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13 abril 2016 3 13 /04 /abril /2016 23:00

Cuando las acciones terroristas se convierten en un fenómeno permanente nos revelan la existencia de una sociedad enferma que incuba el odio y la desesperación a través de la desigualdad, la miseria y la guerra. Más miseria, más guerra y menos derechos democráticos no harán sino acrecentar el problema. Cada acción bélica contra la población civil -es decir, todas las acciones bélicas- es el embrión de nuevos potenciales terroristas que tienen ya a quién vengar, que han sufrido en su carne la barbarie y entran en la espiral de la irracionalidad

Marina Albiol

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos. Llevo preparándola algún tiempo, porque quería que fuese lo más completa posible, que tocara prácticamente todos los temas que tienen que ver con su título. Y en efecto, aquí hablaremos sobre todos aquéllos asuntos que, directa o indirectamente, contribuyen, aportan, o tienen que ver con la causa pacifista. Y así, hablaremos por ejemplo de la etiología de las guerras y los conflictos armados, de los nuevos conceptos de amenazas y las posibles estrategias de seguridad ante ellas, del fundamentalismo islámico, del terrorismo, de la hipocresía de nuestros gobiernos occidentales, de los nuevos roles que han de cumplir las Fuerzas Armadas, de la OTAN y el imperialismo norteamericano, del mercado internacional de armas, de la superación del franquismo, de la deuda militar capitalista, de los bancos y su relación con la inversión en armas, o de la objeción fiscal militar, entre otros muchos asuntos. La causa pacifista es hoy día una causa internacionalista, a la cual se adhieren todas las organizaciones, instituciones y organismos que creen en otro mundo posible, sin guerras, sin refugiados, sin destrucción, sin hambre, sin miseria, sin caos, sin barbarie. Pero mientras esto ocurre, lo cierto y preocupante es que tenemos no sólo una imparable evolución tecnológica en los posibles escenarios de conflictos armados, sino la presencia de situaciones de hostilidad permanentes que nos amenazan constantemente con el posible estallido de nuevas guerras. 

 

La Paz, así, en mayúsculas, debiera ser quizá la primera gran causa mundial, pero sin embargo, no sólo no es así, sino que incluso tenemos que convencer hoy día, en nuestras sociedades del siglo XXI, de la adscripción sin fisuras a la causa pacifista. Y es que en la paz se cree o no se cree. Se trabaja para ella o en contra de ella. Se acepta con todas sus consecuencias o no. No existen términos medios. No existen atajos ni posibles fisuras que justifiquen cierto tipo de acciones o decisiones. Y últimamente, la causa pacifista incrementa sus adeptos en todo el mundo, ante el desolador panorama internacional, donde los atentados del terrorismo yihadista y los conflictos derivados del carácter imperialista de los Estados Unidos (y sus aliados occidentales) perfilan un escenario ciertamente caótico. Pero la paz, como decimos, toca directa o colateralmente con muchos asuntos, por lo cual la consecución en nuestros tiempos actuales de auténticos escenarios de paz no es cuestión de tomar solamente un conjunto de medidas, sino de ser coherentes con un ideario pacifista, de llevarlo hasta sus últimas consecuencias, de colaborar activamente por la paz, de decantarse claramente ante los diversos conflictos, y de ser coherentes en todas nuestras decisiones, a todos los niveles, esto es, a nivel individual y colectivo, como comunidad. 

 

La causa pacifista no consiste sólo en asistir a una manifestación, sino en estar en permanente actitud crítica contra todas las decisiones y medidas que interfieren la paz, que la debilitan, que impiden su consecución, que la alejan de nuestro horizonte, y es aquí, quizás, en el conjunto de actitudes, reflexiones y comportamientos, cuando de verdad vemos cuánto camino nos hace falta recorrer aún para alcanzar la paz auténtica, plena y duradera. Los más escépticos argumentarán, recurriendo incluso a razonamientos filosóficos (algunos de ellos de filósofos de reconocido prestigio) que la guerra, la hostilidad y el enfrentamiento van en la naturaleza humana, y que el ser humano jamás conseguirá la paz absoluta. No lo sabemos. Quizá sea así, o quizá no. Pero lo que está claro, es que no podemos, escudándonos en dicha justificación, tomar medidas o desarrollar estrategias que vayan contra la paz. Hay que desmontar el viejo mantra militar que aboga: "Si quieres la paz, prepárate para la guerra". Este adagio ha sido utilizado como pretexto y excusa por las grandes potencias internacionales, que lejos de hacer caso a los Convenios, Consejos y Tratados de Paz y de Desarme, han ido desarrollando justamente las estrategias contrarias. No estamos de acuerdo. Ese proverbio debe cambiarse, para que diga: "Si quieres la paz, prepárate para ella". Eso es justo lo que hay que hacer. Preparar la paz y prepararse para la paz. 

 

Preparar nuestras mentes y nuestros cuerpos. Creer intensamente en ella. Preparar nuestras estructuras defensivas y de seguridad para la paz. Preparar nuestras comunidades para la paz. Derrumbar todos los factores que incidan en prepararnos para lo contrario. Desarrollar nuestras estructuras económicas, sociales y políticas para la paz. Desarrollar nuestros idearios, nuestros objetivos y nuestras tácticas para la paz. En definitiva, desarrollar nuestras sociedades, países, Estados y naciones para la paz. Nunca para la guerra. Prepararse para la guerra nunca puede estar justificado. Siempre pueden existir estrategias pacifistas que podamos desarrollar, medidas que podamos implementar, diálogos que podamos celebrar, decisiones que podamos tomar. Últimamente nuestros desalmados gobernantes nos están imponiendo otro de sus dogmas, concretamente el que dice que contra tal o cual enemigo (lo suelen emplear mucho contra el terrorismo yihadista) no se puede razonar ni negociar, y que sólo cabe combatirlo y derrotarlo. No es verdad. No creamos en ello. Todo enemigo, por feroz que sea, puede ser abatido desde el diálogo y la negociación. No podemos asumir la paz si pensamos que contra ciertos factores sólo podemos desencadenar la guerra. La paz contra cualquier supuesto enemigo siempre es posible. Los orientales sostienen con razón que "La mejor guerra es la que no se libra". Esa debe ser la actitud. Porque en caso contrario, sentencian: "Si piensas en una venganza, piensa en cavar dos tumbas". 

 

Lo malo es que, en vez de esa actitud, solemos tener la contraria. Vamos a poner un ejemplo muy sencillo, se trata de un comentario de un alto dirigente del partido político que sigue siendo, hoy día, la fuerza más votada, como es el Partido Popular. Nos estamos refiriendo a Pablo Casado, pero no es una crítica a él personalmente, sino a todos (que hay muchos) los que piensan como él. En efecto, cuando le preguntaron hace poco sobre las medidas que los partidos de izquierda proponían contra el terrorismo yihadista, el señor Casado respondió lo siguiente: "Es ese buenismo retrógrado de la izquierda, que no se quiere enterar de que hay buenos y malos, enemigos y aliados...". Bochornoso, en una palabra. Refleja no sólo un desconocimiento absoluto, sino una actitud beligerante sólo con sus palabras. No se puede ser más imbécil, más ignorante y más hipócrita (y más peligroso, añadiríamos) que este personaje. Pero lo peor de todo es que, gracias a imbéciles e ignorantes como éste, se organizan en el mundo miles de guerras, con las trágicas consecuencias que ya conocemos. La periodista Olga Rodríguez lo expresaba en estos términos: "...el extremismo violento que se ejerce en nombre del Islam no procede de ningún ADN connatural a una religión o a una etnia; que no surge por ciencia infusa de la nada; que todo tiene un contexto político e histórico; que para buscar soluciones a los problemas hay que analizar sus causas". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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