Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Decididamente, estamos en el camino. Las iniciativas que mezclan las huelgas clásicas de trabajadores/as con las huelgas ciudadanas ya se han comenzado a producir (como las del pasado 14-N), y se comienzan a dar algunos casos de lo que pudiéramos llamar desobediencia civil. Esto es muy interesante, ya que parte de actos de rebeldía concretos de sectores concretos de la sociedad ante hechos concretos, y me estoy refiriendo a los casos que se están dando en los colectivos de la Policía, de los Jueces, incluso del gremio de cerrajeros, ante la escalada de deshaucios que se están practicando. El camino de la desobediencia civil es muy potente, y por esa senda debemos continuar. Algunos alcaldes de ciertas localidades, incluso grandes ciudades, han tenido también sus gestos positivos.
Pero volvamos al gran Proceso Constituyente que hay que organizar, forzado por esta revolución popular que estamos demandando, y que se forja como el gran instrumento aglutinador de la toda la acción política ciudadana para cambiar el sistema. Dicha revolución pacífica lo que hace es plantar cara al actual sistema, formando una especie de contrapoder ciudadano que se enfrente al verdadero poder establecido, que no es otro que el poder del gran Capital. Los actuales gobernantes sólo son títeres de dicho poder, pero ellos son los que gobiernan en la sombra. Por ello es necesario derrocar este régimen y sus carencias, mediante la ruptura con el modelo que se quiere imponer, y con las fuerzas políticas y económicas que lo propugnan.
Un nuevo contrapoder basado y guiado por la propia ciudadanía, por los de abajo, que construya un modelo constitucional diferente, que pueda ejecutar las auténticas políticas que nos hagan salir de la crisis, desde la valentía de un poder de base que se enfrenta al poder establecido. El objetivo final está bien claro: garantizar una vida digna para todos, mediante un nuevo Estado Social, de Derecho y Participativo, y organizado políticamente como un Estado Federal Republicano. Sin Reyes, sin apoyo público a la Iglesia Católica (ni a ninguna otra), y respetando profundamente todas las libertades públicas, y los derechos políticos, sociales y laborales conquistados por la clase trabajadora, incluso ahondando y profundizando en ellos, hasta alcanzar un Estado del Bienestar completo y profundo, garante de dichas condiciones de vida dignas para toda la ciudadanía. ¿Nos parece ciencia-ficción? Pues todo ello puede conseguirse si nos lo proponemos, con voluntad, perseverancia y valentía. Con la unión y la fuerza de la clase trabajadora, que es la principal beneficiaria de este nuevo Proceso Constituyente.
No debemos parar hasta conseguir ese nuevo Estado Social, construido sobre un nuevo modelo económico y de desarrollo pensado para la inmensa mayoría, sostenible desde todos los puntos de vista (humano, social, productivo y medioambiental), en el que la justicia social, la equidad, el reparto de la riqueza, la eliminación de las desigualdades y la democracia participativa en todos sus niveles sean su razón de ser. Y todo ello guiado, patrocinado y protagonizado por el pueblo, desde el convencimiento de que el capitalismo es superable, de que podemos vencerlo, de que podemos derrotarlo, y construir otra sociedad más justa y más humana. Queremos vivir en una sociedad que reconozca y respete todos los Derechos Humanos, civiles y políticos, y también sociales y económicos, objetivos y subjetivos, individuales y colectivos, incluídos los derechos de los pueblos a su autodeterminación.
Pero para alcanzar ese nivel, es imprescindible romper con el modelo actual, romper completamente con nuestra realidad política y social, con un bipartidismo que sustenta al actual modelo, y que apoya las ideas del neoliberalismo dominante, haciéndonos creer continuamente que no existen alternativas. Es imprescindible desarmar al poder financiero, desmontarlo, tener más fuerza que él, y poder demostrarlo si hace falta, impidiendo que continúe guiando los destinos de nuestro país, impidiendo que continúe siendo el poder dominante capaz de acabar con la soberanía nacional, popular y ciudadana. Tenemos que desmontar sus argumentos, y tenemos que conseguir que funcione con reglas éticas y de justicia social. Para ello sólo cabe una salida: la construcción de un sistema de Banca Pública que garantice la inversión eficaz en nuestro modelo productivo, la inversión en la economía real, poniendo las finanzas al servicio de las personas. Tenemos que conseguir rescatar la soberanía frente a la intervención de las oligarquías, tecnocracias y plutocracias que actúan bajo la coartada de la Unión Europea.
Rescatemos dicha soberanía, entendida como el ejercicio real del poder por medio de la mayoría social, y la defensa de los intereses y derechos colectivos de los habitantes de todo el Estado. No se defiende un pueblo sin defender su población, sus habitantes, sus personas. Nuestros Gobiernos actuales hace mucho tiempo que se olvidaron de las personas, y tenemos que recuperar esa orientación. Necesitamos el Proceso Constituyente ante la imposibilidad de continuar por la senda actual, de degradación de lo público, de acoso y derribo a la clase trabajadora, de involución democrática y de negación de los derechos sociales y laborales. Lo necesitamos para contrarrestar el desmantelamiento del Estado Social, y hacer realidad un nuevo escenario, un nuevo panorama que devenga en una sociedad pensada para todos.
Lo llevamos arrastrando desde la Transición, donde se nos vendió un proceso modélico, pero donde en realidad se perpetró una correlación de fuerzas donde se daba preponderancia a los valores y sectores que habían dominado la vida política y social hasta entonces. Y llegado este momento, o en España abrimos este nuevo Proceso Constituyente, o el capitalismo en su fase actual nos conduce a la barbarie. Hemos de comenzar a construir la nueva arquitectura política que haga posible los cambios económicos y sociales que necesitamos, ya que con el orden actual no es posible. Y es imprescindible concretar, desarrollar y difundir estas propuestas, para sumar apoyos a este proceso, convirtiéndolo en la propuesta de la mayoría. Sólo así tendremos fuerza para poder llevarlo a cabo. Insto a todos mis lectores a esta tarea. Tomando el símil del ajedrez, sólo somos peones, pero el peón muchas veces es la pieza con más fuerza. Continuaremos en siguientes entregas.