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1 enero 2021 5 01 /01 /enero /2021 00:00
Sáhara Occidental: el Régimen del Terror y del Silencio (IV)

Frente a la indiferencia internacional, a las promesas incumplidas durante más de cuarenta años y a la dureza de la represión marroquí de las protestas, nosotros los saharauis no vamos a dejar la lucha por nuestros derechos vía generacional

Aminetu Haidar (activista saharaui)

Y así como la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental no ha sido reconocida por ningún país del mundo (exceptuando el reconocimiento interesado por parte de Donald Trump hace dos semanas, que no estamos seguros que la Administración del Presidente entrante Joe Biden confirme), la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha sido reconocida por más de 80 países. Por tanto, si el referéndum de autodeterminación no se ha celebrado ya ha sido por la incompetencia de la ONU, así como por la cobardía de algunos países, entre los cuales se encuentra, a la cabeza de todos ellos, España. Por su parte, la Monarquía alauita tampoco está dispuesta a reconocer el derecho a la autonomía regional, por lo cual debería ser España y el resto de la comunidad internacional la que ejerciera presión para poder contrarrestar esta situación y promover el referéndum. Víctor Arrogante resume magníficamente la situación en este artículo de su propio Blog: "En resumen, para la ONU el Sáhara Occidental es un territorio español pendiente de descolonización y nunca ha reconocido a Marruecos como potencia administradora. El Tribunal Internacional de La Haya concluyó que no existe ningún vínculo de soberanía entre el territorio del Sáhara Occidental y el Reino de Marruecos. Los distintos gobiernos de España, desde el final de la dictadura franquista, se han alineado con la ONU. El Gobierno de Zapatero se comprometió a hacer todo lo necesario para una solución, pero su actitud de acercamiento a Rabat de hecho se entiende como abandono de la línea de apoyo a la causa saharaui. El Partido Popular, tradicionalmente no alineado con la causa, defiende la nula responsabilidad española en el conflicto, con el vago deseo de que las partes encuentren rápidas vías de solución. Ceuta y Melilla aparecen en el tablero, cuando las autoridades marroquíes dejan claro que un cambio de la postura oficial española provocaría la reivindicación de ambas ciudades. Todo provocaría un aumento de la inestabilidad en la zona del Estrecho, que nadie quiere que ocurra". En efecto, todas las piezas del puzzle están endiabladamente colocadas, pero son todas ellas consecuencia de la dejación de responsabilidades de nuestro país. Si en su momento se hubiera zanjado el conflicto como era esperable y deseable (además de justo), no estaríamos ahora en esta situación. 

 

Y mientras tanto, y es lo más sangrante de todo, el pueblo saharaui sigue sufriendo. La política (mejor dicho los intereses políticos de países sin la solidaridad debida) sigue alejada de la realidad del sufrimiento de las personas, de espaldas al sufrimiento humano, ignorando el sometimiento de los pueblos. Más de 150.000 personas malviven en la parte del Sáhara Occidental bajo ocupación marroquí, sometidas a crueles violaciones de sus derechos más elementales. Por su parte, unas 30.000 personas viven en la parte del Sáhara controlada por el Frente Polisario. En los campamentos de refugiados de Tinduf, en Argelia, donde tiene su sede el Frente Polisario, viven aproximadamente unos 165.000 refugiados/as saharauis (90.000 según el cómputo de la MINURSO). Los refugiados dependen para su subsistencia de la ayuda humanitaria internacional que se viene desplegando para esta causa. Pero además, el muro construido por Marruecos lleva provocando que miles de familias se encuentren separadas desde hace décadas. Y así llevamos décadas de un conflicto estancado, dejando que cientos de miles de personas continúen viviendo en la más oscura precariedad, porque la comunidad internacional ni el interés geopolítico de los países en liza no tienen la suficiente valentía ni determinación para acabar con este conflicto. Y únicamente el referéndum será una solución válida, puesto que las que se han planteado hasta ahora como alternativas son claramente injustas: por un lado, la concesión del estatus de autonomía dentro del territorio marroquí, durante un período de 5 años, es completamente inadmisible, si se mantiene la idea de que bandera, moneda, aduanas, política exterior, asuntos internos, política comercial, policía y justicia, entre otros aspectos, sigan dependiendo del reino alauita. Por otro lado, la alternativa de división del territorio en dos partes, es igualmente inaceptable si Marruecos, como pretende, se queda con la zona del norte, que es la que concentra los mayores recursos naturales de la región. ¿Cuál sería entonces la mejor solución?

 

Pues para nosotros, reside en cambiar el imaginario dominante, comenzando por abolir todas las formas y vestigios de colonialismo: en el caso que nos ocupa, habría que alcanzar un estatus de completa independencia, bajo un régimen republicano, y por supuesto garantizando las libertades y derechos ciudadanos fundamentales. Precisamente los defensores del referéndum de autodeterminación poseen este proyecto de país para la RASD. Pero hasta ahora, únicamente han recibido palos en las ruedas. Nuestro país es, sin duda, el actor fundamental en todo este conflicto, ya que nuestras relaciones con el Sáhara se extienden en el pasado largo y tendido. Para hacer valer, una vez más, la responsabilidad española ante el territorio del Sáhara Occidental, tomaremos como referencia el testimonio de Abdalahe Hameyada Abdelcader, quien en su artículo "El ex-Sáhara español y la legalidad histórico-jurídica", explica lo siguiente: "La dilatada presencia de España en el Sáhara pasó por diversas vicisitudes y etapas históricas, en las que tuvieron lugar reorganizaciones administrativas, promulgaciones de leyes, reglamentos, etc., emanantes del ordenamiento jurídico español general (por supuesto teniendo en cuenta las peculiaridades del territorio, tales como religión, idioma o lengua árabe o hasanía, costumbres, justicia coránica...), que eran de general aplicación para todos los habitantes: peninsulares, saharauis y canarios, de igual manera. Todos ostentaban la nacionalidad española, sin distinción alguna. En toda esta etapa de colonización el Sáhara estaba integrado en los territorios bajo dominación española en África, conocidos con el nombre de África Occidental Española (AOE) y dirigidos desde Madrid por la Dirección General de Plazas y Provincias Africanas, dependiente del Ministerio de la Presidencia del Gobierno. Durante el último y largo período colonial, la Dirección General de Plazas y Provincias Africanas estuvo dirigida por Francisco Díaz de Villegas y el Ministerio de la Presidencia por el Almirante Luis Carrero Blanco, primero como Ministro subsecretario y después como Presidente del Gobierno hasta su fallecimiento [en atentado terrorista de ETA] en el año 1973. De hecho, el territorio de Ifni (Sáhara) tenía su capital en Sidi Ifni, donde residía el Gobernador General del territorio, cuyo mandato o jurisdicción se extendía hasta Lagüera como puesto extremo meridional. Había gobernadores en El Aaiún y Villa Cisneros. La organización administrativa y política, y sus normas de aplicación, tanto las de carácter general como las específicas al territorio están recogidas en una recopilación jurídica bajo el título de "Legislación Jurídica y Organización Político-Administrativa de Ifni y Sáhara", de José María Yanguas Miravete". 

 

Con esta breve semblanza histórica, podemos llegar a comprender hasta qué punto nos unían lazos y relaciones históricas (coloniales) con dicho territorio. Incluso se llegaron a crear colegios de enseñanza primaria e institutos de enseñanza media para posterior incorporación de sus estudiantes en las universidades españolas. Durante la última etapa, a partir de 1958, tanto Ifni como el Sáhara se convirtieron en provincias españolas de pleno derecho. Tanto es así que en el preámbulo de las leyes y normas que promulgaron su provincialización se decía textualmente que "son tan provincias españolas como Madrid, Burgos, Asturias o cualquier provincia española, sin distinción alguna", procediendo así a una nueva reorganización administrativa y política, en total y estrecho contacto con la Administración española de la época (franquista). Se nombraron sus gobernadores generales respectivos, y quedaron bajo la jurisdicción española a todos los efectos. Pero por si todo ello fuera poco, se crea la Seguridad Social, se crean cuerpos militares (Agrupación de Tropas Nómadas), Policía (Policía Territorial del Sáhara), se crean tribunales de justicia, tanto a nivel nacional como los peculiares al territorio (juzgado coránico), y sus habitantes disfrutan de la nacionalidad española con su DNI, pasaportes, libros de familia, Registro Civil español, etc. En definitiva, el Sáhara y sus habitantes alcanzaron una situación, tanto de hecho como de derecho, de plena equiparación e igualdad a todas las demás provincias españolas, y con los mismos derechos y deberes que los demás ciudadanos españoles de cualquier punto del territorio peninsular. Es evidente, después de todo lo indicado, que nuestro país era el único que podía dirigir de facto un proceso de descolonización en toda regla. Añadamos un dato más: la doctrina y la jurisprudencia españolas han reconocido en multitud de casos que la nacionalidad española de los saharauis es de origen. Así lo han venido dictando los tribunales españoles de todas las instancias: jueces y magistrados durante años en repetidas sentencias, Juzgados de Primera Instancia, Audiencias Provinciales, Audiencias Nacionales y el propio Tribunal Supremo, desde el año 1976 hasta la actualidad. 

 

Con todas estas credenciales...¿alguien puede negar la "españolidad" del Sáhara hasta 1976? ¿Es que puede haber equívoco en esta cuestión? ¿Es que algún tribunal podría dictar otro criterio a la luz de los hechos históricos, sociales, políticos, culturales y administrativos? Todo este panorama continuó como hemos descrito, hasta la entrada en la década de los 70, cuando se produce lo que Alberto Maestre, Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona, llama en este artículo "el despertar saharaui". Se trataba de la gestación de una especie de movimiento popular, de carácter nacionalista saharaui, que se movía aún en la clandestinidad, hasta el 17 de junio de 1970, cuando realiza su primera gran manifestación pública. Este movimiento popular de liberación se había extendido muy rápidamente, consiguiendo cada vez que más saharauis se identificaran con él, haciendo que las afiliaciones al mismo crecieran muy rápidamente por todo el territorio. Según explica Alberto Maestre: "Básicamente, el Movimiento de Liberación demandaba simples mejoras para los saharauis, muchos de los cuales vivían en condiciones precarias, existiendo un elevado número de jóvenes que no tenía ningún tipo de trabajo. Además, solicitaban también el fin de la corrupción de los chiuj, y una independencia final del país, pero por medios pacíficos y de mutuo acuerdo con la potencia colonial". Los saharauis desconfiaban totalmente de España, pues temían que finalmente nuestro país los abandonara a su suerte, porque además ya existían precedentes (Cabo Juby fue cedido a Marruecos en 1958). Por este tiempo ya Marruecos ejercía presión para que España le cediera unilateralmente el Sáhara Occidental, al margen de las resoluciones de las Naciones Unidas y en base a absurdas reclamaciones históricas (recordemos que el Tribunal Internacional de Justicia las desestimó) sobre un territorio que nunca había sido marroquí, pero que simplemente interesaba por cuestiones geoestratégicas. La manifestación en 1970 de este primer Movimiento de Liberación fue violentamente reprimida por la Legión, y su líder fue recluido en prisión, sin volver a saberse nada más de él, al menos oficialmente. Según Alberto Maestre, las evidencias dejan claro que fue impunemente asesinado, después de haber sido sometido a torturas. Todos estos sucesos fueron el inicio de la lucha por la emancipación del pueblo saharaui, más de medio siglo de lucha frente al colonialismo español y luego marroquí, que continúa en la actualidad. Continuaremos en siguientes entregas.

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