Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Valga de ejemplo: de activarse todo el arsenal atómico disponible en este momento (que comparten unas pocas potencias capitalistas con Estados Unidos a la cabeza junto a Rusia y China) no quedaría ninguna forma de vida en el planeta. Más aún: colapsaría la Tierra, probablemente fragmentándose, con efectos igualmente tremendos para Marte y Júpiter, en tanto las consecuencias de la onda expansiva llegarían a la órbita de Plutón…, pero todo ese espectacular desarrollo científico-técnico no logra terminar con el hambre en el mundo (un muerto por inanición cada 7 segundos). ¡Eso es el capitalismo!
Nos vamos a quedar durante algunos párrafos con nuestro autor de la cita de entradilla, el gran Marcelo Colussi, uno de los pensadores más certeros de la actualidad, tomando como referencia su artículo "¿Tercera Guerra Mundial?", publicado en el medio digital Rebelion.org. Rescatamos lo siguiente de dicho artículo: "Hoy por hoy, el sistema capitalista mundial, liderado por Estados Unidos, cada vez más está manejado por inconmensurables capitales de proyección global, con megaempresas que detentan más poder que muchísimos gobiernos de países pobres. Las decisiones de esas corporaciones globales, en muchos casos exclusivamente financieras --en otros términos: parásitos improductivos que viven de la especulación-- tienen consecuencias también globales. De todos modos, la crisis los golpea. Ello es así porque el sistema económico basado en la ganancia no ofrece salidas reales a los problemas. Si lo que cuenta es seguir ganando dinero a cualquier costo, eso choca con la realidad humana concreta: vale más la propiedad privada que la vida humana. ¿Vamos inexorablemente hacia una nueva Guerra Mundial entonces? En esa lucha por mantener la supremacía, o dicho de otro modo, por no poder un centavo de la ganancia capitalista, la geoestrategia de Washington apunta a asfixiar por todos los medios a sus rivales, a sus verdaderos rivales, que no son ni la Unión Europea ni Japón, que son, sin vueltas de hojas, el eje Pekín-Moscú. La guerra, lamentablemente, es una de las opciones, quizá la única, en esta lucha a muerte. Comentario marginal: hablamos de civilización, pero por lo que se ve, la dinámica humana no ha cambiado mucho en relación a la historia de nuestros ancestros: las cosas se siguen arreglando --más allá de cualquier pomposa declaración-- en relación a quién tiene el garrote más grande. El pequeño --y desgarrador-- detalle es que hoy, ese garrote se llama misil balístico intercontinental con ojiva nuclear múltiple".
Y continúa: "De darse un enfrentamiento entre los gigantes, definitivamente se usaría material nuclear. Los países que detentan armas atómicas son muy pocos: Gran Bretaña, Francia, India, Pakistán, Israel (aunque oficialmente declara no tenerlas), Corea del Norte, China, todos ellos en una escala moderada, y en mayor medida, con infinitamente mayor capacidad destructiva: Rusia y Estados Unidos. A la Unión Soviética la terminó asfixiando la carrera armamentista; a Estados Unidos, el negocio de las armas le provee una cuarta parte de su economía. De hecho uno de cada cuatro de sus trabajadores laboraba en la industria bélica. Es obvio que la guerra alimenta al capitalismo. Pero sucede que jugar con energía nuclear es invocar a los peores demonios. No hay duda de que para esas megaempresas ligadas a la industria militar (Lockheed Martin, Boeing, Northrop Grumman, Raytheon, General Dynamics, Honeywell, Halliburton, BAE Systems, General Motors, IBM), todas estadounidenses, la guerra les da vida (¡y dinero!). El problema trágico es que hoy, pese a las locas hipótesis de "guerras nucleares limitadas" que existen en el Pentágono, si se desata un conflicto, nadie sabe cómo terminará, y la citada expresión de Einstein puede ser exacta. Por eso es que en defensa de toda la Humanidad y de nuestro planeta debemos luchar denodadamente contra esa enfermiza, perturbadora posibilidad". Y es que las armas nucleares son las únicas armas de destrucción masiva que todavía no se han prohibido de forma universal, a pesar de las consecuencias humanitarias y ambientales bien documentadas que se poseen. Por ejemplo, las armas biológicas y químicas, las minas antipersona y las bombas de racimo están explícitamente prohibidas por el derecho internacional. Pero en lo que se refiere a las atómicas, sólo existen prohibiciones parciales.
Pero además de la propia comunidad internacional, representada sobre todo por la ONU, debemos instar al mundo de la iniciativa privada a que abandone la financiación de los proyectos nucleares. En la actualidad, unos 400 bancos privados, fondos de pensiones y aseguradoras continúan financiando, con el dinero de sus clientes, la producción de armas nucleares. Unas armas, como decimos, que en caso de utilizarse generarían daños catastróficos a la humanidad, ya que de todas las armas creadas por el hombre, las nucleares son las más destructivas, inhumanas e indiscriminadas. Debido a la escala de devastación que causan, y a sus terribles consecuencias radiactivas (que son persistentes, se propagan y producen daños genéticos durante varias generaciones), las armas nucleares no admiten parangón con otras. Son una clara amenaza a la supervivencia humana. Una sola bomba nuclear detonada sobre una gran ciudad podría matar a millones de personas. El uso de cientos de bombas nucleares alteraría el clima global y causaría una hambruna generalizada, destruyendo el planeta tal como lo conocemos. No existiría entonces respuesta humanitaria posible a tanta devastación. Y frente a todo ese peligro potencial...¿cuál es la respuesta de los países? Pues veamos: la inmensa mayoría de los mismos (un total de 151) apoyan la prohibición total del uso de estas armas, y luego tenemos un conjunto de 22 países que no se comprometen a dicho desmantelamiento, y otro tercer grupo de 22 que se oponen tajantemente a dicha prohibición (entre los cuales está España), lo cual dibuja un panorama ciertamente preocupante para la comunidad internacional. Para un listado completo de todos los países situados en dichos grupos, así como la postura concreta de cada país, recomendamos la referencia de esta página del sitio web de ICAN.
Desde el punto de vista de la senda pacifista, es evidente que cuanto mayor sea el número de países que dispongan de armas nucleares, mayor será el riesgo de que sean deliberadamente utilizadas, o de que se desencadene un conflicto nuclear, o de que un cierto país bombardee preventivamente las instalaciones de sus adversarios (aunque esto último se lo reservamos exclusivamente a EE.UU.), o de que armas, municiones o materiales concretas caigan en manos de grupos terroristas. Por todo lo cual, la proliferación nuclear es uno de los peligros más graves para el futuro de la humanidad. Para el sabio norteamericano Noam Chomsky, una posible guerra nuclear, junto al cambio climático, son los mayores peligros que acechan el destino de la especie humana en nuestro planeta. Y al igual que para el gran problema del cambio climático se adoptan grandes acuerdos en conferencias internacionales, cuyos compromisos no se respetan, igual ocurre con el asunto de la tecnología nuclear. Lejos de destruir las armas nucleares existentes y renunciar a su investigación futura, los países poseedores de armamento nuclear cuentan con programas bien dotados de fondos para modernizar sus arsenales a largo plazo. Lo primero y fundamental es conseguir que todos los países se adhieran al Tratado de No Proliferación Nuclear, después que exista un mecanismo de verificación universal y eficaz de comprobación de que todos los países respetan lo acordado, y en tercer lugar, que la comunidad internacional posea la capacidad de tomar medidas enérgicas para los países transgresores del tratado, que disuadan a los demás países de imitar al transgresor. Desgraciadamente, ninguno de estos tres estadíos se ha alcanzado aún, por lo cual la situación es muy preocupante, pues la deriva nuclear se sitúa al albur de las decisiones concretas de las potencias imperialistas, y de sus países aliados.
La situación internacional derivada del TNP es ciertamente absurda e injusta, pues consagra y legitima un sistema que permite sólo a 5 Estados poseer arsenales atómicos, mientras prohíbe a todos los demás obtenerlos. Igualmente, se recela de algunos países que declaran abrir líneas y proyectos de investigación nuclear con fines pacíficos, mientras se ignoran los peligros de que otros países posean armas nucleares encubiertas. Las cinco potencias nuclearmente armadas ignoran también las tendencias relativas al desarme nuclear, e incluso cuando se firman tratados vinculantes multilaterales, normalmente se incumplen por algunas o por todas las partes implicadas. Impera la desconfianza, el descontrol, el belicismo, la dominancia y la beligerancia de determinados países, a todo lo cual hay que unir la escasa fuerza de la ONU para hacer respetar sus resoluciones. Vivimos en un mundo, a este respecto, dividido, desengañado y desamparado. Un mundo hostil que se prepara para más hostilidad, un mundo inconsciente del peligro al que se ve sometido, y un mundo donde la voluntad de unos pocos puede imperar sobre los deseos y necesidades del resto. Un caso especialmente singular es el de Israel. Apoyado por Estados Unidos de forma inquebrantable y por el resto de potencias aliadas, se tiene conocimiento de la existencia de su arsenal nuclear, aunque Israel nunca lo ha confirmado ni negado. Y como decimos, con su actitud desprecia a la comunidad internacional, violando continuamente las resoluciones vinculantes de los tratados de la ONU, y no respetando los acuerdos alcanzados. En cualquier caso, son los países nuclearmente armados los principales responsables no sólo de la escalada nuclear creciente, sino de que el mundo en su conjunto no adopte medidas decisivas de cara al completo desarme nuclear. Son las más grandes potencias enfrentadas las que tienen que dar ejemplo, porque son ellas precisamente las que pueden desencadenar un conflicto de hecho. Son ellas las que poseen los arsenales nucleares, y las que carecen de voluntad política para destruirlos. Continuaremos en siguientes entregas.