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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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¿Aquí no haría falta una revolución? (III)

Retomamos después de algunas semanas esta serie de artículos, donde como recordarán los lectores, estamos intentando sobre todo despertar la concienciación social para la adopción de una actitud de rebeldía, de insumisión firme y ordenada de toda la sociedad civil, como única salida para destruir los actuales planteamientos políticos que nos llevan al desastre, y encontrar entre todos una salida social a la crisis. En las dos entregas anteriores, habíamos hecho sobre todo una enumeración de síntomas para el diagnóstico final, a todo lo cual hay que añadirle síntomas que entran en vigor en este mes, tales como la subida del IVA o la nueva reforma sanitaria, que excluye cientos de medicamentos de la cobertura de la Seguridad Social, o deja sin asistencia sanitaria a los inmigrantes irregulares. Más recesión, más paro, más empobrecimiento, más desilusión.

 

revolucion7.jpgA estas alturas, está claro que hace falta una revolución. Pero cuando usamos esta palabra, no estamos queriendo decir en modo alguno que tenga que haber violencia, derramamiento de sangre, no se trata de esto; se trata de llamar a la lucha sostenida, a la movilización continuada, a la rebeldía constante y a la insumisión permanente, hasta forzar que el estado actual de las cosas cambien definitivamente. Se trata de una revolución ciudadana pacífica, pero que sea lo suficientemente contundente como para poder derrocar al actual Gobierno, y sentar las bases no sólo de un nuevo Gobierno, sino de un sistema diferente, asentado sobre bases y garantías diferentes. Tiene que quedar claro que no queremos este mundo, esta sociedad, que no nos gusta, y que vamos a cambiarla. Da igual lo que nos digan desde las atalayas del miedo, no nos van a convencer, porque tenemos nuestras razones, nuestros argumentos y nuestras alternativas.

 

revolucion8.jpgPero para esto, como decimos, hace falta una revolución. Llegados a este punto, tenemos que tener claro que hay cosas que no se arreglan si no se desarreglan antes del todo. No valen a estas alturas paños calientes, o pequeños parches para intentar arreglar tal o cual aspecto parcial de la situación que vivimos. Y esto tiene que plasmarse en dos grandes procesos, un primer proceso destituyente (liquidar lo que tenemos), seguido de otro segundo proceso constituyente (volver a crear lo que queremos). Evidentemente, no es una tarea fácil. Necesitamos en primer lugar la convergencia de todas las fuerzas y movimientos políticos y sociales que se consideren de izquierdas, en todas sus variantes (ecologistas, feministas, de la lucha sindical, del movimiento 15-M, etc.), actuando bajo un único denominador común: la transformación de nuestra sociedad hasta alcanzar unos niveles mínimos de protección social, de empleo, de redistribución de la riqueza y de justicia social. A partir de ahí se puede seguir evolucionando, pero estos son los objetivos de partida.

 

revolucion9.jpgNi siquiera planteamos (de entrada) la salida del euro, aunque me consta que muchos de nosotros estamos absolutamente convencidos de que es una cuestión de tiempo, porque es imposible la consecución y el mantenimiento de los objetivos antes expresados con la pertenencia a esta Unión Europea del Capital. Básicamente (podremos ir desarrollándolo mejor en siguientes artículos de esta serie) el proceso de destitución y ruptura con el régimen vigente incluiría la dimisión del Gobierno en pleno, la disolución de las Cortes y de la Jefatura del Estado. La abolición de la actual Constitución, por carecer ya de legitimidad política y social, sobre todo después de las últimas modificaciones del verano de 2011, pactadas por los grupos mayoritarios PP y PSOE. Continuaría a todo ello un proceso de transición hacia el nuevo modelo político y social que deseamos, controlado y gobernado en todo momento por el pueblo, y cuyos grandes hitos podrían ser la derogación de todas los Decretos-Leyes que se han aprobado para, con la excusa de la crisis, imponer recortes en todos los ámbitos de la vida económica y laboral de nuestro país.

 

revolucion10.jpgTodo ello acompañado con medidas de emergencia, tales como la paralización inmediata de todos los deshaucios, la puesta en alquiler social de todas las viviendas del parque inmobiliario perteneciente a las entidades financieras, y la concesión de una renta básica de inclusión social para todas las personas y familias que se encontraran sin trabajo. Asímismo, la paralización del pago de la deuda pública, hasta no completar una auditoría que delimitara qué parte de la misma es ilegítima, para decretar su quite, y proceder a una moratoria del pago del resto de la deuda. Y por supuesto, el procesamiento judicial de todos los culpables de esta gran crisis-estafa (banqueros, políticos, empresarios), que con sus malas prácticas han contribuido a llevarnos a esta situación. Finalmente, la creación de planes de empleo público, sobre todo de tipo sostenibles, y que vayan encaminados a dar de nuevo robustez a nuestro Estado del Bienestar, para ir recuperando no sólo la fuerza del trabajo, y por tanto la fuerza de la clase trabajadora sobre la clase empresarial (muy debilitada últimamente por la última reforma laboral), sino también para recuperar la dignidad y la ilusión de todas las personas cuyas vidas la crisis ha ido apagando.

 

El reparto de todo el trabajo existente, unido también a la nacionalización de las Cajas de Ahorros para formar un Sistema de Banca Pública, y a la nacionalización de todas las grandes empresas de sectores estratégicos (energía, alimentación, comunicaciones, etc.), contribuirán también a recuperar un sector público muy dañado y empobrecido por la invasión de capital privado en dichos sectores, unido a la destrucción de empleo público que se ha estado practicando. Con todas estas medidas de transición, podríamos ir recuperando todo lo perdido durante estos últimos años de gobiernos neoliberales, y estar preparados para un proceso constituyente final, mediante el cual, el pueblo, como actor soberano, y siempre bajo mecanismos que garanticen la democracia participativa, podrá elegir el sistema político que desee. Pero todo esto lo iremos tratanto con más calma en sucesivos artículos de esta serie. Os emplazo a ellos. Estamos en el camino. No les dejemos avanzar más, pues cuanto más avancen, más trabajo nos costará regresar a la senda correcta, que no es otra que la de la soberanía popular, la justicia social, la equidad, la paz, la libertad.

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