Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Los partidarios de la felicidad humana no pueden ser sino anticapitalistas
Y efectivamente, como medida anticapitalista estamos exponiendo prácticamente todos los flecos y enfoques que se hacen actualmente sobre la RB, y en ello continuamos. Vamos a comenzar a abordar, quizá tengamos que volver a ello en un futuro, pues son debates muy recurrentes (de hecho lo hemos tratado en otros artículos de este Blog) los aspectos relativos a lo que pudiéramos denominar como "antropología social" de la RB, un debate casi filosófico, pues tiene que ver con las actitudes de la población derivadas de la adopción de una medida como ésta, en su sentido puro. Los detractores de la RB lo plantean resumidamente bajo el eslógan: "La gente no haría nada", queriendo referirse a que si el Estado adopta una medida de este tipo, las motivaciones para trabajar desaparecerían en la ciudadanía, que preferiría quedarse "disfrutando" de la cantidad proporcionada por la RB, y dedicarse a la vida contemplativa. De entrada, y teniendo en cuenta el carácter social y antropológico del trabajo, en afirmaciones de este tipo se está dando primacía al trabajo remunerado, es decir, a lo que la clase dominante considera trabajo socialmente rentable. No obstante, tenemos que recordar que existen otros tipos de trabajos, como el trabajo doméstico o el trabajo voluntario. De hecho, en la medida del TG (Trabajo Garantizado), ya comentada a fondo en anteriores artículos, retomábamos un concepto de trabajo necesario para la comunidad, aunque no sea del todo rentable "productivamente" hablando.
Como sabemos, en nuestra actual, compleja y moderna sociedad, las personas dan continuamente infinitas muestras de enormes iniciativas con trabajos voluntarios, de solidaridad, de cooperación, o simplemente, menos rentables socialmente que los considerados como tales. Debemos pensar entonces que, si todas las personas tuvieran su existencia material garantizada, este despliegue de ocupaciones podría ser aún mayor. Pero los detractores de la medida insisten en considerar al ser humano vago por naturaleza propia, y por tanto, entienden que necesita el "estímulo" de la sociedad capitalista para trabajar y producir para su sociedad. En el fondo, como señala Daniel Raventós, los que opinan de esta forma están demostrando una especie de "miedo" subrepcitio a la plena libertad del ser humano, además de infravalorarlo como tal. Se envuelve y se disfraza de diferentes formas, bajo diferentes argumentos, pero en el fondo, como decimos, expresa una desconfianza hacia esa libertad. Aclaremos que no es el trabajo remunerado lo que otorga dignidad a las personas, sino la existencia material socialmente garantizada, y la consiguiente libertad que la primera hace posible lo que hace a las personas dignas. Pero claro, para ello, tenemos que dejar de pensar bajo un enfoque capitalista, que es el principal problema, esto es, nuestro cambio de mentalidad.
Pero incluso "entrando al trapo", como se dice coloquialmente, en su argumento, debemos desmontarlo con la siguiente pregunta: ¿De verdad alguien se cree que cualquier persona con su formación, su capacidad, su ilusión por trabajar en aquéllo para lo cual se ha preparado durante años, va a dejar de hacerlo para conformarse con la prestación de la RB? ¿De verdad alguien puede creerse que cualquier médico/a, abogado/a, periodista, profesor/a, bombero/a, azafato/a, piloto, carpintero/a, artista, y mil profesiones más, va a renunciar a su profesión, si le ofrecen trabajo en ella, para dedicarse a la vida contemplativa con su RB? El argumento parece tremendamente torticero y falaz. Que los lectores se lo apliquen a ellos mismos. Concluirán fácilmente que el trabajo humano, sea del tipo que sea, si se hace con ilusión, ganas y dignidad, es una de las mejores recompensas que la vida puede ofrecernos. Luego tenemos el manido argumento, de nuevo otra falacia, que tiene que ver con aquéllos que ponen el grito en el cielo porque la RB vaya a proporcionarse incluso a los más ricos y poderosos. De entrada, hay que decir que justo aquéllos que quieren ofrecer esta imagen de justicia social, al defender este argumento, suelen ser los más reaccionarios en términos generales. El razonamiento, de nuevo, puede desmontarse fácilmente, en los siguientes términos: en efecto, los ricos también tendrían la RB, pero esto es un detalle completamente irrelevante, ya que, según los parámetros de una reforma fiscal auténticamente justa y progresiva, donde contribuyan más quienes más tienen y quienes más ganan, la RB de los poderosos serviría para redistribuir aún más la riqueza colectiva.
En efecto, bien poco le importará al sistema, por ejemplo, que Ana Patricia Botín, Presidenta del Banco Santander, vaya también a percibir la RB, si por otro lado estamos diseñando para el segmento de riqueza que ella representa, una altísima contribución fiscal, que repercute, precisamente, en que se pueda continuar financiando la RB para el resto de personas que no son tan ricos/as como ella. Este argumento, por tanto, también se desmonta fácilmente. Bien, después tenemos los argumentos que ya no van en contra de la RB directamente, es decir, no están en contra de que la RB exista, sino que la defienden y la apoyan, pero en vez de ella, prefieren otras medidas, como la del TG ya expuesto en artículos anteriores. Lo primero que tenemos que hacer es volver a dejar sentado que, bajo nuestro punto de vista, y ahora hablo a nivel personal, ambas medidas no son contradictorias, y al ser ambas positivas, lo ideal es que se fueran aplicando las dos gradualmente. Es decir, la RB por un lado para garantizar unos mínimos de existencia vital y erradicar la pobreza y la exclusión, y el TG por otro, para reactivar el empleo público, fomentar la ocupación y dar cabida a todas las otras ocupaciones menos rentables socialmente. Pero aún así, hay autores que entienden que se debe adoptar el TG en vez de la RB, porque honestamente consideran que como el objetivo del pleno empleo es alcanzable socialmente, y que una vez que éste se alcanzara ya no haría falta ninguna RB, lo que de verdad debe potenciarse es el TG, dejando la RB como una medida inmediata y residual para las personas y familias que no posean dichos ingresos mínimos vitales.
Con respecto a la opinión de estos autores, encabezados quizá por los Catedráticos Juan Torres y Vicenç Navarro, personas de gran prestigio científico internacional, y que nosotros hemos tomado como referencia en muchos otros artículos de este Blog, hay que decir que pensamos que se equivocan en este enfoque. Y se equivocan porque entendemos que les guía el "buenismo" social y profesional antes que la racionalidad, esto es, adoptan más un planteamiento de fe que de confianza racional y empírica en el sistema. Como sabemos, el pleno empleo puede y debe ser un loable objetivo. Se supone que en condiciones de trabajo digno, jornadas laborales más cortas, salarios decentes, etc...justamente lo contrario al objetivo patronal que es empleo en condiciones semiesclavas, manteniendo un índice de desempleo relevante, para que la clase trabajadora no se rebele demasiado. Pero incluso mientras se montan los programas de TG, con condiciones laborales dignas, la RB continúa siendo una propuesta inmediata para garantizar la existencia material de toda la población. O expresado de otra forma: mientras se logra dicho pleno empleo, ¿no es urgente dar una respuesta política y social a la situación de emergencia humanitaria de millones de personas? Reflexionen sobre ello. Continuaremos en siguientes entregas.