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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por la senda del Pacifismo (XX)

Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

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Hasta que no se acaben las reservas de petróleo en Oriente Medio y Próximo, la religión y el terrorismo serán sabiamente instrumentalizadas a favor de los que tienen la sartén por el mango: EE.UU., la Unión Europea, Israel y Arabia Saudí

Armando B. Ginés

Y son precisamente estos actores, los que tienen la sartén por el mango, los que son corresponsables de la práctica totalidad de los conflictos que hoy tienen lugar en escenarios orientales, que a su vez se trasladan al escenario occidental. En palabras de Jesús Núñez: "Corresponsabilidad inicial en el nacimiento de esos nuevos Estados, creados a partir de una colonización fundamentalmente europea, que da como resultado países artificiales donde son obligados a vivir juntos quiénes no tienen ningún deseo de vivir en común. Corresponsabilidad también a la hora de situar al frente de los gobiernos de esos nuevos Estados a individuos que no se distinguen precisamente por su carácter democrático o por su respeto a los derechos humanos, sino, más bien, por aprovechar los privilegios que les otorga su posición para beneficiarse de la explotación de las riquezas nacionales, al margen de las necesidades y las demandas de la población". La hipocresía occidental se nos vuelve a mostrar en estos casos, cuando nos volvemos "muy amigos" de ciertos líderes regionales, que luego resulta que eran unos "dictadores despreciales" cuando ya dejan de sernos útiiles desde el punto de vista geopolítico y estratégico. Una hipocresía que no sólo se aplica a esta amistad "a conveniencia" de los líderes políticos, sino también a las reacciones a las determinadas acciones que dichos líderes (tanto orientales como occidentales) llevan a cabo. 

 

Como nos ilustra Jesús Núñez en la referida entrevista, mientras que la invasión de Kuwait por parte de Irak (el Irak de Saddam Hussein) dio lugar a unas resoluciones de la ONU que desembocaron en la llamada "Operación Tormenta del Desierto", sin embargo, Israel ha invadido varias veces territorio soberano de algunos de sus países vecinos, y eso no ha tenido ninguna consecuencia, en la medida en que Estados Unidos sigue avalando a Israel y le permite un margen de maniobra que ningún otro Estado posee en el planeta. La doble vara de medir, por tanto, es notoria y palpable. La hipocresía de los gobiernos también. La debilidad de la ONU, aún más todavía. Pero como decíamos, en lo tocante al Daesh, el terrorismo internacional y las motivaciones relacionadas, quien se lleva la palma es Arabia Saudí, como ya hemos mencionado en entregas anteriores, y aún le tendremos que dedicar una mayor atención. Porque esa misma vara de medir se vuelve a poner de manifiesto cuando el régimen de la Casa Saud decapita y ejecuta, saltándose cualquier norma internacional, de manera demasiado frecuente, amparándose en su brutal y violenta visión wahabita del Islam, y ello no tiene ninguna consecuencia para el régimen saudí, que controla el 25% de las reservas mundiales de petróleo, mientras que cuando eso mismo lo lleva a cabo el Estado Islámico (de lo cual nos enteramos porque los medios de comunicación dominantes le proporcionan un eco mediático mucho mayor), nos alarmamos y condenamos sin reservas este comportamiento. Síntomas evidentes de una sociedad alienada, manipulada, desnortada, tergiversada y esquizofrénica. 

 

Arabia Saudí es el ejemplo más claro, señala Núñez, entre los muchos que hay, de la incoherencia e hipocresía occidental entre los valores y principios que decimos defender y la política internacional que realmente llevamos a cabo, o apoyamos en los foros internacionales. Es una política interesada, movida sobre todo por intereses de seguridad geopolítica y energéticos, que nos lleva a concluir que inevitablemente dependemos de Arabia Saudí y el resto de países y emiratos árabes por su petróleo, y por lo tanto, no tenemos más remedio que mirar para otro lado cada vez que ese país viola el derecho internacional y los más elementales derechos humanos. Pero es una pura falacia. En primer lugar, porque nuestros serviles gobiernos occidentales no manifiestan una clara voluntad política de ser energéticamente autosuficientes (y para los países que no puedan serlo existen también otras alternativas al petróleo saudí), porque prefieren seguir apoyando los intereses de las grandes empresas transnacionales. Y en segundo lugar, porque una decidida actuación no de uno, sino de muchos países que denunciaran al unísono en foros internacionales auténticamente democráticos las aberrantes prácticas saudíes, no tendría consecuencias, si es que los árabes desean seguir vendiendo su petróleo a los países occidentales. Por tanto, todo se reduce a un juego absurdo de intereses, donde la cobardía de nuestros gobernantes y la ausencia de foros democráticos mundiales completan su papel, y ahí están las consecuencias. 

 

Y es algo que sirve también, como muy bien nos recuerda Jesús Núñez, para alimentar el sentimiento de antioccidentalismo presente en muchos países árabes desde hace mucho tiempo, ya que entienden (en toda lógica) que Occidente está apoyando a determinados gobiernos que son impresentables, que no tienen ninguna disculpa para cometer esas barbaridades, únicamente para defender sus espúrios intereses. Y aún tenemos otros actores en la escena internacional que son piezas interesantes en este tablero. Al verse recientemente liberado de sus sanciones internacionales, por medio del Acuerdo con Estados Unidos y la Unión Europea, Irán ha vuelto reforzado al escenario, enemigo de Arabia Saudí y de Israel, y va a poder seguir desarrollando y exportando su estrategia revolucionaria al resto de la región. A los saudíes no les interesa (como ya hemos explicado en anteriores entregas) que Teherán imponga sus postulados, y éstas son básicamente las profundas razones para los terribles conflictos desplegados en Siria, y  más recientemente en Yemen. Por ejemplo, en Siria, Irán está apoyando al régimen de Bashar Al Assad, mientras que Arabia Saudí está alimentando y financiando a grupos rebeldes contra ese régimen. Si a estos actores más locales sumamos los intereses de las grandes potencias, como son Estados Unidos y Rusia, también de intereses confrontados, el sangriento e interminable conflicto está servido. Y este es el motivo fundamental de que sea tan enormemente complicado parar la guerra en Siria, o simplemente que se respete un mínimo alto el fuego para poder recibir la ayuda humanitaria. Las ONG's ya han denunciado que en Siria y en Yemen se están violando todas las convenciones internacionales que tienen que ver con los tiempos de guerra, ya que no se respetan hospitales, ni grandes infraestructuras de suministros básicos, lo cual está conviertiendo la zona en un polvorín absolutamente caótico. 

 

Y de nuevo, en los países del "lejano Occidente", no sólo atacan también por creerles responsables de esta doble moral, sino que se están convirtiendo en peligrosos centros de reclutamiento de jóvenes desencantados y sin futuro. En ese sentido, lo que tenemos que entender, como también hemos apuntado en anteriores entregas, es el fracaso de las políticas de integración europeas (cuyos gobiernos son fieles al más descarnado neoliberalismo) en particular, pero de todas las sociedades occidentales en general, que llevan a determinadas personas a pensar que esa violencia terrorista es la única salida mediante la cual van a resolver sus problemas, y a darle un sentido y una utilidad a su vida. Ese fundamentalismo, como cualquier otra secta, les hace entrar en una ensoñación que les hace verse como si pudieran ser líderes y salvadores de la Humanidad. Y ahí están esos cientos y miles de jóvenes, de múltiples nacionalidades, que comienzan por buscar propaganda de ISIS en Internet, y que en cuanto son capturados para "la causa", son estrechamente controlados y vigilados, proporcionándoles incluso medios para que puedan incorporarse a filas. Se trata de una amenaza, como estamos pudiendo comprobar, que no puede combatirse con medios militares, es una amenaza política y sociológica, es una amenaza a nuestra civilización, pero que ha sido creada por nuestra propia civilización. Y es que a partir de que el capitalismo en su vertiente más deshumanizada y agresiva no deja salidas a grandes colectivos en todo el planeta, es lógico pensar que dichas colectividades no sepan qué hacer con su vida, y se vuelven sumamente frágiles, vulnerables y proclives a ser pasto de ganado de cualquier tipo de causa sectaria. Continuaremos en siguientes entregas.

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