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28 marzo 2017 2 28 /03 /marzo /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (XVI)

Estos hechos, el olvido del héroe y el aceptado ensalzamiento del asesino, demuestran lo que realmente pasa en nuestra querida España. Si hoy seguimos así, sin resolver el problema de Historia y de Memoria que tiene este país, es, entre otras cosas, porque los demócratas no hemos hablado con la suficiente claridad. No lo hicimos durante la Transición porque el aparato franquista tuteló ese proceso y lo condicionó con la permanente amenaza de acabar con él mediante su método favorito: el Golpe de Estado. Y no lo hemos hecho durante los 40 años de democracia porque vivimos tan acomplejados que acabamos comprando el discurso de los herederos del dictador

Carlos Hernández

Dedicaremos esta nuestra entrega número 16 de la serie de artículos sobre el franquismo al símbolo arquitectónico por excelencia de aquélla etapa, que no es otro que el famoso Valle de los Caídos, siempre objeto de encendida polémica. De entrada, hagamos una rápida referencia basándonos en este artículo publicado en el medio eldiario.es Este conjunto franquista, alzado en San Lorenzo del Escorial, se levantó inicialmente para honrar a los "Héroes de la Cruzada", como dejó escrito Franco. Bajo sus cimientos hay más de 30.000 cadáveres, casi la mitad sin identificar, y muchos de ellos de republicanos represaliados por el régimen, cuyos cuerpos fueron llevados allí sin el consentimiento (ni siquiera el conocimiento) de sus familias. Según nuestro indecente Gobierno del PP, los herederos naturales de Franco, aquéllos que nunca condenaron el franquismo (aunque se levantan todos los días condenando el terrorismo etarra), el Valle de los Caídos no tiene un significado franquista. Así lo especificaba en la respuesta dada a dos preguntas registradas en septiembre de 2016 por el senador de Compromís Carles Mulet. En dichas preguntas, la formación progresista valenciana cuestionaba al Ejecutivo cuáles serían las medidas a tomar para "desfranquizar" el monumento, y conseguir que deje de ser "un lugar de exaltación del franquismo". 

 

El Valle de los Caídos se construyó por orden de Franco, y las obras, para las que se utilizó mano de obra esclava (aunque aún haya periodistas, como la incombustible Victoria Prego, a la sazón Presidenta de la APM, que nieguen este hecho), duraron desde 1940 hasta 1958. Se levantó, literalmente, como un lugar de reposo para "los héroes y mártires de la Cruzada", no para la conciliación tras la Guerra Civil. El conjunto arquitectónico lo forman la Basílica, la Cruz (la más grande del mundo cristiano), una hospedería que se anuncia en Internet, una abadía de monjes benedictinos, y una escolanía de 50 niños cantores. En la Basílica, gestionada por los monjes, están enterradas, en diferentes pisos y galerías, un total de 33.847 personas, de las cuales 12.419 no están identificadas, lo que la convierte en la fosa común más grande de España. Aunque la idea inicial era enterrar sólo a quiénes lucharon en el bando de Franco, luego se fueron llevando allí miles de cadáveres de republicanos represaliados, que permanecen en fosas comunes, pese a que muchas de sus familias los han reclamado. En el centro de la Basílica, junto al altar, están enterrados, con lápidas y honores, Francisco Franco y José Antonio Primo de Rivera, algo que las familias de las víctimas republicanas sienten como una ofensa. La simbología franquista sigue intacta en el Valle de los Caídos desde su construcción. No hay ningún cartel ni explicación que informe a sus 680 visitantes diarios sobre nada de lo que aquí acabamos de contar. 

 

En lo que sigue, tomamos como referencia un estupendo artículo de José Antonio Martín Pallín (Magistrado Emérito del Tribunal Supremo), que se manifiesta y reflexiona en torno a la anomalía democrática que supone la existencia de esta reliquia arquitectónica franquista. En palabras de Martín Pallín: "El Valle de los Caídos es la representación, en piedra, de la megalomanía de un dictador que se propuso exterminar, desde los comienzos del golpe militar, a todos los que configuraban la representación democrática encarnada en el Gobierno surgido de las urnas en febrero de 1936. Terminada la guerra con la victoria de los que comulgaban con las ideas nazis y fascistas, continuó con su política represiva de los disidentes, despidiéndose de este mundo con cinco ejecuciones de condenas a muerte, impuestas por tribunales militares idénticos a los que pusieron en marcha, en los comienzos del golpe militar, la maquinaria para aplastar a los que permanecieron fieles a la República y la democracia". El precedente y guía inspiradora para el Mausoleo los encontró Franco en la Alemania nazi, tan admirada por el Caudillo y los custodios de las esencias del nacionalcatolicismo. En efecto, fue el famoso arquitecto Albert Speer, sentado en el banquillo de los acusados durante los Juicios de Nüremberg, el encargado por Hitler de ejecutar los monumentos y espacios que sirvieron de escenario para la exaltación de la grandeza del imperio nazi. Es algo común a los más déspotas y sanguinarios dictadores, pues en esa misma línea se expresa el Decreto (de 1 de Abril de 1940) que acuerda la construcción del Valle de los Caídos, justificándolo "por la dimensión de nuestra Cruzada y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya (...) Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos que desafíen al tiempo y al olvido". 

 

Actualmente, los políticos y juristas que oponen obstáculos a la modificación del estatus de tan aberrante edificación se apoyan fundamentalmente en dos factores: la inclusión del monumento en el catálogo del Patrimonio Nacional, y su consideración como lugar de culto que impide tomar decisiones sobre la Basílica y Monasterio sin el consentimiento de la Iglesia Católica. Ambos argumentos carecen de consistencia. Por una parte, porque la Ley Reguladora del Patrimonio Nacional (23/1982, de 16 de Junio) enumera solamente doce monumentos, entre los que no se encuentra el Valle de los Caídos. Por otra parte, los que invocan los Acuerdos Jurídicos entre España y la Santa Sede, que cede la capacidad de decisión sobre el monumento a la jerarquía católica, no tienen en cuenta la potestad de un Estado soberano para denunciar los acuerdos internacionales que estime oportuno, a criterio de un Estado que se define como democrático, pero que continúa honrando la labor de un dictador. En resumidas cuentas, mientras se mantenga la situación actual, estamos permitiendo una anomalía histórica, un rasgo claramente antidemocrático y una ofensa permanente para las familias de las víctimas del franquismo, a las que se debe, como ya hemos afirmado y detallaremos más en su momento, la verdad, justicia y reparación debidas. El Valle de los Caídos es una anomalía que deteriora inevitablemente la consolidación de una democracia homologable a las que gozan de este reconocimiento en el resto de la comunidad internacional. Es un ataque contra la dignidad de las víctimas, es un vestigio que repugna a los sentimientos de quiénes tuvieron que padecer el hambre, el frío, los trabajos forzados, la represión, el castigo, la tortura, el exilio o la muerte. 

 

Mantener hoy día en pie el Valle de los Caídos, o al menos no suprimirle el carácter de homenaje franquista que aún posee, es renunciar a la recuperación de la Memoria Histórica, es continuar practicando una clara connivencia con el régimen fascista que ordenó su construcción. Es una afrenta a la memoria mantener un mausoleo excavado en la roca, ocupado por miles de muertos vivientes, cuyos restos nos recuerdan la insostenible equidistancia entre una dictadura y una democracia. Aún tenemos algunas citas que lo expresan con acierto, como la de Raquel Pérez Ejerique, cuando afirma: "Franco manda mucho para llevar 40 años muerto, esta vez sin necesidad de amenazar, hacer propaganda, decretar o fusilar. Manda porque cuatro décadas después sigue habiendo defensores de lo suyo. Desde su tumba ilegal en el Valle de los Caídos --el derecho canónico dice que sólo se puede enterrar allí a pontífices, cardenales u obispos-- sonríe y disfruta de su premio. Nadie le tose porque, así como a los musulmanes les esperan 72 vírgenes en el cielo, a Franco le esperaban centenares de guardianes en la tierra para proteger su pasado y su futuro". Y por su parte, Carlos Hernández sentencia: "Así es, durante 40 años de democracia se ha demostrado que no se acaba con la huella de Franco con medias tintas. La única lejía democrática eficaz es la que emplearon en Alemania con el nazismo o en Italia con el fascismo: destruyamos todas y cada una de las huellas físicas, políticas y jurídicas del franquismo; y así, saquemos a Franco de su tumba un minuto antes de reducir a escombros el maldito Valle de los Caídos". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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