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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Genocidio Palestino (22)

El Genocidio Palestino (22)
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El problema de Israel, por consiguiente, no es esta ley concreta o aquella otra, sino toda su estrategia general, que no ha cambiado desde 1948 y es tan cruel como la de algunas limpiezas étnicas que ahora mismo están en marcha en otras partes de Oriente Próximo y del mundo en general, y mucho más eficaz

Ilan Pappé y Samer Jaber

Pero la historia de complicidad de Occidente con Israel no se limita únicamente a la interpretación del Holocausto después de la Segunda Guerra Mundial (cuestión examinada en el artículo anterior), sino que se viene manifestando en otros muchos frentes. Jonathan Cook ha escrito recientemente en su propio blog un brillante artículo donde lo refleja, que seguiremos a continuación. La versión original está traducida al castellano por Beatriz Morales Bastos, y publicada en el digital Rebelion. De entrada, las potencias occidentales estaban tan comprometidas con el éxito de Israel que desde finales de la década de 1950 Francia y Gran Bretaña le ayudaron a reunir un arsenal nuclear (el único que existía en Oriente Próximo) en clara violación del Tratado de No Proliferación, y hoy día apoyado sin reservas por el gigante estadounidense, mientras intentan impedir por todos los medios que sus vecinos árabes lo consigan. Por lo visto, si sus vecinos árabes lo consiguen el mundo será un lugar más inestable y peligroso, pero si lo posee Israel el mundo será un lugar más seguro. Sin comentarios. Invito a los lectores y lectoras a realizar su propia interpretación personal. Y como era de prever, esta escalada nuclear desestabilizó aún más una región ya de por sí bastante inestable, ya que otros Estados, especialmente Irak e Irán, se plantearon intentar estar a la altura desarrollando sus propias armas nucleares, ante la amenaza del emergente israelí. Pero hay más. Jonathan Cook explica: "Otro signo del compromiso de Occidente con este derivado colonial fue su determinación de hacer la vista gorda en 1967 ante la codiciosa expansión de las fronteras de Israel al conquistar el resto de la Palestina histórica. Durante más de medio siglo se le ha dado a Israel carta blanca para consolidar su ocupación y construir colonias en violación del derecho internacional. Al cabo de todas estas décadas la Corte Penal Internacional sigue dando largas al asunto, al parecer indefinidamente, en vez de procesar a Israel por sus colonias que son sin lugar a dudas un crimen de guerra. Y más de cincuenta años después Europa sigue subvencionando las colonias por medio de acuerdos comerciales y negándose incluso a etiquetar los productos de las colonias".

 

Así que, en resumidas cuentas, todo Occidente es cómplice de las perversidades de Israel, ya que en vez de dar cuenta por estas escandalosas violaciones de un orden internacional fundado por Occidente, los aliados de Israel han contribuido a oscurecer, negar o ignorar estos hechos. Israel ha desarrollado toda una industria, el hasbara, para tratar de impedir que personas ajenas comprendan lo ocurrido desde 1948 hasta la actualidad. Todo un manipulado relato ha sido difundido por Israel, con la clara complicidad de las potencias occidentales. Para Israel y sus aliados occidentales es importante fomentar justificaciones para la creación del Estado de Israel y sus perversas actividades que apelen a la emoción, no a la razón, como forma de disuadir a los investigadores de hurgar demasiado seriamente en el pasado, para tratar de difundir lo que realmente ha venido sucediendo. De hecho, solo existen tres posibles justificaciones o explicaciones para la transformación de lo que antaño fuera Palestina en el Israel de hoy día, un Estado creado por y para personas judías sobre las ruinas de aquel pueblo árabe. La primera justificación es la clásica promesa bíblica, la segunda es la justificación colonial en toda regla unida a las ideas supremacistas acerca de una civilización judeocristiana superior, y la tercera justificación fue el argumento racista contra los árabes. Veámoslas con más calma: 

 

1.- La promesa bíblica. La primera justificación afirma que se concedió al movimiento sionista el derecho a limpiar Palestina de la inmensa mayoría de sus habitantes originarios porque hace miles de años Dios había prometido a los judíos la tierra de Palestina. Este argumento dice a los palestinos: "Puede que tu familia haya vivido durante siglos e incluso milenios en Nazaret, Nablus, Belén, Beersaba, Jerusalén, Jaffa, Hebrón o Haifa, pero eso no tiene absolutamente ningún valor porque Dios dijo a Abraham que esta tierra pertenecía a los judíos". Y aunque nos parezca ridículo (que lo es), no hay que descartar el persistente poder de este argumento. Fue de hecho lo que inspiró al movimiento apocalíptico del sionismo cristiano del siglo XIX, es decir, el "anhelo de restituir" a los judíos a la Tierra Prometida para provocar un fin de los tiempos en el que solo se salven los verdaderos cristianos. Posteriormente unos cuantos judíos influyentes, como Theodor Herzl, que se habían dado cuenta de que si querían construir un Estado judío necesitaban el apoyo de las élites sionistas cristianas, reformularon y adoptaron el sionismo cristiano. Finalmente encontraron un patrocinador en la Gran Bretaña colonial. Un gusto por la profecía bíblica fue lo que en parte guió al gobierno británico a la hora de aprobar la Declaración Balfour (véanse los primeros artículos de la serie, donde nos hemos referido a ella con detenimiento). Todavía hoy día gran parte de la enseñanza en Israel depende de afirmaciones tácitas y no contrastadas que aparecen en la Biblia acerca de que los judíos tienen más derecho a la tierra que los palestinos. No obstante, los altos cargos israelíes saben que actualmente los argumentos bíblicos tienen poca influencia en gran parte de Occidente. Fuera de Israel estas afirmaciones solo funcionan bien con los grupos evangélicos, sobre todo en Estados Unidos, por lo cual se han utilizado selectivamente, sobre todo dirigidos a la base electoral que apoya al actual Presidente estadounidense, Donald Trump.

 

2.- La justificación colonial. Esta segunda justificación, como decíamos más arriba, a la que se recurrió con frecuencia durante los primeros años del proyecto sionista, era una justificación colonial en toda regla, estrechamente unida además a las ideas acerca de una civilización judeocristiana superior. Jonathan Cook lo explica así: "El colonialismo [supremacista] asumía que los blancos occidentales constituían una raza aparte desde el punto de vista biológico que tenía que asumir la responsabilidad de domesticar y civilizar la naturaleza salvaje de los pueblos inferiores del planeta. Se trataba como niños a esos seres inferiores y eran considerados impulsivos, retrasados e incluso autodestructivos. Necesitaban un modelo de conducta encarnado en el hombre blanco cuya tarea era disciplinarlos, reeducarlos e imponer orden. El hombre blanco fue compensado por la dura tarea que tenía que desempeñar concediéndose a sí mismo el derecho a saquear los recursos de los pueblos salvajes. En cualquier caso, se asumía que esos bárbaros eran incapaces de gestionar sus asuntos o de dar un buen uso a sus propios recursos". Esta justificación no solo se ha dado en el caso de Israel con respecto a Palestina, sino que la encontramos en prácticamente la totalidad de las incursiones imperialistas de las grandes potencias occidentales a lo largo de la historia (Francia, Reino Unido, España...). Es el mismo argumento que nuestros "conquistadores" de las Américas utilizaron para someter y esclavizar a sus pobladores originarios durante siglos. Si todo esto suena increíblemente racista, tenemos ejemplos actuales que lo avalan: por ejemplo, Trump propone ahora mismo una variante de la misma idea, en el sentido de que los mexicanos deben pagar por el muro que los mantiene fuera de un Estados Unidos blanco, incluso cuando las empresas estadounidenses siguen explotando la mano de obra barata mexicana, o por ejemplo se amenaza a los "desagradecidos" iraquíes con tener que pagar por los soldados que invadieron su país y por las bases militares estadounidenses que supervisan su ocupación. 

 

Muchas veces no nos damos cuenta, pero vivimos en un mundo cruel y absolutamente racista. Los argumentos racistas, xenófobos y supremacistas marcan una gran parte de las decisiones que adoptan las grandes potencias occidentales. La justificación colonial, por tanto, es una de las más viejas de la historia. Hoy día, la "carga del hombre blanco" apuntala los proyectos de "intervención humanitaria" o la interminable "guerra contra el terrorismo", y vuelve a ser la bandera para los grupos neofascistas que surgen por doquier. Y aún continúan sin recuperarse y repararse siglos de interferencia y de desprecio colonial (robo de recursos, deuda ecológica, imposición de fronteras artificiales que avivan conflictos internos y tribales, derrocamiento de gobiernos democráticos y liberadores, destrucción de proyectos emancipadores, guerras ideológicas, apoyo a sangrientos dictadores, etc.). Los asentamientos israelíes en Palestina son un claro ejemplo de ello. E igualmente, los Estados en desarrollo (en Asia, África, América Latina...) también han tenido que luchar por prosperar en un mundo dominado por las grandes instituciones coloniales occidentales, ya sea la OTAN, el Banco Mundial, el FMI, la Organización Mundial del Comercio, incluso el Consejo de Seguridad de la propia ONU. Por no hablar de la terrible labor de los mal llamados Tratados de Libre Comercio. Y así, condenados al fracaso por las mismas reglas amañadas para garantizar que únicamente prosperen las potencias occidentales, los Estados en desarrollo se encuentran con que sus políticas disfuncionales o autoritarias se vuelven en su contra, y se utilizan para justificar constantemente las invasiones, el saqueo y el control de sus recursos por parte de Occidente. 

 

3.- El odio hacia los árabes. Dijera lo que dijera el sionismo, Israel no fue un antídoto para este ideología de la "carga del hombre blanco", sino que fue una extensión de ella. Ahí radica precisamente la paradoja. Y aunque gran parte de Europa ha sido profundamente racista respecto a los judíos (véase el holocausto nazi), generalmente se consideraba a los judíos de Europa superiores en la jerarquía racial a los negros, morenos o amarillos. Históricamente, las personas antisemitas despreciaban y temían a los judíos no porque fueran consideradas inferiores, atrasadas o primitivas, sino porque eran consideradas demasiado inteligentes, manipuladoras, reservadas e indignas de confianza. El movimiento sionista trató de explotar este racismo. Sus fundadores, judíos europeos blancos, recalcaron a los potenciales patrocinadores que ellos podían contribuir a colonizar Oriente Próximo en beneficio de las potencias europeas. Después de que se proclamara la Declaración Balfour, el gobierno británico encargó a la Oficina Colonial dar forma a un "hogar" judío en Palestina. El desprecio de Israel hacia los árabes llega incluso a afectar a los propios judíos originarios de los Estados árabes vecinos (llamados "mizrahim") que acudieron a Israel tras su creación. Los judíos ashkenazi (europeos) que fundaron Israel no tuvieron interés alguno en estos judíos, hasta que los campos de exterminio nazis acabaron con la inmensa mayoría de los judíos europeos. Entonces se necesitó a los mizrahim para reforzar la proporción de judíos frente a la de palestinos. El padre fundador [de Israel] David Ben Gurion despreciaba a los mizrahim, a los que calificaba de "polvo humano". Hasta en el seno del ejército israelí se produjeron encendidos debates acerca de si se podía "domesticar" suficientemente la naturaleza salvaje de los supuestamente inferiores y atrasados judíos árabes para que sirvieran de forma eficaz como soldados. De hecho, Israel emprendió una agresiva campaña para desarabizar a los hijos de estos judíos, con tanto éxito que a pesar de que hoy los mizrahim constituyen la mitad de la población judía de Israel, menos del 1% de los judíos israelíes son capaces de leer un libro en árabe, y hasta los que cantan "Muerte a los árabes" no se dan cuenta de que sus propios abuelos fueron árabes, en el estricto y completo sentido del término. Continuaremos en siguientes entregas.

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