Overblog Todos los blogs Blogs principales Política
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

Publicidad

El Genocidio Palestino (VII)

Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

Publicidad

El sionismo es, por tanto, una creación abominable, una violación de los derechos del pueblo palestino y de todas aquellas convenciones y acuerdos internacionales firmados para la protección de los derechos humanos. El sionismo es la perversión hecha ideología, es el delirio exterminador que acompaña la vida de políticos, militares y parte importante de la sociedad israelí, que visualiza al árabe en general y al palestino en particular como un no humano, un Goyim – un no judío – y por tanto sujeto al arbitrio y a la violación de sus derechos más elementales. Un sionismo que se ha ensañado, sobre todo, contra los niños y niñas de palestina, haciendo realidad los deseos de exterminio que animan a la dirigencia israelí. Un régimen infanticida

Pablo Jofré Leal

En la última entrega de la serie nos centramos en los hitos históricos más significativos que han delimitado la historia de Israel, en sus algo más de 70 años de vida. Nos centraremos a partir de ahora en acontecimientos más recientes (desde la década de los años 90 del siglo pasado), para retomar los aspectos principales del devenir del conflicto palestino-israelí. El 13 de septiembre de 1993 fue una fecha histórica importante, ya que se produjo en la Casa Blanca (bajo la presidencia de Bill Clinton) el apretón de manos entre el entonces Presidente palestino, Yaser Arafat (una personalidad indiscutible del siglo XX) y el entonces Primer Ministro israelí Isaac Rabin. Fue un gran sello para el reciente Acuerdo de Paz de Oslo que se acababa de firmar. Sobre la base de los Acuerdos de Oslo nacieron los principales marcos de referencia para los acuerdos que se firmaron posteriormente. Durante los años 60 y 70, el nacionalismo palestino se encontraba en pleno proceso de formación y configuración, bajo el auspicio de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), apoyada por la Unión Soviética. Siguiendo la tesis doctoral de Rana Zhran, ya referida en anteriores entregas, diremos que el apoyo de la causa palestina por parte de la Unión Soviética se hizo en el marco de la creación de una fuerza paralela a la de los Estados Unidos, y sobre todo interesada en los asuntos del Oriente Próximo durante la Guerra Fría. De hecho, la OLP formaba parte de un bloque global que reunía a fuerzas progresistas y antiimperialistas, que asimismo se expandió por Asia, África y América Latina. No todo fue fácil después de la firma del acuerdo referido, ya que la esencia del proceso de paz era muy débil a pesar de que estaba constituida sobre la base de la nueva confianza tras años de hostilidades y desconfianza mutua. Para Yaser Arafat, el ejército israelí debía retirarse de todos los territorios palestinos, mientras que Rabin estipulaba que los términos del acuerdo no especificaron en qué áreas debía efectuarse la retirada. 

 

Los verdaderos obstáculos que afrontaron estos acuerdos entre las partes del conflicto palestino-israelí fueron las duras críticas que procedían de la extrema derecha israelí, que consideró a Yaser Arafat como el primer enemigo de los israelíes, e igualmente acusó al Primer Ministro Isaac Rabin de traidor por entregarse a su enemigo (Arafat). Para el partido del Likud era necesario retomar la autoridad y abolir los acuerdos firmados por Rabin. La violencia volvió de nuevo al escenario, y obligó a la suspensión del acuerdo. El 28 de septiembre de 1995 las dos partes del conflicto vuelven a firmar un nuevo acuerdo provisional sobre Gaza y Cisjordania conocido como Oslo II. Pero en octubre de ese mismo año, mientras el Knesset aprobaba el texto del acuerdo de Oslo II, los líderes de la oposición, Benjamin Netanyahu e Isaac Shamir protagonizaron amplias manifestaciones en protesta contra el nuevo acuerdo con los palestinos. Para el Likud el acuerdo de Oslo II no fue más que un acto de rendición, una humillación nacional al aceptar a ciegas las condiciones de Yaser Arafat. Todo este ambiente fue el caldo de cultivo propicio para el asesinato de Isaac Rabin en noviembre de 1995. La persona que abrió fuego contra Rabin no era un enfermo mental, como trataron de explicar algunos de los medios de comunicación israelíes, sino que era un fanático religioso y miembro de Eyal, que es una organización de combatientes judíos, que trabaja para promover el pensamiento religioso sionista. Los líderes sionistas han hecho de la sacralización de la tierra el fundamento de sus creencias, y cualquier persona que esté dispuesta a entregar la tierra santa a los palestinos es considerada traidora y enemiga del pueblo judío. El siguiente mandatario israelí, Simon Peres, trató de continuar con la aplicación de las promesas de Oslo a lo largo de seis meses, entre mayo y noviembre de 1995. El siguiente año, 1996, fue un año de gran crueldad y violencia, con varios asesinatos e inmolaciones, que provocaron la muerte de muchas personas.

 

Ya en dicho año, la campaña electoral de Benjamin Netanyahu se caracterizó por sus cinco negativas: NO al establecimiento del Estado Palestino, NO a la renuncia a Jerusalén Oriental, NO a la retirada de Hebrón tal como se había acordado en Oslo, NO a la descolonización y NO a la retirada de los asentamientos de los Altos del Golán. A principios de 1998, bajo un estado de devastación y ruina generalizada, y con el proceso de paz congelado, parecía que ninguna de las dos partes en conflicto quería cambiar su posición. Según los acuerdos de Oslo, las negociaciones sobre el estatuto definitivo de los territorios ocupados deberían finalizar el 4 de mayo de 1999, y ante esa situación, Yaser Arafat amenazó con declarar el Estado Palestino Independiente de una forma unilateral. En 1999 tuvieron lugar nuevas elecciones donde ganó el Partido Laborista, y por otra parte, Yaser Arafat había logrado el apoyo de los líderes europeos que se reunieron en Berlín para el establecimiento del Estado Palestino independiente, a condición de que tal decisión fuera derivada de las negociaciones, y no de una decisión unilateral de la OLP. La UE estaba convencida de que un nuevo gobierno israelí, preferiblemente formado por el Partido Laborista, pudiera dar un impulso al proceso de paz y buscar un acuerdo final en el menor tiempo posible. Y en efecto, el general Ehud Barack ganó las elecciones generales israelíes con una amplia victoria sobre Benjamin Netanyahu. El mandato de Barack fue caracterizado por la moderación, racionalidad y flexibilidad además de su pragmatismo, al contrario del discurso violento y radical de su rival Netanyahu. Barack apareció entonces como el líder de la paz. En menos de un año, el ejército israelí se retiró del sur del Líbano que había ocupado en 1987 y en donde casi 1.000 soldados israelíes perdieron la vida. De ahí que el mundo consideró a Barack como el heredero de Rabin. Con su llegada al poder, Barack tuvo una nuevo oportunidad para continuar lo que ya se había acordado en Oslo, y sacar ventajas de las profundas divisiones que sufría el partido del Likud de Natanyahu.

 

En septiembre de ese mismo año, y después de algunos meses de negociaciones y de superar las diferencias, Ehud Barack y Yaser Arafat firmaron un nuevo acuerdo en Egipto, con la presencia del Presidente egipcio Hosni Mubarak, el rey jordano Abdalá II y la Secretaria de Estado norteamericana, Madeleine Albraight. El nuevo acuerdo estipulaba la puesta en libertad de 350 presos palestinos, la apertura de un paso entre Gaza y Cisjordania, la construcción del aeropuerto de Gaza, fijar los plazos para la retirada israelí de Cisjordania y la vuelta inmediata a la mesa de negociaciones para alcanzar un acuerdo final en el plazo de un año. Sin embargo, el 15 de noviembre, el gobierno de Barack congeló su segunda retirada y la aplazó indefinidamente. Ello fomentó de nuevo el descontento popular palestino. Ehud Barack llegó al año 2000 sin haber podido llevar a cabo ninguna de sus promesas de campaña, en lo que concernía al proceso de paz. En junio de 2000 tuvieron lugar los llamados Acuerdos de Camp David, entre Arafat y Barack, patrocinados por Bill Clinton. Durante 14 días se debatieron, con la presencia de mediadores internacionales, los principales aspectos del conflicto, tales como el problema de Jerusalén, los refugiados palestinos, las fronteras, las colonias y el problema del agua, además del establecimiento de un Estado Palestino independiente. Y tras varios días, la delegación israelí propuso la aceptación, por primera vez en la historia de Israel, de miles de palestinos en Cisjordania y su entrega a los palestinos incluido el Valle del Jordán, salvo tres asentamientos israelíes, así como la aceptación de la propuesta de dividir Jerusalén. No obstante, los israelíes se negaron a firmar cualquier acuerdo que implicara el retorno de los refugiados palestinos, lo cual contribuyó al fracaso de la cumbre y al descrédito político de Ehud Barack. En septiembre de 2000, el líder del Likud Ariel Sharon, acompañado por otros miembros de su partido, realizó una visita al Monte del Templo en Jerusalén (Explanada de la Mezquita de Al Aqsa) , lo cual sirvió para calentar de nuevo los ánimos y avivar la violenta protesta palestina, que acabó con 25 israelíes muertos y 10 manifestantes palestinos, después de la intervención de la policía. Tras estos duros y violentos enfrentamientos, los líderes de la Autoridad Nacional Palestina llamaron a la rebelión y a la Yihad que condujo a la segunda Intifada (Aqsa). La situación se agravaba día a día, y a finales de noviembre el número de víctimas ascendía ya a 250 palestinos y 34 israelíes. 

 

Ante esta peligrosa situación, el Consejo de Seguridad de la ONU y la UE publicaron un comunicado donde condenaron a Israel por el uso excesivo de la fuerza. Y para detener la violenta escalada, Washington llamó a Ehud Barack y a Yaser Arafat para reunirse en una cumbre urgente que tuvo lugar en París. Un nuevo fracaso de esta cumbre provocó una nueva reunión bajo el auspicio internacional (Líbano, Egipto y la ONU) que sólo tuvo como efecto la declaración verbal sobre la necesidad de alto el fuego. A finales de diciembre Bill Clinton rubricó una propuesta de acuerdo que incluía los siguientes puntos: entregar a los palestinos el 100% del territorio de Gaza y el 96% de Cisjordania, la apertura de pasos libres entre las diversas zonas de Palestina, el despliegue de una fuerza internacional para garantizar la paz, y la división de la ciudad sobre la base de los criterios demográficos de cada región. Barack por su parte aceptó la propuesta estadounidense, mientras que Arafat la consideró insuficiente. A principios de 2001, cuando ya había comenzado la segunda Intifada, se reanudaron las negociaciones en Taba, donde se formalizó un acuerdo de principio basado en el reconocimiento de los males causados por Israel y la aceptación por parte de los palestinos de una aplicación limitada del derecho de retorno. En Taba, los israelíes aceptaron un intercambio "equitativo" de territorios y la continuidad territorial del hipotético Estado Palestino independiente. Y en Taba también hubo acuerdo para repartirse la ciudad de Jerusalén. Tras una semana de negociaciones, y debido a las elecciones israelíes que ya se aproximaban, Barack decidió abandonar las negociaciones a la espera del resultado de las elecciones en las que al final la derecha del Likud salió vencedora, dando la victoria a su líder Ariel Sharon. Ante los diferentes vaivenes del proceso de paz, las diversas facciones del movimiento palestino adoptaron diferentes posturas. La Autoridad Nacional Palestina y el Movimiento Al Fatah de Yaser Arafat seguían apostando por una salida negociada al conflicto, pero la posición de Hamás ha sido la que ha obtenido un más amplio apoyo árabe, a nivel popular e islámico, por ser una posición que no apuesta por el proceso de las negociaciones para solucionar el conflicto palestino-israelí, sino que llama a consolidar la intifada con la resistencia armada reclamando al mismo tiempo el apoyo de los países árabes para ayudar a la causa de la resistencia por todos los medios posibles. Continuaremos en siguientes entregas.

Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post