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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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La transmisión del pensamiento dominante (IX)

"Ayer y hoy, se trata de la jibarización del pensamiento crítico, que es también parte de la jibarización ideológica, del reduccionismo ideológico"

(Pascual Serrano)

 

 

 

 

 

 

Y de esta forma, las élites se oponen a los cambios sociales, porque se aprovecharon del orden existente, y de ninguna manera renunciarán voluntariamente a sus privilegios (aunque este mensaje es disfrazado con llamadas al "sentido común", a lo "razonable", al "equilibrio", a la "centralidad", etc.), pero tal vez lo más paradójico es que no son los únicos que se oponen a las transformaciones sociales. Existen factores psicológicos que hacen que tanto los gobernantes como los gobernados glorifiquen el modo de vida imperante, lo entiendan como el mejor de los sistemas posibles, y acepten con naturalidad los valores e ideas predominantes, incluidas la ética y la moral, haciendo suyos un conjunto de valores y de comportamientos sociales, aceptados en conjunto como la "normalidad". Erich Fromm lo expresó muy sugestivamente así: "Las clases medias en determinados momentos históricos asumen como propios los valores de la clase dirigente, la mayoría de las veces adoptan esta actitud en contra de sus propios intereses, y marchan hipnotizadas hacia el precipicio como si estuvieran siguiendo al Flautista de Hamelín". Puede comprobarse hoy día de forma palpable y fehaciente, donde después de la aplicación de una serie de medidas de recortes sociales que han empobrecido a la inmensa mayoría social, el partido gobernante continúa siendo la fuerza política más votada en numerosas encuestas preelectorales.

 

Se ha estudiado bastante por algunos pensadores el establecimiento de esos mecanismos por los cuales los gobernantes y aquéllos que detentan el poder, intentan condicionar las conductas de los pueblos, particularmente en aquéllos Estados "democráticos", donde esas maniobras deben permanecer en la oscuridad, para que el sistema no sea gravemente cuestionado. Decía Erich Fromm que el hombre "sólo hace lo que le prescribe la maquinaria burocrática, y cada vez piensa menos por sí mismo, siente menos por sí mismo, estructura menos por sí mismo. Todo lo que le preocupa surge de su egoísmo y responde a la pregunta: ¿Cómo puedo progresar? ¿Cómo puedo ganar más? o ¿Cómo puedo estar en mejores condiciones físicas? Pero no: ¿Qué es bueno para mí como hombre? ¿Qué es bueno para nosotros como polis?". Uno de los mayores logros de la Humanidad es el de la libertad religiosa y de opinión, no obstante, el hombre moderno se encuentra ante una situación por la cual cada uno de nosotros piensa y dice lo mismo que dicen y piensan los demás, al menos dentro de una misma sociedad. La uniformidad ideológica es aún mayor hoy día con la globalización, mecanismo de expansión transnacional del capitalismo que ha garantizado que sus parámetros y postulados sean entendidos hoy como la marca de nuestra civilización.

 

No adquirimos la capacidad de pensar de forma original, sino que existen autoridades anónimas y a veces invisibles que imponen sus condiciones, se las conoce bajo la común denominación de "opinión pública" o "sentido común", y estos poderes nos causan verdadero terror ante el riesgo de aparecer opinando de manera diferente a como lo hace "todo el mundo". La propaganda moderna no está direccionada hacia la razón sino hacia la emoción, juega el papel de sugestión hipnótica y procura influir emocionalmente sobre las personas para someterlas desde el punto de vista intelectual. La propaganda influye sobre el receptor por medio de la constante repetición de fórmulas (véanse los artículos anteriores de esta serie, donde hemos enunciado las técnicas psicosociales de manipulación más frecuentes), se utiliza la palabra de personas de prestigio o el cuerpo de una mujer hermosa, debilitando nuestra capacidad crítica, pero también se apela reiteradamente a los temores, como tener mal aliento, o hacer el ridículo ante muchas personas, o se recurre a la ilusión de estar ante una posibilidad de cambiar nuestra vida por el simple hecho de utilizar un determinado producto. Los métodos de manipulación, canalización y control del pensamiento crítico pueden llegar a ser peligrosos para el sistema democrático tal vez más que los ataques directos. Y de esta forma, muchos autores han demostrado el tremendo poder de la propaganda en el sistema capitalista, y han desvelado los mensajes ocultos que se encuentran tras la tierna sonrisa de un niño o la exultante alegría de un anciano.

 

Los métodos utilizados por la propaganda política no se diferencian mucho de aquéllos que se emplean únicamente para fines comerciales. Hoy día, el márketing lo invade todo, se aplica a multitud de campos, y los asesores de imagen y de comunicación entienden que prácticamente todos los procesos humanos de nuestra sociedad (capitalista) obedecen a los mismos parámetros, y se pueden controlar mediante las mismas técnicas. Desde ese punto de vista, tendrían mucho en común los mensajes para publicitar un detergente y los mensajes de una campaña electoral. La utilización constante de consignas vacías y las discusiones, muchas veces acaloradas, de cuestiones que están lejos de ser importantes para los votantes, inutilizan la capacidad crítica de estos últimos. El control que la sociedad ejerce sobre nosotros muchas veces resulta de difícil detección, pues estamos hablando de unos mensajes que responden también a unas conductas interiorizadas, y que determinan nuestro comportamiento de acuerdo a las normas éticas de consumo mayoritario. Pero todo ello no es fruto de un momento, ni siquiera de un período más o menos determinado, sino que se remonta en el tiempo desde nuestra más tierna infancia, ya que son producto de las enseñanzas familiares (la familia nos inculca prototipos y conductas desde pequeñitos), el sistema educativo y los medios de comunicación. Tal poder puede tener diversos nombres, provenir de varias fuentes, disfrazarse de múltiples formas, pero en cualquier caso expresa el control que la sociedad ejerce sobre los individuos, y la aplastante influencia del pensamiento dominante. Continuaremos en siguientes entregas.

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