Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Asistimos a la consolidación del militarismo que agrede a las sociedades, detrae sus recursos, las empobrece, erosiona sus derechos e impone, en el mundo global, la lógica de la violencia y la dominación y una geopolítica inadmisible. Para eso es para lo que EE.UU quiere un gasto militar abrumador. Para eso, para garantizar, con sus socios, su hegemonía, para hacer negocio de la guerra, de la paz, y de la venta de armas
Y ese es precisamente el motivo (en referencia a nuestra cita de entradilla) por el cual los Estados Unidos y todos sus "socios" y "aliados" occidentales no aplican ni por asomo la tan cacareada austeridad en los gastos militares, sino todo lo contrario, instan al crecimiento continuo de la escalada militarista. Frente a todas las demás partidas de gasto social, que merman continuamente de un año a otro, o como mucho se mantienen, los gastos militares sufren continuos aumentos, que incluso los Gobiernos se ven obligados a disfrazar, como ya hemos explicado en anteriores entregas. Y esto que ocurre en nuestro país puede extrapolarse (como siempre salvo en contadas excepciones) para el resto de países del globo: en el Informe del SIPRI (Instituto de Investigación para la Paz Internacional de Estocolmo) correspondiente al año 2015, se observa el aumento del presupuesto militar a nivel mundial en un 1% respecto al año 2014. Ya alcanzaba entonces la cifra de 1,7 billones de dólares (1,5 billones de euros). ¿Puede creerse alguien que un presupuesto militar tan desorbitado insiste en la senda del pacifismo? ¿Alguien puede ser tan ingenuo como para interpretar que los incrementos de estos presupuestos militares obedecen a un esfuerzo por conseguir la paz mundial y el final de los conflictos armados? No obstante, este incremento a nivel mundial no se distribuye por igual, ya que frente a los cuatro años anteriores de descenso, dicho aumento está marcado fundamentalmente por el incremento del gasto en países de Oriente Próximo, Asia y Europa Central.
Respecto a esta última zona del mundo, la cifra alcanza según el SIPRI una subida del 13%, distribuida sobre todo en los países del Este europeo fronterizos con Rusia y Ucrania, debido a la proximidad del conflicto ucraniano. Y por supuesto, lo más peligroso de todo es el incremento registrado durante estos últimos años por las tres grandes potencias mundiales (Estados Unidos, Rusia y China), cuya escalada militarista parece imparable y desquiciada. Tomo a continuación datos del Informe SIPRI 2015, que por supuesto nos sirven hoy día a título orientativo, porque las cantidades serán ligeramente distintas, pero para que se puedan tomar como referencia. Por supuesto, Estados Unidos, el país más belicista y agresivo del globo, es el que lidera el podio mundial del gasto militar con 596.000 millones de dólares (un 3,3% de su PIB) aunque mantuvo un descenso continuo desde el año 2009. El informe muestra además un aumento del gasto militar en China, segundo país del mundo que más dinero destina a armamento: su presupuesto subió un 7,4%, hasta alcanzar los 215.000 millones de dólares. Por debajo, pero cerca, se encuentra Arabia Saudí con un 5,7%, que pasa del cuarto al tercer puesto tras duplicar su gasto militar desde el año 2006 hasta el 2015. Y Rusia, cuarto país en gasto militar, contabilizaba para el año 2015 un aumento del 7,5%, hasta los 66.400 millones de dólares. La radiografía mundial es ciertamente desoladora. No es comprensible cómo en un mundo tan socialmente desigual y desestructurado las principales inversiones no se dediquen a Ayuda al Desarrollo y a cohesión social, en vez de a una escalada armamentista que sólo conduce a los conflictos, a la devastación, al odio y a la barbarie, tan sólo por alcanzar una mayor influencia geopolítica, un mayor control sobre los recursos naturales, y unos desorbitados beneficios del complejo militar-industrial.
Decididamente, esta tendencia tiene que cambiar. No es sostenible desde ningún punto de vista una comunidad internacional preocupada sobre todo (a tenor de estas cifras) por mantener una escalada de gasto militar tan aberrante. Y una de las principales actividades ligada a esta escalada armamentista está relacionada con las exportaciones de armas. En el caso español, tal como recoge este artículo del medio eldiario.es, diversas ONG's denuncian que un tercio de las armas españolas exportadas va a parar a la peligrosa coalición liderada por Arabia Saudí, principal responsable de la cruel matanza que se está produciendo en Yemen. Nuestro país exportó durante el primer semestre de 2015 armas por valor de 560 millones de euros a dicha coalición, y Amnistía Internacional, FundiPau, Greenpeace y Oxfam Intermón alertan de que dichas exportaciones superaron los 1.800 millones de euros, un 15,8% más que la media de los tres últimos años. Parte de estas armas fabricadas en España se podrían estar usando para cometer crímenes de guerra en conflictos como el de Yemen (uno de los más silenciados por la comunidad internacional), en Colombia, en Egipto, en Israel, en Pakistán o en Irak. Otro asunto de importancia capital relacionado con el gasto militar es la insoportable deuda militar relacionada con el mismo. Es decir, debemos tener en cuenta los recursos que consume el gasto militar que generan deuda, y por tanto, intereses de la deuda pública. Según cálculos del Centre Delàs cada año se destinan más de mil millones de euros a pagar los intereses de la deuda pública generada por el gasto militar.
A ello hay que añadir el apoyo financiero de la banca española (le dedicaremos una exposición con más calma en sucesivas entregas), que contribuye al desarrollo y expansión de la industria militar mediante la concesión de créditos, emisión de bonos y pagarés, participaciones accionariales, gestión de fondos de inversión y financiación de exportaciones. Y todo ello se lleva a cabo en un contexto donde el crédito a las PYMES está fuertemente restringido, con lo cual la decisión de destinar el dinero de un banco a apoyar a la industria militar, afecta indudablemente a la disponibilidad de estos recursos para la economía productiva. Es absolutamente intolerable que mientras miles de pequeñas y medianas empresas hayan tenido que echar el cierre durante estos últimos años (en detrimento del empleo, del consumo y de la propia economía real), los bancos hayan dedicado parte de sus beneficios e inversiones a una industria criminal como la del armamento. Según esta institución catalana, al menos 30 empresas de armamento españolas recibieron apoyo financiero de 42 grandes bancos (españoles y extranjeros), entidades de tamaño medio y reducido, cajas de ahorros ahora convertidas en bancos, con algunos grupos de cooperativas de créditos, con empresas de seguros y con intermediarias financieras. Los apoyos se complementan a través de grandes empresas transnacionales, empresas de capital riesgo, inversiones particulares, entidades financieras diversas y algunas SICAV. Desde el año 2007 (comienzo de la crisis) y hasta 2011, el apoyo financiero que ha recibido el complejo militar-industrial supera los 2.300 millones de euros, como se recoge en este artículo de Jordi Calvo.
Por su parte, los bancos que han participado en el negocio armamentístico con mayor volumen de negocios (según la fuente citada) y mayor presencia en empresas de armas españolas durante el período 2007-2011 son, por orden de importancia: Bankia y Liberbank (cuya estimación según este informe en la industria militar es de más de 300 millones de euros para Bankia y de cerca de 90 millones de euros para Liberbank, debido principalmente a sus elevadas participaciones en Indra). A continuación aparece el Banco Santander, Caixabank, BBVA y Cataluña Caixa (cuya actividad dedicada en los últimos años a la industria militar española se puede estimar entre los 30 y los 40 millones de euros), seguidos por Banco Popular, Banco Sabadell, Ibercaja y Bankinter (que se encontrarían en la horquilla entre 20 y 30 millones de euros en armamento español). Así que no hay dinero (según nuestros gobernantes) para sanidad, educación, cultura, pensiones, desempleo, dependencia, y otros gastos sociales que necesita el conjunto de la ciudadanía, pero nuestros bancos (donde residen los depósitos de dicha ciudadanía) se dedican a invertir en armas. Un jugoso e ilustrativo ejemplo de la alienante y demencial sociedad donde vivimos. Por otra parte, las empresas de armamento deben miles de millones de euros al propio Estado en concepto de crédito para I+D (créditos blandos a interés prácticamente cero), con lo cual la conclusión está bien clara: el estamento militar en su conjunto y la industria del armamento reciben un trato especial por parte del Gobierno y de las entidades financieras públicas y privadas. Miles de millones de euros son desviados cada año en detrimento de la necesaria inversión social para dedicarlos al gasto militar y a la producción de armas. Continuaremos en siguientes entregas.