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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por un Proceso Constituyente (30)

Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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La sacrosanta CE del 78 es un papel mojado cuando se trata de garantizar los derechos del pueblo trabajador, y una ley implacable para garantizar los derechos de las clases dominantes

Miguel Ángel Montes

Porque la libertad de expresión, al igual que otras libertades básicas y derechos fundamentales, está siendo vapuleada por este régimen. En este sentido, debemos aspirar a conseguir todas las demandas democráticas estructurales que continúan pendientes desde la dictadura franquista, pues aquél famoso período de la Transición, y los años siguientes, no sirvieron a dicho fin. Por ejemplo, la efectiva separación entre la Iglesia y el Estado (ya hemos hablado largo y tendido sobre el Estado Laico en entregas anteriores, por lo que no insistiremos más en el asunto, sólo recordar que dicha meta se consigue acabando con toda financiación pública para la Iglesia Católica o cualquier otra confesión, la devolución de todo el patrimonio expoliado por la misma durante décadas, y el fin de los conciertos educativos, entre otros objetivos), el fin de la Monarquía, la salida de la OTAN, el fin de las perversas leyes de extranjería (incluyendo los CIE's y la apertura de las fronteras), la retirada de todas las tropas españolas de lugares en conflicto, la lucha por el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos, la lucha por la renta básica (universal, incondicional e individual), un programa contra el desempleo masivo (prohibiendo por ley las situaciones de precariedad laboral, el reparto de las horas de trabajo sin reducción salarial o los Planes de Trabajo Garantizado), y la apuesta porque toda fábrica o empresa que cierre o despida sea nacionalizada y puesta bajo el control democrático de sus trabajadores/as. Un Proceso Constituyente que aborde la problemática de la vivienda bajo un punto de vista social y como derecho humano fundamental, impidiendo los desahucios, y decretando la expropiación de todos los pisos vacíos en manos de la banca y de los especuladores financieros, fondos buitre y demás ralea por el estilo. 

 

En el horizonte, la construcción y mantenimiento de un Parque Público de Viviendas de Alquiler Social, en el cual toda persona o familia vea consagrado su derecho a una vivienda digna cuyo alquiler no supere el 15% de los ingresos familiares (o individuales). Un debate que vuelva a situar al conjunto de los servicios públicos gratuitos, universales y de calidad, asociándolos con un derecho fundamental, y garantizando su blindaje dentro de un fortalecimiento de los pilares del Estado del Bienestar. Pero para todo ello, será necesario tomar medidas elementales de cara a su financiación sostenible, tales como la auditoría ciudadana de la deuda pública (para proceder al repudio de aquélla parte de la misma que sea considerada ilegítima, odiosa, ilegal o insostenible), la nacionalización de todo el sistema financiero, de los sectores económicos estratégicos, y de la aplicación de fuertes impuestos a las grandes fortunas, además de eliminar la financiación a la Iglesia Católica, y a la Casa Real (que, evidentemente, ya no existirá). Junto a todos estos fondos, tenemos que reseñar también los procedentes de la eliminación paulatina de los presupuestos de Defensa, pues el Proceso Constituyente debe abordar desde sus cimientos la implantación de una política pacifista en todas sus dimensiones. Con todas estas medidas puestas en marcha, es evidente que habrá dinero para financiar la totalidad de los servicios públicos, pero no sólo ello, sino también la implantación de una Renta Básica Universal, así como la asunción por parte del Estado de todas las tareas de exhumación de los cadáveres enterrados en fosas comunes o en el Valle de los Caídos, procedentes de la Guerra Civil o de la posterior dictadura. Este demencial monumento habrá de ser demolido, o bien transformado en un museo de la Memoria Histórica Democrática. 

 

Y como venimos comentando, un programa de estas características no cabe dentro de los estrechos márgenes del régimen del 78. No cabe por tanto reforma alguna, pues las posibles reformas propuestas y aceptadas por la derecha política, social y mediática sólo servirán para maquillar algunos aspectos de nuestro modelo, para aparentar ciertos cambios que sólo persiguen apuntalar los cimientos del régimen, que como sabemos apuntalan las desigualdades y las injusticias sociales. Pero igualmente, estas transformaciones que estamos proponiendo tampoco caben en los límites de la Unión Europea del gran capital, del Euro y de los tratados europeos, que habrá que desobedecer, y salirse de su radio de acción. Habrá que ser libres para no estar sometidos a los indecentes dictados de la Troika, del FMI, de la OCDE, de la OMC, del BM y demás instituciones y organismos internacionales consagrados al dominio del dogma neoliberal. Desengañémonos: una democracia completa y plena no es algo que sea conquistable dentro del régimen político heredero de la dictadura franquista. Hay que romper con ello, hay que intentar hacer lo que no pudimos hacer en 1978, tras pocos años de la muerte del dictador. Ahora ya han pasado más de 40, y sin embargo todo continúa "atado y bien atado". El Proceso Constituyente es la única forma en que se podrá conquistar todo este modelo social, y además de forma libre y soberana. ¿Será una tarea fácil? Muy ingenuos seríamos si lo afirmáramos. La tarea del verdadero Proceso Constituyente será tremendamente complicada, no porque lo sea en sí mismo, sino porque la clase dominante y capitalista, y todos los medios a su servicio, intentarán de todas las maneras posibles abortarlo, hacerlo descarrillar, llevarlo al fracaso. La clase capitalista no se dejará perder sus privilegios por las buenas, aceptando sin más lo que las diversas Asambleas nacionales del Proceso Constituyente vayan decidiendo. 

 

Por tanto, es lógico pensar (como ya ocurrió en el pasado en otros contextos históricos) que levantar y llevar a cabo un programa de estas características, con verdaderas medidas de redistribución de la riqueza y de justicia social, implica necesariamente la concienciación, la movilización y la autoorganización de todos aquéllos sectores que somos víctimas y que estamos padeciendo las consecuencias de estas políticas enmarcadas en esta estafa llamada "crisis", en realidad una clara ofensiva sin paliativos del gran capital. En realidad el Proceso Constituyente sólo tendrá éxito si genera un contrapoder dirigido desde abajo, inserto en los centros de trabajo y de estudio, en los barrios y en los pueblos, en las fábricas y en las oficinas, apoyado por estudiantes, obreros, profesionales, jubilados, parados, mujeres, sindicatos, mareas, y todos aquéllos colectivos que entiendan que este infernal sistema sólo favorece a unos pocos. La vía no es la negociación con las instituciones europeas, la vía no es la "tercera vía", la vía no es la rebaja del programa hasta hacerlo minimalista, la vía no es la claudicación ante pequeñas migajas...La única vía posible es la movilización para la transformación social. La vía es la revolución que el mismo Proceso Constituyente representa. La vía es la unión de los intereses de todos los colectivos afectados, de todas las clases vulnerables, indefensas, desprotegidas, precarias. Solamente desde la movilización y la lucha podremos cambiar nuestras condiciones de vida. Sólo desde un frente colectivo anticapitalista y de clase podremos conseguir las transformaciones a las que aspiramos. Una movilización de todos los sectores populares, cuya fuerza imparable consiga superar todos los ataques y chantajes que intenten imponernos. 

 

Y así, sólo los que producimos día a día las riquezas, sólo la suma de los colectivos afectados, todos a una, somos quienes podremos poner contra las cuerdas a los capitalistas y a sus serviles representantes políticos, y avanzar en construir un nuevo proyecto de país donde los medios de producción pasen a las manos de las grandes mayorías sociales, y se coloquen a su servicio, a nuestro servicio. El Proceso Constituyente es en realidad un frente para la movilización y para levantar una alternativa política y social al tímido reformismo imperante. Las conquistas propuestas nunca serán alcanzadas sin dejar de someterse a las lógicas capitalistas, al imperio del dogma neoliberal. Nunca será posible mejorar de verdad las condiciones de vida de los de abajo sin enfrentarse a los designios del capital, sin rebelarse ante sus normas, sin cuestionar la acumulación de riquezas por parte de una minoría privilegiada. Ellos lucharán con uñas y dientes por no perder dichos privilegios, su estatus quo. Nosotros debemos organizarnos en la lucha para poder implantar un sistema justo, racional, avanzado, libre y democrático. Y sólo la movilización sostenida mediante huelgas, manifestaciones, concentraciones, etc., podrá reconstruir la conciencia política de los sectores más desfavorecidos, más explotados, más saqueados, más injustamente tratados. El Proceso Constituyente debe estar ahí, codo con codo con todas estas luchas, con todas esas manifestaciones, con todas esas reivindicaciones de los sectores más duramente afectados. El Proceso Constituyente deberá atender sus demandas, deberá alojar sus debates y conversaciones, deberá incluir sus objetivos, deberá recuperar sus conquistas, o alcanzarlas por primera vez si no lo fueron nunca. El Proceso Constituyente es un crisol de voces que desean superar las injusticias de un sistema viciado de facto, podrido y corrupto. Continuaremos en siguientes entregas. 

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