Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
En el anterior artículo, primero de esta serie, ya planteamos los fundamentos para la migración hacia un Estado Federal (de corte republicano, aunque aquí no abordaremos la cuestión de la III República), desde el actual Estado de las Autonomías. Pero antes de seguir avanzando, quiero hacer otra observación sobre el mismo: en realidad, en España nunca nos hemos creído nuestro Estado de las Autonomías (salvo desde la auténtica izquierda, claro está). Las fuerzas políticas bipartidistas que nos han gobernado siempre durante todo este período "democrático" no han creído nunca de verdad en la potencialidad y en la evolución de este país organizado en las 17 Comunidades Autónomas. De hecho, le han dedicado expresiones despectivas, tales como ese "café para todos" al que comúnmente se refieren. Digo esto porque en realidad, y bajo el sospechoso pretexto de la "igualdad entre los españoles", no han llevado muy bien precisamente esa "autonomía" que algunas Comunidades han querido reclamar en algunos aspectos relativos a su autogobierno.
Y claro, a partir de ahí, las fuerzas más reaccionarias de la derecha, y más ahora bajo la perfecta excusa de la crisis, han salido a decir que nuestro Estado de las Autonomías es insostenible, porque no podemos permitirnos el lujo de tener 17 mini-estados, con todas las Instituciones repetidas. La verdad es que se trata de una nueva trampa demagógica e ideológica que nos ponen, a ver si caemos en ella. Y bajo el pretexto del necesario ahorro económico, algunas Comunidades del PP han comenzado a plantear incluso la posible devolución de competencias al Gobierno Central, como si nuestro Estado de las Autonomías (pues las Comunidades también son Estado) fuese algo de quita y pon, algo que se puede montar y desmontar al antojo de las fuerzas políticas. Demuestran con todo ello, como venimos diciendo, que nunca se han creído de verdad nuestro modelo de descentalización política y administrativa planteado bajo la forma de las Comunidades Autonómas. De ahí la necesidad de migrar hacia el Estado Federal, que garantiza plenas competencias y autonomía de cada pueblo federado, dentro del contexto mínimo planteado por el conjunto.
Bien, la discusión de lo que podría ser el planteamiento de un Estado Federal ha de partir de la base, al menos para nosotros, de la conciencia de algunos conceptos previos, tales como la solidaridad, la autodeterminación, el municipalismo y el propio federalismo. Y por ende, una vez claros dichos conceptos en su necesaria proyección, el esbozo de lo que para nosotros debería ser el proyecto político de Estado Federal, y posteriormente, las posibles formas de financiación que, a grosso modo, debería tener dicho modelo organizativo para el Estado Español. Vamos a los conceptos previos, comenzando por la solidaridad. Nosotros entendemos la solidaridad en sentido universal y desde la perspectiva de la lucha de clases. Desde la izquierda, deslegitimamos la desigualdad, que entendemos que hay que erradicar, pues es una aberración humana dirigida por las clases dominantes hacia las clases explotadas, perpetuando su poder en el tiempo bajo el pretexto de la legitimación de dicha desigualdad. Y es precisamente la solidaridad entre todos los explotados, oprimidos y agraviados socialmente por la acción de los más poderosos, la columna vertebral de todos los movimientos emancipatorios. Por tanto, la solidaridad, entendida bajo este prisma, es un puntal básico para el Modelo Federal, concebido bajo la libre unión de los pueblos que forman la Federación.
Otro gran concepto a respetar es el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos, concepto llevado a la palestra últimamente por la Comunidad Autónoma catalana, expresado también por ellos como el "derecho a decidir" su futuro, de forma libre y democrática, y que tanto pánico les da a las fuerzas políticas del bipartidismo. Bien, los comunistas (así como los auténticos socialistas, no este PSOE de pacotilla que tenemos) somos demócratas radicales, hasta sus últimas consecuencias. Es decir, estamos por el libre ejercicio de la autodeterminación de todos los ciudadanos/as en todos los ámbitos de la vida pública y privada. Pero la historia nos enseña que la autodeterminación sin contenidos humanistas y sociales, sin cotidianidad, sin trabajo, sin derechos humanos, políticos, laborales y sociales y sin cultura, siempre degenera en una democracia abstracta, vacía y sin sentido. Entendemos la autoderminación como el grado máximo de autogobierno, como la capacidad plena de gobernar y dirigir los destinos de un pueblo, el control continuado de los ciudadanos del máximo número de asuntos que afecten a sus vidas, ligando también con el concepto de democracia participativa. En este sentido, entendemos que el derecho a la independencia es un concepto reduccionista del derecho a la autodeterminación, pues no recoge nada de lo anterior.
Y hacemos aquí un inciso para denunciar que eso es lo que creemos que está pasando actualmente en Cataluña, donde las clases privilegiadas de estos territorios más ricos están apostando por esta versión simple y reduccionista del derecho a la autodeterminación, vinculándolo a la independencia. Para ellos, la libertad de no pertenecer al Estado Español significa la liberación de compromisos solidarios con los ciudadanos de otros territorios con menos recursos. Hoy, las fracciones de sus burguesías más vinculadas a la globalización ya no necesitan (o necesitan menos) la mediación del aparato del Estado Español para hacer valer sus intereses particulares en el resto del mundo, en la Unión Europea o en el mercado interior estatal. Craso error, así como monumental engaño a las clases más desfavorecidas. Extrapolándolo a nuestro continente, son estas tendencias las que están llevando a la ruina el proyecto de integración europea, al tiempo que permiten a las empresas maximizar sus beneficios, gracias a la reducción de sus compromisos sociales. Y el hecho de que se recurra a argumentos identitarios, culturales, históricos o lingüísticos para intentar legitimar estas políticas, no varía un ápice el equivocado planteamiento anterior.
Por tanto, desde la izquierda no debemos alentar ni sumarnos a aquéllas fuerzas políticas que plantean la autodeterminación en estos términos, ya que nuestra visión de este derecho es más ambiciosa, más justa y más integral. Desde una posición federalista y solidaria, no es concebible una noción de autodeterminación reducida al derecho a optar por la independencia. Frente a este esquema, nosotros vinculamos el derecho a la autodeterminación al ejercicio pleno, absoluto y continuado del autogobierno, así como de la democracia participativa. En resumidas cuentas, desde la izquierda alternativa y transformadora hemos de poner todo nuestro empeño en que el ejercicio del derecho a la autodeterminación se traduzca en la potenciación de la participación directa y continuada de los ciudadanos/as en los procesos de toma de decisiones sobre los pequeños y grandes asuntos que les afectan en su vida cotidiana, así como hacia una opción solidaria y no excluyente hacia la coexistencia voluntaria de culturas y lenguas diversas dentro de un Estado Federal, Republicano y Solidario. Para nosotros, esta sería la solución ideal y definitiva, socialmente emancipatoria del problema nacional. Aún así, no nos oponemos a que cualquier parte del Estado Federado quisiera ejercer su derecho a la independencia, exigiéndose en este caso amplias mayorías, y un proceso negociador con el resto del Estado Federado. Continuaremos en siguientes entregas.