Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La pasada semana nos sorprendía la noticia de la concesión, por parte del Parlamento Noruego, del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea. Y no es ninguna broma. Parece ser que deben tener un extraño concepto de la Paz, o bien será mejor pensar que median otros intereses en la concesión de este Premio. Si revisamos un poco la historia de este galardón, nos encontraremos con su otorgamiento en el pasado a ciertos personajes, como el Presidente Roosevelt o el Presidente Kissinger estadounidenses, que al menos fueron cuestionados merecedores del mismo. El ejemplo más reciente lo tenemos en el año 2009, cuando el Nobel de la Paz fue a parar al Presidente Obama, cuando llevaba muy poco tiempo en el cargo, y además no había realizado todavía (de hecho sigue sin haberlo realizado) ningún gesto para la consecución de la paz en ningún frente.
Según propias declaraciones del Comité Nobel del Parlamento Noruego, el galardón se concede a la UE "debido a sus más de seis décadas de contribución al avance de la paz, la reconciliación, la democracia y los Derechos Humanos en Europa". Pero como decíamos, han de tener un concepto algo distorsionado de la paz para otorgar este premio tan alegremente a entidades o instituciones como la propia Unión Europea. Porque efectivamente, y tal como se dice en el alegato de motivos, la UE ha sabido reconstruirse a sí misma desde la II Guerra Mundial, en un claro proceso de integración de los países del viejo continente, que nos ha conducido en varias fases, primero a la unión económica, y luego a la unión monetaria. Pero no es menos cierto que dichos procesos se han levantado, y siguen levantándose desde los dogmas neoliberales más fundamentalistas, que están llevando a la población europea a las más altas cotas de desempleo, pobreza y estallido social.
Así las cosas, debemos retomar el concepto de Paz, con mayúsculas, que al igual que el concepto de Salud, nos lleva a una concepción del término más abierta y completa, más generalista, más integral. Y por tanto, Paz no puede considerarse sólo como la ausencia de guerra, sino que es también la consecución de un bienestar, de un grado de calma y tranquilidad de la población, de un índice de desigualdad bajo, así como de un índice de felicidad alto. Todo esto nos lleva al concepto de Paz Social. Y no tenemos Paz Social en Europa. Sólo hay que mirar los casos de los países de la periferia europea, o del sur, para darse cuenta de la situación. En los mal llamados PIGS se dan diariamente concentraciones, manifestaciones, cargas policiales, huelgas, y todo un sinfín de conflictos sociales, con resultado de desórdenes públicos, heridos y detenidos. Las plazas principales de sus ciudades son espejo diario de su conflictividad, de su descontento social, espejo a su vez del maltrato a la población, de los ataques a la clase trabajadora, del desmontaje de derechos, del asalto al Estado del Bienestar, de la demolición de la democracia a los que esta Unión Europea nos conduce.
Esta es la Europa que tenemos, una Europa sometida a los mercados, títere de los poderes financieros. ¿Se queda aquí la cosa? Mucho nos tememos que no. Desgraciadamente, en su unión monetaria y económica, la UE se ha olvidado de la unión política, imprescindible para poder actuar en el mundo bajo una sola voz, y bajo una voz propia, inequívocamente europea, e inequívocamente independiente. Y no sólo no tenemos una Política Exterior y de Defensa Común (por mucho que Catherine Ashton sea la Alta Representante de dicho asunto en la UE), sino que en la inmensa mayoría de los problemas internacionales, seguimos estando al lado del imperialismo norteamericano, bajo la común bandera de la OTAN, participando y siendo cómplices necesarios con actuaciones tan bochornosas como las revoluciones árabes, la opresión del pueblo saharaui por parte de Marruecos, el apoyo al bloqueo comercial a Cuba, la participación en las guerras de Irak o Afganistán, o nuestra supuesta neutralidad en el conflicto entre Israel y Palestina.
Y como muy bien explica Olga Rodríguez en su artículo publicado en eldiario.es: "La Unión Europea fue aliada del Egipto de Hosni Mubarak, mantiene espléndidas relaciones con la monarquía absolutista de Arabia Saudí, o con el Estado de Israel, con quien firmó un acuerdo preferente en materia comercial". Y más adelante continúa: "El mejor indicador para medir el empeño por la paz es el relativo al mercado de armas. Y en eso la Unión Europea tampoco se queda atrás. Es, de hecho, una de las mayores exportadoras de armas del mundo. Francia, Alemania y Reino Unido ocupan los puestos tercero, cuarto y quinto en la clasificación mundial en cuanto al valor de sus exportaciones en armamento convencionales".
Y en estas condiciones y con este escenario, ¿tiene sentido la concesión del Premio Nobel de la Paz a la UE? ¿De verdad se merecen nuestras Instituciones y nuestros representantes dicho galardón? Pensamos que dicho premio queda con esta concesión (y con algunas anteriores) bastante desacreditado, y que queda bastante prostituido el testamento del magnate Alfred Nobel, en lo referente a las condiciones para la concesión de este premio. Porque efectivamente, nuestra Unión Europea ha hecho bien poco en favor de la fraternidad de las naciones, de la reducción de los ejércitos, o de la promoción de la paz. Éste y no otro es el auténtico sentido del premio. Así que mientras Europa siga contribuyendo al rearme mundial, a la venta de armas, a alimentar los diferentes conflictos bélicos, e insista en su política social, desmantelando los derechos básicos de los ciudadanos, de la mano de la ideología neoliberal, y continúe por su senda de recortes, de insolidaridad, de desaparición de lo público, de creciente cuestionamiento de la democracia, de miseria y de desigualdad, no será jamás un buen candidato para un reconocimiento de esta naturaleza, pues no hay ningún mérito para la Paz, sino todo lo contrario.