Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
En el artículo anterior de esta serie, nos habíamos quedado comentando los nuevos enfoques, prioridades y orientaciones que debería tener una política diseñada y pensada para las personas, a través del criterio transversal de no contabilizar sólo los factores ligados a la producción que tengan valor monetario, sino también aquéllos ligados a otros indicadores indirectos, pero que incidían de forma muy importante en la sostenibilidad de nuestro sistema, desde los puntos de vista humano y medioambiental, y pusimos ya el acento en una producción de tipo local (lo más próxima al territorio donde se consume), ecológica (que tenga en cuenta el equilibrio de los ecosistemas naturales), y ahorradora en energía, transporte y materiales, que eran factores determinantes del coste no sólo monetario, sino también cuantificable desde esos puntos de vista.
Todo esto implica también que hemos de aprender a medir y a dar valor de otro modo a las cosas que necesitamos, utizando otros parámetros, otros indicadores y otras variables para gobernar la vida económica, y por tanto tomar decisiones ajustadas a otra escala de valores bien distinta. Y, sobre todo, que debemos producir los bienes, productos y servicios que necesitamos ajustándonos no sólo, como ahora, a la escasez de recursos valorables monetariamente, sino también a la de todos aquéllos que nos proporciona la naturaleza. Algo que en concreto se traduce en que no vale sólo computar el beneficio que produce el ahorro de costes salariales (que es lo único que ahora se valora de cara a la competitividad), sino el que se corresponda con la consideración de costes que no se traducen de forma directa en gasto monetario.
Lo que seguramente llevaría a desechar, porque entonces no serían rentables, por poner algunos ejemplos, la construcción de docenas de campos de golf, los trenes de alta velocidad, las autopistas o urbanizaciones sin solución de continuidad, y por supuesto, el más claro ejemplo que podemos poner hoy día (si es que llega a construirse): proyectos conjuntos e integrados del tipo EuroVegas, que representan justo el paradigma de lo que no hay que hacer, desde ningún punto de vista: macroconstrucciones, super hoteles, campos de golf, casinos, supermercados, etc., que además llevan aparejados un montón de "adecuaciones" de la legislación aplicable, para que dichos proyectos puedan llevarse a cabo (legislación laboral, del juego, de consumo de tabaco, alcohol y drogas), además de una relajación y permisividad en la tolerancia a los delitos (evasión de capitales, relajación fiscal, etc.).
Y esos condicionantes que nos marca la exigencia de tener que vivir con la naturaleza como un espacio del que sólo disponemos como prestado, y que tenemos que devolver en las mismas condiciones que lo recibimos, nos obligan también a modificar nuestra pauta de consumo y, sobre todo, a liberarla de la esclavitud que le impone la lógica mercantil ajena a la necesidad y vinculada únicamente al lucro incesante, desmedido e inmoral de quienes no les importa nada más que su propio beneficio personal. En la economía de mercado, el consumo es también un producto de la producción que además crea un tipo de sujeto, de ser humano adecuado a lo que se produce. La producción de hoy en día que las Nuevas Tecnologías han podido lograr que sea diferenciada a bajo coste es la que crea el consumidor que busca, sobre todo, la diferencia, y por tanto, que cultiva su individualismo como la condición en la que se siente satisfecho.
El consumidor/usuario de hoy es el que usa el ordenador personal para enviar un correo a la persona que tiene en el despacho de al lado, el que compra ropa en el gran almacén creyendo que compra un producto exclusivo (sin percatarse de que ésa es la ficción que provoca el sistema de reposición instantánea de mercancías), el que personaliza su automóvil tratando de que sea diferente de cualquier otro, o el que renuncia al sindicato porque cree que puede negociar con la empresa directamente sus propias condiciones laborales. Y así es como el liberalismo acaba con la sociedad, porque como decía Margaret Thatcher, ésta no existe, sólo existen los individuos. Ellos creen en una sociedad fría, vacía, sin alma, donde pululan una serie de individuos caóticamente, moviendo únicamente sus propios intereses, intereses a los que el sistema neoliberal debe atender, por supuesto para crear dependencia de dichos intereses. Así es como la sociedad actual maneja a los ciudadanos, haciéndoles creer que necesitan cosas, que dependen de cosas, para poder vivir, y hacer su vida más fácil.
Cuando queremos darnos cuenta, resulta que estamos presos de un sistema que nos mantiene nuestros niveles de vida a base de crearnos depencencias en un montón de productos, que nos impone nuestros hábitos y nuestras costumbres, que nos obliga a funcionar y a priorizar según una escala de valores totalmente orientada a lo económico, a la posesión, al disfrute y al ocio ligados a unas formas y a unos modos preestablecidos, que también son controlados por el sistema, porque para eso dispone también de unos medios de comunicación que difunden sus mensajes, que propagan sus dogmas como si fueran únicos, como si no hubiera otras alternativas. Llegados a este punto, el sistema controla a los individuos.
Unos individuos, entonces, a los que les sobra el sindicato, la organización, el barrio, la compañía, y que gracias a ese aislamiento, van a permanecer impotentes y sumisos ante cualquier cosa que se les venga encima, que es justamente lo que se busca, para que un orden social tan fragmentado, tan individualista, tan desigual, tan frustrante y tan injusto como el que ha impuesto el neoliberalismo, se mantenga sin ser puesto en cuestión por esos consumidores individualizados, ensimismados y deshumanizados que son precisamente quienes más lo sufren. Aunque nunca puedan saberlo, porque para ello hay que ponerse al lado del otro, y comparar una condición con otra para percibir que es la misma y que tienen destinos comunes que vale la pena recorrer de la mano.
Esa estrategia es la que justifica también, como decíamos antes, que los productores se hayan hecho con la propiedad de los sistemas de mediación y comunicación social, es decir, con los que permiten elaborar y difundir la información, conformar la conciencia crítica, generar las ideas e inocularlas a los demás. Las alternativas a la crisis pasan, pues, por romper también este cascarón de fantasía consumista y de individualismo en el que están encerrados millones de personas. Y esto significa, en la práctica, que hemos de aprender a pensar al revés. Es decir, no con los códigos del otro, sino con los nuestros propios. Pero no sólo para hablar con nosotros mismos, sino para crear un relato colectivo. Tenemos que aprender a desear y a sentir, y a creer en nuestros deseos y en nuestros sentimientos, lo cual nos permitirá que puedan llevarse a la realidad. Pero no para ser esclavos del capricho, sino para dominar la necesidad. Para cambiar nuestra escala de valores, empoderarnos ante el sistema, hacernos fuertes frente a él, plantarle cara y evolucionar hacia un sistema más humano, más social y más justo.
Para terminar por ahora, reconozcamos que todo esto implica situarnos en unas nuevas coordenadas en nuestro pensamiento, unas coordenadas diferentes a las del mundo en que vivimos, para poder modular, sentir y vivir de otro modo los valores en los que queremos insertar nuestra existencia como seres humanos: sustituir el dinero, el comercio, la ganancia, el lucro, la competición y el cálculo por la cooperación y el afecto, la justicia, el amor o el placer de sentirse satisfecho con mucho menos, pero en realidad con mucho más de lo que ahora tenemos. Si tuviéramos que resumirlo en una frase, ésta podría ser: "Sustituir el tenemos por el somos". Y no es filosofía barata. En la medida en que seamos capaces de conducir a nuestra sociedad por este camino, seremos capaces de volver a una senda sostenible de nuestra existencia. En caso contrario, el capitalismo terminará por devorarnos a todos. Continuaremos en siguientes entregas de esta serie.