Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La verdad es que el Partido Popular nos tiene cada vez más acostumbrados a su sorna, a sus incongruencias, a sus escapismos, a su fanatismo neoliberal, a sus rancias y trasnochadas ideas, pero últimamente lo podemos comprobar muy clarito con el supuesto concepto de "democracia" de que hace gala. Las salidas de tono de Cospedal y el resto de dirigentes populares son cada vez más insultantes, con una carga despreciativa hacia la ciudadanía en general, que pone como decimos en tela de juicio su auténtico concepto de democracia. Y como dicen en el reciente vídeo que han preparado las plataformas Stop Deshaucios y PAH, exigir explicaciones a la banca y a sus secuaces es profundamente democrático.
Ahora resulta que las tintas se cargan con las auténticas víctimas, a las que se hace aparecer como nazis o proetarras, recurso al que nos tiene acostumbrados el PP cada vez que no le gusta algún tema. Todo es ETA para el PP, si no se ajusta a sus buenos ideales y costumbres. En efecto, un concepto de Democracia muy peculiar el que tiene el PP, que entiende que el hecho de que la gente les vote un día cualquiera de unas Elecciones, les faculta para hacer con la población lo que les dé la gana durante los próximos cuatro años. Para el PP, todo comportamiento que no se ajuste a sus leyes es antidemocrático. Parecen olvidar que las grandes revoluciones y conquistas históricas se han producido cuando el pueblo se ha olvidado de las leyes, y ha luchado por lo que creía justo.
Parecen olvidar en el PP que la soberanía popular procede de la ciudadanía, de donde viene la palabra "democracia" (por gobierno del pueblo), y que ésta es la que hay que respetar por todo gobernante que se precie de serlo. Porque si no se respeta, entonces los nazis son ellos. Los fascistas son en este caso los del PP, que con su consabida estrategia de marear la perdiz e intentar hacer aparecer como muy malos a unos ciudadanos que sólo luchan por sus derechos, intentan desviar la atención y extender una cortina de humo sobre la maldad de sus medidas. Medidas que llevan muchos años implementando, incluso siglos, y que la ciudadanía lleva aguantando con estoica resignación. Hasta que llega un momento donde no se puede más, y el personal explota, con toda la razón, ante la agónica injusticia de un sistema que los maltrata y los empobrece sistemáticamente, a la vez que protege y enriquece a los ya de por sí poderosos.
También parecen olvidar en el PP que la Ley Electoral que les empujó a la mayoría absoluta está viciada y manipulada, por tanto no es totalmente representativa, por tanto es injusta y antidemocrática. También se les olvida que incluso la tan manida Constitución de 1978 a la que tanto se agarran cuando les interesa, consagra estos derechos que se están pidiendo en las calles por estas plataformas ciudadanas. Por tanto, ¿puede haber algo más democrático? Todo ello por no recordar que se está gobernando de forma ilegítima, al incumplir sistemáticamente el Programa Electoral con el que el PP se presentó a los ciudadanos, que ahora están siendo estafados y vilipendiados, en un claro fraude de ley. Lo democrático es cumplir el Programa Electoral, porque es el contrato suscrito con la ciudadanía, y lo antidemocrático es no hacerlo, basándose en supuestas herencias recibidas, o en el inexcusable cumplimiento del deber, en el sentido mesiánico del término.
Señores y señoras del PP, a ver cuándo se enteran ustedes de que la democracia es el respeto a las decisiones de los ciudadanos/as, y no el control sobre el Boletín Oficial del Estado. A ver cuándo se enteran de que la legitimidad procede de una Ley Electoral justa, de un Programa Electoral cumplido, y de la existencia de unos mecanismos de control sobre las decisiones del gobierno, que permitan que en todo caso sean los ciudadanos/as los que rijan los destinos del país. Lo contrario a todo ello es el fascismo, que es exactamente lo que hacen ustedes. Los votos a su partido no han legitimado los abusos, los recortes, los ajustes, las reformas, los deshaucios, el desempleo, la corrupción, etc. No son los políticos ni los gobernantes los propietarios de los votos, como no son los bancos los dueños de los depósitos de sus clientes. Ustedes no son gobernantes, sino terroristas institucionales. No tienen ningún respeto por la democracia ni por la ciudadanía, a la que desprecian continuamente. No se quieran presentar, en el colmo de los colmos, también como víctimas de ella.