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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (45)

Fuente Viñeta: https://fundacionrenovables.org/

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La salvación del medio ambiente está siendo el más brillante negocio de las mismas empresas que lo aniquilan

Eduardo Galeano

Bien, durante las últimas entregas nos hemos ocupado de presentar los fundamentos teóricos del Desarrollo a Escala Humana, y creo que aporta una buena base filosófica para que los lectores y lectoras reflexionen profundamente en torno a ello. Vuelvo a destacar aquí la necesidad de conceder a la Naturaleza el status que debiera poseer, ya que la civilización industrial capitalista la ha ignorado, maltratado y esquilmado. Debemos entender como absolutamente fundamental la concesión de unos Derechos de la Naturaleza. Al igual que ocurre para los derechos humanos, debiéramos trabajar para que exista una Declaración Universal de los Derechos de la Naturaleza, así como un tribunal internacional que castigue a los actores (países, instituciones, empresas, particulares...) que cometan crímenes contra ella. Hemos de considerar los crímenes contra la Naturaleza (como propone Alberto Acosta en esta entrevista) como crímenes contra la humanidad, pues atentar contra ella atenta contra los intereses de todos. De hecho, esta iniciativa ya se formuló en la Cumbre de los Pueblos de 2010, celebrada en Bolivia, y ya existe una potente iniciativa desde la sociedad civil de todos los continentes: el Tribunal Ético Permanente de los Derechos de la Naturaleza, que hay que reconocer oficialmente y difundir sus acciones. La Madre Tierra, sus derechos, su respeto y su cuidado debe figurar al más alto nivel jurídico del comportamiento de todos los pueblos del mundo, es decir, en sus propias Constituciones. Ya tenemos precedentes en este sentido, en los casos de Bolivia y Ecuador. Este respeto a la naturaleza más el estudio de las necesidades humanas que nos aporta la teoría referida, nos sirven como perfecta rampa de lanzamiento para poner en crisis el clásico concepto de "progreso" en su versión capitalista (así como el de bienestar), renunciando al extractivismo en sus múltiples facetas y poniendo el foco de atención no en "desarrollos alternativos" (como parece sugerir el Capitalismo Verde), sino más bien en construir alternativas a la propia idea misma de desarrollo. 

 

Pero no solo esta visión del "crecimiento económico" ligada al desarrollo ha de ser abandonada, sino que también hemos de derribar otros grandes pilares donde se asienta nuestro modelo de sociedad, tales como el patriarcado, el racismo y el antropocentrismo. A todo ello se opone el Buen Vivir, donde no existe una idea o concepto análogo al "desarrollo" tal como normalmente se entiende. "El Buen Vivir no posee una concepción lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, que siempre sería mejor en base a una creciente disponibilidad de bienes. No asoma esa dicotomía de subdesarrollo y desarrollo, como plantea la modernidad occidental. Tampoco existen conceptos como "riqueza" y "pobreza" determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales. Es más, el ser humano es visto como un actor más en la Naturaleza, y no como su dominador", afirma Alberto Acosta. Como vemos, todo ello está en plena sintonía con los fundamentos del Desarrollo a Escala Humana. Todos estos conceptos también son expuestos bajo otras disciplinas, o con otros nombres, pero en el fondo, obedecen a las mismas propuestas generales. Por ejemplo, la líder ecofeminista india Vandana Shiva prefiere llamar Biocivilización a todas estas directrices, como plantea en esta entrevista para el medio La Vanguardia. Sumak Kawsay es el término que recibe para los indígenas de los pueblos ecuatorianos, país que hemos puesto como referente en cuanto a la inclusión de los derechos de la naturaleza en su texto constitucional. En este artículo de Enrique Luzuriaga para el medio Alainet se nos cuenta: "El proceso constituyente en el Ecuador fue un espacio propicio para realizar un debate profundo respecto a la concepción del Buen Vivir o Sumak Kawsay y así la Constitución ecuatoriana establece que el conjunto organizado, sostenible y dinámico de los sistemas económicos, políticos, socio-culturales y ambientales, a los que denomina <régimen de desarrollo> y éstos deben garantizar el Buen Vivir. Hace hincapié en el goce de los derechos como condición del Buen Vivir y en el ejercicio de las responsabilidades en el marco de la interculturalidad y de la convivencia armónica con la naturaleza". 

 

Para la Constitución ecuatoriana del año 2008, el Sumak Kawsay implica mejorar la calidad de vida de la población, desarrollar sus capacidades y potencialidades; contar con un sistema económico que promueva la igualdad a través de la redistribución social y territorial de los beneficios del desarrollo; impulsar la participación efectiva de la ciudadanía en todos los ámbitos de interés público; establecer una convivencia armónica con la naturaleza; garantizar la soberanía nacional y promover la integración latinoamericana; y proteger y promover la diversidad cultural. Para la concepción indígena y etimológicamente, ambos términos significan lo siguiente: "Sumak que significa plenitud, grandeza, excelencia, magnificencia y belleza; y Kawsay que significa vida, existencia, conducta, sustento. Es decir, literalmente Sumak Kawsay sería vida en plenitud o existencia plena". Pero...¿qué implica una vida plena para las comunidades indígenas ecuatorianas y de otras zonas de América Latina? Para ellos, la vida se construye en comunidad, cultivando una vida equilibrada. Básicamente, las personas son uno con la comunidad y con la naturaleza que los rodea, y todo ha de respetar dicha armonía. El Buen Vivir se cultiva desde el ser y no desde el poseer cosas. No obstante, en Ecuador, actualmente, si bien se tiene incluido en la Constitución el término Sumak Kawsay, no se le está dando aún su verdadero y real alcance, pues no se cumple con el espíritu mismo de lo que significa este término quichua, de ahí la necesidad de darle un efectivo concepto desde la propia Carta Magna, pues es un primer paso para poder llegar a cumplir y hacer cumplir el Buen Vivir. En efecto, el Gobierno de Rafael Correa fue únicamente un gobierno progresista que impartió más justicia social que los anteriores, pero distó mucho de representar un verdadero gobierno aliado del Buen Vivir, que consiguiera desarrollar ampliamente su filosofía. 

 

Como podemos apreciar, el Buen Vivir sintetiza vivencias más que conceptos o teorías, y se nutre de los valores, de las experiencias y sobre todo de las múltiples prácticas existentes en la cultura de las comunidades indígenas. Sería quizá una forma simplificada de vida, que aspira a que el ser humano se desarrolle dando satisfacción a todas sus necesidades, en armonía con el resto de habitantes de su comunidad, y a su vez en armonía con la naturaleza. Es interesante, sobre todo (y de ahí su profunda relación con el caos civilizatorio que vivimos) como una alternativa sostenible desde todos los puntos de vista (humana, social y medioambiental), que rompe con los postulados y valores capitalistas, responsables precisamente de esta crisis civilizatoria. El Buen Vivir ha de ser entendido desde la asunción de que son posibles vidas más plenas pero más simples, más frugales pero más confortables, menos consumistas pero más sostenibles. Desde esta lectura, el Buen Vivir plantea una transformación rotunda de alcance planetario y civilizatorio, al superar las visiones y planteamientos antropocéntricos para abrir las posibilidades a aproximaciones más armónicas, integradas de forma más simple en la naturaleza. Simplicidad, respeto y armonía podrían ser tres pilares básicos del Buen Vivir. Para poder entender el Buen Vivir en toda su dimensión necesitamos (cual vaso lleno del líquido que representara nuestro imaginario cultural) tirar todo ese líquido, vaciar toda nuestra cosmovisión, y llevar a cabo un profundo proceso de descolonización en lo político, en lo social, en lo económico y en lo cultural. No es un ejercicio fácil. Lo que debe quedar claro es que hay que aceptar que los seres humanos somos comunidad social y comunidad ecológica simultáneamente. Eso nos conmina a vivir en armonía y equilibrio entre todos los seres humanos: individuos y comunidades, y también con la naturaleza. Y entonces, desde la perspectiva del Buen Vivir, derechos humanos y derechos de la naturaleza son dos caras de una misma moneda, son complementarios entre sí, y de esto se desprende que no puede haber justicia social sin justicia ecológica, y viceversa. 

 

Nuestra evolución industrial capitalista nos ha hecho separarnos peligrosamente de la naturaleza, y el Buen Vivir plantea que esta separación tiene que ser superada. Nuestra especie ha de experimentar un reencuentro con la naturaleza, asumiendo el normal equilibrio y armonía que tienen las demás especies animales (trataremos el animalismo a fondo en la recta final de esta serie de artículos). Desde este punto de vista, ese reencuentro con la naturaleza implica, en primer lugar (y siguiendo de nuevo a Alberto Acosta, uno de los mayores expertos mundiales en el tema, en esta entrevista publicada en el digital Rebelion), aceptar que los seres humanos somos naturaleza. Nuestra especie no está en el planeta para dominar a la naturaleza, y mucho menos para destruirla. De esto se deriva la necesidad de comenzar a asumir que tenemos que desmercantilizar la naturaleza (sus recursos naturales, bosques, ríos, mares, lagos, montañas...), por ejemplo, el agua ha de ser entendida como un bien común universal y como un derecho humano fundamental, así como para otras especies de animales, por tanto no puede ser un negocio. A lo anterior se le extiende todo el concepto de desmercantilización, aplicado también al resto de los bienes comunes. Y si se plantea la emancipación de la naturaleza de su condición de esclavitud, también lo habremos de extrapolar y proyectar para los seres humanos y el resto de animales, superando el especismo y la explotación de los seres humanos en función de criterios de acumulación de capital. Entonces, en lugar de mantener el actual divorcio entre la naturaleza y el ser humano, hay que propiciar su reencuentro, la recuperación de su armonía y equilibrio, algo así como intentar atar de nuevo el nudo gordiano roto por la fuerza de una concepción de vida depredadora e insostenible, como es la capitalista. Deben inspirarnos las experiencias de multitud de pueblos que han sabido vivir con dignidad y armonía desde tiempos inmemoriales. Pero ojo, porque no se trata de exportar los casos concretos de Buen Vivir de una comunidad a otra, sin más. No se puede trasladar el Buen Vivir andino o amazónico, por ejemplo, a otras realidades sociales. La tarea sería construir un Buen Vivir ajustado a cada realidad, a cada comunidad, a cada territorio, desde la vigencia y el respeto a los principios básicos del Buen Vivir: armonía y equilibrio entre los seres humanos y con la naturaleza. Continuaremos en siguientes entregas.

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