Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El paso al socialismo requiere la conciencia generalizada de que la expropiación del capitalismo es indispensable. La expropiación del capital es el comienzo de la transformación de la revolución democrática en revolución democrática socialista. Solamente sobre la base de la revolución democrática es posible expropiar al capitalismo
Continuando con las propuestas sobre Renta Básica (RB) y Trabajo Garantizado (TG), y como estamos pudiendo comprobar, las variantes y modalidades son múltiples, aunque la mayoría de los pensadores y analistas de izquierdas reconocen la utilidad de ambas. Por ejemplo, en palabras de Javier Aguado: "La renta básica no es por sí misma, o de manera inmediata, una propuesta anticapitalista, ya que aspira a rectificar, corregir o paliar, determinadas injusticias que una buena sociedad no produciría". Nosotros entendemos que es una herramienta fundamental para facilitar la superación de las estructuras sociales que permiten y legitiman la explotación y el dominio, y desde ese punto de vista, sí la consideramos una medida de carácter anticapitalista. La RB ha de constituir al menos una prestación suficiente para satisfacer las necesidades más elementales que garanticen la dignidad de las personas, y como decíamos, sin que pueda verse coartada, limitada o restringida por criterios como la edad, o la forma de convivencia.
Estamos convencidos, por tanto, de que la RB ha de conquistarse como un auténtico Derecho Humano, destinado a garantizar un mínimo vital completamente imprescindible, independientemente de que se adopten muchas otras medidas para garantizar trabajo a todo aquél que lo necesite, lo requiera o esté capacitado para ello. Junto a los derechos sobre vivienda, salud, educación y servicios sociales, integrarían los derechos fuertes, esto es, aquéllos que el sistema ha de garantizar de una manera completa e incondicional, de forma universal y suficiente, con carácter no contributivo, en una palabra, derechos que han de arrancarse al capitalismo para que pueda abrirse camino la dignidad humana, tan pisoteada cuando se alcanzan niveles de neoliberalismo tan despiadado y salvaje como los que vivimos. Pero aún tenemos que ahondar más en estas propuestas, debatiendo no sólo su carácter social, sino los problemas derivados de su posible financiación, que es el torpedo que normalmente lanzan los detractores de todas estas medidas.
Pero volvamos de momento a revisitar la propuesta de Trabajo Garantizado (TG). Esta medida fue propuesta originalmente por el economista norteamericano Himan Minsky en los años 80, pero desde entonces acá, ha sido retomada y desarrollada por otros muchos economistas australianos, franceses, italianos y estadounidenses. Según la esencia de la propuesta, el Estado tiene la obligación de garantizar un puesto de trabajo remunerado (con condiciones laborales dignas, por eso lo situamos en el ámbito público) a cualquier persona que no haya podido encontrar empleo en el sector privado o en el sector público tradicional, y que esté preparada, capacitada y dispuesta a trabajar, sin importar su experiencia profesional, cualificación, sexo, renta o edad. Se parte de la premisa, como apuntábamos en el artículo anterior, de que si bien es cierto que hoy día en nuestras sociedades hay muchísimas personas que no están ocupando ningún puesto de trabajo, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades, y mucho trabajo que ya se realiza, pero de forma no remunerada.
Por tanto, es profundamente absurdo y contraproducente en términos económicos y sociales, que mantengamos inactivas a personas que pueden y desean trabajar, mientras las necesidades de nuestros conciudadanos y de nuestro medio ambiente no estén cubiertas. ¿Y porqué no se cubren? Pues ésta es la madre del cordero. No se cubren porque no le son rentables al capitalismo. Es decir, no se cubren porque al sector privado no le son rentables, y/o porque el Estado (desde un punto de vista neoliberal) ha decidido que es mejor no realizarlas. Las perspectivas de rentabilidad económica en términos de crecimiento y "riqueza" nacional (traducida en aumento del PIB) son las únicas que le interesan al capitalismo, luego cualquier otra actividad que no pueda justificarse desde estos puntos de vista, será simplemente desechada. Y esto es lo que propone recuperar la medida del TG. Hay necesidades sociales por cubrir, y donde hay necesidades, hay economía, hay puestos de trabajo, y existe generación de renta. Pero hay que entender la economía no en el sentido capitalista, sino como una herramienta que nos permite vivir mejor, ser más felices. Pongamos algunos ejemplos de nichos de actividad donde el TG podría tener sentido.
La lista de posibilidades sería inmensa: en la actualidad, necesitamos que cuiden de nuestros mayores, de nuestros adultos dependientes, de nuestros hijos y de nuestros enfermos, que exista más apoyo psicológico y educativo, que la educación cubra segmentos que no cubre en la actualidad, que se fomente más la investigación científica y técnica, que se apoye la formación práctica a las personas que finalizan sus estudios, que se apoye más a la cultura, que se cuide la fauna y la flora, que se cuiden y reforesten bosques y otros espacios verdes, que se retiren residuos, que se habiliten edificios para que sean más eficientes energéticamente, que se realicen servicios de reparación, reutilización y reciclaje, que aumenten los servicios de ocio, que se fomente la actividad física y el deporte no competitivo, que se cuiden las infraestructuras urbanas de muchos barrios de nuestras localidades, que aumenten y mejoren los servicios sanitarios, que se defienda a los grupos más discriminados y vulnerables, que se fomente un turismo sostenible, que se construyan y mantengan centros de producción de energía renovable, y un larguísimo etcétera. Continuaremos en siguientes entregas desgranando todas las facetas de estas medidas.