Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Parece que fue ayer, y ya han transcurrido 30 años desde la emisión de esta mítica serie de la televisión...parece que fue ayer cuando conocíamos por primera vez a ese peculiar grupo de chicos y chicas, a esa extraña y enigmática pintora, y a ese entrañable pescador, al que todo el mundo llamaba "Chanquete", sin saber que al final de la serie lloraríamos su muerte. Efectivamente, se cumplen 30 años de la emisión de la mejor serie de la televisión, al menos en mi opinión, y me consta que en opinión de miles de personas de mi generación, aunque el que os escribe ya tenía 18 años cuando apareció en pantalla por primera vez tan singular grupo veraniego.
Una serie que además hizo famoso a nuestro bello y querido pueblo de Nerja, y que tuvo mil reposiciones en la televisión pública, y que ojalá las siga teniendo, no sólo para que las futuras generaciones puedan seguir disfrutando y aprendiendo con ella, sino también como homenaje a su alma mater, a su creador y director, a ese genio de Antonio Mercero, que hoy en día padece esa extraña y despiadada enfermedad del Alzheimer. Muchas gracias, Antonio, muchas gracias por regalarnos tan completa, divertida, humana y sencilla historia de personajes de la vida real, de nuestra vida, que rezumaban cariño, humanidad, realidad. Si me preguntaran por la serie de mi vida, la que marca mi vida, la que con más cariño recuerdo, la que vuelvo a recordar de vez en cuando en la época estival, ésa sería sin duda Verano Azul.
Un verano donde se encontraban, como decíamos, un peculiar grupo de chavales que habían llegado con sus padres a veranear a un pequeño pueblo de la costa malagueña, Nerja, y que se encontrarían allí y entablarían amistad con una bella y solitaria pintora, de vacaciones en el pueblo por motivos de terapia (después de la pérdida de su marido y de su hija), y con un viejo pescador jubilado muy querido en el pueblo, al que llamaban "Chanquete". Y a partir de ahí, cada episodio de la serie es un gran canto a la vida, a la libertad, a la amistad, al amor, a la comprensión, y también un fiel escaparate reflejo de los problemas generacionales y de la actual sociedad. Como digo, un genial cóctel magníficamente conducido por Antonio Mercero, que nos hacía disfrutar cada vez que aparecían en escena Tito y Piraña con sus travesuras, Bea y Desi con sus sueños y problemas, o Javi, Quique y Pancho con su despertar a la pubertad, a la rebeldía de la juventud, a sus conflictos con los padres. Y entre todos ellos Julia, esa pintora paciente, generosa, comprensiva, capaz de explicar, de poner paz en el grupo, de escuchar a todos y de ser un referente de complicidad entre niños y adultos. Gracias también a ti, María Garralón.
Definitivamente, la sería no tiene desperdicio. Nos muestra y enseña los valores de la vida y de la muerte, de la amistad, de los problemas típicos de padres e hijos, de la separación de los cónyuges, de la hipocresía de la sociedad, de la rivalidad y del cariño de un grupo de personas que, a pesar de constituir un grupo tan diverso, les unían lazos tan tremendamente fuertes que no podían romper. Y no quiero terminar sin hacer mención especial a este "Chanquete", a ese genial Antonio Ferrandis, a ese veterano actor que reconocería haber tenido en ese viejo pescador el auténtico papel de su vida, aquél por el que sería siempre recordado, incluso mucho después de su muerte. Creo que puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que la muerte de Chanquete ha sido la más sentida y llorada de toda la historia de la televisión en España. Gracias, Chanquete, gracias por ser icono de la comprensión, de la amistad, de la generosidad, gracias por alegrarnos la vida. Y gracias de nuevo, Antonio Mercero, por hacernos disfrutar con muchos veranos azules.