios, titulaciones, espacios e instalaciones necesarias, etc. En efecto, la Educación Infantil ha sido hasta ahora la gran descuidada del sistema, pero entendemos que ha de prestársele la debida atención por su importancia durante las primeras etapas de la vida de la persona, incluyéndola por supuesto en la red pública. 

 

2.- Rebajar las ratios (del resto de tramos educativos) hasta alcanzar las recomendaciones internacionales y poder así responder adecuadamente a las distintas necesidades del alumnado. Como mencionábamos en el artículo anterior, este parámetro incide sobremanera en la calidad de la enseñanza, pero repercute en las plantillas de profesorado, que han de ser debidamente reforzadas para tal fin. 

 

3.- Ampliar la dotación de personal docente. Varias decenas de miles de plazas han de salir a concurso público, no solo para que las plantillas estén perfectamente cubiertas, sino para que puedan cubrirse de manera efectiva bajas de personal y jubilaciones. 

 

4.- Dotar de los servicios y recursos suficientes a los centros educativos, para que el conjunto del alumnado reciba las atenciones y apoyos necesarios, y progresar de este modo de acuerdo a su propio ritmo de maduración. 

 

5.- Evitar la clasificación y selección temprana del alumnado (justo lo contrario de lo que ahora hace la LOMCE), y garantizar una educación integral, esto es, no poner el foco únicamente en las asignaturas más operativas (Matemáticas, Lengua y Literatura, Idiomas, Tecnologías...), sino también en aquéllas que refuerzan y desarrollan la personalidad de los estudiantes (Filosofía, Música, Artes Plásticas...), así como sus habilidades personales y/o artísticas. 

 

6.- Acceder a una titulación única al término de la etapa obligatoria, sin perjuicio de una opcionalidad gradual que no implique agrupaciones de grupo/clase homogéneas. Pero como decíamos en el punto anterior, los itinerarios tempranos han de desaparecer, pues en las etapas iniciales los estudiantes deben aprender todo aquello que los forme en todas las dimensiones de la persona, y siempre desde un punto de vista crítico. Habrá tiempo, en etapas más maduras, para que los alumnos y alumnas elijan el itinerario que mejor se adapte a sus necesidades/capacidades/aptitudes. 

 

7.- Establecer medidas de protección y promoción social. Tanto unas como otras tienen la finalidad de insertar socialmente a los estudiantes, de fomentar la participación, de crear "comunidad" con ellos y ellas, de proporcionarles respaldo y seguridad. 

 

8.- Implementar la detección temprana de las necesidades de apoyo y refuerzo, para convertir en excepcional la repetición de curso. El sistema educativo ha de estar especialmente atento al alumnado con necesidades especiales, para que su progreso educativo se vea mermado lo menos posible, y sus capacidades sean fomentadas al igual que el resto de los estudiantes. 

 

9.- Diseñar e integrar una red pública de centros educativos de Formación Profesional (FP), con un diseño de la oferta integral adecuada y suficiente de ciclos formativos en los distintos grados y titulaciones, que promueva también un conjunto de perfiles profesionales ligados especialmente al bienestar social y a la sostenibilidad ambiental. Estamos en contra de que sean las empresas y corporaciones las que dirijan aquí el cotarro, imponiendo sus visiones, sus contenidos, sus ciclos y especialidades, y lo peor de todo, practicando un peligroso mecenazgo educativo. 

 

10.- Extender la red pública de centros educativos para personas adultas, siempre dependientes de Educación (Ministerio y Consejerías), y provistas del personal necesario. 

 

Continuaremos en siguientes entregas con el resto de propuestas educativas efectuadas en dicha comparecencia.

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3 septiembre 2020 4 03 /09 /septiembre /2020 23:00

Bien, llegados a este punto, recalquemos una obviedad que ya hemos mencionado de pasada en anteriores entregas de la serie, pero que es preciso detallar y colocar en sus justos términos: se trata de revertir los recortes en educación que tanto las Administraciones del PP como del PSOE han venido practicando durante años. En efecto, revertir los recortes se dice muy pronto, y parece que no fuera un programa educativo en sí mismo, pero implica una política educativa de inversión que supone exactamente la dirección contraria a la que se ha venido practicando hasta ahora. La derecha política y mediática insiste en el burdo mensaje de que en la educación no son todo recursos, sino que también se trata de diseñar una buena política educativa. Nosotros estamos en la buena política educativa (no la de ellos, por supuesto), pero también en la dedicación de recursos. Está demostrado que los países que han dedicado una mayor inversión educativa en porcentaje del PIB (sobre todo los países nórdicos, con Finlandia a la cabeza) han conseguido los mejores resultados educativos. Luego por tanto, poner dinero encima de la mesa para educación es un punto fundamental. ¿Para qué? Pues para contratar profesores/as, para reducir el ratio de alumnos/as por aula, para que los materiales escolares sean completamente gratuitos, para que se puedan atender los alumnos/as con necesidades especiales, para dotar a los centros de mejores instalaciones y medios tecnológicos, para cubrir las bajas del profesorado vacante, para que los docentes no tengan que impartir asignaturas "afines" a sus áreas de conocimiento (que cada vez son menos afines), y un largo etcétera. Solo con que se consiguiera volver a los niveles de inversión educativa que teníamos antes de comenzar con los recortes, habríamos conseguido mucho. Sobre todo, como decimos, sacar plazas de profesorado. Harían falta unas cuantas DECENAS DE MILES DE PLAZAS, tal como suena, más o menos equivalente a la lista de interinos. Pero para hacer esto, lo que hay que tener claro es una apuesta valiente y decidida  por la escuela pública. Sin matices. Sin contemplaciones. Caiga quien caiga. Contra viento y marea. Y para ello, para poner en marcha esa apuesta decidida, la lucha contra los conciertos educativos es fundamental. 

 

La Reforma Educativa que desde aquí proponemos se basa en una defensa a ultranza del modelo de escuela público-estatal. Ésta es la bandera educativa que levantamos. Sigo a continuación a mi admirado Carlos Fernández Liria, Profesor de Filosofía de la UCM, gran experto en educación, y a quien hemos tomado como referente en otras muchas ocasiones, quien en este artículo para el medio Cuarto Poder explica: "Eso supone, en primer lugar, invertir la tendencia respecto a lo que desde hace décadas ha sido el cáncer de la enseñanza secundaria: la enseñanza concertada. No se trata, no, porque es inviable, de suprimir los conciertos de la noche a la mañana. Se trataría tan solo de hacer con la enseñanza concertada lo mismo que llevamos sufriendo en la enseñanza estatal desde hace décadas. Se trata de asfixiarla económica y legislativamente, poco a poco y sin piedad, como han hecho con nosotros, invirtiendo las tornas en beneficio del sistema estatal. En primer lugar, no sería tan difícil una legislación que obligara a la concertada a contratar profesores dentro de la bolsa de interinos que hayan aprobado sin plaza ya alguna oposición. No se puede permitir que unas sectas privadas de derechas o de izquierdas (me da igual) contraten a dedo profesores pagados con dinero público. Se trataría también de mandar un ejército de inspectores que acabaran con las tasas encubiertas con las que los colegios concertados logran filtrar a los alumnos, dejando todas las cuestiones sociales generadas por la emigración y la marginación para la enseñanza estatal". Muy bien, este es el plan. Y ahora...¿quién le pone el cascabel al gato? Hace falta mucha valentía, coraje y apoyo popular para abordar esta tarea de acabar progresivamente con los conciertos educativos. Pero hay que hacerlo. Estamos firmemente convencidos. Mientras esta labor no se aborde, y esa colaboración educativa "público-privada" deje de existir, seguiremos teniendo problemas. No insisto más en el asunto, porque ya fue explicado profundamente en las primeras entregas de la serie. Continúo siguiendo a Carlos Fernández Liria en el resto de medidas propuestas:

 

1.- Suprimir la escuela concertada en su totalidad (como hemos aclarado, esto es un proceso no de un día para otro, sino que puede abordarse a lo largo de toda una legislatura). Por supuesto, no pretendemos mandar al paro a miles de profesores y profesoras de la concertada, ni dejar sin escuela a cientos de miles de niños/as y jóvenes. Para evitarlo se deberán implementar planes de migración a la escuela pública, tanto del personal docente como del alumnado. 

 

2.- Ir también suprimiendo paulatinamente el porcentaje de escuela privada que existe en el país, hasta que alcance más o menos un 2% del total. Ello se consigue, junto con el punto anterior, dedicando más medios, centros y recursos a la escuela pública, de tal forma que la privada alcance un valor residual, es decir, exactamente la estrategia contraria a la que se viene practicando hasta ahora. 

 

3.- Promover que el Estado apoye con más recursos a todos los colegios e institutos que tengan descompensada la tasa de alumnos/as inmigrantes, sin recursos o marginales, etc. La escuela pública ha de ser de todos y para todos, esto es, responder a los valores de una educación pública, universal, gratuita, de calidad, laica, inclusiva e intercultural. La dirección hasta ahora ha sido justamente la contraria, promoviendo la segregación educativa, los centros de élite y la selección del alumnado (la LOMCE contempla incluso que los centros educativos publiquen ránkings como si de empresas privadas se tratara).

 

4.- Hacer descender el ratio hasta alcanzar una media de 18 alumnos/as por aula. Ello promoverá una educación más cercana y personalizada, en vez de una educación masiva y despersonalizada. El ratio escolar también incide en la propia calidad de la enseñanza. 

 

5.- Garantizar la presencia de dos profesores/as por aula cuando haya algún alumno/a discapacitado/a o con necesidades especiales. En la línea de la medida anterior, esto incide en una mayor atención personalizada al alumno/a, según sus necesidades. 

 

6.- Implementar la política de gratuidad total: tasas escolares, material escolar, libros de texto, guardería, comedor, etc. La derecha política, social y mediática se llevará las manos a la cabeza y pondrá el grito en el cielo (la gratuidad ya es un concepto en sí que les asusta, lo mismo que el reparto), porque como sabemos, para posibilitar esto hemos de recaudar más fondos públicos, que a su vez se consiguen llevando a cabo reformas fiscales más justas y progresivas. 

 

7.- Promover el blindaje del prestigio social para la figura del Profesor/a. De esta forma, la figura pública del docente ha de entenderse como una autoridad y ser respetada y reconocida como tal. 

 

8.- Como hemos expresado más arriba, cubrir mediante el sistema de concurso-oposición todas las plazas necesarias de personal docente, e igualmente las que vayan necesitándose tras la jubilación o la baja laboral de los docentes afectados. Una buena dotación de plantillas es fundamental para una educación de calidad. 

 

9.- Desarrollar y extender el concepto de educación universalizada, igualitaria y democrática, esto es, y expresado en pocas palabras, que los hijos e hijas de los más ricos, de los más pobres, de los inmigrantes, los hijos del Ministro/a, etc., puedan compartir aleatoriamente las mismas aulas. Ello será la prueba del 9 de que no existe segregación educativa. 

 

10.- Cubrir hasta tres años de baja por maternidad o paternidad, cobrando el 100% del sueldo y conservando el puesto de trabajo y todos los complementos. 

 

11.- Que se blinde por ley el presupuesto dedicado para la escuela pública, y que sea consolidado en la Constitución al igual que el resto de derechos sociales. En este sentido, la inversión pública educativa ha de alcanzar un determinado porcentaje sobre el Producto Interior Bruto (PIB), que deberá establecerse, y blindarse por ley. 

 

12.- Respetar la libertad de cátedra del Profesor/a, que básicamente consiste en la libertad para organizar e impartir los contenidos de su materia educativa, demostrándose que se confía en su figura y que no tiene que dar cuentas burocráticas ni pedagógicas de su gestión y resultados. 

 

13.- Que se renueven y actualicen los contenidos pedagógicos y curriculares tal como hemos venido señalando y proponiendo en las entregas anteriores (hemos presentado una visión crítica de los contenidos de los libros de texto, incluyendo propuestas de eliminación de ciertos contenidos, y adición de otros nuevos. Remito a los lectores y lectoras a las anteriores entregas donde hemos hecho un recorrido por todas las temáticas que tratan los libros de texto de los escolares desde una visión crítica).

 

14.- Y sobre todo: extender y difundir una clara conciencia de que la enseñanza es un asunto estatal, no gubernamental, es decir, pública pero no propiedad de cada gobierno de turno. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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27 agosto 2020 4 27 /08 /agosto /2020 23:00

¿Por qué necesitamos una Reforma Educativa? ¿Por qué no un "Pacto de Estado por la Educación", como tantas veces se reclama? La respuesta pensamos que es bien sencilla: dicho pacto no es posible, y si los lectores y lectoras aún tienen dudas de ello, sigan esta serie de artículos desde el principio, y lo comprenderán. La Educación Pública es un gran bastión político, una gran baza que jugar para formar a los futuros ciudadanos/as del país, y por ello la pelea partidista es inevitable, porque cada uno, desde nuestras posiciones, entendemos que la Educación debe desarrollar un determinado papel. Desde la etapa "democrática", tras la muerte del dictador, muchas han sido las Reformas Educativas llevadas a cabo, precisamente porque la formación e información que entendemos se debe proporcionar al alumnado varia muchísimo según el trasfondo político, y la concepción educativa que izquierda y derecha poseen. El tan cacareado Pacto educativo pensamos que no será posible nunca. Detrás de tantas palabras bonitas y llamamientos al consenso, cuando comenzamos a entrar en materia, nos vamos dando cuenta de que no es posible alcanzar ningún acuerdo, porque las posturas son muy distantes. Incluida la actual LOMCE del PP (2013), se han elaborado en nuestro país un total de 9 leyes educativas, y ha habido tres intentos de pacto, todos fallidos. Porque por mucho que se intente alejar de la divergencia política la educación, y se intente entender como una cuestión de Estado, esto no es posible. La educación es parte esencial de la política, no puede ser alejada de ella. Tómese el siguiente ejemplo ilustrativo: uno de los sectores más atacados (quizá el que más) durante la dictadura franquista fueron los maestros y maestras simpatizantes con la II República...por algo sería. Miles de maestros y maestras fueron expedientados y/o expulsados de la profesión, porque el régimen entendía que su enseñanza, simplemente, era incompatible con los valores que el franquismo promovía e imponía. La educación por tanto no puede quedarse al margen de la política, y todo intento de promover dicho alejamiento constituirá un fracaso. 

 

Toda la concepción educativa es distinta, según nos situemos desde el punto de vista neoliberal o desde el punto de vista socialista. Los enfoques son tan diametralmente opuestos que son absolutamente incompatibles: nosotros defendemos la Religión fuera de la escuela, ellos/as no. Nosotros defendemos la escuela 100% pública, sin conciertos educativos privados sostenidos con fondos públicos, ellos/as no. Nosotros defendemos una educación abierta al mundo, fuera de las influencias de los mercados, ellos/as no. Nosotros entendemos los contenidos curriculares de una forma, ellos/as de otra. Nosotros intentamos ver la educación como la semilla de la duda, del debate y de la reflexión, ellos/as entienden la educación como la obediencia al sistema. Nosotros pretendemos dotar a la escuela pública de más medios materiales y humanos, de mayores recursos, de ratios más reducidos, ellos/as por el contrario pretenden recortar en todos los ámbitos educativos. Nosotros creemos en el poder democrático de la comunidad educativa, ellos/as solo creen en la imposición que la Administración y los Directores de los centros lleven a cabo. Nosotros no creemos en la privatización y mercantilización de la enseñanza, ellos/as apuestan por estos procesos. Nosotros creemos en la educación pública, gratuita y universal, desde infantil (0-3 años) hasta la Universidad, ellos/as apuestan por la creación de centros de élite y educación privada. Nosotros creemos que los hijos no son propiedad ideológica de los padres, ellos/as lo creen a pies juntillas. Nosotros, en definitiva, creemos firmemente en una política educativa pública, gratuita, de calidad, laica, inclusiva, integradora y multicultural. Ellos/as no creen en ninguno de estos valores educativos. Por tanto, la derecha educativa y la izquierda educativa están en mundos antagónicos...¿cómo va a ser posible de este modo un Pacto de Estado por la Educación? Los que tanto lo reclaman o quieren simplemente marear la perdiz, y eternizar el problema educativo en nuestro país, o bien simplemente no entienden el verdadero alcance del hecho educativo en una determinada sociedad. Lo que tenemos que conseguir, entonces, y esta serie de artículos pretende contribuir a ello, es una mayoría social y ciudadana, que arrastre a una mayoría parlamentaria a asumir estos principios y valores educativos. Y aún alcanzando esta situación, habrá que defenderla en la calle, en las instituciones y en las urnas, con movilizaciones sociales amplias, pues, como tantas veces hemos advertido, ni la derecha política, social y mediática, ni la Iglesia Católica van a permanecer en silencio cuando vean atacados sus privilegios de décadas y siglos. 

 

Básicamente, hay que desenmascarar a los verdaderos dueños de la educación, los sectores que de verdad mandan y dirigen el cotarro educativo. Porque nosotros pensamos que la educación no tiene que estar al servicio de la economía, de las empresas o del mundo financiero, tampoco de un determinado ideario religioso, que aleccione las mentes, los comportamientos y las conductas, sino que tiene que ofrecer herramientas, conocimientos y valores para que los alumnos y alumnas puedan comprender el mundo en el que viven, y sean capaces de mejorarlo. La Educación Pública debe ser entendida (nada más y nada menos) que como un derecho universal, un derecho humano básico, que se garantice por igual para todas las personas, independientemente del lugar de nacimiento, de su estatus social, económico o cultural, de su sexo, de su religión, de su orientación sexual o de su identidad nacional. La educación debe fomentar el desarrollo integral del alumnado, no utilizarlos como carne de cañón para los mercados. Una educación que imparta conocimientos y saberes, no que adoctrine en credos religiosos. Una educación que impulse valores democráticos y de participación de toda la comunidad educativa, y no que imponga desde la Administración sus criterios. Una educación universal, inclusiva e integradora, que no margine ni desatienda las necesidades del conjunto del alumnado, y no que dedique la mayor cantidad de fondos públicos a derivar a los mejores alumnos/as a centros de élite, mientras los que tengan más dificultades se quedan en una educación pública cada vez más residual. No queremos una educación que, amparada en el falso derecho de "elegir centro", vaya aumentando progresivamente la segregación, con una concentración del alumnado seleccionado por clase social y origen cultural. No queremos una educación "patrocinada" por grandes corporaciones, ni sujeta a mecenazgos de empresas, bancos y fundaciones privadas, que interfieren en los contenidos curriculares, y deciden qué hay que enseñar, cómo, con qué metodologías y tecnologías, y cómo hay que evaluar. Detrás de tanto interés por la educación por parte de estos agentes y actores privados, solo existe la obsesión de controlar las enseñanzas para dirigirlas a unos mercados cada vez más salvajes, competitivos, y adaptados a sus necesidades. 

 

Pretenden, entre otras muchas cosas, anular el espíritu crítico y sustituirlo por el espíritu emprendedor, eliminar asignaturas que enseñan a pensar o a fomentar las sensibilidades artísticas (Filosofía, Música, Literatura, Artes plásticas...) para colocar en lugar de ellas asignaturas que apoyen al sistema, como la educación financiera. Pretenden que los alumnos y alumnas dejen de desarrollarse como personas, comprendiendo y criticando el mundo en el que viven, para pasar a ser piezas determinadas del puzzle de los mercados, números en una sociedad robotizada y despersonalizada. No queremos una educación para que los futuros adultos asimilen los preceptos de una sociedad salvaje y competitiva, sino para que puedan desarrollar vidas dignas, y enfrentarse precisamente a este mundo salvaje que hemos creado, y puedan ser capaces de criticarlo y cambiarlo. Precisamente por todo ello no es posible el Pacto educativo. Nosotros estamos en contra del giro neoliberal al que se viene sometiendo la política educativa, que entiende la educación como un bien de consumo, y una ventaja competitiva en la que cada individuo invierte de cara a su inserción más exitosa en el mercado laboral. Y como afirma Enrique Díez en este artículo: "De esta forma se está produciendo una auténtica mutación en la naturaleza y fines de la educación, que de formar ciudadanos y ciudadanas provistos de valores, saberes y capacidades, pasa a subordinarse completamente a la producción de "recursos humanos" para el sistema productivo". Y más adelante explica: "En este modelo neoliberal, la función social asignada a la educación se centra en su apoyo al crecimiento económico, su aportación a la competitividad empresarial de las industrias, la formación para el trabajo y la capacitación para el desarrollo tecnológico. Estas funciones económicas priman sobre la función de socializar para participar activamente en una ciudadanía consciente y comprometida, transmitir la cultura y desarrollar la personalidad". Como vemos, ambos enfoques educativos están en las antípodas. 

 

Pero este claro sesgo ideológico hacia el papel de la educación en la sociedad, olvida que existen otros muchos aspectos importantes de la personalidad humana que este enfoque economicista ignora y desdeña: el desarrollo artístico, la reflexión crítica, la educación emocional, la formación del libre pensamiento, la participación cívica, la convivencia, etc. Estamos totalmente de acuerdo con David Berliner (2003) cuando afirma: "Deberíamos ser el número uno en el mundo en porcentaje de jóvenes de 18 años que están política y socialmente implicados. Mucho más importante que nuestras puntuaciones en matemáticas y nuestras puntuaciones en ciencia es la implicación de la generación siguiente en el mantenimiento de una democracia real y en la construcción de una sociedad más justa para los que más la necesitan: los jóvenes, los enfermos, los ancianos, los parados, los desposeídos, los analfabetos, los hambrientos y los desamparados. Se deberían identificar las escuelas que no pueden producir ciudadanía políticamente activa y socialmente útil y divulgar sus tasas de fracaso en los periódicos". Éstos y no otros deben ser los objetivos educativos. No será posible un Pacto educativo mientras tengamos enfrente gente que no entiende la educación de esta forma, sino que la entiende como una herramienta más para consolidar el salvaje y cruel sistema capitalista, y la visión neoliberal, adoctrinadora, privatizadora, segregadora y elitista de la educación. No es posible un Pacto de Estado por la Educación con personas que no entienden la misma como un derecho humano fundamental, sino que están dispuestos a mercantilizarla, y a usarla como un nicho más de negocio, sujeto igualmente a nepotismo y corrupción. No es posible un Pacto Educativo con gente que denigra la educación, que la recorta, que la segrega, que crea guetos educativos, que baja continuamente la inversión educativa, y que solo entienden la escuela como una prolongación de su visión antidemocrática y autoritaria. Por eso nosotros estamos proponiendo esta Reforma Educativa, desde los valores en los que creemos. Continuaremos en siguientes entregas.

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20 agosto 2020 4 20 /08 /agosto /2020 23:00
El negacionismo como activismo de la ignorancia

Solo existen dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y no estoy seguro de la primera

Albert Einstein

Podríamos definir el negacionismo, en sentido general, como la oposición consciente a determinadas versiones de los acontecimientos presentes o pasados que han ocurrido a la humanidad, y desde este punto de vista, el negacionismo, en sí mismo, no es malo. Simplemente, es una manifestación del pensamiento alternativo. Pongamos un ejemplo: muchos somos negacionistas de la versión mayoritariamente circulante en cuanto al llamado “Descubrimiento de América”, porque pensamos que la historia no fue como nos la cuentan, y que frente al relato hegemónico que nos presenta los hechos como una gesta histórica, y como una epopeya de nuestros valientes descubridores, nosotros pensamos que lo que hubo fue un afán imperialista de anexionar nuevos territorios, a costa de ejecutar un terrible genocidio durante décadas (siglos, incluso) de tipo humano y cultural, todo un exterminio en toda regla de las culturas indígenas que habitaban aquellas tierras, imponiéndoles nuestra lengua, nuestra cultura y nuestra religión, y acaparando todas las riquezas que aquellos territorios vírgenes escondían. Bien, desde ese punto de vista, somos negacionistas del relato oficial. Este negacionismo es posible y deseable porque lo que enfrentamos son interpretaciones de unos hechos históricos, o visiones distintas sobre unos relatos, o defendemos ideologías y propósitos distintos, concluyendo otras consecuencias distintas sobre la historia, o proyectando objetivos, políticas y estrategias distintas para el presente y para el futuro.

 

El problema se presenta cuando este negacionismo no lo practicamos sobre la historia, sobre la ideología o sobre los postulados de algunas ciencias sociales, sino que lo practicamos sobre las ciencias puras. Las ciencias que llamamos puras, absolutas o exactas, y todas aquellas que derivan de ellas o que son aplicación de ellas (matemáticas, física, química, medicina, termodinámica…) no pueden estar sometidas a negacionismo. Es simplemente una aberración. ¿Alguien se imagina la situación en que un padre/madre o un alumno/a discuta en el colegio con su profesor/a sobre la fórmula de resolución de la ecuación de segundo grado, o sobre el Teorema de Pitágoras, o sobre la Teoría de la Relatividad, o sobre el Principio de Incertidumbre de Heisemberg? Sería algo absolutamente ridículo plantear siquiera la posibilidad de estar de acuerdo o no con dichos postulados. Otra cosa distinta sería plantear puntos de vista distintos sobre la ética de la ciencia, es decir, el campo posible de aplicación práctica de determinados descubrimientos y avances científicos, ámbito por cierto muy necesario y desarrollado últimamente, ya que como decimos, una cosa son los avances científicos absolutamente considerados, y otra cosa muy distinta cómo los aplicamos en nuestra sociedad. Pongamos de nuevo un ejemplo de ello: la ingeniería genética permite manipular el genoma humano (y de otras especies animales) de tal manera que interceptamos el desarrollo previsto de dicho genoma, alterando algunas combinaciones para que el resultado final sea controlado por nosotros. La ciencia puede hacer esto hoy día, pero la pregunta sería…¿es lícito llevarlo a cabo? Una gran mayoría de la comunidad científica está de acuerdo en que, aunque podamos hacerlo, moralmente no debemos.

 

Pero el negacionismo al que nos referimos, el verdaderamente peligroso, no tiene nada que ver con la interpretación o sustrato ideológico de unos hechos o teorías, ni siquiera con la aplicación ética de los conocimientos científicos, sino que, lisa y llanamente, no admite determinados hechos científicos, los niega y no los reconoce, y desde este punto vista, entonces, es un puro ejercicio de enfrentamiento al sentido común, es decir, de ignorancia activista. Y subrayamos lo de “activista” porque no se trata de una ignorancia, digamos, pasiva, es decir, basada en el propio desconocimiento de unos hechos, sino que es una oposición enfrentada de forma consciente y decidida a los mismos hechos. Pongamos de nuevo un ejemplo: yo puedo desconocer cosas sobre mecánica de automóviles (seré simplemente un ignorante sobre este tema, y no hay nada malo en ello), pero si lo que hago es discutir con un mecánico sobre por qué se quema una junta de culatas de un motor de explosión, entonces no soy un ignorante, sino un ignorante activista, es decir, estoy haciendo apología de la ignorancia. Pues esto es exactamente lo que hace un negacionista, que a este nivel lo podemos catalogar simplemente como un imbécil.

 

El problema se agrava aún más cuando dicha apología de la ignorancia se ve multiplicada por dos factores de riesgo: el primero de ellos es practicar dicha apología de forma pública y masiva, por ejemplo en la manifestación de Madrid de hace varios días, donde amparados en la “libertad” de manifestación, unos miles de energúmenos/as se convocaron para protestar contra el uso de las mascarillas, negando la evidencia científica de la pandemia y hasta de la misma existencia del propio coronavirus. El segundo factor de riesgo es cuando dicha apología puede tener consecuencias graves sobre la sociedad, por ejemplo, puede convertirse en un delito contra la salud pública, como el ejemplo que acabamos de poner sobre la manifestación antimascarillas. Por tanto, cuando dicho activismo de la ignorancia llega a suponer un delito o un ataque contra la sociedad, entonces ya debe ser reprochable penalmente, porque ya estamos hablando de palabras mayores. Ya no son simples imbéciles que puedan discutir en la barra de un bar, sino que elevan un negacionismo masivo y público a la sociedad, que es profundamente perjudicial para el conjunto de la población.

 

Pero a continuación cabría preguntarse…¿Es únicamente la ignorancia el motor que mueve la mente de estas personas que niegan las evidencias científicas? Creemos que no, y lo ilustraremos de nuevo con un ejemplo: uno de los razonamientos que abanderan estos negacionistas (activistas de la ignorancia, insistimos) es que determinados hechos atentan contra la libertad individual. En afirmaciones como éstas, es obvio que la carga política e ideológica de su pensamiento es muy evidente, ya que poseen un concepto muy particular de la “libertad”: en efecto, y siguiendo los parámetros del neoliberalismo salvaje, para estas personas la libertad individual es un bien supremo, superior incluso a la libertad comunitaria, es decir, a la libertad (y por tanto, salud, seguridad…) de todos. Como no creen en la comunidad, es decir, en la sociedad, solo en las personas (precepto que ya enunciara claramente la Premier británica Margaret Thatcher en su día), entienden que cualquier concepto queda manchado si le anteponemos la visión comunitaria, y que solo debe existir en su vertiente individual. Si a todo ello le unimos los peligrosos efectos de las fake news, de los vídeos y mensajes de las redes sociales, de las campañas negacionistas interesadas por parte de algunos actores sociales y políticos, etc., el cóctel explosivo se multiplica miles de veces, y actúa como un peligroso detonante social que provoca dichas expresiones masivas.

 

Pondremos a continuación tres ejemplos donde este negacionismo se manifiesta peligrosamente en nuestros días:

 

1.- El negacionismo climático. Los negacionistas climáticos son los que niegan el hecho científico del cambio climático entendido como un abismo civilizatorio, es decir, como un peligroso avance hacia un precipicio donde el caos climático provocado por la acción humana (derivada de la civilización industrial-capitalista) y sus perniciosos efectos en todos los órdenes (calentamiento global, pérdida de hielo ártico, subida del nivel del mar, extinción de especies…) nos empuja a toda la humanidad al sufrimiento, la barbarie y la extinción. Los negacionistas climáticos, además de por su ignorancia, están relacionados con las actividades de gigantescas corporaciones transnacionales cuyos negocios son enormemente depredadores para el medio ambiente (empresas petroleras, del sector del automóvil, de la minería, del extractivismo, de los dispositivos móviles…), cuyos enormes beneficios se verían muy afectados si sus actividades decaen significativamente.

 

2.- El negacionismo sobre las vacunas. Los negacionistas sobre las vacunas son los que niegan los beneficios de las mismas, su extensión a la población y la prevención que llevan a cabo sobre determinadas enfermedades epidémicas (muchas de ellas ya erradicadas en gran parte del planeta), y están muy relacionados con sectores ultrarreligiosos, y con determinadas sectas que, partiendo de planteamientos fundamentalistas, entienden la vida del ser humano al libre albedrío y decisión divina, y por tanto critican cualquier acción que el ser humano pueda llevar a cabo para intentar vivir mejor basándose en métodos científicos y técnicos.

 

3.- El negacionismo sobre la pandemia. En este sentido, los negacionistas de la actual pandemia del Covid-19, como los activistas de la ignorancia que se manifestaron hace pocos días en Madrid, tienen mucho que ver con los dos tipos de negacionistas anteriormente mencionados, en el sentido de que niegan la pandemia como un hecho mundial, es decir, como una realidad social, política y sanitaria a nivel planetario, alegando motivos conspiranoicos para la misma, y por tanto, negándose a reconocer la necesidad de implementar todos los mecanismos que tenemos a nuestro alcance para evitar el crecimiento de los contagios (se enfrentan al confinamiento, al uso de la mascarilla, incluso niegan que existan enfermos en los hospitales), y todo ello, como decíamos, los relaciona con los negacionistas anteriores, en el sentido de que no reconocen el hecho pandémico como resultado de una provocación del ser humano hacia el entorno natural (el SARS-COV-2 no es un virus de laboratorio, como ha sido difundido por la extrema derecha mundial, sino un virus provocado por zoonosis, es decir, por la falta de respeto del ser humano hacia los ecosistemas naturales y su comercio de especies exóticas), y desde ese punto de vista, se alinean con los postulados religiosos y de ultraderecha que, por ejemplo, son los mismos que condujeron al poder en Brasil a su actual dirigente, Jair Bolsonaro.

 

En definitiva, el negacionismo como activismo de la ignorancia es un fenómeno social y político altamente preocupante, que debe ser atajado de forma rotunda por las autoridades, ya que en los niveles actuales, como decíamos más arriba, dicha apología de la ignorancia pone en grave riesgo la salud y la seguridad de todos. Sus campañas deben ser interceptadas y desactivadas, y sus dirigentes deben responder ante la justicia por los delitos contra la humanidad que suponen sus peligrosas proclamas.

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13 agosto 2020 4 13 /08 /agosto /2020 23:00

Vamos a hacer en esta entrega número 44 nuestra última aportación a los contenidos curriculares que debería contemplar la Reforma Educativa que proponemos, como es la Educación Vial. En efecto, pensamos que se trata igualmente de otro aspecto olvidado, precisamente cuando la falta de una Educación Vial correcta y desde edades tempranas genera después, cuando somos adultos, y en las carreteras fundamentalmente, un reguero de víctimas insoportable. Una sociedad madura no puede permitirse dichos trágicos listones, derivados de un uso incorrecto, frívolo y banal de los medios de transporte, principalmente del automóvil privado. Es, por tanto, desde una educación básica, desde donde fundamentalmente hay que acabar con la violencia en el tráfico, con ese terrorismo vial de quien se sienta al volante para usar el vehículo como un arma contra los demás, y esto solo se consigue mediante una buena Educación Vial contemplada en el sistema educativo y en sus contenidos y programas curriculares. Nuestros estudiantes deben conocer y debatir sobre la cultura de los transportes, el uso correcto de los mismos, su financiación, sus limitaciones, y el comportamiento que los usuarios y las propias Administraciones públicas deben adoptar frente a ellos. Nos cuenta el inolvidable Eduardo Galeano en su libro "Patas Arriba", sobre los coches privados en los Estados Unidos, lo siguiente: "En Estados Unidos, de cada 6 dólares que se gasta el ciudadano medio, uno se consagra al automóvil; de cada 6 horas de vida una se dedica a viajar en auto o a trabajar para pagarlo; y de cada 6 empleos, uno está directa o indirectamente relacionado con el automóvil (y otro con las armas). Los accidentes de tráfico matan, cada año, más norteamericanos que todos los norteamericanos muertos y heridos a la largo de la guerra del Vietnam. Estados Unidos genera el 25% de los gases que más envenenan la atmósfera. Cuanta más gente muere a los pies de las armas y los coches, y más naturaleza arrasan, más crece el Producto Nacional Bruto". Pero esto no ocurre solo en el imperio estadounidense, aunque ellos sean la punta de lanza mundial, sino que es parte de una cultura capitalista globalizada. 

 

La mitad de las 60 mayores empresas del mundo pertenece a petroleras, fabricantes de automóviles o neumáticos, o trabajan para ellas. Mientras había 53 millones de coches en todo el mundo en el año 1950, la cifra es hoy de 800 millones. El coche privado se convirtió en una extensión más de la persona, pues el "desarrollo" industrial-capitalista generó las infraestructuras y las necesidades oportunas para que ello fuera así. Debido a ello, el porcentaje de hogares donde existe algún vehículo viene aumentando considerablemente, así como la frecuencia con la que estos automóviles son cambiados. De esta forma, trabajamos durante muchos años de nuestra vida para pagar letras, seguros, reparaciones, gasolina, revisiones periódicas...¿Poseer un automóvil nos da verdaderamente libertad? Por otra parte, en el Estado Español murieron en accidentes de tráfico una media de 14 personas a la semana durante la última década (unas 5.000 al año). Y también hay que considerar las profundas transformaciones del paisaje urbano y rural que el avance de la industria automovilística genera: extensión de las vías rápidas y autovías, transformación de las ciudades, pérdida de zonas libres para el paseo, disminución de las zonas verdes, estrés, humo, ruido, prisas, extensión de la cultura de las largas distancias...Todo ello transforma poderosamente nuestra forma de vivir, no necesariamente hacia mejor, y debe ser objeto de exposición, estudio, debate, alternativas y conclusiones en el aula, para que los estudiantes tengan plena conciencia del fenómeno. Como vimos en entregas anteriores (cuando expusimos el estudio sobre los libros de texto de Ecologistas en Acción), los libros de texto actuales son completamente acríticos con este fenómeno, y nos presentan los coches privados únicamente como objeto de culto, progreso y bienestar de las personas, sin entrar en los aspectos que aquí estamos presentando, ni fomentar siquiera una buena Educación Vial. Por su parte, la contaminación del aire en las ciudades debido a las emisiones del tráfico rodado causa, según la OMS, el doble de muertes prematuras que los accidentes de tráfico. Quizá, después de la introducción a todos estos asuntos, el primer debate que se debiera ofrecer en el aula podría ser: ¿Realmente necesitamos tanto transporte?

 

No parece que una vida sana tenga que necesitar cubrir tantas distancias, ni para trabajar, ni para disfrutar del ocio (centros comerciales), ni para recibir alimentos del último confín del mundo, cuando podríamos cultivarlos de forma cercana. Entonces...¿por qué moverse tanto? ¿Por qué cuanto más rápido mejor? ¿Por qué cada vez más lejos? ¿Por qué trabajar lejos de casa, o vivir lejos del trabajo? ¿Aumenta nuestra calidad de vida con todo ello, o disminuye? ¿Favorecemos al entorno, o lo atacamos? ¿Es rentable socialmente a largo plazo, o provocamos por el contrario más daño? Sería conveniente realizar una buena exposición al alumnado sobre las ventajas e inconvenientes de los distintos medios de transporte (bicicleta, tranvía, tren, autobús, barco, metro, moto, tren de alta velocidad, taxi, coches de alquier, automóvil privado, avión...), y que sean conscientes de la necesidad de utilizar el más correcto en cada caso, desde los puntos de vista humano, social y medioambiental. La Educación Vial debe contemplar también el debate sobre el necesario aumento de la peatonalización de las ciudades, del aumento de los carriles bici, y de la necesidad de reducir los pasos elevados y subterráneos, y en general, de instalar en nuestro imaginario colectivo la necesidad de tener menos prisa, y de reducir las distancias. Todo ello ha de ir paralelo al aumento y la mejora de los transportes públicos, así como al coto al coche privado, para hacer descender su uso significativamente. En sentido general, la Educación Vial nos ha de enseñar fundamentalmente que hay que desplazarnos menos y mejor. Las compras pueden hacerse en las tiendas de barrio, de proximidad, en lugar de en los grandes centros comerciales, que nos inducen a llenar los maleteros de nuestros coches. En general, como estamos viendo, la Educación Vial ha de fomentar una crítica profunda y radical al modelo "desarrollista", responsable último del nefasto modelo de transportes actual, tan insostenible desde todos los puntos de vista. 

 

Pero la Educación Vial no debe quedarse únicamente en la crítica al modelo de transporte. Los estudiantes serán adultos, y muchos de ellos aprenderán a conducir un coche, y también, los que puedan, adquirirán en propiedad o alquiler alguno, para poder desplazarse al trabajo, o usarlo para el ocio y la diversión. En este caso, la Educación Vial debe enseñar a ser buenos conductores. Los buenos conductores, desde este punto de vista, no son los que mejor saben manejar los artilugios de los automóviles, ni siquiera los más hábiles o diestros al volante, sino los que son más responsables ante lo que llevan entre sus manos. Es justamente lo que la Educación Vial debe enseñar a los alumnos y alumnas, futuros (en su caso) conductores y conductoras. Y esto pasa por tener plena y amplia conciencia del poder de un automóvil. Hay que educar para el mismo acto de la compra, valorando los diversos aspectos que hay que tener en cuenta, pasando por el consumo energético, el mantenimiento, y sobre todo, como decimos, uso y conducción responsables. Y ello incluye usar el vehículo solo si realmente es necesario, y llevar a cabo una conducción segura. Hay que resaltar los peligros de las bebidas alcohólicas y de las drogas, de la conducción sometido a los efectos de la fatiga y del sueño, así como a la conducción rápida, que generan la inmensa mayoría de los accidentes de tráfico. Se trata de acabar, y la Educación Vial es el instrumento idóneo para ello, con esta cultura del riesgo, de la velocidad y del uso agresivo del coche por las vías públicas, que tantas víctimas generan. La Educación Vial ha de servir para concienciar a los futuros usuarios de vehículos privados sobre el peligro que tienen entre manos, sobre la forma correcta y responsable de usarlos, y sobre todo, intentar disminuir en lo posible los comportamientos kamikazes, agresivos y temerarios al volante. Con esta entrega finalizamos todo lo relativo a los contenidos curriculares que entendemos que una buena Reforma Educativa debería contemplar, y a partir de la siguiente, comenzaremos con la recta final de la serie, tratando otros aspectos complementarios. Hasta entonces.

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6 agosto 2020 4 06 /08 /agosto /2020 23:00

Continuando con la exposición de los contenidos que debería contemplar la Reforma Educativa que proponemos, vamos a abordar a continuación lo que entendemos debería ser un aprendizaje que también fuese impartido en la escuela pública, como es la Educación Sexual. Este tipo de educación siempre ha sido tabú en el ámbito escolar. Las personas de mi generación, que fuimos educados en el tardofranquismo, no fuimos formados en Educación Sexual. La represión sexual durante el franquismo era patente y manifiesta, plasmada en la visión ultraconservadora de la sociedad que el régimen imponía en todos los órdenes. No solo ello, sino que el papel sexual de la mujer era publicitado, incluso por instituciones del régimen, de forma machista y sumiso. La Sección Femenina impartía incluso charlas en colegios e institutos divulgando dicha imagen retrógrada de la mujer. Cuando después de la muerte del dictador comenzó un proceso de apertura democrática, la educación sexual continuó siendo tabú, y durante las sucesivas reformas y contrarreformas educativas de estas últimas cuatro décadas, la Educación Sexual, de forma separada e independiente, ha seguido sin ser estudiada de forma digna en los centros educativos públicos. Tan solo hemos podido encontrar alguna referencia en determinados libros de texto de determinadas asignaturas, pero siempre de una manera muy tímida e insuficiente. Por ejemplo, la LOGSE de 1990 incluía la educación sexual dentro de "Educación para la salud", una asignatura transversal. Por su parte, la LOE de 2006 incluía contenidos sobre sexualidad en la derogada asignatura de "Educación para la Ciudadanía". Nosotros, desde la izquierda, estamos convencidos de que la Educación Sexual debe ser una materia a impartir a los estudiantes, sin ningún tipo de tabú. Son conocimientos y aprendizajes absolutamente necesarios para desarrollar posteriormente, en la adolescencia y en la vida adulta, unas relaciones sexuales y amorosas normales y deseables. Tomaremos en primer lugar como referencia este artículo de María F. Sánchez publicado en el medio Cuarto Poder. Pensamos que el currículum educativo público debe contemplar conocimientos sobre educación sexual, derechos sexuales y reproductivos y vida sexual sana, ya que a los estudiantes les falta información para que puedan conocer y explorar libremente su sexualidad, y obtener así las herramientas necesarias para manejar sus relaciones y su propia salud sexual. 

 

Países vecinos como Francia, Bélgica, Grecia o Portugal ya incorporan en sus currículos conocimientos de este tipo. Pero nosotros, como siempre, a la cola. Llega un momento en la vida de nuestros escolares donde el impulso sexual, algo absolutamente natural por otra parte, les llega sin poder canalizarlo de una forma correcta. Los inconvenientes de no impartir a nuestro alumnado formación de este tipo son múltiples, pero todos ellos convergen en uno: al dejar al "libre albedrío" la educación sexual de nuestros jóvenes, corremos el riesgo, y así lo confirman los múltiples estudios y estadísticas al respecto, de que dicha vertiente, fundamental para el correcto desarrollo humano, sea deformada e interceptada por otros "medios de comunicación" que ofrezcan a los jóvenes una visión incorrecta de la sexualidad. María F. Sánchez explica: "Obtener información sobre sexo no es fácil ni en casa ni en el aula, así que los menores usan la herramienta que tienen a su alcance: Internet. Los adolescentes comienzan a consumir porno, habitualmente cargado de machismo y prácticas sexuales de riesgo, a los 14 años. Es frecuente que por casualidad se encuentren por primera vez con este tipo de contenidos a los 8 años, según el estudio "Nueva pornografía y cambios en las relaciones interpersonales", publicado por la red Jóvenes Inclusión y la Universidad Española de las Islas Baleares". No podemos seguir tolerando, por tanto, que nuestros jóvenes sean adoctrinados sexualmente mediante una industria, la del porno, fundamentalmente machista, que incita posteriormente a reproducir comportamientos incorrectos y peligrosas actitudes en los adolescentes y futuros adultos. Necesitamos, por tanto, introducir contenidos en el currículum escolar que presenten la sexualidad desde el respeto y desde la igualdad, implementado en un modelo de educación sexual integral que enseñaría cosas tan básicas pero tan fundamentales como el respeto a los otros, la coeducación, las herramientas de autoestima, la asertividad (saber decir que no cuando hay que hacerlo), el conocimiento y la exploración del propio cuerpo, etc. Creemos absolutamente necesario abordar los conocimientos sobre el placer y el propio cuerpo de la mano de profesionales, que ofrezcan una base sólida a nuestros alumnos y alumnas para que este asunto deje de ser un problema en nuestra sociedad (véanse la multitud de "manadas" que aparecen, las violaciones múltiples, los comportamientos obscenos e incorrectos, la sexualidad no aceptada o mal conducida...). 

 

Todos estos aspectos deben ser tratados en el aula, debatidos y explicados con total normalidad y naturalidad, para que los estudiantes los asuman sin mayores problemas, para canalizar correctamente emociones, necesidades y sentimientos que tarde o temprano despertarán en cada uno/a de ellos/as. Porque la educación sexual no consiste solo en explicarle a los alumnos/as el riesgo de contraer ciertas enfermedades, o el riesgo para ellas de quedarse embarazadas, sino también explicar y que los estudiantes comprendan que significa que somos seres sexuados, sexuales y sexualizados, el alcance de cada uno de estos conceptos, y el contexto de los mismos. Igualmente, hay que impartir una educación sexual contra la violencia y a favor de la diversidad, para que los futuros adultos no continúen reproduciendo los aberrantes comportamientos a los que a veces tenemos que asistir. La educación sexual también comporta abolir determinados mitos, tales como el del amor romántico, que conduce muchas veces a determinadas situaciones de maltrato. Las estadísticas nos confirman que cada vez ocurren más casos de violencia machista en la edad adolescente, lo cual es absolutamente intolerable. Todo ello es debido, sobre todo, a la ausencia de una correcta y completa educación sexual en las aulas. En España, la LOMCE del ex Ministro Wert en 2013 se encargó de enterrar cualquier atisbo de enseñanza de la educación sexual en los centros, pero sin embargo, la demanda de una educación sexual integral en las escuelas e institutos es una reivindicación antigua de todos los expertos en Sexología. Hemos de hacer caso también a las varias organizaciones y organismos internacionales que así lo recomiendan, tales como la OMS, que no contempla la salud sin la salud sexual, e incide en que "la educación sexual debe ser una actividad continua de promoción de la salud durante los años escolares, que se inicie con los niños en edad preescolar". Sin embargo, aquí en nuestro país tenemos que seguir soportando a los cavernícolas de Vox y del PP que intentan por todos los medios denostar la impartición de la educación sexual. Pero ya se sabe, ellos están en contra de que nuestros escolares aprendan el significado de la salud, la igualdad, el respeto, el conocimiento, la satisfacción y el desarrollo personal. 

 

Una buena educación sexual es, como decimos, imprescindible para un buen desarrollo humano, y debe promover, durante toda la vida, la curiosidad, el deseo, la seducción, el juego, el placer...Y todo ello sin pudores, sin vergüenzas, sin miedos, sin remordimientos ni sentimientos de culpabilidad. Una buena sexualidad no se alcanza por sí misma, si no somos educados para ello. Una sexualidad sana anima a disfrutar de la piel, del cuerpo, del afecto, de la comunicación. Y acepta y fomenta la diversidad sexo-genérica, difundiendo la tolerancia también en este ámbito. Una buena sexualidad deshace mitos, coloca los objetivos y las formas en su sitio, anula comportamientos machistas, inculca en la mente de los estudiantes la semilla de la igualdad...De hecho, el centrar demasiada atención en evitar posibles problemas puede acabar transmitiendo una sensación equivocada del sexo como algo peligroso, como algo a lo que hay que acercarse con cautela...Tampoco se puede dar una visión del sexo centrada en el coito y los genitales, ni estar centrada solo en prevenir "efectos indeseados" como embarazos en adolescentes, enfermedades de transmisión sexual, abusos, violaciones, etc. Una buena educación sexual, en fin, trata de enseñar a disfrutar respetándonos, que es el objetivo de los futuros comportamientos que como adultos hemos de practicar. Se debe fomentar la cultura amorosa y erótica (besos, fantasías, relatos, caricias, miradas, palabras...), y se debe informar también al alumnado sobre nociones de planificación familiar, métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual, funcionamiento sexual de la mujer y del hombre, división sexual del trabajo, e incluso entrar en asuntos espinosos tales como la prostitución (nosotros apostamos por la visión abolicionista de la misma), o la pornografía (entendemos que en el aula se debe denunciar y debatir sobre los mensajes y prácticas machistas que dicha industria difunde), y todo ello ha de hacerse sin discursos moralistas ni fundamentalistas, sino desde la naturalidad, el debate y la libre discusión de ideas. Continuaremos en siguientes entregas.

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31 julio 2020 5 31 /07 /julio /2020 12:00

Hablando sobre los contenidos curriculares, a los que llevamos haciendo referencia desde varias entregas atrás, no solo es importante lo que pretendemos incluir, sino también lo que pretendemos excluir. En este último sentido, hablaremos en este artículo sobre la nefasta educación financiera que desde la aprobación de la llamada LOMCE o Ley Wert, viene produciéndose en nuestras aulas. En efecto, se pretende inculcar a nuestros estudiantes la perversa lógica de la educación financiera, tal como explica Miren Alonso en este artículo para los blogs de Publico, que tomaremos como referencia a continuación. El famoso Informe PISA comenzó a medir, desde el año 2012, la "competencia financiera" de los alumnos, en todos los países donde realiza sus tests. El primer dato que nos proporciona Miren Alonso ya es demoledor: El Informe PISA sobre competencia financiera está financiado por el BBVA. Así de claro. Así de triste. Pero además, la creación de este informe tiene un propósito muy preciso: "desarrollar evidencia de necesidad". Así lo expresa la OCDE en una publicación en la que da consejos para introducir la educación financiera en los colegios, y en la que sugiere crear encuestas e indicadores con este propósito. En palabras de Miren Alonso: "Se construye entonces un instrumento de medición para diagnosticar la situación en torno a un fenómeno que, antes de dicha medición, apenas existía; y se hace atendiendo a unas competencias y a unos contenidos muy concretos, que no son neutrales ni inocentes". Es decir, que el razonamiento de su interesada creación como conocimiento curricular para el alumnado puede ser el siguiente: "como nos interesa que los centros educativos impartan educación financiera, vamos a elaborar unos indicadores que lo justifiquen". Bien, pasemos a la siguiente pregunta: ¿Qué enseña la educación financiera? Pues básicamente ENSEÑA A NO CUESTIONAR EL MODELO FINANCIERO ACTUAL. Es decir, se enseña a reproducirlo, asumirlo y profundizarlo en nuestras acciones cotidianas sin hacer preguntas. 

 

Sigo de nuevo a Miren Alonso: "Para empezar, se asume que la responsabilidad pasa del Estado al individuo. Para las entidades que "educan" en finanzas se vuelve una cuestión fundamental "preparar nuestra jubilación"; ahorrar por si surgen "imprevistos como la pérdida de empleo"; pagar "la cobertura de las necesidades de salud", o "financiar estudios". Las instituciones públicas que deberían velar por el bienestar social simplemente desaparecen de la ecuación, y al alumnado se le pinta un escenario en el que está solo ante el peligro, y ante las grandes oportunidades que los mercados financieros parecen presentar". Es decir, la educación financiera supone para los estudiantes la más agresiva y directa expresión donde se manifiesta el neoliberalismo educativo. Injerta en la mente de nuestros alumnos y alumnas la filosofía de mercado bancaria, la más criminal y agresiva de todas, para que desde pequeños/as la vayan asumiendo y normalizando. Desaparecen también las causas de índole estructural que nuestro modelo social determina, y se impone un juicio moral sobre muchos asuntos, como por ejemplo el endeudamiento. La pobreza y la precariedad, dentro del contexto de la educación financiera, son simplemente un problema de mal comportamiento, de falta de ahorro y de educación, no una cuestión colectiva, dependiente de las políticas sociales que se ejecuten. Aspectos como la crisis, la (posible) regulación financiera, las políticas económicas del Estado, el rol activo del consumidor y del ciudadano...No están por ningún lado, y por supuesto, mucho menos lo están la solidaridad, la cooperación, la redistribución y el reparto, conceptos que son directamente demonizados por la educación financiera. La libertad de las personas se circunscribe a elegir entre un producto financiero u otro, basando su decisión en dos únicas variables: el riesgo y la rentabilidad. 

 

Básicamente, la educación financiera es un producto impuesto por el mercado y las grandes instituciones, no por la propia comunidad educativa. Primeramente, se expandió por todo el planeta de la mano de la OCDE, gracias a la estafa que llamaron "crisis", que supuso además un "momento pedagógicamente aprovechable", es decir, una coyuntura idónea para manipular aún más a la población más joven mediante el adoctrinamiento educativo neoliberal. Y así, bajo el pretexto falaz de que "se necesitaba una mayor educación financiera para el conjunto de la sociedad", fueron entrando a saco el G-20, la Comisión Europea y el Banco Mundial, ligando el "desarrollo" (la mayor falacia económica) y la estabilidad de los mercados financieros a la inclusión financiera de toda la población. Y es que como muchos escándalos financieros (debidos por supuesto a las prácticas criminales de muchas entidades bancarias) se habían producido aprovechando la "poca cultura financiera" de los clientes de las entidades, vieron la oportunidad de introducir en el currículo la educación financiera para formar a adultos bien familiarizados con dichas prácticas mafiosas. Para ellos, para los responsables de las entidades financieras, el foco del problema no está en la falta de regulación, ni en la falta de ética de unos pocos, ni en el propio funcionamiento alocado e irracional de los mercados financieros, sino en los "conocimientos", en los "valores" y en las "actitudes" del conjunto de la población. Absolutamente vergonzoso. La conclusión está clara: la educación financiera supone una auténtica aberración educativa, que hay que desterrar lo antes posible del currículum escolar de la escuela pública. Lo que hay que enseñar a nuestros estudiantes es que nuestra existencia no puede depender de la elección de unos determinados productos bancarios. Hay que enseñarles que debemos evolucionar hacia un modelo de sociedad que dependa únicamente de nuestras libertades colectivas e individuales como ciudadanos, controladas democráticamente, y enfocadas al bien común. Dicha educación colectiva y democrática debería conducirnos a asumir que somos nosotros, el conjunto de la ciudadanía, los que tenemos que elegir el tipo de mercados financieros que queremos, y no a asumirlos acríticamente, aceptando sin más el inmenso poder de los banqueros, sometiéndonos a sus dictados y a sus prácticas. 

 

A los alumnos y alumnas, por tanto, lo que hay que hacer es ayudarles a reflexionar sobre si los mercados financieros, tal y como funcionan actualmente, son sostenibles o no lo son. Hay que hacerles reflexionar sobre si necesitamos o no una economía financiera diferente, sobre si el poder de la banca privada es justo en nuestra sociedad, sobre si necesitamos o no un sistema de banca pública, sobre las funciones que dicha banca debiera ejecutar, en fin, la escuela pública, como con el resto de temas y asuntos, debe fomentar en el alumnado la semilla de la discusión y de la crítica, del debate abierto de ideas, y la contribución para educar a las personas de tal forma que sean capaces, individual y colectivamente, de imaginar, construir y desarrollar alternativas al mundo actual. Evidentemente, la educación financiera que ahora mismo está implantada en muchos centros, no responde a estos objetivos. Solo es un instrumento al servicio de la banca privada, para fabricar marionetas con nuestros estudiantes, desde que son jóvenes, para que acepten sumisa y acríticamente sus decisiones, sus enfoques y sus objetivos de sociedad. La escuela pública no puede responder a este esquema. Va en contra de todos sus postulados, en detrimento de su propia función educativa y emancipadora. No nos dejemos engañar: con el programa de educación financiera que ha comenzado a impartirse, en palabras de sus patrocinadores, se busca "un cliente más formado, responsable, exigente y autónomo", para evitar que se repitan "este tipo de errores" (así califican a los desmanes de la gran banca, y a la ruina a la que han conducido a muchas personas) y de "malentendidos" en la comunicación entre empleado/a de banca y usuario/a. Como vemos, una inmensa desfachatez, y una desvergüenza intolerable que ninguna sociedad democrática debiera permitir. Es una forma de impartir educación (financiera en este caso, pero lo podemos extrapolar a otros asuntos) que tiene como misión no la de formar personas críticas con el sistema, sino todo lo contrario: favorecer el control de las élites económicas sobre las mayorías sociales, dañando el proyecto de una sociedad más justa e igualitaria. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 julio 2020 4 23 /07 /julio /2020 23:00

En los artículos anteriores hemos expuesto lo que hemos considerado pueden ser los fundamentos para una educación democrática, conjunto de valores y actitudes esenciales que los docentes (y los libros de texto) deben inculcar a sus alumnos y alumnas. Pues bien, un valor democrático fundamental es la desobediencia civil, que también pensamos debe ser expuesta al alumnado, para que éste comprenda su alcance y su significado. Tomo como referencia a continuación este artículo de Tica Font y Pere Ortega, aparecido en los Blogs de Publico, que lo explica perfectamente. La desobediencia civil ha sido uno de los instrumentos más utilizados a lo largo de la historia para combatir toda clase de injusticias y de falta de libertades. La característica principal de la desobediencia civil es que siempre es pacífica, y es por ello que debe ser enseñada y comentada en clase. Grandes ejemplos de desobedientes civiles de nuestra reciente historia han sido Nelson Mandela, Bertrand Russell, Henry David Thoreau, Mahatma Ghandi, Rosa Parks o Martin Luther King, todos ellos grandes referentes de la acción y el pensamiento, es decir, de la transformación de nuestras sociedades en sociedades más justas. Todos ellos soportaron malos tratos de las autoridades de su época, y aceptaron ir a la cárcel antes que renunciar a sus ideas. Podemos afirmar categóricamente que la desobediencia civil es una conquista de la humanidad. Los autores del artículo explican: "La educación reglada nos convierte en ciudadanos sumisos a la ley y el orden social establecido. Pero en cambio, poco se nos educa en la crítica y en la desobediencia a las injusticias. Esto viene a cuento porque todos somos conscientes de que no vivimos en una sociedad plenamente democrática, sino que la sociedad está llena de lagunas y espacios donde la democracia es imperfecta, ostensiblemente mejorable o ausente". Nuestra actual sociedad está llena de ejemplos de lo que decimos: inmigrantes encarcelados en los CIE sin haber cometido delito alguno, existencia de presos políticos, existencia de personas dentro de los umbrales de la pobreza severa, existencia de instituciones inviolables (la Monarquía), es decir, no sujetas a la ley como todas las demás...

 

Pensamos que la escuela pública debe introducir en la mente de los estudiantes la semilla de la justicia como valor fundamental, y mano a mano con ella, el instrumento de la desobediencia civil como mecanismo de enfrentamiento pacífico, pero firme, contra todas las posibles injusticias que nuestra sociedad pueda albergar. Básicamente, un acto de desobediencia civil es aquél donde una persona o un grupo de ellas se "plantan" ante el sistema, denuncian su disconformidad con él, y anuncian que no están dispuestas a continuar obedeciendo al mismo si no se restituye la justicia. Evidentemente, un acto de este tipo implica (ello depende del grado evolutivo de las propias sociedades) un enfrentamiento claro contra todo aquello considerado como "la ley y el orden", por lo cual comporta riesgos para quienes los protagonizan, pero es la única manera de despertar conciencias sociales ante las injusticias. Y prosiguen los autores: "Como ninguna democracia es perfecta, sino al contrario, todas son perfectibles, es lógico que haya ciudadanía que se oponga a ellas y trabaje para cambiar situaciones injustas, y en ocasiones, se enfrente a la ley para intentar que la democracia se amplíe y llegue a esos espacios donde no existe. Y aquí es donde aparece la desobediencia, que de la mano de la objeción de conciencia se opone a aquellas leyes injustas con el ánimo de mejorarlas. Y es por este motivo que en la mayoría de las democracias avanzadas la objeción de conciencia está recogida en el ordenamiento jurídico y convierte la desobediencia en un acto legítimo". Quizá éste último punto sea el que tenga que ser más resaltado ante el alumnado, es decir, explicar la legitimidad del acto de desobediencia civil, como medio para que determinadas personas o colectivos puedan denunciar de forma pacífica que no están de acuerdo ni van a obedecer al sistema en ciertos aspectos. En el ámbito teórico, quizá haya sido el filósofo norteamericano John Rawls quien mejor ha descrito la desobediencia civil como una de las garantías del Estado de Derecho con la definición más reconocida como un acto público, no violento, consciente y político, contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en el contexto legal, o en los programas de gobierno. 

 

Desarrollemos un poco más estas características: 1) Acto público, porque nunca puede ser clandestino ni esconderse ante la ley, pues perdería el reconocimiento de ejemplaridad que persigue; 2) No violento, porque si se empleara la violencia perdería fuerza moral ante la sociedad y debería ser perseguido por el mal cometido y sus consecuencias: 3) Consciente, porque debe ejercerse en conciencia y con plenas facultades; 4) Político, porque se ejerce para cambiar (o derogar) una ley o programa de gobierno; 5) Contrario a la ley, porque pretende cambiar un ordenamiento jurídico en aquellos que suponen para los desobedientes una clara vulneración de derechos fundamentales y de una manera especial aquellos que atentan contra la libertad de expresión y reunión. Por tanto, todo acto o expresión de desobediencia civil ha de poseer estas características para ser considerado como tal. Hay que destacar igualmente que la desobediencia civil siempre ha de ser entendida como un acto individual, porque aunque pueda llevarse a cabo de forma colectiva, las consecuencias de dicha desobediencia se deben asumir de forma individual, dado que la ley recae sobre el sujeto que la ha infringido. Toda persona protagonista de un acto de desobediencia civil ha de ser plenamente consciente a lo que se expone, aceptando las posibles consecuencias legales derivadas de la propia conducta. Ello es así porque, aunque la desobediencia civil rechaza la ley, su protagonista está dispuesto a asumirla, así como los posibles castigos o sanciones (reproches penales) que se desprendan de su acto responsable. En nuestro país tenemos un ejemplo en nuestra historia reciente sobre desobediencia civil y sus posteriores consecuencias, como fueron los objetores al servicio militar obligatorio: en efecto, los insumisos al servicio militar obligatorio (que aún existía durante la década de los 80) desobedecieron la ley de formas diversas, unos no presentándose en los cuarteles, otros negándose a vestir ropa militar y ser adiestrados en el uso de las armas, y algunos, incluso, desertando dentro de los cuarteles de la época o en las ONG donde prestaban el servicio social sustitutorio. Fueron actos valientes protagonizados por jóvenes de nuestra sociedad de aquella época, que sabían a lo que se exponían, pero que aún así hicieron valer sus principios y sus derechos ante una sociedad injusta y autoritaria. 

 

Sus ejemplares actos tuvieron, cómo no, sus consecuencias: muchos de ellos fueron condenados y encarcelados, y algunos fueron inhabilitados para ejercer como funcionarios públicos. Pero con el tiempo, la semilla sembrada obtiene sus frutos, y dicho movimiento social de objeción al servicio militar obligatorio (desobediencia civil ante un hecho considerado injusto) tomó con el tiempo tales proporciones que obligó a los Gobiernos a cambiar la ley al respecto, primero reconociendo el propio hecho de objeción de conciencia al servicio militar (por tanto despenalizando esta posibilidad), y más tarde aboliendo la propia obligatoriedad del servicio militar para los jóvenes de la época. Hoy día, este movimiento ha tenido continuidad en las personas que llevan a cabo objeción fiscal al gasto militar, es decir, que se oponen a que sus impuestos sean utilizados para gasto militar. Y concluyen los autores del referido artículo: "En ese sentido, la desobediencia es una herramienta política de enorme fuerza, pues si es ejercida de manera mayoritaria por la población, ningún Estado puede hacer frente a un movimiento de esa envergadura. Ese fue el argumento principal del pensamiento de Ghandi que consiguió liberar a la India de la dominación del imperio británico, la fuerza de la no violencia y sus herramientas, la desobediencia y la no cooperación. La misma desobediencia que animó al movimiento por los derechos civiles de la comunidad negra de Estados Unidos encabezada por Luther King; o el de las sufragistas de Reino Unido que luchaban para obtener el voto para las mujeres y tantas otras gentes anónimas que a lo largo de la historia la han practicado". Ese fue el caso también de Nelson Mandela, a quien su lucha por la abolición del apartheid en Sudáfrica le costó pasar la mayor parte de su vida en la cárcel. Pero lo consiguió. En general, podemos afirmar que todos los grandes movimientos de desobediencia civil que en la historia se han dado han conseguido sus objetivos. Y es éste un mensaje fundamental para los alumnos y alumnas de nuestras escuelas públicas, para que entiendan que siempre la justicia puede abrirse paso mediante una decidida y firme lucha democrática y pacífica por la consecución de sus objetivos. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 julio 2020 2 14 /07 /julio /2020 23:00
Viñeta: Iñaky y Frenchy

Viñeta: Iñaky y Frenchy

El 1992 representa un viraje en la historia de Nuestra América. Es el momento en el cual estalló con mucha claridad la contradicción entre el punto de vista de los conquistadores de ayer y de hoy y el punto de vista de las víctimas. Las potencias del Norte pretendían celebrar el llamado “descubrimiento de América” y con él los 500 años de “civilización occidental”. La movilización indígena negra y popular se rebeló a este proyecto, clamando con indignación: ¡No tenemos nada que celebrar!

Giulio Girardi

A partir de la colonización de América por parte de Europa, y durante más de 500 años, se ha impuesto de forma violenta una cultura dominante y hegemónica por encima del resto de culturas ancestrales, dejándolas enterradas, invisibilizadas y olvidadas entre los escombros de su historia, de sus experiencias y su sabiduría. A pesar de esto, los pueblos indígenas se han mantenido y han resistido la colonización de diversas maneras, sobre todo a través de la tradición oral y de la tradición práctica

Juan Manuel Crespo Barrera

Finalizamos en esta décima entrega esta serie de artículos, que ha intentado desmontar el relato dominante en torno a la abyección histórica del mal llamado "Descubrimiento" de América, y situar las cosas en sus justos términos. Alberto Acosta ha resumido muy bien el relato correcto: "Desde 1492, cuando España invadió Abya Yala (América) con una estrategia de dominación para la explotación, Europa impuso su imaginario para legitimar la superioridad del europeo, el "civilizado", y la inferioridad del otro, "el primitivo". Aquí emergieron la colonialidad del poder, la colonialidad del saber y la colonialidad del ser. Dichas colonialidades, que rigen hasta nuestros días, explican la actual organización del mundo en su conjunto, en tanto punto fundamental en la agenda de la Modernidad". Lo que ocurrió durante y después, ya lo hemos contado profundamente: matanzas, expolios, genocidios, saqueos, esclavismo, aniquilación de culturas...Todo un perverso puzzle que relegó a los pueblos indígenas a situaciones de clara desventaja. Está claro que hoy día, si queremos recuperar el verdadero relato y ser coherentes con él, y en nombre de la democracia, no deberían celebrarse como emblemas a aquéllos individuos que fueron esclavistas y genocidas, ni festejar aquéllas horrendas fechas que marcaron el devenir de acontecimientos históricos horribles para millones de personas. En este reciente artículo publicado en el digital Rebelion, Tania Adam explica: "La polémica sobre el constructo de iconografía esclavista y colonial no es reciente, pero las constantes demandas de abolición, reparación o restitución por parte de muchos movimientos antirracistas eran, casi siempre, ignoradas. Hoy, bajo la presión del antirracismo mundial, las ciudades se ven obligadas a responder por sus símbolos, y el debate se ha colocado encima de la mesa. ¿Y ahora qué? ¿Qué van a hacer con sus héroes genocidas y esclavistas? ¿Son símbolos tan sagrados que no permiten una relectura crítica? ¿Son dignos representantes de los valores occidentales?". 

 

Hay que acabar con la falsa narrativa embaucadora del "descubrimiento", que no habla de genocidio ni deja entrever la violenta evangelización con fines lucrativos, y oculta la idea impuesta de superioridad racial. Ese falso relato oculta el horror y el expolio material y cultural de aquella "aventura" colonizadora. Aceptando ese falso relato, tomando de nuevo las palabras de Tania Adam, "entramos al trapo del juego de la historia, consintiendo los relatos hegemónicos de los triunfadores como "única verdad", negando la existencia de cualquier otra realidad y apelando a la amnesia e invisibilidad de los damnificados". El verdadero relato, que es el que aquí hemos intentado exponer, demuestra claramente las conexiones entre el capitalismo mundial y el racismo globalizado desde la época de la esclavitud hasta el presente. El relato verdadero exige, en primer lugar, verdad, justicia y reparación para todos los pueblos indígenas que fueron sacrificados, vilipendiados, arrasados e ignorados por aquél tsunami evangelizador. Pero sobre todo, exige respeto hacia dichos pueblos. Luis Macas, abogado kichwa ecuatoriano, lo ha explicado en los siguientes términos: "Somos pueblos con idioma, territorio y una espiritualidad propia. Tenemos miles de años, y por lo tanto, somos nacionalidades. Nosotros pensamos, actuamos bajo el concepto de la dualidad. No es sólo lo material, sino también lo espiritual (...) cuando hablamos de pueblos indígenas no nos encerramos en fronteras geográficas nacionales. La nación Quechua va desde Colombia hasta el norte de Argentina. Los hermanos Surra están en Perú, lo mismo los Agua están en el norte de Ecuador y sur de Colombia. Somos una América de Indios". Sin embargo, estas nacionalidades indígenas continúan hoy día discriminadas, subrepresentadas, atacadas e ignoradas por el gran mantra globalizador. 

 

¿Por qué ocurre esto? ¿No será porque dichas comunidades indígenas están muy alejadas de las prácticas de dicho capitalismo globalizador que todo lo acapara? Veamos: en la Campaña Continental "500 Años de Lucha", celebrada en 1989, se puede leer: "Las comunidades Campesinas e Indígenas, nacidas, enraizadas en la Pacha Mama, en la Abya Yala, aún nos negamos a destrozar la tierra, a destruir su unidad sagrada, no solo pensando en nuestra sobrevivencia, sino asumiendo el compromiso de defenderla, a ella y a sus habitantes, de un sistema que quiere poseer, abarcar, dominar todo. De un sistema que invade y mata para acumular, de una irracionalidad que para mantener su poder devasta, contamina, erosiona, depreda, como si se hubiera propuesto exterminar la vida del planeta". Ahí tenemos la explicación: todas estas prácticas indígenas, sus conocimientos, sus rituales, sus sabidurías, sus saberes ancestrales, sus objetivos de vida, sus modos de producción y de consumo, nada tienen que ver con los capitalistas y neoliberales imperantes bajo el capitalismo globalizador. Es lógico pensar, por tanto, que tales comunidades se hayan convertido, sin ellas desearlo, en férreas enemigas del neoliberalismo mundial, y que el objetivo de éste sea simplemente exterminarlas, porque representan un escollo para la consecución de sus objetivos a escala global. Reivindiquemos por tanto el relato verdadero, denunciemos el genocidio y el exterminio de las culturas indígenas, porque todo ello será un ejercicio de culto y recuperación de la memoria. El debate está servido, porque frente a la consigna de los mandatarios europeos, que se resume en "No borraremos ningún rastro o figura de nuestra historia", estamos convencidos de que cada vez se impondrá el verdadero relato de lo ocurrido, y que cada "líder" histórico o gobernante ocupará el sitio que cierta y justamente debe ocupar. En sociedades democráticas, es absolutamente intolerable rendir culto no solo al falaz relato, sino mantener en solemnes estatuas las figuras de militares genocidas, comerciantes de esclavos, reyes sanguinarios, diseñadores legales de la supremacía blanca o propagandistas del colonialismo fascista. 

 

Las ciudades, gobiernos, sistemas educativos, etc., son cuerpos vivos y cambiantes, al igual que las Constituciones, que reflejan en cada momento histórico el sentir de los pueblos a los que pertenecen. Por tanto, pueden perfectamente cambiar a la luz de las necesidades, valores y deseos de sus habitantes, y estas transformaciones son siempre el resultado de conflictos políticos y culturales. Por tanto, los símbolos de la antigua esclavitud y el colonialismo no pueden continuar siendo los referentes educativos de nuestros estudiantes, ni los protagonistas de celebraciones de un falso pasado glorioso. Rompamos con ese absurdo argumento que predica que "No podemos cambiar el pasado", pues se trata de una perogrullada. Es evidente que no podemos cambiarlo, pero al menos, situémoslo en su justa valoración. No por ello seremos menos patriotas, más bien al contrario, estaremos ejerciendo sobre las nuevas y futuras generaciones la influencia correcta. Finalizaremos con una cita de Atawallpa Oviedo, uno de los indígenas más sabios que he podido leer, y que no sin ironía afirma: "¡Qué hermoso que la Bolivia y el Perú, ancestrales, y demás pueblos ultrasubdesarrollados, salvajes, incivilizados y analfabetos de otros lugares de Amaruka, y de ciertas partes del mundo, nos puedan hoy proveer la esperanza de una vida respetuosa, rítmica, alineada con la conciencia natural e integral de la vida! ¡Qué fortuna que hoy sean los menos industrializados y mecanizados, principalmente de la mente y del espíritu, los que ahora puedan guiarnos y orientarnos a un modo de vida en equilibrio total (Sumakawsay)! Pues si ellos hubieran desaparecido en el desarrollo, como ha sucedido en los propios países desarrollados donde sus pueblos ya no tienen raíces ni tradiciones, hoy las nuevas generaciones no tendrían en quienes sostenerse".

 

Finalizamos aquí esta breve serie de artículos. Espero, como siempre, que haya provocado al menos la reflexión a mis lectores y lectoras, la parada serena, la contemplación firme de la historia, el compromiso con la verdad, y la necesidad, en fin, de abandonar para siempre el perverso relato dominante sobre el "descubrimiento" de América. Repitámoslo definitivamente: No hubo nunca tal descubrimiento, sino dura y fría invasión, y bárbara conquista. Solo hubo esquilmación y saqueo, genocidio y exterminio cultural y social, y posteriormente, esclavismo para aprovecharse de mano de obra barata para la construcción del gran Occidente capitalista que llega hasta nuestros días. En el camino quedó una larga lista de generaciones de pueblos originarios, que fueron atacados y violentados, y cuya cultura, incluso hoy día, continúa siendo ignorada. Exijamos contar la verdad a los alumnos y alumnas que en colegios, escuelas e institutos se acercan a los hechos históricos con cierto rigor. Exijamos desmontar las celebraciones y festejos que ensalzan unos acontecimientos de los que no podemos sentirnos orgullosos. Y exijamos dejar de tener como referentes a personajes históricos que solo contribuyeron a cambiar unos aberrantes hechos por gestas heroicas. Como siempre, reitero las gracias a todos y todas las autoras y autores que han guiado mis pasos y mi inspiración, a los que he recurrido para obtener datos e informaciones, para poder exponerlos con cierto cuerpo de detalle. Y a los seguidores que hayan sido fieles a esta breve contribución, de nuevo y siempre, muchas gracias. 

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8 julio 2020 3 08 /07 /julio /2020 12:00
Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

La desaparición de pueblos indígenas enteros, es decir, de mano de obra barata y sometida, se cubrió con la incorporación de esclavos provenientes de África; esclavos que luego constituirían un importante aporte para el proceso de industrialización, al ser mano de obra en extremo barata. Y desde entonces, para sentar las bases del mercado global, se fraguo un esquema extractivista de exportación de Naturaleza desde las colonias en función de las demandas de acumulación del capital de los países imperiales, los actuales centros del entonces naciente sistema capitalista

Alberto Acosta

Desde que la espada y la cruz desembarcaron en tierras americanas, la conquista europea castigó la adoración de la Naturaleza, que era pecado de idolatría, con penas de azote, horca o fuego. La comunión entre la Naturaleza y la gente, costumbre pagana, fue abolida en nombre de Dios y después en nombre de la civilización. En toda América, y en el mundo, seguimos pagando las consecuencias de ese divorcio obligatorio

Eduardo Galeano (“La naturaleza no es muda”, 2008)

Como venimos afirmando desde entregas anteriores, la Conquista es un fenómeno histórico que no se acabó con los viajes de Colón y los sucesivos "descubridores" que le sucedieron, ni obedece únicamente al proceso histórico desencadenado a raíz de dicha invasión, sino que es un proceso que llega hasta nuestros días. Tomo a continuación como referencia parte de un artículo de Atawallpa Oviedo, publicado en la "Antología del pensamiento indigenista ecuatoriano sobre el Sumak-Kawsay", donde se recoge un compendio de publicaciones sobre autores indígenas. En el artículo de referencia, Oviedo nos indica que es importante tener claro que la invasión de Amaruka se produjo hace 500 años, y ahora se está produciendo su conquista. Durante esos cinco siglos los pueblos ancestrales han sido explotados, económica y políticamente, pero aún guardaban sus formas y expresiones culturales, sus estructuras de producción y convivencia tradicional, sus relaciones armónicas entre sí y con la naturaleza. Pero durante este largo proceso de cinco siglos, los pueblos originarios ya han sido incluidos, integrados, "desarrollados" y "modernizados"; es decir, se han vuelto nuevos integrantes del mercado consumista global, nuevos destructores de la naturaleza, nuevos difusores de la civilización capitalista, nuevos creyentes de las leyes de la libertad individual, nuevos feligreses de los dogmas religiosos del pecado y de la culpa. En una palabra, han sido integrados en la globalización neoliberal que domina el mundo de forma hegemónica. Una prueba evidente es que los idiomas y dialectos originales están desapareciendo: según el censo correspondiente al año de 1990 en Ecuador son muchos menos los que hablan idiomas originarios, pues se avergüenzan o prefieren "modernizarse" y aprender inglés que es "más útil y provechoso", especialmente para el bolsillo. Me viene a la memoria una frase de Laura Mintegui, que dice que cuando un idioma desaparece el mundo se empobrece. Pues eso: el mundo viene siendo más pobre. 

 

Y según el censo correspondiente al año 2010 ya son casi todos "mestizos" (mejoramiento racial), habiendo apenas un 7% de la población que se reconocen como "indios", incluso hay un poquito más de "negros" y "montubios", y casi igual porcentaje de "blancos". Josef Estermann (autor que hemos tomado como referencia en otros artículos) ha dejado dicho: "El individualismo hedonista, que se predica mediante la campaña neoliberal de abrir nuevos mercados, viene debilitando cada vez más el orden tradicional de solidaridad transgeneracional y comunitaria. En muchas familias, los hijos se resisten a hablar en su idioma nativo, quechua o aimara, porque lo consideran como atrasado y nocivo al progreso de tipo occidental". No solamente hemos entrado nosotros, los viejos Imperios, en la corriente globalizadora (depredadora, alienadora y aberrante), sino que además hemos obligado a hacerlo a aquellos países que otrora fueron colonias nuestras, y mantenemos ojo avizor para impedir cualquier conato de emancipación de dichos países de la escala neoliberal (véase lo que está ocurriendo en Venezuela desde la toma del poder por parte del Comandante Hugo Chávez). Factores como la discriminación institucional, las migraciones, la falta de transferencia de conocimientos y culturas ancestrales a las nuevas generaciones y la brutal imposición de los idiomas dominantes son las causas principales de dicha pérdida paulatina. Las familias ampliadas también están en proceso de desestructuración, ya que muchos de sus miembros han emigrado, y ahora viven en Estados Unidos o en Europa, en el submundo de los migrantes o indocumentados, sufriendo nuevas injusticias y discriminaciones. Como consecuencia, las comunidades originarias están desarticuladas (pueblos, clanes y familias), soñando con el "desarrollo" y el "progreso" americano o europeo, que les traen las películas y telenovelas "civilizadoras". Muchos ya cuentan con acceso a Internet, escuelas públicas y otros servicios, pero no para fortalecer su cultura (que se está perdiendo a pasos agigantados), sino para irla olvidando, para aprender a vivir dentro de las reglas del mercado explotador, para ir destruyendo sus casas de adobe llenas de vida y sustituirlas por casas de cemento llenas de enfermedad, para ir cambiando su música tradicional por las músicas foráneas, etc. 

 

En este sentido, Alberto Acosta y Esperanza Martínez afirman: "El reto de la modernización sería el de lograr que los países de historia y cultura diferentes dejen de ser diferentes, tanto por imposición como por decisión de las propias élites o clases gobernantes. Todo aquello que les es particular, específico, propio, diferente, tiene que ser negado, rechazado, reemplazado por ser un impedimento a la modernización, sea esto religión, cosmología, concepción y utilización del tiempo y el espacio, ética del trabajo o relaciones entre individuo y comunidad". Pareciera entonces que el "progreso" y el "desarrollo" no abogan por la pluralidad de culturas, por la riqueza y el bagaje del ser humano, por la diversidad de conocimientos, prácticas y saberes, sino más bien por todo lo contrario, es decir, por la uniformidad, por la unicidad, por lo universal (enfrentado este último concepto a lo pluriversal, es decir, a un "mundo de mundos"). En nuestros tiempos ya no se conquistan territorios a fuerza de violentas invasiones, ni se toma algo a la fuerza, sino que simplemente se entra a dicho país o comunidad con una carpeta de proyectos de desarrollo bajo el brazo, normalmente portada por hombres y mujeres de traje y corbata, y fácilmente, de forma sutil, van siendo integrados al mundo en "vías de desarrollo". Y así, se les hace creer a través del márketing que llegará un día en que estarán al mismo nivel de "desarrollo" que los demás, como pomposamente les venden todas estas teorías salvadoras. Paralelamente, van entrando en acción las instituciones internacionales paladines del neoliberalismo globalizado (FMI, BM, OMC, OCDE...), que van imponiendo a saco "reformas estructurales" para "sanear" las economías de dichos territorios, cuando en realidad lo que consiguen es que, al cabo de cierto tiempo, las economías de dichos países se conviertan en esclavas de dichas instituciones. Acudimos de nuevo a las sabias palabras de Josef Estermann: "La occidentalización del mundo entero ahora ya no se realiza mediante la exportación de ideas filosóficas y la evangelización cristiana, sino por la mercadería industrializada e informática que transporta a la vez ciertos valores, determinadas expresiones culturales y en general un cierto way of life (modo de vivir)...ya no necesitan ningún tipo de legitimación "trascendente", sino que se autofundamentan por la "justicia" ciega de la "mano invisible" del mercado ilimitado". 

 

En este mundo globalizado, éste es el modo de colonización del siglo XXI. Es una conquista que no impone religión, que no busca necesariamente nuevas tierras para su saqueo y expolio (que también, véase la agresión contra los países que albergan petróleo, el famoso oro negro en su subsuelo), y que no toma lo que no es suyo, sino que simplemente lo compra a través de proyectos de desarrollo e integración. Según Alberto Acosta y Esperanza Martínez: "En esta lógica cabe perfectamente la dicotomía desarrollo-subdesarrollo, pues quienes utilizan estas estrategias se autodefinen como desarrollados, e imponen ese modo de sociedad a sociedades que operan bajo otras dinámicas a las que denominan subdesarrolladas, es decir, por debajo de aquellas sociedades también caracterizadas como modernas". Y para que las nuevas generaciones vayan asumiendo estos valores según la filosofía capitalista (progreso, bienestar, desarrollo, riqueza, etc.) se enseña a los estudiantes en las escuelas toda esta lógica colonizadora, inculcando a los alumnos y alumnas conceptos lineales sobre la evolución de las sociedades (de más atrasado a más desarrollado, de más atrasado a más avanzado, de más manual a más tecnológico...),  para que los adultos del mañana tengan asumidos estos conceptos y comprendan que efectivamente ese es el único camino posible. Todo un nuevo vocabulario impregnado de los valores dominantes se impone también a estos países, de tal forma que hoy día las palabras mágicas son integración, participación, desarrollo, progreso, ciencia...Quien no asuma estas palabras o hable un lenguaje diferente es tildado automáticamente de atrasado, romántico, infantil, idealista...Y el desarrollo solo están pensando en la rentabilidad, para la cual lo importante son esas palabras "divinas" que ahora todo lo impregnan: productividad, competitividad, eficacia, eficiencia, emprendimiento, innovación, etc. En este sentido, Pablo Dávalos ha explicado: "Se pueden cuestionar las asimétricas relaciones de poder que genera el desarrollo, e incluso las derivas antiecológicas del crecimiento económico, pero no está permitido cuestionar los supuestos civilizatorios del desarrollo. Se pueden proponer visiones culturalistas del desarrollo, como aquellas que hacen referencia al carácter, al ethos, o a las anacrónicas tradiciones de una cultura determinada, pero no se permite el debate y el cuestionamiento al marco que estructura esa forma de ver el mundo y a las sociedades desde el desarrollo, la modernización y el progreso". 

 

Paradójicamente, los antiguos terratenientes mantenían en sus haciendas a los pueblos ancestrales, incluso como esclavos, pero la cultura atávica sobrevivía. En cambio, ahora salieron de las haciendas pero pasaron a ser parte de las haciendas de las grandes corporaciones transnacionales. Ya no son esclavos de los gamonales sino del mercado teleológico. Siempre guiados por "buenas intenciones", pero en los resultados, la debacle de la cultura ancestral que ahora se juega entre la vida y la muerte, como es el caso de la desaparición de muchos pueblos, culturas, idiomas, conocimientos, etc., como así mismo de multitud de especies de animales y plantas en el mundo entero. Según un informe de las Naciones Unidas (2010), más de 200 lenguas indígenas ya han desaparecido, y más de la mitad de las 6.000 lenguas que se hablan en el mundo están en proceso de extinción. Uno de los autores de dicho estudio ha sentenciado: "Los pueblos indígenas sufren las injusticias históricas, incluida la colonización, la expropiación de sus tierras, recursos, la opresión, la discriminación y el excesivo control sobre sus formas de vida. Su derecho al desarrollo ha sido negado durante mucho tiempo por los Estados coloniales y modernos en pro del crecimiento económico". El informe referido acota que los pueblos indígenas, que suman en total unos 370 millones de personas, constituyen el 5% de la población mundial, el 15% de los pobres del mundo y la tercera parte de los 900 millones de indigentes en las zonas rurales del planeta. Todas estas comunidades indígenas ocupan un 20% de la superficie terrestre, y representan la mayor diversidad cultural del planeta. Sin embargo, el resto de la humanidad "globalizadora", en vez de conservar estos pueblos como un tesoro, los ataca, humilla y denigra. Su riesgo de extinción es cada vez mayor, debido a la pérdida de sus tierras, de sus hábitats y de los recursos naturales que les sirven de sustento, lo que supondría la desaparición de entre 6.000 y 7.000 lenguas. El informe calcula que el 90% de las lenguas del mundo podrían desaparecer durante este siglo, y con ellas, conocimientos relevantes sobre la Naturaleza. ¡Viva el desarrollo y la homogeneización! La primera piedra de todo este andamiaje destructivo se puso hace 500 años, y el Imperio Español de entonces fue pionero en dicha despreciable tarea. Continuaremos en siguientes entregas.

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