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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Federalismo como Modelo Territorial y de Estado (XII)

Debemos ir concluyendo este asunto, una vez hemos expuesto nuestras propuestas de Estado Federal en todos los artículos anteriores de esta serie. No obstante, en esta recta final hemos de insistir, o volver a recalcar, unos cuantos puntos que a nuestro entender son completamente básicos. Es lo que haremos en estos artículos a modo de epílogo. En primer lugar, el reconocimiento de que el sólo hecho de cambiar el Modelo de Estado, su organización o su redistribución, no constituye panacea de nada ni para nada. No es un objetivo en sí mismo. En el fondo, sólo es una plataforma, mejor que la que tenemos ahora, quizá la mejor y más democrática de todas, para sustentar una convivencia pacífica entre todos los pueblos y naciones que integran el Estado Español. Pero como decimos, no es el reto mayor que tenemos, porque éste sin duda representa avanzar en la lucha por derrocar las actuales políticas económicas neoliberales, desde el convencimiento de que el Estado Federal solamente no puede corregir todos y cada uno de los procesos desequilibradores que el capitalismo va dejando tras de sí.

 

En segundo lugar, la constatación de que se quiera o no abordar el proceso federalizante dentro del marco de una nueva Constitución Federal (y bajo el auspicio de un nuevo Proceso Constituyente), es obvio que el modelo actual está agotado, y necesita un recambio que va a tener que producirse tarde o temprano. Ya no sólo por las presiones de los nacionalistas catalanes y vascos, cuyos planteamientos ya hemos discutido que no caben en nuestro Modelo Federal, sino porque vienen reclamándose desde hace mucho tiempo actualizaciones y modificaciones en el actual modelo de financiación autonómica, y también en el local. A todo ello va a contribuir también la nueva reforma de las Administraciones impuesta por el PP, que provoca aún más si cabe un hundimiento del modelo competencial, un vacío destinado a cubrirse abriendo la puerta a procesos privatizadores. Desde la izquierda, por supuesto, nos oponemos no sólo a los planteamientos de esta reforma, sino también a cualquier intento velado de recentralización del Estado, mediante posibles devoluciones de competencias de las Comunidades.

 

Se impone, pues, para poner un poco de orden en el caos administrativo y competencial, abordar aspectos que no se recogían (o se recogían de forma muy abstracta) en la actual Constitución, modernizando de verdad las Administraciones, haciendo desaparecer algunos entes, como las obsoletas Diputaciones Provinciales, reforzando  la capacidad, autonomía y financiación de los Ayuntamientos, y sobre todo, dotando a la ciudadanía de mayores procesos de democracia participativa, a través de la representación de organizaciones sociales y vecinales. El PSOE, bajo un claro ejercicio de oportunismo, propone a estas alturas una reforma parcial de la Constitución, cuando han tenido más de 30 años para hacerlo. El PP no quiere ni oir hablar del tema, y los nacionalismos ven como única salida los procesos de consulta popular y el reconocimiento del derecho de autodeterminación. Frente a todos estos planteamientos, desde la izquierda emergemos con nuestra propuesta de Estado Federal, Plurinacional, Republicano, Social, Democrático, Participativo y Solidario, como respuesta integral a todos los problemas de convivencia entre los territorios.

 

Llegados a este punto, por tanto, y con una profunda crisis institucional reforzada por los innumerables casos de corrupción abanderados por el bipartidismo, no caben atajos ni componendas, sino la derogación completa de la actual Constitución, y la creación de una nueva que consagre, entre otras muchas cosas, los postulados del Estado Federal. Muchos políticos, periodistas y ciudadanos en general, opinan que justo en la actual situación de profunda crisis sistémica que vivimos, no es el mejor momento para embarcarse en aventuras de este calibre, pero nosotros negamos la mayor, y pensamos que precisamente porque estamos inmersos en esta crisis de inmensa envergadura, hemos de abordar los grandes problemas que sufrimos, y cimentar las bases para un nuevo modelo de Estado y de sociedad.

 

La nueva Constitución Federal es, pues, completamente necesaria, pues deben cambiarse, con respecto a la actual Constitución, su Titulo Preliminar (para reconocer el carácter plurinacional del Estado y la voluntad de los territorios de unirse en un Pacto Federalizante), el Titulo III (para recoger todas las reformas necesarias en cuanto a niveles de estructura del Estado y competencias, creación del Senado Federal), Titulo VII (bases del sistema de financiación del sistema federal), Titulo VIII (marco competencial de los territorios federados y reforzamiento de los Ayuntamientos), Titulo IX (carácter federal del Tribunal Constitucional), Titulo X (modos que posibiliten las posibles y futuras reformas constitucionales), etc. Y por supuesto, la abolición de la Corona como máxima Institución representativa del Estado, así como su sustitución por una Presidencia de la República.

 

Y esta nueva Constitución Federal debería expresar el convencimiento en una idea principal para la constitución de la Federación: la potencialidad y fuerza que representa el hecho de que nuestros pueblos, los pueblos que constituyen esta unidad política llamada España, dueños de sus destinos pero unidos en su historia, se intengren voluntariamente y por decisión propia en un proyecto federal de convivencia política, porque sólo es fecunda la unión voluntaria. Precisamente por eso no podemos negarnos a recoger también el derecho a  la autodeterminación de los pueblos, porque no se puede obligar a ningún pueblo a que forme parte de una Federación indefinidamente. No obstante, nosotros no proponemos una asimilación con el sistema federal americano, alemán o suizo, sino nuestro propio sistema, adaptado a nuestra historia y nuestra idiosincrasia. Continuaremos en siguientes entregas.

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