Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Podemos decir que Mariano Rajoy no defraudó. Dijo lo que se esperaba de él. Es más, yo creo que este señor ya ha tocado techo, y no sabe ni puede decir más. Ésta es toda la política que sabe hacer, y las que dio en la entrevista a la que nos referimos son todas las explicaciones que sabe dar. No hay más. No podemos pedirle peras al olmo. Me causa tristeza, impotencia, estupor, indignación y desesperanza comprobar cómo un señor con estas limitaciones es Presidente del Gobierno de mi país. Un tremendo sentimiento de desasosiego me recorre el cuerpo al pensar que los destinos de mi nación están dirigidos por este personaje. Sus palabras, sus gestos, lo que dice y lo que no dice, y también cómo lo dice, forman un todo incompatible para lo que se merecen nuestros pueblos.
El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue entrevistado el lunes en la primera cadena de la televisión pública. Ésta televisión pública que ya ha efectuado algunos reajustes en sus programas y sobre todo en su personal desde la llegada al Gobierno del PP. De entrada, y como era lógico, en vez del formato abierto que por ejemplo tenía el programa "Tengo una pregunta para usted", el formato de la entrevista era cerrado, sólo preguntas de unos cuantos periodistas, y respuestas del presidente. Los medios invitados, como también era de esperar, eran los típicos medios que representan al pensamiento dominante, tales como El País, El Mundo, La Vanguardia, ABC, y La Razón. Con estos ingredientes, ya sabíamos un poco de antemano la dinámica y lo que iba a dar de sí la entrevista.
La entrevista en sí, como decimos en el título, estuvo completamente vacía de contenido. Ni una sola idea, ni un sólo argumento, ni un solo dato, ni una sola previsión, ni un solo compromiso, que pudiera transmitir alguna pequeña dosis de tranquilidad o de esperanza en tantas personas que lo están pasando muy mal. Por supuesto, tampoco hubo nada de autocrítica. Y todo ello ayudado, como decíamos más arriba, por la complicidad de unos periodistas que le pusieron un guión muy cómodo. Los temas económicos, como no podía ser de otra manera, coparon la mayor parte del tiempo de la entrevista. De hecho, no hubo preguntas ni respuestas sobre prácticamente ningún otro tema, salvo los de pura actualidad, y muy de pasada (Elecciones gallegas y vascas, libertad del preso etarra Bolinaga, etc.).
Y en el gran grueso económico, Rajoy se limitó a explicar un montón de veces, como si fuéramos alumnos de infantil, el falaz argumento de la necesidad de equilibrar nuestras cuentas, y de cumplir con los compromisos de reducción del déficit público. No había más. Toda respuesta se basaba en esa perogrullada de argumento, y dicho argumento servía para justificarlo todo. Triste y deprimente Gobierno el que tenemos, que basa toda su política en el principio de que "no se puede gastar lo que no se tiene", y bajo este dogmático principio se escuda toda una política que sirve para destruir la vida de las personas. Porque, señor Rajoy, no se trata de que "las medidas puedan no gustar a muchas personas", como usted literalmente afirma, sino en que dichas medidas están acabando con derechos, garantías y libertades de las personas y de los trabajadores que han sido conquistados durante siglos.
Lo que no se puede es coger ese principio, que está muy bien aisladamente considerado, y utilizarlo como apisonadora para destruir nuestra sociedad, para destruir los pilares con los que hemos estado funcionando durante décadas de equilibrio y prosperidad, para destruir derechos sociales y laborales de los trabajadores, y para sumir al país en el mayor caos económico y social desde la época de la Transición. Señor Rajoy, no se puede ser más papista que el Papa. Y su Gobierno pretende serlo. Pretende llevar la bandera de la austeridad de forma más exigente que nadie, de forma completamente rígida, y en aras a esos compromisos, conducir al país al precipicio económico, al hundimiento social. De esto no se puede hacer una lectura, como usted hace, de que las medidas no gusten, porque lo cierto es que las medidas son un completo suicidio para el país. O se renuncia a estas medidas, o lo pagaremos todos muy caro.