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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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La familia como mal ejemplo económico

Quiero salir al paso y criticar, por ser totamente erróneo y otra de las falacias políticas que circulan muy frecuentemente, el símil empleado por muchos políticos (del PSOE y sobre todo del PP) que compara el funcionamiento del Estado con el de una familia, para inferir la lógica de ciertos comportamientos, y justificar así sus decisiones. AFIRMEMOS DE ENTRADA QUE ES UN SÍMIL COMPLETAMENTE INCORRECTO, pues el comportamiento del Estado para nada puede asimilarse al de una familia, aunque puedan existir algunos puntos de encuentro o de enfoques comunes.

 

Se propone típicamente como símil para justificar el comportamiento y las decisiones políticas que tienen que ver con la economía, supuestamente para que los ciudadanos entiendan que tales decisiones son lógicas, igual que lo serían en un ámbito familiar, parangonando ambos ámbitos e intentando que sigan la misma lógica de planteamientos. No nos dejemos engañar. Podríamos aplicarlo a diferentes contextos políticos, pero últimamente lo emplean mucho para justificar sus decisiones de austeridad en el gasto público, y la necesidad por tanto de llevar a cabo medidas de recorte presupuestario que afecten a diferentes partidas del gasto social (piénsese por ejemplo en las medidas adoptadas recientemente por el nuevo gobierno autonómico de Castilla-La Mancha, con María Dolores de Cospedal al frente).

 

Pues bien, tenemos la susodicha y archiconocida frase de perogrullo político, que afirma lo siguiente: "igual que una familia, el Estado no puede gastar más de lo que ingresa". Parece ser que con esta frase llegan a todo el mundo, que acaba entendiendo estas decisiones completamente justas y necesarias, y de todo punto lógicas. Pero como decíamos, es un mal ejemplo, pues resulta que ni el Estado funciona (ni puede funcionar) como una familia, ni (incluso) la familia de la que hablan es la verdadera. El Estado no funciona como una familia, simplemente porque para el Estado debe primar el interés general y público. La familia es una entidad privada por naturaleza, donde guía instintivamente el interés de protección común de sus miembros.

 

El Estado en cambio debe velar por todo el mundo que lo puebla, debe proteger los intereses de lo público frente a lo privado, es decir, debe velar por los intereses de toda la ciudadanía. Por ejemplo, y extrapolando el comportamiento a otro asunto, pero para que se entienda, en una familia donde asesinaran a uno de sus miembros, estaría "comprendido" el afán de venganza, pero no para el Estado, que ha de guiarse obligatoria y estrictamente por unas leyes que rigen su comportamiento, y velar por la justicia social y el interés general.

 

Luego por tanto, y siguiendo con el ámbito económico, efectivamente una familia recortaría gastos innecesarios o menos importantes, pero el Estado debe hacer justamente lo contrario: endeudarse e inyectar dinero público en la economía real, porque además la iniciativa privada no va a hacerlo nunca, y menos en tiempos de crisis. Entramos en un círculo vicioso (justamente donde nos encontramos ahora) en el cual la economía y el empleo no se recuperan porque todo funciona como una cadena de interdependencias, las empresas no invierten (porque creen que sus productos no se venderán), así que no contratan a empleados, que a su vez no consumen, y esto a su vez lleva a la quiebra a otras empresas, etc.

 

Pero es que el engaño llega a más, pues como antes hemos referido, la familia del clásico ejemplo no es la que ellos nos cuentan, refiriéndose a la actual situación económica, sino que es muy diferente. Voy a recoger el símil que se encuentra en el díptico publicado en la página de IU, que ejemplifica lo siguiente: "En la auténtica familia del cuento español hay un hermano con enormes deudas de juego y que derrocha el dinero (es nuestro capitalista financiero). Para pagar sus deudas y alimentar el tren de vida del hijo favorito, el padre y la madre (PP-PSOE) han decidido que otro de los hermanos abandone sus estudios, no avalar el crédito para que compre su piso otro hermano que trabaja con un salario bajo, y tampoco pedir otro crédito al banco para ayudar a la hija en paro, para que ésta pueda montar una peluquería". En fin, creo que los inteligentes lectores comprenderán y  asimilarán perfectamente la equiparación de dichos actores y de sus papeles con la situación socio-económica que estamos viviendo. Así que, por favor, que no nos pongan más el símil de la familia, porque no nos lo creemos.

 

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