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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Las 6 revoluciones necesarias (II)

Establecido el sumario general en el artículo anterior, primero de esta serie, entraremos en materia comenzando por la revolución económica, la más urgente de todas, dada la actual situación de crisis del modelo económico, productivo y laboral que padecemos. Esta revolución debe plantearse como una alternativa global al capitalismo, ese feroz e insaciable capitalismo que nos invade, y que está llevando a la ruina social a países como Grecia, donde como muy bien decía hace pocos días Gaspar Llamazares, no se está rescatando al pueblo griego, sino que se está rescatando a los Bancos a costa del pueblo griego.

  

La crisis que estamos viviendo es una crisis global del sistema capitalista, al menos tan profunda y duradera como la crisis de 1929. Ese carácter global la hace aparecer como una crisis multifacética: económica, financiera, medioambiental, de materias primas, alimentaria, energética, y finalmente política, cultural e ideológica.

 

iu.jpgEl neoliberalismo ha sido un intento de superar la crisis del capitalismo, que se acentúa a partir de los años 70 y que genera crisis parciales sucesivas. Lo que ahora ocurre es que el neoliberalismo fracasa como modelo global y el capitalismo no tiene soluciones para salir de la situación.

 

Debemos afrontar la realidad de que la crisis económica que se ceba de forma más dura con la juventud y las mujeres provocando que su no incorporación al mercado laboral suponga además el consiguiente retorno a las labores domésticas, con la consecuencia de una involución sin precedentes hacia los viejos roles patriarcales.

 

La precariedad de los jóvenes en el mundo laboral se caracteriza por las mayores tasas de paro, la alta temporalidad y la fuerte rotación contractual, así como en el alargamiento y la flexibilización de las condiciones laborales. El objetivo está claro: generar una gran masa de trabajadores y trabajadoras precarios con bajos salarios y fracaso escolar.

  

Hoy hay en pugna un modelo de salida de la crisis: el que no busca una solución para el conjunto de la sociedad, sino para unos sectores sociales muy reducidos y poderosos; y la resistencia frente a la imposición de ese modelo por parte de amplios sectores ciudadanos.

 

Esa resistencia debe tener un objetivo consecuente: la superación del modelo social, político y cultural actual dominado por el neoliberalismo, y la creación de condiciones para acabar con el capitalismo. Esa resistencia ha de partir de que lo concreto es lo que beneficia o perjudica a una mayoría, no a un particular. Lo concreto es lo nuestro; lo individual es lo de ellos. La resistencia es alternativa. La resistencia es ofensiva. La resistencia es propuesta. La resistencia es revolución.

 

En cuanto a nuestras propuestas para una reforma fiscal (y control del déficit público), éstas no se basan tanto en establecer más o menos impuestos, sino en aplicar una mayor justicia fiscal. Y esto se resume básicamente en que todas las rentas tributen de la misma manera, ya sean éstas del capital o del trabajo, y que paguen más los que más tienen y los que más ganan. Lo concretaremos en las siguientes medidas:

 

1.- Elevación al 50% del tipo marginal para el tramo más alto del impuesto. Equivaldría a algo menos de 60.000 anuales de ingresos brutos de un contribuyente sin hijos a su cargo.

 

2.- Reducir en un 25% la cuota del IRPF de todos los contribuyentes con ingresos inferiores a 21.000 anuales. Esto afectaría a 12,5 millones de contribuyentes, un 65% del total.



3.- Tributación igual para las rentas del trabajo y las del capital.



4.- Derogar la legislación fiscal sobre las SICAV y situarlas en régimen de transparencia fiscal.



5.- Restaurar el Impuesto de Patrimonio como medida urgente y sustituirlo a medio plazo por una fiscalidad sobre las Grandes Fortunas y Patrimonios.



6.- Aumento de la contribución fiscal del beneficio de los bancos, las grandes empresas y las transacciones financieras.



7.- Limitar de manera rigurosa las subvenciones de las cotizaciones al empresariado.



8.- Impedir la práctica en fraude de ley consistente en despedir a los 11 meses de contrato para que sea el Estado el que abone las vacaciones.



9.- Introducir medidas de fiscalidad verde para gravar las actividades que perjudiquen el medio ambiente e incentivar las que tengan efectos favorables.



Nos oponemos a las salidas propuestas, como el Pacto del Euro o la reforma constitucional, que pretende limitar la acción de los Estados al imponer un límite en el déficit, con el que no estamos de acuerdo. En cualquier caso y de modo transitorio, apoyaremos las propuestas de aumentar el plazo para reducir el déficit al 3% al 2016.

 

Frente a una política que se dedica a consumir los ingresos públicos, jugando al fantasma del déficit y reduciendo gasto social, proponemos actuar en dos líneas: lucha contra el fraude fiscal y actuaciones sobre el déficit, que sí sirve para atender el gasto social y el gasto productivo, y que adquiere un valor social fundamental, cumpliendo una función necesaria en el marco de políticas económicas contracíclicas. Continuaremos en el siguiente artículo de la serie con las propuestas para una Banca Pública.

 

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