Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Hace pocos días nos ha visitado un personaje muy singular, que sin duda no ha pasado indiferente ni desapercibido en nuestro país, pues ha venido para estudiar de cerca y sobre el terreno su posible elección para su próximo complejo empresarial. Se trata de Sheldon Adelson, el magnate del juego norteamericano, una de las más grandes fortunas del mundo, y veterano empresario de este sector. Su proyecto es una especie de Las Vegas a la española, concretándose en un super complejo de hoteles y casinos, apoyados con otras infraestructuras y negocios, para convertir las afueras de Madrid o de Barcelona (es lo que aún está por decidir) en otro gigantesco centro de ocio, alojamiento y diversión mundial, con limbo legal asociado.
Como decimos, este excéntrico personaje nos llega con la oferta de instalar una sucursal en Europa al estilo de las que ya posee en otras partes del mundo, para lo cual los gobiernos de Esperanza Aguirre y de Artur Mas ya están intentando llevarse el gato al agua, como era de esperar. Sobre el magnate en cuestión diremos que es un multimillonario y ultraconservador, que ha reconstruido su fortuna después de algunas caídas importantes, y que financia las campañas electorales de los candidatos republicanos en su país. Pero vamos al proyecto y a sus "peticiones", que es lo interesante.
Las cifras del Proyecto son auténticamente faraónicas y escalofriantes, pues estamos hablando de la construcción de 12 hoteles (36.000 habitaciones), 6 casinos, 1.000 mesas de juego, 15.000 máquinas recreativas, 3 campos de golf y un largo etcétera, que convertirían en un auténtico paraíso del juego la zona donde se construyese. A los lectores interesados en más información sobre este personaje y las dimensiones del proyecto, les recomiendo entre otras la página del Diario Digital El Referente, que explica perfectamente en qué consiste la idea.
Como se dice en este diario y ya han venido anunciando otros medios de comunicación, el Proyecto EuroVegas contempla una inversión de 17.000 millones de euros, y la creación de más de 200.000 puestos de trabajo. Ahí es nada. Sólo con poner encima de la mesa estas cifras (y con lo necesitados que estamos) sería razón suficiente para continuar poniendo mucha atención, pero les aseguro a mis lectores que cuando se evalúa toda la información, cuando se meten todas las "condiciones" en una coctelera, se da uno cuenta de la auténtica aberración de la que estamos hablando.
En efecto, como contrapartida de la indecente y descarada propuesta del poderoso empresario, se exige todo un bochornoso y repugnante repertorio de modificaciones legales que resumimos a continuación: dos años de exención en el pago de las cuotas a la Seguridad Social para sus empleados, exención de los impuestos estatales, regionales y municipales durante dos años, además de ventajas respecto a la fiscalidad inmobiliaria y del suelo durante diez años, modificación del Estatuto de los Trabajadores para acabar con la regulación de los Convenios Colectivos del personal contratado, modificación de la Ley de Extranjería y privilegios legales para la contratación de personal extranjero, cesión del suelo público que sea necesario, incluyéndose las expropiaciones que hicieran falta y el cambio de ubicación de las viviendas protegidas a que haya lugar, exclusividad por diez años en el uso del suelo, cambios en la Ley contra el Blanqueo de Capitales, eliminación de la Ley Antitabaco dentro de las instalaciones del Complejo, autorización de la entrada a menores y a ludópatas en los casinos, y algunas lindezas más por el estilo.
Ante este rosario de condiciones impuestas por el magnate norteamericano, ya se han alzado voces a favor y en contra de la concesión o no de todas ellas en pro de la construcción del proyecto en alguna de nuestras dos principales ciudades. Parece mentira que tengamos que aguantar presiones de este tipo para una especie de "Plan Marshall" del siglo XXI, que para concedernos la construcción de un proyecto de este tipo (que ya por sí es deplorable) se nos exija la creación de esta "isla legal" compuesta de sacrificios de derechos, modificaciones de leyes y permisos especiales.
Manifiesto mi más rotunda oposición al proyecto, no sólo por lo que supone para la sociedad (me recuerda a la constructora Promovisa de la serie Verano Azul), sino por el rechazo que me producen personajes como este tipejo, que creen que con su dinero pueden conseguir que gobiernos y países enteros le bailen el agua. Si finalmente se aceptan sus condiciones, habremos dado un paso más hacia la degradación que sufrimos como sociedad.