Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Publicamos hace varios días una serie de dos artículos bajo el título "Caminando hacia una Europa Federal", donde discutimos lo que pudiéramos llamar el "Escenario de Éxito", es decir, el escenario idílico donde deberíamos converger todos los países europeos para erradicar las políticas económicas neoliberales existentes, y poder llegar así a otra organización interna y funcionamiento de la Unión Europea completamente distintos a los actuales. Pues bien, en el presente artículo hablaremos de lo que podríamos denominar el "Escenario de Fracaso", que es además el más previsible, porque si ya es complicado que un sólo país (España, en nuestro caso) abandone dichas políticas, mucho más complicado es hacer que todos lo consigan.
Luego por tanto, una de las posturas o visiones alternativas la constituye la salida del Euro como marco económico y moneda única, la renuncia expresa a dicha posibilidad, con lo cual, y actualmente (salvo que volvieran a cambiar los Tratados), implica también abandonar la propia Unión Europea. Somos conscientes desde la izquierda de que el solo planteamiento de dicha posibilidad es extremadamente arriesgado, y de que muchos pueden tomarnos por locos, por anti-sistema o por esgrimir posturas que sólo se plantean cuando no se tienen responsabilidades de Gobierno, pero podemos asegurar que nuestros planteamientos surgen de la reflexión y el estudio reposado de las alternativas existentes, y de sus posibles riesgos.
En efecto, a nadie le cabe la menor duda de las ventajas que disponer de una Unión Monetaria en Europa puede traer para todos. Pero las mismas son ventajas que sólo se pueden disfrutar cuando dicha Unión está bien diseñada, y cuando se dispone de los necesarios mecanismos compensatorios para evitar que las posibles diferencias que suele haber entre los países o territorios que la compongan, se conviertan en una amenaza para la propia Unión, y en una fuente de desigualdades sociales y personales, de desequilibrios territoriales, de conflictos económicos y, en suma, de empobrecimiento para muchos de ellos.
Sin embargo, a nadie se le escapa que salir del Euro es una opción de riesgos y costes extraordinarios, que llevaría al país que lo hiciera a sufrir agresiones sin precedentes en Europa, y a vivir algunos años de caos financiero y de empobrecimiento, pero ¿acaso está propiciando otra cosa mejor un Euro al servicio exclusivo del capital financiero y de las grandes empresas? ¿Acaso ha dado seguridad y bienestar a Grecia, a Portugal o a Irlanda? ¿Acaso no hizo España los "deberes" del Euro y no puso sin rechistar en manos del capital alemán y europeo sus mejores empresas y centros de producción? ¿Acaso el actual Euro nos está protegiendo de la extorsión de los mercados y de los ataques especulativos? Más bien al contrario, ¿no alentó el Euro, en beneficio de la Banca Europea, el endeudamiento privado imponiendo los recortes salariales en lugar de la estabilidad financiera?
Desde la lógica económica y la justicia social, la conclusión no puede ser otra: si se mantienen las políticas que se han aplicado hasta ahora, y no se pone fin a los chantajes y sufrimientos extraordinarios que están padeciendo ahora países como Grecia, pero que se pueden extender pronto a otros más, será imposible garantizar la mínima estabilidad económica y social, y entonces la salida del Euro será la única opción. No queremos ofrecer una visión catastrofista o negativa, sólo una visión realista de las posibles opciones.
En nuestra opinión desde la izquierda, si no hay un giro radical y urgente en la política europea, si no se impone la cooperación, la armonía y el reparto equitativo de la riqueza, si no se admite que quien debe gobernar Europa es la ciudadanía mediante sus representantes legítimos, y no los grupos de presión y los poderes financieros, no quedará más remedio que reclamar alto y claro la salida del sistema de un Euro convertido en un verdadero infierno para las clases trabajadoras, y que sólo serviría en el futuro para que nuestro viejo continente quedara como una especie de "parque de atracciones" de los adinerados, del gran capital financiero de otros continentes. En nuestras manos está el llegar o no a este escenario, que quedará configurado así para futuras generaciones de europeos, si no lo evitamos.