Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
BLOQUE XI. REORGANIZAR LAS NORMAS DEL COMERCIO INTERNACIONAL.
En este último bloque temático de la serie comentaremos diversos aspectos del comercio internacional, ya que las normas que lo rigen también contribuyen en gran medida a la arquitectura de la desigualdad, sobre todo entre los diversos países. Desde hace varias décadas las normas del comercio internacional se orientan hacia lo que falazmente se ha denominado "Libre Comercio", cuando como decimos, es un eufemismo que esconde su auténtica naturaleza. A la luz de él se han desarrollado, negociado, aprobado e implementado diversos "Acuerdos de Libre Comercio", que en realidad han sido instrumentos al servicio de los intereses de las grandes corporaciones, para aumentar su poder transnacional, e impedir que cualquier barrera política, social o económica se interponga en sus objetivos. Comenzaremos retomando las ideas que nos expone Vicente Romano en su texto "Intoxicación lingüística", en lo referente al asunto que nos ocupa: "Julio Yao sintetiza perfectamente lo que el capitalismo oculta tras el concepto de libre comercio. En la ponencia presentada en el Encuentro Internacional de "Propuestas Alternativas en Agricultura, Acceso a Mercados, Comercio y Medio Ambiente, ante la Ministerial de la OMC", lo expresa así: "A la luz de la historia, el "libre comercio" es un eufemismo que entraña un conflicto semántico, una contradicción intrínseca. ¿Qué libertad le reconocieron los europeos a los pueblos africanos cuando se repartieron su continente sin pedirles permiso a los verdaderos dueños? ¿Qué libertad tenían esos pueblos africanos cuando se les obligó a firmar cientos de acuerdos comerciales y territoriales, todos los cuales fueron violados por los europeos? ¿Qué libertad tenían los pueblos africanos si ni siquiera libertad tenían para ser personas, cuando fueron sometidos a la esclavitud, a la trata y al comercio de esclavos, para enriquecer tanto a Europa como a Estados Unidos en las plantaciones, en las fábricas y ciudades? ¿Qué libertad tenían los pieles rojas, los sioux, los cheyennes y otras nacionalidades de Norteamérica para reglamentar su comercio con los invasores cuando la única libertad que se les permitió fue la de entregar incondicionalmente todas sus riquezas, posesiones y patrimonios, todas sus vidas?"
Y continúa: "¿Qué libertad tenían los cubanos cuando les impusieron en 1903 la Enmienda Platt y cuando ocuparon Guantánamo? ¿Qué libertad tenían los panameños cuando en 1903 Estados Unidos les impuso un Tratado que firmó un extranjero, mediante el cual el Canal, construido para el "libre comercio", quedaría a perpetuidad en manos de Estados Unidos, sin que se permitiese a Panamá siquiera comerciar en la antigua Zona del Canal? (...) En el "libre comercio" de hoy no hay más libertad que la que tenían los esclavos y siervos para comerciar su mano de obra, es decir, su producción, su patrimonio y su vida, con los esclavistas y señores feudales. En otras palabras, ¡ninguna! Y ésta es la realidad de nuestro sistema internacional y del comercio internacional: su carácter es profundamente asimétrico y feudal. No hay libre comercio cuando las partes negociantes o contratantes gestionan desde una base profundamente desigual de poder. No hay libre comercio cuando el objeto de la negociación --el comercio internacional-- está rodeado de circunstancias estructuradas que se manifiestan en beneficio de una de las partes y notoriamente en perjuicio de la otra. No hay libre comercio cuando el propósito de la negociación es en sí mismo un objeto ilícito, algo no susceptible de negociación, como lo es la forma y contenido de vida de los pueblos. No hay libre comercio cuando la negociación conlleva la aceptación de compromisos que atentan contra la ética, la solidaridad humana y el derecho a la vida. No hay libre comercio si los acuerdos son el resultado premeditado y lógico de las condiciones y estructuras que rodean la negociación. No hay libre comercio si no se produce la voluntad de las partes contratantes mediante su libre consentimiento. No hay libre consentimiento si la voluntad de una de las partes fue forzada, por los medios que sea, a aceptar un acuerdo. No hay libre comercio si las partes negociantes o contratantes carecen de capacidad jurídica para comprometer el destino de nuestros pueblos. Y si en las negociaciones no se verifican ni el libre consentimiento ni la capacidad de las partes contratantes o negociantes, los acuerdos comerciales quedarán viciados de nulidad y carecerán de validez jurídica".
Vicente Romano añade, por su parte, que la libertad de mercado y de comercio significa, por ejemplo, que Irak no pudiera vender su petróleo para satisfacer las necesidades de su población y el desarrollo de su economía, o que España no pueda exportar a Venezuela 12 aviones defensivos por llevar piezas fabricadas por compañías estadounidenses. Pero el caso más sangrante es el de Cuba, que sufre un bloqueo de más de 60 años [47 cuando se escribió el texto] con el firme propósito de ahogar su economía, su soberanía, y en última instancia, su revolución. Los EE.UU., el paladín del "libre mercado" y de la "libertad de empresa", no solo prohíben a sus nacionales vender o comprar productos a Cuba o de Cuba, sino que han promulgado leyes que castigan a quienes comercien con Cuba, aunque no sean ciudadanos o empresas estadounidenses. Ahí están las leyes Torricelli o Helms-Burton, por ejemplo. En ellas se legisla la organización de la sociedad cubana una vez que se reincorpore al capitalismo. Y nosotros nos preguntamos: ¿no es ésta la tiranía de la desigualdad? Todo un gigante mundial, una de las primeras potencias económicas y la primera potencia militar del mundo, empeñando todos sus esfuerzos en aplastar a una pequeña isla caribeña, únicamente porque no cumple sus designios. Si la comunidad internacional poseyera algo de dignidad, hace años que se hubiera rebelado contra el gigante estadounidense exigiendo libertad y dignidad para Cuba. Lo más que hacen es votar en contra de este bloqueo en la Asamblea General de la ONU (donde Estados Unidos se queda sólo con su hermano del alma, Israel), pero hasta ahí llega su acción. Mientras, la población cubana sigue sufriendo la desigualdad, la discriminación, el avasallamiento por parte de un gigante, que sólo entiende de súbditos, y no de países hermanos. ¿Por qué ha permitido el comercio internacional que ocurra esto durante tantos años? ¿Es ésta la esencia del "libre comercio" por el que se aboga? ¿Responden esas palabras a lo que de verdad debieran significar? Como explica Vicente Romano, a lo largo de miles de años, los seres humanos desarrollaron el lenguaje para la comprensión y la cooperación en la solución de sus tareas. Hoy día, las palabras y los conceptos se utilizan conscientemente para la confusión, para violentar el entendimiento, y en última instancia, para imponer significados que se contradicen con la realidad. El "libre comercio" no tiene nada de libre. Más bien al contrario, es un comercio impuesto bajo unas normas diseñadas y reguladas por organismos mundiales que están al servicio de la globalización, lo cual es lo mismo que decir que están a favor del capitalismo que desarrollan las grandes corporaciones transnacionales.
Hoy día se bloquea, se chantajea, se embarga, se imponen sanciones comerciales, y se promulgan leyes que prohíben de facto dicha libertad de comercio. La libertad sólo puede darse entre iguales, pero en la comunidad internacional existen muy pocos iguales, por no decir ninguno. Se bombardean cosechas, se incendian bosques o se minan puertos con tal de impedir el libre tránsito de personas y mercancías. No, el comercio no es libre. La libertad de empresa, la libre circulación de mercancías y capitales, es el principio fundacional, la viga maestra de la formación social capitalista. Este imperativo categórico ha constituido el argumento terminante utilizado contra toda alternativa de organizar la sociedad, la propiedad y la producción de otra manera. En última instancia, de cambiar los valores que se asumen. De ahí que, por contraposición, el socialismo, que intenta regular la libertad burguesa de comprar y vender, no se considere una sociedad libre, y por tanto se repruebe como carente de "libertad de mercado". Y así, estos vigilantes del "libre comercio" y sus organismos asociados, están ojo avizor ante cualquier gobernante que intente implantar en su país un modo de organización social y económica distinta al capitalismo. En cuanto lo avizoran, se echan encima de él, intentan bloquearlo, desacreditarlo, hacer la vida imposible a sus poblaciones, hasta que caen derrocados sus gobiernos, reponiendo como simples títeres a nuevos gobernantes que siguen los designios del capitalismo. ¿Es entonces libre esta sociedad? ¿Se puede hablar en verdad de libertad? Lo primero que debiera respetarse es la propia soberanía e independencia de los países para implantar los sistemas políticos, sociales y económicos que ellos decidieran, pero esto, simplemente, no se permite. Cualquier país que lo intente será acosado. Cualquier gobernante que lleve a cabo amagos de implantar algo distinto, tan siquiera un escenario ligeramente postcapitalista, será atacado sin piedad. La libertad, bajo el actual marco de la globalización, es sólo una ilusión. No somos realmente libres. El ejemplo más paradigmático de todo lo que contamos son los Estados Unidos, que según muchos, es la "democracia más avanzada" del mundo, cuando es justamente la más retrógrada y perversa.
Veamos: Estados Unidos es el país que más restricciones impone a la importación de mercancías procedentes de otros países. Como ejemplo actual, véase la guerra comercial que está librando con China, bajo el trasfondo del dominio de la Tecnología 5G. No hay más que leer la legislación estadounidense, o los acuerdos de la OMC (Organización Mundial del Comercio). O bien, que se lo pregunten a los gobiernos de muchos países pobres que tantas dificultades tienen para vender sus productos en condiciones de igualdad a los países ricos. Pero no contento con esto, Estados Unidos prohíbe la exportación de productos a los países que no se sometan al dictado de los intereses de las empresas y gobernantes yanquis. Incluso se les imponen, como hemos indicado más arriba, todo tipo de bloqueos, embargos y sanciones. Se ponen todos los medios a su alcance (que son muchos, precisamente por el poder que la comunidad internacional le concede al imperialismo norteamericano) para arruinar a dichos países disidentes, incluyendo, si es preciso, ataques bacteriológicos y químicos, como ya ocurrió en Vietnam, Iraq, África o América Latina. Por ejemplo, los campesinos de Iraq no podrán usar más sus propias semillas, sino que tendrán que pagar patentes a empresas como Cargill o Monsanto. Empresas criminales que los expolian y se adueñan de sus semillas, para controlar el mercado mundial de la producción de las mismas. La OMC regula incluso el acceso de los países pobres a medicamentos más baratos, e incluso la compra de genéricos. Se niega de esta forma la salud y el derecho a la vida de pueblos enteros, bajo el pretexto de la sagrada (para ellos) "libertad de empresa". De modo análogo, y siempre bajo el falaz pretexto de la defensa de sus intereses comerciales, Estados Unidos vetó en 2001 la adopción de un Protocolo del Convenio de Armas Biológicas, rechazó el Protocolo de Kioto (1997) y el Acuerdo de París (2015) sobre cambio climático, se ha negado a firmar el Tratado de Prohibición de las Minas Antipersonales, que tantos niños mata o deja discapacitados, así como el Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra, etc. ¿Libertad de comercio, dicen algunos? ¿Dónde? ¿Para quién? ¿Para qué? Como nos indica El Roto en una de sus viñetas: "Lo llaman sistema de libre comercio, pero si lo intentas cambiar, te despiden". En suma, detrás de la actual "libertad de comercio y de mercado" se esconde únicamente la libertad de los ricos para venderles a los pobres sus productos y servicios. Continuaremos en siguientes entregas.