Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Seguimos avanzando en las propuestas enmarcadas en la que hemos llamado Revolución para la Paz, abundando en los temas sobre desarme internacional, una vez que ya hemos enunciado los grandes principios generales, y hemos tratado el tema de la OTAN y las Bases Militares estadounidenses. Pero con la abolición de las grandes Alianzas Militares y las bases norteamericanas no es suficiente para alcanzar la paz en el mundo.
Y es que la PAZ, así con mayúsculas, no se puede entender sin la presencia de una actitud pacífica, sin la eliminación de todos los medios y comportamientos que fomentan la guerra, sin un talante y una política que apueste siempre por la mediación y el arbitraje pacífico ante cualquier conflicto. En el pleno pensamiento pacifista no caben excepciones ni ambigüedades. Como en otros comportamientos que se manifiestan en una sociedad, es algo que hay que cultivar desde la base educativa, desde los fundamentos más primitivos de nuestra conducta. En definitiva, para conseguir la Paz hay que cultivar la Paz. Siempre se recoge lo que se siembra.
Y resulta que nos encontramos en la actualidad ante el nivel más alto de gasto en armamento de la historia. Y hay que decir que con tan sólo una reducción del 1% en el gasto militar se podría cubrir la financiación requerida para poder cumplir los tan ansiados Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Aquí pasa un poco lo mismo, salvando las distancias, que con las cumbres mundiales que abordan la problemática del cambio climático, donde los países podrían comprometerse de forma más exigente con el medio ambiente, pero sin embargo se limitan a mirarse el ombligo, y a darle preferencia a sus propias exigencias en cuanto a emisiones de gases, antes que a procurar que los objetivos de los acuerdos se cumplan. Y así nos va.
Por otro lado, el arsenal de armas de destrucción masiva sigue siendo una gran amenaza para toda la Humanidad, y la proliferación y el descontrol del comercio de armas convierte a los países industrializados en cómplices necesarios en la mayoría de los conflictos. La conclusión es que la guerra es un negocio rentable para la industria y la investigación armamentística.
Por todo ello, nuestras propuestas van en la línea de la organización de una Convención Internacional para el Desarme que concrete al menos los siguientes puntos:
1.- La prohibición y destrucción ecológica de todo el arsenal de armas de destrucción masiva ABQ (Atómicas, Biológicas, Químicas).
2.- La reducción drástica de todos los programas industriales y de Investigación y Desarrollo Armamentístico (I+D) hasta su eliminación total.
3.- La aplicación rigurosa del Código de Conducta en materia de Exportación de Armas.
4.- La prevención diplomática de todos los conflictos, con el compromiso explícito de renuncia al uso de la guerra para la solución de los mismos.
Además de todo ello y a un nivel más interno, desde la izquierda seguiremos trabajando por:
1.- El regreso de nuestras tropas de cualesquiera conflictos de carácter militar donde estén participando, pues muchas veces se esconden conflictos militares y guerras al más puro estilo bajo calificaciones más ligeras, tales como "ayuda humanitaria", o "reconstrucción de la sociedad civil".
2.- La reducción de nuestro presupuesto militar.
3.- Separar por completo la presencia militar en la vida civil y política.
4.- Dejar de considerar a la industria armamentística de interés estratégico, y disponer de acceso público a la información sobre el gasto militar.
5.- Reconversión completa de los programas militares para usos civiles, incluido el suelo que ocupan.