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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (68)

Viñeta: Sonia Mitralias

Viñeta: Sonia Mitralias

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No podemos resolver los problemas con la misma mentalidad con la que los creamos

Albert Einstein

Este es un problema de la humanidad, la Madre Tierra y todos nosotros. Entonces, ¿estamos tomándonos esto en serio o estamos haciendo juegos políticos? Esta no es una negociación sobre cuotas de café o cacao, sino sobre el clima de la Tierra

Paul Oquist (Jefe de la Delegación Nicaragüense durante la COP21 de París)

En el número anterior ya nos adentramos en los 8 grandes principios generales del Ecosocialismo definidos por Jorge Riechmann, tomando como referencia el estupendo texto de Luis Tamayo "Aprender a decrecer". En la última entrega ya expusimos los dos primeros, la biomímesis y el principio de precaución. Continuaremos a partir de ahí:

 

III.- La Ecoefiencia. La ecoeficiencia puede constituir un principio clave de la humanidad futura. Mejorar de manera sustantiva la eficiencia de los procesos y máquinas, así como la durabilidad de las mercancías puede permitir a la humanidad que sobreviva a la crisis derivada del fin de la era del petróleo barato, mantener una calidad de vida mínimamente razonable. Mejorar la eficiencia de las tecnologías previas a la era del petróleo barato, esas que se servían del carbón, la fuerza de los ríos y la tracción animal (y ahora también del sol, el viento y las mareas) puede hacer la diferencia e impedir que, tal y como lo prescribe la Teoría de Olduvai, los grupos humanos desciendan hasta el Paleolítico (volviendo al modo de producción de caza-recolección) y lo hagan solo hasta el Renacimiento o la Ilustración (con una serie de tecnologías anteriores a la era del petróleo que permitan una calidad de vida razonable). Hacer más eficientes las tecnologías de producción orgánica de alimentos, captación de agua de lluvia, riego de los sembradíos, aprovechamiento de la energía solar, eólica, hidráulica, mareomotriz y geotérmica puede constituir una diferencia verdaderamente significativa entre las naciones supervivientes al fin de la era del petróleo barato. Otro elemento clave de la ecoeficiencia tiene que ver con la producción sostenible de los alimentos. Ser capaces de producirlos localmente en cantidad y calidad suficiente implicará contar no solo con los insumos (agua suficiente y de buena calidad, semillas y abonos orgánicos), sino también con la experiencia necesaria.  Señalemos, por último, que ese anhelo de dominio y la estupidez concomitante se presenta de una manera increíblemente clara en el trato que el ser humano moderno da al agua potable. 

 

En la antigüedad se veneraba el agua. Podía ser considerado hasta un crimen arrojar caca al agua potable. Cada vez que accionamos el disparador del inodoro, como bien indica César Añorve, cometemos un crimen contra la naturaleza. La humanidad moderna ha olvidado el cuidado del agua y se ha acostumbrado a ensuciarla y a desperdiciarla. Y eso no es lo único. Muchas personas utilizan enormes cantidades de agua para bañarse, para lavar sus enseres domésticos e incluso sus coches. Sólo una humanidad que tenga presente el valor del agua sobre cualquier otro recurso podrá verdaderamente conservarla y evitar que se contamine con aceites e hidrocarburos (como hace la hipercontaminante fractura hidráulica o fracking) o de metales pesados (como hace la minería de tajo a cielo abierto de metales preciosos, la cual, para obtener unos cuantos gramos de oro es capaz de contaminar, durante siglos, toneladas de mineral y millones de litros de agua). Nuestra alimentación también es producto de este despilfarro. Miles de litros de agua se necesitan para fabricar la carne que comemos, o para mantener al ganado que nos proporciona dicha carne. Una industria ecoeficiente trabaja reciclando, opera con ciclos cerrados de materiales y sin producir externalidades, es decir, sin expoliar los recursos naturales. La humanidad que sobreviva al fin de la era de la exuberancia requerirá forzosamente de dicha industria.

 

IV.- La impostergable Autocontención. Una sociedad autocontenida y convivial es una sociedad que no cree posible el crecimiento infinito (al contrario que la sociedad de deuda en la que actualmente vivimos). La energía es básica para cualquier modelo económico que se utilice, y la energía basa sus fuentes en los propios límites biofísicos del planeta. Pero simplemente, aunque cueste creerlo, este principio no se ha tenido en cuenta hasta ahora. Una sociedad convivial no puede sino decrecer en la medida en que es ecoeficiente (tercer principio) y posee una idea clara de que los recursos de la Tierra son finitos. Por tal razón no puede sino limitar no solo el número de habitantes que la pueblan, sino la cantidad de los recursos que dichos habitantes utilizan. La huella ecológica y otros indicadores nos dan una perfecta idea de la deuda que sostenemos con la naturaleza (por habitante, por país, por continente...), en el sentido de consumir más de lo que ella necesita para regenerarse. En su estudio "El género vernáculo", Ivan Illich nos dejó un estupendo ejemplo de lo que es la autocontención o autolimitación en este sentido: "El caracol construye la delicada arquitectura de su concha añadiendo una tras otra las espiras cada vez más amplias; después cesa bruscamente y comienza a enroscarse esta vez en decrecimiento, ya que una sola espira más daría a la concha una dimensión dieciséis veces más grande, lo que en lugar de contribuir al bienestar del animal, lo sobrecargaría. Y desde entonces, cualquier aumento de su productividad serviría solo para paliar las dificultades creadas por esta ampliación de la concha, fuera de los límites fijados por su finalidad. Pasado el punto límite de la ampliación de las espiras, los problemas del sobrecrecimiento se multiplican en progresión geométrica, mientras que la capacidad biológica del caracol solo puede, en el mejor de los casos, seguir una progresión aritmética". Los que no recuerden estos conceptos matemáticos, será mejor que los vuelvan a repasar, para comprender en su verdadera dimensión el texto de Illich. Porque aunque el ser humano lleva siglos definiendo lo que es la progresión geométrica, parece que en la práctica aún no la ha comprendido. Una sociedad convivial, con el objeto de mantener su calidad de vida, no puede sino ser como el caracol, es decir, autolimitarse y cuidar sus recursos para proyectarse hacia el futuro.

 

Pero la autocontención es mucho más que eso. Es en las ideas de los sabios y pensadores orientales en donde podemos encontrar muchísimos ejemplos de autocontención. En la sabiduría Zen, por ejemplo, encontramos ejemplos de una vida basada en la autocontención. Entre los muchos que existen, Luis Tamayo cita el denominado "¿Es así?", que reproducimos a continuación: "Una jovencita japonesa muy atractiva, cuyos padres regentaban una tienda de comidas, vivía cerca de su casa. Una mañana, repentinamente, los padres descubrieron con espanto que la muchacha estaba embarazada. Esto puso a los tenderos fuera de sí. La joven, al principio, se negaba a delatar al padre de la criatura, pero después de mucho hostigarla y amenazarla acabó dando el nombre de Hakuin. Muy irritados, los padres fueron en busca del Maestro. "¿Es así?", fue todo lo que dijo. Al nacer el niño, lo llevaron a casa de Hakuin. Por entonces, éste había perdido ya toda su reputación, lo cual no le preocupaba mucho, pero en cualquier caso no faltaron atenciones en la crianza del niño. Los vecinos daban a Hakuin leche y cualquier otra cosa que el pequeño necesitase. Pasó un año y la joven madre, no pudiendo resistir más, confesó a sus padres la verdad: el auténtico padre del niño era un hombre joven que trabajaba en la pescadería. La madre y el padre de la chica fueron enseguida a casa de Hakuin para pedirle perdón. Después de haberse desecho en disculpas, le rogaron que les devolviese el niño. Hakuin no puso ninguna objeción. Al entregarles el pequeño, todo lo que dijo fue: "¿Es así?". La autocontención implica, tal como enseñó el Maestro Hakuin, un cambio en el modo de vida, una actitud de humildad, de respeto al otro y de valoración de su lugar en la tierra. La autocontención reconoce que no se poseen todas las claves, es decir, toda la verdad. Que siempre habrá un espacio vacío, un no saber irreductible, por lo que nuestra actitud no puede ser sino de reconocimiento de los propios límites y de respeto a un orden cuya comprensión total nos supera. Es por todo eso que una sociedad autocontenida respeta los límites planetarios y la biodiversidad. Fomenta la presencia del otro, de la otredad, de lo diferente, incluso de las especies "dañinas". La reverencia a la Madre Tierra es una actitud acorde a la autolimitación. Continuaremos en siguientes entregas.

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