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10 febrero 2014 1 10 /02 /febrero /2014 00:00

Siguiendo a Antonio José Gil Padilla, en su obra "En los límites de la irracionalidad", podemos afirmar que una característica propia de la sociedad de nuestros días se concreta en la instrumentalización de todo lo que se puede, estableciéndose una escala que llega a conectar con las clases más populares. Los medios de comunicación, la cultura del espectáculo, y particularmente la televisión, juegan un papel trascendental en esta tarea. El sistema, como un monstruo de múltiples cabezas, ha evolucionado de tal manera que (al margen de la obtención de ganancia a través de la explotación, la especulación o la corrupción) ha establecido y consolidado la siguiente norma: a cada individuo o a cada grupo social le corresponde una asignación monetaria, o una recompensa, que está en función de la posibilidad de instrumentalización que el sistema puede hacer de él para alienar o adormecer, o en suma, para mantener o incrementar la situación de desigualdad entre ricos y pobres.

 

Se pierde, de esta manera, cualquier tipo de valor que haga posible una mejor convivencia; se pierde cualquier tipo de prejuicio y se es capaz de reconocer, y es socialmente admisible, que el único móvil para llevar a cabo tal o cual actuación es el dinero. El beneficio no se obtiene así, como el pago que corresponde a la fuerza de trabajo cedida, sino como consecuencia del nivel de instrumentalización que se realiza del individuo, y por ende, de la posibilidad de embelesamiento social que conlleva. Actores y actrices del Imperio (y de aquéllos que se ponen a su servicio), figuras televisivas foráneas y nacionales, cantantes y músicos que encabezan las "listas de éxito", deportistas de renombre y escritores comerciales de historias intrascendentes son los agraciados con el premio gordo de la lotería, por lo que constituyen un nuevo firmamento del que nunca quisieran salir. Estos ya clásicos tipos de famosos, son los instrumentos más potentes del sistema, y por ende, los mejor pagados.

 

A la anterior lista se suman en nuestros días aquéllos rostros de nuevos famosos engendrados con inusitada rapidez en programas de gran audiencia que tras una selección previa, cuyo principal criterio de valoración es la falta de cualquier tipo de principio ético, se incorporan a los medios televisivos para descalificarse e insultarse entre ellos mismos. Esto crea espectáculo y por lo tanto son agraciados por su instrumentalización con los premios menores del sorteo. Por último, están también aquéllos y aquéllas que, por el mero hecho de salir en programas de televisión y tutearse con esas "grandes estrellas", acceden a contar sus miserias y las de sus seres más allegados. Éstos son los menos agraciados, teniéndose que conformar con la pedrea y el bocadillo de media mañana o de media tarde. Hoy en día son espectáculo los debates políticos, las convenciones de los partidos, o la vida diaria de un grupo de personas dentro de una casa, todo vale para generar beneficios.

 

Otro gran autor que estudió la psicología y sociología del éxito, el fenómeno del llamado éxito social, fue Eric Fromm, a quien vamos a seguir en nuestras siguientes exposiciones. En las sociedades capitalistas, la búsqueda del éxito se ha convertido en una obsesión, es bastante habitual escuchar, particularmente en las películas norteamericanas, que se divide a la gente entre ganadores y perdedores. Fromm indagó en estas ansias ilimitadas de éxito, que por lo general están vinculadas a la obtención de una buena recompensa económica. De esta forma, en la escuela quieren buenas notas, y cuando son adultos, desean lograr cada vez más éxito, acumular cada vez más dinero, poseer más prestigio, comprar mejores automóviles, viajar a los mejores lugares, y cosas semejantes. Sin embargo, cuando en medio de la actividad frenética, se detienen a pensar, hay una pregunta que puede surgir en su espíritu: si consigo este nuevo empleo, si compro un coche mejor, si realizo este viaje...¿Qué habré obtenido? ¿Cuál es verdaderamente el fin de todo esto? ¿Quiero, en realidad, todas estas cosas? Existe una película española, que recomiendo a mis lectores, titulada "Las verdes praderas", dirigida por José Luis Garci, e interpretada por Alfredo Landa, que constituye un buen exponente y fiel reflejo de lo que contamos.

 

Pero el caso es que la gente suele liberarse muy pronto de estas preguntas que incomodan, y continúan su carrera hacia ese objetivo deseado del éxito. El Hombre actual vive bajo la ilusión de creer que sabe lo que quiere, cuando en realidad desea lo que se supone que debe desear. Saber lo que uno realmente quiere no suele ser tan sencillo cuando se aceptan los fines preparados socialmente a la manera de combos de hamburgueserías, pero suponemos que son el producto de nuestra propia voluntad sin ningún tipo de influencia externa. De alguna manera perseguimos un fantasma que nos defraudará nada más lo obtengamos, ése es el éxito, en cambio si cultivamos nuestro "yo" por medio de la actividad espontánea y creativa, tal vez desaparezcan esas dudas sobre nuestras posibilidades y el significado de la vida. Fromm aseguraba que "sólo existe un significado de la vida, que es el acto mismo de vivir". Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Psicología
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Comentarios

psicologo Madrd 01/25/2016 12:11

Excelente artículo, con buenas prácticas y un buen método se pueden llegar a conseguir buenas maneras de llegar a las personas, muy útil

Rafael Silva 01/25/2016 12:25

Gracias por tus comentarios.

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