Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
El avance en la igualdad real y efectiva tiene que dejar de ser una quimera y ser un referente de lucha política. Sin igualdad no hay justicia y sin la participación de las mujeres no hay democracia
Vamos a finalizar esta breve serie de artículos, dedicada a la esencia de lo que debe recoger transversalmente un programa feminista, hablando sobre una de las mayores lacras de nuestro tiempo, como es la violencia machista. La hemos citado a tenor de otros muchos aspectos en los artículos anteriores, pero ahora nos centraremos en ella y en todas sus manifestaciones. Campañas y más campañas de concienciación social han sido desarrolladas en nuestro país durante los últimos años, para intentar minimizar el efecto de este terrible fenómeno, pero lo cierto es que los datos continúan apuntando a una cifra de maltrato y violencia sexista intolerables en un país denominado democrático y avanzado. Necesitamos básicamente abordar el frente de las medidas de control para que no puedan ocurrir estos casos, con su correspondiente financiación, pero también abordar de forma completa y decidida el frente educativo, el buque insignia desde el que podemos comenzar a erradicar este terrible problema social. El frente educativo ha de comenzar a desarrollarse desde tempranas edades, pues los estudios demoscópicos demuestran que nuestra actual juventud continúa reproduciendo, en unos preocupantes porcentajes, las mismas conductas machistas y aberrantes que se proyectan en la edad adulta, perpetuando la situación.
Abordar el frente educativo, por tanto, es completamente esencial. Los dogmas y pilares del patriarcado deben ser abolidos, y esto sólo se conseguirá preparando a próximas generaciones que los repudien, y que pongan en cuestión y actualicen los diferentes roles de la mujer en nuestra sociedad, asimilando mentalmente las condiciones de igualdad real entre sexos. Sólo de esta forma podremos proyectar la erradicación del problema, en un futuro próximo. Pero vayamos a las medidas concretas. Necesitamos suficiencia, continuidad y transparencia en el reparto autonómico y local de la financiación estatal para la atención jurídica, psicológica, social, económica, laboral y de vivienda a las víctimas de violencia de género en todo el territorio. Habría que desarrollar, pensamos, un mínimo de tres campañas anuales de prevención y sensibilización, informando de los derechos de las mujeres en sus relaciones sentimentales, laborales y de ciudadanía con los hombres, así como en los procesos de separación o divorcio. Hay que extender a todo el profesorado de preescolar, colegios e institutos, la formación obligatoria sobre las materias ligadas al feminismo. Necesitamos impartir formación especializada feminista a los profesionales de los medios de comunicación, así como un seguimiento para evitar la utilización de los testimonios de las víctimas de violencia de género con fines sensacionalistas, amarillistas o con tintes de espectáculo basura.
Necesitamos que los medios de comunicación públicos difundan periódicamente datos estadísticos sobre las sentencias condenatorias y de agresores en prisión, para que se conozca la verdadera realidad de los procesos de violencia, y para combatir la sensación de impunidad que sienten las víctimas. Hay que proceder igualmente a la formación feminista del personal judicial, dada la constatada tendencia a la minimización de la entidad de las agresiones y de la valoración del riesgo, y también para exigir el máximo rigor en la investigación de las causas y en la suspensión de las condenas, que no debe ser de aplicación automática como para el resto de los delitos, debiendo ir en su caso acompañada de una valoración previa del riesgo. Necesitamos programas específicos de prevención de la violencia machista desde la infancia y en todos los grados educativos, de forma obligatoria, y dentro del horario lectivo. Hay que exigir especialización en materia de violencia machista y estabilidad en el empleo a los/as profesionales de los equipos multidisciplinares de valoración. Hay que mejorar la formación del personal de atención psicológica y de los equipos psicosociales de los Juzgados, en especial para impedir el uso del pretendido Síndrome de Alienación Parental. Hay que proponer la reversión del cierre de los Puntos de Encuentro Familiar, ante la escandalosa espera para hacer efectivos los regímenes de visitas y el correcto desarrollo de los encuentros paternofiliales de menores.
Por su parte, y en relación al tema de los recursos y medios tecnológicos, necesitamos una dotación de suficientes dispositivos de seguridad de teleasistencia, con asignación de pulseras de seguimiento para todas las mujeres con riesgo evaluado como medio/alto (no exclusivamente extremo) de sufrir nuevas persecuciones y/o agresiones, y para todas las mujeres afectadas por incumplimientos de las órdenes de alejamiento o protección dictadas por los Juzgados. Hay que elaborar informes periódicos sobre el control de la efectividad y cumplimiento de las medidas de seguridad por los servicios existentes o por nuevas unidades específicas para el seguimiento de los servicios de teleasistencia y pulseras GPS, a fin de verificar su funcionamiento y su impacto positivo en la prevención y detección de los quebrantamientos de dichas órdenes. Necesitamos también cambiar la legislación foral sobre derecho civil, en aquéllas Comunidades Autónomas que sean competentes para establecer que la custodia compartida únicamente se podrá establecer cuando ambos progenitores del menor estén de acuerdo en ella, y no exista ningún proceso abierto de violencia machista contra el padre.
Por último, hay que realizar también campañas de concienciación social denunciando la extrema violencia que sufren las prostitutas por parte de sus proxenetas, chulos y clientes, y abogar por la abolición de la prostitución. Sobre este último tema, al constituir un asunto de gran proyección social, que vuelve a estar muy vivo, le dedicaremos próximamente una nueva serie de artículos. Y bien, finalizamos como empezamos, destacando la importancia y la transversalidad de las medidas feministas en todos los programas que desde la izquierda pretendan reivindicar la igualdad real entre ambos sexos, la completa equiparación social entre hombres y mujeres en todos los planos de nuestra sociedad, la erradicación de todas las formas de explotación de la mujer, la consecución de la soberanía sobre sus propios cuerpos, la abolición del machismo y los valores del patriarcado, y la consecución plena de los derechos humanos, como un eje rector fundamental para conseguir una mejor sociedad, más justa, libre, democrática y avanzada.