Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Continuamos con la segunda parte de las propuestas que realizamos para una refundación social de Europa, a tenor de las medidas erróneas que se están implementando, que tanto dolor y sufrimiento están causando a las poblaciones europeas. Recordamos a los lectores que estas propuestas están tomadas del artículo de Eric Toussaint, que ya introdujimos en la primera parte. A ella nos remitimos, para comprender todo el contexto completo de dichas medidas:
5.- Transferir la Banca al sector público bajo control ciudadano. Tras decenios de estafas, tropelías y desmanes financieros ya es hora de pasar el sector crediticio al dominio público. Los Estados deben recuperar su capacidad de controlar y orientar la actividad económica y financiera. También deben contar con instrumentos para realizar inversiones y financiar el gasto público reduciendo al mínimo el endeudamiento con instituciones financieras privadas y/o extranjeras. Hay que expropiar los bancos, sin indemnización, y transferirlos al sector público bajo control ciudadano.
En algunos casos, la expropiación de los bancos privados puede representar un coste para el Estado debido a las deudas que puedan haber acumulado. El coste en cuestión debe recuperarse del patrimonio general de los grandes accionistas. En efecto, las empresas privadas que son accionistas de los bancos y que los llevaron al abismo mientras obtenían jugosos beneficios, son propietarias de una parte de su patrimonio en otros sectores de la economía. Debe hacerse, pues, una punción en el patrimonio general de los accionistas. Se trata de evitar al máximo la socialización de las pérdidas, así como la privatización de las ganancias.
6.- Socializar las numerosas empresas y servicios privatizados desde 1980. Una característica de los últimos treinta años ha sido la privatización de muchas empresas y servicios públicos. Desde los bancos al sector industrial pasando por correos, las telecomunicaciones, la energía y el transporte, los gobiernos han entregado al sector privado gran parte de la economía, perdiendo al mismo tiempo toda la capacidad de regularla. Esos bienes públicos, procedentes del trabajo colectivo, deben volver al sector público.
Pero también se trata de crear nuevas empresas públicas y adaptar los servicios públicos según las necesidades de la población para responder, en particular, a la problemática del cambio climático, por ejemplo con la creación de un servicio público de aislamiento térmico de las viviendas. Y en nuestro caso, completar el desarrollo normativo de la Constitución, para que todos los derechos básicos expresados en la misma, así como la totalidad de los derechos subjetivos, sean garantizados por un servicio público establecido al efecto.
7.- Reducir drásticamente las horas de trabajo para crear y/o repartir el trabajo existente, así como aumentar los salarios y las pensiones. Distribuir de otra forma la riqueza es la mejor respuesta a la crisis. La parte de la riqueza creada destinada a los trabajadores se ha reducido considerablemente desde hace varios decenios mientras los acreedores y las empresas han aumentado sus beneficios para dedicarlos a la especulación. El aumento de los salarios no sólo permite que las personas vivan con dignidad, sino que también fortalece los medios utilizados para financiar la protección social y las pensiones.
Al reducir el tiempo de trabajo sin menguar los salarios y creando empleos, se mejora la calidad de vida de los trabajadores y se proporciona empleo a aquéllos que lo buscan. La reducción radical del tiempo de trabajo también ofrece la oportunidad de practicar un ritmo de vida diferente, una forma diferente de vivir en sociedad alejándonos del consumismo. El tiempo ganado para el ocio permitirá una mayor participación activa de las personas en la vida política, en el fortalecimiento de la solidaridad, en actividades de voluntariado y en la creatividad cultural. En el Congreso de los Diputados, preguntada la Ministra Báñez sobre si iban a adoptar una política de reparto del trabajo, respondió que "no iban a resignarse a eso". Sin comentarios.
8.- Refundar democráticamente las Instituciones Europeas. Básicamente, tenemos que refundar los Estados Socialistas de Europa, consiguiendo, además de los puntos indicados anteriormente, la derogación de algunas cláusulas y Tratados de la Unión, para conseguir introducir un valor fundamental del que actualmente se carece: DEMOCRACIA. No puede ser una Europa de los ricos y otra de los pobres. No puede ser una Europa del Norte y otra del Sur. No puede ser una Europa que subsidia y otra que es subsidiada. O se ve la Unión como lo que debe ser, esto es, un conjunto de países cuyas Instituciones comunes velan por la sostenibilidad y la solidaridad, o el tinglado se viene abajo.
Tenemos que poseer un Tesoro Europeo, que actúe al modo de la Reserva Federal de los Estados Unidos de América. Varias disposiciones de los Tratados que rigen la Unión Europea, la eurozona y el BCE deben derogarse. Por ejemplo, es necesario eliminar los artículos 63 y 125 del Tratado de Lisboa, que prohíben cualquier control de los movimientos de capitales y cualquier ayuda a un Estado en dificultades. También hay que abandonar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Y más allá, es necesario sustituir los Tratados actuales por otros nuevos en el marco de un genuino proceso constituyente democrático para alcanzar un pacto de solidaridad de los pueblos a favor del empleo y la ecología.
Se debe revisar por completo la política monetaria así como la normativa y las prácticas del Banco Central Europeo. La incapacidad del poder político de obligar al BCE a emitir dinero es un obstáculo muy grave. Con la creación del BCE como entidad por encima de los gobiernos y de los pueblos, la UE tomó una decisión desastrosa, la de someter a los seres humanos a las finanzas y no a la inversa. La economía debe estar al servicio de las personas, y las Instituciones Europeas deben contribuir y velar por ello. El BCE debe tener el poder de financiar directamente a los Estados que desean lograr los objetivos sociales y medioambientales que integran perfectamente las necesidades básicas de la población. Por fin y con todo ello, el objetivo último y prioritario debe ser otra Europa basada en la cooperación entre los Estados y la solidaridad entre los pueblos.
Para ello, las políticas presupuestarias y fiscales no deben ser uniformes, ya que las economías europeas presentan grandes diferencias, pero hay que coordinarlas para que finalmente surja una nivelación justa y comprensible. Hay que imponer políticas globales a escala europea que incluyan inversiones públicas masivas para la creación de empleo público en áreas claves (desde los servicios comunitarios hasta las energías renovables, desde la lucha contra el cambio climático hasta los sectores sociales básicos). Debemos tender hacia una Europa Laica, donde las confesiones religiosas no tengan ni obtengan ninguna complicidad de lo público, y paralelamente a todo ello, deben ir decreciendo paulatinamente los presupuestos para Defensa, así como ir desmantelando la OTAN como estructura pensada para la guerra. Aquí están las alternativas.