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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por otra política y cultura energéticas (IV)

Con el fracking tenemos otro problema añadido. Todavía podemos recordar la sucesión de pequeños terremotos causados por la plataforma instalada cerca de las costas valencianas, por lo que tuvo que suspenderse el proyecto. Como siempre, aquí estamos ante otro conjunto de falacias que quieren vendernos sobre el gas pizarra, que no se corresponden para nada con la realidad. Se nos dice que las reservas por explotar son muy cuantiosas, que es más limpio que el carbón (al que presumiblemente expulsará del mercado), que reduce la emisión de CO2 (contribuyendo a combatir el cambio climático), que permitirá nuestra independencia energética, que será una fuente de riqueza local y comarcal, y que contribuirá a la creación de empleo. También se nos dice que su extracción y uso son limpios, que no comportan efectos ambientales negativos, ni riesgos para las personas (por lo cual no necesita de estudios previos de impacto ambiental), y un largo etcétera de bondades.

 

otra_cultura_energetica41.jpgPero la realidad es bien distinta. Se trata de un nuevo pelotazo extractivista, que tiene a sus mayores defensores (de nuevo) en una serie de grandes compañías constructoras en búsqueda de negocio promovido por la complicidad de algunas Administraciones Públicas, subyugadas por este nuevo descubrimiento. Mientras se nos vende la técnica del fracking como la panacea para acabar con muchos problemas, hay que descubrir la verdad a la ciudadanía: el gas que se obtiene mediante la fractura hidráulica tiene una tasa de retorno energética (cociente entre la energía empleada en su obtención y la energía obtenida) sumamente bajo. La técnica del fracking resulta pues un proceso sumamente ineficiente en términos energéticos y por tanto de costes, cosa que silencian sus defensores, si lo comparamos con las tasas de retorno energética de la energía fotovoltaica o eólica, incluso del gas o petróleo convencionales. Y por otra parte, el fracking supone una técnica sumamente agresiva contra la naturaleza, por el empleo de innumerables sustancias químicas nocivas que de forma masiva se depositan incontroladamente en acuíferos, en el subsuelo, y en los diferentes cauces. Asímismo, constituye una técnica muy despilfarradora de agua, y como hemos comenzando recordando, muy proclive a inducir movimientos sísmicos, por lo cual, altamente peligrosa.

 

otra_cultura_energetica42.jpgY quizá el tema más importante de cara a los usuarios finales, y que viene coleando hace varios meses, sea el sistema de tarificación, o de facturación, que contribuye en buena medida al precio de la factura final que los consumidores hemos de abonar a las compañías eléctricas por nuestra energía. El recibo de la luz se ha convertido en un arcano indescifrable, un galimatías incomprensible para el ciudadano/a de a pie, y un insulto a la inteligencia de la población. Pero el oscurantismo del sistema de fijación de precios no es algo nuevo, y vino a complicarse muchísimo desde la época de su liberalización, allá por el año 1997, bajo el Gobierno de Aznar. Básicamente, el precio de la electricidad se calcula mediante la adición de tres sumandos. El primero, compuesto por el precio más caro de entre los oferentes que hayan sido invitados a participar por ser los más baratos en ese momento para atender la demanda. El segundo, los costes de acceso que contemplan diversos elementos, como los costes de transporte y distribución, las primas del régimen especial, la deuda tarifaria, los costes extrapeninsulares y los costes de funcionamiento de la Comisión Nacional de la Energía (hoy integrada en la Comisión Nacional de Mercados y Competencia) y del Operador del Mercado Eléctrico. Y el tercero, los costes de capacidad que se pagan por estar disponibles al carbón y al gas.

 

otra_cultura_energetica43.jpgY ni qué decir tiene que todo este incomprensible entramado favorece a los grandes consumidores industriales, y su peso gravita sobre las pequeñas empresas y los consumidores particulares. La última ocurrencia del Ministro Soria y su equipo ha sido la de crear varios sistemas de facturación dependiendo de la "inteligencia" de los contadores, basados o no en sistemas que puedan ponderar lecturas inmediatas del precio de la luz en cada momento, o bien medias mensuales o anuales, para los contadores que no posean dichas capacidades. Según todos los expertos (incluida la propia UNESA), el sistema no ha hecho más que dificultar los procesos de tarificación y facturación, y necesitarán meses, incluso años, para que pueda funcionar de modo generalizado. Ante tanto despropósito del mundo energético en este país, están surgiendo un montón de terceras empresas destinadas a difundir entre la ciudadanía nuevos modelos energéticos, nueva conciencia empresarial, nueva cultura energética, que sea capaz de demostrar las falacias que el oligopolio energético dominante está empeñado en difundir.

 

otra_cultura_energetica44.jpgNi nuestros Gobiernos ni nuestro mundo empresarial son realmente conscientes del grave problema que representa un modelo energético caduco como el que poseemos. Tampoco son conscientes de que la energía en nuestro país (incluso a nivel mundial) afronta enormes desafíos en el corto plazo. Desde el agotamiento de las materias fósiles hasta el cambio climático. Recientes informes sitúan al año próximo (2015) como el tope para poder llevar a cabo una implementación energética distinta, que sea respetuosa con los ecosistemas, pues de lo contrario, entraremos en una cuenta atrás irreversible. En buena medida, porque existen millones de personas que están saliendo de la pobreza extrema en economías emergentes y que impulsan la demanda de energía. Los precios y la contaminación no van a dejar de aumentar, mientras continuemos funcionando bajo los mismos parámetros extractivistas, oligopolistas y consumistas. Y aún no hemos hecho lo suficiente como para reducir el porcentaje de nuestra dependencia sobre los combustibles fósiles, que se sitúa en el 75%. Y todo ello, en un país como el nuestro, capaz tecnológicamente hablando de situarse en la vanguardia de la revolución energética. Tan sólo hace falta voluntad política para llevarlo a cabo, pero es justo lo que no tenemos.

 

otra_cultura_energetica45.jpgEstá demostrado que podemos, que es posible un nuevo sistema energético basado en la eficiencia y el ahorro, las renovables y la soberanía ciudadana en la producción de energía. Pero necesitamos otra cultura energética, otra visión, otro modo de enteder las fuentes de energía, otros parámetros consumistas, y así podremos dejar atrás de forma rápida el sistema actual (basado en la explotación del medioambiente, de los pueblos y de los consumidores), mediante miles de pequeñas instalaciones de energía renovable en manos de la ciudadanía y de las pequeñas comunidades. Se imponen nuevos modelos de producción y consumo locales, compartidos, autogestionados, que vayan sustituyendo a las grandes empresas transnacionales de la energía, interesadas únicamente en los modelos extractivistas, depredadores de la naturaleza, y generadores de grandes beneficios para sus cuentas de resultados. No podemos continuar por esa senda. La energía se volverá no sólo más eficiente, sino también más barata hoy, e infinitamente más barata en el futuro. Y la cuestión principal: habremos revertido el actual proceso de destrucción de reservas naturales, y la contribución al cambio climático. Continuaremos en siguientes entregas.

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