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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Hacia otra Política de Fronteras (II)

Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

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Expoliáis nuestras tierras,
Nos forzáis a emigrar,
Nos disparáis en las fronteras,
Nos encerráis en CIEs,
Y cuando luchamos contra la muerte,
¡Nos llamáis violentos!

(Pancarta Popular)

El asunto de los migrantes, desgraciadamente tan de actualidad, está poniendo de manifiesto la necesidad de una redefinición de la migración forzosa con base en los derechos humanos. Esto último no puede perderse de vista. De hecho, es lo que suelen hacer los países que están actualmente sufriendo este fenómeno, es decir, cargarse de supuestos "argumentos", pero olvidando el norte fundamental, como son los derechos humanos. Las migraciones y desplazamientos forzosos no pueden ser desgajados de su contexto, fuera del mundo globalizado y desigual que sufrimos. Como afirma Guillermo Castillo en este artículo para el medio digital Rebelion.org: "En el mundo contemporáneo la profusa y desigual movilidad y flujo de bienes, dinero, personas e información ha sido una de las características de las dinámicas de los Estados neoliberales y de la globalización. No obstante, si bien la movilidad humana no es un proceso nuevo y ha estado relacionada con eventos claves de los últimos siglos (la invasión colonial europea a América, Asia y África, la revolución industrial, la creciente importancia de las metrópolis y la urbanización, la conformación y consolidación del capitalismo, la segunda guerra mundial, entre otros), la migración actualmente ha tomado proporciones inéditas". Añade el interesante dato de que, según el Banco Mundial, se llegó a la histórica cifra de 250 millones de migrantes en el mundo a finales de 2015. Todo esta explosión migratoria se explica (aunque muchos dirigentes políticos no quieran verlo) en buena medida por la vinculación entre la migración laboral internacional y, sobre todo, los propios procesos de expansión del neoliberalismo y sus repercusiones políticas y económicas a nivel regional y mundial. 

 

Y así, como causa de los efectos del capitalismo neoliberal, los migrantes en sus países de origen son los excluidos del desarrollo nacional, debido al deterioro productivo, la caída del empleo y la merma de los salarios en los países del desarrollo. El hambre y las ansias de expectativas vitales para ellos, ellas y sus familias se vuelve la prioridad humana fundamental. Pero al mismo tiempo, los migrantes juegan también un papel clave, en los países de destino, en la internacionalización de las cadenas productivas, al representar fuerzas de trabajo  baratas, flexibles y vulnerables, que trascienden las fronteras nacionales y se desplazan en dirección sur-norte hacia los países centrales, donde se concentran algunos de los mercados laborales transnacionales de mayor riqueza y expansión. Sin embargo, dentro de las amplias dinámicas de movilidad humana, continúa explicando Guillermo Castillo en su artículo de referencia, las migraciones que poseen un carácter más dramático y que se estructuran sobre mayores procesos de marginación y violencia, son aquéllas donde las personas, debido a circunstancias de diversa índole y que escapan a su voluntad y capacidad de acción, se ven forzadas a abandonar sus hogares, sus familias, sus vecinos, sus amigos, su entorno vital, sus costumbres, para poder conservar su vida y su integridad física. Actualmente, la migración forzada se vincula tanto a problemas ambientales diversos (desastres naturales, hambrunas, inundaciones, terremotos, tsunamis, sequías, huracanes, tifones, etc.), como a procesos de violencia de distinto tipo y escala (confrontaciones geopolíticas, intervencionismo y conflictos bélicos nacionales o internacionales, las mafias y el crimen organizado, etc.). Ejemplos de este último tipo de migración forzada como concreción de la exclusión nacional y global son los refugiados del conflicto sirio, los africanos en su odisea por el Mediterráneo, o los centroamericanos en su tránsito por México con destino a los Estados Unidos, quizá el país de política migratoria más salvaje y despiadada. 

 

Para entender un poco mejor el cruel fenómeno de las migraciones, vamos a exponer una pequeña parábola imaginaria, pero que bien puede ilustrarnos sobre las causas últimas de este fenómeno. Imaginemos que en nuestro planeta existieran únicamente dos países. Vamos a denominarlos el País A y el País B. En principio, vamos a imaginar que ambos países son igualmente ricos en recursos naturales, y son capaces de proveer a sus respectivas poblaciones la satisfacción de sus necesidades básicas (alimentos, viviendas, vestidos...). En un momento determinado, el País A instala un sistema económico capitalista, fundamentado como sabemos en la obtención máxima de beneficio. Mientras, el País B continúa funcionando en comunidades nativas o indígenas, organizadas en tribus, y sigue manteniendo un sistema económico respetuoso y sostenible con su medio ambiente. Llega un momento en el cual el País A se queda pequeño con sus propios recursos naturales, porque la expansión capitalista le pide conquistar "nuevos mercados". No es que el País A en realidad no pueda abastecer a su población, sino que su perverso sistema económico necesita más para poder subsistir. Y entonces el País A comienza un proceso escalonado de colonización del País B. El País A se va autoetiquetando como un país "desarrollado" (clara falacia para distinguirlo del País B), aunque su "desarrollo" consiste únicamente en fabricar medios y tecnologías para llegar más allá de sus fronteras, someter a la población del País B, y explotar sus recursos naturales. Poco a poco, el País A se va haciendo "rico" y poderoso, sus gentes disfrutan de buenos niveles de vida, y alberga altos índices de "prosperidad". En cambio, la población del País B cada vez va siendo más sometida, sus recursos más controlados, y su nivel de vida más precario. Cuando esta situación estalla, y las gentes del País B no pueden llevar a cabo ni el más mínimo proyecto de vida digno, a estas personas no les queda otro remedio que intentar abandonar su país e instalarse como puedan en el País A, el "rico", para al menos intentar mitigar el hambre, y obtener algunas expectativas vitales que su propio país no les ofrece. Simple, ¿no?

 

Alguien pudiera pensar que hemos hecho un ejercicio infantil y reduccionista de los motivos que explican el fenómeno de las migraciones, pero creemos que no es así. Dicha parábola, llevada a gran escala, considerando otros factores de complejidad y extendida durante siglos de colonización y dominación, es justo la descripción de nuestro perverso mundo. Un mundo salvaje y desigual, donde existen una serie de países que entendieron en un momento histórico que no tenían bastante con sus fronteras, y cuyos sueños de grandeza les llevaron a expandir Imperios en Oriente y Occidente. Unos países que durante siglos llevaron a cabo sobre las poblaciones y los recursos de dichos países invadidos, auténticos procesos de saqueo y expolio, con sus consiguientes guerras, conflictos armados, revoluciones, y sometimiento de su población a las lenguas y las culturas de los países invasores. Y así, siglos de dominación de los diversos Imperios condujeron a la explotación sin fin de las poblaciones y de los recursos naturales de los países invadidos, sometiéndolos y ultrajándolos a su antojo para engrandecer sus límites. Ahora sí que comprendemos exactamente el texto de la pancarta popular que hemos colocado como entradilla en esta entrega, porque describe a la perfección lo que lleva ocurriendo durante décadas, incluso durante siglos. De hecho, prácticamente todos los informes que sobre migraciones forzadas se redactan en el mundo coinciden en señalar a las guerras y al hambre como los dos motivos fundamentales de las migraciones humanas. Hambre y guerras, guerras y hambre. Provocan éxodos masivos de población, que vagan sin rumbo incluso durante años, para alcanzar alguna tierra donde puedan vivir en paz, y puedan satisfacer sus necesidades básicas y desarrollarse mínimamente como personas, para ellos/as y sus familias. Esta es la triste realidad. 

 

Pero las migraciones humanas, como señala Marcelo Colussi en este artículo para el medio digital Rebelion.org, cuyas reflexiones seguiremos a continuación, son un fenómeno tan viejo como la Humanidad misma. Nosotros lo hemos restringido en nuestra pequeña parábola anterior a la implantación del capitalismo, hecho a partir del cual las migraciones comienzan a ser un problema. Un problema creado por el propio sistema. Pero antes, desde siempre, el ser humano ya era migrante. De acuerdo a las hipótesis antropológicas más consistentes, se estima que los primeros seres humanos hicieron su aparición en un punto determinado del planeta (parece ser que el centro de África), y desde ahí comenzaron a migrar por toda la faz del globo. De hecho, el ser humano es el único ser viviente que ha migrado y se ha adaptado a todos los rincones del mundo, cosa que ningún otro ser vivo, animal o vegetal, ha podido hacer. Por tanto, las migraciones no constituyen una novedad en la historia. Siempre han existido, y generalmente han funcionado como un elemento dinamizador del desarrollo social. Las primeras migraciones forzosas se dieron seguramente como consecuencia de catástrofes naturales, y sólo recientemente este fenómeno ha adquirido una nueva dimensión masiva de proporciones nunca antes vistas, apareciendo motivado por razones de orden puramente social: guerras, discriminaciones, persecuciones, pero sobre todo, pobreza. Aquí es donde las migraciones se deben a la propia acción del hombre, es decir, a su política. Políticas que crean desigualdad, marginación, precariedad, falta de oportunidades...para los muchos, y a la vez, riqueza desmesurada para los pocos. Las gigantescas migraciones actuales son hijas de este fenómeno, obedecen a este injusto y depredador sistema capitalista, y mientras no seamos capaces de diseñar otro mundo, e incluso mientras lo proyectamos, las migraciones no cesarán. Continuaremos en siguientes entregas.

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