Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Continuando con la exposición de las tremendas desigualdades que genera la sociedad capitalista, consumista y de libre mercado, ya iniciada en el artículo anterior, queremos insistir en no ver las mismas, como muchas veces parece que se intenta visualizar, como algo natural, sino como un elemento desintegrador generado por el propio sistema. Las desigualdades sociales no son una desgracia natural, ni una catástrofe imprevisible, como un terremoto, una inundación o una mala cosecha. Tampoco son consecuencias colaterales, ni efectos indeseados, ni sacrificios necesarios, mensaje éste último muy utilizado por los actuales políticos que nos gobiernan. Repitámoslo una vez más: las desigualdades sociales son la norma de un capitalismo global y salvaje, algo consustancial con él.
¿Porqué ocurre esto? Porque el capitalismo va, poco a poco, anulando el papel equilibrador y socializador del Estado, va minando su capacidad de influencia, su peso y su poder. La obsesión capitalista es minimizar al máximo la capacidad de lo público, del Estado, maximizando el poder y la iniciativa privada. Por tanto, estas desigualdades ya existían, aunque la “crisis” las aceleró y profundizó: en 2008 la distancia entre ricos y pobres estaba en el nivel más alto de las últimas tres décadas. Con la embestida neoliberal la función de equilibrio y redistribución del Estado queda reducida a casi nada, y esto acelera el proceso de acumulación capitalista que determina que pocos tengan cada vez más, y el resto cada vez menos. “No es la crisis, es el sistema”.
Pero no nos quedemos en las palabras, comprobémoslo con hechos y con datos: durante la presente crisis, España ha entregado ya a la banca más de 250.000 millones de euros, de los que sólo se recuperarán 60.000 millones. Los Ejecutivos de Zapatero y Rajoy han provocado que el Estado pierda 199.000 millones de euros y todavía no se ha acabado la sangría, ya que se espera que se otorguen más ayudas en los próximos meses. Todo ello con un amplio rechazo social, ya que por ejemplo en nuestro país, más del 70% de la ciudadanía rechaza las privatizaciones, los recortes en derechos sociales y la ayuda a la banca. Tienen que tapar las pifias y los escándalos que se han producido en el marco financiero, debido a los productos tóxicos creados por la banca para obtener los máximos beneficios del ladrillo y las hipotecas.
Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) ha prestado más de un billón de euros a los bancos para ayudarles ante los agujeros que han provocado mediante la especulación. Pero el BCE, según su propio Estatuto y el Art. 123 del reciente Tratado de Lisboa, prohíbe prestar dinero directamente a los Estados, y comprar su deuda pública. La complicidad por tanto con la banca privada es total. En este escenario, el Estado Español habrá de pagar este año 2013 un total de 38.590 millones de euros en intereses de la deuda, a todas estas entidades privadas, lo que significa la segunda partida presupuestaria más voluminosa, después de las pensiones. Y este pago tiene una prioridad absoluta, ya que así se encargaron de constitucionalizarlo el tándem PP-PSOE, en su famosa Reforma Constitucional de verano de 2011.
Pero continuemos, a riesgo de ser repetitivos y exhaustivos, con algunas cifras de la crisis, para que se vea claramente la tendencia: España ha perdido 403.109 autónomos en los últimos 5 años, con una media de 201 al día. Es gente que va al paro, a engrosar las listas del desempleo, son familias rotas, son desgracias humanas. La tasa de desempleo supera ya el 27%. Ante este panorama, el Gobierno no diseña ningún tipo de Renta Universal, para proteger a las personas que finalizan sus prestaciones por desempleo, por lo cual, aumenta la cifra de personas y familias que ya no tienen ningún ingreso. La crisis destruyó en el año 2012 en España 2.000 empleos diarios, a pesar de una Reforma Laboral vendida como "para la creación de empleo". El salario medio en España es un 15% inferior al de la media europea (1.689 euros). En los últimos 15 años, los salarios en nuestro país han perdido el 12,3% de su poder adquisitivo. Y hablando de desigualdades, España lidera este ránking en Europa: el 5% de la población tiene unas retribuciones que están 11 veces por encima de las retribuciones del otro 95% de la sociedad.
En palabras de Rodrigo Fernández Miranda: "El “Estado mínimo” abandona sus responsabilidades en materia social, económica o medioambiental (o resigna cualquier intento por domesticar a este capitalismo salvaje) e implementa una política de laissez faire para los grandes capitales, medidas para el fomento de la “competitividad empresarial” y procesos para la mercantilización y privatización de derechos sociales y bienes comunes. Políticas, medidas y procesos que conducen a las sociedades hacia la “ley de la selva”, a la economía hacia un “anarcocapitalismo” y a las propias Instituciones políticas hacia la ilegitimidad". De esta forma, las políticas sociales (ahora estamos en esta fase) comienzan subordinándose al capital, y a medida que éste quiere y quiere más, ya que su razón de ser es obtener el máximo beneficio, las políticas sociales y el ámbito de lo público se van reduciendo y debilitando cada vez más, hasta llegar a su práctica anulación.
La sociedad, de este modo, va polarizándose cada vez más, acrecentando la diferencia entre sus extremos: de un lado, unas pocas y grandes fortunas, con una notable capacidad de incidencia política. Del otro, millones de personas desempleadas, trabajadoras precarias, estudiantes, pensionistas o asalariadas con miedo a perder el puesto de trabajo, que van siendo despojadas, desposeídas. En el medio, un sistema político que desde 2011 pierde afección y credibilidad, cada vez más connivente con la minoría privilegiada. Continuaremos en siguientes entregas. Aún nos queda mucho por hablar sobre clases sociales y desigualdad, aún nos quedan muchos datos que aportar, para poder ver la radiografía completa de esta aberrante sociedad capitalista, antes de comenzar a hablar sobre las alternativas a la misma, que las hay.