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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Hacia otra Política de Fronteras (48)

Viñeta: Eneko

Viñeta: Eneko

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El apartheid europeo, que causa la marginación y precarización de las personas inmigrantes seguirá imperando. Las invasiones imperialistas para saquear los recursos de África, Asia y América Latina seguirán siendo perpetradas por esos mismos que luego se quejan de que las personas de los países invadidos, intervenidos y saqueados tengan que migrar y sigan la misma ruta que previamente siguieron las riquezas succionadas de sus países por multinacionales de la UE, EEUU y demás metrópolis capitalistas

Cecilia Zamudio

El próximo domingo 26 de mayo se celebran Elecciones al Parlamento Europeo, y tal como afirma Mark Brey (entrevistado por Iñigo Sáenz de Ugarte para el medio eldiario.es): "A una escala europea, tal vez es el peor momento en cuanto a la amenaza fascista desde 1945". Si las fuerzas políticas mal llamadas "populistas", "euroescépticas" o "ultranacionalistas" (en realidad de extrema derecha) consiguen una mayor representación en la Eurocámara, es lógico pensar que se desencadenará una mayor oleada de xenofobia en nuestro Viejo Continente, y ello afectará especialmente a las personas migrantes. Hasta el mismo lenguaje es violento e insultante: los migrantes no esperan, sino que "aguardan"; no hay personas que intentan cruzar la frontera hispano-marroquí, sino inmigrantes que "asaltan la valla"; algunos no intentan entrar en vehículos, sino que utilizan "coches-kamikaze"; y no hay gente de carne y hueso que busca un futuro mejor porque las desigualdades cada vez son mayores, sino que lo que hay es, simplemente, "una brutal presión migratoria". El lenguaje es el primer signo que nos describe lo que vemos, que nos ofrece el primer impacto de lo que nuestros sentidos interpretan en nuestro cerebro, por eso el lenguaje es tan importante. Es una de las piezas de ese "inmigracionalismo" que hemos definido algunas entregas atrás. Así que quizá una de las pocas razones que existan para votar en las próximas Elecciones Europeas sea mitigar el impacto del neofascismo, expresado entre otros indicadores en esta ola de racismo y xenofobia sin límites. Si no frenamos el avance de estas fuerzas políticas de ideario neofascista, continuaremos presenciando los "pequeños holocaustos cotidianos" (en expresión de Arturo Borra) que suponen los cadáveres en el mar, las torturas en Libia, los campos de concentración de migrantes, los puertos de acogida cerrados, el ataque a las ONG, la fortificación de las fronteras, la ausencia de rutas seguras, la falta de integración de los migrantes en nuestras sociedades, etc.

 

Así que si no lo impedimos, asistiremos en los próximos tiempos a un recrudecimiento de las políticas migratorias, bajo un nuevo giro reaccionario y discriminatorio, restringiendo las oportunidades de los migrantes regulares, y criminalizando a los que se encuentran en situación irregular. Estas formaciones políticas han abierto su veda al migrante, y lo proclaman indecentemente a los cuatro vientos, para ver si les compran su indeseable y aberrante discurso. Se incrementarán entonces el tráfico y la trata de personas (ya que las mafias se nutren precisamente de la existencia de fronteras fuertes), las deportaciones ilegales y expres, los naufragios masivos, las redadas bajo perfiles étnicos, la represión en las vallas fronterizas, el despliegue de medios tecnológicos represivos, las torturas en los CIE y demás centros de internamiento, o los tratados con terceros países fuera de la UE para que sean ellos los que ejecuten el trabajo sucio, y mantengan a los migrantes fuera de nuestros territorios. Hacemos un llamamiento desde esta humilde tribuna para que el voto de cara al Parlamento Europeo se vincule con formaciones políticas que proclamen que otra Política de Fronteras es necesaria, y que es absolutamente fundamental el respeto a los Derechos Humanos, así como el cese de la injerencia en sus países de origen. También la lucha contra el cambio climático es vital, ya que estamos superando poco a poco la cifra de migrantes que han de escapar de sus hogares por mor de esta terrible causa. Los partidos y coaliciones políticas de ultraderecha izan la bandera del nacionalismo más excluyente, bajo la falsa proclama de que estamos en riesgo de perder "los valores de nuestra civilización", los fundamentos cristianos de Europa, cuando son éstos precisamente los que deberían demostrarse en el tratamiento que damos a estas personas. Es un ejercicio de tan alto cinismo y desvergüenza que se descalifica por sí mismo. Lo malo es que existen personas que compran este fanático discurso. Así nos va. 

 

Arturo Borra nos explica en su artículo "El estigma de los cuerpos": "La enumeración de los crímenes perpetrados tanto por mafias organizadas como por autoridades públicas y empresas privadas colaboradoras no solo nos instala en la ignominia moral más absoluta: institucionalizada la excepcionalidad como pauta de actuación con respecto a los colectivos más vulnerables, expuestos a una sociodisea tan dramática como evitable. Lo que los massmedia presentan como "trágico" --una suerte de mal inexorable, generado por fuerzas incontrolables--, no es otra cosa que el efecto de una política migratoria que se empecina en resolver por vía policial y militar lo que es problema político-económico de primer orden, atinente tanto a los desequilibrios entre norte y sur como a las relaciones neocoloniales que Europa mantiene con respecto a las periferias del capitalismo. Es completamente previsible que esa política arroje de forma regular un saldo de "muertos" anónimos, parte habitual de ese paisaje vallado en que han convertido las fronteras". Si tuviésemos hoy día que resumir nuestra Política de Fronteras, sería muy fácil hacerlo: es una política basada en la negación sistemática del derecho de ciudadanía a miles de personas. Una política totalmente falta de la más mínima humanidad, y que contraviene el derecho y la legalidad internacional. Una política discriminatoria (no se actúa igual con los migrantes ricos), una política de vasallaje y de atropello (pues la inmensa mayoría de estas personas vienen a nuestros países porque les hacemos la vida imposible en los suyos), y una política carente de escrúpulos, basada en la mentira y en la ocultación. No es que desatendamos a estas personas en cuanto a ciudadanos, sino en cuanto a seres humanos. Nuestros gobernantes han perdido la humanidad. Nuestras políticas se han desgajado de la más mínima dignidad. No están en juego solamente el derecho al trabajo, a la seguridad social o al voto de los extranjeros, sino los propios mecanismos de solidaridad que cualquier sociedad debería practicar. 

 

Estas personas, tratadas como auténticos despojos humanos, son excluidos al derecho a una vida humana digna, y abandonados a su propia supervivencia. La hostilidad de Gobiernos, Estados y de las propias sociedades han ido en aumento, a medida que las terribles consecuencias de nuestras políticas exteriores nos daban una bofetada colectiva de realidad. El reforzamiento policial de las fronteras y los incrementos en la seguridad tienen el único fin de disuadir a los posibles infractores de tan detestables políticas. Lo que se busca es infundir pánico entre los que sueñan con acceder a territorio europeo (o entre los sudamericanos que buscan alcanzar el "sueño" estadounidense). La tendencia es la una práctica generalizada e institucionalizada de criminalización del migrante, de creación de un falso enemigo, fundamentando sentimientos de insolidaridad para con estas personas, que son las únicas víctimas en toda esta historia. ¿Qué queda entonces de las políticas solidarias y abiertas, de las políticas de cooperación, de las políticas multiculturalistas, de las políticas tolerantes? En absoluto se puede afirmar que sean éstos los puntos cardinales que nos señalan nuestras brújulas en cuanto a Políticas de Fronteras. ¿Cómo puede arrogarse Estados Unidos o nuestra Europa del Capital la ejecución de políticas que representen faros y guías morales de la humanidad? ¿En base a qué datos? Lo que preconizan estos países es el desentendimiento más brutal, la ignominia más poderosa, una tendencia a que la vida de los otros nos resulte cada día más indiferente. Si no reaccionamos y damos marcha atrás, nos acercamos peligrosamente a un umbral histórico cuyo traspaso, seguramente, pondrá un punto y aparte en los valores humanos. Un punto y aparte que nos conducirá a unos niveles de miseria moral quizá nunca antes vistos. 

 

¿Nos importa que se vuelva a producir la tragedia de Lampedusa? ¿Nos importa evitar para siempre el drama de la playa del Tarajal? ¿Queremos de verdad que las personas no sufran en los CIE? ¿Pretendemos detener los vuelos masivos de deportación? ¿Pretendemos continuar contemplando los saltos de vallas con concertinas y las heridas que provocan? ¿Queremos que nuestros puertos continúen cerrados a las embarcaciones humanitarias? ¿Pretendemos seguir alimentando a las mafias? ¿Queremos a nuestros Ministros del Interior dando ruedas de prensa anuales para hacer balance de nuestros "avances en el control de la inmigración ilegal"? ¿Nos importa que nos hablen de la integración de estas personas? ¿Nos importa que creemos un entorno en sus países de origen que no les obligue a abandonarlos en una peligrosa odisea? ¿Queremos seguir aumentando nuestros presupuestos anuales para fortificación de nuestras fronteras? ¿Deseamos seguir aumentando los presupuestos de armamento y tecnología de protección de las mismas? ¿Queremos continuar recibiendo noticias en cada portada de los informativos diarios sobre las personas ahogadas en el Mediterráneo, o en el Mar de Alborán? ¿Queremos seguir asistiendo al continuo genocidio fronterizo? ¿Queremos seguir haciendo ricos a los indecentes gestores de las empresas de armamento, a los bancos que los financian, o a las empresas que gestionan los vuelos de deportación? ¿Acaso pretendemos seguir asistiendo impasibles a casos como el de Aylan Kurdi? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar execrables gobernantes como Mateo Salvini, escupiendo en cadenas de televisión en horarios de máxima audiencia su repulsa contra los migrantes pobres? ¿Hasta cuándo veremos aumentar nuestra insensibilidad social y el despotismo institucional con que se les trata? ¿Hasta cuándo continuaremos permitiendo y practicando las devoluciones en caliente? ¿Y las deportaciones en frío, tras años de convivencia, arraigo e integración en nuestro país? ¿Hasta cuándo tendremos que soportar oír decir que personas humanas son ilegales? ¿Hasta cuándo habremos de contemplar las guerras genocidas e imperialistas, y los éxodos dantescos que provocan? Por compasión, otra Política de Fronteras. Continuaremos en siguientes entregas.

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