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17 agosto 2016 3 17 /08 /agosto /2016 23:00

Comenzamos aquí una nueva y breve serie de artículos para la Sección de Educación, que como su título indica, tiene que ver con el (casi) eterno debate en torno a la presencia (y en qué grado) de la religión en el currículum escolar. Como ya advertimos en el propio título, nosotros partimos de la base, y vamos a intentar argumentarlo hasta la saciedad, desde diferentes puntos de vista, que el estudio de la Religión Católica como asignatura en el currículum escolar de la Escuela Pública es algo absolutamente incompatible. Pero queremos aclarar desde el principio que no estamos en contra del estudio de las Religiones (en sentido general), de su historia y de la influencia en la historia del pensamiento humano, aunque pensamos que un contenido como ese cuadra perfectamente dentro de los contenidos de otras asignaturas, quizá la mejor candidata es Historia de la Filosofía (asignatura que, por cierto, ha sido menospreciada por la LOMCE del Partido Popular), teniendo en cuenta que muchos grandes filósofos de la historia han partido para sus análisis de una perspectiva religiosa. Vamos a basarnos como siempre en varias fuentes, y en la ayuda de puntos de vista y análisis que han realizado otros diversos autores, que iremos citando a lo largo de la serie. 

 

Bien, aclarados estos puntos iniciales, vamos en primer lugar a revisar el concepto de "libertad", centrado en la supuesta "libertad educativa", que es la primera falacia que tenemos que combatir. Porque este valor tan supremo se nos vende también ideológicamente deformado desde el pensamiento dominante. Se nos inculca una idea de libertad basada igualmente en falacias, no en una auténtica libertad. La libertad ligada al capitalismo se asocia más bien al concepto de liberalización, es decir, al concepto del "libre" mercado, Dios supremo para el pensamiento dominante, aquél que lo justifica y lo explica todo. Pero la verdadera libertad no tiene nada que ver con esto. La libertad es una capacidad interior, más ligada a la liberación que supone no estar atado a ningún convencionalismo social. Aprender a ser libres nos costará sobre todo al principio. La libertad en la sociedad humana debe estar ligada a la posibilidad de participar democráticamente en todos los asuntos que nos conciernen, en vez de que lo dirijan otros por nosotros. Tal vez el primer paso para conquistar nuestra libertad sea rebelarnos contra el pensamiento dominante. Algunas de las famosas "libertades" a las que recurre falazmente el sistema son la "libertad de prensa", o la "libertad educativa", sobre la que nos vamos a centrar a continuación. 

 

Como decimos, en cuanto a esta "libertad educativa", manifestada sobre todo en lo que se suele denominar "libre elección de centro", se trata de otra falacia más del pensamiento dominante, ya que disfrazada de supuesta libertad de los padres para que puedan educar a sus hijos según sus propias elecciones personales y sus propias creencias, en realidad está encubriendo la existencia de una educación elitista y segregadora, de carácter privado, frente a una educación genérica, de baja calidad e infrafinanciada, de carácter público. Veamos por qué. Aparentemente, sería algo bueno y positivo que los padres tuvieran auténtica "libertad" para poder educar a sus hijos e hijas en cualquier colegio, eso salta a la legua...pero acercándose, nos damos cuenta de que en realidad, eso sería justo si todos los padres tuvieran igualdad de oportunidades para poder matricular a sus hijos/as en cualquier centro educativo, pero la realidad nos dice que esto no es así. Las posibilidades económicas de todas las familias no son iguales, por lo cual, es evidente que no todos los hijos e hijas podrán estudiar en cualquier colegio. Todavía sería mínimamente respetable si los colegios privados estuvieran financiados sólo por sus respectivas organizaciones responsables y por las cuotas de los padres, pero esto tampoco es así. ¿Cuál es, entonces, la realidad? Pues que los colegios privados, en su modalidad concertada (por concierto educativo público-privado), son financiados también desde las arcas públicas, es decir, con los impuestos de todos, en detrimento de la escuela totalmente pública. 

 

"Ponerse de acuerdo en qué educación queremos para nuestros hijos es un lío. Mejor privatizamos y que cada cual se pague la educación que pueda". Esa es la idea que vendrían a defender los neoliberales, esos que creen y defienden a capa y espada la "libertad educativa", según explica el sociólogo César Rendueles. Ellos argumentan que la educación privada les garantiza que sus hijos e hijas reciben la educación que a los padres les interesa, lo que es una manera encubierta de negar la educación como un derecho humano básico (ya que aquél que no pueda pagarla simplemente no podrá acceder a ella), de configurar una élite social desde la base (pues se practica la segregación desde el propio modelo educativo), y de esconder bajo el falso eslogan de la "libertad educativa" que los preceptos religiosos se continúen transmitiendo. En el fondo, y como siempre, quienes piensan de esta forma no creen en la sociedad, sólo en los individuos que pululan en ella, destilando grandes dosis de egoísmo, individualismo y competencia, que son sus sagrados valores. No obstante, aclaremos desde ya, volviendo al título de nuestra serie de artículos, que lo que nos parece incompatible es la enseñanza de la religión en la escuela pública, no en la privada, donde es perfectamente admisible, siempre que fuera sufragada (que no lo es) por las cuotas de los padres que llevaran a sus hijos a dichos centros. 

 

Pero sigamos exponiendo el modelo de esas personas que abogan por la "libertad educativa". Evidentemente, la escuela concertada (sufragada con fondos públicos y privados), así como la escuela privada, va desarrollando su propia ideología (afín a la de los padres que llevan a sus hijos e hijas a estudiar en ellos, como no podía ser de otra forma), y va "seleccionando" a cierto tipo de alumnado (procedente de cierto tipo de familias, muy buenos alumnos a su vez del pensamiento dominante), y consiguiendo que desde el conjunto de la sociedad (es decir, desde el ámbito público) se legitime que un sector privilegiado posea más medios y más oportunidades que el resto de los estudiantes. Esto es justo lo que se esconde detrás de la supuesta "libertad" de los padres para educar a sus hijos. Frente a ello, hemos de apostar por un modelo 100% público, gratuito, universal y de calidad. Es decir, los impuestos de todos deben servir para mantener una escuela para todo el mundo, cada vez más exigente en medios, en instalaciones, en profesorado y en dedicación al alumnado. La Escuela Pública es para todos, para los que poseen más ingresos y para los que poseen menos, no existen segregaciones, existe inclusión, no existe competencia, existe cooperación, no existe elitismo, existe igualdad. La Escuela Pública es gratuita, que no significa que sea gratis (otra falacia del pensamiento dominante), ya que la inversión para el mantenimiento de la misma procede de los impuestos que paga el conjunto de la sociedad, a la que la Escuela Pública sirve. La Escuela Pública es universal, lo que significa que comprende todos los ciclos educativos, todas las especialidades, todos los itinerarios, y que no requiere más exigencias, criterios ni requerimientos que la propia voluntad de los estudiantes para aprender, para hacerse personas íntegras, cultas, críticas y libres. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Educación
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