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11 enero 2017 3 11 /01 /enero /2017 00:00
Hacia la superación del franquismo (V)

España tiene un defecto en su cultura democrática y es que el primer paso para declararse demócrata debería ser declararse antifranquista, como en otros países, donde los partidos de izquierdas y de derechas coinciden en algo: son antifascistas

Emilio Silva (Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)

La represión franquista fue catástrofe humanitaria y multirrepresión, que quiere decir que el franquismo acosó a los vencidos desde diferentes puntos de vista, por diferentes frentes y en diferentes etapas. Así, no se trataba sólo de eliminarlos físicamente mediante los fusilamientos, sino introduciendo los mecanismos exterminadores del hambre, la humillación, el expolio económico, la ruina de las familias, la persecución, o el exilio forzado de medio millón de personas. Todo un acoso y persecución ideológica al completo, lo cual es exactamente lo que significa un genocidio. Tras el Golpe de Estado de 1936, en España, la represión franquista no sólo encarceló y asesinó, también utilizó el destierro como forma de castigo. Personas de unas regiones fueron obligadas a desplazarse a otras en las que, sin conocer a nadie, tuvieron que luchar por su supervivencia. Igualmente, la mano de obra esclava procedente de los republicanos fue determinante para levantar después una España completamente derruida por los efectos de la cruenta Guerra Civil. Y de esa forma, puentes, pantanos, y hasta el gigantesco mausoleo del Valle de los Caídos (donde fue enterrado el dictador), fueron construidos con el sudor y la sangre de miles de presos políticos. 

 

El periodista Enric Llopis publicaba recientemente un artículo en el medio Rebelion.org a propósito de un nuevo estudio del historiador Josep Màrius Climent sobre los Batallones de Trabajadores presos entre 1938 y 1947, donde afirma: "Por los Batallones de Trabajadores pasaron 100.000 presos durante la contienda de 1936, y otros 50.000 durante la posguerra, según documentó el historiador Javier Rodrigo en el artículo "Internamiento y trabajo forzoso: los campos de concentración de Franco" (número seis de la Revista Hispania Nova). Son las cifras que manejan los historiadores del período. Al terminar la conflagración en 1939, existían un mínimo de 152 Batallones con mano de obra forzada, repartidos por el Estado Español. Se trataba de una expresión más del sistema represivo implantado por el franquismo, destaca Josep Màrius Climent, que durante el conflicto bélico incluía ejecuciones extrajudiciales, Consejos de Guerra, detenciones preventivas, prisión y campos de concentración; y en la posguerra, las leyes de Responsabilidades Políticas, de Represión de la Masonería y el Comunismo, y de Seguridad del Estado, entre otras. El punto de partida se sitúa en "la captura de centenares de miles de efectivos del ejército republicano, que fueron enviados a Batallones de Trabajadores como una forma de descongestionar los campos y las prisiones; mientras, se procedía a una clasificación política lenta y burocratizada, que no quedó establecida hasta 1940", resume el Profesor de Geografía e Historia. Además subraya un elemento capital, las funciones otorgadas a las jefaturas locales de la Falange, "sobre quien recayó la tarea de revisión y clasificación de tantísimos mozos de reemplazo realizada en 1940". En el procedimiento había que considerar los avales (influencias) que cada uno de los quintos pudiera aportar, para evitar que se les catalogara por su "desafección". Fue un nuevo instrumento de represión". 

 

A todo ello, Llopis añade (basándose en la obra de referencia) que la degradación de las condiciones de higiene y salud en los campos de trabajo (bajo un raquítico ratio de un médico por cada 3.000 internos) hicieron que proliferaran el paludismo, las diarreas (mortales) para los presos y los custodios, la sarna, el tifus y la tuberculosis. En el recuerdo de muchos prisioneros queda la huella de la "explotación laboral", las noches al raso o amontonados en precarias tiendas de campaña, el "expolio personal" (desaparición de víveres, uniforme y equipaje personal), la corrupción y las torturas. Como vemos, sólo faltó gasear a los prisioneros para que fuera exactamente igual que los campos de concentración nazis. De la investigación citada, el historiador Josep Màrius Climent concluye que el número de presos políticos esclavizados laboralmente en Batallones de Trabajadores y Batallones Displicinarios durante la posguerra, duplicaría fácilmente los 50.000 considerados actualmente por diversos historiadores de aquél período. Todo ello, para que luego pudiera salir el dictador en el NO-DO (revista de propaganda del régimen que se visualizaba en las salas de cine de la época, antes de la proyección de cada película) inaugurando cada obra, pantano, presa, puente o construcción llevada a cabo por los presos republicanos. 

 

Pero tenemos otras muchas fuentes de información (hemos de hacer una continua selección ya que el material que existe es abundante) que nos revelan las continuas aberraciones del brutal genocidio franquista. Las diversas facetas en las que ese genocidio se expresó durante la dictadura nos las explica muy bien Francisco Moreno Gómez en su reciente libro "Los desaparecidos de Franco", en entrevista sobre el cual llevada a cabo por Luis Díez para el medio Cuarto Poder recogemos las siguientes ideas: "El genocidio no es sólo matar; señala Lenkim que también es a través del hambre, cosa que hizo Franco masivamente en las cárceles, donde murieron de hambre por millares: en Córdoba, en el año 1941, 756 personas; en Sevilla, más de 800. Esto supone porcentajes del 20% de la población penal, lo cual es genocidio brutal. En la prisión de San Simón, en Pontevedra, que es una isla a la que Franco destinó a los presos sexagenarios, murieron el 30,6% de ellos. Cayeron a montones en Santoña, cayeron a montones --a un centenar de presos al mes-- en el Puerto de Santamaría. Calculo que más de 16.000 personas murieron de hambre en las cárceles de Franco". Y tenemos muchos más ejemplos documentados: en La Algaba (Sevilla) enterraron a 144 presos que murieron de hambre en un campo de trabajo esclavo, entre 1941 y 1942. Y otras muchas veces, los presos vieron truncada toda su vida debido a los largos años de encarcelamiento, como en el caso del poeta y militante comunista Marcos Ana, recientemente fallecido, que estuvo encerrado durante 23 años (entró en prisión con 18 años y no salió hasta los 41), arrebatándole el régimen toda la adolescencia y la juventud. 

 

Pero hablábamos de diferentes facetas de exterminio. Moreno Gómez, más adelante en la entrevista citada, afirma: "Sí, el genocidio fue también económico. El genocidio económico supone arrasar la vida y las posibilidades económicas de los vencidos de manera que caigan en la absoluta precariedad, como en efecto ocurrió. Puede ser también cultural. Esto se inscribe en la clasificación de Lenkim. Cultural es eliminar aquéllos iconos y referencias artísticas y de la República y aquéllas figuras que pueden dar identidad a una colectividad. Se eliminó todo eso. De las ocho técnicas de genocidio, Franco las quebrantó todas. Con ello se pretendía eliminar el pensamiento y la identidad de los vencidos para imponer el de los vencedores. El que niegue que el franquismo no cometió genocidio incurre en dos errores, no conoce lo que hizo el franquismo o desconoce la definición de genocidio". Las referencias a Lenkim nos remiten a Raphael Lenkim, padre de la Convención sobre Genocio, y creador del término tal como hoy lo conocemos. En definitiva, todo un genocidio cultural, ideológico, económico, laboral, y humanitario, que exterminó por diversas vías a centenares de miles de personas, para instalar durante varias generaciones un macabro imaginario popular procedente de la perversa mentalidad de los vencedores. Y todo ello, como veremos en próximos artículos de la serie, se quiso borrar y hacer cuenta nueva con una no menos injusta ley de punto y final, que resultó ser nuestra Ley de Amnistía, promulgada en 1977 cuando aún existían asesinatos franquistas de luchadores por la democracia. Los hay que aún defienden esta vergonzante ley. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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