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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Retrato de una sociedad alienante (XI)

"Al envilecimiento económico-social le sigue hoy el envilecimiento generalizado de los valores éticos, sociales, humanos, estéticos, ecológicos, culturales, educativos, científicos, religiosos y políticos. Al envilecimiento de los valores le sigue el envilecimiento humano planetario"

(Camilo Valqui)

 

 

 

 

sociedad_alienante111.jpgContinuando con nuestra exposición sobre el carácter alienante de los mass media, sobre todo de la televisión, en  una sociedad donde abunda el número de titulados en paro que guardan alguna relación con los medios de comunicación, un selecto número de personas carentes de todo tipo de principios éticos, con una baja preparación formativa y con un limitado bagaje intelectual (llegados, a veces, de otros ámbitos, y reconvertidos en estrellas mediáticas), dirigen los programas televisivos más deleznables en los que se entremezclan una serie de contenidos donde, a menudo, es difícil deducir un hilo conductor coherente. Entre otros, como tema de fondo, lo vulgar y el comentario frívolo y fácil en torno a la vida y milagros de nuevos y viejos "famosos" parecen ocultarse bajo algunas secciones que intentan abordar otros problemas u otras noticias de interés público.

 

sociedad_alienante112.jpgLa labor que realizan estas "estrellas" televisivas en beneficio de los que más tienen, y la instrumentalización que de ellos se hace, es compensada por el sistema, como en otros casos, con una remuneración que les convierte en una élite o en parte de esas nuevas clases sociales privilegiadas, hasta el punto de superar, a veces, en riqueza a sectores sociales tradicionalmente acomodados. Entre tanto profesional especializado, las cadenas ya no buscan a los presentadores más adecuados para tal o cual programa, sino que repiten a las mismas "estrellas" como caras visibles de los mismos, e incluso distintas cadenas, competidoras entre sí, acuden a contratar a estos mismos "presentadores" estrella para programas de la más diversa índole. De lo que se trata, por tanto, más que de valorar al programa por sí mismo, es de explotar la "popularidad" de tal o cual presentador/a de moda.

 

sociedad_alienante113.jpgEstos demagogos, ricos de nuevo cuño, que viven a costa de las anestesiadas clases populares, tienden a igualarse en riqueza y popularidad a los actores y actrices del imperio que, junto a otros tantos agraciados, tocan el cielo desde sus mansiones protegidas y aisladas del mundanal ruido. El poder y la riqueza que les otorga el sistema, en realidad, les hace aborrecer y despreciar, en lo más íntimo, la miseria y la pobreza del "populacho", aunque sin él y su ignorancia, el caldo de cultivo que permite a estos personajes estar presentes día tras día en ese poderoso medio de contaminación y de engaño que es la televisión. Y como un especímen de nuevo cuño dentro de las estrellas mediáticas, tenemos la figura del tertuliano o tertuliana. Porque en un desenfrenado y permanente afán por no dejar un solo cabo suelto, el sistema inventa continuamente nuevas fórmulas para que nada escape de sus garras. En efecto, es relativamente reciente la incorporación de los conocidos como "tertulianos" a diferentes programas de radio y de televisión. En realidad, nada tienen que ver con las clásicas tertulias de otros tiempos, caracterizadas por la concurrencia de intelectuales y personas inquietas preocupadas más por la cultura y el progreso que por su personal economía.

 

sociedad_alienante114.jpgEn efecto, ya desaparecieron de la escena auténticos programas de debate y reflexión plurales, tales como "La clave", de José Luis Balbín, que fueron retomados (ya con un poco de degeneración) en los años 80 por los debates moderados por Jesús Hermida, hasta evolucionar a día de hoy a los engendros mediáticos que nos ponen en antena, prácticamente todas las cadenas, donde una serie de personajes, normalmente fijos (que incluso rotan de programa en programa y de cadena en cadena), nos exponen sus puntos de vista sobre los asuntos de actualidad. Recurramos a las palabras de Antonio José Gil Padilla, que lo expresa en los siguientes términos: "Los tertulianos y tertulianas de esas vanas tertulias tienen los bolsillos bien repletos a cambio de jugar un sucio papel, encomendado por el poder, para que suplan el pensamiento, el juicio y la crítica del pueblo oprimido". Porque son ellos los "pensadores" oficiales, los actuales oráculos del debate y la reflexión. Aquéllo de que "el hábito hace al monje" otorga a estas personas un protagonismo que no merecen. La implantación de modelos como éste se apoya en la desidia y el aburrimiento de una población totalmente domada y acostumbrada a que le impongan esquemas y fórmulas preconcebidas.

 

sociedad_alienante115.jpgPero vamos a la radiografía, que no ofrece ningún desperdicio. El perfil del tertuliano típico se caracteriza fundamentalmente por ser una persona totalmente integrada en el sistema, partidaria de una u otra fuerza política con posibilidad de gobernar, intelectualmente poco dotado (la inmensa mayoría dicen ser periodistas) y carente de valores colectivos. Por estos motivos, son incapaces de analizar con corrección cualquier hecho o acontecimiento de cierta trascendencia, de obtener conclusiones válidas y coherentes, o de elaborar un diagnóstico certero que pergeñe (al menos) acontecimientos futuros. Y en cuanto a la dinámica seguida en cualquier tertulia típica protagonizada por estos personajes, se caracteriza por la discusión, la vanalidad, la demagogia, el atropello y el afán de protagonismo. En algunas de ellas, cada vez con mayor frecuencia, suele aparecer la figura del tertuliano más rebelde o inconformista, para justificar una falsa pluralidad. En apariencia, este personaje díscolo discrepa de los planteamientos más conservadores, pero su forma de vida y sus ambiciones son semejantes a las de los demás; es, tal vez, la pieza más negativa de ese juego de la mentira y la manipulación mediática. Continuaremos en siguientes entregas.

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