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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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La felicidad como un destino: el falso concepto

Continuando con nuestros artículos de corte psicológico, pero de aplicación muy directa en nuestra vida real y cotidiana, voy a abordar aquí un tema que me parece de total vigencia, máxime cuando se aplica a muchos estilos de vida que llevamos actualmente. Tiene que ver de nuevo con la Felicidad, ese anhelado objetivo del ser humano por excelencia, algo que parece ser tan difícil y tan sencillo a la vez, algo que parece que nosotros mismos complicamos hasta la saciedad. Y lo vamos a ligar también a una de las máximas del Zen, de la Filosofía Oriental, en el sentido de proclamar que la Felicidad hay que buscarla más dentro que fuera, es decir, es un Estado más que un Destino, es una Actitud más que un Objetivo. Y que parafraseando a muchos otros autores que han abordado el tema, "saber vencerse a uno mismo es mucho más difícil que saber vencer a los demás".

 

felicidad1.jpgPues bien, hecha esta introducción, vamos a estructurar este artículo con los tres grandes trozos de la novela clásica, esto es, planteamiento, nudo, y desenlace, para intentar llegar al mensaje final, para que éste no solo se comprenda, sino que cada cual pueda proyectarlo a su propia vida, pueda interiorizarlo y aplicárselo a sí mismo, puesto que son situaciones, como decíamos al comienzo, bastante frecuentes en nuestra vida cotidiana. En el planteamiento partiremos de situaciones que nos parecen  perfectamente comunes, sentimientos, opiniones, que habremos escuchado a muchas personas muchas veces en nuestra vida. En el nudo, veremos los posibles problemas asociados a dichos planteamientos, para intentar hacer ver lo erróneo de dichos enfoques y opiniones. Por fin, en el desenlace, comprenderemos cuál es la actitud, la interpretación correcta que debemos hacer, para intentar sacar nuestra enseñanza, nuestra moraleja final:

 

1.- Planteamiento. La felicidad es el destino de nuestra vida, y como tal, la vemos como un gran reto futuro, un desafío para el que nos sentimos realmente preparados, física, intelectual y emocionalmente. Así que nuestra vida comienza, se va desarrollando, y a medida que esto ocurre, vamos sufriendo una serie de inconvenientes, problemas, etc., que nos hacen postergar este desafío de la felicidad, para corregir, arreglar, soslayar, solucionar, los problemas que van apareciendo. Por ejemplo, de niños pensamos que seremos más felices de adultos, cuando podamos dedicarnos a la profesión que nos gusta, cuando podamos ser médicos, abogados, directores de cine, etc., y en el Instituto pensamos que nuestra felicidad será plena cuando podamos estudiar nuestra carrera preferida en la Universidad. Cuando lo conseguimos, pensamos que seremos muy felices cuando por fin acabemos los estudios, y podamos trabajar en lo que nos gusta. Ya somos titulados universitarios (o profesionales de cualquier cosa), pero nuestra felicidad no llega porque no tenemos trabajo, por tanto pensamos que cuán felices seríamos si tuviéramos un empleo, por realizarnos y poder llevar a cabo nuestros proyectos.

 

2.- Nudo. Nuestra vida adulta se complica, por fin conseguimos empleo, y después de varias relaciones sentimentales y/o de pareja más o menos estables, decidimos ser padres, y nos convencemos a nosotros mismos de que nuestra vida será mejor después de tener un hijo (muchas parejas equivocadamente esconden sus problemas o los intentan enmascarar con el advenimiento de un hijo), y después pensamos que no seremos felices hasta que no le demos a nuestro hijo/a un hermanito/a por lo menos. Entonces nos sentimos frustrados porque los hijos no son lo suficientemente grandes, y nos convencemos de que cuando sean mayores nuestros problemas desaparecerán. Cuando se hacen adolescentes vienen nuestros problemas porque son difíciles de tratar, y creemos que seremos más felices cuando salgan de esta etapa. Si además nos separamos o divorciamos de nuestra pareja, vamos larvando un sentimiento interior de resentimiento, de experiencia negativa, de filtro y selección sobre posibles parejas futuras que podamos tener, como pensando que disponemos de la veteranía suficiente como para ser felices sólo con unos raseros muy altos, y que como no lo vamos a encontrar, mejor renunciar a ello. Seguimos con problemas, y además los vamos centrando en aspectos materiales, y pensamos que seremos más felices cuando podamos comprarnos un mejor coche, una mejor casa, o cuando podamos permitirnos esas vacaciones soñadas. El caso es que a medida que vamos consiguiendo esas cosas, sin darnos cuenta nos proponemos nuevos objetivos, y vamos postergando el gran objetivo, esa consecución de la felicidad, que parece ser que nunca llega.

 

felicidad2.jpg3.- Desenlace. Tenemos que negar la mayor. La felicidad no es el gran objetivo alcanzable. La felicidad ya está. La tenemos desde siempre. La hemos tenido desde que nacimos. Simplemente no la vemos, porque nuestros equivocados intereses no nos dejan verla. Veamos con qué belleza se nos describe en el Zen: "Este dedo te está señalando el camino hacia la luna...Si tu atención se concentrara en el dedo, habrías perdido toda la gloria celestial". Creo que se puede comprender el mensaje perfectamente, pero adaptando dicho mensaje a una explicación menos críptica, diremos simplemente que no hay mejor momento para ser felices que ahora. Tu vida estará siempre llena de retos, por tanto es mejor aceptarlo y decidir ser felices de todas formas. De ahí que esto sea una actitud ante la vida. Interpretamos por largo tiempo que parece que la vida feliz está a punto de comenzar, pero siempre hay algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar, y si no fuera por eso, seríamos felices...craso error. Los propios obstáculos son la vida. Por tanto la felicidad no es un destino, no es un objetivo, es un estado, una actitud, la felicidad es el propio camino. LA FELICIDAD ES EL TRAYECTO. Es como si viajáramos permanentemente en un tren, un tren siempre en movimiento, un tren que no volverá a pasar nunca por donde está pasando ahora, por tanto no volveremos a disfrutar del mismo paisaje nunca más, nunca más volveremos a tener 20 años, ni seremos los mismos de entonces, ni volveremos a repetir las experiencias que tuvimos en aquélla relación, en aquél empleo, en aquél viaje, en aquélla casa, con aquéllos amigos...

 

Así que dejemos de esperar para ser felices a que terminemos la escuela, o a que regresemos a ella, o a que bajemos 10 kilos de peso, o a que seamos padres/madres, o a que nuestros hijos se vayan de casa, o a que nos casemos, o a que nos divorciemos, o a que llegue el viernes por la noche, o el domingo por la mañana, o a la próxima primavera...la felicidad está en esas pequeñas y grandes cosas que constituyen nuestra vida. Disfrutemos de ellas.

 

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